jueves 7 de enero de 2010

Cat & the moon



La luna no sólo es hermosa
Está tan lejos
La luna no sólo es fría como el hielo
Está acá para quedarse

Cuando me recueste
¿Estarás todavía por acá?
Cuando me pongan bajo tierra
¿seguirás por acá,
tan malo y hermoso como siempre?

Todos dicen que te conocen
Mejor que vos sabés quién
Todos dicen que son tus dueños
Más que vos mismo

Cuando me recueste
¿Estarás todavía por acá?
Cuando te pongan bajo tierra
¿seguirá la luna por acá,
tan mala y hermosa como siempre?

Porque la luna no sólo es hermosa
Está tan lejos
La luna no sólo es fría como el hielo
Está acá para quedarse

Todos dicen que te conocen
Mejor que vos sabés quién
Todos dicen que son tus dueños
Más que vos mismo.


(Cat Power, "The moon", del álbum The Greatest, 2006. Traducción: Maite Vecchio Veselý)



"Estación The Greatest (2006). Primer disco que se editó en la Argentina. Aquí se larga, ahora sí de lleno y de manera más refinada, la compositora que había dentro suyo. El disco es fructuoso en letras intimistas que invitan a sentarse en un bar a escuchar cómo balbucea sus desamores, acompañada de algunos decanos del blues: entran unos violines y vientos que le dan un clima soul. «Todas las canciones que escribo son fruto del flujo de la conciencia, como si estuviese conversando con alguien», definió ella misma el proceso de trabajo de sus letras. (...) Vive una especie de resurrección por medio de la sobriedad que, dice, la ayuda a establecer nuevos vínculos y reordenar su banda. Es por este motivo que esta niña terrible siempre mantuvo cierta reticencia para con sus primeros discos: «más allá de algunas canciones, esos discos me parecen menores», y se ocupa de dejar bien claro en cada entrevista, que considera a The greatest como su primer obra...". (Fragmento de la nota "Cat Power: Travesía felina" de Eduardo D. Benítez, aparecida en el número 22 de revista La otra).

miércoles 6 de enero de 2010

Clásico de clásicos

Hoy a la medianoche en Antojo
FM La Tribu // 88.7 // www.fmlatribu.com


Sócrates y Alcibíades

- A Sócrates, señores -dijo Alcibíades-, yo intentaré elogiarlo de la siguiente manera:

(...) Eres un lujurioso ¿O no? Si no estás de acuerdo, presentaré testigos. Pero, ¿qué no eres flautista? Por supuesto, y mucho más extraordinario que Marsias. Éste, en efecto, encantaba a los hombres mediante instrumentos con el poder de su boca y aún hoy encanta al que interprete con la flauta sus melodías. En todo caso, sus melodías, ya las interprete un buen flautista o una flautista mediocre, son las únicas que hacen que uno quede poseso y revelan, por ser divinas, quiénes necesitan de los Dioses y de los ritos de iniciación.

Más tú te diferencias de él sólo en que sin instrumentos, con tus meras palabras, haces lo mismo. De hecho, cuando nosotros oímos a algún otro, aunque sea muy buen orador, pronunciar otros discursos, a ninguno nos importa, por así decir, nada. Pero cuando se te oye a ti o a otro pronunciando tus palabras, aunque sea muy torpe el que las pronuncie, ya se trate de mujer, hombre o joven quien las escucha, quedamos pasmados y posesos. Yo, al menos, señores, si no fuera porque iba a parecer que estoy totalmente borracho, les diría bajo juramento qué impresiones me han causado personalmente sus palabras y todavía ahora me causan. Cuando lo escucho, mi corazón palpita mucho más que el de los poseídos por la música de los coribantes, las lágrimas se me caen por culpa de sus palabras y veo que también a otros muchos les ocurre lo mismo.

