miércoles, 11 de enero de 2023

Globo de Oro para Argentina, 1985

Mi votación en la Internacional Cinéfila que convoca Roger Koza terminaba con la mención de una película nacional:

"Mención especial a una película argentina: Argentina, 1985 (Santiago Mitre): No se trata de una gran película. Se ubica claramente en el universo del mainstream en el que aún puede obtener reconocimientos que las películas anteriormente mencionadas nunca alcanzarán. Su vocación por insertarse en la corriente principal es clara por los cuatro costados. Pero Argentina, 1985 tiene un valor para mí evidente: se atreve a convocar a un público masivo al que le ofrece una versión sobre la postdictadura que repone debates aún no saldados en la esfera pública. La película de Mitre co-guionada por Mariano Llinás nos recuerda que el cine puede conquistar la conversación pública y hacerlo con armas legítimas. Por más películas como esta."

Anoche se cumplió una predicción que hice en este párrafo:

"...aún puede obtener reconocimientos que las películas anteriormente mencionadas nunca alcanzarán": Argentina 1985 acaba de ganar el Golden Globe a las películas extranjeras. Es posible que su carrera de premios internacionales aún no haya terminado. La película tiene la particularidad de haber tenido un lanzamiento dual: estreno en salas durante algunas semanas y rápida llegada a la plataforma Amazon. Y en ambos casos con un éxito inusual.

Mis opciones no suelen coincidir con los premios del mainstream, menos aún con los norteamericanos. Y sin embargo se da esta excepción. Como escribí, considero que no es una gran película pero es una película valiosa. Además está hecha por un tandem cuyas obras no suelen interesarme. 

Las otras películas que elegí en la IC (Sean Eternxs, A Vendredi, Robinson, Náufrago y la Trilogía del Tenis de Lucía Seles me interesaron muchísimo más, pero esto no obsta para que reconozca el mérito de Argentina, 1985. Sé también que es imposible las otras que elegí lleguen a jugar en esas ligas. Sin embargo, reconozco que de todas las películas argentinas que hasta hoy llegaron a ganar premios en Hollywood (La Historia Oficial, El secreto de mis ojos) esta es por lejos la mejor. El ambiente cinéfilo local tendió a ser, con contadas excepciones, desdeñoso de la película de Mitre.

Los motivos por los que elegí una película que no me parece excelente pero sí valiosa se encuentran en la intersección de mis posiciones políticas y artísticas.

El valor político que le reconozco se vincula con el actual contexto que atravesamos. El país corre el riesgo de entrar en un cono de sombra de negacionismo y una nueva pérdida de las garantías jurídicas. Tenemos una Corte Suprema golpista. Argentina, 1985 tiene la virtud de reponer un momento histórico en el que Argentina empezó a salir del terror de estado de la dictadura y hace una revalorización de un sistema democrático que en la actual coyuntura podemos perder. Y está hecha con una inteligencia que logra expresar una representación vacante: hay un amplio sector de la población al que en este momento ningún sector político logra representar. Muchísimas personas mostraron que estaban esperando una película que suscite un debate político democrático que no se da en otros ámbitos, pero se dio en el espacio público de las salas de cine. 

Cine y democracia: una conjunción que hubiera parecido anacrónica si Argentina, 1985 no existiera. En la época de la radicalización de la derecha en todo el mundo, Argentina 1985 toma una posición valiente: no es admisible retroceder hacia ninguna forma antidemocrática abierta o encubierta. Los debates y la convocatoria popular que la película logró son datos que la política y el cine deberían tratar de descifrar.

Lo que sigue es la reseña inicial que hice cuando la película se estrenó en salas:

Argentina, 1985

 La película de Santiago Mitre con guión de Mitre y Mariano Llinás

¿Argentina, 1985 fue pensada para convocar multitudes? Sí.

¿Con recursos espurios? No.

¿La cinefilia de derecha la aborrece? Sí.

¿Es un fenómeno político que desborda lo cinematográfico? Sí

¿Hay que analizarla formalmente sin meterse en sus efectos políticos? No.

