jueves, 17 de enero de 2013

Quedaba la lengua, sí, salvaguardada, a pesar de todo. (Paul Celan)



Accesible, próxima y no perdida quedaba, en medio de todo lo que hubo de perderse, la lengua.

Quedaba la lengua, sí, salvaguardada, a pesar de todo. Pero hubo entonces de atravesar su propia falta de respuestas, atravesar un terrible mutismo, atravesar las mil espesas tinieblas de un discurso homicida. Atravesó sin encontrar palabras para lo que sucedía. Atravesó el lugar del Acontecimiento, lo atravesó y pudo regresar al día enriquecida por todo ello.

Es ese el lenguaje en el que, durante esos años y los años siguientes, he tratado de escribir mis poemas: para hablar, para orientarme, para conocer el lugar donde me encontraba y el lugar al que era llevado, para proyectarme en una realidad.

(Paul Celan, Discurso de Bremen, fragmento)


por Liliana Piñeiro

De familia rumana de origen judío, Paul Celan creció rodeado de distintas lenguas: el rumano, el yddish, el alemán y sus dialectos (especialmente a partir de la predilección que por este idioma tenía su madre, quien lo inicia en la lectura de los poetas alemanes). En su formación posterior aprende también latín, griego, ruso, francés e inglés. Y es probable que el entrecruzamiento de las distintas lenguas haya sido el lugar desde el cual Celan pudo apreciar el peso de cada palabra y rescatar su condición paradojal. Según Beda Allemann, “el tránsito a través de contradicciones, y ya no más a través de imágenes por entero encadenadas, es una manera de movilidad particular de su poesía”.

Habla
no separes el No del Sí
dale a tu palabra también el sentido:
dale las sombras.


La publicación de la correspondencia entre Ingeborg Bachmann y Paul Celan, en el libro Tiempo del Corazón traza no solo una cartografía del deseo amoroso, con sus exaltaciones, silencios, ausencias prolongadas, encuentros y malentendidos entre los dos poetas, sino que reúne un poderoso legado de textos donde confluyen las reflexiones sobre el problema de la escritura, el precio de la fama, el antisemitismo persistente en el ámbito cultural aún después de la derrota nazi y la lectura crítica de pensadores centrales como el filósofo Martín Heidegger. A lo largo de casi doscientas cartas asistimos a una batalla que tiene como objeto de disputa la palabra, esa kommendes wort, "palabra venidera" que ha señalado el camino de los límites del lenguaje en ambas obras: “escrita/ en el libro / -¿qué nombres anotó/ antes del mío?- / en este libro / la línea de / una, esperanza, hoy / en una palabra que adviene/ de alguien que piensa, / en el corazón…".

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