martes, 21 de enero de 2020

La música del año que fue (Selección Segura)

La otra.-radio del 21/01/2020, para escuchar clickeando acá)

Amor Elefante, Billetes falsos

Pablo Comas, Hambre

Botis, La máquina del tiempo

Feli Colina, Feroza


Galean, El mago


Mora y los Metegoles, Dejen dormir


Candelaria Zamar, Una linterna


Paula Maffía, Polvo


Mister, El último piano blanco sobre la tierra


El estrellero, Alto Miedo

Esta es la lista segura de los discos del año que fue porque la hizo Santiago Segura, pero también porque es infalible. Santiago todos los años aporta su selección, que la mayor parte de las veces consta de músicas y músicos que están totalmente fuera de mi radar hasta que el los trae. Por ejemplo, de esta lista de 10 solo conocía a unos pocos artistas, como el nuevo de Botis, Paula Maffía o Amor Elefante -banda de tres chicas y un chico que justamente conocí en una selección de Santiago de hace un par de años, y que esta vez vuelve con un hermoso disco de separación, del subgénero "Nos separamos pero seguimos formando parte de la misma banda", que hasta donde sabemos solo está compuesta por Rumours de Fleetwood Mac y Billetes falsos de Amor Elefante-. La lista es asombrosamente buena, o no tanto, considerando que ya me pasó en años anteriores: de ahora en más voy a adoptar unas cuantas de estas canciones para que vayan rotando siempre en La otra. Hay varias, pero la que realmente me deslumbró es "El último piano blanco sobre la tierra", del platense Mister, que quizá termine siendo mi canción del año. Como por cuestiones de tiempo hay algunas canciones que no llegamos a pasar, las subo al blog. Las otras están el el flujo del programa, que escuchan clickeando acá.








El último piano blanco sobre la tierra 

Ese mundo que apenas conocí
con canciones y sol en el jardín,
ya no existe más
fue hace tiempo su fin.

Pero el cielo croma en mi reflector
y el comando de mi generador
de vida interfaz
está bien para mí.

Este día no es más que un día más
ella viste de acetato y se va
al delineador
de imagen corporal.

Me sugiere que me debo cuidar
hacerme otra cirugía quizá
que a mis 102
no me vendría mal.

Pensar que fui y soy el mejor
senso-ritmo-programador
¿Dirían “letrista” en la antigüedad?

Pero yo me siento un tipo común
aún me gusta usar con auto tune
palabras, sí,
cual droga y amor
en la instrumental.

Pero se trata de sobrevivir
y en verdad nunca no ha sido así.
te adaptarás
con o sin microchip.

Esta noche hay luna flúo y rubí
y algo trajo una voz hasta aquí
¿Dónde andarás
chica del año 2000?

¿Sonará en tu pulsoreceptor
mi última condensación?
¿Dirían “canción” en la antigüedad?

Y aunque me pague una corporación
para sintetizar una emoción
prefiero el rubor que cupo
en la flor sin saber por qué.

A veces sueño con ir al único museo
de cuando al menos había guerras
y con lo más profundo de mí ser deseo
robar el último piano blanco de la tierra.

¿Pero quién quiere escuchar mi canción
hecha con acordes y corazón?
¿ya nadie más?
Fue hace tiempo su fin.

Ese mundo que tanto conocí
con tu cuerpo durmiendo junto a mí
no vuelve jamás
y está bien que sea así.



En el programa, Alejandro Brain también dictaminó cuál es el libro del año que fue: Las Malas de Camila Sosa Villada. Las razones de esta elección también las explica durante el programa.

Y durante el transcurso del programa también nos hicimos un tiempo para hablar de:

- El suicidio de Nisman
- La serie de Netflix de Nisman
- La coquetería de Nisman
- La marcha de Nisman
- El fracaso de la marcha de Nisman
- La saturación de información sobre Nisman
- Nisman
- Los casos psiquiátricos que marcharon en homenaje a Nisman
- Lo bueno y lo malo de Netflix
- La barba del año
- La Rolling Thunder Review de Dylan
- El nuevo disco de Spinetta que sale esta semana
- El horrible resultado que produjo Eminem al samplear a Spinetta
- El viaje de Alberto a Israel alentado por Cristina
- Los termocéfalos nuestros

Y algunas cosas que ahora se me escapan, pero que encontrarán si escuchan el programa completo acá.