En cambio, al oír a Pericles y a otros buenos oradores, si bien pensaba que hablaban elocuentemente, no me ocurría, sin embargo, nada semejante, ni se alborotaba mi alma, ni se irritaba en la idea de que vivía como esclavo, mientras que por culpa del aquí presente, muchas veces me he encontrado en un estado tal que me parecía que no valía la pena vivir en las condiciones en que estoy. Y esto, Sócrates, no dirás que no es verdad. (...) A la fuerza, pues, me tapo los oídos y salgo huyendo de él como de las sirenas, para no envejecer sentado aquí a su lado.

(...) Ven, en efecto, que Sócrates está en disposición amorosa con los jóvenes bellos, que siempre está en torno suyo y se queda extasiado y que, por otra parte, ignora todo y nada sabe, al menos por su apariencia. ¿No es esto propio de Sileno? Totalmente, pues de ello está revestido por fuera, como un Sileno esculpido, mas por dentro, una vez abierto, ¿de cuántas templanzas, compañeros de bebida, crees que está lleno? Sepan que no le importa nada si alguien es bello, sino que lo desprecia como ninguno podría imaginar, ni si es rico, ni si tiene algún otro privilegio de los celebrados por la multitud, por el contrario, considera, que todas estas posesiones no valen nada y que nosotros no somos nada, se los aseguro. Pasa toda su vida ironizando y bromeando con la gente; mas cuando se pone serio y se abre, no sé si alguno ha visto las imágenes de su interior.

Yo, sin embargo, las he visto ya una vez y me parecieron que eran tan divinas y doradas, tan extremadamente bellas y admirables, que tenía que hacer sin más lo que Sócrates mandara. Y creyendo que estaba seriamente interesado por mi belleza pensé que era un encuentro feliz y que mi buena suerte era extraordinaria, en la idea de que me era posible, si complacía a Sócrates, oír todo cuanto él sabía. ¡Cuán tremendamente orgulloso, en efecto, estaba yo de mi belleza!

Reflexionando, pues, sobre esto, aunque hasta entonces no solía estar solo con él sin acompañante, en esta ocasión, sin embargo, lo despedí y me quedé solo en su compañía. Preciso es ante ustedes decir toda la verdad, así, pues, presten atención y, si miento, Sócrates, refútame. Me quedé, en efecto, señores, a solas con él y creí que al punto iba a decirme las cosas que en la soledad un amante diría a su amado; y estaba contento. Pero no sucedió absolutamente nada de esto, sino que tras dialogar conmigo como solía y pasar el día en mi compañía, se fue y me dejó. (Fragmento del discurso de Alcibíades sobre Sócrates en El Banquete).
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[En el Fedón, Platón narra los últimos momentos de la vida de Sócrates, quien ha sido condenado a muerte. La condena se posterga por un tiempo porque la ciudad de Atenas está consagrada a la celebración de Apolo, durante la que no se puede ejecutar a ninguna persona. Mientras espera con serenidad, Sócrates habla con sus discípulos acerca de la inmortalidad del alma y dice que está componiendo música:]

Con mucha frecuencia en el transcurso de mi vida se me había repetido en sueños la misma visión, que, aunque se mostraba cada vez con distinta apariencia, siempre decía lo mismo: ¡Oh Sócrates, trabaja en componer música! Yo, hasta ahora, entendí que me exhortaba y animaba a hacer precisamente lo que venía haciendo, y que al igual que los que animan a los corredores, ordenábame el ensueño ocuparme de lo que me ocupaba, es decir, de hacer música, porque tenia yo la idea de que la filosofía, que era de lo que me ocupaba, era la música más excelsa. Pero ahora, después de que se celebró el juicio y la fiesta del dios me impidió morir, estimé que, por si acaso era esta música popular la que me ordenaba el sueño hacer, no debía desobedecerle, sino, al contrario; hacer poesía; pues era para mí más seguro no marcharme de esta vida antes de haber cumplido con este deber religioso, componiendo poemas y obedeciendo al ensueño. Así, pues, hice en primer lugar un poema al dios a quien correspondía la fiesta que se estaba celebrando. Mas después de haber hecho este poema al dios caí en la cuenta de que el poeta, si es que se propone ser poeta, debe tratar en sus poemas mitos v no razonamientos; yo, empero, no era mitólogo, y por ello precisamente entre los mitos que tenía a la mano y me sabía - los de Esopo - de forma poética a los primeros que al azar se me ocurrieron.
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Sócrates, Alcibíades y Nietzsche

