jueves, 19 de diciembre de 2019

Y en otra obscuridad o en la misma, otro, imaginándolo todo para hacerse compañía

Alejandro Rubio en La otra.-radio, para escuchar acá 


Hacer radio las medianoches de los domingos (al lunes). Desde 2006. Empezamos en otra radio y en 2016 decidí cambiar de emisora, no de horario. Estar en Radio Gráfica, bien al sur del sur, en ese horario límite que muchos piensan que no elegí. Es lindo el estudio de la radio y puedo decir que es ese espacio el que nos dicta el programa, los tonos, los temas, los toques. La etapa anterior fue un borrador del programa que logramos hacer desde que estamos en Barracas. Desde 2006 pasó mucha gente, amplio rango. Vinieron a hacer música, a discutir, a conversar en voz baja, a levantar la voz, a contar la vida, a odiarnos, a reírse, a exponer sus hipótesis y vaticinios, hablaban de sí y de la época. Las noches de escrutinio, las tormentas. Cientos de invitados, decenas de integrantes de un equipo que fue mutando con los años. La música, el corazón de La otra: si hago este programa es para poner las canciones.

Creo que empezó a salir el programa que a mí me gusta hacer tanto como escuchar solo desde que estamos en Gráfica. Hora límite, zona límite, esa parte de la ciudad por la que muchos nunca llegan. Algo extremista hace a La otra. Las primeras semanas pensábamos que había que pautar cada cuarto de hora en una hoja. El tercer o cuarto domingo se nos fue de las manos. Ahí aceptamos que el error dicta la verdad del programa, una voluntad que no manejamos y nos aviva.

Cuando lo estamos haciendo siempre pienso en un solo oyente, boca arriba en la oscuridad.

La otra.-radio no sería lo que es si no contuviera también las intervenciones que en el último tramo de 2019 tuvo el poeta Alejandro Rubio. Cuando entra al estudio no sabemos qué va a pasar. Cuando busca una idea en el vacío o abre un libro que trajo puede venir un silencio largo que a los códigos radiales le hacen ruido. Cruza ideas que encontró en una teoría de la novela de Lukács György hace un siglo con la lectura de un párrafo de una novela de Beckett del 79. Corrientes alternas. Tose, gruñe, atropella las frases o las tajea. De golpe acelera o pone punto aparte a su parte y se retira. Está obsesionado por la escritura pero no sé si sabe que agrega a la radio algo sin lo que la radio sería más lisa. Puedo transcribir unos tramos, pero la verdad mejor escucharlo.


"Vamos a pegar un salto ya que hoy, -decía- después de este gran estado de nerviosismo histórico y político, cuando se habla de una marcha de las organizaciones del campo, entre comillas, porque aparentemente el campo no quiere tirarle nada a los pobres, no estamos para hablar de civilizaciones integradas. Hoy venía pensando que hablemos un poco de civilizaciones no integradas. De la nuestra. De las civilizaciones donde no todo se reparte homogéneamente sobre una superficie lisa, que cualquiera puede ir iluminando parejamente mediante su vista, su andar, el afinamiento de su inteligencia. Esta es una civilización que está sobre un fondo, en cierta verticalidad extraña, tratando de ascender, de avanzar o de hundirse. Estamos en un momento político dramático, ¿sí?, ¿Estamos todos de acuerdo en eso? Acá y en toda Latinoamérica. En Bolivia, en Chile. En Brasil, en Perú, en Ecuador, en todos lados estamos en un momento dramático. La literatura tiene algo que decir de eso. Esa es la opinión de todos los que piensan que la literatura es, como decía un gran alemán, judío, no comunista pero fuertemente antinazi, antiautoritario, fuertemente comprometido con el valor de la literatura, llamado Erich Auerbach, aaaahh... ¿Cómo decir en pocas palabras lo que decía Auerbach en ese gran libro llamado Mímesis, una historia de la literatura occidental desde los griegos y el Antiguo Testamento hasta Virginia Woolf? ¿Cómo decir en pocas palabras eso? Podríamos decir que Auerbach lee la novela, especialmente la novela realista, en clave política. Lee también un hecho histórico menor, casual, anecdótico, escrito por el aristócrata romano Tácito acerca de la rebelión de la soldadesca, y también lee la triple negación de San Pedro, tres veces antes de que cante el gallo, lee todo eso como nuestra humanidad. No la humanidad de los egipcios, no la humanidad de Aristóteles, no la humanidad de los chinos, no la humanidad de otros: la humanidad de los occidentales. El mundo de los occidentales, los que estamos acá sentados, los occidentales. Para este mundo la literatura tiene valor, para los otros no.

"Tiene el valor fundamental -decía- de: mostrar la vida, minuto a minuto, segundo a segundo, año por año, mes por mes, en todas sus capas, de manera acabada y total. Desde un punto de vista individual, colectivo, fragmentado, integrado, discutido, no discutido, debatido, lo que sea, en todos los ángulos y de todas las formas. Ese es el valor de la literatura. Eso lo dice Auerbach, por eso alguna gente sigue haciéndose escritor, escritora o escritore, y no intelectual, y no cinéfilo, y no nada, sino escritor. Y por eso la literatura existe".


Samuel Beckett: Compañía

Una voz llega a alguien en la obscuridad. Imaginar.

A alguien boca arriba en la obscuridad. Lo nota por la presión en la espalda y los cambios de la obscuridad, cuando cierra los ojos y de nuevo cuando los abre. Sólo se puede verificar una ínfima parte de lo dicho. Como, por ejemplo, cuando oye: "Estás boca arriba en la obscuridad". Entonces ha de admitir la verdad de lo dicho. Pero la mayor parte, con mucho de lo dicho no se puede verificar. Como, por ejemplo, cuando oye: "Viste la luz por primera vez tal y cual día y ahora estás boca arriba en la obscuridad". Estratagema, tal vez, destinada a hacer recaer sobre lo primero la irrefutabilidad de lo segundo. Tal es, pues, la proposición. A alguien boca arriba en la obscuridad una voz habla de un pasado. Con alusiones ocasionales a un presente y, con menor frecuencia, a un futuro, como, por ejemplo: "Acabarás tal como estás ahora". Y en otra obscuridad o en la misma, otro, imaginándolo todo para hacerse compañía. Déjalo rápido.

La columna literaria de Alejandro Rubio en La otra se descarga acá. Y al final, una canción de Regina Spektor.

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