viernes, 19 de diciembre de 2014

Adiós al lenguaje: Village Recoleta y Zeta Films defraudan al público

¡Qué vivos Zeta Films y Village Recoleta!



por Oscar Cuervo

A sus 84 años, con una juventud envidiable y una resolución única, Jean Luc Godard hace una película que no solo renueva su vigencia como autor decisivo; además interpela a la totalidad del dispositivo cinematográfico contemporáneo: Adiós al lenguaje.

Como toda obra que indaga en los límites de su propio alcance e interroga nuestros hábitos más acendrados, merece una atención especial. Esto no significa que pretendamos canonizarla ni dejarla a salvo de ninguna crítica. Pero sí que requiere un acercamiento cuidadoso. No se puede escribir de ella como si fuera una película normal: no lo es. Y conviene trasmitir esta idea.

En Adiós al lenguaje Godard hace 3D como nadie hasta ahora lo hizo; llega más lejos que Herzog en La cueva de los sueños olvidados, que Wenders en Pina o que Cuarón en Gravity, Estos antecedentes son notables pero, como hizo otras veces, Godard empuja los límites de la experiencia cinematográfica. La decisión de hacer 3D, en su caso, invita a ver las cosas del mundo de una manera nueva.

La decisión de la distribuidora Zeta Films de comprar la película para exhibirla en Argentina en su formato original mereció altos elogios de la prensa especializada por su valentía.

Un ejemplo de esto puede encontrarse en la edición de ayer de Página 12:

Un extraño privilegio


Los espectadores argentinos son unos privilegiados. A diferencia de muchos otros países (como España o Gran Bretaña) donde la película de Jean-Luc Godard ni siquiera llega a las salas o, si lo hace, se estrena en su versión degradada en 2D, gracias a la distribuidora Z Films Adiós al lenguaje se estrena en nuestro país en 15 salas, de las cuales ocho respetan el formato original 3D. A todas luces, conviene no desaprovechar este privilegio, que hace a la esencia misma del film. Las salas que proyectan Adiós al lenguaje en 3D son las siguientes: Village Recoleta, Showcase Belgrano, Multiplex Belgrano, Cinema City General Paz, Showcase Norte, Hoyts Unicenter, Cinema Paradiso La Plata y Showcase Córdoba. Otra sugerencia: no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy. La movilidad de los estrenos es tremenda en los últimos tiempos y es probable que ante el primer empujón de una superproducción de Hollywood que necesite esas salas tridimensionales, la película de Godard deba dejar ese lugar. Entonces, a no demorarse.

Los pasajes fueron resaltados por mí, no por Página

Es obvio que la información de las salas donde la película se exhibiría en su versión auténtica (dejando de lado los cines donde se proyecta la "versión degradada") partió de la propia distribuidora, como permite ver el flyer que durante los días anteriores Zeta Films hizo circular en las redes sociales que encabeza esta nota.

Ficha técnica aparecida ayer en Página 12

En las funciones de ayer del Village Recoleta se proyectó Adiós al lenguaje en su versión degradada. La entrada sale $95 y nadie en la boletería avisó que la proyección no se haría en 3D. Tampoco lo lo advertía ningún cartel en el hall de entrada (en otras cadenas suele mostrarse bien visible en qué formato se proyecta cada película). Solo al entrar a la sala, cuando el ticket ya ha sido cortado, el espectador se da cuenta de que no va a ver lo que la publicidad engañosa le prometió. No hay nadie de la distribuidora que dé la cara, nadie que cuide la fragilidad de la película y a sus espectadores.

La sugerencia de Página 12 es muy válida: "...no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy. La movilidad de los estrenos es tremenda en los últimos tiempos y es probable que ante el primer empujón de una superproducción de Hollywood que necesite esas salas tridimensionales, la película de Godard deba dejar ese lugar". Página 12 tiene razón.

Ayer alguien de la distribuidora debe haber leído con satisfacción una recomendación tan enfática y merecida. Alguien que ya sabía que los espectadores que se acercaran a Recoleta iban a ser defraudados. Nadie de Zeta Film estaba ahí para reparar el daño. 