Nietzsche ha sospechado malévolamente de los motivos de Sócrates, de su praxis filosófica, de la serena aceptación de la condena a muerte a la que lo sometió la ciudad de Atenas, de la doctrina acerca de la inmortalidad del alma que le eneseña a sus discípulos. Dice Nietzsche en El ocaso de los ídolos:

Sócrates era del más bajo origen. Plebe. También se sabe que era horroroso. La fealdad, que para nosotros es ya una objeción, para los griegos era casi una refutación. Y aún podemos preguntar: ¿era Sócrates griego? La fealdad deriva frecuentemente de un cruce o mestizaje. En otros casos, de la decadencia. Los criminalistas antropólogos nos dicen que el delincuente típico es feo: monstrum in fronte, monstrum in animo. Pero los delincuentes ¿son decadentes? ¿Fue Sócrates el delincuente-tipo? Se refiere a que un extranjero que entendía de rostros, pasando por Atenas, dijo a Sócrates cara a cara que era un monstruo, que albergaba dentro de sí los peores vicios e inclinaciones. Sócrates se limitó a responder: "Me conocéis, señor."

(...) Con Sócrates, el gusto griego se corrompe en favor de la dialéctica; un gusto más noble es vencido: con la dialéctica, la plebe prepondera. Antes de Sócrates, en la buena sociedad se rechazaban los procedimientos dialécticos, considerados como inconvenientes y comprometedores. Se prevenía a la juventud contra ellos. Las cosas honestas, como los hombres honrados, no llevan sus razones tan al alcance de la mano. Es indecente mostrar así los cinco dedos. Las cosas susceptibles de demostración son las de menos valor, precisamente. Cuando la autoridad forma aún parte de las buenas costumbres, donde no se dan "motivos" sino que se ordena, el dialéctico hace el papel de payaso. La gente no lo toma en serio. Sócrates fue el payaso que se hizo tomar en serio: ¿qué es lo que sucedió entonces?

(...) ¿La ironía de Sócrates expresa rebelión o rencor plebeyo? ¿Sacia, en calidad de oprimido, su propia ferocidad con las cuchillas del silogismo? ¿Se venga de los nobles, a quienes fascina? El dialéctico tiene en sus manos un instrumento implacable; con él se puede ejercer la tiranía; se compromete al mismo tiempo que se vence. El dialéctico deja a su adversario el cuidado de probar que no es un idiota; le pone furioso y al mismo tiempo le priva de toda ayuda. El dialéctico despotencializa el intelecto de su adversario. La dialéctica en Sócrates, ¿será sólo una forma de la venganza?

(...) Ya he explicado por qué era Sócrates repulsivo; razón de más para explicar por qué fascinaba. Había descubierto una nueva especie de "agon", de lucha, y fue el primer maestro de esgrima para los círculos distinguidos de Atenas. Fascinó excitando el instinto de lucha de los helenos; aportó una variante en la lucha de la palestra entre hombres jóvenes y adolescentes. Fue también un gran erótico".



La seguimos esta noche en ANTOJO. Una historia de la filosofía en la radio.

martes 5 de enero de 2010

El jueves se estrena La Tigra, Chaco en los cines, pero hoy se estrena en ANTOJO

Hoy a la medianoche en FM La Tribu, www.fmlatribu.com


por oac

Cuando la vi en Mar del Plata, a fines de 2008, escribí: "La que me gustó mucho es La Tigra, Chaco, de Federico Godfrid y Juan Sasiaín. Tiene alma. Es una película pequeña en presupuesto e inmensa en alma". (Uf, los que me criticaron por decir que una canción es "linda", cómo se van a poner al leer esta frase, ya veo venir las hordas de Artes Combinadas...).



Después la vio Willy Villalobos y le encantó. Entonces escribió una nota publicada en el nuevo número de revista La otra.

