jueves, 31 de julio de 2008

Cine en La Tribu: Síndromes y un siglo


Este domingo a las 19:00 en el ciclo de cine en La Tribu, Lambaré 873, vamos a proyectar el último film de uno de los más notables directores de la actualidad, el tailandés Apichatpong Weerasethakul: se trata de Syndromes and a century.

La Otra tuvo el privilegio de obtener una entrevista exclusiva con Apichatpong, cuando nuestro colaborador, el cineasta y productor Pablo Ratto, viajó al Festival de Yamagata en Japón, a presentar M, la película dirigida por Nicolás Prividera que él produjo. A continuación algunos fragmentos de la entrevista:

Por Pablo Ratto:

(...) Cuando la lejanía con Japón y la falta de medios hacía peligrar la posibilidad de estar allí acompañando a la película, llega un mail del festival, anunciando la conformación del jurado. Y entre ellos, además de Pedro Costa, estaba Apichatpong Weerasethakul. El cineasta al que le debo el quiebre de mi carrera, el que me terminó de convencer de que había un espacio para defender otra forma de contar en el cine, de transmitir emoción y vida. Llegar a Yamagata se transformó en el objetivo de todos mis esfuerzos, para estar con Apichatpong, darle la mano y quizá charlar un poco.

En la jornada de cierre del festival de Yamagata se proyecta Síndromes and a Century. Mientras espero para ingresar a la sala me pregunto si Apitchatpong irá a presentar o no su película. Sería, para mí, un broche de oro. Pero parece difícil. La noche anterior el jurado ha deliberado durante ¡5 horas!, por lo que no tengo demasiadas esperanzas de verlo a las 10 de la mañana de este sábado. Mientras entro a la sala, pienso cómo enfrentarme a la desilusión. ¿Debo hacer como si nada? ¿Contentarme por volver a ver Síndromes... en inmejorables condiciones técnicas y rodeado de 650 japoneses madrugadores?

Pero ninguno de estos consuelos hacen falta: Api está sentado en la primer fila. Al verme entrar me sonríe, con esa mezcla de serenidad y timidez que aprendí a reconocerle en estos 8 días, y me saluda con su mano. Lo que sigue es la conversación que mantuvo con el público luego de la proyección y la continuación de la misma que mantuvimos a la salida, ya en un tono mas íntimo:

- En los títulos de crédito de Síndromes..., aparece la leyenda: “los personajes retratados son ficticios, cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia”, lo que me lleva a preguntar por la ´distinción entre lo documental y lo ficcional en tus películas.
- En mi concepto, aun cuando se trate de un documental, esa separación entre lo real y lo ficticio no existe. Aun en esta sala, cada uno de ustedes percibe las cosas, las que conforman su “realidad”, de forma diferente. Lo mismo pasa con la percepción del tiempo. La gente tiene diferentes percepciones del tiempo, aun estando en el mismo momento y el mismo espacio. Cuando hago películas, apunto a representar esta idea de la vida. Dejame dar un ejemplo: fuiste a la playa con tu amante y ahora recordás ese evento; durante el tiempo en que lo estás recordando sos feliz, por lo que te gusta que esa escena sea muy larga. Tu mente es como una cámara y quizás hacés un acercamiento hacia su cara. Pero también podría ser que quieras mantenerte alejado y recordar solamente la playa, el mar, las olas rompiendo en una especie de plano general y no a tu amante. Las películas lo hacen de la misma forma en que opera el cerebro. Síndromes... va para todos lados, salta de acá para allá, justamente porque traté de imitar el funcionamiento de la mente cuando recordamos.

- En Tropical Malady y en Syndromes and a Century algunos de los personajes principales son soldados. ¿Porqué esa presencia de soldados en tus películas?
- Mi padre estaba en el ejército. Mis padres se conocieron en esa entrevista médica que yo represento en Syndromes. En Tropical Malady es distinto, allí me refiero más al concepto del uniforme. En Tailandia toda la vida social, no sólo el gobierno, está regido por los militares. El gobierno es una dictadura militar. Pero el tener como personaje a un soldado que exhiba su lado femenino era muy importante, porque siempre se pretende que los soldados jueguen el rol del macho. Además, para la cultura gay el soldado y el uniforme son el máximo deseo.

- Quisiera saber algo de la escritura del guión de tus películas. ¿Por dónde empezás?
- Con ideas. En Syndromes... me basé en charlas que tuve con mis padres. Mi padre murió antes de comenzar el proyecto, pero yo había grabado esas charlas. Pero después lo cambié, porque finalmente la película no es sobre la vida de ellos, sino sobre las impresiones que yo tengo de sus vidas. Algunas situaciones de la película están ocurriendo en 2006, otras ocurren en algún punto impreciso, en relación a lo que yo escuché de mis padres. En realidad, el film es una colaboración entre nosotros tres. Pero no sé si es real o no.

- Vos usás muchas veces un tipo de toma largas y fijas…
- ¡No tan largas!

- Ok, no tan largas, pero sí fijas, en plano general. Y los actores no están en primer plano y aún así tienen un sentido casi perfecto del tiempo de la escena. Puede ser que hablen o se miren entre ellos, hacen algún ligero movimiento y esperan por algo que aparentemente está por ocurrir. ¿Trabajás mucho con ellos para lograr ese timming?
- En realidad no tenemos mucho tiempo antes de la filmación, pasamos algún tiempo juntos, aunque no mucho. Pero una vez que empezamos a filmar, hacemos muchas tomas. En la escena del sótano del hospital, que es bastante larga, la cámara se desplaza hacia atrás y va descubriendo a los personajes sentados alrededor de una mesa, hasta que finalmente la mujer que está en primer lugar gira su cabeza y mira a cámara. Ese plano llevó 17 tomas, varios miles de metros de película. Usualmente la primera toma es más fresca, pero no perfecta. No es que yo busque la perfección, pero siempre voy a querer una más.



- Escuché que Síndromes… fue censurada en Tailandia y que no la pudiste estrenar allí.
- Sí, así es. El problema es que es la primera película que se quiso estrenar en forma independiente. Hasta ahora, sólo se estrenaban las películas de los estudios. Tailandia es un país muy corrupto, y a veces, para funcionar dentro del sistema, tenés que darle plata a alguien por debajo de la mesa . Cuando la enviamos al comité de censura, nos quisieron pegar una patada en el culo y sacarnos del sistema. A mí me pidieron que cortara cuatro escenas. Por ejemplo, la del monje tocando la guitarra. Trajeron una comisión de monjes para que buscaran “fallas”. Lo mismo hicieron con un consejo de médicos, que luego de verla opinaron que no era correcto que la gente se besara o que bebieran en su lugar de trabajo. Me amenazaron con estrategias legales y yo les dije que me hicieran juicio si querían. Yo traté de hacerlos entrar en razón, pero ellos ven a mi película como un veneno. No podés hacer un film político, ni tocar temas relacionados con la religión. Las películas significan una amenaza. Pero para mí, ese es el sentido de la democracia, por eso hay que seguir intentándolo.

(La entrevista completa en revista La Otra n° 17.)

miércoles, 30 de julio de 2008

La palabra "comprender"

Por Oscar A. Cuervo

Ahora que está declinando la estrella mediática de Alfredo De Angeli, ahora que la marea que levantó a Julio Cobos ha empezado a bajar, los medios han encontrado al nuevo personaje del momento. A diferencia del gordito de Gualeguaychú y del hombre de familia mendocino, se trata en este caso de un villano: el paidófilo (no me gusta cómo suena pedófilo) Jorge Corsi.
Parece que se trata de un big fish en el ámbito de las actividades englobadas bajo la categoría “salud mental”. Director de la carrera de Especialización en Violencia Familiar de la Universidad de Buenos Aires, la psicoanalista María Adela Mondelli lo definió así en Sur del domigo pasado: “Jorge Corsi fue hasta ayer la persona más reconocida en el ámbito académico por sus desarrollos acerca de la violencia sexual -de género- hacia las mujeres, los niños y niñas. El personaje con más alto rango en la materia como titular del post-grado respectivo en la universidad estatal, el que más profesionales ha formado, el de mayor reconocimiento por su producción escrita.”

Bien, no sé si esta psicoanalista exagera o si su prestigio académico era hasta hace unos días tan impecable como ella dice, pero hay consenso en que el tipo era muy reconocido. Era, digo. No hace falta que repita lo que todos saben: la UBA lo acaba de destituir de su cargo. Corsi ha escrito varios libros referidos a la cuestión de la violencia familiar, el maltrato y el abuso, todos publicados por la editorial (justicia poética) Paidós. Bueno, Paidós acaba de retirar de circulación todos los ejemplares de sus libros. (El retiro de los libros por parte de la editorial es un capítulo aparte, merecedor de otro post). Todavía existe la página web http://www.corsi.com.ar/ y ahí uno puede leer los títulos de sus libros, algunas entrevistas que le realizaron y los programas de los seminarios que él dictaba en el Instituto de Capacitación en Violencia Familiar. Uno de esos seminarios llevaba por título: “Detección y prevención del abuso sexual infantil” y el programa consistía en los siguientes temas:

“Abuso sexual a menores. Definición del problema- Caracterización de los factores de riesgo. Estudio de los principales indicadores físicos y comportamentales. El abuso sexual en las distintas etapas evolutivas. Fases del proceso de abuso. Tipología de los abusadores. El contexto familiar en las situaciones de abuso. Consecuencias del abuso sexual en las distintas áreas. Estudio de sobrevivientes de abuso sexual. El incesto paterno-filial. Tratamiento de las secuelas del incesto. Diagnostico de las situaciones de abuso sexual. Técnicas especificas. Intervenciones con la víctima, con los abusadores y con los familiares no abusivos. La prevención del abuso sexual infantil: el trabajo con los educadores y la detección precoz.”

En la página web de Corsi lo que ya no puede leerse es su Curriculm vitae, alguien se ha encargado de quitarlo. Pero el antecedente más reciente de su larga trayectoria puede leerse en todas partes: Corsi está preso como jefe de una red de paidófilos que reclutaban a menores en cybers y en locales de comidas rápidas.

A medida que se conocen los detalles de los procedimientos de esta “banda” (para usar la terminología de la sección policiales de los diarios) -integrada al parecer también por un profesor de música, uno de educación física, además de otros dos jóvenes de alrededor de 20 años, que en su momento habrían sido abusados ellos también por Corsi y los profesores- crece el estupor, el espanto y el horror. Los más jóvenes de entre los acusados concurrían a los cybers y se conectaban con menores que veían que estaban allí mirando páginas pornograficas. Se acercaban a ellos, más tarde los invitaban a una casa donde pudieran ver los sitios pornográficos ya sin los filtros que suelen aplicarse en los cybers. Después los seducían y tenían relaciones sexuales con ellos. Más tarde aparecían los mayores del grupo (Corsi entre ellos), se organizaban orgías en las que los menores eran filmados y fotografiados. Y después ese material se subía a alguna red de porno-paidofilia de la web.

