Cine y pensamiento







El próximo sábado:
La Pivellina + una yapa. Alvarez Thomas 1093 - 19:30.

lunes, 27 de febrero de 2017

Daer, Acuña y Schmid interpretan "Lo dudo"

La cúpula cegetista se pelea por ver quién es el más buchón del gato. Columna política de anoche en La otra.-radio, para escuchar clickeando acá 



El Trío que mantiene en hibernación a la CGT, Daer, Schmid y Acuña, no quieren que la marcha que convocaron para el lunes que viene (a regañadientes, por presión de las CGT Regionales, la Corriente Sindical Federal y las bases de todo el país) se politice. Por eso, la semana pasada se estuvieron reuniendo con la UCR y el FR, que son la antipolítica. En cambio, recibieron con notorio disgusto la declaración de Cristina, invitando a sus partidarios a que apoyen a los trabajadores y trabajadoras que marchan el lunes, en lugar de ir a apoyarla a ella en Comodoro Py cuando esté respondiendo a la citación de Bonadío. La verdad, es una vergüenza que una política se meta en asuntos que son de exclusiva incumbencia de la buurocracia sindical, que tan bien ha defendido los intereses de los trabajadores durante los últimos 15 meses.

Clickeando acá pueden escuchar mi columna política de anoche en La otra.-radio, donde me explayo sobre Los Panchos en vivo.

Moonlight



No vi la ceremonia de entrega del Oscar porque no veo la ceremonia de entrega de los Oscars. Me parece aburrida. Además me dejé convencer por la idea de que iba a ganar La la land, una película muy mediocre a la que las nominaciones de la propia Academia convirtieron en un acontecimiento. No es que sea muy mala: es que no tiene ninguna importancia, La la land no da ni siquiera para discutir. Pero ayer a la tarde tuitié que si hubiera justicia, tendrían que ganar Moonlight o Hell or high water. Me gustan mucho las dos y ya me resultaba raro que dos películas tan estimables llegaran a ser nominadas. Como sea, el premio del Oscar no tiene significado artístico. Es un evento de la industria.

Respecto de Hell or high water (estrenada acá como Sin nada que perder), de David Mackenzie, creo que no se llevó nada. Igualmente es una película notable, buena de punta a punta, de una inteligencia y una elegancia muy difícil de encontrar hoy en el cine americano. Todavía no escribí sobre ella, pero hay que apurarse a verla porque ahora, sin la expectativa del premio, probablemente dure poco en cartel. Estaré escribiendo en los próximos días.

Moonlight (que acá se estrenó como Luz de luna) tiene todas mis simpatías por razones estéticas y políticas que explico más abajo. Quizás no sea tan perfecta de punta a punta como me resulta Hell or high water. Pero esa irregularidad justamente me parece que le otorga un interés. Digamos: si Barry Jenkins sigue por el camino de la última media hora de su película, hay que esperar grandes cosas de él. Pero en Hollywood nunca se sabe: es un antro especialmente dedicado a arruinar carreras promisorias.

El papelón de la entrega de anoche, donde anuncia el triunfo de La la land es entre patético y gracioso. Pero ese momento de zozobra en el que se dan cuenta de que hicieron subir al equipo de la película equivocada le dio a la ceremonia, usualmente muy careta, un toque de humanidad. Quizá, en este ámbito, esta gaffe sea lo más interesante que pasó en muchos años.



En fin, acá va mi comentario sobre Moonlight:

[Atención: este texto está lleno de spoilers. Recomiendo la película y vuelvan a leerlo]

Son varios los pequeños detalles que me gustan de Luz de luna, pero lo que termina inclinando mi balanza es su capacidad de crecimiento: Moonlight es, algo raro en el cine actual, una película que va de menos a más. Su última media hora es lo mejor de la película. Y eso hace que uno salga del cine finalmente convencido. Dividida en tres partes que marcan los tres momentos del crecimiento del protagonista: su infancia (lo llaman Little y así es como se titula esta parte); su adolescencia (Chirom es su nombre real y así se titula la segunda); y su juventud (Black, el nombre que antes le puso su best friend Kevin, será la identidad que adopte al dejar de ser chico; y también el título de la tercera parte), hay algo que se juega en cómo el personaje es nombrado por los otros. Sus compañeros de escuela lo llaman faggot, antes de que él tenga la posibilidad de preguntarse por su sexualidad. Kevin, en cambio, a veces le dice Chirom, a veces Black y otras nigger, lo que sorprende a Chirom. Sin saber del todo por qué, intuimos que hay algo subterráneo que se juega entre ellos dos al cambiarle el nombre.

La película parece ir ganando en misterio a medida que las etapas pasan. Su primera media hora es la más convencional, sobreexplicada y conmiserativa. De niño, Little parece tener todas las fichas para transformarse en una víctima perfecta: negro, flacucho, temeroso, introvertido, hijo de una adicta, padre ausente, destinatario del bullying de sus compañeros de escuela, matones, homófobos y despiadados, oprimido entre los oprimidos, último orejón del tarro, el patito feo.



Parecería que a los efectos de plantear un pacto con su espectador, Barry Jenkins tiene que concentrar en ese arranque todas las desgracias que puede sufrir su personaje para arrojar sobre él la crueldad del mundo. No es que esos primeros treinta minutos sean un desastre, hay toques de pequeña delicadeza que empiezan a transformar a Moonlight en otra cosa que un drama social que denuncia discriminaciones. Pero una descripción prosaica de las coordenadas sociales en las que se desenvolverá la historia es la forma que elige el director para arrancar. Así, corre el riesgo de hacernos reforzar las imágenes que consolidan nuestros prejuicios acerca de los seres débiles. Conociendo la tendencia dominante del cine norteamericano actual, uno podría presuponer que lo que resta de película no nos ahorrará sufrimiento por padecer.

Pero con "Chirom", la segunda parte, todo empieza a ganar otro vigor: el adolescente tiene su sueño húmedo y luego tendrá su noche buena, la clave para impulsar la mutación que vivirá entre ser una víctima, descubrir la dimensión gozosa de su cuerpo y alzar la cabeza con orgullo en el contundente final de esta parte.

El último capítulo, Black, es prodigioso en el manejo de las elipsis, el suspenso, la emoción pudorosa y la tensión romántica y erótica que se juega en el reencuentro de los dos amigos, varios años después. Cuando empieza esta parte Chirom se ha convertido en Black, su cuerpo parece haber dejado atrás la vulnerabilidad que lo signaba en los capítulos anteriores. El patito feo es ahora un hermoso cisne negro. La sagacidad del director se juega en esa elipsis que permite una audaz decisión de casting que repercute en el sentido mismo de la película: el actor que hace de Chirom a los 27 cuesta ser identificado con los que lo encarnaron en los capítulos anteriores. Esta audacia muta no solo el físico del personaje, sino el modo de identificación que tenemos con él. El poder de la narración hace que primero vacilemos y luego aceptemos que se trata del mismo personaje. El hiato temporal genera un fuera de campo del que empieza a brotar un misterio. ¿Qué pasó acá? Es notable que un personaje que habíamos aceptado como la víctima con la que íbamos a sufrir ahora se nos vuelva misterioso. La misma reacción va a tener Kevin cuando lo vea. ¿Sos el mismo? Ese juego de desconocimiento/reconocimiento va a sostener la tensión que despliega cada plano de la última media hora. A diferencia de algunas decisiones formales un poco redundantes y convencionales que la película planteó en su primer capítulo, ahora la dirección del relato queda en suspenso. Ni el espectador, ni Chirom, ni Kevin sabemos hacia dónde se dirige la cosa, ni quién es exactamente cada uno.



A esta altura se me ocurre que lo que yo percibí como redundancia y previsibilidad en la primera media hora es la condición para que Jerkins subvierta el mecanismo de identificación al llegar el tramo final de la película. Quizás, aventuro, no sea solo una pequeña trampa narrativa, sino una astucia más política, en la medida en que se propone producir un extrañamiento en nuestra mirada hacia una película que se supone cuenta la vida de un negro doblemente oprimido. Este giro imprevisto también cambia el sentido de lo que se entiende por "final feliz". Por una vez esta felicidad no suena a un cierre, sino a una apertura, también sutilmente política.

