lunes, 19 de junio de 2017

El viento me confió cosas que siempre llevo conmigo

La otra.-radio para escuchar clickeando acá


El viento me confió cosas
que siempre llevo conmigo,
me dijo que recordaba
un barrilete y tres niños,
que el sauce estaba muy débil,
que en realidad él no quiso,
que fue uno de esos días
que todo es un estropicio.
CONFESIÓN DEL VIENTO,
Roberto Yacomuzzi-Juan Falú

Esta foto de Majo Malavarezk tomada el viernes a la noche en la sala Caras y Caretas captura un momento en el que Liliana Herrero estaba revolviendo entre los papeles  en su atril, quizás la letra de una canción o una lista de agradecimientos. La foto captura algo más que ese instante, una fragilidad que atravesó toda la noche.

Algo se filtró en mis sueños de esa noche: hoy soñé que estaba en otra parte y de pronto alguien nombraba a Liliana y ella aparecía e inmediatamente su presencia motivaba que todos nos pusiéramos a cantar. (Nos poníamos a cantar "vamos a volver..."). El lugar del sueño era difusamente hostil, porque yo estaba pendiente de la posibilidad de que vinieran unos guardias a interrumpir nuestro canto. Esta prevención mía no era de todos, ya que a la vez cantábamos confiados.

No hubo nada hostil en el recital del viernes. Al contrario, fue un encuentro de mucha intimidad y confianza (lo que explica la confianza de los que cantábamos en mi sueño). Pero en escena Liliana mostraba esa fragilidad que captura la foto de Majo. Es la fragilidad propia del canto popular, que termina prevaleciendo como una fuerza poderosa. La misma fragilidad que manifestaba Liliana en la conversación que con ella y junto a Maxi Diomedi tuvimos unos días antes del recital.

Hay en la canción popular un poder frágil que nos confiere una fuerza que viene del pasado pero nos espera en el futuro. Hay una autoridad en esas pequeñas coplas, en esas chayas, en esos aires litoraleños, que Liliana Herrero pone en escena en el modo de la fragilidad. Esa musiquita requiere ser tratada con delicadeza, pero cuando suena es un viento que desordena el sentido imperante y hace aparecer unas voces que hemos desoído. Ese juego de la fragilidad y el poder es el que Liliana nos indica cuando canta. Ella es una mujer chiquita e insegura ahí arriba, que invoca esas almas que vienen al encuentro. En escena, la voz de Atahualpa, la del Cuchi, se encuentran con estos músicos jóvenes que Liliana convoca.




Era un fantasma ese viento, 
Tejió sus babas el diablo, 
Iba quebrado de culpas 
Y no consigue evitarlo. 
En ese telar de angustias 
El fuego abrazando el árbol, 
El sauce estaba muy débil 
Y seguía confesando.
El viento me confió cosas 
Que siempre llevo conmigo



En el programa de anoche de La otra.-radio (clickear acá) volvimos a escuchar algunos tramos de la conversación que habíamos tenido con ella la semana pasada, mientras recorrimos algunos momentos de estos treinta años de gente que ella se encuentra celebrando (vuelve a hacerlo el próximo viernes en el Caras y Caretas de Sarmiento al 2037).

En el programa de anoche también hablamos de esas las que nos están pasando en estos días, las que nos preocupan y deploramos, también las que nos entusiasman, como el acto del martes próximo en Arsenal. Escuchamos a Caetano Veloso y conocimos a un artista uruguayo al que vale la pena escuchar: Mandrake Wolf.

Escuchen las casi 2 horas de programa, clickeando acá.


Foto blanco y negro: Majo Malavarezk. Foto color: Descalza por los caminos.

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