Corsi tenía ocasión de aplicar en estas prácticas toda la ingeniería psíquica que había desarrollado en sus estudios teóricos. ¿O es al revés? ¿Será que los tratados teóricos que lo hicieron una celebridad y una consulta indispensable cada vez que una institución o un medio quería trazar el perfil reconocible de un abusador, será que esos tratados, digo, eran el producto de su experiencia práctica? ¿Estaba hablando de sí mismo Corsi cada vez que describía el modus operandi de los paidófilos? ¿Se estaba confesando o hablaba para disimular?

El caso dispara una serie de preguntas fascinantes, preguntas referidas al Saber, la Salud, la Autoridad. Preguntas también referidas al modelo de Seguridad que hoy se impone como la esencia misma de la vida social. Todo el mundo está preocupado por la seguridad, todo el mundo tiene miedo, todo el mundo está inseguro. Los ciudadanos se movilizan exigiendo a las autoridades más seguridad. Estamos acechados y cada persona desconocida es una amenaza.

Clarín del domingo nos enseña a vivir y este último domingo, cómo no, publicó un interesante recuadro con Consejos para padres preocupados por la seguridad de sus hijos ante la amenaza paidófila: Dar mucha información a los chicos para que nadie los toque, Desconfiar de los desconocidos, No hacer bromas morbosas delante de los niños, Controlar el uso que los chicos hacen de internet. En su edición digital, Clarín nos sigue asustando:

Lugares peligrosos
Las plazas
Son centros de reunión de adolescentes, a la salida del colegio y por las noches. Algunas tienen cámaras de seguridad, pero otras no y son frecuentadas por pedófilos.
Los cíber
Cobijan a chicos solitarios y adultos que visitan sitios pornográficos. Se sospecha que también allí se produce la captación de posibles víctimas de abuso.
Los fotologs
Son páginas de Internet donde los chicos confiesan sentimientos e intimidades. También exponen zonas vulnerables del carácter, pasibles de ser manipuladas.”

Y aún así, los consejos de Clarín no alcanzan: algunos expertos en el tema dicen que un porcentaje importante de los abusos sexuales a menores los cometen miembros de su propia familia. Entonces hay que agregar a los lugares peligrosos las propias casas (no sólo la habitación donde los chicos tienen su compu); y entre las personas peligrosas no sólo a los desconocidos, sino también a lo conocidos; digo: a los más conocidos. Es decir: el universo todo se ha vuelto inseguro, en cada rincón puede acechar un maleante, un degenerado, un monstruo.

Uno de los efectos paradójicos es que el caso ha multiplicado de modo exponencial las consultas a los expertos: han proliferado los perfiles de abusadores que pueden leerse en los diarios, por medio de la palabra autorizada de los que saben del tema. Las psicoanalista María Mondelli en la nota ya mencionada dice de Corsi:

“El cumple con todas las variables que sabemos de los delincuentes sexuales: inserto socialmente, capaz de sostener con una doble vida que haga impensable a vista de un néofito su delito, alguien que encontró en su metié un campo propicio para desplegar su aberración”.

Pero otro recuadro de la misma publicación hace una tipología exactamente inversa: "Inmaduros, solitarios y con culpa”, así serían los abusadores según el informe de un Congreso Mundial contra la Explotación de los Niños. “Hombres de entre 30 y 40 años [Corsi ya estaría pasado de edad] ... Muchos son alcohólicos o psicóticos, de mente torpe”. Bastante distinto de lo que describe la Asociación contra la pornografía infantil: “Profesionales con trabajos calificados. Entre un 50 y un 60 por ciento no recibieron muestras de afecto durante su infancia o adolescencia" [lo que según los consejos de Clarín los habría puesto a salvo de los desconocidos que se acercaran a los niños a hacerles muestras de afecto], etc.. Lo curioso es que, desde que Corsi ha saltado de las páginas de Consejos para Padres Preocupados a la sección policiales, habría que agregar que un experto en Abuso Sexual de Menores puede ser un experto, pero en el mal sentido. ¿Cómo tomar entonces esta inflación de consejos de expertos?

La psicoanalista Mondelli parece abonar esta presunción: “El contexto en el que se movía Jorge Corsi, hace improbable que profesionales de altísima capacidad académica, clínica y de práctica social no tuvieran la sospecha, la hipótesis, o incluso la certeza intelectual de que detrás de él se escondiera un delincuente sexual. Si así fuera, si de verdad como dicen, nadie lo hubiera sospechado, estaríamos frente a un gravísimo problema : toda la construcción teórica y práctica hecha en Argentina alrededor de la evidencia de culpabilidad en los delitos sexuales, estaría en riesgo. Quienes las construyeron son ellos incapaces de reconocer al victimario durante años y años de compartir pensamiento y práctica con él. ¿Son, ellos mismos, una más de las familias cómplices con el abuso sexual de sus niños y niñas?”. De modo que si Mondelli tiene razón, toda la comunidad académica que compartió Congresos y Jornadas con Corsi serían cómplices de estas prácticas.

En fin. El tema no es nuevo. Hace ya algunos años que viene creciendo la obsesión global por el tema denominado “abuso sexual de menores”. Creo observar que la obsesión crece a medida que aumentan las posibilidades de las relaciones sexuales entre adultos y menores, a medida que internet es la forma creciente de vincularse de las personas (personas adultas o personas menores, vínculos sexuales o simplemente vínculos sociales). Crece la obsesión a medida que los niños se vuelven expertos en el manejo de la computadoras y se intensifica el uso que hacen de internet. Y a medida que estas nuevas formas de sociabilidad contribuyen a licuar algunas distinciones que hasta hace poco parecían claras, por ejemplo: ¿cuál es el límite de la privacidad si las personas (personas mayores y personas menores) se fotografían, se filman en diversas situaciones y suben esas imágenes a internet? ¿Cómo constatar la edad de una persona que aparece en un chat, en un foro virtual, si aparece detrás de un nick, si en este tipo de contactos una mujer puede ser un hombre y un adulto puede ser un niño? Y, dada la acelerada introducción de los niños al sistema de consumo, aceleración promovida por todos los medios y consentidas por las propias familias, ¿qué es ya un niño? ¿dónde empieza y termina la niñez?

Son algunas cuestiones problemáticas. Dan qué pensar. Pero la reacción habitual ante casos como el de Corsi no es precisamente pensar ni hacerse preguntas, sino hallar urgentes respuestas. Y ante todo indignarse y horrorizarse. Una vez más, los expertos, colegas de Corsi en su saber teórico, estos últimos días se han mostrado consternados: “El nivel de perversión supera cualquier patología. Es asimilable a un asesino serial”, declara María de los Angeles López Geist, de la Asociación de Psiquiatras Argentinos, con lo cual desplaza la pertinencia de su propia palabra como experta y la delega en el poder policial: no se trata de una patología, es decir, no es cosa nuestra, es cosa de policías. Otro experto dice: “A todos los que no somos perversos nos horroriza. Nos sacude el horror y el espanto”. Etc.

Mi percepción es que los intentos de problematizar este asunto no suelen ser muy bien recibidos. El perfil que se ha construido del llamado “abusador” va camino de ser un “impensable”. Porque hay que apresurarse a mostrarse horrorizado, indignado, espantado. O, como dice uno de los arriba citados, hay que declararse rápidamente parte de “todos los que no somos perversos”. Cuando se trata de sacar la cuestión de la zona del horror y de la policía, hacia la comprensión y la problematicidad, uno corre el riesgo de ser mirado con horror e indignación. ¿Qué? ¿Estás justificando el abuso? ¿Hacés apología del delito? ¿Te volvés cómplice del monstruo?

La palabra "comprender" no está pasando por un buen momento.

(continuará)

martes, 29 de julio de 2008

Somos

Somos - Chavela Vargas
Somos un sueño imposible
que busca la noche
para olvidarse del mundo,
del tiempo y de todo.
Somos en nuestra quimera
doliente y querida
dos hojas que el viento
juntó en el otoño.

Somos dos seres en uno
que amando se mueren
para guardar en secreto
lo mucho que quieren.
Pero, qué importa la vida
con esta separación?
Somos dos gotas de llanto
en una canción.

Nada más que eso somos,
nada más.

MARIO CLAVEL

lunes, 28 de julio de 2008

Apenas el fin del mundo


Por Martha Silva

La vida de Jean-Luc Lagarce, figura excepcional del teatro francés del siglo pasado, más representado que Moliere, estuvo signada por su brevedad: nació en 1957 y murió en 1995, de Sida. Fue director y dramaturgo y escribió alrededor de 25 obras, relatos, un libreto de ópera y un guión de cine.

Apenas el fin del mundo, que se representa actualmente, está editada entre las denominadas “Obras intempestivas”- fuera de tiempo y de sazón, como su muerte- y están acompañadas de Ultimos remordimientos antes del olvido; Music-hall y Las reglas de urbanidad en la sociedad moderna. Todas ellas se dieron a conocer en “La semana Lagarce en Buenos Aires”, que se llevara a cabo en junio de 2007.

Este autor no escribe textos literarios: plasma estructuras escénicas pentadimensionales; las mismas poseen las tres dimensiones del espacio, más la del tiempo y la presencia humana del público (el convivio). Esto no es lo habitual en Francia, donde el escritor dramático suele provenir de la literatura.

El personaje central de esta obra, Louis, vuelve a la casa paterna luego de varios años de ausencia, dispuesto a anunciar su próxima muerte a su familia con “cuidado y precisión”, según explicita en un extenso monólogo inicial. Su propósito es enunciar ante ellos su final cercano e irremediable, en un tono tal como si él mismo lo estuviera decidiendo. El, su madre, su hermano, su hermana Suzanne y su cuñada han vivido alejados, comunicándose por tarjetas postales en ocasión de las fechas tradicionales de la familia: “cartas elípticas” las llaman los hermanos.

No es mucho lo que saben de él, hay vagas alusiones a una posible homosexualidad. Saben que –paradójicamente- su trabajo consiste en escribir, pero fuera de eso no lo conocen, ni siquiera saben dónde vive; la suya es una existencia más supuesta que real. Los reproches de los hermanos y la evocación que hace la madre de los tiempos casi felices de la familia, los ritos de lustrar y sacar el auto los domingos, son similares a los recuerdos del propio Lagarce en su autobiografía.

Este Louis viene ahora a hablar con su familia pero, después de un diálogo con aristas absurdas, advierte que no puede romper la incomunicación, que lo no dicho durante todos esos años tiene un peso imposible de manejar. Lo único que puede, por tanto, es reflexionar sobre sus últimos días y ver todo por última vez, imaginar cómo se lo recordará quizás. Sin decir nada, como siempre.