La obra de Godard queda mellada cada vez que un espectador entra a ver algo que no es lo que se anuncia. El que paga una entrada costosa y tiene que emprender una desagradable discusión con los empleados de una cadena que trata con indiferencia y descuido sus mercancías sale con su buena fe y sus bolsillos lesionados. Pero quizá el más perjudicado sea un espectador que no advierta el engaño: habrá pagado su entrada y se irá con la idea de haber visto una película que en verdad no vio. Es posible que por esa razón no llegue a comprender de qué se trata. Quizás ese espectador no vaya a ver otra película de Godard.

De la película misma escribiré en otro post. En este quiero advertir eso que Zeta Films y Village Recoleta no avisaron.

jueves, 18 de diciembre de 2014

El año termina, la vida recién empieza: la música del año

Este domingo medianoche en La otra.-radio


La vida recién empieza
la frase tiene buena intención
la dicen los que me quieren
los que me cuidan el corazón

Las caras de los amigos
muestran certeza en su expresión
son ánimos anodinos
inútil bella su compasión

Resuenan en mi cabeza
los versos de esta canción
los canto porque quisiera
que a otro le sirvan ya que a mi no

Resuenan en mi cabeza
los versos de esta canción
la vida recién empieza
no está de acuerdo mi corazón

Los puertos nuevos amores
poner distancia la distracción
consejos como favores
puedo entenderlos tienen razón

Resuenan en mi cabeza.


Esto y bastante más el domingo a medianoche en FM La Tribu, 88,7.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Lucas Carrasco anticipa otra devaluación y el despido de Kicillof

Es obvio que los mercenarios confunden sus deseos con la realidad


por Lucas Carrasco

Los números indican que recién para setiembre u octubre comenzará la extorsión de los banqueros y sojeros por una nueva devaluación. La vieja es fácilmente extorsionable: le mostrás tres pruebas de que chorea y se calza la camiseta de Mussolini y sale a defender con los gendarmes la ganancia de los devaluadores. El mejor cuadro político de los últimos 50 años se reserva, eso sí, el derecho de redecorar la Casa Rosada, cosa de la que in dudablemente sabe pues redecoró muuuuuchas casas desde Videla hasta la fecha mientras su marido trabajaba. Pero políticamente, les conviene durante el Mundial.

Es sabido que hay montones de pícaros que para enriquecerse súbita y legalmente -porque el modelo exitoso lo permite- le llevan análisis de medios, esencialmente pavotes y falaces, pero la vieja consume cmo si fuera cocaína. De manera que creerá que con el dominio de la pantalla y en medio del boludismo que fomenta -porque volvió la política pero la tele es todo fútbol y sermones de la vieja- se puede volver a devaluar, como el 6 de enero, aprovechando que los que prestan más atención a los números de la economía, la clase media alta, que es laque vacaciona para algarabía de este gobierno neoliberal, estaban de vacaciones.

Claro, el asunto es que el gobierno que pasa de festejar el consumo a los Precios ¡Cuidado! y de la sarasa de que trabajan por 6 millones de argentinos que deberían estarles agradecidos a estos millonarios que nos serrmonean, a que la aristocracia obrera y el sindicalismo corrupto, en fin, lo importante es que si le tocan la incalculable fortuna a la vieja, qué quilombo se va a armar. Pero los beliebers K estaban llorando porque el mundo es injusto cuando se armó quilombo de verdad. Y las señales de inminentes estallidos sociales -los estallidos barriales dispersos, los linchamientos, los cortes de ruta, la reacción fascista del gobierno, los piquetes, la patética situación económica del país, no seducen al optimismo- frenan, también, el espíritu salvaje del neoliberal marxista de Remes Kicillof.

Si la Argentina gana un par de partidos, se junta gente en las plazas de las principales ciudades. Si se junta gente, en estas situaciones, una mecha enciende el quilombo.