Más tarde la vieron Eduardo Chinasky y Liliana Piñeiro y también quisieron escribir sobre la película para el blog. Aquí van sendos textos por orden de llegada:




LA HUELLA DEL DESEO
por Eduardo Chinasky

La Tigra, Chaco era para mí un film en fuga. Se me escapó en el vértigo del Bafici * y en alguna otra ocasión. Pero -decía Borges- los libros esperan a sus lectores. Y yo pienso que también las películas esperan a sus espectadores. Ni antes ni después. Agradezco a los misteriosos caminos del azar haberme encontrado con este film sumamente poético.

Un mediodía de sol, apenas un mediodía de sol esplendente donde un camión se recorta en el horizonte. Trae a Esteban (Ezequiel Tronconi), que vuelve a los lugares de su infancia –aquellos veranos que persistirán para siempre en la retina- para ver a su padre, quien ha formado una nueva familia. Al no encontrarlo, se queda en casa de su tía Candelaria (Ana Allende, un hallazgo). También volverá a ver a su amiga o noviecita de la infancia, la Vero (Guadalupe Docampo, rostro magnético), y desde el primer momento se percibe que algo ha quedado pendiente tiempo atrás. O tal vez son otros los ojos que miran. Una estela de deseo queda flotando en cada encuentro de Esteban y Vero, una palabra que se insinúa y nunca será dicha en el perenne relato de una mujer entre dos hombres. Pero la historia de amor es sólo uno de los mantos del film: los detalles aparentemente mínimos son huellas que revelan un mundo natural, casi impoluto, a la vez local y universal, sin tiempo preciso.

¿Quién puede olvidar las siestas de verano en un pueblo, fecundas para el erotismo, generosas en encuentros no tan furtivos? En la hora de la siesta, cuando el sol más castiga –luz que se deshoja-, el mundo se detiene por un momento. En ese instante exacto de la tarde, las palabras sobran y las miradas tienen otra intención. Así, casi sin querer, Esteban y Vero se acercan lentamente uno al otro, en una danza espontánea e instintiva (especialmente en el caso de ella, que no registra completamente todo aquello que le va pasando). Los directores saben qué es el cine, por eso nunca muestran completamente, no subrayan, sólo dibujan esbozos, pero esbozos de una potencia altamente emotiva.

Película de medios tonos, relato sin estallidos (únicamente podemos citar el conato de pelea en la canchita de fútbol), sin picos dramáticos, sólo la atraviesa el aliento de la historia de amor de Vero y Esteban, que entre picardía e inocencia –sus destinos anudados en guirnalda, sin ellos saberlo-, intentan revivir una memoria amorosa compartida. La escena del baile, la carpintería, el fútbol con el hermano, son los momentos más bellos de un film exquisito, pleno de noble poesía.

Infinito te sea: que cada hora superes
En el tiempo que parece eterna
Risa de juventud, dolor
Donde oculto buscaste
El nacer de noche y de día.


Salvatore Quasimodo

Cuando el relato termina, una extraña y secreta alegría entibia el corazón: es que nos sabemos testigos de un pequeño milagro, una rara joya perdurable e inasible a la vez.




BUSCAR EN LA TIGRA
por Liliana Piñeiro

El que busca, encuentra. La ambigüedad de todo refrán hace posible su confirmación. Pero nada se especifica, y es frecuente que el que busque encuentre…otra cosa. Aunque quizá, sólo aparezca como revelación algo que estaba desde siempre, una imagen del pasado que supimos conservar y que se abre paso entre las capas del olvido.

Del derrotero de un viaje hacia el pueblo de la infancia se ocupa con sutileza La Tigra, Chaco, la película que Federico Godfrid y Juan Sasiaín Huertas filmaron en el paisaje chaqueño. ¿Qué busca Esteban, en su peregrinaje desde Buenos Aires? Algo del padre le es desconocido, y pese a su ausencia, rastrea en los signos que el hombre ha dejado: su actual mujer y los hijos pequeños. Como si el corazón tuviera zonas inexploradas, algo parece instalarse en el joven a partir de esos contactos. Tal vez una mayor fortaleza para afrontar el riesgo del amor.