Esta puesta del 2008 es notablemente refinada, con el mismo elenco que la representó en junio de 2007, en aquella ocasión en un formato semimontado. Sobresalen Valentina Bassi en el rol de la hermana y Daniel Hendler, con una hondura sorprendente en el papel de Louis, en sus largos y poéticos monólogos.

Lagarce en su autobiografía sostuvo la necesidad de preservar los lugares del cuestionamiento y la interrogación del pasado, para cuestionar el presente, sin tenerle miedo al propio desequilibrio.

ESPACIO CALLEJÓN. Sábados a las 18. Humahuaca 3759.

domingo, 27 de julio de 2008

Setentistas 2


Por Oscar A. Cuervo

"Nunca hubiera pensado que alguna vez podía llegar a estar de acuerdo con el hijo de puta del ex general Luciano Benjamín Menéndez. Y sin embargo, ayer" dijo Martín Caparrós hace pocos días. "La indignación es más fácil que el pensamiento", dijo Caparrós, paradójicamente indignado, en un artículo publicado esta semana en Crítica, el diario dirigido por Jorge Lanata. Indignado, pero jactándose de ejercer un pensamiento que les niega a “casi todos”, a los que él cree que se hacen los boludos; Caparrós cree que le toca a él la lúcida tarea de darle la razón al “hijo de puta” de Menéndez en contra de casi todos.

Si hay una cosa que creo que falta en la rencorosa diatriba caparrosiana es precisamente pensamiento: mecha algunas observaciones acertadas con otras visibles contradicciones, una autoatribuída vocación por la verdad descarnada y un presunto conocimento de la Cosa (que puede ponerse en duda precisamente a partir del momento en que se arroga el derecho a relatar, el solito, lo que realmente fue la Cosa). Si Caparrós termina coincidiendo con Menéndez podría no deberse a que ambos dicen lo que los demás callan, porque ambos formaron parte de algo que los demás -“boludos”, para Caparrós- miraron desde afuera. Podría ser que el columnista de Lanata haya descripto una parábola ideológica que lo acerca finalmente a Menéndez. Puede ser que no se trate de una paradoja sino de un simple acuerdo. Quizá responda a este peculiar clima político argentino en el que, por un lado, finalmente y por primera vez, se condena a un genocida a la cárcel común, mientras que al mismo tiempo una pléyade de opinadores ha empezado a usar el término “setentista” como una mofa. Veamos lo que dice Caparrós:

"Ayer, en su alegato final, el ex Menéndez, ex jefe de una de las unidades militares más asesinas, el Tercer Cuerpo de Ejército, hombre de cuchillos tomar y de presos matar, peroró en su defensa. Dijo, en síntesis, que las fuerzas armadas argentinas pelearon y ganaron para “evitar el asalto de la subversión marxista”. Y yo también lo creo.

Con algunos matices. La subversión marxista –o más o menos marxista, de la que yo también formaba parte– quería, sin duda, asaltar el poder en la Argentina para cambiar radicalmente el orden social. No queríamos un país capitalista y democrático: queríamos una sociedad socialista, sin economía de mercado, sin desigualdades, sin explotadores ni explotados, y sin muchas precisiones acerca de la forma política que eso adoptaría –pero que, sin duda, no sería la “democracia burguesa” que condenábamos cada vez que podíamos.

Por eso estoy de acuerdo con el hijo de mil putas cuando dice que “los guerrilleros no pueden decir que actuaban en defensa de la democracia”. Tan de acuerdo que lo escribí por primera vez en 1993, cuando vi a Firmenich diciendo por televisión que los Montoneros peleábamos por la democracia: mentira cochina. Entonces escribí que creíamos muy sinceramente que la lucha armada era la única forma de llegar al poder, que incluso lo cantábamos: “Con las urnas al gobierno / con las armas al poder”, y que falsear la historia era lo peor que se les podía hacer a sus protagonistas: una forma de volver a desaparecer a los desaparecidos. Me indigné y, de tan indignado, quise escribir La voluntad para contar quiénes habían sido y qué querían realmente los militantes revolucionarios de los años sesentas y setentas.

(A propósito: es la misma falsificación que se comete cuando se dice, como lo ha hecho Kirchner, que este gobierno pelea por realizar los sueños de aquellos militantes: esos sueños, está claro, eran muy otros. En esa falsificación, Kirchner y el asesino ex se acercan; ayer Menéndez decía que “los guerrilleros del 70 están hoy en el poder”, sin ver que, si acaso, los que están alrededor del gobierno son personas que estuvieron alrededor de esa guerrilla en los setentas y que cambiaron, como todo cambió, tanto en los treinta últimos años que ya no tienen nada que ver con todo aquello, salvo para usarlo como figura retórica.)

Es curioso cómo se reescribió aquella historia. Hoy la mayoría de los argentinos tiende a olvidar que estaba en contra de la violencia revolucionaria, que prefería el capitalismo y que estuvo muy satisfecha cuando los militares salieron a poner orden. “Ostentamos el dudoso mérito en ser el primer país en el mundo que juzga a sus soldados victoriosos, que lucharon y vencieron por orden de y para sus compatriotas”, dijo el asesino –y tiene razón. Pero la sociedad argentina se armó un relato según el cual todos estaban en contra de los militares o, por lo menos, no tenían ni idea. Es cierto que no podían haber imaginado que esa violencia era tan bruta, tan violenta, pero había que ser muy esforzado o muy boludo para no darse cuenta de que, más allá de detalles espantosos, las fuerzas armadas estaban reprimiendo con todo.

El relato de la inocencia mayoritaria se ha impuesto, pese a sus contradicciones evidentes. Los mismos medios que ahora cuentan con horror torturas y asesinatos las callaron entonces; los mismos partidos políticos que se hacían los tontos ahora las condenan; los mismos ciudadanos que se alegraban privada y hasta públicamente del retorno del orden ahora se espantan. Y todos ellos conforman esta masa de ingratos a la que se dirige el muy hijo de exputa: “Luchamos por y para ustedes” –les dice y, de hecho, los militares preservaron para ellos el capitalismo y la democracia burguesa. Pero la sociedad argentina se ha inventado un pasado limpito en el que unos pocos megaperversosasesinos como éste hicieron a espaldas de todos lo que ellos jamás habrían permitido, y les resulta mucho más cómodo. Como les resulta mucho más cómodo, ahora, indignarse con el ex que repensar qué hicieron entonces, a quién apoyaron, en qué los benefició la violencia de los represores, y lo fácil que les resultó, muchos años después, asombrarse, impresionarse e indignarse.

El ex Menéndez es, sin duda, un asesino, y ojalá que se pudra en la cárcel. Es obvio que no es lo mismo la violencia de un grupo de ciudadanos que la violencia del Estado, pero es tonto negar que nosotros proponíamos la guerra popular y prolongada como forma de llegar al poder. Y también es obvio que la violencia de los militares no les sirvió sólo para vencer a la guerrilla: lo habrían podido conseguir con mucho menos.

Durante mucho tiempo me equivoqué pensando que los militares habían exagerado: que la amenaza revolucionaria era menor, que no justificaba semejante despliegue. Tardé en entender que los militares y los ricos argentinos habían usado esa amenaza como excusa para corregir la estructura socioeconómica del país: para convertir a la Argentina en una sociedad con menos fábricas y por lo tanto menos obreros reivindicativos, para disciplinar a los díscolos de cualquier orden, y para cumplir con las órdenes reservadas del secretario de Estado USA, su compañero Kissinger, que les dijo en abril de 1976 que debían volver a convertir a nuestro país en un exportador de materia prima agropecuaria.

Es lo que dijo el ex: “¡Y nosotros estamos siendo juzgados! ¿Para quién ganamos la batalla?”. Porque es cierto que la ganaron, y que su resultado principal no son estos juicios sino este país sojero.

Ése es el punto en que casi todos se hacen los boludos. La indignación siempre fue más fácil que el pensamiento. Supongo que es mejor que muchos, para sentirse probos, prefieran condenar a los militares antes que seguir apoyándolos como entonces. Pero no deja de inquietarme que todo sea tan fácil y que sólo un asesino hijo de puta suelte, de vez en cuando, ciertas verdades tremebundas."



El problema radica en el “nosotros” desde el cual Caparrós habla: “La subversión marxista quería, sin duda, asaltar el poder en la Argentina”. Da por hecho que las fuerzas armadas le declararon la guerra a la subversión marxista; que él lo sabe muy bien porque era parte de esa subversión. Menéndez, dice, tiene razón: las fuerzas armadas pelearon y ganaron la guerra. Tiene razón Menéndez cuando dice que los Montoneros no peleábamos por la democracia. Dice Caparrós. El “nosotros” que asume es la subversión marxista nombrada así por el militar asesino; para mayores precisiones, “nosotros, los Montoneros”. De esta forma, el relato que Caparrós construye va perfilándose en las palabras de Menéndez que lo han interpelado, hasta dejarlo a él (su “nosotros”) sólo con Menéndez. Así que la Cosa fue con los Montoneros. "Nosotros" y él lo sabemos. Dice Caparrós que se indignó al escuchar a Firmenich decir en 1993 que los Montoneros peleaban (“peleábamos”) por la democracia. De modo que Firmenich queda a un lado y Caparrós queda indignado. Contra Firmenich y también contra el relato que ha imperado de lo sucedido en la década del 70.

Dice Caparrós: Creíamos muy sinceramente que la lucha armada era la única forma de llegar al poder. Y al escuchar el relato "mayoritario" que según él se ha impuesto, Caparrós se dijo a sí mismo “que falsear la historia era lo peor que se les podía hacer a sus protagonistas: una forma de volver a desaparecer a los desaparecidos”. Entonces escribió La voluntad, para contar “quiénes habían sido y qué querían realmente los militantes revolucionarios de los años sesentas y setentas”.

Subversión marxista, revolucionarios, militantes de los años sesentas y setentas, nosotros: esas capas de identidades se superponen en el discurso en primera persona del plural de Caparrós. Hace poco, en otro artículo de Crítica, Caparrós se indignó con los Kirchner y les exigió que nunca más hablaran de la militancia de los años setenta. Caparrós le ha declarado la guerra a todo otro uso de la memoria que no sea el suyo. El sabe la verdad y puede contar lo que “realmente” “éramos” y lo que “realmente” “queríamos” “nosotros”, la “subversión marxista”, “nosotros los Montoneros”.

Así que despejen la zona, que la historia argentina y la memoria es un asunto exclusivo del hijo de puta de Menéndez (que tiene razón) y “nosotros” (Caparrós).« Los milicos “vencieron por orden de y para sus compatriotas”, dijo el asesino –y tiene razón». La historia ha quedado de pronto simplificada, porque entre Menéndez y Caparrós han venido a hacer caducar el relato mentiroso que se ha impuesto (¿entre quiénes?) de la inocencia mayoritaria. Fueron los “compatriotas” (en la jerga de Menéndez a la que Caparrós adhiere) los que le dieron la orden de vencer(nos a los Montoneros).

