jueves, 15 de noviembre de 2018

Festival de Mar del Plata 8: Infinite Football (Corneliu Porumboiu)


por Erica Vainscheinker

El protagonista de este particular documental sufre una lesión en su pierna jugando un partido de fútbol y a partir de ese momento comienza a idear una nueva forma de juego con reglas y divisiones de la cancha bastante estrafalarias. En tono de comedia el director entrevista al protagonista, que va cambiando las reglas del juego a medida que atraviesa diferentes cambios, posibilidades y desafíos en su vida. Si bien tiene un cotidiano mediocre como empleado público, se refugia en la comparación con superhéroes como Spider Man o Superman, que tienen una doble vida: perdedores y héroes. A cada fracaso, le responde con perseverancia. Como se fractura la pierna en dos oportunidades, reflexiona y, si bien en un principio lo atribuye a un castigo divino, luego investiga y se da cuenta que no se trata de eso sino todo lo contrario: una oportunidad para alcanzar el conocimiento. Para ver, como en la alegoría de la caverna de Platón, dice, hay que pasar por un proceso. Es muy interesante que todo este monólogo esté montado sobre una imagen extremadamente lenta mientras recorre una autopista, pero el monólogo es intenso y rápido. Así nos permite el director verdaderamente concentrarnos en las palabras. Los títulos del final son dibujos animados selváticos y suena la canción "La Peregrinación" de Ariel Ramírez. Si una peregrinación, significa que hay una búsqueda, un ir hacia, como dijo mi madre a la salida del cine. El protagonista no pierde nunca la fe, camina kilómetros aún con la pierna rota y llega a tiempo para año nuevo: momento de renovación.

Corneli Porumboiu es uno de los autores más creativos del muy buen cine rumano. En pocos años fue generando una de las filmografías más sólidas, con una notable vocación para explorar las posibilidades de las formas cinematográficas en películas tan diversas y logradas como Cae la noche en Bucarest, Policía adjetivo o El tesoro. Incluso había incursionado en el tema del fútbol -es hijo de un referí- en ese curioso experimento titulado The second game, que acá se vio en el BAFICI.

Festival de Mar del Plata 7 : Yara (Abbas Fahdel)


por Erica Vainscheinker

Un paisaje agreste, incontaminado y bello en el Líbano es el escenario donde sucede esta hermosa historia de amor, un amor de primavera que anda dando vueltas. Personajes cuya naturalidad los transforma en personas, que guardan una relación de reciprocidad con el entorno, tan cercana que más que entorno parecen tener la naturaleza dentro suyo. Una joven y su abuela viven una vida simple que se ve movilizada por la llegada de un joven. Se enamoran instantáneamente. Hablan poco y se seducen mucho: miradas, juegos físicos, risas. La abuela de la joven la espera en la casa, mientras Yara se pierde con su amor por ahí cada día un poquito más. Un amor que así como llegó se irá. Y ella quedará en su lugar de vida simple, con sus animales y su abuela, igual pero tan distinta.

Yara, la nueva película del realizador del excepcional documental Homeland (Iraq year zero, 2015) es por el momento mi número uno del Festival.

Nota: Me llamó la atención la cantidad de personas que se fueron de la sala. Creo que quizás el ritmo de la vida de los celulares, lo rápido o lo instantáneo contrasta demasiado con la cadencia de la vida en las montañas y en el bosque. La gente se revolvía como loca en sus asientos, hablaban o se iban. "Un poco lenta", dijo una señora por ahí al salir. Será que no hay tiempo para dejar que el tiempo pase.

miércoles, 14 de noviembre de 2018

Mar del Plata 6: Corsario (Perrone)


por Oscar Cuervo

¿Cuándo, dónde transcurre Corsario, la más reciente película de Raúl Perrone? Por la textura de su imagen de baja resolución y foco imposible, parece tratarse de la copia de una copia de algún registro fílmico de un soporte no profesional tomado durante los años 60, con la fragilidad que tienen los materiales en proceso de corrosión. Como sucedía en el epílogo de P3ND3JO5 y en Ragazzi, aparece la referencia de Pier Paolo Pasolini, esta vez icónica, aunque nunca se lo mencione así. Camina por las calles de un suburbio y se detiene a observar y capturar con su cámarita a sus ragazzi di vita. Se les acerca, conversa, camina, fuma o toma con ellos, se retira con alguno a un descampado o a una obra en construcción. La rusticidad de la imagen produce una vibración emociotiva para un ojo habituado a la imperiosa nitidez del digital.

Pero Corsario no es una simulación paródica de los 60. Los espacios que recorremos son los de Ituzaingó, según elocuentes marcas callejeras, grafitis y pizarras de kioscos del conurbano. No es un suburbio romano. Lxs chicxs a lxs que el Pasolini icónico mira con amor y deseo (ágape y eros) lucen un estilo actual: tienen piercings, van en skate, ostentan con orgullo queer una androginia típica de hoy que Pasolini no debe haber imaginado. Primera distancia entonces con el espectro invocado -ya por tercera vez en los últimos films por Perrone- del poeta corsario.