domingo, 19 de enero de 2020

El totalitarismo de las redes sociales y la relación con nuestros líderes



por Lidia Ferrari
Ilustración: Carmen Cuervo

En la tradición intelectual occidental, en el siglo XX, hubo una marcada inclinación a pensar en la relación entre líder y pueblo con el sesgo de las experiencias nazis, stalinistas y fascistas. También la lectura del central texto de Freud, Psicología de las Masas y Análisis del Yo, condujo a considerar la relación entre el líder y la masa con la manera en que Freud analizaba al Ejército y a la Iglesia. La manera de considerar la relación entre líder y pueblo quedó ligada a las experiencias totalitarias y la idea de líder político a la imagen de Hitler, Stalin o Mussolini. El pueblo que le corresponde a esas experiencias se convirtió en masa y cada persona había perdido su individualidad. No se advierte que la idea más totalitaria y vencedora del siglo XX es la de la consolidación del capitalismo de mercado y su ideología del libre consumidor. La representación de la libertad en nuestra sociedad capitalista es la de que el individuo es dueño de sus elecciones, de sus actos y no está sujetado a ningún liderazgo. Así constituido este imaginario en el siglo XX, los líderes que han sabido construir una relación fuerte con su pueblo fueron leídos como experiencias totalitarias y negativas para la vida democrática. El sujeto correlativo a la democracia es el individuo consciente, dueño de emitir sus opiniones, independiente y seguro de sí mismo y de sus ideas. Las redes sociales y la posesión de los dispositivos tecnológicos nos permiten ver lo que queremos, cuando queremos, sin necesidad de espacios comunes, tanto como para prescindir salir de la habitación para comer o para intercambiar con otros. Estamos convencidos también de que esta clase de vida auto suficiente está en las antípodas del individuo que pierde su identidad en la experiencia totalitaria. Con este individuo tan consciente de sí mismo, de sus ideas y de lo que quiere hay que construir un sujeto político colectivo. Aquí radican las dificultades del presente.

Los líderes se sostienen en las redes sociales pero las redes sociales, manipuladas por las grandes corporaciones mediáticas, pueden fragilizarlos rápidamente. Las redes sociales nos han dado megáfonos a cada uno de nosotros. Cada uno de nosotros es dueño de una idea, de un gusto, de una elección política y reclama que esa voz sea escuchada. Pero esa no es la voz del pueblo. Es una voz individual. No hay posibilidad de construir un sujeto colectivo sumando individualidades donde cada reivindicación o demanda tiene su lugar propio y no se articula con la de otros.

Lo que me interesa con este largo preámbulo es advertir la situación delicada que se puede producir al mes de asumir el nuevo gobierno de Frente de Todos. La labor ardua, estratégica de los líderes, empezando por la genial estratega Cristina, donde cada uno de los que se unió en ese Frente renunció a su singularidad para hacer algo común, esa tarea ardua y gigante, que unió a quienes no estaban bien juntos, se realizó básicamente por la postergación de las singularidades de estos líderes. Sin esa donación no habría gobierno popular en Argentina y estaríamos definitivamente habitando el infierno. Pero como el infierno de la devastación que dejó el macrismo está presente y no va a ser fácil salir de ello, se debe seguir unidos a pesar de las diferencias. 

Los líderes, nuestros representantes han construido esa unidad y la sostienen. Pero muchos de nosotros, desde el llano, estamos inoculando sospechas, dudas, objeciones, reivindicaciones varias a este flamante gobierno. No son los líderes que se empiezan a pelear, como suele ocurrir. Los electores macristas le reclamaban al kirchnerismo que no podían comprar el té de Ceylan. No voy a hacer la lista de los reclamos, reivindicaciones, objeciones, sospechas que se empezaron a producir por las redes sociales. Estamos en nuestro derecho, porque somos individuos democráticos y el capitalismo nos ha enseñado que querer es poder y, si quiero algo, tengo derecho a reclamarlo y adquirirlo. Pero es el peor escenario que puede ocurrir: que los propios protesten y reclamen. Las sospechas, las dudas socavan la esperanza y la confianza que son los bienes que nos ha donado este gobierno, hecho de líderes que han sabido postergar sus intereses, por el bien común. Muchas cosas buenas tienen las redes sociales, pero a veces, cuando aparecen las agresiones, las patoteadas, los compadritos y también compadritas, se nubla todo y aquello que fue una tarea común para poder lograr la realidad de un triunfo tan ansiado se puebla de resquemores y dudas. Los argentinos heredamos el temple agresivo, irreverente, soberbio y también la lucidez y la super inteligencia para saber qué es lo que debe hacer primero un gobernante recién asumido en un país devastado.