¿Fueron los compatriotas? ¿Quiénes eran o son los compatriotas de Menéndez y Caparrós? ¿Cuándo, cómo, dónde, dieron esa orden? ¿Las fuerzas armadas acataron la orden de unos compatriotas que no somos “nosotros” (los militantes revolucionarios, la subversión marxista, los Montoneros)? Ergo: ¿los compatriotas que dimos la orden a las fuerzas armadas somos nosotros, todos los que no quedamos incluidos en el “nosotros” de Montoneros, en la subversión marxista, los militantes revolucionarios cuya voz cantante Caparrós exige para sí? Es decir: ¿los compatriotas (así dicho, rara manera de hablar para un marxista) le pidieron eso a los milicos? ¿Pero no había clases sociales en los setenta? ¿Esas clases sociales se agruparon en un “compatriotas” para pedirle esto a Menéndez: que derrotara a ellos?

¿Eran los Montoneros revolucionarios? ¿Eran marxistas? ¿Los que no eran Montoneros -todas las clases sociales, los trabajadores, los sindicalistas, la clase media, el diario La Nación, la Sociedad Rural, Clarín, Timmerman, Mirtha Legrand, Grondona, la familia Massot- fueron todos juntos a reclamarle a Menéndez que los (“nos”) derrotaran? ¿Eran Montoneros todos los militantes de los setenta? ¿Todos los militantes de los setenta estaban en la lucha armada? ¿Decidieron entre todos (entre todos los militantes de los setenta) el asesinato de Aramburu, la bomba en Coordinación Federal, la bomba que hizo volar a Margaride, la creación de focos guerrilleros en Tucumán, la contraofensiva? ¿Era la derrota a los Montoneros el objetivo que se planteó la dictadura militar? ¿Es la memoria de Caparrós (la que le da la razón a Menéndez, la que descalifica a “casi todos” por mentirosos, la que exige a los Kirchner que no “hagan memoria”) el ámbito en el que reside la verdad de los militantes de los años setenta?

Muchas preguntas, justo en un momento en el que el adjetivo “setentista” es un campo de lucha por el sentido de nuestra historia.

sábado, 26 de julio de 2008

Cómo puedes

Para terminar una semana un tanto agria, un poco de dulzura:



De amor en los hierros de tu reja
De amor escuché la triste queja
De amor escuché a mi corazón
Diciéndote así esta dulce canción:

Amapola lindísima amapola
Será siempre mi alma tuya sola.

Yo te quiero amada niña mía
Igual que ama la flor la luz del día.

Amapola lindísima amapola
No seas tan ingrata y ámame,

Amapola, amapola
Cómo puedes tú vivir tan sola.

Amapola lindísima amapola
No seas tan ingrata y ámame,

Amapola, amapola
Cómo puedes tú vivir tan sola.

jueves, 24 de julio de 2008

Cine en La Tribu: Mala Noche

Lo hermoso de la oscuridad
es cómo te permite ver.

Adrienne Rich

Por Liliana Piñeiro
(texto publicado previamente en Meridiana)

Aprovechando los matices del blanco y negro, Gus Van Sant hace una película ensombrecida. La luz es escasa para los adolescentes mexicanos que cruzan la frontera estadounidense, empujados por la miseria y golpeando las puertas de un Imperio cuya crueldad los arroja siempre al margen. Bellos y desamparados, esos jóvenes recién salidos de la infancia y a medio camino del juego, deben aprender a sobrevivir escondidos, sin ninguna inscripción legal que los asista. Para siempre extranjeros, coagulan en esa identidad. Día a día, una sociedad hostil los arrodilla. La lección es violenta, y será aprendida sin más: nada les será ofrecido, todo deberá ser arrebatado en los mismos términos.

Pero aunque su brillo es tenue, algo se esparce en esa oscuridad desesperada. Una mirada amorosa envuelve a los parias: el deseo les da su lugar. Y los cuerpos son filmados desnudos y urgentes: piel contra piel, el sudor se mezcla...

Y sin embargo, sombrío es su destino como triste es la pasión que los pretende: en esos jóvenes todo debe ser rápido, los autos son demasiado veloces y nada sobra. Entre la vida y la muerte, ya se sabe quién ganará esa carrera.

Pero Gus Van Sant pone a jugar ficción y realidad en un lugar impensado. El color nos asalta cuando la película termina, y los actores juegan para la cámara en una ficción que se subraya. La metáfora es doliente: la realidad, ominosa y oscura, parece haber quedado de este lado. Irremediablemente adentro de esta mala noche.

(Este domingo a las 19:00 en el auditorio de La Tribu, Lambaré 873, sigue el ciclo de cine contemporáneo organizado por La Otra; veremos MALA NOCHE, de Gus Van Sant.)

Que nadie te toque


Este domingo a la medianoche en La otra.- radio (FM La Tribu, 88.7, www.fmlatribu.com, pensamos en la sexualidad infantil.

"Forma parte del discurso pedagógico en vigencia una insistente mirada sobre el cuidado del propio cuerpo, referido especialmente a la preservación de la propia intimidad. (...) Si el mundo se ha vuelto amenazante, entonces el otro se converte en un peligro que acecha continuamente. Por tanto, debemos aprender cuanto antes a resguardar nuestra intimidad. Pero la intimidad no es algo con lo que ya nos encontramos al nacer. La intimidad se construye, y precisamente en la relación con los otros durante la infancia. (...)

"¿Qué sucede con la sexualidad en esta encrucijada? La sexualidad, si bien es algo propio, no se construye en soledad sino que necesita para su desarrollo del contacto con el otro humano. Y más aún, la conciencia de la sexualidad como espacio íntimo es una construcción que requiere tiempo, se trata de una adquisición más cercana a la adultez que a la infancia.

"El temor al abuso sexual puede llevarnos a cierta desafectivización de algunas prácticas que para los chicos son necesarias en su carácter precisamente afectivo. Un ejemplo de ello tenemos en muchos jardines maternales, donde los bebés tienen que esperar a que lleguen sus padres para cambiarles los pañales, porque existe la prohibición explícita de que lo hagan sus docentes, previniendo de esta manera situaciones o acusaciones por abuso sexual. Lo mismo ocurre con los chicos de dos años cuando están comenzando el aprendizaje del control de esfínteres; muchas veces necesitan ayuda corporal que un docente no puede ofrecer (se lo considera un modo de cuidadr a ese niño frente al riesgo de ser abusado). Este es un problema muy serio que nos lleva a pensar de qué maneras podemos prevenir el abuso sexual sin cercenar ni deteriorar el espacio de contacto físico necesario para cuidar y subjetivar a un niño. Nos produce cierta inquietud, por ejemplo, el sentido y tramitación que encontrará la frase presuntamente preventiva "que nadie te toque” en un niño pequeño, que necesita justamente del contacto corporal para crecer y desarrollarse saludablemente, que necesita confiar en el mundo. (...)

"En las palabras de Ignacio Lewkowicz, podríamos hablar de un desfondamiento de la infancia, es decir, de un agotamiento de los discursos que hasta hoy producían los modos de ser y de hacer de los niños y sus relaciones con los adultos. (...) Al mismo tiempo, la situación habla del desfondamiento de la adultez como etapa en la que es posible establecerse como guía respecto de los más chicos. El desfondamiento de la infancia implica también el desfondamiento de la figura del adulto. La infancia se instituye, en el mundo moderno, como carencia respecto del universo adulto. Por tanto, se supone que alguien es adulto cuando está “hecho” y puede erigirse como modelo para los que no se han formado aún.

"La situación, en rigor, muestra ese doble desfondamiento: estamos tan perdidos los chicos como los padres y los maestros. Lo que sucede provoca sorpresa y perplejidad. La angustia de la maestra refleja su sorpresa frente a lo que hacen los chicos, pero también frente a la respuesta de los padres. Los adultos miramos atónitos a los niños. Y muchas veces, los miramos como desde afuera de la situación: “¿qué hago con mi hijo?”, “¿qué hago con mis alumnos?” o “¿qué hago con este paciente que no entra en las estructuras aprendidas'”.

"A veces tenemos la sensación de que los chicos pasan de las manos de los padres a la de los maestros como una pelota que quema. La escuela pregunta dónde está la familia y la familia dónde está la escuela. Quizá en estas preguntas se halla lo más difícil de la situación: familia y escuela están diluyéndose en el fluido mundo contemporáneo. Estas preguntas muestran que en rigor aquello que suponemos que está, ya no está."

(Fragmentos del libro La sexualidad y los niños, de Elina Aguirre, Miguel Burkart Nöe, Adriana Fernández, Adrán Gaspari y Carolina Haftel).

El domingo vienen a la radio los autores de este libro. Las canciones, las pone Albert Pla.


Somiatruites - Albert Pla


Soñadores

Hay una escuela perdida en medio del Montseny,
donde sólo estudian los nenes,
donde sólo estudian los nenes que sueñan despiertos.
Es la escuela de los soñadores, es la escuela de los soñadores,
donde sólo estudian los nenes que sueñan despiertos.

Y Joan que soñaba que su cama tenía alas,
y a media noche despegaba y volaba y volaba y volaba.
Y la Lidia soñaba que su novio era un lobo
y se pasaba las noches enteras aullando bajo la luna llena.
Así lo hacia…

Aúuuuu…
Aúuuuu…

Y la Fina soñaba que respiraba bajo el agua,
y nunca se ahogaba y se hacía unos pendientes con perlas marinas...
¡ah!, y además era íntima amiga de los delfines y los tiburones y las gambas.

Y la Martha que soñaba que la tierra era cuadrada,
y se iba a pasar las vacaciones a otra galaxia.
Y el Fidel que soñaba que le pegaba una pedrada al rey de España.
Y el Gerard que soñaba que era un gato, que soñaba que era Gerard que soñaba.
Y la Joana soñaba que su padre nunca le pegaba.
Y la Roser que soñaba que su madre nunca la reñía.
Y la Cristina que se iba poco a poco a la China, y hablaba chino…

(…)

Y el Albert que soñaba y soñaba y soñaba y soñaba y soñaba,
y de tanto que soñaba nunca se despertaba,
y a la escuela, claro, nunca se presentaba,
pero la maestra nunca le ponía una falta y siempre le aprobaba.
Porque el Albert, estudiar, no estudiaba,
pero soñar, caray, sí soñaba.
caray con esa señorita, qué simpática que era,
que soñaba que era una mocosa y cantaba como una gitanilla,
en las noches de luna llena.

