domingo, 22 de octubre de 2023

El final de la filosofía y la tarea del pensar


Bajo formas distintas, el pensamiento de Platón permanece como norma, a lo largo y ancho de toda la historia de la filosofía. La metafísica es platonismo. Nietzsche caracteriza su filosofía como platonismo al revés. Con la inversión de la metafísica, realizada ya por Karl Marx, se alcanza la posibilidad límite de la filosofía. Esta ha entrado en su estadio final. En la medida en que se intente todavía un pensamiento filosófico, sólo se llegará a una variedad de renacimientos epigonales. Entonces, y a pesar de todo, ¿no será el «final» de la Filosofía un «cesar» de su manera de pensar? Sería precipitado sacar esta conclusión. El final, como acabamiento, es la consumación en las posibilidades de su límite. Tendremos una idea muy limitada de ellas, si es que tan sólo esperamos un desarrollo de nuevas filosofías al antiguo estilo. Olvidamos que, ya en la época de la filosofía griega, apareció un rasgo determinante de la filosofía: la formación de ciencias dentro del horizonte que la filosofía abría. La formación de las ciencias significa, al mismo tiempo, su emancipación de la filosofía y el establecimiento de su autosuficiencia. Este suceso pertenece al acabamiento de la filosofía. Su desarrollo está hoy en pleno auge en todos los ámbitos de lo que hay. Parece la pura y simple desintegración de la filosofía, cuando es, en realidad, justamente su acabamiento. 

Baste con señalar la independencia de la psicología, de la sociología, de la antropología como antropología cultural, el papel de la lógica como logística y semántica. La filosofía se transforma en ciencia empírica del ser humano, de todo lo que puede convertirse para él en objeto experimentable de su técnica, gracias a la cual se instala en el mundo, elaborándole según diversas formas de actuar y crear. En todas partes, esto se realiza sobre la base, según el patrón de la explotación científica de cada una de las regiones de lo que hay. No hace falta ser profeta para saber que las ciencias que se van estableciendo, estarán dentro de poco determinadas y dirigidas por la nueva ciencia fundamental, que se llama cibernética. Ésta corresponde al destino del ser humano como ser activo y social, pues es la teoría para dirigir la posible planificación y organización del trabajo humano. La cibernética transforma el lenguaje en un intercambio de noticias. Las artes se convierten en instrumentos de información manipulados y manipuladores. El despliegue de la filosofía en ciencias independientes, aunque cada vez más decididamente relacionadas entre sí, es su legítimo acabamiento y consumación. La filosofía finaliza en la época actual, y encontró su lugar en la cientificidad de la humanidad que opera en sociedad. Sin embargo, el rasgo fundamental de esa cientificidad es su carácter cibernético, es decir, técnico. Presumiblemente, se pierde la necesidad de preguntarse por la técnica moderna, en la misma medida en que ésta marca y encauza los fenómenos del mundo entero y la posición del ser humano en él.

Las ciencias interpretarán según las reglas de las ciencias -es decir, técnicamente- todo lo que todavía recuerde, en su construcción, su origen a partir de la filosofía. Entiende las categorías instrumentalmente, como hipótesis de trabajo. Su verdad no se medirá sólo por el efecto que produzca al ser aplicada dentro del progreso de la investigación: la verdad científica se equiparará a la eficacia de estos efectos.  (...)

Completo:

MARTÍN HEIDEGGER, “El final de la filosofía y la tarea del pensar”, ponencia presentada en Kierkegaard vivo. Coloquio organizado por la Unesco en París, del 21 al 23 de abril de 1964. Publicado en Alianza, Madrid, 1968.

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