Es mérito de los directores la sugerencia y la espontaneidad: pocos diálogos y la expresividad de los actores sostienen un clima de enamoramiento. El planteo es universal, y rescata la ecuación básica del triángulo amoroso sin necesidad de subrayados. La película se desliza suavemente, con el tiempo justo para que los personajes se reconozcan en los sentimientos que florecen a veces, para hacernos felices. Al menos hasta la próxima búsqueda, y el próximo encuentro.


* Nota del editor: A Eduardo no se le "escapó" en el BAFICI: por un absurdo reglamento en el BAFICI no se exhiben películas nacionales que se hayan exhibido en el festival de Mar del Plata; no se aplica el mismo criterio a las películas extranjeras. ¿Por qué?

domingo 3 de enero de 2010

Antojo

Desde hoy, de lunes a viernes a la medianoche
en FM La Tribu // 88.7 // www.fmlatribu.com



Te estoy esperando ansiosamente
no puedo creer que me estés fallando
por que no venís ya?
vení pronto
que estoy perfumado, estoy picante
será esta noche una noche cualquiera?
o será como una primavera?


Y los domingos seguimos con La otra.-radio.

El viernes se estrenó Avatar, pero la película de la semana resultó ser otra



Lo charlamos hoy a la medianoche en FM La Tribu?
www.fmlatribu.com // La otra.-radio

Además viene djmdva (de Valentín Alsina a París y de París a Buenos Aires). El tema: El gusto de los sentidos. Una visión concreta de lo que fue París hasta los años 80 y lo que está dejando de ser. La música de los bares parisinos, la música de los países que ellos colonizaron en su forma original y dos jaques a la música electrónica.

sábado 2 de enero de 2010

Mundo de nylon

Avatar, el nuevo film de James Cameron


por oac

Definitivamente, Avatar no es la película de la década que terminó ni de la que acaba de empezar. Ni siquiera será la película del año. De hecho, no es la película de la semana (se estrenó finalmente la genial Rosetta, diez años después, pero eso será motivo de otro post). El concepto con el que se ha encarado la campaña mediática que sostiene el lanzamiento de la nueva película de Cameron dice que se trata de una revolución en la historia del cine, que Avatar es una película que anticipa el cine del futuro. A esta altura, estoy inclinado a pensar que nada (ninguna mercancía de las industrias culturales) puede autopostularse como el inicio de una revolución. Y que todo producto que se vende a sí mismo como revolucionario es probablemente un fraude comercial. No son las campañas de prensa las que pueden dar por comenzada una revolución. Lo triste es que muchos comentaristas suelen reproducir este tipo de aserciones. Así ha vuelto a pasar esta semana con Avatar: la frase lanzada por la 20th Century Fox acerca del caracter revolucionario de la película es reproducida sin crítica en reseñas de todo el mundo, incluida Buenos Aires.

Avatar es cine de la década del 80 (esto implica: de la peor década del cine) inflamado de ortopedia y anabólicos: no puedo dejar de asociar esta película al rostro deformado de Ricardo Fort, la misma prepotencia del dinero aplicado a una tecnología para producir un cyborg repelente. Hay muchos desarrollos tecnológicos que se exponen aquí por primera vez, pero las innovaciones inflaman un organismo avejentado. Cuesta reoconocer en estos extenuantes 163 minutos al autor de Titanic. En términos estéticos, lo que logra Cameron es un retroceso lamentable. Titanic quizá haya sido el último gran melodrama clásico, aquel en el que toda espectacularidad quedaba absorbida por una escena íntima que constituía la razón del ser del film: los momentos finales que los enamorados pasaban juntos tiritando, tomados de la mano y bajo las estrellas, antes de que Di Caprio se hundiera en el abismo oscuro del mar (esa profundidad que en la película funcionaba como metáfora del corazón de la mujer). Esa hondura prevalecía frente a la ostentación fálica del transatlático. Así quedaba conjurado el riesgo que tiene todo megaespectáculo de que su estética sea devorada por su gigantismo de producción. En Avatar no quedan rastros de ese intimismo y entonces lo que prevalece es un pavoneo tecnológico destinado a abrumar al público con su poderío. La desesperación por asaltar sensorialmente al espectador es tal que no hay escena que no esté atiborrada de artilugios visuales, una ostentación de un millón y medio de dólares por minuto que, paradójicamente, se traduce en baratijas artísticas que atascan la fluidez narrativa. El asedio a la percepción consuma una de las tendencias que arruinó el cine mainstream desde los 80: son más importantes los detalles que el todo que los sostiene.