Es obvio que los mercenarios que confunden sus deseos con la realidad -y recitan la escalera de datos falsos sobre lo exitosa que es la vieja en su primer trabajo, el de presidente- están sin rumbo y eso es un indicador de la disgresión.

Me parece muy probable este escenario

1) Devaluación durante el Mundial

2) Despido de Kicillof (para de paso usarlo de excusa cuando los camporistas le pidan fueros: Scioli no va a cargar con esa corporación invotable cuando ya está segundo en las encuestas....¿cambiar el sistema de mayorías y minorías? ¿para quiénes, para los santacruceños que hasta perdieron la interna de su partido provincial? Ja )

3) Acuerdo con Scioli

4) Ascenso de Frávega al Ministerio de Economía (ningún economista prestigioso le aceptaría el cargo. Y además, es sabido que la vieja no tolera alguien de mayor formación que ella, razón por la que se rodea de cuarentones sin secundaria completa).

(Completo acá)

Ojo con estos dos

Juan Mayo & Maxi Diomedi en La otra: escuchar clickeando acá



Al final

Al final tenía que ser.
Estallará queriendo crecer.
Estallará.

Bocas de acero, decisiones, desaciertos,
ciegos aciertos hacia el amor

Todos y cada uno a contramano nuestro
se desperezan, enemigos del sol.

Al final...

Te aturdo con el canto, descanso, desconcierto.
Todo es incierto, bostezo del tiempo.

Me vivo, me desvivo, me pierdo, me reencuentro.
Ciegos aciertos hacia el amor

Creen que soy restos que flotan,
que flotan y se hunden.
Creen que soy.

(Ojo con este dúo, que se las trae... Juan Mayo y Maxi Diomedi hicieron su debut en la radio la otra noche en La otra.-radio: clickear acá para escucharlos. Para mí hacen una música buenísima, pero escúchenlos ustedes).


Hanna en el desierto

¿Por qué no arrojamos el cuerpo
ahí donde el viento arrancó la flor?

El cuerpo tormenta de arena
que ciega, que es condición

El tiempo está fuera de quicio
y yo profesando la mancomunión
regando de sed el desierto.

martes, 16 de diciembre de 2014

Ecos, bordes y espectros

Sobre cuatro películas y algunas cuestiones de la última edición del Festival de Cine de Mar del Plata



por Guillermo Colantonio

I

Empecemos por los espectros y nada más afín que una sala cinematográfica para evocarlos. La película de apertura fue Pasolini de Abel Ferrara. Se escribió poco sobre ella y se escucharon ecos con posiciones encontradas. No es para menos. La “sombra terrible” del poeta, la presencia insomne del cineasta que uno nunca se cansa de citar, despiertan demasiadas expectativas, a tal punto que se habló mucho sobre el Pasolini que a cada uno le hubiera gustado ver y poco del de Ferrara. Tal vez sea injusto para el modesto propósito: contar las últimas horas de su vida. No obstante, la modestia no debe leerse como parquedad ni como carencia. El nervio del artista está ahí, sus ideas, también. No hace falta narrar una vida, reiterar lo que todos conocen o han propagado hasta el infinito. En este sentido, el director norteamericano adopta una mirada similar a la del narrador de "Biografía de Tadeo Isidoro Cruz" de Borges: “Mi propósito no es repetir su historia. De los días y noches que la componen, sólo me interesa una noche; del resto no referiré sino lo indispensable para que esa noche se entienda” Y esa noche para Ferrara es la de su asesinato. No acumula años, sino breves y diversos instantes del entorno cotidiano, encuentros, comidas, reportajes, ideas, es decir, el universo propio de quien vive con intensidad y no para de pensar críticamente la actualidad.

El espectro se reaviva con el parecido físico de Dafoe. Su interpretación, lejos de ser afectada en pos de una búsqueda mimética innecesaria, apunta a lo gestual y a unas pocas palabras para dar vida al escritor (como le gustaba llamarse). Su tono nostálgico parece presagiar el final en todo momento en una Roma donde es imposible vivir. Nostalgia que se refuerza por el tinte marrón y azulado que predomina en la estética acorde a los setenta.

