miércoles, 14 de noviembre de 2012

Quietud


por Liliana Piñeiro

En la plaza de una ciudad extraña encontré la quietud. Posiblemente fue el corazón el que empezó a endurecerse, ya que en pocos minutos sentí que el pecho iba adquiriendo la rigidez de la madera, y la sensación descendía por la cintura y la cadera hasta llegar a las piernas. A la altura de los tobillos me hundí un poco en la tierra. Ya no tenía pies, sino raíces.

Fue entonces cuando los brazos comenzaron a multiplicarse, en un movimiento de expansión. Tres, cuatro, seis, terminaban en pequeños dedos o ramitas de los cuales brotaban hojas, las que, en número creciente, comenzaron a enredarse con mi pelo hasta formar una frondosa copa. Quedé erguida para siempre como una pregunta, y mi voz sería, de aquí en más, apenas el susurro de las hojas movidas por el viento.

Huyendo como Dafne, aunque ya no sé de qué dios.

5 comentarios:

  1. "fue el corazón el que empezó a endurecerse"

    muy bueno lili, como siempre.

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  2. vi en internet otras fotos de la misma escultura en otros ángulos. es muy impresionante... vos la viste en vivo lili?

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  3. No, Julieta. La escultura de Bernini está en la Villa Borghese, en Roma, y yo no anduve por allí. Espero poder ir algún día...

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  4. ah ok, pensé que por ahí la habías visto en tu viaje anterior. besos! :)

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