Me preguntaba en 2011 si nos merecíamos a Cristina, porque nos llevaba varios cuerpos de delantera, a nosotros, al pueblo argentino. Los líderes, como Néstor, Cristina y ahora Alberto, están adelante nuestro, tomando decisiones delicadas, claves, y pueden equivocarse, claro. Debemos seguirlos. Esto puede ser leído como algo no democrático. Es la línea ideológica que hemos mamado desde pequeños. La democracia es que cada uno exprese lo que piensa y tome lo que quiere. El totalitarismo capitalista ha hecho la mejor propaganda del siglo XX y XXI. Nos ha convencido de que los totalitarios son los otros. Nosotros, que elegimos lo que queremos y pensamos como se nos ocurre y eso es lo que está bien, somos libres y democráticos. Así estamos hoy horadando a aquellos que hemos elegido y que tienen una tarea titánica por delante.

Recuerdo hace dos años en Madrid cuando escuchaba a militantes de Podemos hablar de modo destemplado acerca de los errores de todos. Hablaban descarnadamente criticándose unos a otros, sobre lo que no hicieron, sobre lo que no lograron, sobre lo que podrían haber sido y también críticas a sus dirigentes. No conozco demasiado de la política española. Con lo que vi y escuché de los propios protagonistas, Podemos parecía estar liquidado. No podía comprender cómo podían denostar tanto algo que estaban recién empezando a construir. Lo mismo he visto en Italia con el M5S. La horizontalidad en su constitución condujo a tanta gente a criticar todo, a no dejar títere sin cabeza. Por suerte tienen algún líder que los mantiene unidos para poder hacer su programa. Que la crítica feroz se haya desencadenado de este lado del tablero ahora en Argentina me hace sospechar no en nuestros líderes. Me hace volver a preguntarme, como en el 2011, si nos merecemos los líderes que hemos sabido acompañar. Los líderes son imprescindibles, porque tienen la decisión en sus manos. Nosotros, los que opinamos desde detrás de una computadora, deberíamos ser más humildes ya que no nos jugamos nada, salvo algún prestigio imaginario de las redes sociales. Ellos están trabajando para tratar de poder mejorarnos la vida. Quizás debamos modificar nuestra idea de los líderes, deconstruir la lectura de que ellos son todopoderosos y que perdemos nuestra individualidad si los seguimos. Más humildad no es ser rebaño. Quizá sea tiempo de ensayar otras lecturas de la relación del sujeto colectivo que se construye entre líder y pueblo.

sábado, 18 de enero de 2020

La calumnia


por Lidia Ferrari, desde Treviso
Ilustración: Carmen Cuervo

“No es, sin embargo, cosa insignificante y sencilla [la calumnia], como cabría suponer: requiere gran destreza, no poca astucia, y cierto grado de precisión; pues la calumnia no causaría tantos males de no producirse con cierta verosimilitud, ni triunfaría sobre la verdad, que es más fuerte que todo, de no cuidar previamente su atractivo, su verosimilitud y otros mil detalles frente al auditorio. Suele sufrir la calumnia con especial frecuencia quien goza de favor y es por ello envidiado de quienes deja tras de sí. Todos apuntan sus flechas contra él, por considerarlo un impedimento y obstáculo, y cada cual espera ser el primero tras expugnar al gran encumbrado y privarle del favor”.

Así habla de los males de la calumnia Luciano de Samosata en el siglo segundo después de Cristo. Nada ha cambiado. Ahora hay más dispositivos para que la calumnia se expanda y se convierta en una única voz, pero el funcionamiento es el mismo. Luciano advierte que la calumnia prospera donde no puede funcionar la justicia, esto es, donde no hay posibilidad de la parresía, esto es, escuchar a ambos contendientes, en igualdad de condiciones. No funciona: “Y no dictes sentencia, hasta escuchar de entrambos el relato”.

Así han operado y siguen operando contra Cristina, Alberto y todos los que quieren modificar algo el programa neoliberal. Así se hace en todos lados, en Inglaterra y Francia, acusando a Corbyn y a Melénchon de antisemitas, por ejemplo. Así lo hacen ahora, salvajemente en Italia contra Luigi di Maio, el capo político del M5S. Lo hacen contra todas las medidas populares que toman o que intentan tomar. Pero tienen la hegemonía de los medios y, sobre todo, ese semblante de verosimilitud que exige la calumnia. También porque toca puntos sensibles en la idiosincrasia de algunos pueblos: su necesidad de mirar alto porque se sienten bajos, o el provincialismo que impera en Italia, país en el que vivo; este provincialismo no creo que pueda adjudicarse al pueblo argentino *. Pero, sobre todo, la calumnia es calumnia porque no rige, como dice Luciano, una emisión justa e imparcial de acusaciones con derecho de defensa del acusado. 