Lo mejor es que Moonlight replica la mutación de su protagonista. ¿Puede una película que no empieza muy interesante ir mejorando a medida que avanza? No es lo que suele suceder: más bien vemos películas que tienen un planteo inicial prometedor que luego se va esfumando: se me ocurre el ejemplo de Boyhood de Linklater (una película que puede vincularse con Moonlight, para ver cómo hace el camino inverso, en cuanto su interés decrece). Es posible que en el cine industrial impere un criterio que dice que hay que conquistar al espectador en los primeros 15 minutos y, una vez logrado eso, el resto se hace solo, a golpes de efecto de edición. La película de Jenkins contradice esa regla: cuando la mayoría de las películas se van desinflando y defraudan la expectativa inicial, Moonlight nos reclama paciencia para que el patito feo se convierta en cisne. Y lo que empezó como un film de denuncia social deviene una película de amor.

Ahora vacilo en pensar si el director se equivocó en la primera media hora o si esa era la forma necesaria para hacerme pensar en todas estas cosas.

domingo, 26 de febrero de 2017

Cristina llamó a acompañar a los trabajadores, no a apoyar al Trío Los Panchos: ni los necesita ni son trabajadores

Papelón de Juan Carlos Schmid en su twitter. Lo conversamos hoy a la 0:00 en FM 89,3, Radio Gráfica


Si van a la cuenta de twitter de Juan Carlos Schmid, puede ser que se les aclaren muchas cosas sobre la política argentina actual. Por si alguno no se acuerda, Schmid es uno de los integrantes del Trío Los Panchos que desde el 22 de agosto pasado viene conduciendo la catatonia de la CGT. Hasta ahora, el Trío Los Panchos parece rankear como la conducción más entreguista de la historia: mientras aumenta el costo de vida y el gobierno y el empresariado despiden trabajadores con goce sádico, Los Panchos fueron un par de veces a la Mesa de Diálogo por la Producción y el Trabajo, se retiraron con la promesa de una suspensión de despidos por tres meses que todo el mundo menos ellos sabían que no se iba a cumplir y levantaron un paro general al que en septiembre habían convocado sin ponerle fecha. En noviembre convocaron a una movilización al Congreso con consignas opositoras, pidiendo la sanción de la Ley de Emergencia Social, para terminar en un pase de magia que transformó esa movilización en un acto oficialista y antikirchnerista. El mismo Schmid dijo estas palabras que sonaron como música para el gato: 

"Está claro que después de tres décadas de democracia no ha habido macana y cagada que no hayamos cometido para que nos encontremos en esta situación (...) yo no quiero poner el acento en un determinado tiempo (...) Esto que estoy diciendo ha sucedido en democracia, en personajes que en nombre del peronismo, en nombre de la república, en nombre de las instituciones, o en nombre de no sé qué proyecto transformador lo que han hecho es saquear el patrimonio nacional, arrasar con las conquistas y multiplicar los pobres".

Es difícil imaginar de parte de un burócrata sindical palabras más funcionales al ajuste que el macrismo está perpetrando. La culpa no es de estos que recién asumieron sino de los otros que estuvieron 12 años en nombre de no sé qué proyecto transformador. Si me pongo insistente con este discurso, es porque me parece que como ningún otro exhibe la impudicia entreguista de esta cúpula, la condición necesaria para que el macrismo haya gozado de 15 meses para destruir nuestro tejido social. 

Para coronar un año vergonzoso para la historia de la burocracia sindical, el Trío Los Panchos fue en diciembre a brindar con el gato a la quinta de olivos. Los despidos se acentuaron, la reactivación económica se posterga sin fecha, las tarifas aumentan, el gato pretende ponerle a las paritarias un tope del 17% y juega la carta de la flexibilización, para "bajar el costo laboral argentino" y "atraer inversiones productivas". O sea: más hambre para el pueblo y más guita para el Grupo Gato. Los cientos de miles de trabajadores que en estos meses se quedaron sin empleo ahora son variable de ajuste para negociar en condiciones defensivas frente al ataque del régimen. Nada de esto hubiera sido posible sin la complicidad de Los Panchos, que le regalaron al macrismo un tiempo precioso para que la vulnerabilidad de la clase trabajadora aumente y su capacidad de resistencia al ajuste se debilite.

Hecho este prólogo, vamos a la cuenta de twitter de Schmid:


El integrante de Los Panchos retuitea una nota del diario La Nación que dice "La CGT se distancia de Cristina y busca despolitizar la marcha". Interesante por donde se lo mire: ¿la CGT es hablada por La Nación? ¿la CGT le da letra a La Nación? ¿o ni siquiera hace falta resolver el dilema ya que el Trío Los Panchos y La Nación forman parte de un mismo proyecto estrangulador del pueblo?

Pongamos en contexto: la reacción disgustada de La Nación/El Trío Los Panchos llega después de que Cristina se comunicara con el pueblo a través de las redes sociales con el siguiente mensaje: 

Hace unas semanas que mucha gente viene y me dice: “el 7 vamos a Comodoro Py.” Especialmente en estos últimos días, por mi cumpleaños y el de Néstor. Tantos y tantas se han acercado con el afecto de siempre y esa misma idea fija... Ayer, la entrañable Hebe convocando a movilizar con un video.
Miren... el 7 de marzo tienen que marchar todos y todas, pero junto a los trabajadores.
La gente está muy mal. No llega a fin de mes. Siguen despidiendo obreros y cerrando fábricas... Las facturas que llegan de luz, de agua y de gas se están tornando impagables para muchos compatriotas... Cocheras, peajes, expensas, colegios, prepagas, transporte público, precios imposibles en el súper azotan los bolsillos de los argentinos.
Poner la energía y las ganas en Comodoro Py por una convocatoria más de Bonadío no vale la pena... Es muy grave lo que le está pasando al Pueblo argentino. Yo concurriré, como siempre, a la citación de Bonadío, a quien por los servicios prestados le cerraron los pedidos de juicio político en el Consejo de la Magistratura –es el juez más cuestionado-.
Quiero darles las gracias por todas las muestras de preocupación, apoyo y afecto, pero en serio... no caigamos en la trampa. El 7, yo lo veo a Bonadío, pero por favor, ustedes hagan que el Gobierno vea al Pueblo. Marchen junto a los trabajadores y trabajadoras.
Los quiero mucho❤️
Cristina

Evidentemente esto le cayó muy mal a la alianza política oficialista, de la que la conducción de la CGT y el diario La Nación forman parte. El 7 de agosto va a haber una movilización al ministerio de producción que las bases trabajadoras, los gremios más combativos (fundamentalmente la Corriente Sindical Federal) y las regionales provinciales le sacaron a Los Panchos a regañadientes. Los Panchos pusieron otra vez un paro general sin fecha, para seguirle dando al gobierno aire para que avancen los despidos y las paritarias se negocien bajo amenaza para arreglar a la baja o perder el trabajo, mientras llegan a todas las casas las facturas con un nuevo tarifazo. Por eso, junto con la movilización de los trabajadores y para intentar obturar la visibilidad del acontecimiento, Bonadío citó para ese mismo día a Cristina a Comodoro Py. La idea del régimen, al que Los Panchos responden con su habitual servicialidad, es que la protesta pasara desapercibida y el kirchnerismo acudiera en masa a los tribunales de Retiro, con gran despliegue de cámaras y cientos de agentes de Gendarmería, en una situación que nadie explica mejor que este dibujo de Lucas Fulanito:


Los Panchos esta semana se reunieron con algunos integrantes de la alianza gobernante, como la UCR y el Frente Renovador, para pedirles el apoyo político para que la movilización del 7 sea amplia y pluralista y "no se tome como una maniobra destituyente". Por lo visto, eso no significó para Los Panchos un gesto de politización. La idea era aislar al kirchnerismo y mostrarse abiertos con los que le aportaron los votos a todas las leyes y decretos predadores de los 15 meses del régimen. No olvidar que la propia CGT apoyó la Ley de ART que inicia de hecho la flexibilización laboral, ley que contó con el voto de la UCR y el cuórum y la abstención del massismo. Pero que Cristina les pida a sus militantes que se junten en esa marcha con el pueblo y que desistan de ir a acompañarla al show mediático de Bonadío (con amenaza de detención pendiente) bastó para que Los Panchos mostraran el alineamiento sin fisuras que pretenden lograr entre la CGT y el régimen.

Más tuits de Schmid:


Curioso: Schmid, secretario general del Sindicaro de Personal Embarcado de Dragado Y Balizamiento coincide en todos los conceptos... consigo mismo.