La película incluye recreaciones de los últimos proyectos de Pasolini, literarios y cinematográficos. Hay una película que no llegó a realizar donde vemos en pantalla nada menos que a Ninetto Davoli, uno de sus actores fetiche. Si bien la estructura es ensayística y tiene un carácter fragmentario, Ferrara escoge el camino de la tragedia. Está la madre del poeta y cineasta, un personaje lorquiano, que desde el comienzo aparenta esperar lo peor con su rostro taciturno, atendiendo a Pier Paolo como si fuera un niño. La fatalidad del final, conocido por todos, está a la altura del género, por la manera en que lo muestra y lo musicaliza el director.

Dos son los principales argumentos que se esgrimieron en contra. El primero de ellos alude al carácter lingüístico y el reproche se funda sobre el malestar que produce oír al actor hablar en inglés. Se añade, además, que un intelectual como Pasolini siempre dio batalla contra la hegemonía cultural y la influencia extranjera. Pueden ser atendibles las observaciones, sin embargo, no me atrevería a tomarlas como definitivas. Vale recordar que las adaptaciones más estimulantes y arriesgadas de ciertos clásicos literarios, por ejemplo, no fueron habladas en su idioma original (Hamlet y Don Quijote de Grigori Kozintsev, por citar dos casos). Además, esta decisión confirma que Pasolini también es el universo de Abel Ferrara. Los suburbios de Roma pueden extrapolarse a los ámbitos oscuros de Nueva York, presentes y vistos a lo largo de su filmografía.

También el catolicismo como categoría para pensar asoma en la forma en que su personaje se entrega para ser sacrificado. Lo vemos, en claros gestos de connotación cristiana, dudar acerca de sus ideas y entregarse finalmente con convicción a su verdugo, a la situación que lo llevaría a la muerte, en un cuadro situacional que parece estar planificado.

El segundo argumento en contra se resguarda en la supuesta liviandad por no enunciar explícitamente cuáles fueron los móviles reales de su asesinato ni evidenciar quiénes tomaron la decisión. Creo, pese a la objeción formulada, que la hipótesis del crimen político cobra fuerza sin necesidad de mostrar su gestación: No podía haber otro desenlace (nos sugiere la película) menos cruento que éste para alguien que era comunista, católico y homosexual, que había filmado Saló o los 120 días de Sodoma, y tenía en vistas una historia “porno estelar” donde un cometa que pasa por la tierra es el mesías mientras asistimos a una orgía en los bajos fondos de Roma. El rostro desfigurado es una imagen terrible, de una intensidad escalofriante, que confirma la diferencia abismal entre haberlo escuchado siempre y verlo representado en pantalla.

II


Continuemos por los bordes del Festival. En este tipo de eventos, las salas se llenan de público pero paradójicamente surge como discusión, una vez más, la muerte del cine. Se sabe que el llamado séptimo arte desde su nacimiento siempre llevó el acta de defunción inscripta. Los Lumiere dijeron que el cinematógrafo era un invento sin futuro y levantaron la polvareda de discursos concernientes a ello hasta la actualidad. No pareció escapar a estas diatribas Paul Schrader, el presidente del jurado, quien comenzó su charla programada dentro de un marco inusual: colgó un afiche de su última película (Dying of the Light) con fotos de actores luciendo una remera donde podían leerse reclamos alusivos a un conflicto legal con los productores. Este hecho motivó que el prestigioso guionista e interesante director focalizara su atención (desmedidamente) en las mutaciones que se produjeron en las formas de crear, distribuir y ver cine. Entre sus ideas más relevantes (que sonaron siempre a un pedido desesperado por enfrentar las viejas maneras de hacer negocio con las películas) resonaron diagnósticos terminales sobre las formas “clásicas” de contar historias y en relación con la sala como espacio prescindible hoy de visionado. Schrader cree que estamos regresando al formato de los cortos de los inicios del siglo XX y ratifica las vigentes teorías del cine expandido y la multipantalla (al que hizo honor el sensible spot institucional de Sapir), sostenidas por Gilies Lipovetsky, Jean Serroy y Jean Baudrillard, entre otros. Las palabras de Schrader quedaron flotando, siempre plausibles, aún con su tono excesivamente quejumbroso.