Entonces: ¿Roma o Ituzaingó?

Corsario tiene un prólogo que instaura esta vacilación y la deja en suspenso. Con una textura diferente del resto de la película, con el filo cortante del digital, los primeros minutos bailan con la cadencia áspera de la voz del asistente de Pasolini -¡vuelven las voces naturalistas al cine de Perrone!-, encarnado con mesura por Alejandro Ricagno, también él un ícono de la cinefilia porteña, poeta, ensayista y actor de filiación pasoliniana. ¿Quién si no Ricagno podría oficiar de mediador del friulano en su arrime a la juventud bonaerense? Hasta quienes nunca se hayan cruzado con Ricagno podrán sentir en el grano de su voz, en su acento de calle Corrientes, en su pelambre seca y en los pliegues de su cara las marcas de la historia que corre desde el momento en que Perrone empezó a filmar hasta hoy, cuando el fantasma de Pasolini lo visita. Este prólogo transcurre durante un casting al que el venido asiste silencioso o solo habla al oído del asistente. Lo chicxs que se presentan leen con la dificultad de una escuela pública complicada algunos versos de Dylan Thomas. Las indicaciones de Ricagno apuntan a la busca de una fotogenia o una gracia en los desplazamientos que se sobreponga a los tropiezos de dicción. Lxs chicxs encarnan el registro estrictamente documental de Corsario.


En Corsario hay desajustes cronológicos que desalientan una determinación unívoca del tiempo histórico y disparan flechas inciertas, como si viéramos el presente a través de un prisma que nos aleja de él, como la subjetiva de un viajero distante. O como si el alma errante de Pasolini viniera a buscar a los chicos del siglo xxi argentino como objeto de su mirada deseosa. La voz que acompaña el paseo por la tarde de Ituzaingó ya no proviene del espacio intradiegético, otra vez se fuga hacia un espacio lírico y pronuncia en italiano el amor (eros) a los muchachos:

Mis amantes no pertenecen a las clases ricas,
son obreros de barrio o peones de campo;
nada afectados, sus quince o sus veinte años
traslucen a menudo fuerza brutal y tosquedad.
Me gusta verlos en ropa de trabajo, delantal o camisa.
No huelen a rosas, pero florecen de salud
pura y simple. Torpes de movimientos, caminan sin embargo
de prisa, con juvenil y grave elasticidad. (...)

Podrían ser versos de Pasolini pero no: se trata de un poeta maldito que antes había profesado el amor por los muchachos. Pasolini es hablado por Verlaine. Para abrir el rango de referencias, entre el paseo conurbano en blanco y negro desenfocado se intercalan planos de derroche cromático, flores que parecen enviarnos al fin de Expiación, exhalar el aroma embriagador de la juventud o quizás simplemente te regalen una ofrenda fúnebre. Como si Pasolini hubiera llegado acá a hacer una remake de Caravaggio, otro que amaba a los muchachos e iba por suburbios peligrosos en los que encontró su muerte violenta, lxs chicxs posan en medio de tableaux vivants renacentistas. ¿Demarcan Pasolini, Verlaine y Caravaggio el volumen de un cono temporal en alguno de cuyos puntos busca situarse la mirada de Perrone? ¿Cómo filmar con nitidez desde distancias focales tan escurridizas? El desenfoque es precisamente la clave productiva de Corsario, el recurso con que el autor se para de manos ante la prepotencia de la nitidez en la era digital. Como diciendo: estas máquinas nos ofrecen imágenes tan nítidas que no nos dejan ver.


La forma es sencilla en extremo y solo en la indeterminabilidad de situación de su mirada crece el enigma. La película lleva como subtítulo "Un poema de Perrone" y su juego de repeticiones y rimas y su austeridad narrativa nos invitan a recorrerla como un poema visual. Cine de poesía, en el léxico pasoliniano. Son pocos los cineastas que pueden transmitir emoción solo con la vibración de una imagen en vías de extinguirse, con la fragilidad y las resonancias que invoca. Esa fragilidad alcanza momentos de tensión erótica apenas con el balanceo de un alambrado o el roce de unas manos.


Perrone se mueve contra la corriente de la nitidez digital: Corsario guarda una rusticidad figurativa que es su forma de ser extemporáneo. Según pude enterarme, la más frágil de las texturas visuales con las que jugó en toda su filmografía resulta del uso de una cámara estenopeica. No voy a extenderme sobre acotaciones técnicas que no domino y cualquiera puede buscar en google. La palabra habla de una apertura estrecha: ὀπή quiere decir agujero y στένω significa estrecho. Esta angostura renuncia a una profundidad de campo aceptable según los hábitos de mirada actuales. La cámara estenopeica nos arroja brutamente hacia atrás, a la prehistoria del cine: Aristóteles y Euclides ya hablaban del agujero estrecho por el que entra la luz a una cámara oscura hace casi 2500 años. Este es el gesto técnico-político al que Perrone apela en la era de la nitidez. Recibo un manuscrito suyo explicando el por qué:


Corsario apela a la técnica de registro de imágenes más primitiva que hasta ahora haya usado. En su simplicidad esquiva, es una de sus obras maestras.