Lo interesante son las respuestas al tuit, que reproduzco en el orden en que aparecen sin cortar ni una sola:


La elocuencia de los comentarios que Schmid cosecha en su cuenta de twitter me exime de caracterizar su posición. Solo quiero resaltar que puse todos los tuits Schmd mereció y que no hay absolutamente ninguno que reivindique su posición (perdón: hay uno o quizás dos que con muy buena voluntad podrían interpretarse como un tibio apoyo al Pancho Dragado). Esto habla del grado de popularidad de Los Panchos. Su posición política es muy bien expresada por el diario La Nación pero se desintegra al contacto con el aire. Solo agrego un enunciado: los trabajadores para resistir el embate de este régimen hambreador necesitamos todos los apoyos que quieran sumarse. Si Schmid dice otra cosa, es porque no está con los intereses de los trabajadores y quiere conducirlos a una trampa mortal.

Para terminar este post, que es una creación colectiva, me gustan estos párrafos que leí en el blog Nestornautas:

AMPLITUDES, SECTARISMO Y "POLITIZACIONES"


El mismo día se reunía el peronismo bonaerense en la quinta de San Vicente donde descansan los restos de Perón, para conmemorar el triunfo electoral del 24 de febrero de 1946, y para producir éste documento cuya lectura recomendamos; en el que realizan un crudo diagnóstico de la realidad nacional, reivindican los gobiernos de Néstor y Cristina y reclaman por el cese de la persecución judicial a ella, y la libertad de Milagro Sala, entre otras cuestiones.

Mientras eso pasaba Daer (del consejo directivo de la CGT) pidió "no politizar la protesta" del 7 de marzo: Daer, diputado del Frente Renovador que viene de apoyar la ley de ART impulsada por el gobierno de Macri, pide no politizar una protesta contra los efectos de las políticas de ese gobierno; y para la que pidieron apoyo a los principales partidos políticos: el PJ, el socialismo, el propio massismo y hasta la UCR; con cuyas autoridades se reunieron en estos días.

Y al parecer, no les molestó el previsible rechazo de los radicales a apoyar la protesta (al fin y al cabo son oficialistas), tanto como les molesta el apoyo de Cristina; como a Schmid (ver imagen de apertura), que dice que no lo necesitan.

A ver como explican ahora esta actitud de la conducción de la CGT los "autocríticos" que dicen que el kirchnerismo es sectario, se encierra y sí mismo y no busca ni concita nuevos apoyos fuera de los que ya tiene.

Porque al contrario de lo que dice Schmid, todo indica que los trabajadores necesitan apoyos y muchos para defender sus derechos, todos los que puedan conseguir. De hecho, muchos de ellos hubieran necesitado mucho antes más apoyo de los dirigentes de la CGT, que siguen sin ponerle fecha cierta al postergado paro general.

A menos que esos dirigentes estén buscando otra cosa y no defender los derechos de los trabajadores; y que "no politizar" la protesta signifique que no la capitalice electoralmente el kirchnerismo, con lo que cabe preguntarse si la razón de la molestia es que Cristina (que se opuso de plano a las políticas de Macri, desde el primer día del gobierno de "Cambiemos") les estaría escupiendo un asado que preparaban para Massa. (Completo acá)

viernes, 24 de febrero de 2017

El Fulgor, la próxima película de Marco Berger y Martín Farina, los realizadores de Taekwondo

La otra.-radio, para escuchar clickeando acá y Taekwondo online



El domingo en La otra estuvieron cuatro integrantes de la película Taekwondo: sus directores Marco Berger y Martín Farina (que también forma parte del staff de La otra) y los actores Lucas Papa y Gastón Re.

Ellos están preparando una nueva película, El fulgor, un documental sobre el carnaval de Gualeguaychú, pero mostrado desde una perspectiva infrecuente: precisamente desde un punto de vista en el que este equipo se especializó en sus películas recientes.

"Es un documental sobre los hombres del Carnaval de Gualeguaychú -dice Marco Berger-, básicamente. Yo hace algunos años fui a Gualeguaychú y me impresionó mucho el comportamiento de los hombres heterosexuales, como el macho de pueblo, que en el contexto del carnaval se maquillan, se llenan de purpurina, se ponen muchas lentejuelas, se ponen sungas apretadas y se exhiben como si fuera en un mercado de carne frente a todo el mundo y las mujeres se enloquecen, como una especie de striper popular, que el resto del año no, y en ese contexto no tiene que ver con el clásico chiste que harían personas que vienen de otro lugar, que dirían: 'putos, ¿estos maricones por qué se visten así?'; sino que es una cuestión de la idioscincracia del lugar. Los hombres están autorizados a mostrarse casi en pelotas. Y de ahí sale mi idea de convocarlo a Martín para hacer un documental sobre eso. Es algo propio de Gualeguaychú. Lo llamativo es el vedetismo que nace en ellos. Porque la exhibición del cuerpo femenino no resulta rara, en todos los pueblos está naturalizada: la reina del caracol, o la reina del pejerrey, siempre hay una mujer expuesta físicamente. Acá lo venden con el cuerpo femenino, pero cuando vas es 50 y 50. Y el detrás de escena que nosotros filmamos es de vedetismo, de ego, de músculo, de tomar sol y del hombre como objeto de deseo, que es algo que siempre me interesa a mí trabajar en mis películas.

Y Martín Farina agrega: "Yo entiendo que hay un momento en que se produce en ellos ese efecto. Me ha tocado pasar por la pasarela, con la acreditación de prensa para filmar, y hay un momento que los predispone, porque ellos son tocados, agarrados, besados, hay una horda en la tribuna de excitación...".

Pregunta: ¿Pero los tocan las chicas, o también los hombres?

"En ese momento son las chicas -dice Martín, pero teníamos una hipótesis sobre el comportamiento de ellos para consigo mismos que pudimos comprobar: ellos arrastran una vida de pueblo, se fueron a vivir a la ciudad, y a propósito del carnaval, se pueden juntar cuatro o cinco amigos en un departamento y se genera un vínculo corporal y afectivo. Es una declaración de principios: el carnaval es entre amigos, y hay un erotismo que para mí es más infantil, pero que también tiene algo de la seducción que se puede trasladar a una relación de pareja".

Marco Berger y Martín Farina ya vienen indagando la mirada homoerótica en sus películas; Marco desde sus cortos iniciales y en todos sus largos: Plan B, Ausente, Hawaii y Mariposa; Martín especialmente en Fulboy, el documental que muestra la intimidad de un equipo de fútbol, los vestuarios, las concentraciones, las conversaciones en los momentos de aislamiento o en una habitación de hotel. En Fulboy Marco colaboró en el diseño del montaje de la película. En Taekwondo ambos convergieron en una ficción que tiene algo de los dos: un grupo de muchachos que pasan unos días en una quinta, mientras surge el homoerotismo que puede ser usual en el mundo varonil; pero donde pasa algo más, porque entre dos de los muchachos del grupo el deseo va a aflorar de una forma más explícita, como romance. Dos de los actores de Taekwondo, Lucas Papa y Gastón Re, se van a incorporar al proyecto de El Fulgor: Lucas como asistente de producción, detrás de cámara, y Gastón interviniendo en la situación del carnaval, como el intruso venido de Buenos Aires que se suma al grupo a propósito de la realización de la película, que de esta forma podría reflexionar sobre su propio dispositivo documental/ficcional/experimental.

Si escuchan el audio del programa (acá) se van a enterar de más detalles de El Fulgor. También hablamos de los escollos que pueden encontrar algunos actores en el momento de jugar escenas de encuentro homosexual: ¿por qué a veces resulta más fácil encarnar a un personaje que mata a un hombre antes que uno que besa a un hombre?

Y de paso, en este link pueden ver Taekwondo, la película completa que reúne a nuestros invitados del domingo pasado.

Ya ves, amanece otra vez: Random


Ahí lo tengo a Charly en mi habitación otra vez, como cuando yo tenía 16, escuchando su nuevo disco. Cuando casi todo el siglo xx se ha ido. Y prácticamente todos se han convertido en posters o estaciones de subte o discos tributos o cirques de soleil, ahora que los muertos están de moda.  Él y yo todavía palpitando juntos en la misma ciudad, ¿raro, no? Está él hablándome y yo escuchándolo. A esta altura ya no podré dejarlo atrás. Es parte de mí, indefectiblemente. No morirá mientras esté haciendo discos o, al menos yo esté, no morirá, lo que sea que pase después.

El disco Random no es un testamento ni nada por el estilo. Es un gran regreso, imperfecto y vivo. Charly dispuesto a ejercer su rol de musicalizar la vida de los argentinos, tres, cuatro, cinco, generaciones. En eso, soy uno más. Una época creí que era él y yo los únicos que nos dábamos cuenta. Otras veces éramos un partido, una minoría intensa. Hoy no pretendo poseer ya ninguna particularidad: es de demasiada gente, muy de todos.


