miércoles, 26 de abril de 2017

El bar (Alex de la Iglesia)

BAFICI 19



por Marcos Perilli

Como sostiene el editor de este blog acerca del viraje de Tarantino hacia un cine con connotaciones políticas desde Bastardos sin gloria, lo mismo podríamos decir de Alex de la Iglesia desde Mi gran noche, lo que se ve en particular en El Bar. En sus últimas películas se ve explicitada su visión de los tiempos que corren.

Ya en Mi gran noche nos anticipaba, con un humor desopliante, que el mundo se había vuelto un caos invisibilizado por los medios de comunicación, que se encargaban de poner la ostentosa frivolidad como religión de las masas. Y esto no puede terminar bien.

Ahora en El bar se pone de manifiesto el lado más salvaje de la humanidad actual en pos de su supervivencia, no en medio de una jungla natural sino en una de cemento y rascacielos, donde las personas quieren sentirse seguras y acompañadas.

Un suceso inesperado desata los miedos (con sus bajezas) de ocho personajes que se ven obligados a convivir en un bar de esquina madrileño. Cada uno de ellos encarna un modelo de esos que pueden encontrarse en las grandes ciudades: el especialista en diseño moderno, la chula engreída, el poli retirado, el vendedor, el barrendero y hasta un vagabundo. A medida que más obstáculos se les interponen para lograr su supervivencia, van perdiendo uno a uno su moral ciudadana y resurgen de sus debilidades como monstruos.

Atributos como la solidaridad y la empatía se desdibujan en una sociedad que hace rato está sumida en el individualismo y la desconfianza. Alex de la Iglesia vino a decírnoslo en una película de un humor desatado.

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