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jueves, 19 de septiembre de 2019

Qué macana

La otra.-radio del domingo 15 de septiembre de 2019, segunda parte, para escuchar clickeando acá 


Dada la extraordinaria calidad de la obra musical de Eduardo Mateo, puede decirse que casi 30 años después de su muerte persiste una injusta falta de reconocimiento. La onda expansiva de su obra no cesó nunca de extenderse, siempre demasiado lentamente. A medida que pasan los años cada vez es más sólido el prestigio del que goza entre una minoría intensa de discípulos directos e indirectos y nacen nuevas generaciones de admiradores. Pero hay algo en la propia música de Mateo que parece resistirse a la consagración masiva. ¿Alguna vez dejará de ser el gran desconocido popular?

Músicos talentosos, influyentes, que sí gozaron de un reconocimiento en la contemporaneidad que los recibió, como Hugo Fattorusso, Litto Nebbia, Rubén Rada, Fernando Cabrera, Juana Molina o Jaime Ross, no dudan de que el arte de Mateo es una flor que brotó sin que fuera esperada un día antes de aparecer y abrió posibilidades que la música popular empezó a transitar sólo después de esa irrupción. Mientras Mateo vivió, pocos advirtieron su genialidad. Pero también existe un profuso anecdotario de actitudes excéntricas que lograban desorientar a los que lo conocían de cerca y dificultaban su justa valoración como artista: "¿Mateo es o se hace? ¿La música que crea es producto de un error afortunado o un acierto frágil? ¿Una deformidad que necesita oídos nuevos o el olvido? Incluso: ¿podría ser que esto que suena ligeramente fuera de quicio sea efectivamente un error al que le adjudicamos un valor que no tiene?". Mateo en su vida encontró más ceños fruncidos que aplausos. Nada de ese desconcierto alrededor lo hizo renunciar a su divague: el reconocimiento ajeno no parecía desvelarlo tanto como construir canciones a la altura de su desapego mundano.


Hoy en Uruguay se le dedica un reconocimiento aún tibio en comparación con la belleza que legó. Se acaba de estrenar la película Amigo lindo del alma, que es a la vez el título de una de sus canciones y una manera simpática de invocarlo. No eran tantos los que cuando vivía estaban dispuestos a tratarlo con esa amabilidad. Los que lo conocieron directamente más bien parecen recordar que era difícil hacerse amigo suyo. Más que un amigo lindo del alma, hizo canciones que hoy deseamos que nos acompañen siempre. Willy Villalobos vio la película en Montevideo y nos cuenta que hay versiones hermosas de algunas de esas canciones y testimonios que oscilan entre la sensibilidad y la tontería. Queda bien hablar bien de Mateo, aunque no siempre logran eso los que se lo proponen. Mejor escucharlo.

En La otra.-radio del domingo pasado abrimos el programa [acá] con otros dos músicos que fueron más celebrados por sus respectivas obras y también famosos por actitudes reprobables: Michael Jackson y Pity Álvarez, salvando todas las distancias que ustedes quieran. Los dos caídos en desgracia. Cada uno puede tomar para el lado que quiera, pero las canciones están ahí, disponibles para oyentes y para jueces.

martes, 28 de junio de 2016

La lluvia dice acuérdate y ya no puedo

Cabrera canta Mateo y DarnauchansAnohni (aka Antony) / Fuego amigo de Juan Federico von ZeschauLa otra.-radio  / domingo 26 de junio  / para escuchar  clickeando acá



Aires que más que el vino me sedujeron
escultores de arena sobre los médanos
tiraban de tus crenchas aires secretos
mientras tu pie desnudo iba de vuelo
aires de litorales, verdes esteros
del sumergido monte de troncos negros
aires que se quedaron jugando un juego
borrando de la arena ceñidos cuerpos
yo voy con mi cartera por otro pueblo
la luz me dice acuérdate, ya no me acuerdo
yo voy con mi paraguas por otro invierno
la lluvia dice acuérdate y ya no puedo
aires aquellos aires me sedujeron
me sedujeron… me sedujeron…

"Canción 2 de San Gregorio", Eduardo Darnauchans, interpretado por Fernando Cabrera





¡Papi! ¡papi!
Espiame en mi habitación de hotel
espiá mi silueta mientras voy de una ciudad a otra
espiame mientras miro pornografía
espiá mis conversaciones con mis amigos y mi familia
se que me amás
porque siempre me estás espiando
protegeme del mal
protegeme del terrorismo
protegeme de los abusadores de menores
protegeme del mal
espiame
espiame en mi habitación de hotel
espiá mi silueta mientras voy de una ciudad a otra
espiame mientras miro pornografía
espiá mi historia clínica.
¡papi! ¡papi!