Este reencuentro tiene un sabor especial. El nos asustó al final de un año horrendo donde estábamos entregados a recibir noticias horribles en las madrugadas tuiteras, la peor manera de enterarse de lo malo. Deja, twitter boludo, ya no me cuentes más. Ya parecía una fatalidad inevitable perder y seguir perdiendo en un año en el que lo habíamos perdido a casi todos y casi todo.

Pero en la mañana de la fecha, cuando empieza mi noche, está Charly en mi habitación poniéndole a mi jornada canciones nuevas. Están sonando ahora, cuando todavía no me hace falta calcular si está arriba de Kill Gill o de Rock & Roll Yo, pero abajo de La hija de la lágrima o  Influencia, o si en este tema hay citas a "Be muy baby", a Chopin, a "Locomotion" o a "Ojos de vídeo tape". Este tipo de trivia me es un poco ajena en la intimidad que compartimos en mi cuarto. Cuando pasa esto, cuánto hace que ni pasaba, un disco de él con todas canciones nuevas, sin refritos, dueño de su imperio, con sus melodías infantiles y sus baterías metálicas y sus teclados antiguos, sus acordes en redondas ligadas y su tierno sarcasmo y su convicción de que nunca va a dejar de estar en los cimientos de la Nación Argentina. 

¿Puede un músico cambiar la historia de un país? Charly la cambió. Estuvo en la Casa Rosada, rompiendo la guitarra ante una mirada algo aterrorizada de Cristina, sabiendo que todo estaba bien puesto, en el Salón Blanco, preguntándole a los aplaudidores si también eran peronistas como lo habían sido con nemem, y estuvo con el otro charly en olivos en agradecimiento porque lo bancó en un momento fulero, igual que palito, con él, quien también estuvo. Gente cuya necesidad histórica se justifica por haber facilitado que Charly zafara. O el haber estado con Tato, Roberto Galán, Mariano Mores, Spinetta, Maradona, el general Viola, o haber sido el primero en decirle pelotudo a Lanata.

El disco es tan García como solo puede serlo él en el siglo xxi, como una voz que viene del xx y se nota en su fragilidad y en su mirada sarcástica, en el género de comedia, en la fuerza que tiene cuando muchos me decían que no tenía más fuerza. Su mirada de lo que lo rodea y de sí mismo no perdió gracia, gracias. Están las canciones, más prolijas, no hay nada tremendamente oscuro como "Andan" o desgarrador como "No importa" o "Cuando ya me empiece a quedar solo", ni está enojado como en 2007 ni mucho menos devastado como en 2008, ni con el chaleco químico de 2009/2010. Ni siquiera haciendo revisionismo de sus canciones inmortales como en 60 x 60 o en el Colón. Está para hacer canciones que nacen inmortales como "Lluvia": ya ves/ no te puedo dejar las cosas que quisiste tener/ ya ves/ amanece otra vez/ por eso es que hoy llovió/ me escapé/ una vez/ me metí en un cine sucio y vi/ como él bailaba/ en la lluvia, era/ una película gastada/ una película en color/ ya ves/ amanece en la lluvia/ te lo digo yo...

Si esta canción la escuché recién hoy, ahora, mientras escribo, quiere decir que todavía no está todo dicho. Ni tampoco esa rabia que metía miedo hace 10 años. Digamos que Random es la vuelta auténtica del tipo que viene por lo suyo. Una celebración, en el fondo, de que los guerreros no se dan por vencidos ni aún cuando parece que el hilo se cortó.

Me parecen muy buenas las canciones. Algunas ya son para siempre.

El sonido es limpio, cuidado, su fragilidad apuntalada por un diseño de estudio astuto. Ya no autodestrucción saynomore.

Ya ves, amanece otra vez.

Oderbrecht, HSBC, BNP Paribas: el macrismo no investiga los crimenes económicos (¿o los encubre?)

Entrevista a Nicolás Macchione, del CIPCE, en La otra.-radio, para escuchar clickeando acá


El CIPCE (Centro de Investigación y Prevención de la Criminalidad Económica) es una organización no gubernamental dedicada a impulsar políticas de prevención y persecución de la criminalidad económica, que pone un énfasis especial en los mecanismos de recuperación de activos. Uno de sus objetivos principales es lograr que el dinero generado por la corrupción y la delincuencia económica sea devuelto al Estado y utilizado para reparar el daño social causado.

El concepto de criminalidad económica es aplicado para remarcar la necesidad de que estos delitos "de guante blanco", muchas veces de carácter trasnacional y realizados a una escala multimillonaria, sean tratados como auténticos crímenes que lesionan el tejido social de una forma mucho más dañina que cualquier delito simple. El CIPCE trabaja para que el daño que la criminalidad económica causa en las políticas públicas sea no solo sancionado, sino que sus consecuencias logren algún modo de reparación.

En los últimos años, la lucha contra este tipo de delito había alcanzado significativos avances en nuestro país, a partir del impulso de organismos como la UIF (Unidad de investigaciones financieras) y la colaboración del estado argentino con el GAFI
(Grupo de Acción Financiera Internacional). Pero el CIPCE ve con preocupación que a partir de la asunción del gobierno macrista se viene sosteniendo una política deliberada no solo de desmantelamiento de estas organizaciones de control, sino de deliberada obstaculización, cuando no de un uso avieso, destinado exclusivamente a perseguir opositores, mientras se obstruyen las investigaciones sobre presuntos crímenes cometidos por personajes ligados a la actual administración.

En diciembre último, el CIPCE envió una nota al Presidente del GAFI, uno de los principales organismos mundiales dedicados a la prevención del lavado de dinero. En la nota, el CIPCE mostró su preocupación por el desempeño actual del gobierno argentino. En primer lugar, objetó que los familiares de funcionarios puedan adherirse al blanqueo de capitales dispuesto por el gobierno, ya que así el Poder Ejecutivo está otorgando una amnistía por delitos económicos, cuando los legisladores lo habían prohibido esto expresamente.

Estas irregularidades se agravan cuando se analiza la actuación de la Unidad de Información Financiera en materia de delitos tributarios: el propio Presidente de la UIF, Mariano Federici dijo que era "entendible" que en la Argentina se cometieran delitos de evasión fiscal y fuga de divisas. Apoyó su posición en cuestiones culturales y políticas y criticó la decisión del GAFI, que había establecido que la evasión impositiva trasnacional era un delito precedente del lavado de dinero. Federici hizo estas definiciones durante una charla en la Universidad de Belgrano:

"La informalidad estuvo y está muy relacionada con lo que ha sido hasta ahora la incapacidad de aquellos que nos precedieron en el gobierno, durante varias décadas, de crear las condiciones necesarias de confianza y estabilidad en la economía, de ejercer el poder con razonabilidad, de brindar servicios públicos de calidad a cambio de los impuestos y de manejar la cosa pública con dignidad y con integridad. Esta cuestión se ha visto exacerbada en las últimas décadas", dijo Federici para justificar la decisión de la UIF de relajar los controles sobre la evasión tributaria. Y agregó: "Por eso es que la decisión de muchos ahorristas argentinos en años recientes de proteger su riqueza, de proteger sus ahorros bajo leyes más seguras o en monedas más estables, termina siendo una decisión en nuestro contexto entendible. Una decisión razonable tanto desde el punto de vista legal como económico. Aún cuando esas prácticas desde el punto de vista técnico jurídico terminaron posicionando a aquellas personas en situación irregular frente a las autoridades impositivas".

Esta indulgencia del titular de la UIF respecto de los crímenes de evasión impositiva fue denunciada por el CIPCE ante el GAFI. El consentimiento de los delitos de evasión a gran escala se agrava en el contexto de otras políticas del macrismo, como la designación en cargos ministeriales de empresarios con conflictos de intereses, los despidos masivos de trabajadores, los recortes de funciones de la UIF, la interrupción de una Evaluación Nacional de Riesgo que la UIF debería hacer y la ausencia de investigaciones de la Oficina Anticorrupción sobre los presuntos delitos de corrupción del actual gobierno, mientras se inclina tendenciosamente a investigar solo a los opositores.

En 2014 Argentina había podido salir con muchos esfuerzos de las listas grises de países que no cumplen con sus obligaciones internacionales en prevención del lavado. Con las políticas que se están desarrollando actualmente, el CIPCE entiende que existe un claro riesgo de regresar a esa zona gris. Por eso solicitó al GAFI que intime al Poder Ejecutivo Argentino a que cumpla los estándares internacionales en materia de prevención del lavado de activos.