Quizá la incongruencia más notoria que Avatar propone sea su contradicción performativa: el "mensaje" manifiesto del film es el de un respeto por la naturaleza encarnado por la cultura de los Na'vi, frente a la invasión bélica llevada a cabo por las tropas terrestres. Pero la política de un film nunca se define por la peripecia que aparece expuesta en la pantalla, sino por la manera en que la pantalla se vincula con el espectador. Y Avatar asedia la percepción del espectador como una máquina bélica que lo bombardea con el fin de que se rinda ante su poderío. Toda la perorata ecologista y el espiritualismo new age que se declaman son constantemente desmentidos por una textura fílmica que ha desalojado de la pantalla todo rastro de naturaleza. Si el cine ha sido desde su invención hace 115 años una combinación del registro de lo real con una experiencia alucinatoria, si su extraña potencia se alimenta de la tensión que producen esas dos fuerzas heterogéneas, en Avatar la industria anuncia su intención de expulsar a la realidad del cine y reemplazarla por un sucedáneo. Ya no se trata de una alucinación colectiva, sino de una pesadilla de diseño.

A pesar de los millones invertidos, el mundo de Avatar es de nylon, de consistencia mínima. La proliferación de detalles y su nitidez forzada ponen de manifiesto el vacío que habita en su centro. La metáfora del árbol de la vida alrededor del cual gira la civilización de los gigantes azules del Planeta Pandora pretende volverse una enseñanza (producida por la Fox y estrenada simultáneamente en la aldea global) para una humanidad descarriada . Es una metáfora de nylon. Ni siquiera es el polietileno con que Fellini construía sus océanos ilusorios (ojalá tuviera este esperpento algún rastro de la gracia de Fellini). El principal problema, incluso para una mercancía de la industria cultural, es encontrar un envase adecuado. Pero Cameron, con todos los años de research y los millones invertidos, no logra resolver los notorios saltos de textura visual entre las escenas virtuales, teñidas de flúo (curiosamente son las que nos tratan de transmitir amor por la naturaleza) y las registradas por métodos analógicos. La imagen sintética (que reclama un formato de videogame) entra en fricción con la molesta presencia de las personas de carne y hueso. La ingravidez del punto de vista virtual (no se puede hablar de cámara) se ve interferida por la pesantez de las escenas registradas con una cámara real. El resultado es un pastiche de procedimientos que no logran integrarse.



Una imagen falsa es tan peligrosa como una palabra falsa. La imagen a la que Cameron apela enfáticamente es la de un ojo abierto y expectante. Es una apelación a la mirada del espectador, pero el ojo que aparece en pantalla es un ojo plástico, detrás del cual nadie, nada, mira. Un ojo muerto. Y lo que espera Cameron de su espectador es que sólo se rinda ante sus misiles fosforescentes. Todo es falso en Avatar, lo contrario de lo que dice ser: lo natural es artificial, lo revolucionario es retrógrado, la emoción es calculada y la vitalidad es lúgubre. Es difícil imaginar que James Cameron pueda salir alguna vez de esta vía muerta.

viernes 1 de enero de 2010

Primera canción de la nueva década



Bye Bye Uruguay

Escuchala acá.

jueves 31 de diciembre de 2009

El final


Fotografía: Nicolás Villalobos

por Cinthia Verón

Una vez terminó todo, arriba, abajo, al costado, ni se había cambiado de lugar ni se había caído, no se escuchaba el sonido del reloj o se veían los bordes de las cosas, sí se sentía el ángulo recto y la presencia, podía darme cuenta de que las partecitas blancas estaban, sin lugar a dudas, desparramadas por todos lados, como si hubiesen sido sopladas, tal vez me habría parecido que se seguía sorbiendo y tiraba para arriba, una abertura confusa necesitaba algo y, sin embargo, había voces pegajosas que en ese final que había llegado seguían su camino.