El calumniado está inerme, en nuestros tiempos, ante la potencia de la prensa hegemónica, ante la corporación periodística y política que no deja casi resquicio para que se filtren otras voces y, sobre todo, no se vea el gesto escondido de la calumnia. Pues la calumnia se viste de santa, esconde sus malas intenciones. La calumnia es una acusación sin fundamento, injusta e impía. Pero se reviste de santa verdad. En nuestros tiempos, pero también en tiempos de Luciano, la calumnia servía y sirve a los poderosos y prospera en los ambientes donde “cobra más fama el más adulador y el más experto en esas infames prácticas”. En este mundo de la potencia colosal de las redes sociales y de los aparatos mediáticos concentrados sería una buena práctica sospechar cuando frente a alguien se disparan calumnias, maledicencias y acusaciones de manera compacta y unívoca y, sobre todo, cuando no se tiene acceso a la voz del calumniado.

* Como decía Borges: “Uno de los mejores rasgos del alma argentina es la generosa curiosidad por lo que ocurre no sólo aquí, sino en cualquier lugar del planeta. La modestia de nuestra tradición nos obliga a ser menos provincianos que los europeos”.

viernes, 17 de enero de 2020

Los presos políticos


Alberto, en el tramo principal de su discurso inicial en su asunción ante la Asamblea Legislativa, dijo que nunca más tiene que haber en Argentina presiones políticas al Poder Judicial. Por esta declaración fue ovacionado adentro y afuera del Congreso. Esto puede ser utópico o no, pero lo dijo como una de sus banderas más importantes y fue ovacionado por eso. Creo que en gran parte su legado como presidente depende de que logre cumplir con esta declaración.

Entre los presos, hay situaciones diferentes: hay algunos con condena en primera instancia no firme, hay otros con prisión preventiva sin condena. Alberto dijo que tiene que ser política de estado no aplicar las prisiones preventivas arbitrarias (la llamada "doctina Irurzun", de la que en realidad el autor es Lorenzetti). Eso lleva un trámite institucional que pasa por una reforma judicial que va a mandar en febrero y por denuncias al mal desempeño de jueces que tiene que tratar el Consejo de la Magistratura en el Congreso, creo que todavía no está ni siquiera constituido. Si se aplica con rigor consecuente, Irurzun y Lorenzetti, entre otros, podrían ser sometidos a juicio político.

Yo leo en facebook que Alberto a un mes de gobierno tiene presos políticos. Me pregunto qué están diciendo los que se pronununcian en estos términos: ¿piden que Alberto los indulte? Él ya dijo muchas veces que no va a indultar a nadie porque está en contra del indulto, un residuo de la monarquía: esa es la doctrina que enseña en su cátedra en la UBA. ¿Va a mandar a apretar a los jueces con operadores judiciales? Está inhibido por su propio compromiso: con ese principio ganó las elecciones.

Entre presos y prisiones preventivas hay casos diferentes: Cristina tiene varias prisiones preventivas en primera instancia pero está protegida por fueros en la cámara de Senadores. A De Vido fue la Cámara de Diputados y no Alberto la que le sacó los fueros. La diputada de Cambiemos Aída Ayala está procesada con prisión preventiva pero Diputados no vota su desafuero. ¿Qué hacemos? ¿Reclamamos su desafuero o les pedimos a los diputados la restitución de los fueros de De Vido? D'Elía está preso con condena firme según la Cámara Federal de Casación Penal. ¿Resta en este caso un fallo de la Corte o ya está cerrado definitivamente? Boudou tiene condena de 5 años y 10 meses de la Cámara de Casación Penal por la causa Ciccone; su abogado Alejandro Rúa pide para Boudou prisión domiciliaria. Boudou no quiere ser indultado, sino que su causa sea declarada nula por el Poder Judicial y por esto quede firme su inocencia. El indulto supone una condena que Boudou rechaza. Milagro tiene condena del Tribunal Superior de Jujuy, pero tiene un fallo a favor de la Corte Interamericana de Derechos Humanos ratificado por la Corte Suprema, para morigerar su prisión, por lo cual se le dictó arresto domiciliario. ¿Puede la Corte hacer algo más? ¿Quiere? Se podría hacer una marcha a la Corte reclamando que se pronuncie contra las prisiones preventivas arbitrarias (Lorenzetti, autor de la doctrina Irurzun), una marcha organizada por los organismos de derechos humanos como la del 2 x 1. Me pregunto si los organismos están  dispuestos a hacerla en este contexto.

Además hay un problema más complejo: en estos días se pide libertad para Milagro, Boudou, algunos lo incluyen a De Vido y D'Elía, otros no... Están las prisiones preventivas que penden sobre la cabeza de Cristina. Son perseguidos por kirchneristas. Pero las cárceles argentinas están llenas de presos sin condena, que son más que los presos condenados. El problema es que no están presos por kirchneristas sino por pobres. ¿Qué pasa con eso? 