Anohni (anteriormente conocida como Antony Hegarty, "Watch me")

El domingo pasado unos minutos después de la medianoche largamos con una nueva emisión de La otra.-radio. Empezamos con el análisis de Carmen Cuervo sobre el desempeño de la selección nacional de fútbol, que apenas minutos antes había sido derrotada por los chilenos. En el programa escuchamos los nuevos discos de Fernando Cabrera (Canta Mateo y Darnauchans) y de Anonhi (Hopelessness). Y mantuvimos una conversación con Juan Federico von Zeschau, autor de la novela Fuego amigo, quizás la primera ficción novelada de la militancia durante el kirchnerismo. Con el escritor hablamos de su novela y también del peronismo, el kirchnerismo y la actualidad política.
Todo eso se puede escuchar clickeando acá.

miércoles, 26 de agosto de 2015

Uruguayos por doquier

La otra.-radio del domingo pasado para escuchar clickeando acá 


El domingo a la tarde estuvimos en la Ballena Azul presenciando un notable show de Rubén Rada, quien presentó su disco Tango, milonga y candombe, en el que despliega su tremenda ductilidad de cantante, uno de los mejores de esta región del mundo,: a sus 72 años conserva en escena una potencia vocal y una capacidad de showman excepcionales. En su nuevo disco, Rada acentúa los lazos que existen entre el tango y la música afro y de eso se trató el show en la Ballena, en el que, con una puesta en escena sencilla que evocaba el ambiente de los boliches y piringundines en los que el tango nació, logró quitarle monumentalidad al espacio escénico imponenete de la Ballena y transformarlo en un encuentro intimista. 

Después, en el programa de radio de la noche repasamos un precioso repertorio de gemas de los músicos uruguayos: Eduardo Mateo (escuchamos la última parte de la entrevista Guilherme Alencar Pinto, autor de Razones Locas), Fernando Cabrera (que tuvo un memorable recital en la Ballena el viernes pasado), El Príncipe, Urbano Moraes, el nuevo disco del genio inclasificable Leo Masliah y el del propio Rada. Una colección de canciones maravillosas que se pueden escuchar acá.

Si vieras (Mateo)

Si vieras las rosas brotando
Sabrías que existe el amor
Trayendo rocío en el alba
Devuelven al sol su color

Quisiera que escuches al viento
Tocando con su diapasón
Y vieras entonces los sueños
El árbol y aquel corazón

Esta es la canción que trae sueños
Son del corazón mis recuerdo
Cántala también tu conmigo
Y tu sol saldrá lo tendrás

Quisiera que vieras la luna
Quedarse allí sobre el mar
Y entonces te vieras conmigo
Temblando allí en la sal

Escuchen señores escuchen
Yo canto soñando el amor
Cuidado no intenten callarme
El mundo ya se despertó



Milonga Para Una Niña
Alfredo Zitarrosa por Rubé Rada

El que ha vivido penando,
por causa de un mal amor,
no encuentra nada mejor,
que cantar y d'ir pensando.
Y si anduvo calculando,
qué culpa pudo tener,
cuando ve que una mujer,
no conoce obligaciones,
se consuela con canciones,
y se olvida de querer.

Por eso niña te pido,
que no me guardes rencor,
yo no puedo darte amor,
ni vos podés darme olvido.
Yo sé que en cualquier descuido,
me iba a bolear contra el suelo,
y aunque me ofrezcas consuelo,
yo no lo puedo aceptar,
puedo enseñarte a volar,
pero no seguirte el vuelo.

Yo no te puedo entregar,
un corazón apagado;
cuando falla el del costado,
no hay nada que conversar.
Hay una forma de amar,
que es un modo de conciencia;
hay un amor que es paciencia,
y otro que es solo aromar.
¿ Cuál amor te podría dar,
quien amara tu inocencia ?

Cuando te vuelva a encontrar,
no podremos sonreír,
prefiero verte partir,
como te he visto llegar.
Cuando vuelvas a pensar,
que una vez te conocí,
y que nomás porque sí,
te compuse una canción,
cantará en tu corazón,
lo poquito que te di.

domingo, 23 de agosto de 2015

Luna sola

Hoy medianoche FM La Tribu 88,7: Leo Masliah, Rubén Rada, Eduardo Mateo, Urbano Moraes, El Príncipe


Luna llena, tanto yirar
por el cielo sin encontrar
más que huellas de tu blancor
o una piedra que alguien tiró
en un tiempo que no siguió
en tus rondas no se cruzó
esa estrella que me llevó
al embrujo que hace palmar
al influjo de tu mirar
luna llena de claridad
extranjera en la eternidad
luna llena de vacuidad
una pena de inmensidad
se abre paso cuando al pasar
el ocaso sale a trillar
tu alma en pena de soledad
en tus rondas no se cruzó
esa estrella que me llevó
me condujo al resplandor
vagabundo de tu mirar
luna sola busco un lugar
a la sombra de tu clarear.