Lailo lailo lailo lolay
Lailo lailo lailo lolay

Hay una escuela perdida en medio del Montseny,
donde sólo estudian los nenes
donde solo estudian los nenes que sueñan despiertos.
Y el Ramón que soñaba cosas tan extrañas,
que es imposible explicarlas.
Y en fin, sobre las cosas que soñaba la Laura,
es mejor no saberlas.

Y es que hasta el conserje pintaba escuelas sin murallas,
ni clases, ni rejas, ni maestros, ni tonterías de estas.
En unas ventanas abiertas por donde hacían carreras,
los sueños de los nenes y las nenas.
Y mientras tanto la Fina nadaba con sirenas.

miércoles, 23 de julio de 2008

Especies que desaparecen: Muerte en Venecia

El próximo lunes a las 18:00 en la Biblioteca Kierkegaard (Carlos Calvo 257) proyectaremos la obra maestra de Luchino Visconti, Muerte en Venecia. Coordina el debate: Oscar A. Cuervo. Entrada libre y gratuita.

Visconti tenía conciencia de ser parte de una especie que desaparece y eso se refleja en sus películas, al mismo tiempo que su comprensión por la inevitabilidad y hasta la justicia de esa pérdida.

El cine le debe demasiado al más auténtico aristócrata de su historia: ese proceso de extinción individual y de clase que sintió en carne propia lo empujó a rallentar el tempo cinematográfico, a desligarlo de los mandatos del entretenimiento. Nadie antes que él se animó a filmar la decadencia en tiempo real; y nadie después lo supo hacer mejor. El moroso recorrido de la cámara por los ambientes del hotel Lido y por las playas y callecitas de una Venecia en lenta descomposición, el atrozmente bello y fúnebre atardecer del final de Muerte en Venecia, ya había sido anticipado por la mórbida dejadez de la orgía de los SA en La caída de los dioses y fue potenciada después por una escena casi gemela en la nocturna y húmeda Ludwig, una de sus películas menos comprendidas y quizá su obra maestra. El tiempo de ese decaer tiene una soberanía que se impone sobre los dictados del relato: la experiencia de la demora como nadie antes se había atrevido a filmarla es su aporte crucial al realismo en el cine.



Pero si se quiere encontrar una clave permanente en la obra de este director que se movió entre los sencillos pescadores de La terra trema y la exangüe aristocracia de Ludwig, quizá haya que buscar por el lado de Eros. Lo que le confiere a su obra una tensión irresistible es el estar atravesada por esas miradas deseantes que desconocen las barreras sociales y los códigos culturales: desde el arrasador deseo de los adúlteros en Ossessione, hasta la atracción sin nombre del maduro von Aschenbach por el casi niño Tadzio, siempre es un cruce de miradas entre dos que no deberían mirarse.

Tierra del fuego


Una de las mejores intervenciones en el debate del senado de la semana pasada fue la del Senador José Martínez, del bloque del ARI disidente de Tierra del Fuego. Martínez voto por la negativa y su participación fue reflejada en los medios apenas como un número en el resultado final que desempató Cobos. Todos están hablando de si Cobos es un traidor o un héroe de la democracia, pero la participación de Martínez es, desde mi perspectiva, más relevante para pensar lo que estaba en juego y lo que queda pendiente una vez que la resolución 125 fue derogada:

– Señor presidente: el bloque del ARI de la provincia de Tierra del Fuego ha analizado este proyecto y ha buscado distintas alternativas con mucha responsabilidad, ya que se trata de un tema realmente importante, que es la discusión de la renta de los sectores de mayor acumulación de riqueza, en este caso, la renta agraria. Esto tiene que ver con otro tipo de rentas que todavía se tienen que discutir o rediscutir, por ejemplo, la renta petrolera, que ya se discutió en este Parlamento hace dos años; la renta minera y la renta financiera, que todavía no fueron discutidas. Creo que la renta pesquera también se tiene que discutir. En efecto, son temas pendientes que tiene este Congreso de la Nación y esta democracia.

Entonces, se empezó a plantear este tema en un esquema de antinomias. Se polarizó al pueblo argentino y en ese marco hemos tenido este conflicto que se ha simplificado y se ha llevado a un Boca-River o a un blanco o negro. Creo que tenemos que llegar a otra discusión, ya que esta dicotomía me parece falsa; al pueblo argentino no le hace bien que haya dos manifestaciones en un solo día. En este marco, el hecho de querer plantear este conflicto como golpista o no golpista, divisionista o no divisionista, le hace muy mal a todas las instituciones y al pueblo. El pueblo quiere otra cosa. El pueblo quiere que empecemos a discutir un país para todos.

Se está planteando la producción de alimentos de la República Argentina para 400 millones de habitantes, pero somos 40 millones. Pero resulta que en la Argentina hay chicos desnutridos y chicos que se mueren por desnutrición. Eso, realmente, es una deuda pendiente. Creemos que las retenciones son un instrumento válido y tienen que serlo. No es verdad que en este Congreso se empezaron a discutir las rentas móviles recién ahora. De hecho, hace dos años, en diciembre de 2006, la norma que después fue la Ley 26.217, que es la que sacó del marco de la ley de emergencia las retenciones para los hidrocarburos y estableció un régimen de 5 años, se discutió en ambas cámaras. Muchos que en aquel momento planteaban que las retenciones móviles por encima del 60 por ciento eran razonables para la renta de los hidrocarburos –algo con lo que estamos de acuerdo–, ahora plantean que las retenciones por encima del 33 por ciento son confiscatorias.

Esto hay que dejarlo claro porque nosotros estamos de acuerdo con las retenciones móviles, toda vez que ellas son un instrumento de discusión de la renta. Esto se tiene que discutir y profundizar porque este dictamen de mayoría tiene vicios de inconstitucionalidad que se han visto a lo largo de todas las charlas que hemos tenido. En efecto, la ratificación a través del artículo 1° de una resolución de un funcionario de segunda línea es algo que no se puede hacer, porque la Constitución lo prohíbe. ¿Por qué? Porque dice "ratifíquese". Sí podemos establecer. La palabra lógica y razonable sería "establécese", con lo cual se corregiría esta situación. Pero estas discusiones se soslayan o se quiere llevar el asunto a otro terreno.

Respecto del artículo 2° bien ha expresado la senadora Escudero que, al no haber sido ratificado por la reforma del 94 el Código Aduanero, estamos en falta. Y nosotros vamos más allá en el análisis porque el mismo artículo 2° que ahora se cuestiona —con lo que estamos de acuerdo— está inserto en la Ley 26.217, que fija las retenciones de los hidrocarburos. Y los grandes pools de abogados que tienen las multinacionales petroleras están esperando que se resuelva esto para hacer juicios cuantiosos contra el Estado argentino, por miles y miles de millones de dólares. Por no discutir estos temas, por imprimir esta cuestión de la falsa dicotomía, de este Boca-River, estamos cometiendo un grave error que va a pagar todo el pueblo argentino. Y lo podemos salvar. Una fórmula es la que dio la senadora Escudero en el sentido de modificar el artículo 2°. El senador Urquía decía que lo que aporta la provincia de Córdoba tendría que volver, en parte, a esa provincia. Si las provincias hidrocarburíferas empleáramos el mismo criterio no desarrollaríamos un modelo de país solidario. Es perfectamente razonable que, en materia de gas e hidrocarburos, las retenciones estén por encima del ciento por ciento. Si no, el gas que utilizan las fábricas para producir, o el que utilizan los vecinos en sus hogares, inclusive el gas licuado, que es carísimo para los sectores pobres, tratado con precios internacionales, sin retenciones, valdría diez o quince veces más de lo que vale. Agrego la nafta, el gasoil y los fertilizantes, que son subproductos del gas.

Nosotros, desde una provincia productora, siempre hemos acompañado este criterio y creemos que es razonable, si bien también creemos que hay que discutirlo nuevamente, en otro marco, con una visión integral.

El senador Urquía hablaba del paradigma de los biocombustibles. Falso paradigma que está debatiendo al mundo entre energía y alimentos. Nosotros, como pueblo, como sociedad, tenemos esa ventaja: podemos producir energía y podemos producir alimentos. Y ese falso paradigma, con el que se están haciendo grandes negociados en la Argentina, podemos dejarlo de lado. ¿Por qué decimos esto? Porque, hoy por hoy, nuestro país está comprando gas, señores; porque la crisis energética que no se quiere reconocer existe. Estamos comprando gas a Trinidad y Tobago. El gas licuado del que todos hablan, que viene en buque hasta Bahía Blanca se está comprando a 17 dólares el millón de BTU. Y a las provincias productoras nos están pagando 1,20 dólares el millón de BTU. ¿Saben cuánto estamos trayendo? El equivalente a 8 millones de metros cúbicos diarios. Y producto de esa ley de retenciones que pusieron a los hidrocarburos, que nos parece bárbaro —vuelvo a insistir—, la provincia de Tierra del Fuego no pudo exportar más gas a Chile, lo cual es razonable porque, si a un país le falta gas, ¿cómo va a exportar? Pero tampoco lo podemos traer. Entonces se lo compramos a Trinidad y Tobago. ¿Por qué no se transforma la economía regional de las provincias productoras y hacemos nosotros el licuado, y no Repsol que lo hace para España?. Porque sucede que ahora que España está en pleno verano y baja la producción de esa planta, se lo vende a los argentinos.

La falta de gasoil en la Argentina la están sufriendo todo el pueblo y los productores. Y desde hace mucho tiempo se está desarrollando en el mundo la destilación de gas (GTL), o sea, sacar petróleo sintético a partir del gas. A partir del gas se saca nafta y gasoil. Y en Tierra del Fuego tenemos eso, porque hay excedente; pero lo más grave del caso es que producto de las retenciones, lo que no podemos exportar a Chile, no tenemos cómo sacarlo del gasoducto. Hoy esos 8 millones de metros cúbicos que le faltan a la Argentina, podríamos exportarlos, porque hay un yacimiento en donde está la válvula cerrada equivalente a 16 millones de metros cúbicos. Eso es lo que le falta a la Argentina. Y lo podríamos hacer con la plata de GTL para que el gasoil que le falta a la Argentina también lo produzca Tierra del Fuego. Y si nos incorporaran en el incerconectado energético nacional que llega hasta Río Gallegos, también podríamos aportar kilowatios a la Argentina sin comprarle a precio internacional al Brasil. Esto es lo que tiene que ver con una discusión integral de las economías regionales.

Que se necesita de la energía para la producción de alimentos, no nos cabe la menor duda; que tiene que tener un precio, no nos cabe la menor duda; que tiene que tener un equilibrio primero para el mercado interno y para después poder hacer una política exportadora para estas dos cosas que le hace falta al mundo, no solamente por negocio, sino porque lo necesita el mundo y podemos hacerlo. En ese marco tenemos que discutir; no en un marco de un Boca-River, en el marco de una dicotomía, de una falsa dicotomía, se vota por el sí, se vota por el no, ganó el gobierno, ganó el campo. No. Estamos perdiendo todos. Si no modificamos los artículos 1° y 2°, ¿saben quiénes van a ser los únicos que van a ganar? Los grandes pools de abogados en la industria del juicio. Esos son los que van a ganar.