Lo anterior motiva preguntas: ¿de qué estamos hablando cuando nos referimos a la muerte del cine? ¿es la muerte del ritual de la sala?, ¿es la extinción de un lenguaje, de una forma de registro?, ¿de un dispositivo tecnológico?, ¿es el fin de un determinado tipo de imágenes?, ¿es todo lo anterior o nada? Bueno, las películas tienen qué decir al respecto.

FAVULA de Raúl Perrone ha sido probablemente la más estimulante de Mar del Plata 2014. Lo primero que pensé luego de la excelente proyección fue qué ocurriría si no se viera en sala, cuánto se la perjudicaría. Ciertamente, se trata de una experiencia sensorial alucinante. Sensorial porque invita ser vista a partir de un creativo y particular manejo de materiales que remiten al imaginario silente, con personajes y situaciones propios de un territorio maravilloso, con esa sensación de atracción siniestra que encierran sus relatos. Alucinante porque el efecto es hipnótico. Es la clase de films que recuperan cierta idea de ritualidad como condición necesaria para ver cine. Todas las virtudes visuales han sido justamente destacadas en numerosas reseñas.

Pero además, la película de Perrone es notable por la materialidad que adquiere el sonido. Es en este campo donde la experimentación se hace más rica porque sugiere, al mismo tiempo, un nuevo horizonte de exploración en este terreno. Si la historia del cine se ha ocupado (lógicamente) de las imágenes, empecemos ahora a valorar la materia sonora como parte del juego. FAVULA crea una pared cuyos sonidos y efectos, atraviesan la pantalla, se expanden como gases, puntúan y marcan la respiración de esa lente/ojo que parpadea al ritmo de DJ Negro Dub, Che Cumbe y reposa con la exquisita música de Sebastián Wesman. Por momentos, se escuchan resonancias psicodélicas de los sesenta; en otros, las imágenes juegan con el marco auditivo como si de un remixado se tratase. La sensación es sorprendente. Curiosamente, mientras miraba y escuchaba FAVULA  (un film para ser “audiovisionado”, en términos de Michel Chion), no pude dejar de asociar este efecto con una versión del Fausto de Murnau, musicalizada con rock gótico. En ambos casos, la sincronización entre imagen y sonido es amplia y creativa, lo que les otorga un efecto menos naturalista, pero más poético y descansado. Los sonidos en el trabajo que logró Perrone conservan una fuerza tal que persisten, incluso, más allá de la atracción visual. Nunca son estereotipos sino entidades con presencia material (una manera de marcar territorio frente al dominio histórico de la voz y de la música). Me parece una decisión inteligente en la medida que piensa las posibilidades tecnológicas actuales como una forma de pensar, no solo su propio cine sino el que vendrá. En este sentido, la escasez de diálogos (curioso para un director que indagó siempre en pos de una forma de hablar creíble en los personajes) y de una historia en el sentido convencional, expresan una linda paradoja: el cine como narración está agotado, lo mejor ya se contó y se mostró durante la década del 20, pero a la vez está la posibilidad de recrearlo, de reinventarlo. Intuyo que en esa búsqueda está Perrone. La seguridad y la tranquilidad que emanan de sus palabras al final de la proyección quizás sean una respuesta para la nerviosa y vacilante exposición de Schrader (quien dicho sea de paso, premió la peor película de la competencia internacional). La conclusión, nunca definitiva, puede ser que si no hay riesgo no hay película posible (y así sí me animaría a conjeturar, tampoco futuro para el cine).