Más allá de sus cualidades/límites estéticos, Argentina 1985 es una intervención en la política actual? Sí.

¿Qué decir de los críticos que la abordan desde un punto de vista estrechamente cinematográfico? Boluditos.

¿Y quienes le exigen que no omita nada del hecho histórico?

Zonzos.

¿Es Argentina 1985 la película definitiva sobre: la dictadura, la democracia, el alfonsinismo, el poder judicial, los juicios a los genocidas, Strassera, el radicalismo, la complicidad civil, el año 1985?

No: es solo (nada menos que) una buena película y un fenómeno social.

Argentina 1985 ¿es la película del año?

Estéticamente no.

Políticamente sí.

¿Esta diferencia es un problema? No, imbécil.

¿Qué más decir?

Quizá las cuestiones más incisivas que Argentina,1985 invita a pensar sean:

- ¿Cuánto hace que el cine explícitamente político no lograba ser discutido masivamente? Hubo un tiempo en que el cine político apuntaba a salir de la sala y movilizar la discusión pública. Hoy existe una subespecie de cine que intenta construir su radicalidad política reingresando a sí mismo para pensar en el propio estatuto de su imagen. No sería en absoluto incompatible pensar simultáneamente el estatuto de su imagen y su incidencia sobre el debate político extracinematográfico. Un cine político que se confina a trabajar sobre el estatuto de su imagen sin interpelar a espectadores de baja intensidad política resulta un cine endogámico.

– La película hace emerger un público que no estaba en la agenda pública: el que se reúne en una sala -en cientos de salas- a manifestar su opción por la democracia y a repensar el tortuoso proceso a través del cual se constituye. Algo que la política no vio. Hay un espacio político vacante que Argentina, 1985 le señala a la política. Hoy proliferan -también en películas que se piensan como políticas- los lamentos acerca del avance del neofascismo, pero Argentina, 1985 visibiliza la necesidad de sectores antifascistas para manifestarse, notablemente, en la sala de cine, y a seguir pensando después. Presencié varias conversaciones de personas no intensamente politizadas pensando en lo que la película trata.

– Algunos sectores de la crítica parecen declararse en estado de alerta porque la visión de la película lleva a discutir tesis como la teoría de los dos demonios. En La historia oficial esa teoría no era discutida sino instalada por uno de los personajes. En Argentina 1985 aparece enunciada por algunos personajes y simultáneamente señalada como problemática. En Argentina 2022 hay sectores que gozan de amplia difusión que reivindican el terrorismo de estado. Los espectadores de Argentina, 1985 se ven movidos a pensar esa teoría y la diferencia entre el hecho de que un personaje la sostenga y que la propia película la sostenga. ¿Se lo propusieron Mitre y Llinás? No importa: la película lo propicia.

– Argentina, 1985 logra algo que muchos cineastas políticos desearían: narra un debate político, con su trama intrincada de conflictos velados e inconsistencias, y a la vez suscita un debate político entre quienes la ven. Los espectadores no van simplemente a ver una historia pretérita sino a producir otra presente: que en Argentina 2022 se discuta sobre dictadura y democracia. Esta reduplicación pone en cuestión la disociación que establece cierta parte de la crítica entre temática, procedimiento y efectos pragmáticos. ¿No es hora de que el cine político -y su crítica adjunta- se comprometan a pensar no en el puro procedimiento ni en la pura temática ni en el puro efecto sino en su articulación? ¿No es la política de un film lo que sucede mientras y después de ser proyectado? Esa eficacia para incidir en el debate público está en el origen del encono que produce la película en otros cineastas pretendidamente políticos que no logran incidir sobre el debate público.

– Me leo escribiendo estos apuntes (más preguntas que respuestas) a propósito de una película sobre la que antes de verla había acumulado una cantidad de prejuicios. Curiosamente, el cine de Mitre y Llinás nunca me despertó entusiasmo. Incluso no creo que Argentina, 1985 sea una gran película, pero veo que se presenta como una ocasión para pensar las relaciones entre cine y política. Me quedo pensando qué cosa es una gran película.

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