sábado, 22 de agosto de 2020

Llinás, Wolf, la Dra Pignatta y la macrización del BAFICI

DEGENERACIONES


ABRIL DE 2010: Wolf agradeció primero a Lombardi la realización del encuentro y aseguró luego que esta edición del Bafici, la tercera bajo su dirección, propone "un festival muy político, de mucho riesgo y mucha discusión".

¿Alguien mas que yo se acuerda de que Sergio Wolf abrió el Bafici 2010 diciendo que ese año el festival iba a ser más político que nunca? Abría Secuestro y muerte (Filipelli/Llinás) y cerraba Los condenados (Isaki Lacuesta), dos bodriazos que anticipaban el relato macrista.

¿Alguien se acuerda de Secuestro y muerte y de Los condenados? ¿Queda algún espectador para esos engendros?


Cuando se escriba la historia del Bafici y la larga agonía del "NCA", cuando se hable del tardomodernismo derechista porteño y la reivindicación de la Fusiladora, hay que reservar un lugar especial para Sergio Wolf, aunque nadie se acuerde de su gestión en el Bafici ni de los bodrios que programó. Secuestro y muerte, una elegía para Aramburu escrita por Sarlo, Filipelli, Oubiña y Llinás. Los condenados, un disparate firmado por el catalán Isaki Lacuesta sobre la guerrilla argentina desde una óptica eurocon. ¿Alguien se anima a verlas? Wolf las eligió como apertura y cierre del Bafici 2010 y esa es una de sus máximas contribuciones a la decadencia del festival y un gesto de obsecuencia hacia su mandante, la Dra. Alcira Pignata. Por supuesto, hoy Wolf debe trabajar para arrancar esa foja de su CV.


Llinás, Filipelli, Sarlo, Oubiña, Wolf, Lacuesta son los auténticos protonarradores del fallido relato del republicanismo macrista. Sebreli, Pando, Avelluto, Lopérfido, Quintín asistían a esas galas inolvidables de las que nadie parece acordarse salvo yo. Son los que prepararon la noche persecutoria del macrismo y hoy existen muchos auténticos bienintencionados que quieren debatir democráticamente con los iniciadores del relato que inició la persecución, debatir como si esta página fundante del macrismo no hubiera sucedido y sus responsables ideológicos no hubieran dejado todas sus huellas digitales. ¿Cómo debatir de apertura estética y libertad formal con colaboracionistas como Llinás y Wolf? ¿Cómo simular que no lo fueron y armar con ellos veladas danzantes vestidas de seda?

No hay que olvidarse porque todos estos monigotes siguen dando lecciones de probidad estética y civismo: Wolf, Filipelli, Oubiña, Sarlo, Llinás, que hace 10 años empezaban a releer la historia argentina homenajeando al fusilador Aramburu transvistiéndolo en un protoAlfonsín.

Hoy todavía pueden leer a Wolf en el blog de Llinás y Filipelli pedagogizando sobre generosidad, linajes, camaraderías y apertura estética. Apuestan a nuestra mala memoria, para que olvidemos lo que hicieron. Pero en algún lado tiene que quedar escrito lo que hicieron. No todo es tertulia la de los ojos abiertos.


En ese mismo momento, 2010, yo se lo dije a Wolf, salía de ver ese disparate derechista que dirigió Lacuesta, me crucé con Wolf en el patio del Abasto, entonces director del festival, y no me dio para felicitarlo, era la función de cierre, y le pregunté cómo había elegido películas tan malas para abrir  y cerrar un festival que aún conservaba un aura que él empezó a demoler.

Me acuerdo de las palabras de Wolf cuando le manifesté lo malas que eran esas películas: "Estoy cansado de que el cine idealice a la militancia de los 70", me dijo Wolf.  No se lo digo a Wolf ahora , cuando el macrismo devino terraplanismo y él quiere limpiar su legajo de oscuro burócrata macrista, se lo dije cuando estaba en la cresta de la ola, empezando a reescribir la historia argentina desde la figura patriarcal del republicano General Aramburu. En los pasillos se pavoneaba Avelluto, chocho de asistir al rescate de su golpe de estado favorito.


2010, año del bicentenario. El huevo de la serpiente anidaba en el glamoroso Bafici. Después llegó el talibán Panozzo y terminó de romper lo poco de bueno que quedaba de ese festival. Hay que reconocer que las películas con las que Wolf editorializaba el Bafici eran bodrios que, al lado de los mamarrachos de Carolina Azzi y Pablo Racioppi que programó después Panozzo, El Olimpo vacío y El diálogo, parecían todavía cine. Malo, pero aún cine.






Todavía en su blog, Llinás y Wolf se jactan de haber sotenido la resistencia modernista del linaje de Hugo Santiago y Fischerman. Pero esta camarilla fue destruyendo con elegante impostación un festival que había empezado muy bien. Hasta morir con la lechuza de Porta Fouz y Lopérfido. Llinás ahora quiere escribir su "historia desobediente" pero alguien tendrá que recordarle cuando era parte del staff que canonizaba a Aramburu en ese antro de la retromodernidad en que convirtieron el Bafici. Porque claro, ellos no hacen política, hacen pop.


Esa historia estaría incompleta si no se cuenta que usaron a un senil Hugo Santiago para hacerle filmar una versión recocida de Castro. El pobre Santiago ya no contaba con Borges, Bioy ni Aranovich. Llinás y Moguillansky le hicieron hacer un papelón vampirizando su venerable Invasión, llevándola al terreno de El Pampero. La autobiografía que está escribiendo Llinás sobre su generación debería incluir un capítulo para desagraviar a Hugo Santiago, del que se apropió en su ocaso. Conveniente apertura del Bafici 2015.



Seguro que, en la autobiografía generacional que intentan reescribir Llinás y Wolf, los capítulos protomacristas van a ser elididos. Wolf ya empezó a usar el recuerdo de Alfonsín para borrar su perfume de burócrata del gobierno del Cardenal Newman, un Alfonsín al que no puede rescatar sin adulterar, cosa en la que Wolf se especializa.


Por eso es fundamental recordarlos: Secuestro y muerte, Los condenados, El olimpo vacío, El diálogo, Avelluto, Lopérfido, Sebreli. Recordar que Wolf dejó afuera del Bafici Tierra de los Padres de Nicolás Prividera y encontró una jauría de críticos españoles y argentinos dispuestos a denigrar la película. ¿Se puede debatir con los terraplanistas?

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