Es posible que muchos no sepan hasta el momento que yo soy yo o quién soy. La única pista que doy es que soy como cualquiera, única. A otros les sonará familiar mi nombre y creerán conocerme, pero se equivocan, no soy familiar de ningún futbolista, aunque un primo hermano intentó serlo, o lo fue un tiempo, y después se dedicó a evangelizar a la gente; otros tienen un vago recuerdo de la impresión que les causé y prefieren no abrir el mail; otros me conocen y no entienden mucho qué pasa; otros me conocen y me aprecian un poco, les gustaría conocerme más; en fin, a todos, muchas felicidades.

miércoles 30 de diciembre de 2009

Las canciones del 2009



por oac

Bien, esta lista la encaro sin la menor pretensión exhaustiva. ¿Qué pasa con la música popular? ¿Hacia dónde va? No tengo la menor idea. Lo que me parece es que vivimos bajo el paradigma del sound design, la industria musical es hoy cosa de diseñadores, quienes calculan la posición y el rango de cada plano sonoro de las grabaciones que se editan y hacen uso de un vasto archivo de géneros musicales (rock, soul, bossa, jazz, funk) a los que remixan con mayor o menor ingenio, para parecer novedosos.

Esta ingeniería sonora pretende suplir a la antigua y noble artesanía de la canción. Pero todo indica que habrá canciones cuando esta forma subsidiaria de la industria cultural entre en colapso. Este año me dediqué a escuchar canciones y va mi respeto inmenso al oficio que creo que está en el tope de todos los oficios terrestres: el de los hacedores de canciones. Incluyo aquí sólo la música que se editó este año; pero lo que en verdad escuché con más alegría y placer es un talento que descubrí un poco tardíamente: Stephin Merrit, el colosal cancionista de The Magnetic Fields. Si alguien tiene la noticia de que hay algún otro hacedor de canciones de esta envergadura que pueda escapárseme, le estaré largamente agradecido.

Esta es la lista de mis canciones (entre las editadas en 2009):




There's a meat market down the street
The boys and girls watch each other eat
The boys and the girls watch each other eat
When they really just wanna watch each other
Sleep
They want to watch, to watch each other
Sleep, sleep, sleep...


Uno de los síntomas más exasperantes del pop actual es que la mayoría de las canciones ya han ofrecido todo lo que tienen en su primer minuto; Regina hace canciones que van desplegándose de a poco y crecen irresistiblemente.



Ok, tiene 67 años. Ok, es quizá el músico más influyente del siglo pasado. Ok, todos le deben algo. Pero hizo uno de los mejores discos del 2009: The fireman / Electric Arguments. ¿Qué quieren? Sigan mamando.




Ok, tiene 50 años. Ok, es el cerebro de la banda que transformó definitivamente al rock nacional en una aceitada máquina de hacer dinero. Pero creo que este año nadie hizo en Argentina un disco mejor que Fuerza natural. Cerati brilla aquí como cantante, guitarrista y compositor.




Ok, el youtube tiene sonido e imagen deficientes. Ok, Pablo Dacal no es el compositor de Mandolín. La canción es del Príncipe. Ok, el Príncipe es uruguayo y murió hace cinco años, en medio de la indiferencia de casi todo el mundo. Pero la canción es preciosa y la versión de Pablo es vibrante.




Ok, a Juanito ya lo conocemos y lo admiramos. Ok, están cantando una cumbia tradicional y con este gesto no parecen destinados a revolucionar el panorama musical argentino. Pero tienen una musicalidad muy rara de encontrar hoy en día. Aunque todos sus integrantes tienen una historia previa, sacaron este año su primer disco bajo el nombre de Doña maría. Son lo más parecido a la revelación nacional del año.