Mocionamos concretamente la modificación de los artículos 1° y 2°.

En cuanto a los productores, por supuesto que tienen que existir las compensaciones. Tenemos que incentivar a los pequeños productores pero no solamente para que produzcan soja —porque también pueden producir soja; no hay que demonizarla, porque, como muy bien dijeron por ahí, después se transforma en carne avícola o vacuna—; no para biodiesel, porque es el falso paradigma que nos quieren meter; sino para seguir exportando ya no nuestro subsuelo sino nuestro suelo, para la energía que necesitan los países adelantados. Nosotros tenemos que ser inteligentes, preservar nuestro subsuelo y nuestro suelo. Para eso tenemos que basarnos en los pequeños y medianos productores.

En la Cámara de Diputados se planteó concretamente que en el momento en que se modificaron las retenciones del 27 al 35 por ciento, hubo una maniobra especulativa que hizo que declararan la cosecha antes de este cambio, y resulta ser que los grandes acopiadores y exportadores compraron con una retención que hicieron, y le cobraron a los pequeños productores en alrededor de 1.200 millones de dólares que después no depositaron en el fisco. Eso se planteó en la Cámara de Diputados y no se trató. Por eso, también mocionamos, concretamente, que se cree una comisión bicameral para investigar esto. Y que ese dinero que estos señores se apropiaron, que no les corresponde, que es del fisco, sirva para ser distribuido, de forma tal de reforzar todas las compensaciones de fletes y demás que necesitan los pequeños productores. Y, por supuesto, que se puede hacer, si hay voluntad. Pero esto no se termina con la votación de hoy. Todo esto tendría que ser el comienzo de una nueva Argentina, que todo el pueblo nos está reclamando. En los actos de ayer vimos división y antagonismo; había gente muy buena de un lado y gente muy buena del otro, y había gente jodida de un lado y gente jodida del otro. ¿Uno puede interpretar acá que las entidades de la Mesa de Enlace movieron a toda esta gente? No es así. Hay más de un millón de argentinos que no están movidos por ninguna entidad, que simplemente se expresaron para que haya otra Argentina y que no son llevados por esos intereses.

Por supuesto que hay entidades con las cuales tenemos profundas diferencias. El sector nuestro de Tierra del Fuego nunca fue golpista y no vamos a estar con entidades golpistas ni haciéndoles el caldo gordo, por más que quieran pintar que en el caso de una votación en contra se está votando con ese sector. No es así, y el pueblo de la Argentina tampoco lo siente así.

Entonces, para concretar y no abusar del tiempo —aunque sé que tengo más tiempo como presidente de bloque, pero muchas veces abundar no es tan bueno—, la moción concreta consiste en modificar los artículos 1/ y 2/, y lo relacionado con la comisión investigadora para reformular las compensaciones. Si el bloque de la mayoría acepta esta moción podríamos estar acompañando el dictamen del oficialismo. En el caso de no haber modificaciones realmente esta norma no va a hacer bien a nada y, en ese caso, el bloque del ARI va a votar en contra.

Esperamos sinceramente que este voto ayude a que haya una única plaza en la Argentina; una única plaza en donde esté todo el pueblo y en donde converjamos como argentinos y le demos viabilidad a este país para nuestros hijos, para nuestros nietos y para las generaciones futuras, y podamos así aportar a combatir el gran drama mundial del hambre.

martes, 22 de julio de 2008

Otras retenciones que el Senado aprobó


Pasó ya casi una semana del debate del Senado y el tema de Cobos es casi lo único de lo que se ha seguido hablando. Sin embargo, entre las participaciones de los senadores creo que hubo momentos muy interesantes que vale la pena recordar. Aquí mando un fragmento de lo que dijo Daniel Filmus, que votó por la afirmativa al proyecto de retenciones móviles. Dentro de unas horas mando la exposición de un senador que votó por el No.

(...) Y este lugar donde estamos sentados, no fue ajeno a la distribución de la riqueza para los más poderosos. Quiero decir que hubo una retención muy importante que se votó acá. ¿Se acuerdan? Se retuvo el 13 por ciento. ¿A quién se le retuvo el 13 por ciento en este mismo recinto? ¡A los jubilados!

Sra. Negre de Alonso. — No todos lo votamos.

Sr. Filmus. — No estoy diciendo quiénes lo votaron. Cada uno sabrá. Acá se les sacó el 13 por ciento a los jubilados, se les sacó el 13 por ciento a los docentes y se les sacó el 13 por ciento a los empleados públicos. Acá enfrente hubo una carpa de mil días que, con orgullo, llevaron adelante los docentes. Acá, el mismo partido que hoy se opone a estas retenciones, en los primeros días del gobierno del presidente De la Rúa, le puso un impuestazo a la clase media, que la marcó para siempre. En este recinto se votó la mayor redistribución de riqueza a favor de los sectores más poderosos cuando se votó la flexibilización laboral. No hay mayor redistribución regresiva del ingreso que llevar la desocupación al 24 por ciento, porque los trabajadores no pueden llevar la dignidad a su hogar. Esa es la mayor redistribución regresiva que tuvo la historia argentina. Pasó acá. No se cortaron las calles, no se cortaron las rutas, no se cortaron los caminos. La democracia le debe todavía a la redistribución del ingreso un capítulo importante. Acá se votaron las leyes que permitieron el megacanje, por el que la deuda externa argentina creció para que el sector financiero se lleve toda la plata. Y está estudiado cómo ocurrió. Acá también se votaron las leyes que permitieron el “corralito”, que nos tuvo como víctimas a sectores de la clase media y a sectores trabajadores; y todavía hoy no nos han devuelto la plata. Eso pasó y eso también es redistribución del ingreso. Antes se hacía con los golpes, pero después la democracia no saldó esa deuda. Quiero decir, porque me parece importante, que hoy van a votar algunos colegas, algunos compañeros, algunos correligionarios, con algunos de aquellos que fueron culpables; incluso van a votar con algunos de los que apoyaron los gobiernos militares y que organizaron partidos defendiendo la violación sistemática de los derechos humanos y las desapariciones. Entonces, mañana hay que hacer un debate importante...

— El senador Castillo hace manifestaciones fuera de micrófono.

Sr. Filmus. — Le voy a pedir al señor legislador que me escuche y no intervenga. Yo no intervine, por ejemplo —y eso que pedí la palabra—, cuando usted, hablando de la inmigración...

Sr. Presidente. — Senador Filmus: por favor, diríjase a la Presidencia. Venimos manteniendo un ambiente bastante acorde al Senado, así que, senador Filmus, por favor, diríjase a la Presidencia.

Sr. Filmus. — Decía que no intervine —tuve intención de hacerlo pero no se me permitió— cuando, hablando de la inmigración, el senador Castillo se refirió a la inmigración de polacos, españoles, italianos, árabes y judíos. Le quiero aclarar, porque en ese momento me sentí comprendido, que hay judíos que son árabes, que son alemanes, que son polacos, que son argentinos o que son españoles. No es una categoría diferente. Se lo aclaro al señor senador. Hay dos cuestiones más que me parecen importantes y que también tienen que ver con la intervención del senador Castillo. Se dijo que queremos volver a la Argentina agroexportadora. Este es el otro tema de fondo: redistribución del ingreso y si queremos volver —como dije— a ser un país agroexportador. Alguien dijo: “Los chinos necesitan agua”. Cuando exportamos soja, alegremente se dice que exportamos agua. Justamente, hay una división internacional del trabajo que quiere que nuestro país sea productor de bienes primarios, no de bienes elaborados, que son los que generan la riqueza. Eso lo sabemos todos.

Sí miramos el Primer Centenario, como lo dijo muy bien la senadora por Jujuy, advertimos que estamos mal. Ese centenario fue para unos pocos. En la Argentina había 93 por ciento de deserción escolar y una pobreza que superaba el 90 por ciento. Los que venían acá para dedicarse al campo, tuvieron que quedarse en la ciudad porque no hubo distribución de la tierra.

Nosotros tenemos que mirar al Segundo Centenario desde una perspectiva que tiene que ver con la ciencia, la tecnología y la elaboración de los productos agropecuarios aquí en el país. Y quiero referirme al caso de Brasil. Voy a leer lo que dijo Lula, el presidente de Brasil, la semana pasada. Brasil es un país poderoso y está entre los nueve más importantes del mundo, no porque es un país agroexportador, sino porque es un país industrial. Después de anunciar que iba a invertir 41 billones de reales para ciencia y tecnología, dijo: esta es la apuesta en el futuro, esta es la apuesta de Brasil que quiere transformarse en una gran potencia en el área de la ciencia y de la tecnología, no sólo en la exportación de productos primarios, sino en la exportación de conocimiento, de la inteligencia brasilera. Por eso, hoy no podemos caer en la trampa de volver a ser un país agroexportador.

Aquí se mencionaron varios países. Estados Unidos es un país exportador. ¿Cuánto significa hoy el producto bruto agropecuario en la economía de los Estados Unidos? 1,2 por ciento; en Japón, 1.4; en Alemania —que también fue mencionada acá— un punto; y en Irlanda, país que más creció en Europa y uno de los que más se desarrolló en ciencia y tecnología, cayó el porcentaje en la producción agropecuaria del 7 a 2,1 del producto bruto interno. Países como Corea y Canadá, que fueron agroexportadores, hoy producen esos bienes primarios en su propio país y han desarrollado la tecnología y la capacidad de agregarle valor a los bienes primarios, con lo cual crecieron —la Argentina también creció, por ejemplo, en ladécada de los 90— y la gente vive mejor, porque de eso se trata la economía. No se trata entonces de que nos vaya bien a nivel macro porque después la gente viaja en micro. Entonces, se trata de cómo cada uno mejora sus condiciones de vida. Para terminar, permítanme referirme a algunas cuestiones del federalismo que es un tema central.

También aquí se votó la transferencia de los servicios educativos y de la salud sin recursos. También aquí se votó —y firmaron muchos gobernadores— esa transferencia de hospitales y de escuelas que empezó —creo que fue uno de los elementos más importantes para la desarticulación del sistema educativo— primero en 1978, en la época de la dictadura; luego, en 1992, cuando se transfirieron los servicios sin los recursos correspondientes. Me parece que en ese sentido es importante plantear necesariamente que tenemos la deuda del 90 y la Constitución del 94 para discutir de una vez por todas la coparticipación. Pero quiero señalar algunos elementos y mostrar solamente un cuadro antes de terminar. Cuando uno ve —y es verdad todo lo que se ha planteado aquí sobre la coparticipación— que la transferencia en coparticipación aumentó entre el mejor momento de 1998 y 2007 —1998 había sido el más alto— en un 420 por ciento, las transferencias no coparticipables aumentaron en 332 por ciento y los bienes de capital y las obras públicas aumentaron un 2 mil por ciento. Es verdad que nunca se transfirió tanto. Para que tengamos una imagen de lo que ocurrió en el país, es verdad que tenemos una asignatura pendiente respecto de la coparticipación. Es verdad que así aumentaron los recursos que fueron enviados a las provincias.