Otra cuestión: Maximilano Rusconi (defensor de De Vido) dice que está en contra de todas las prisiones preventivas sin condena firme, lo cual abarca según él a los represores de la dictadura que no tienen condena firme. Para completar, Bergoglio, que hace un par de años le mandó un rosario a Milagro Sala que todos interpretamos como un gesto político, esta semana les mandó 50 rosarios bendecidos a militares presos por crímenes de Lesa Humanidad. También tenemos que leerlo como un gesto político, pero los compañeros que adoran a Francisco casi no comentaron esta noticia. 

El Tribunal Superior de Justicia de Jujuy hoy acaba de ratificar 13 años de prisión para Milagro Sala, que ella cumple en su domicilio. Alberto esta semana dijo que Milagro Sala no tendría que estar presa. Entiendo que en enero, cuando no se trató la reforma judicial ni se conformó el Consejo de la Magistratura, es lo máximo que puede hacer.

Quienes dicen "Mi gobierno tiene presos políticos" ¿se dan cuenta de que Alberto y Cristina ganaron el Ejecutivo y no la suma del poder público?


Me despierto con un mensaje en wassap de un amigo que me dice que esta noticia le cayó como una patada en el hígado:

El presidente Alberto Fernández participará del “Foro Internacional de Líderes en Conmemoración del Día Internacional de Recordación del Holocausto y la Lucha contra el Antisemitismo” que se realizará en el Museo de Yad Vashem en la ciudad de Jerusalén el 23 de enero.
La comunicación oficial del destino del primer viaje presidencial al exterior fue realizada por el secretario General de Presidencia, Julio Vitobello, a la embajadora de Israel en Argentina, Galit Ronen.
Prensa Presidencia de la Nación/

Por otro lado leo en facebook posteos de indignados porque "nuestro gobierno tiene presos políticos". Estas expresiones en diverso tono de indignación provienen de sectores comprometidos con el proyecto que resistió al macrismo durante sus cuatro años irrespirables e incluso antes: existen en modo "los que estamos de este lado de la grieta" desde que se produjo en 2008 el conflicto con las patronales agrarias. Yo podría ser uno de ellos, porque durante un largo tramo del camino hubo que agruparse y resistir las humillaciones, los agravios, la destrucción sistemática y gozosa de la dignidad humana, de negación de la empatía que el macrismo practicó.

Sin embargo, yo ya no puedo compartir este modo grieta, el resistiendo con aguante para el que nos habíamos acomodado, ahora que las cosas cambiaron tan drásticamente como no podíamos imaginar hace apenas un año. Me da la impresión de que muchos no registraron el cambio y asumen el modo grieta y el resistir con aguante como una forma definitiva de vida. Si puteaban a macri porque destruía los lazos sociales con un goce perverso, si vivían este agravio con indignación, hay muchos que creen que la indignación ya se fijó como una condición política inalterable para toda circunstancia. Si durante un período necesitamos putear ante tanta canallada como la que se practicó, algunos quedaron fijados a la puteada como identidad política: así, seríamos para siempre los #MMLPQTP. Si la grieta fue un significante que en determinado momento hizo falta para demarcar un territorio y expulsar lo insoportable, hay quienes terminaron creyendo que ahondar la grieta es hacerse fuertes. No se les ocurrió que cuando la dureza se vuelve rígida no es un signo de fuerza sino de debilidad.

Entiendo que la derecha neoliberal, recientemente derrotada en las urnas a pesar de su formidable aparato propagandístico -colonizador de subjetividades- y represivo -asesino o encarcelador de cuerpos-, en determinado momento decidió que ahondar la grieta era su negocio. Exacerbar las ofensas, instigar al odio, solazarse con el débil, ejercer una pedagogía de la crueldad. Esta instrumentación de la grieta instala un clima de resentimiento, de ofensa, de indignación que necesita de un polo opuesto para ir escalando reactivamente. Me parece que es una estrategia que al menos podemos reconocer en todo el continente. En Venezuela o en Bolivia se produjo con éxito una fractura social que delimita dos campos inconmensurables, una imposibilidad absoluta de tramitar los conflictos de otra manera que no sea la aniquilación del enemigo.

Durán Barba, Marcos Peña, Magnetto, Lanata, por poner nombres entre quienes intentaron diseñar una Argentina a la medida del neoliberalismo predador, advirtieron que resultaba propicio para su proyecto político instaurar la grieta como modo invariable de vivir cotidianamente. Odiar las 24 horas del día: vayan a twitter y vean lo que es eso. La derecha iba confiada hacia las elecciones del año pasado alimentando la grieta en sus expresiones más banales. Hemos leído, incluso escrito: "vos tan Miguel del Sel y yo tan Dady Brieva", o "vos tan Alfredo Casero y yo tan Capusotto". Apelando a las reacciones más primarias, esas que nos hacen saltar como por un reflejo condicionado cuando escuchamos la voz de la Carrió o el balbuceo gangoso de Macri, tal como ellos se retuercen cuando escuchan la voz de Cristina.