Come stay with me stay in my room
My duvet smells but so would you
If you hadn’t washed in as long as I have
And i’ll wash my balls if you say that you’ll grab them
Nah i’m not gonna make you do that
Its just you and me on the bench where we’re sat.

Ok, tiene sólo 20 años y lo que pueda llegar a ser está por verse. Pero el autor de She's got you y The gay pirates, que además es un incipiente cineasta, tiene algo, o al menos eso me parece. Sé que Luis recomienda dejar pasar un tiempo antes de dejarse deslumbrar. Pero le prestaría atención a este pibe que hizo al menos dos lindas canciones como las citadas. O es capaz de hacer un tema romántico destinado a una chica que no quiere permanecer en la habitación de él porque hay mucho olor a bolas. Atenti con Cosmo.

martes 29 de diciembre de 2009

Antojo

El 4 del 1 del 10 a la noche



Música, cine, una historia de la filosofía, libros, poesía, calor, frescura, tibieza, vientos, huracanes, brisas, calma chicha, chicha, limonada, Magnetic Fields, Nietzsche, buenas vibraciones, King Crimson, Aquelarre, Incredible String Band, ser, nada, devenir, dasein, Néstor (Perlongher), Díaz (Esther), Díaz (Hugo)...



...el infierno del Dante Palma, Brian de Palma, Herzog, Heinze, Maradona, Aloras, las 62, el 69, los 70, Palo, Palito, Paulo, Saulo, Duarte (Sebastián), Nietzsche, la fenomenología del espíritu, las confesiones, la coyuntura, la inseguridad, el caos de tránsito, el periodismo independiente, el cristianismo, la revolución, K (Sören), los chicos de la playa, las chicas de tapa...



...Godard, Wittgenstein, underwear, telos, forma, materia, San Francisco, el lobo, el hermano perro, el oso, un hada, un cisne, la abeja reina, Cuervo, Maxi, los elefantes, el gusanito, la pelicana, el androide, las canciones más lindas del mundo y lo que se nos cante cada noche y qué sé yo qué más.



Desde el lunes 4 de enero a la medianoche en La Tribu, 88.7, el martes, el miércoles, el jueves...

domingo 27 de diciembre de 2009

Ohhh...



Le puse un poco de imaginación
no fue un milagro, con perdón de Dios
jamás sentí esa fuerza en mí.

Sin vanidad, sin ego ni ambición
te digo más: no sé si con valor
pero coraje y esperanza, sí.

En tu mirar curé mi fiebre y fue de repente
los naufragios me he tragado
y las heridas ya no duelen.

Sin que se note
te miro y es sin que se note
y la verdad que había en mí
y que era inmensa
de la rutina estaba presa.

Sin que se note
te miro y es sin que se note
y la mentira que hubo en mí
que era intensa
desaparece, sólo muere
y los miedos se disfrazan
y se esconden para no ver el sol
y se asustan oh…

No fue la suerte quien me lo enseñó
me até a la fuerza que vivía en mí.
Con siete llaves de imaginación
ganó mi ansia y mi esperanza
venció a mi mente desatada.

Y así escapé de aquellas garras
Y al fuego eché miles de cartas y de palabras
tesoros que no valen comparados con tu alma.

Sin que se note
te miro y es sin que se note
y la verdad que había en mí es tan inmensa
de las promesas queda presa.

Sin que se note
te miro y es sin que se note
y la verdad que había en mí es tan intensa
ya no le teme a lo que quiere
se ha deshecho del disfraz
con el que oculta su mirada
se ha entregado a la ilusión
de pelear por lo que ama.

Corazones que se buscan en aquellas madrugadas
son corazones, son montañas
que no se esconden, que se hablan.

Sin que se note
te miro y es sin que se note
y la verdad que había en mí es tan intensa
de las promesas queda presa.

Sin que se note
te miro y es sin que se note
y la verdad que había en mí y que era inmensa
ya no le teme a lo que quiere
se ha deshecho del disfraz con el que se ocultó.
y no se asusta, no.