En este sentido, me parecen importantes mencionar tres leyes que se votaron acá, casi por unanimidad: la Ley de Financiamiento Educativo, la Ley de Garantía del Salario Docente —recordemos que cuando asumimos había provincias que tenían cuatro y cinco meses sin clases; siete provincias no pagaban los salarios o los pagaban mal y en bonos, con lo cual, directamente no los pagaban— y la Ley de Enseñanza Técnica, que permitió aumentar de quince a más de trescientos millones de inversión en ese punto.

Como presidente de la Comisión de Medio Ambiente y de Desarrollo Sustentable termino señalando que quizá hubiera sido importante que ella participara de esta discusión, porque al definir el planeamiento territorial estamos definiendo también el ambiente y el desarrollo sustentable. De nada sirve que haya justicia social entre distintos sectores sociales, si no se la establece a lo largo de varias generaciones. Si nosotros abusamos de la riqueza ambiental actual para condenar a nuestros hijos y a nuestros nietos a la pobreza ambiental futura, no estamos cumpliendo con los designios que corresponden a nuestra generación.

En ese sentido, quiero plantear que sólo en los últimos años, por el avance de la soja y de la frontera agropecuaria, la desforestación aumentó en 1.200.000 hectáreas. En el Chaco, 187 mil hectáreas; en Santiago del Estero, 306 mil hectáreas; en Salta, 194 mil hectáreas. La desforestación es notable y es necesario que el Estado intervenga en este aspecto. (...)

Todos nosotros estamos contentos


Dice Fede en un comentario enviado a este blog, a raíz de un post leido en otra parte:

"...que justo ahora los medios esten presionando al gobierno. Una ley de radiodifusión que limite la "concentración de medios" sería problemático para Clarín y otros grupos que monopolizan la opinión pública en la Argentina.
Los medios también contribuyeron a desetabilizar porque les interesa demostrar que tienen poder y de esta manera meten presión para que no se toque su posición monopolizadora, oligopólica y concentrada.
Kirchner negoció con estos grupos, porque en 2004 les otorgo las licencias por 10 años(para que no entorpescan su camino, cuando asumió tenia 25% de popularidad), pero si Cristina envian al congreso una ley que limita la concentración de medios pondría en jaque el negocio. Además de intereses económicos e ideológicos que los unen a todos, en un gran concierto..."


Fede:

no te quepa ninguna duda: el conflicto por el campo se hubiera desenvuelto por carriles más normales si Clarín no hubiera apuntado a atizarlo, a alentar a los duros para que exigieran más, a ponerles a su disposición una cámara las 24 horas del día durante más de tres meses, a concertar con ellos tener cámaras en los lugares en los que "de pronto" a las 20:00 hs en punto, horario en que empieza Telenoche, "espontáneamente" se produjeran cacerolazos de la "gente". Durante más de tres meses Clarín distribuyó los roles de héroes y villanos para explicar el conflicto del campo a "los niños". A unos los trataron como personajes pacíficos e ingenuos, cuando en realidad alentaron la violencia y crearon una especie de estado dentro del estado, decidiendo qué camiones pasaban y cuáles no, patoteando a los que se acercaban a los cortes de ruta a debatir con posiciones distintas. Todo eso se ocultó, y en cambio se pasó hasta el cansancio la piña de D'elía, todas las semanas, en los noticieros, en TVR. Clarín le dio al ciudadano cualunquista la lectura simple del conflicto: Campo vs. Gobierno; pantalla dividida para que De Angeli se burlara mientras la presidenta hablaba.

Los programas del grupo estuvieron disposición de De Angeli y Carrió, que salieron cuantas veces quisieron a monologar, sin que a Morales Solá, Santo, Bonelli, Castro, Tenenbaum, Blank, se les ocurriera jamás hacerles una repregunta delicada. Los movileros editorializaban a mansalva, con discursos más violentos y tonos más alarmistas que los de los propios chacareros.

Clarín quiso demostrar su poder, una advertencia para toda la clase politica de lo que les pasará a los que se le pongan en contra. Hacer que todos entiendan que "con nostros no se jode, somos el poder permanente, nosotros vamos a quedar cuando ustedes se hayan ido y vengan otros que también van a tener que negociar". ¿Te imaginás a muchos diputados osando levantar la mano contra Clarín, pensando que algún día puedan tener en contra al multimedios en un proceso eleccionario?

A ver: cómo imaginás que votarían Chiche Duhalde, Menem, Cobos, Rached, Bulrich, Estensoro, Rodriguez Saa, los radicales, los macristas, si tuvieran que decidir algo que afecte al grupo Clarín. La "gente" no va a querer meterse en un nuevo quilombo que "dividiría otra vez a los argentinos". Al contrario, a la mayoría de esa "gente" les encanta que la tele y los diarios les entreguen un relato predigerido de la lucha política, que les digan a quién hay que odiar, que la cámara siga a sol y sombra a algún diputado que tome la bandera de la Ley de radiodifusión, revisándole las cuentas y revisando su tacho de basura. ¿Habrá algún canal que revise el tacho de basura de Magnetto, de Ernestina herrera de Noble, que sigan a sol y a sombra sus desplazamientos y filmen a sus guardaespaldas, como si fueran mafiosos? ¿Te imaginás a Abraham, a Quintín, apoyando una ley que limite la concentración de los medios, o llorando como gatas en celo porque este gobierno ataca a la "prensa independiente"? ¿Te imaginás a Lilita diciendo que ella ya avisó que "ahora vienen por nuestros diarios"?

Qué querés que te diga, la veo complicada. Me parece que esta batalla hoy no tiene chances de prosperar, la sociedad está lejos de bancársela. ¿Vos ves a los partidos de izquierda apoyando al gobierno en una iniciativa así?

En suma: los pequeños chachareros pagan hoy lo mismo que los grandes terratenientes, el campo está en orden, como dijo alguien, pero Clarín parece respirar tranquilo porque no tiene amenzas a la vista.

Por supuesto: fue Kirchner el que le fue cediendo más y más poder a Clarín. Estaría tentado a decir: ahora que se joda, pero los que nos jodemos somos Todos Nosotros.

Oscar Cuervo

lunes, 21 de julio de 2008

Chau, María

Setentista de ahora en más


Por Oscar A. Cuervo

Uno de los detritus discursivos de la crisis de la soja que está viviendo la Argentina es el uso abyecto de la categoría de setentismo, tal como puede leerse en escribas de la derecha como Tomás Abraham (y algunos de sus esbirros, que no terminan de despedirse de este blog). Uso abyecto que sale de la boca de quien quizá no ha vivido los setenta en la Argentina por cuestiones de edad, porque nunca formó parte de las trágicas luchas que se llevaron a cabo en esos años, o por simple pertenencia a una burguesía que miraba desde afuera cómo los milicos hacían el trabajo sucio que a ellos les permitiría gozar del campo devastado: en el plano político, económico, sindical, cultural, que la dictadura dejó.

Abraham habla de los setentistas con asco, quizá con una gran autoridad, porque él debe haber cumplido un papel más digno que el de esos señores a los que se permite despreciar, quizá su historia lo habilite a darles lecciones de rigor intelectual, de valentía y de consecuencia ideológica a David Viñas, a León Rozitchner, a Eduardo Grüner, por nombrar sólo a algunos de aquellos con los que se permite mostrarse mordaz. Seguramente la trayectoria de los mordaces es impecable y pueden dar lecciones de transparencia, de compromiso y de seriedad filosófica, y burlarse de los militantes de los 70.

Pero un tipo como Abraham es un pensador burgués que no tiene ningún problema en admitirlo, así como se permite despreciar vágamente a la izquierda y a los terroristas de la facultad de Ciencias Sociales. Se sabe: para un entertainer cualquier excusa es buena con tal de mantener la atención de su público. No otro es el caso de Mirtha, su uso del término “zurdaje” no difiere en consistencia, en profundidad, ni en rigor, del uso que Tomás o nuestro amable comentador César hacen del término “los setentistas”. César y Abraham se creen seguramente un escalón arriba de las capacidades intelectuales de Mirtha. Quizá haya en esa ingeniosidad del setentismo nac & pop, del choripán y los micros que traen a la manada de José C. Paz, alguna elaboración post-estructuralista, nietzscheana, neo-gramsciana o lo que fuere, que se nos escapa, quizá no se trate de la misma vieja gorilada de siempre. Debe ser que Grüner recibe un sueldo de la Universidad, como recuerda constantemente el propietario del blog Pan Rayado, o que Horacio González vendió su posición pública por un puestito en la biblioteca. Si somos miserables, podemos imaginar que los móviles de los demás son también miserables. Claro, la militancia es una boludez, estos tipos ya están gagá, los setenta pasaron de moda, era el choripán, eran los pantalones Oxford y los bigotes gruesos, como el personaje de Capusotto. Ahora todo ha cambiado y estos vejetes zurdos están sufriendo alucinaciones olfativas.

El asunto del setentismo, la militancia y las cartas de intelectuales me parece algo ligeramente mas grave: se trata de gente preparada, muchos son orgánicos de la Universidad o de la función pública, tienen historia, no son advenedizos, comediantes o almorzadores de TV” dice nuestro César. No sin remarcar que (los setentistas) son orgánicos de la Universidad y de la función pública. Es decir: son unos módicos corruptos, defienden sus pequeñas prebendas, se venden por muy poco. El campo se mueve por una cuestión de dignidad, porque están hartos de las mentiras del Indec, pero estos patéticos profesorcitos se mueven por un toquito de guita o por un poder chiquitito.

Quien es capaz de formular semejante aserto dice mucho de sí mismo, de los alcances de su imaginación, de sus propios deseos y de su propia miseria. No sabemos de qué vive César, no sabemos si es orgánico de la Universidad, si tiene un quiosquito en el Once, si maneja un taxi, pero sabemos que él cree que trabajar en la Universidad te baja puntos en la lucha política, porque si laburás en la Universidad cualquier gil puede mandar un mensaje a un blog y deslizar que estás moviéndote por una mezcla de senilidad e interés chiquito (porque el sueldito de la Universidad es poquita cosa comparado con la renta de las 200 hectáreas).