Creo que la clave para entender qué pasó en este último año hay que buscarla en la percepción que tuvo Cristina acerca de que la propuesta de la grieta, el odio y la indignación reactiva era lo que la derecha esperaba que hiciéramos. Entonces Cristina hizo una movida en el tiempo preciso, buscando a un compañero de fórmula que desbaratara el mecanismo que nos parecía irresistible.

La configuración súbita del campo político cotidiano se produjo no cuando Cristina pronunció sus discursos más encendidos, ni cuando definió con rigor implacable el carácter dañino del régimen macrista. No cuando elevó la voz, arqueó las cejas y condenó tanta abyección, sino cuando entendió que un gesto de distensión, un espacio por el que dejar pasar un rango de diferencias, una respuesta distinta a la esperada podían desbaratar el escenario de polarización dura que la derecha buscaba. Ese gesto, la ventana abierta, la respuesta distinta fue proponerle a Alberto Fernández que él encabezara la fórmula en la que ella iría como vice.

La reacción ante este leve y repentino cambio de posición nos desconcertó a todos. Alberto no es Cristina. El no puede hacer y decir cosas que ella hace y dice. Y a la inversa: Cristina no puede hacer y decir cosas que Alberto hace y dice. Por ejemplo: Cristina no puede hablar con Magnetto. No puede ni mirar a Macri, ni usar la misma lapicera. Y está perfecto. Pero ella entendió que tenía que secundar a alguien que sí pudiera hacerlo. Lo explicó con todas las palabras: no se trataba solamente ni en primer lugar de ganar las elecciones, de agotarse en un cálculo de ingeniería electoral para sumar dos puntos de acá y tres de allá. Se trataba antes que nada de desbaratar la máquina de guerra que la derecha estaba alimentando con entusiasmo, pensando no solo en ganar sino sobre todo en qué hacer el día después de ganar.

¿Qué hacer con el FMI? ¿Qué hacer con los partidos de la oposición, si ganábamos? ¿Qué hacer con los peronistas que estaban apurados por dejar atrás el kirchnerismo cuanto antes? ¿Qué hacer con los millones que no estaban cautivados por el carisma de Cristina ni por sus cualidades discursivas? ¿Qué hacer con los televidentes que creyeron de buena fe que ella se robó dos PBI o que mandó a matar a Nisman? ¿Qué hacer con los jueces que impusieron de un modo aberrante las prisiones preventivas? ¿Qué hacer que no fuera lo que la derecha necesitaba que hiciéramos, eso que en sus sueños húmedos llamaron "el ministerio de la venganza"?

Las cosas que valoramos en Cristina, las cualidades por las que se convirtió en una líder política capaz de resistir los más duros embates del régimen dispuesto a destruirla servían para mantener un núcleo de militancia intensa muy grande y muy firme. Pero eran insuficientes y a veces inadecuadas para lidiar con el país arruinado que iba a dejar el macrismo.

Hay compañeros de ruta que adoptaron especularmente la figura que la derecha proponía del ministerio de la venganza. La clave para ganarles fue desactivar ese mecansimo que ya se había hecho carne en muchos de nosotros. Por eso Cristina le propuso ser candidato a presidente a un político que no funcionara bien en estos términos tan previsibles e incitantes: venganzas absolutas, resarcimientos inmediatos, miradas fulminantes. Alberto Fernández era de ese otro tipo de dirigentes quizá el mejor. Había sido junto a Néstor y ella el fundador del kirchnerismo, pero también era el que se había bajado del barco cuando el enfrentamiento se hizo tan duro que ya no había lugar para sus capacidades. Cristina desde hace tiempo lo entendió pero solo comunicó a último momento que era necesaria una fórmula en la que cada uno de los integrantes fuera capaz de lo que el otro no. Y entendió que para que esto funcionara bien, su propia fuerza avasallante quedara en segundo lugar y el otro, el que había quedado afuera cuando el conflicto se hizo muy duro, quedara en primer lugar. Esta es la fórmula Alberto Fernández/Cristina Fernández.

Entonces les ganamos. Y ahora llegó el momento de gobernar.

Y algunos compañeros de ruta se quedaron fijados al modo grieta que la derecha reclamaba y todavía reclama. Hace falta esa chispa para encender una pradera por la que se esparce un vapor de kerosén.