Mar del Plata 5: Feliz año nuevo, Colin Burstead


por Erica Vainscheinker

Varios de los cines del festival son bastante viejos e incómodos, especialmente el Ambassador. Horrible. La organización también es mala. Una hora antes de la función la gente ya se pone en la fila. Muchos se van colando después y se hacen los sotas, no hay alguien que organice. Si les preguntás, se desentienden... También encontré que toda la ciudad quedó muy vieja, no hay mucha inversión parece. Me encanta el mar y siempre me había gustado Mar del Plata, pero ahora pienso que debe ser más por un recuerdo de la infancia, cuando todo me parecía lindo y feliz.

Happy new year, Colin Burstead (Ben Wheatley, Gran Bretaña, 2018): La idea de hacer esta película se le ocurrió al director a partir de la obra Coriolano de Shakespeare, sólo que en lugar de ejércitos hay tíos, hermanos, madres y padres. Mientras que en la obra un general romano al ser desterrado intenta arrasar con Roma pero su madre lo convence de no hacerlo, en la película el Colin del título es un padre de familia que organiza una fiesta familiar de fin de año para hacer feliz a su madre. La estética del film es fragmentaria, ninguna escena se termina de completar, ya que es siempre interrumpida por alguna otra situación de las que se suceden en el castillo que han alquilado para el festejo. La madre es la figura central por la que parecen debatirse los hermanos. Las familias a veces tienen esos quilombos de celos y rencores. Ben Wheatley nos lo presenta con cortes frenéticos y abruptos que muestran a las claras la mala conexión entre ellos.Y entonces, ¿qué nos une a nuestras familias?

Proyecto Bjork

La otra.-radio, para escuchar clickeando acá 


La música de Bjork mereció ya muchos especiales en La otra.-radio, varios de ellos programados por nuestro especialista en asuntos delicados, Cristian Bonomo. Es el caso de nuestra última emisión. Bjork siempre vuelve de la mano de Bonomo: su escucha atenta encuentra cada vez nuevos matices para destacar en la música de la cantante y compositora islandesa. Desde una sensibilidad pop en expansión, ella siempre está explorando posibilidades inusuales de la estructura cancionística; el tratamiento sonoro; la combinación entre lo orgánico y lo digital -con un resultado verdaderamente cyborg-; el rol peculiar de su voz, con esa pronunciación tan propia que, cantando en inglés, conserva los rastros guturales de las duras consonantes de su lengua natal, que les confieren a las palabras cantadas un énfasis misterioso; y su cruces continuos entre la música popular y la académica.

El año pasado se publicó 34 Scores For Piano, Organ, Harpsichord And Celeste, un libro con partituras de canciones de todos los discos de Bjork, con la excepción de Biophilia. Las partituras publicadas no son una transcripción literal de lo que suena en las versiones editadas en los discos, sino adaptaciones hechas por ella y su tecladista Jonas Sen, reescritas para una formación de voz, piano, órgano, clave y celesta. Esta publicación funcionó como un estímulo para el músico y melómano Bonomo, que desde hace mucho tiene una pata en el rock y la otra en la música académica. Ya está en marcha un proyecto que dentro de un tiempo hará sonar estas versiones escritas y hasta ahora nunca grabadas, interpretadas por cantantes femeninas e instrumentistas argentinos. De alguna manera, el programa del domingo es la señal de largada de este proyecto.

Lo que conversamos, las canciones y las características del proyecto lo pueden escuchar clickeando acá.

Mar del Plata 4: Una tierra imaginada (Yeo Siew Hua)


por Erica Vainscheinker

A land imagined, del realizador Yeo Siew Hua, muestra historias de inmigrantes explotados en Singapur: chinos, indios, malayos a quienes sus jefes les retienen los pasaportes. Un joven sufre un accidente laboral y se quiebra un brazo. A partir de ese momento, la narración pierde un poco su hilo cronológico o establece otro tiempo en el que la realidad y el sueño se introducen una dentro del otro y van perdiendo sus límites. Puede que sea una evasión de la dura vida obrera. Ese lugar mágico donde se desdibujan los límites es una suerte de cyber-café con luces de neón, esa marca tan reconocible en muchas películas orientales. Ahí parece asomar una historia de amor, ahí parecen encontarse y coincidir en un sueño dos que nunca se han visto en la vigilia. 

Hace pocas semanas un jurado presidido por Jia Zhang-ke, e integrado por Sean Baker, Tizza Covi, Emmanuel Carrère e Isabella Ragonese premió a esta película muy libre del singapurense Yeo Siew Hua que competía con las últimas de Hong Sang-soo, Dominga Sotomayor, Radu Muntean, Mariano Llinás y Abbas Fahdel, entre otros.

A land imagined es un film que produce un alto grado de extrañamiento: esto se hace evidente en la escena del baile, que parece un exorcismo. Alguien afirma que el hombre le ha ganado metros al mar y otro cuestiona si es posible que sea el hombre el que le de forma al mundo. ¿Hasta qué punto será posible?