En nuestra última emisión de La otra.-radio, entrevistamos al abogado Nicolás Macchione, integrante del CIPCE y docente de la Universidad Nacional de Córdoba. En la entrevista, Macchione señala el desinterés de la actual UIF y la Oficina Anticorrupción en investigar (¿o acaso el interés del gobierno en que no se investiguen) tres casos paradigmáticos de la criminalidad financiera: la causa por lavado de dinero contra el HSBC, el caso BNP-Paribas y las graves denuncias en el caso Oderbrecht en Brasil, que involucran al titular de la Agencia Federal de Investigaciones de Argentina, Gustavo Arribas, quien además es un viejo amigo y socio de macri en el negocio de compra-venta de jugadores. Este último caso tiene un agravante: al ser imputado el jefe de la inteligencia estatal argentina, el sospechado Arribas cuenta con recursos extraordinarios para entorpecer la investigación que lo incrimina. El abogado del CIPCE Nicolás Macchione nos explica la gravedad que significa que la UIF y la Oficina Anticorrupción, que deberían tomar la iniciativa en la investigación de este caso, se nieguen a aportar información al respecto.

Para escuchar la entrevista a Macchione en La otra.-radio del domingo, clickear acá.

El macrismo quiere vaciar las políticas públicas por la memoria, la verdad y la justicia y contra los crímenes de Lesa Humanidad


Contratos en la modalidad PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, ver más acá).

jueves, 23 de febrero de 2017

No lo siento


Ya hicimos nuestra propia carga
el aire está tan viciado, mis lagrimales secos
yo soy tan indigno como vos odiás que lo sea
y, cuando te agachás yo te veo triunfar
me gustaría decirte que lo siento, Aleppo
hay demasiado plástico en mi maldita cabeza
si fuera de carne y hueso, me despertaría muerto
lo siento por mi padre, por lo que quería que fuera
lo siento por mi madre, por simular que me quería
pero no, no lo siento para nada.


miércoles, 22 de febrero de 2017

La tierra tiembla

Los cines posibles 8 - Sábado 19:30 - Alvarez Thomas 1093



Cuando Italia enseñó al mundo que el cine podía ser otro: La tierra tiembla (Luchino Visconti, Italia, 1947/1948)



Luchino Visconti reúne varias condiciones que lo ponen en un lugar singularísimo en la historia del cine: provenía de una familia de la más alta aristocracia europea, tenía el título nobiliario de Conde de Lonate Pozzolo, de Milán. Además, como militante comunista, se involucró en la resistencia al fascismo integrando el Gruppo Azione Partigiana. Fue arrestado en 1944 por los fascistas y sentenciado a muerte por negarse a denunciar a los miembros de su grupo. Ayudado por los guardias, Visconti se escapó de la cárcel. Para ese entonces ya había dirigido su primer largo, Ossessione (1943), todavía bajo el fascismo, una adaptación de la novela negra norteamericana El cartero siempre llama dos veces de James Cain. Existe un acuerdo unánime en considerar a Ossessione la primera película neorrealista de la historia.



Curiosamente, la hizo un aristócrata homosexual que, gracias a su procedencia de clase, se había vinculado desde muy joven al mundo de la ópera de Milán. También había sido, en los años 30, asistente del director francés Jean Renoir. Todos estos links se notan en su cine: el compromiso político, el gusto refinado heredado por su extirpe, una sensibilidad afín al decadentismo y un deseo del encuentro con el otro: el que viene de otra clase. En Visconti la lucha de clases asume connotaciones operísticas y eróticas.

El neorrealismo constituye un quiebre en la historia del cine, la ruptura con el tipo de imágenes que se habían elaborado en Hollywood, pero también en la Cinecitta fascista, la UFA alemana y en el cine revolucionario soviético. Contra todos estos antecedentes, lo que el neorrealismo italiano hizo irrumpir es la huella involuntaria de lo real, más allá de toda manipulación teatral, lumínica, montajística o novelesca: las calles destruidas de la posguerra italiana, sus personas reales, no-actores, que llevaban en el cuerpo y en la cara las huellas sin maquillaje de la catástrofe y los conflictos irresueltos de la historia.



El neorrealismo es el comienzo del fin del clasicismo en el cine, la evidencia de que los sueños no se pueden fabricar y lo real involuntario deja sus rastros en la imágen fílmica. Esa camada de directores visionarios no quiso conciliar en la pantalla lo que en el mundo estaba quebrado porque comprendió que el cinematógrafo es un dispositivo apto para abrirse a lo real y hacerlo obrar. Este quiebre marca el comienzo de la emancipación del cine respecto de la narración; las secuelas de esta ruptura que empezó en el momento más ruinoso y productivo de la postguerra todavía no cesaron: Robert Bresson, Michelangelo Antonioni y la nouvelle vague son herederos de esa conmoción; el cine contemporáneo, con cineastas tan distintos como Abbas Kiarostami, Hou Hsiao Hsien o los hermanos Dardenne, sigue atento a esa inquietud de lo real que filmaron primero los italianos.



La tierra tiembla es un proyecto que Visconti hizo por encargo del Partido Comunista. El "Episodio del mar", el único que quedó, aspiraba ser la primera parte de una trilogía sobre las clases oprimidas y sus perspectivas de liberación. Pero la película fue un fracaso comercial debido sobre todo al dialecto siciliano hablado por sus personajes que Visconti se empeñó en respetar, algo a lo que el público italiano no estaba acostumbrado. El lugar de Visconti con La tierra tiembla en esta ruptura es paradójico: su manera de moverse en un terreno al que no pertenecía -el mundo arcaico de los pescadores pobres de Sicilia, cuya cultura se veía amenazada por la corrosión capitalista- es el de un militante que quiere denunciar la injusticia social, pero también un regisseur que compone una puesta monumental con la magnificencia que le regala el paisaje marítimo y la belleza curtida de los pescadores. Por eso, La tierra tiembla es una obra única en la historia del cine y también en la de su autor. A partir de ella, Visconti se iría proyectando más allá del neorrealismo, hacia el goce tanático del decadentismo de su propia clase. El melodrama de gran estilo sería su estación final.


lunes, 20 de febrero de 2017

Todavía no se sabe si en marzo la CGT convoca a un paro, pero ya hay acuerdo con el Justicialismo para... ¿qué?

Alberto Roberti, Chino Navarro, Emilio Pérsico, Diego Bossio y todos los compañeros


Anoche me puse a ver un debate político en un canal de cable. Había representantes de diversos partidos, entre ellos una chica del PRO que repetía el manual de respuestas redactadas por Durán Barba. También estaba Myriam Bregman con esa capacidad que tiene de trasmitir ideas sensatas de manera simple y su coherencia ideológica. Y había un "representante de los trabajadores". Alberto Roberti, Secretario General de la Federación Argentina Sindical del Petróleo, Gas y Biocombustibles, integrante de la CGT. Diputado nacional. ¿De qué partido? No me pidan precisiones. En su página web dice: "Justicialista". Le tengo que creer. Consulto a algunos compañeros que tienen una información más precisa que la mía y me dicen que llegó con la boleta del Frente Renovador (menos mal, pienso), pero ahora integra el bloque comandado por Diego Bossio. 

Algunos datos relevantes: Roberti es el sindicalista que no opuso resistencia al convenio de flexibilización laboral firmado por los petroleros de Vaca Muerta, conducidos por Guillermo "Caballo" Pereyra, líder del Sindicato de Petróleo y Gas Privado de Neuquén, Río Negro y La Pampa. Este convenio es propuesto por el macrismo como una avanzada para ir hacia una flexibilización laboral generalizada y bajar "el costo laboral argentino". 

Roberti, el sindicalista, es uno de los 10 diputados más ricos de la Cámara. Triplicó su fortuna en un año: en julio pasado ascendía a $14.038.211,61; tuvo un incremento patrimonial del 205%. Ahora debe tener unos cuantos pesos más, dada su gran capacidad de ahorro. Roberti cobra 110 mil pesos mensuales de la Federación Petrolera y 91 mil pesos que le corresponden como diputado (más adicionales). Es mucho, no gana el sueldo básico de un docente bonaerense, pero su capacidad de ahorro es llamativa. A razón de $ 200 mil por mes, su fortuna actual equivale a que ahorró 70 sueldos enteros, suponiendo que no gastó nada en los últimos 6 años. Repito: tendría que haber ahorrado 70 altísimos sueldos enteros sin gastar nada.

Esto lo supe después, cuando traté de averiguar qué clase de sindicalista era Roberti. Lo que me llamó la atención es su intervención en el debate. Lo presentaron como un sindicalista de la CGT, así que me disponía a escuchar un discurso típico de disconformidad por lo caro que está todo, algo así. No es que esperara un discurso revolucionario que propusiera la abolición de la propiedad privada. Me bastaba que tirara la bronca por la carestía de la vida. 