Estos compañeros quieren que ya no quede ningún preso. Quieren ver satisfechas todas sus demandas ya.

Una respetada figura de la cultura escribe: "yo pregunto si finalmente vamos a tener una Cinemateca como corresponde por ley".

Me escribe una amiga: "Como si no fuera suficiente la implacable presión externa, internacional y de la oposición a un recién asumido presidente en una situación catastrófica, los de adentro, los que se suponen lo deberían sostener, lo presionan por reivindicaciones varias. Todas legítimas, claro... ¿No se puede sostener una causa y postergar las propias reivindicaciones, por más justas que sean, para después?"

[continuará]

Ilustración: Carmen Cuervo

martes, 14 de enero de 2020

El poder de la Música

La Nube Magica presentó El poder de la música en La otra.-radio, para escuchar solo acá 


Si ustedes clickean el link de arriba se econtrarán con un programa de radio gratísimo. No solo por lo gratis sino sobre todo por lo grato. Sucede que Juanito el Cantor es parte de la fórmula secreta de La otra desde el origen mismo de nuestra radialidad. Sus canciones fueron hechas para marcarnos una dirección, por eso estuvo desde las primeras temporadas, siempre que hiciera falta. Si van al tag de Juanito abajo de todo en esta página, los lleva a un hilo de posts que se remontan hasta el 6 de febrero de 2008, es decir, a los pocos días de haber empezado con el blog. Por ese entonces Juanito ya venía a la radio y su disco 12 canciones de amor y una botella de vino se constituyó en una piedra angular de nuestra edificación artística. Juanito trajo, además de su música, de su mano, a Martín Farina, a Cristian Bonomo, al Botis, a La otra.-radio, así que, ustedes verán.

Y en la medianoche de este domingo vino acompañado de Clara y el Chogua (¿se escribe así?) integrantes de La Nube Mágica, a presentar en primicia universal que se proyecta desde el aire de Barracas hasta más allá de las estrellas un disco buenísimo listo para salir pero que ninguna emisora de cualquier parte todavía tuvo el privilegio de pasar. Los que escuchan este programa escuchan algo que no se oye en otra parte. El disco El poder de la música contiene algunas gemas que los acompañarán por tiempo si saben adentrárseles.

Y les chiques de La Nube vinieron con Martín Farina, reputadísmo cineasta parido en las entrañas mismas de La otra, ahora bien recibido hasta en sitios en los que a mí me cierran la puerta, pero si Martín entra es como si entrara La otra: ¡saludos!. Juanito está en el cine de Martín y Martín está en el cine de La otra. Una de las mejores canciones del nuevo disco de La Nube suena en una película aún inédita de Farina, El niño de Dios, una producción de La otra.-cine. La canción que sonó esta noche  por primera vez en el éter se titula "¿Cómo puede ser?". Sueños de chacales empezó por ser un disco de Juan pero se volvió película de Martín.

Y como La otra tiene ansias de expansión, desde hace un año nos acompañan Carla "no viste nada" Maglio y Paz "paz" Bustamante, con quienes departimos amablemente de asuntos que empezamos a desovillar aunque siempre nos falta el tiempo para hacerlo del todo. Empezamos a hacer un racconto del cine del año que fue y nos enganchamos todavía un poco con una película y un cineasta muy celebrados que nos despiertan serias dudas o al menos respetuosas invectivas. Y casi que no tuvimos tiempo de hablar de las películas con las que sí nos quedamos, ampliaremos en audiciones futuras.

De política teníamos pensado hablar pero los bloques se pasaron volando, aunque como todo es política y todo cine es político, cuando hablamos de Pedro Costa o de César González, de Vitalina Varela y de Lluvia de jaulas, dos películas que no van en la misma dirección, estábamos hablando de política.

Y por último tuvimos el privilegio de albergar un momentum radial que sabemos que efectivamente ningún otro programa del basto mundo podría sostener: Alejandro Rubio leyendo el comienzo de Punctum de Martín Gambarotta, el comienzo de algo luego del fin de otra cosa, una sección del programa tan excelente que fue debut y despedida, ya que consideramos inmejorable lo logrado.

La Nube Mágica quizás toque el 31 de enero antes de parar por un tiempo indeterminado. Quizás. Ese mismo día será el lanzamiento en todas las plataformas de su nuevo disco, el que ya sonó en La otra. Mientras tanto Juanito tocará en estos días en un encuentro de cantantes del que informamos abajo.

Yo mientras tanto toco la viola y escucho discos en la vitrola: nunca viví nada igual, digo que estudio filosofía.

lunes, 13 de enero de 2020

Todo lo que me falta


Largas nubes no vieron
caminadas oscureciendo
pedí tu nombre sin retorno
me olvido que estoy dormido.