Hoy a la medianoche en La otra vamos a escuchar la última parte de la entrevista a Alencar Pinto, el biógrafo de Eduardo Mateo. También los nuevos discos de Leo Masliah (Luna sola) y Rubén Rada (Tango, Milonga & Candombe, que lo estará presentando esta misma noche en La Ballena Azul del CC Kirchner). Y las canciones de Urbano Moraes, El Príncipe, y Eduardo Mateo.

A partir de la 0:00 h se escucha acá: http://fmlatribu.com/radio/hd/ o acá http://fmlatribu.com/radio/sd/

lunes, 17 de agosto de 2015

Sin saber hacia dónde rumbear

Especialísimo de Eduardo Mateo en La otra, para escuchar clickeando acá


El programa de anoche de La otra.-radio estuvo enteramente dedicado a la música y la vida de Eduardo Mateo, con sus grandes canciones y su personalidad enigmática. Y una extensa entrevista a su biógrafo Guilherme Alencar Pinto, autor de Razones Locas.. 

Este es el retrato que hace Alencar de Mateo y de su relación con él:

Antes de conocer a Mateo, yo conocí su música. Yo soy brasileño, vivía en Río, pero era ya fanático de la música uruguaya. Y una amiga con quien solía intercambiar música, un día me mandó Cuerpo y Alma recién editado, en 1984, y sin que yo tuviera la menor idea de quién era Mateo, me gustó el disco desde un primer momento, aunque posteriormente me fue gustando más. Tenía un resto para que me gustara más con el paso de los años. En el 85 visité Montevideo por primera vez y a los pocos días vi a Mateo tocando en vivo. Él estaba haciendo un circuito con un espectáculo llamado La máquina del tiempo, que fue el tercero de sus espectáculos con ese nombre. Y en ese toque yo fui presentado a él. Y como a Mateo siempre le gustó Brasil, él se me arrimó hablando portugués y nos hicimos compinches. Un poco después de eso, yo estuve una temporada más extensa en Montevideo. En 1986 produje el primer disco de Mariana Ingold y entre los dos, ella y yo, decidimos asignar algunos arreglos del disco a Mateo. Y entonces ahí tuve la oportunidad de hacer no solo chistes, pavadas y hablar de la vida, sino de trabajar con Mateo. Él no escribía música, o lo hacía muy mal, entonces él iba inventando los arreglos ahí en vivo. Mariana tocaba sus bases, Mateo en la guitarra inventaba las partes, yo las pautaba y luego las tocaba en el piano para que él inventara nuevas partes. Entonces pude entrar a la cocina de Mateo, trabajar con él. Y un poco entre conocerlo, verlo en vivo y verlo trabajar, Mateo creció en mi consciencia. En ese proceso fue que Cuerpo y alma pasó de ser un disco que me encantaba a ser uno de mis discos preferidos en el mundo. Y Mateo pasó a ser para mí un gran músico, sin matiz alguno, no un gran músico uruguayo, no el gran músico que pude conocer, sino un gran músico a secas, que yo, de suerte, pude conocer y tener alguna cercanía con él. 

Y bueno, acompañé su trayectoria muy de cerca, creo que vi la mayoría de sus espectáculos, por lo menos asistí a una o más funciones [de cada uno]. Mmuchas veces estuve presente en sesiones de grabación de discos suyos, asistí a ensayos de otros espectáculos, aparte de la amistad, ¿no?, de que él viniera a mi casa, de que yo fuera a su pensión, de que fuéramos a boliches juntos y todo eso. Lo seguí desde el 85 hasta su muerte. La amistad luego se enturbió un poco a partir del año 88, como con tanta gente. Mateo era un tipo muy difícil, y, bueno, nos peleamos y la relación se enfrió un poco, no se cortó, pero ya no hubo la parte más cotidiana a partir del año 88.

Mateo, en algunos momentos en que estaba bien y que sintonizaba con uno, era el tipo más fácil de trabajar del universo. Uno lo convocaba, llegaba en hora, trabajaba con la mayor seriedad, con la mejor disposición, con alegría, todo eran chistes, fluidez, y además la emoción de vivir el brotar de una música increíble. Eso fue lo que pasó con los arreglos del disco de Mariana. El tipo hacía un arreglo y era una cosa increíble. El único conflicto es que yo decía: "no, Mateo, después de hacer eso es imposible que aparezca algo mejor"; y el tipo se ponía medio malo: "no, no, no, no sirve nada" e inventaba otra cosa. Pero efectivamente al ratito uno decía: "realmente es mejor". Y luego otra vez y otra vez. Es decir, uno nunca podía dar cuenta de que había un techo más alto, y él sin embargo vislumbraba e iba ahí.