Pero cuando Roberti abrió la boca, empezó a sorprenderme. Decía: "el presidente comete errores porque está muy presionado; recibe presiones de una oposición que le pone palos en la rueda, que critica pero no propone". "Yo soy peronista", decía Roberti. Ninguna sorpresa ahí. "Al presidente no lo dejan gobernar, hay algunos que se oponen a todo porque sí". Epa, esto ya es raro, como representante de la CGT, en el debate le echa la culpa de la situación de la crisis a los opositores. "Nosotros los peronistas estamos con compañeros dispuestos a colaborar, no oponernos a todo. Hay que aprender de compañeros responsables como Diego Bossio". Ah, ahí me hice a la idea: no sé si entró por el massismo, pero ahora está en el bloque Justicialista. ¿Esto indica algo? No mucho. No se sabe qué carajo es ese bloque. Se dicen peronistas pero votaron por el pago a los fondos buitres (hold outs, si prefieren). 

Este bloque dio cuórum para la ley de ART que se aprobó la semana pasada. Dio cuórum, igual que el Movimiento Evítala y el massismo. Habían dicho, todos ellos, que querían dar debate, "porque es un asunto muy complejo". Y, un poco detrás del discurso de Massa, el pretexto es "tratar de mejorar la ley, dando el debate, sin poner palos en la rueda, mejorando lo que se pueda mejorar". Es una zona gris la que ocupa el Bloque Justicialista, a veces parecen massistas, a veces macristas; cuando las papas queman sacan a relucir su chapa peronista y "defienden" a los trabajadores. Muy parecidos a Pichetto, la pata peronista del régimen hambreador que nos gobierna, marcando el límite del sadismo lamborghiano de los niños bien que gobiernan. La semana pasada parecían dispuestos a votar la ley de las ART si lograban "mejorarla un poco". Pero, cuando al Congreso llegó la noticia de que el macrismo había dispuesto que el incremento de las jubilaciones fuera menor que el que está fijado por la ley de actualización vigente, todos estos bloques grises se soliviantaron. Dieron cuórum. Pero se quedaron en sus bancas para que la votación fuera posible. Ojo: no votaron en contra: SE ABSTUVIERON. La Cámara terminó aprobando la ley por apenas 88 votos, una de las leyes con menos consenso de los últimos años: 88 votos sobre 257 integrantes de la cámara. Apenas un poco más de un tercio. Con el Movimiento Evítala, el Frente Renovador y los Justicialistas dando cuorum y el FR y el BJ "absteniéndose". Hubo un episodio enojoso donde Wado de Pedro reprochó duramente a Leonardo Grosso, del Movimiento Evítala por haber dado cuórum y hacer posible la aprobación de la ley, un paso en dirección de la flexibilización laboral, ya que que viola los tratados internacionales al prohibir el acceso irrestricto de los trabajadores a recurrir a los tribunales en defensa de sus derechos.

"...la reforma se había aprobado por 88 votos a favor (de Cambiemos y sus aliados provinciales), 23 en contra (de Progresistas, el Movimiento Evita y el Frente de Izquierda, entre otros) y 44 abstenciones (del Frente Renovador, el bloque Justicialista y el Movimiento Popular Neuquino). Los diputados del PJ-Frente para la Victoria (PJ-FpV) se quedaron de pie junto a sus bancas, sin votar, gritándoles a quienes habían anticipado su abstención o su rechazo para que dejen la sesión sin quórum. "¡Si ustedes se levantan se cae la ley!", les reclamaba Adrián Grana.
Estaba en lo correcto. Sin la colaboración de quienes no votaron a favor del proyecto, el oficialismo no hubiera podido aprobarlo. Más tarde, el líder del FR, Sergio Massa, responsabilizó al PJ-FpV: "Si el kirchnerismo se quedaba y votaba en contra, caía la ley. Salvaron al Gobierno", sostuvo. Sin embargo, los números lo contradicen. El PJ-FpV tenía 57 diputados y necesitaba 66 para que los votos en contra fueran más que los votos positivos. Al Gobierno, finalmente, lo salvaron el FR, el bloque Justicialista, el Movimiento Evita y Progresistas, al garantizar el quórum.
Esas mismas bancadas habían colaborado para que Cambiemos logre abrir la sesión con lo justo y 45 minutos después del horario fijado para la sesión. Cuando se vencía el tiempo reglamentario, Felipe Solá se sentó y el tablero marcó 129". [COMPLETO ACÁ]
En el debate de anoche estaba claro que Roberti defendía al gobierno y culpaba a la oposición por los errores de un pobre macri "presionado". También dejó en claro su decisión de participar de la interna "peronista", porque está seguro de que el peronismo este año va a dejar atrás las desviaciones del anterior gobierno para volver al verdadero peronismo. Puso como ejemplo a los "compañeros" Florencio Randazzo y Julián Domínguez para conducir al peronismo. Hoy por hoy, Alberto Roberti quiere lo mismo que el Chino Navarro, Emilio Pérsico, Leonardo Grosso, Domínguez y Randazzo. Quieren a Cristina afuera.

¿Son opositores? Depende. Más o menos, un poquito más y un poquito menos. Dan cuorum, se abstienen, dialogan con el gobierno, quieren a Cristina afuera...

Si uno señala la opacidad de un tipo como Roberti, corre el riesgo de que salga algún peronista de paladar negro que te acuse de "clasemediero" que tiene prejuicios históricos contra el movimiento obrero. O sea: Alberto Roberti, uno de los diputados más ricos del país, promotor de la flexibilización laboral, defensor del macrismo, a pesar de que le señala "errores" a macri, es representante del Movimiento Obrero Organizado pero uno no puede criticarlo sin que te acusen de "clasemediero gorila". Aunque yo sea un trabajador, aporte a un sindicato, gane el 7% del sueldo que gana Roberti y nunca tendré 14 millones de pesos por más que ahorre toda mi vida, yo no puedo saltar por encima de la orgánica de la CGT. Yo obviamente no soy petrolero ni quiero sacar a Roberti de su sindicato. No quiero saltar la orgánica del MOO. Pero debo respetar la intangibilidad de su palabra como representante del MOO.

Roberti, Bossio, Navarro, Pérsico me proponen sumarme al movimiento nacional y popular conducido por Randazzo y Julián, sin Cristina, que es parte del pasado.

Mientras termino este post, una conferencia de prensa conjunta de la cúpula del PJ y Daer (massista en representación de la CGT) nos piden su apoyo a la marcha del 7 de marzo hacia el Ministerio de la Producción y una protesta cuya fecha y modalidad aún no ha sido fijada. Es decir: todavía, dice Daer, no está decidido un paro general. Algo muy parecido, incluso un poco peor, de lo que los mismos actores nos convocaron el 29 de abril pasado. No importa. Vamos todos, obvio.

Todos unidos triunfaremos. ¿Unidos? ¿Triunfaremos? ¿Todos?

La cinefilia argentina en coma 4: la Lugones y el blog de Roger Koza cerrados



La cinefilia no es una parafilia médica. Es una construcción de generaciones que han tenido su educación sentimental e intelectual, su mirada del mundo, su apertura y su sensibilidad gracias a una frecuentación con las grandes películas, en conversaciones apasionadas que pueden durar horas y en lugares concretos. Lugares que concitan una ética, un compromiso, un modo de mirar.

El estado actual de la cinefilia porteña es terminal.

La Sala Lugones es mucho más que un cine de 250 butacas en un 10° piso. Es el lugar donde varias generaciones nos conectamos cotidiana, silenciosa y amorosamente a ver algunas de las obras de arte más creativas y nobles del último largo siglo. Es una escuela de la mirada. O fue. Gran parte del cine argentino no se explicaría sin las horas en que muchos jóvenes y viejos fuimos formados como personas frente a Bresson, Ozu, Godard, Favio, Murnau, Naruse, Sivan, Sokurov, Kluge, Rohmer, Visconti, Fassbinder, Ferreri, para solo nombrar a un puñado de artistas, en su pequeño y amable espacio. Ni siquiera se cerró durante los años negrísimos de la Dictadura.

Está indefinidamente tapiada y no sabemos en qué estado desde hace casi cuatro años y medio por la falta de idoneidad, desprecio por el arte y/o corrupción de la gestión macrista en CABA.

