lunes, 13 de octubre de 2014

Cineasta turco y periodista alemán



por Lidia Ferrari

Acabo de ver una película: Sleep Winter, del director turco Nuri Bilge Ceylan que dura tres horas y cuarto. Nunca una película se me hizo tan larga. Y no es mérito del tiempo, sino de la película. Fui al cine a último momento, no tuve tiempo de buscar críticas que me desasnen acerca de lo que iba a ver; como buscar si Oscar Cuervo la había visto y qué decía de ella. Teníamos ganas de ir al cine y vi que en el cine más recomendable de la ciudad daban esta película, que venía de ganar la Palma de Oro en Cannes. Película turca, premio en Cannes y pedigrí de la sala me permitían arrojarme a una aventura que no suelo practicar en los últimos tiempos, ir a ver una película por la que no tenga cierta garantía –siempre enclenque- de lo que voy a ver.

Si hubiera buscado las críticas antes de ir al cine, me hubiera encontrado con lo que me encontré después. Excelentes críticas: todos comparten la opinión de que se trata de un capo lavoro, obra maestra, de las mejores películas de los últimos tiempos, etc. etc. Ninguna de esas críticas pertenece a personas de Argentina a las que acredito mi confianza sobre ciertos criterios estéticos, por lo cual supongo que aún no se estrenó en Buenos Aires.

La película comienza bien. El paisaje es extraordinario e impactante. La primera impresión es que después de ver esta película la demanda turística para Capadocia, en Anatolia crecerá proporcionalmente al éxito de la película. La trama se anuncia muy interesante, pues muestra la diferencia de clases, con los prejuicios y hábitos de seres que en ese lugar mágico ocupan dos lugares posibles: dueño de propiedades y hoteles turísticos o gente del pueblo que trabaja para ellos o les alquilan la casa. El señor burgués tiene todos los atributos de un canalla perfecto. Atributos que se desdibujan en la pléyade de diálogos intimistas entre los tres personajes protagonistas del film: el burgués, su hermana y su joven esposa. La vacuidad de sus vidas no se desprende de una intención del relato, sino que emerge de los triviales y pretenciosos diálogos entre los tres personajes. Estas conversaciones intrascendentes, pretendidamente existencialistas y bergmanianas, son tan largas que te hacen incómoda la silla en la que estás sentado. Son eso, conversaciones pretenciosas con tics shakesperianos y chejovianos. Es que el protagonista rico burgués es un intelectual turco, universitario, actor de teatro que está escribiendo la primera historia del teatro turco. El conflicto social que aparecía como promesa de algo interesante en el film se transforma en una barata mostración del carácter pseudo intelectual, pseudo progresista y pseudo crítico del film. El final es feliz, dentro de la felicidad potencial que se anida en la película. Feliz para un espectador que saldrá del cine diciendo: ¡qué maravilla!, sin saber muy bien cuál es esa maravilla, salvo la del espléndido e indudable protagonismo de los paisajes exteriores e interiores de la película.

Escribo estas notas tirada por dos razones. La primera es la sospecha de que un pensamiento único no sólo en materia política se quiere imponer en los medios de comunicación. También respecto del arte parece que Cannes y los medios comparten una estética que me deja perpleja, en tanto no encontré ninguna, sí, ninguna crítica o comentario que hubiera visto esta película como la vi yo. En el intervalo de las largas tres horas estuvimos a un tris de irnos del cine, pero nos quedamos más por pereza que por interés. Una pareja vecina a nosotros no volvió a entrar en la sala después del intervalo. Esos dos que, si no se retiraron por razones ajenas al film, y nosotros dos, seríamos las únicas personas que hasta ahora hemos compartido esta opinión diferente. De allí que observo una homogeneidad en la opinión sobre la película que me inquieta. O mis criterios estéticos e ideológicos están fuera de onda o, quién sabe las razones… Obviamente, el hecho de que no me haya gustado no supone necesariamente alguna deficiencia de la película. Podría ser al revés…

La otra razón para escribir esto es que acabo de leer la noticia de que un periodista alemán, de gran prestigio en su país, con muchos premios en su haber, acaba de publicar un libro que se titula Periodistas comprados. Udo Ulfkotte [ver acá y acá], confiesa haber sido pagado durante años por la CIA. Muestra que algunos medios alemanes no son más que sucursales del servicio de propaganda de la OTAN. Dice que la diversidad de opiniones en los periódicos es una pura ficción y que los mensajes de los periodistas es un puro lavaje de cerebro.

¿Será que en el arte pasa lo mismo? Espero ansiosa que se estrene la película en Argentina para poder cotejar mis impresiones con las de quienes, en la distancia, siento más próximos a mis gustos.

P.D.: Impresiones de una espectadora que no posee ningún carnet de crítica de cine.

1 comentario:

  1. Querida Lidia:
    no vi la película ni ninguna otra de Nuri Bilge Ceylan, así que no tengo la menos idea. Procuraré verla e intercambiamos ideas.
    Saludos

    ResponderEliminar