III-


Más distendido resultó el encuentro con la directora Claire Denis, de quién se proyectó una interesante retrospectiva. El fantasma de la cinefilia recorrió el lugar cuando recordó algunas anécdotas con Daney y los ecos de la teoría del autor se hicieron presentes en la evocación de sus comienzos con Jacques Rivette. A propósito de ello, Denis recalcó una frase del conocido realizador de la Nouvelle Vague: “la clave en el cine es no saber cuál va a ser el plano siguiente”. Fue una buena entrada para desarrollar su propia idea sobre las películas que ella considera valiosas, aquellas que parecen “frágiles” en su apariencia, pero cuya solidez pasa por contener una escena que moviliza, que inquieta, que no se olvida fácilmente. Dio, por supuesto, algunos ejemplos (Apichatpong Weerasethakul, Lisandro Alonso) pero sorprendió a todo el auditorio la mención del gran Leonardo Favio. La anécdota es más o menos así: Denis prende el televisor de la habitación del hotel donde se aloja y engancha en Inca TV la emisión de una película argentina. No entiende lo que dicen. La copia no es buena, el sonido apenas se escucha, pero eso no le impide quedar deslumbrada por una escena. Se trata de Este es el romance del Aniceto y la Francisca, de cómo quedó trunco, comenzó la tristeza y unas pocas cosas más... (1966). El momento en cuestión se vincula con la impresión que le causó el personaje interpretado por Federico Luppi (actor al que elogió por no reflejar rasgos psicológicos en su rostro) cuando se dirige a su gallo con la expresión “compadre”, indicando que eso es lo que ella siempre buscó en su obra: lo que se oye y se sabe de un cineasta con breves trazos.



Esta idea de la fragilidad aplicada a ciertas películas que no responden a moldes narrativos clásicos, mantienen su propia respiración y generalmente contienen una escena que moviliza fue lo primero que recordé al ver el plano inicial de Cavalo dinheiro de Pedro Costa, a su espectral personaje Ventura caminando en medio de la penumbra hasta que su rostro, y fundamentalmente su mirada, quedan iluminados en pantalla. Es en estos momentos en los que el cine todavía es capaz de forjar un sentimiento, de animar una película, más allá del aluvión tecnológico. Costa es un cineasta que utiliza los avances en materia digital para recuperar ese gesto irracional y pasional de quedar subyugado por una imagen. Película de interiores fantasmales, fuera de tiempo, espectral, con el protagonista encerrado en alguna institución, anclado en el pasado por momentos y de regreso al presente en otros. Por allí transitarán también seres que se cruzan y narran con susurros sus historias. Y si hay algo maravilloso es cómo las voces y las canciones constituyen la banda sonora. La radicalidad y el carácter arduo de la propuesta pueden generar algún escozor en almas inquietas, pero vale la pena ofrecer la mirada a la experiencia que propone Costa, a la escasa iluminación que apenas permite entrever los rostros y mucho los ojos de estas almas en pena encerradas en ese lugar enigmático. El exterior será un fuera de campo o tal vez una ilusión. El inicio con planos fijos de fotografías de experiencias migratorias deviene en una escena que instala el tono de lo que veremos: el pesado andar del protagonista seguido por la lentitud de los movimientos de la cámara, siempre observadora, nunca intrusiva. A partir de ahí, nos sumergimos en esa atmósfera lúgubre donde a su debido tiempo todos tienen algo que decir. En este peregrinaje, siempre hay una búsqueda de ese rostro que mejor exprese el peso de la existencia y soporte la densidad de la memoria. El pasaje final, el diálogo con un soldado en un ascensor, abre, con su extendida duración, más aristas a la complejidad que ya tenía la película. Otro film para ver y escuchar; otro abordaje creativo y original del plano sonoro.


