martes, 13 de junio de 2017

Los compadritos del intelecto



por Lidia Ferrari

Las ideas no se matan, diría Sarmiento. Es una idea de esas que no mueren. Porque nuestra idea es que las ideas son tan fuertes que no pueden ser matadas, aunque algunas mueran de cansancio o de indiferencia. También otra idea-fuerza que nos acompaña es que la fuerza es el derecho de las bestias. Nos dice que hay hombres medio bestias, que sólo pueden vencer armados de refulgentes cuchillos por la fuerza de amedrentamiento. Pero siempre se trata de rivalizar, de combatir, de ganar o perder, pero peleando, con las ideas o con las espadas. Las armas, las benditas armas acompañan al hombre desde sus abuelos Sapiens que manejaban mejor las flechas que las ideas, pero sólo por un tiempo. Lo bautizaron Sapiens porque prometía un futuro armamento de ideas y saberes. Un futuro que esta aquí, entre nosotros, con un saber que aniquila, filoso como el cuchillo, y que hiere sin dejar rastros de roja sangre. 

Las ideas no se matan, pero pueden matar. Las ideas horadan en el preciso punto débil de un argumento, cuando son honestas. Conocí a muchos compadritos del intelecto, conozco algunos actuales. No son como los compadritos arquetípicos de Borges, los del don del silencio y la bravura, que no dejaban de ser vulgares matones, pese la exaltación borgeana. Pero algunos son tan beligerantes y obtusos como un compadrito de sainete. Como ese matón que trabaja de guardaespaldas del caudillo, algunos custodian su doctrina (la del caudillo), por temor a quedarse sin sustento. Otros desenvainan mucho antes de que empiece la pelea. Algunos son como los cuchilleros que practicando la murra para pelear, inventaron el tango. Estos compadritos contemporáneos (los hay también antiguos) de las ideas las usan como el cuchillo y el revólver del guapo poseído por la pasión de ganar. No hay nada mejor para ellos que una página donde se celebre su brillante saber intelectual. No hay como polemizar a fuego cruzado con alguno que, como él, posee el don de la palabra y de las ideas. Se siente como Odín arrojando la lanza. Como las ideas no se matan, sueña con una especie de gloria eterna en vida que, si no se le atraviesa la parca en el camino, terminará en el podio triunfal de las ideas.

En este universo de malevos, compadres y compadritos del intelecto no hay lugar para las mujeres. No es que ellas no posean ideas, es que les está prohibida la entrada, porque a las mujeres hay que cuidarlas, protegerlas de la furibunda batalla de las ideas de los varones, con sus armas peligrosas, que sólo son aceptadas entre los poderosos de las ideas de turno.

[lustración: Alberto Breccia, La forma de la espada]

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