Ayer me enteré de una noticia desalentadora: el blog de Roger Koza, Ojos Abiertos, ha cerrado por tiempo indeterminado, por problemas técnicos difíciles de entender. No pasó nunca durante su estadía en WordPress, pero desde que se incorporó a la plataforma más amplia de otroscines.com, curiosamente, los hackeos, caídas e imposibilidad de conectarse se repitieron con inquietante frecuencia.

Ahora ya sabemos que no estará por un tiempo indeterminado. Para el que no lo sabe Ojos Abiertos es la publicación de crítica de cine -en cualquier formato- más seria, sensible, crítica e informada del país y quizás de habla hispana.

La combinación del cierre de la Lugones con el de Ojos Abiertos pone a la cinefilia argentina en estado terminal. Faltan estas dos referencias imprescindibles. No sabemos ni nos importa si los motivos son en uno y otro caso completamente distintos. Basta con comprobar la coexistencia en el tiempo de estas dos ausencias para declarar el ahogo que sufre el cine local por coincidencias tan funestas.

Algunos van a decir que pasan cosas más graves y es cierto. Pero eso no quita que haya que declarar el estado de orfandad que hoy sentimos todos los que tenemos al cine en un lugar importante en nuestras vidas. En otro post podemos seguir hablando de otras graves carencias. Pero esto tiene que quedar dicho: en una sociedad que está acostumbrándose a perder algo cada día, la falta de la Lugones y Ojos Abiertos nos empobrece la vida.

domingo, 19 de febrero de 2017

Estado y mujer



por Esther Díaz

Lo que es hostil está más próximo que lo demás. Si una mujer se viste de color púrpura es duramente castigada por la ley. Otro tanto ocurre si su ropa es de seda o si luce joyas. Sólo debe usar telas de lana sin teñir. Que sea rica no es excusa para vestidos lujosos. Hay varios argumentos que avalan estos mandatos. Uno es que la manera de mostrar u ocultar el cuerpo delatan el grado de honestidad de cada mujer. Además, la seda se importa, en cambio la lana se hila y teje en casa y -siendo la mujer quien hace esa faena- hay un motivo más para que no se aparte del hogar.

Hasta aquí se trata de manipulaciones domésticas y de construcción de subjetividades femeninas dóciles. Pero también hay vinculaciones directas con intereses de Estado. Al limitar los gastos de la mujer se produce una planificación biopolítica del ahorro. Hogares con abundante efectivo otorgan solidez a un gobierno asediado por conflictos bélicos. A ello se le agrega el aumento de poder simbólico masculino, que sale fortalecido con el sometimiento.

En este sentido, las mujeres no pueden usurpar el color púrpura, ya que representa el poder masculino relacionado directamente con lo político. Por otra parte, la mujer rica debe ser un ejemplo para las pobres. Porque si las de clase privilegiada les reclamaran a sus maridos vestimentas ostentosas, las humildes las imitarían. Se podrían desatar tormentas conyugales, familiares y hasta sociales. Menuda carga depositan los legisladores -varones en su totalidad- en las espaldas de quienes no pueden entrar al recinto legislativo. La Ley Opia, que reglamenta cómo deben vestirse las mujeres, se promulgó en Roma en el año 215 antes de Cristo.

Y, si bien algunos de sus términos suenan anacrónicos, el espíritu que la animó sigue vigente. La mujer es utilizada como instrumento de gobernabilidad. Una somera deconstrucción permite vislumbrar lo milenario (y puntilloso) del aparato de control. Devela así mismo las estrategias gubernamentales para normalizar a la mujer y, como valor agregado, a los demás discriminados.

Si damos un salto retrospectivo desde la represión policial por amamantar en público o tomar sol sin corpiño, en Buenos Aires 2017, hasta la promulgación de leyes para determinar cómo vestirse, en Roma doscientos años antes de Cristo, aparece la naturalización de los prejuicios en contra del cuerpo de la mujer. Así como la solidez de estructuras coercitivas que sobreviven siglos.

El contexto político en el que se aprobó la Ley Opia correspondía a la segunda guerra púnica. Había que poner orden en la población y acumular fondos para la guerra. La variable de ajuste se concentraba en las mujeres. Hubo otras normativas, como la prohibición de heredar y el reforzamiento de que el único rol aceptable para una mujer es el cuidado de futuros ciudadanos.

Gestos, palabras, miradas, alimentación, procreación, en fin, todos y cada uno de los movimientos de las mujeres estaban administrados por el poder. Esa represión fue internalizada por las romanas, de modo que pocas mujeres se sentían atraídas por lo placeres del sexo. Las alegrías cotidianas, el arreglo personal o los divertimentos no las seducían, pues temían caer bajo la condena pública. Preferían el silencio y la moderación para pasar desapercibidas. Se resignaban, ya que los “medios hegemónicos” de entonces (dramatizaciones, poesías, discursos) llenaban de agravios a las mujeres que no cumplían el mandato.

No es casual que el episodio de Lucrecia, ocurrido en el siglo VI anterior a nuestra era, haya sido exaltado por la cultura romana como ejemplo que debería de ser seguido. Lucrecia, según el poco confiable testimonio de Tito Livio, era una joven romana famosa por su belleza y honestidad. Una noche, aprovechando que su marido no estaba, Sexto Tarquino, el hijo del rey, entró en su casa y la violó. Al otro día ella hizo llamar a su padre y a su esposo, les relató lo ocurrido e, inmediatamente, se suicidó clavándose un puñal en el pecho, no sin antes dejar su mensaje: “Con el ejemplo de Lucrecia, ninguna mujer quedará autorizada a sobrevivir a su deshonor”.

No hay manera de testimoniar si realmente fue violada, si se suicidó o la mataron, menos aún si dijo esas palabras. Es histórico en cambio que, a partir de graves incidentes entre los Tarquino y la familia de Lucrecia, se produjo el fin de la monarquía y el comienzo de la república. No existen testimonios confiables acerca de la muerte de Lucrecia, pero el episodio transcendió como eslogan para marcarle el terreno a las mujeres.

Se deben sentir culpables si un hombre abusa de ellas y, en caso de ser violadas, deben asumir la carga y la culpa. Esto sigue vigente. El 11 de noviembre de 2016, en Catamarca, Luz Villafañez, una niña de trece años, fue abusada. La madre intentó hacer la denuncia, pero los policías no la quisieron atender porque, según dijeron, se trataba de un caso irrelevante. Al agresor ni lo citaron. Luz estaba descompuesta, no podía caminar. En el hospital desestimaron su malestar y ni siquiera le practicaron una revisación ginecológica. Es decir que, además de la agresión del violador, la menor recibió maltrato médico y policial. Esa noche se suicidó. La autopsia reveló que había sido brutalmente violada.

Regresemos a la cultura latina. Catón, defensor acérrimo de la Ley Opia, fatigó los estrados políticos y judiciales arengando en contra de las mujeres, de su impostura, de su lujuria, de su peligrosidad y de la necesidad de mantenerlas con las riendas cortitas. Esa era la faceta adusta de la ofensiva contra la mujer; la burlesca la asumió Plauto, cuya obra es una sátira antifemenina. Retoma la sorna machista griega y la condimenta con exabruptos romanos.

Megadoro, uno de sus adinerados personajes, expone su decisión de casarse con una mujer pobre. Es muy alabado por ello pues, si los demás ciudadanos siguieran su ejemplo, los ricos serían mejor valorados por el populacho gracias a su acto de “liberalidad” y, por añadidura, las esposas (por ser de extracción humilde) serían más sumisas. Temerían a sus maridos más que las ricas. Y ellos tendrían menos gasto, ya que una pobre se contenta con cualquier cosa.

Ahora bien, si todos siguieran el camino de Megadoro, ¿con quién se casarían las mujeres ricas?, le pregunta un interlocutor. La respuesta es que se casen con quién quieran, con tal de que no aporten dote. Eso traería no solo ventajas económicas para su familia paterna sino también mayor sometimiento al esposo. Pues, al no tener dote para hacerse valer, las mujeres se preocuparían por mejorar sus costumbres y ser virtuosas para congraciarse con sus maridos.

Derecho a utilizar púrpura, seda, oro, poseer criadas, mulas, muleros, lacayos, recaderos y carruajes; nada de esto puede reclamar una mujer que no aportó dote. Pero como siempre quedaban algunas mujeres con poder adquisitivo que se les escurrían por los entramados del poder (huérfanas, viudas o divorciadas), se estableció un impuesto a la riqueza de las mujeres. Aunque no solo se controlaba a las mujeres en general y a las que poseían bienes en particular, también se perseguía a las lindas. Si es bella, no es buena.

