miércoles, 6 de abril de 2011

La comicidad es cosa seria

El cine de Tsai Ming-liang
(Músicas del Mundo)


por Oscar Alberto Cuervo

¿Vieron que hay personas que parecen muy serias porque jamás se las vio sonreír y por su manera sumamente sobria para expresarse, pero que, en cuanto se las conoce, se descubre que debajo de esa superficie seria se esconde una gracia demoledora, que se expresa en gestos mínimos, capaces de hacer desternillar de risa al que los comprende? Bueno: hay cineastas que son como esas personas. Tsai Ming-liang, nativo de Malasia y taiwanés por adopción es uno de ellos. No el primero, ciertamente. La idea de que un rostro impávido ante todo tipo de catástrofes puede encerrar una forma de humor sublime ya se encontraba en el genial actor y cineasta norteamericano Buster Keaton, ese grán ícono de la comicidad de la época del cine mudo. El malayo-taiwanés Tsai es, secretamente, heredero de Buster Keaton. Sus películas describen la existencia en las grandes ciudades posmodernas, una vida atravesada por catástrofes de todo tipo: climáticas, laborales, edilicias, afectivas, familiares, sexuales. En la obra de Tsai hay sequías, diluvios, ríos contaminados, cuerpos contracturados, gente sola, familias disfuncionales, departamentos que se caen a pedazos, actrices porno que se mueren en medio de una filmación, padres e hijos que se encuentran accidentalmente en un sauna gay, plagas de insectos, humo tóxico, personas que no se atreven a declarar su amor El catálogo de desgracias a las que se ven sometidos sus personajes es variado y agobiante. Y sin embargo, ese panorama catastrófico está observado por una mirada cómica. Claro que esa comicidad no está subrayada, lo que hace que a muchos espectadores y críticos inadvertidos se les pase por alto, porque sólo acostumbran a reírse cuando una película es vendida como una comedia, o mejor aún, cuando la película indica que hay que reírse, como en esas sit-coms televisivas que vienen con las risas pregrabadas. Las películas de Tsai no se venden como comedias y no tienen actores histriónicos que induzcan a la risa con gesticulaciones y morisquetas. Justamente: en la tradición de Keaton, muestran a gente seria a la que le pasa cosas atroces. Y sin embargo, la comicidad es su elemento.

Y esa comicidad tampoco desmiente ni aligera las tragedias que muestra. El taiwanés consigue trasmitir malestar a pesar de su vocación cómica, y esto quizá se deba a que su comicidad no lo lleva a resolver las escenas mediante gags que provoquen carcajdas. Sólo puede sonreír ante sus películas quien logre distanciarse de semejante condensación de desdichas. Distanciarse ante lo habitual, para verlo con una mirada distinta, hasta que lo que pasa ante nuestras narices sin que nos llame la atención nos muestre su carácter absurdo: esa parece ser la clave de su cine. Porque las cosas que pasan en las películas de Tsai son estrictamente reales. Que una ciudad se llene de humo, que los ojos se enrojezcan y uno tenga necesidad de toser, que la gente vaya por la calle con barbijos, que en medio del humo se desarrolle un triángulo amoroso entre personas con dificultades para ganarse el mango y para conseguir un lugar donde dormir, que esos personajes sufran discriminación por ser inmigrantes o por su condición sexual, no es nada del otro mundo, ni producto de una imaginación estrafalaria. Al contrario, cualquier habitante de Buenos Aires puede haber presenciado o vivido alguna de estas situaciones. Y todas ellas juntas les pasan a los protagonistas de su película I don’t want to sleep alone (No quiero dormir solo), una coproducción entre Malasia, China, Taiwán, Francia y Austria. (Esta nota se puede leer completa en el número2 de la revista Músicas del Mundo).

Ya salió el número 2 de Músicas del Mundo, revista de arte y culturas. En tapa, la peruana Eva Ayllón, antes de sus shows en abril en Argentina. En contratapa, el cantante reggae argentino Dread Mar I, antes de su Luna Park. Además: Hip hop francés, Ana Prada, Paulinho Moska. 

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