IV


Hay películas que crecen con el tiempo. La fugacidad es uno de los problemas lógicos en el contexto de un festival en la medida que las imágenes se instalan y se sedimentan con rapidez acumulativa. Concluida la vorágine, uno se ve tentado a separarlas, a revisarlas. También a reivindicarlas. Es el caso de No todo es vigilia de Hermes Paralluelo, director que ya había demostrado con Yatasto (2012) una sensibilidad loable para registrar la humanidad de los personajes frente a la cámara. Felisa y Antonio son dos ancianos a los que sigue el joven realizador, primero en un hospital y luego en su casa. Son sus abuelos, pero no importa en principio. El acercamiento es respetuoso, nunca intimidante, desarrollado con encuadres prolijos y con una cámara que apenas se mueve procurando la posición ideal. La primera parte de la película plantea una búsqueda a partir de la observación y planos fijos tomados desde diversos ángulos. Seguimos los exámenes que le hacen a Antonio y la inquietud de Felisa, siempre a su lado. Hay escasos diálogos y algunos relatos que surgen de los personajes pero que son interrumpidos por los médicos, como si se tratara de un contrapunto dialéctico. El estatismo y la sucesión de planos de esta parte instalan un tiempo interno similar al de los personajes en la etapa de la vida que les toca.

A los cuarenta minutos, aproximadamente, una imagen exterior con un campo nevado quiebra el encierro y pasamos a una especie de segundo acto en la casa de la pareja. Paralluelo continúa con la tenue iluminación y los impecables encuadres pero comienza a explotar dramáticamente la potencialidad humana de los ancianos en la pantalla. Para ello, inserta breves dosis de diálogos y movimientos que provocan humor y sana gracia. Hay un momento que escenifica la idea del tiempo, más allá del trabajo formal: Antonio toma el teléfono y llama a alguien para arreglar un artefacto; habla supuestamente con un interlocutor un rato hasta que su mujer le pregunta qué le dijo, y él responde que ha dejado un mensaje en el contestador. El chiste funciona y es gráfico a la vez sobre lo que representa el tiempo para ellos. El andar cansino de sus pasos será respetado siempre con la lentitud de la cámara que los sigue. Y la luz (con un uso muy influenciado por Pedro Costa) es sacrificada para resguardar la intimidad y crear ese ambiente que tantas veces hemos visto en las casas de nuestros abuelos.

Si en el hospital no veíamos la química entre la pareja, en este segmento es evidente. El final es una delicia.

No todo es vigilia es esa clase de películas que pasan por los bordes de un Festival. Pese a ser programada en Competencia, poco y nada se dijo de ella, tal vez por la aparente fragilidad de su propuesta, lo que no quita que pueda reivindicarse su generosidad expresiva en el futuro.

lunes, 15 de diciembre de 2014

FAVULA, una de las grandes películas del año, se puede ver online

Hasta el 31 de diciembre en el festival Márgenes (Clickear acá)


- un bosque – selva – encantado
- bello – peligroso – sensual
- una mujer – su marido -
- un joven – una adolescente -
- (parecen hermanos) 
- otra adolescente que llega
- un hombre – en el bosque – selva
- dos hombres mas – (de otro momento)
- tiros – corridas – un escape –
- una cascada – lluvia – tormenta – 
- fuego – tiros – amor – pasion – muerte
- esto es FAVULA -
(Raúl Perrone)

Fávula: Rostros bonaerenses insertos en planos montados con varias capas, fondos proyectados, sombras chinas, encadenados que recuperan y extreman el concepto de truca, jugando el oficio del ilusionismo de Melies en soporte digital. La profundidad de campo abolida, la pantalla es un lienzo en el que se proyectan vapores o líquidos, como si el cine se inventara otra vez, 120 años de Sodoma. El universo de Favula nunca es visto en sus detalles sino solo entrevisto en el plano y completado en la imaginación favuladora del observador.  (Ver la nota completa acá)

La gran película de Raúl Perrone participa en el IV Festival Márgenes *, Sección Oficial Fuera de Competición - Gratis online del 13 al 31 de diciembre, clickeando acá.



Márgenes es un espacio que ofrece la posibilidad de acceder a películas de calidad surgidas en la periferia de la industria cinematográfica convencional o de marcado carácter autoral. desde hace 4 años el sitio Márgenes organiza un festival online, cuyas selecció oficial pueden verse de manera gratuita acá. En otro post hablamos de las películas en competición.