jueves, 18 de octubre de 2018

Empieza el Doc 18

Machine Gun or Typewriter?, Travis Wilkerson

 Córdoba, sinfonía urbana, realización colectiva

 Dead souls, Wang Bing

 Drift, Helena Wittmann

Playing Man, Matjaz Ivanisin

Es mañana del jueves y está lloviendo. Me gustan las mañanas de lluvia y no podría explicar por qué me gustan los jueves. Estaba revisando el catálogo de la 18a. edición del DocBsAs y tratando de armar el rompecabezas para transitar un festival tan apreciado como este en medio de los compromisos usuales en una ciudad hostil. Y de pronto aparece en la radio Roger Koza hablando  del festival que empieza.

El Doc es un momento muy grato en el calendario porteño desde hace tiempo. ¿Cómo se fue transformando la ciudad, qué horrores y maravillas pasaron en estos 18 años del Doc? Mi propia experiencia cambió de manera irreversible gracias al Doc, desde que ahí tuve la oportunidad de conocer personalmente y conversar con Eduardo Coutinho, Avi Mograbi, Eyal Sivan o Jean Louis Comolli. En este festival, que hasta la edición anterior tuvo como director artístico a Luciano Monteagudo, vi algunas de las Elegías sokurovianas y también una retrospectiva completa de Raya Martin. Eso es lo que aparece ahora en mi memoria y seguro me estoy olvidando de cosas que aparecerían si mi memoria no fuera tan caprichosa.

Resulta que desde esta edición el DocBsAs tendrá a Roger Koza como director artístico. Al amigo Roger lo voy encontrando en diversos contextos: entre las proyecciones del BAFICI, como anfitrión del FICIC, como invitado de algunas madrugadas de La otra o por teléfono desde Cannes... Me doy cuenta de que por primera vez va a estar como programador de un festival en la ciudad en la que vivo. Esta combinación, DocBsAs + RK, tiene entonces un plus afectivo.

No conozco prácticamente a ninguno de los directores cuyas obras se programan en esta edición, con la excepción de Wang Bing, Wiseman y Comolli. De manera que en estos días, cuando me cuadren los horarios, tengo casi todo por descubrir. Así como casi siempre en el Doc.

Pero tengo la certeza de que será una oportunidad para volver a extrañarme ante esa cosa llamada cine. Con Koza comparto un interés que conjuga la apreciación artística con la reflexión filosófica. Sé bien que un festival programado por él tiene un eje insistente: ¿qué es el cine? ¿qué aporta el cine en nuestras vidas? ¿cómo enriquece el cine al mundo? ¿cómo el cine se deja herir por el mundo? ¿qué pasa con el cine en la época de la imagen del mundo? 

Ahora que la vida humana en la Tierra se vio invadida por imágenes, ahora que la forma en que las imágenes se imprimen en nuestras mentes es como nunca antes una batalla y cada uno de nosotros es a la vez el combatiente y el territorio a conquistar, el cine abre, mejor dicho puede abrir, una hendidura por la cual se filtra una brisa de verdad entre la indiferencia de la posverdad. A mí ya no me interesa la cinefilia como culto esotérico, me preocupa y me gusta la vida, y en la vida la verdad, y por la verdad la mirada y la escucha, y de ahí el cine.

Cito unos párrafos del texto que Roger escribió como introducción para el catálogo, que es la manera más directa de echar un vistazo previo a una programación que desconozco. Dice:

"Llevar adelante una muestra de cine como ésta, en el contexto social y económico en que vivimos, es una proeza. ¿Cómo prever los efectos de una inestable economía analizada por los artífices de las reglas del juego como si fuesen tormentas?

"Desde que asumí pasaron dos huracanes, siguiendo esa infantil modalidad explicativa que insiste en la naturalización de la vida pública. En efecto, en menos de dos meses, de abril a junio, el presupuesto era casi la mitad. No soy yo el que se ocupa de financiar el festival, pero, ¿cómo desestimar estas situaciones que tienen efectos deletéreos sobre la vida de hombres y mujeres que muy probablemente no pueden siquiera desear venir a esta muestra de cine? El capital no es una variable que un festival o una muestra de cine se pueda dar el permiso de excluir como tema de interrogación. El dinero es la eterna falta de la cinefilia.

"Desde el primer llamado para invitarme a sustituir al querido y admirado Luciano Monteagudo, pensé que la retrospectiva de Travis Wilkerson era definitivamente necesaria. La presencia de cineastas verdaderamente radicales en el universo simbólico de nuestros festivales viene atenuándose a medida que pasan los años. Una cinefilia sin rabia se ha instituido. Se ve cine para olvidar o simplemente mirar para otro lado y así sentirse en un microscópico refugio frente a los males de la vida cotidiana.

"A mi juicio, el cine de Wilkerson tiene lo mejor de la cinefilia: un deseo de conocer y, con él, otro deseo, ya no del todo propio del cine: el de transformar. Personalmente, quisiera que tuviéramos más cineastas como él entre nosotros, jóvenes (o veteranos) dispuestos a filmar las contradicciones de nuestra sociedad y las historias periféricas en las que se observan con mayor clarividencia los núcleos traumáticos que detienen a una nación en su progreso. La retrospectiva del director estadounidense cobija un deseo personal: que la inteligencia y la indignación de su cine contagien a sus coetáneos vernáculos. 

"Una muestra ceñida al documental, sin embargo, no significa que su misión esté subordinada exclusivamente a un cine de naturaleza política. No quiero vindicar la cantinela de que “todo cine es político”. Entiendo muy bien qué se quiere señalar bajo esa descripción; un film contemplativo, si permite despegar la percepción de la constante incitación del lenguaje publicitario, puede ser político. ¿Quién podría objetar que una película de Gustavo Fontán no lo es? Dicho esto, la elección de este año ha sido concebida dialécticamente. Es por eso que se buscó mantener un equilibrio preciso entre lo explícitamente político y otro orden de la experiencia humana que, sin dejar de ser político, se desvía a otras zonas de experiencia. En otras palabras, en esta edición se podrá saber algo más del capitalismo estadounidense, del Mayo francés y de la situación política del Congo y, al mismo tiempo, no faltarán las películas que celebran la amistad, indagan sobre la soledad y elogian el conocimiento.

"Si he de considerar las poéticas presentes en la programación, diré que todas las concepciones del documental están presentes, incluso hay algún que otro título que es inabordable para las ya canónicas categorías de Bill Nichols. ¿Qué diablos es Segunda vez, de Dora García? Que haya sido el film ganador de FidMarseille, el festival más radical dedicado a los documentales, constituye un signo epocal del cine.

"A ese tiempo presente lo hemos intentado descifrar y glosar en cada título que tenemos en la programación. De esto se desprende una forma de composición de la programación que siempre es un símil del montaje de un film. En vez de planos, el programador asocia películas; el resultado es una suerte de conjetura general sobre qué es el cine a partir de esas películas elegidas.

"Esto último explica en parte la ausencia de una competencia. Al no tener una competencia, no hay una zona más o menos privilegiada. La idea es que cada film pueda ser centro y periferia de la muestra; eso permite conjurar una cierta tendencia en los festivales: programar películas que simplemente ocupen un espacio ausente. Nosotros no tenemos películas de relleno, una categoría aviesa que viene consolidándose año tras año. Tenemos las que hemos querido porque en ellas creemos".


Y listo por ahora. Es hora de dormir.

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