miércoles, 11 de octubre de 2017

La moto



Ilustración: Carmen Cuervo

De lo que podía comprarme
lo mejor que vi fue la moto
es como si fuera un piloto
y las calles son sólo nubes
salgo de bailar en los clubes
me llevo una pinta prendida
con la moto vivo la vida.

Fue mucho mejor que comprarme
un radiograbador estéreo
yo prefiero, te digo en serio
antes que soñar con sonidos
ordenados por algún vivo
y bancar cualquier ocurrencia
conseguir mi propia experiencia
con la moto vivo la mía
y no la de los del Suquía.

Me compré por fin una moto
como la que yo siempre quise
y si no querés que te pise
no te me crucés por la lleca
que vas a ganar una beca
para ir a estudiar teología
allá con la virgen María.

No quisiera ser tu verdugo
pero yo la calle la arrugo
por eso te doy un consejo
para conservar tu pellejo
no salgás a la calle, viejo
salvo si es un caso de urgencia
y si fuera así por prudencia
tené bien a mano a la vista
tu carné de la mutualista.

Eran muchas cuotas
pero mes a mes
yo me las arreglaba
iba por las calles y decía para mí
me compré la moto
me compré y la pago de a poco.

¿Cuánto tiempo anduve
mirando vidrieras
y motos ajenas
caminando como un bobo
sin velocidad
hasta que un buen día
me compré la moto y arrasé con todo.

Mientras no me echaran
antes del trabajo
la hubiera pagado
hoy no sé quién fue
que se quedó con ella
una moto nueva
y en el accidente no le pasó nada.

Dígame San Pedro
a usted qué le cuesta
dejarme traerla
sin en el paraíso no se mata nadie
no soportaría
una eternidad sin montar en mi moto.

Leo Masliah


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