¿Por qué tanta saña con las mujeres destacadas que, en términos poblacionales, eran una minoría? Justamente, porque después de las guerras púnicas, los hombres quedaron diezmados y las nobles adquirieron potestades desconocidas hasta entonces. Había que destruir a machetazos el huevo de la serpiente.

Las nimiedades sobre el boato de la mujer sorprenden por provenir de adustos varones que parecerían llamados a legislar sobre temas más trascendentes que someter a la mujer desde su vestidos, adornos y afeites. Pero ese control en realidad se sostenía en previsiones geopolíticas. Así pues, la promulgación de la ley contra el boato estaba grávida de significación doméstica (para administrar la cotidianidad) y de política exterior (acumulación de capitales para posibles guerras).

Otra función de la normativa comentada era dejar en claro la dicotomía heredada: madre o prostituta. La Ley Opia proporcionaba privilegios simbólicos a la matrona obediente y destinaba todo el oprobio para la que, por no cumplir el mandato, era consideraba meretriz. El reticulado de control era tan exhaustivo que las prostitutas no podían vestir ropas que se consideraban exclusiva de las patricias, así como estas no podían vestirse con colores reservados para el boato masculino.

No se legislaba únicamente sobre costumbres y fortuna, otra virtud de la mujer debía ser el silencio. Pero hubo mujeres que gritaron y lograron finamente que se derogara la Ley Opia. Aunque no fue únicamente por su persevante movilización, sino también por los encendidos discursos de algunos patricios celosos de sus intereses privados. Las restricciones a sus mujeres afectaban, en algunos casos, los intereses de los señores.

Durante los días en los que los legisladores discutían la abrogación de la ley, las mujeres se volcaron masivamente a las calles y presionaron con su obstinada resistencia y su inaudita presencia en el foro. La Ley, después de veinte años de vigencia, quedó sin efecto. No así su espíritu, que se extiende con variantes hasta nuestra época. Desde la inequidad salarial hasta el femicidio, pasando por la desigualdad de tareas en el hogar, la violencia de género y el acoso sexual.

La mujer es una tecnología de poder. No te olvides. Lo importante es que no te olvides cuál es tu función en el dispositivo social. Tampoco el machismo -que atraviesa todos los géneros- debe olvidarlo. Hoy las normativas se expresan con diferentes expresiones, pero el mensaje persiste. He aquí el epitafio aleccionador del sepulcro de una matrona romana que vivió y murió antes de Cristo:

Extranjero, tengo poco que decir. Detente y lee. Este es el sepulcro no bello de una mujer que fue bella porque amó a su marido de todo corazón. Puso en el mundo dos hijos. Amable en el hablar, honesta en el comportamiento, custodió la casa, hiló la lana. He terminado, puedes seguir tu camino.

viernes, 17 de febrero de 2017

Un rayo misterioso

Sobre Luz de luna (Moonlight, Barry Jenkins, 2016)

[Atención: este texto está lleno de spoilers. Recomiendo la película y vuelvan a leerlo]

Son varios los pequeños detalles que me gustan de Luz de luna, pero lo que termina inclinando mi balanza es su capacidad de crecimiento: Moonlight es, algo raro en el cine actual, una película que va de menos a más. Su última media hora es lo mejor de la película. Y eso hace que uno salga del cine finalmente convencido. Dividida en tres partes que marcan los tres momentos del crecimiento del protagonista: su infancia (lo llaman Little y así es como se titula esta parte); su adolescencia (Chirom es su nombre real y así se titula la segunda); y su juventud (Black, el nombre que antes le puso su best friend Kevin, será la identidad que adopte al dejar de ser chico; y también el título de la tercera parte), hay algo que se juega en cómo el personaje es nombrado por los otros. Sus compañeros de escuela lo llaman faggot, antes de que él tenga la posibilidad de preguntarse por su sexualidad. Kevin, en cambio, a veces le dice Chirom, a veces Black y otras nigger, lo que sorprende a Chirom. Sin saber del todo por qué, intuimos que hay algo subterráneo que se juega entre ellos dos al cambiarle el nombre. 

La película parece ir ganando en misterio a medida que las etapas pasan. Su primera media hora es la más convencional, sobreexplicada y conmiserativa. De niño, Little parece tener todas las fichas para transformarse en una víctima perfecta: negro, flacucho, temeroso, introvertido, hijo de una adicta, padre ausente, destinatario del bullying de sus compañeros de escuela, matones, homófobos y despiadados, oprimido entre los oprimidos, último orejón del tarro, el patito feo. 


Parecería que a los efectos de plantear un pacto con su espectador, Barry Jenkins tiene que concentrar en ese arranque todas las desgracias que puede sufrir su personaje para arrojar sobre él la crueldad del mundo. No es que esos primeros treinta minutos sean un desastre, hay toques de pequeña delicadeza que empiezan a transformar a Moonlight en otra cosa que un drama social que denuncia discriminaciones. Pero una descripción prosaica de las coordenadas sociales en las que se desenvolverá la historia es la forma que elige el director para arrancar. Así, corre el riesgo de hacernos reforzar las imágenes que consolidan nuestros prejuicios acerca de los seres débiles. Conociendo la tendencia dominante del cine norteamericano actual, uno podría presuponer que lo que resta de película no nos ahorrará sufrimiento por padecer. 

Pero con "Chirom", la segunda parte, todo empieza a ganar otro vigor: el adolescente tiene su sueño húmedo y luego tendrá su noche buena, la clave para impulsar la mutación que vivirá entre ser una víctima, descubrir la dimensión gozosa de su cuerpo y alzar la cabeza con orgullo en el contundente final de esta parte.


El último capítulo, Black,  es prodigioso en el manejo de las elipsis, el suspenso, la emoción pudorosa y la tensión romántica y erótica que se juega en el reencuentro de los dos amigos, varios años después. Cuando empieza esta parte Chirom se ha convertido en Black, su cuerpo parece haber dejado atrás la vulnerabilidad que lo signaba en los capítulos anteriores. El patito feo es ahora un hermoso cisne negro. La sagacidad del director se juega en esa elipsis que permite una audaz decisión de casting que repercute en el sentido mismo de la película: el actor que hace de Chirom a los 27 cuesta ser identificado con los que lo encarnaron en los capítulos anteriores. Esta audacia muta no solo el físico del personaje, sino el modo de identificación que tenemos con él. El poder de la narración hace que primero vacilemos y luego aceptemos que se trata del mismo personaje. El hiato temporal genera un fuera de campo del que empieza a brotar un misterio. ¿Qué pasó acá? Es notable que un personaje que habíamos aceptado como la víctima con la que íbamos a sufrir ahora se nos vuelva misterioso. La misma reacción va a tener Kevin cuando lo vea. ¿Sos el mismo? Ese juego de desconocimiento/reconocimiento va a sostener la tensión que despliega cada plano de la última media hora. A diferencia de algunas decisiones formales un poco redundantes y convencionales que la película planteó en su primer capítulo, ahora la dirección del relato queda en suspenso. Ni el espectador, ni Chirom, ni Kevin sabemos hacia dónde se dirige la cosa, ni quién es exactamente cada uno. 

A esta altura se me ocurre que lo que yo percibí como redundancia y previsibilidad en la primera media hora es la condición para que Jerkins subvierta el mecanismo de identificación al llegar el tramo final de la película. Quizás, aventuro, no sea solo una pequeña trampa narrativa, sino una astucia más política, en la medida en que se propone producir un extrañamiento en nuestra mirada hacia una película que se supone cuenta la vida de un negro doblemente oprimido. Este giro imprevisto también cambia el sentido de lo que se entiende por "final feliz". Por una vez esta felicidad no suena a un cierre, sino a una apertura, también sutilmente política.


Lo mejor es que Moonlight replica la mutación de su protagonista. ¿Puede una película que no empieza muy interesante ir mejorando a medida que avanza? No es lo que suele suceder: más bien vemos películas que tienen un planteo inicial prometedor que luego se va esfumando: se me ocurre el ejemplo de Boyhood de Linklater (una película que puede vincularse con Moonlight, para ver cómo hace el camino inverso, en cuanto su interés decrece). Es posible que en el cine industrial impere un criterio que dice que hay que conquistar al espectador en los primeros 15 minutos y, una vez logrado eso, el resto se hace solo, a golpes de efecto de edición. La película de Jenkins contradice esa regla: cuando la mayoría de las películas se van desinflando y defraudan la expectativa inicial, Moonlight nos reclama paciencia para que el patito feo se convierta en cisne. Y lo que empezó como un film de denuncia social deviene una película de amor.

Ahora vacilo en pensar si el director se equivocó en la primera media hora o si esa era la forma necesaria para hacerme pensar en todas estas cosas.