A ver, gil, avivate: lo de los 70 es todo un verso, ya pasó, resignate. Ya está, ¿no leiste a Abraham? ¿No viste qué lindo escribe Lanata? Los setentistas están demodé, burro. El problema de la Argentina es la inflación y lo que hemos vivido es una pueblada por la dignidad. Tiene razón Lilita, lástima que diga esas cosas de Dios, pero sacale a Dios y vas a ver que tiene razón ella y Mirtha y Abraham. Nosotros somos magníficos y no es tan fácil engañarnos, no nos vamos a comer el verso de Moreno, los Kirchner no son revolucionarios y esa pobre gente que traen en un micro a cambio de un chori y tetra... Nosotros sí los queremos, nos gustaría explicarles que están engañados, que desde acá vemos la verdad de la milanesa, que estamos informados de las mentiras del Indec, que hemos leído unas fotocopias de Toni Negri y fuimos a un seminario de Tomás y sabemos que la lucha de clases es una sanata. Pero cómo nos van a entender, pobre gente, si están al borde de la inanición y el cerebro ya no les funciona bien, necesitan el choripán. A ellos los perdonamos. Lo imperdonable es lo de los setentistas, esos que viven del erario público, ahora que tenemos un gobierno montonero (¿o no eran montoneros?).

Su mas lamentable error no ha sido la insistencia en una clave política de militancia y denuncia, sino la erronea interpretación de los movimientos emergentes de una sociedad compleja (y tambien contradictoria)que se resistía a las simples dicotomías de pueblo vs. sus enemigos”, dice nuestro César. Es decir: su insistencia en una clave política de militancia no es “su más lamentable error”; es, digamos, un error menor. Insistir con la militancia, la verdad que... El error verdaderamente grave, lo que nunca les vamos a perdonar a estos setentistas, es la simple dicotomía “pueblo vs. enemigos”. No importa que esas no sean palabras textuales de ninguna de las Cartas Abiertas, total, quién se va a molestar en leer los desvaríos seniles de Rozitchner y Viñas, confundidos por el olor del choripán. Ellos no hablaron de la dicotomía “pueblo vs. enemigos”, pero ponele que sí, total, lucha de clases, propiedad de la tierra, dueños de la Argentina, exportación de productos primarios, reducción del estado a su mínima expresión, olor a chori... todo es más o menos la misma boludez. Digamos algo del olor a chori, pongamos a Sabatella al lado de Ishi, gastemos un poco a los idiotas útiles de Grüner, Casullo y Kauffman, que no tienen talento empresarial, son parásitos de la Universidad, setentistas, zurdaje.

OK, que todo sea como vos quieras.

Pero yo, a partir de ahora, derogada la resolución 125, habiéndose dado por conforme Miguens, deprimido Buzzi porque se dio cuenta de que sus representados están peor que la semana pasada, con dos nuevas estrellas fulgurantes (Julio César y Alfredo) lanzadas al cielo de la política argentina, yo, digo, le agradezco a Dios, igual que Lilita, pero por otros motivos. Este conflicto de la soja me ha servido: ahora puedo identificar con precisión infalible a aquellos comentaristas de diverso rango que guiñan el ojo y dicen ingeniosidades acerca de los setentistas. Hasta ayer conversaba con ellos de temas varios. Pero hoy, gracias a Dios, y de aquí en adelante, ya sé que se trata de una banda de reverendos hijos de puta.

domingo, 20 de julio de 2008

El estado del cine y el estado del mundo


Por Oscar A. Cuervo

En el número de próxima salida de La Otra, nos dice José Luis Guerín: “Hay un lado fastidioso de la cinefilia, el guiño forzado de muchos cineastas que filman la Gran Vía de Madrid como si fuera la 5ª Avenida de Nueva York, y son incapaces de ver sus calles, alienados por una acumulación de referencias, de miradas que remiten a otras películas. Ese guiño es muy empobrecedor a mi juicio y es lo que menos justicia le hace a los creadores a los que intentan emular, porque aquellos creadores eran tipos libres, capaces de ver sus calles. Y estos ya no ven calles, ven sólo películas. Cuando el cine en lugar de servir para ver mejor la vida y las cosas sirve para no ver, se convierte en algo endogámico, cerrado sobre sí mismo, poco fértil”.

Creo que este párrafo sirve para comprender la posición de Guerín en el cine contemporáneo, que se aprecia perfectamente en películas como En construcción o En la ciudad de Sylvia. Y también se aplica al mejor cine que se está haciendo en el mundo desde hace unos 15 años. Una tendencia que aparece en países sin gran tradición cinéfila (aunque no exclusivamente en ellos), de lo que a veces imprecisamente se llama el “cine independiente”. Ha habido una fundación de la mirada en el cine de los comienzos del siglo 20 , que da lugar al gran cine narrativo norteamericano. Y esa mirada se agota en la década del 80. Sus más dogmáticos defensores (como el crítico argentino Ángel Faretta) identifican ese agotamiento con la muerte del cine, sin más. Probablemente no se tomen el trabajo de ver las películas de Guerín, las de Hou Hsiao Hsien, Jia Zhang-ke, Tsai Ming Liang, Apichatpong Weerasethakul, Lisandro Alonso, Raya Martin, Brilhante Mendoza, tampoco las de Gus Van Sant, Aleksander Sokurov y tantos otros, con la excusa de que eso “ya no es cine”.

Es que este cine se ha desembarazado (no gradualmente, sino de manera súbita) de esa sintaxis cinéfila convertida en “deber ser” que terminó por ahogar la mirada cinematográfica, después de haber dado magníficos frutos durante 8 décadas. El cine contemporáneo es lo que es por su situación histórica: porque coexiste con el imperio aplastante de la imagen televisiva y publicitaria, y porque tiene tras de sí la hermosa estela de un clacisismo al que es imposible volver.



Y el cine contemporáneo tiene muchas otras cosas, pero sobre todo es el que se desarrolla en el contexto de una cultura, una política y una economía globalizadas. Esto lo determina, por un lado, desde las condiciones de su producción, distribución y exhibición: ya no se sitúa en el contexto de una “industria” y hay un intento de recuperar cierta actitud artesanal que la tecnología actual facilita; tampoco resulta muy accesible en las salas comerciales dedicadas casi enteramente a los blockbusters (esta semana, Batman, el caballero de la noche). Se difunde azarosamente en festivales de cine, salas de arte y ensayo, cineclubes; se adquiere muchas veces bajándolo de internet y se esparce por medio de copias caseras.



Y por el otro lado, este estado del mundo determina también aquello que este cine muestra: un mundo donde conviven ruinas, desechos industriales, culturas primitivas en fricción con énclaves futuristas: una neobarbarie post-moderna poblada de gadgets, basura, humo, telefonía celular, casuchas de cartón, gentes que en medio de todo eso viven como pueden. Estos cineastas han vuelto a filmar sus calles, a usar el cine para ver mejor la vida en lugar de dedicarse a ejercer una lengua muerta.



De esto se trata el ciclo de cine contemporáneo que empezamos hoy en La Tribu (Lambaré 873, domingos 19:00). Hoy empezamos con I don't want to sleep alone, de Tsai. Y en las próximas semanas seguimos con

LA MUERTE DEL TRABAJADOR (Michael Glawogger, 2005)
SYNDROMES AND A CENTURY (Apichatpong Weerasethakul, 2007)
MALA NOCHE (Gus Van Sant, 1985)
DEAD OR ALIVE (Takashi Miike, 1999)
PLACERES DESCONOCIDOS (Jia Zhang-ke, 2002)
GOOD BYE SOUTH, GOOD BYE (Hou Hsiao Hsien, 1996)
y otras que se irán agregando, algunas sorpresas y algunas visitas.

sábado, 19 de julio de 2008

Nuevo cd de Micah en La Otra.- radio

Por Oscar A. Cuervo

Tiene esa cara que no despierta grandes expectativas, otra cosa es escucharlo cantar con esa voz de viejo vagabundo, una voz de aguardiente y amores contrariados. Micah pasó por la cárcel, sí, también por el alcohol, una viuda negra, drogas varias, pero tiene sólo 27 y en su voz suenan las voces de Johnny Cash, Leonard Cohen, Tom Waits, Elliot Smiths y otros tipos desvelados.
Acaba de sacar su nuevo CD, Micah P. Hinson and the Red Empire Orchestra.

Así es como canta Micah un tema de su nuevo disco:

06 Sunrise Over Olympus Mons - Micah P. Hinson

Hoy domingo a la medianoche vamos a escuchar algunos de sus nuevos temas en La Otra.- radio, FM La Tribu, 88.7, http://www.fmlatribu.com/ (además de hablar del cine de Tsai Ming Liang y de charlar de la actualidad política nacional con Dante Palma).

viernes, 18 de julio de 2008

Cine en La Tribu: No quiero dormir solo

Por Liliana Piñeiro

Si, como dice la frase: “Nunca sabemos lo que puede un cuerpo”, en No quiero dormir solo, Tsai Ming-liang se atreve a mostrar algo de ese desconocimiento. Acallando la voz, despliega una tragedia ambigua (la sexualidad siempre lo es), dejando los cuerpos expuestos en medio del silencio. La misma piel que erotiza es la que sufre: allí se inscribe la crueldad de los otros, la pasión y la ternura, la enfermedad y el deterioro. El paisaje es sórdido, cómo sólo puede serlo el revés de las grandes ciudades: a la orilla de la miseria, con sus inmigrantes ilegales e indocumentados mendigando un lugar (y un nombre) en una sociedad expulsiva. Todo les es negado, deben limpiar sus propios colchones para dignificar sus cuerpos.

Pero Tsai no carga las tintas, y una suave comicidad asoma en alguna escena. Así es como la tos repentina de los amantes (algo que nunca se espera cuando el erotismo sube de tono), nos hace sonreir. Pero apenas, porque el humo avanza, y el aire se hace irrespirable. Las noticias nos informan de un incendio posible, deslizando una vaga culpabilidad hacia ellos, los “otros”, los ilegales, los que fuera de toda ley son la escoria del sistema.

Y entonces una mariposa que vuela sobre aguas nauseabundas, una música que atraviesa el espacio, un objeto barato de luces multicolores que se ofrece como regalo, alivian la atrocidad de los pobres. Arrancando un rostro al mundo construyen su prójimo. Ellos se recortan en un intervalo de miradas, saben hacerse una intimidad en medio del arrabal. En ausencia de palabras tienden las líneas del deseo, y la sexualidad elige su objeto más allá de toda correspondencia y de toda corrección. Ella y él, entre mujeres, entre hombres: los ojos dicen.

Furor y amor se calman en la escena final, al iluminarse los cuerpos en una suerte de epifanía. ¿Cursi? Puede ser. Pero Tsai se atreve hasta con eso, y la música nos deja algo definitivamente limpio por una pasión que se rescata.

(Este domingo a las 19:00 en el ciclo de cine LA OTRA EN LA TRIBU, No quiero dormir solo, de Tsai Ming Liang. Lambaré 873)