Todo lo que me falta
es tú
todo lo que me falta
es tú.

Volví ayer, te encontré en pedazos
comí tu ojo con mi párpado
y me hablabas despacio
y me decías que no me vayas

Porque ahora sé
todo lo que me falta
es tú
todo lo que me falta
es tú.


sábado, 11 de enero de 2020

El Nisman de Netflix según el Pájaro Salinas


Clickeando acá pueden leer un minucioso comentario del Pájaro Juan Salinas sobre el documental Nisman: el fiscal, la presidenta y el espía, que por estos días está exhibiendo Netflix.

El Pájaro, autor del muy documentado libro InfAMIA. Los servicios de inteligencia en el atentado y su descubrimiento. El Memorandum con Irán, Stiuso y la muerte de Nisman, conoce como pocos la causa Amia y sus capas geológicas de encubrimientos y se inclina por sostener las evidencias de este encubrimiento coordinado entre los servicios argentinos, norteamericanos e israelíes que empezaron a producirse desde el día mismo del estallido de la bomba. La serie documental de Justin Webster tiene la virtud de sostener que el atentado a la AMIA es el marco imprescindible para comprender la muerte de Nisman.

Salinas aprueba en términos generales el interés del documental y las evidencias que de él se desprenden sobre el suicidio de Nisman en el marco del encubrimiento del caso AMIA. Nisman fue un inescrupuloso agente y aprovechador de este encubrimiento y ahí radica el motivo que empuja a Nisman al suicidio. Esto está sugerido por la serie y afirmado por Juan Salinas.

Desde siempre el Pájaro sostuvo que la conclusión de que el atentado a la AMIA fue planeado y ejecutado por iraníes es una construcción ficticia de los servicios secretos israelíes y norteamericanos que operaron en Argentina con la anuencia de Menem desde el día siguiente de la explosión y nunca dejaron de usar a las víctimas de la AMIA para atacar a Irán.

Nunca:

- ni desde el día en que Menem aceptó que los servicios internacionales adulteraran el rumbo de la investigación, ni bien se produjo el atentado;

- ni durante los años en que Nisman despilfarró fortunas asignadas por Néstor Kirchner a la Fiscalía Especial AMIA para alinearse a los intereses estratégicos de EEUU e Israel que condujeron a la investigación a un callejón sin salida;

- ni cuando Nisman se mató, por decisión solitaria o inducido por quienes instrumentaron su muerte;

- ni desde esa misma noche, cuando se empezó a usar la muerte de Nisman como un motivo para acusar a Cristina de asesinato ("magnicidio" llegó a decirse en una sobreactuación patética de los que sostuvieron esta operación);

- ni cuando el Primer Ministro israelí Benjamin Netanyahu usurpó el escenario del Congreso norteamericano para hostigar el tratado de Obama con Irán;

- ni hace pocos días, cuando Bolsonaro volvió a citar al atentado a la AMIA como justificación por el asesinato de Qassem Suleimani ordenado Donald Trump en Irak.


El atentado a la AMIA nunca se investigó seriamente porque Israel y EEUU decidieron de entrada -y los gobiernos serviles de Argentina acataron- atribuírselo a Irán y que la justicia nunca pudiera avanzar. Primero Menem y después Macri se alinearon con el encubrimiento y lo pusieron en función de sus propias políticas internas. El documental que exhibe Netflix expone en los testimonios de los propios agentes de la CIA y el FBI (Ross Newland y James Bernazzina) que no hay pruebas consistentes de la participación de Irán en el atentado. Salinas lo dice desde hace rato. Sus argumentos resultan muy convincentes.

Es interesante la apreciación de Salinas de que el realizador Justin Webster fue presionado para que omitiera algunos testimonios que serían más categóricos respecto del encubrimiento del atentado a la AMIA y del suicidio de Nisman. Webster, según conjetura Salinas, también pudo haber sido presionado por Netflix para incluir a algunos voceros de la nunca demostrada participación iraní en la AMIA y del supuesto asesinato de Nisman, solo para meter ruido y enturbiar las conclusiones que los testimonios más serios del documental hacen accesibles.

Los testimonios más interesantes: los de la fiscal Viviana Fein, el abogado Luis Moreno Ocampo y Héctor Timerman. Los más abyectos: el siniestro Jaime Stiuso, los fiscales Stornelli, Pollicita y Sanz y el opaco periodista de La Nación Hernán Capiello


El comentario del Pájaro sobre el documental es tan detallado, que casi se podrían hacer dos capítulos más de la serie con todo lo que él acota.

Vean la serie y lean la nota del Pájaro.