En compensación, cuando estaba cruzado, te peleaba, retaceaba cosas, a veces era como que él estaba boicoteando el trabajo, por motivos que a veces uno se acercaba a ellos y a veces no. A veces él de pronto decía lo que parecía ser el motivo y era una cosa tan tonta que uno tampoco podía decir si efectivamente Mateo estaba loco o si su explicación era parte de un gran chiste o de una gran provocación. Uno no lo sabía. Entonces esas dos dimensiones estaban siempre oscilado, ¿viste? 

Por ejemplo, Mateo consumía mucha droga, casi siempre droga informal y barata, porque no tenía plata para pagar las drogas nobles, mucha pastilla y eso. Pero casi siempre que le vi, por ejemplo, la marihuana, que es algo que a uno lo deja amistoso y buena onda, ¡a él le pegaba mal! Se ponía agresivo, antisocial, en los toques en vivo se peleaba con la gente, por ejemplo se apartaba expresamente del micrófono para que no se le escuchara la guitarra. Ese tipo de cosas que eran mala onda con todo el mundo, con quien tocaba con él, mala onda con el público. Entonces uno tenía que convivir y esperar los buenos momentos. Los buenos momentos dejaban unos recuerdos tan lindos que uno los recuerda con cariño. Luego uno recuerda lo otro y dice: "bueno, no era tan lindo". 

Uno entiende por qué el tipo vivía esa soledad. Era por responsabilidad de él y era por motivos más nobles también. La soledad de Mateo se debía a que el tipo tenía una especie de búsqueda muy incansable de una dimensión que él no sabía que era, pero la buscaba, de una manera muy íntegra pero también sin saber hacia dónde rumbear, ¿viste? Era como una especie de gran yogui sin gurú. Entonces hacía esa busca, sin un método y una orientación, pero realmente obstinado por perseguir ese lugar. Entonces uno admiraba esa soledad, uno por otro lado la lamentaba, por él mismo y también porque a veces hería a la gente cerca suyo, ¿no?



Alma al aras alas que pasan
del ave que en vuelo anda
ama el alma en mantra
alma del lugar noche y fogata
hazte luz y el fuego en llama
llama al alma y canta.

Canta, canta y ama, vive en cuerpo y alma
canta, sol de la naturaleza llama.

Alma que al tramar tramas en mantras
haz que el luz aves alas as
salve al cuerpo y alma.
Alma, nombre a Dios o al que es amigo
fiel en sí y a uno mismo
voz del cuerpo y alma.

Canta, pensamiento y ama el alma en mantra
canta, que en el cuerpo un templo guarda al alma.

Para escuchar la entrevista y el programa completo, clickear acá.

domingo, 16 de agosto de 2015

Locas razones



Hoy a la medianoche en La otra.-radio hacemos un especialísimo dedicado a Eduardo Mateo y la biografía que sobre él escribió Guilherme De Alencar Pinto, Razones Locas. Estuve la tarde escuchando canciones de Mateo para seleccionar, con la frustración de que son todas tan geniales que no vamos a poder llegar a pasar ni el 10% necesario para dar una idea cabal de su genio artístico. Esto sin contar que tenemos también una buenísima entrevista con Alencar, que dice muchas cosas reveladoras sobre Mateo y sobre Razones Locas.

Vamos a hablar un poquísimo también de la coyuntura política, lo mínimo indispensable, pero con la suficiente claridad como para instalar nuestra interpretación del momento actual.

Hoy a las 0:00 en http://fmlatribu.com/radio/hd/ invito al que guste a escucharnos.

sábado, 15 de agosto de 2015

Razones locas: El paso de Eduardo Mateo por la música uruguaya

Sábado en Patologías Culturales y domingo en La otra.-radio: entrevista a Guilherme de Alencar Pinto, autor de la extraordinaria biografía de Mateo. FM La Tribu, 88,7


Guilherme de Alencar Pinto es autor de un libro imprescindible para terminar de comprender el genio anómalo del músico uruguayo Eduardo Mateo. El libro se llama Razones Locas y acaba de publicarse la cuarta edición, conjuntamente realizada por La Edad de Oro (Buenos Aires) y Perro Andaluz (Montevideo). Esta edición actualizada, a más de 20 años de la primera, permite revisar en perspectiva el sostenido crecimiento de la reputación que fue conquistando Mateo desde el momento de su muerte, ocurrida en 1990, y la actualidad. Alencar Pinto logró un libro extraordinario, que es la mejor presentación a la obra de un músico que aún desafía nuestra capacidad de escucha. Con motivo de esta nueva edición, Alencar vino a Buenos Aires y tuvimos oportunidad de entrevistarlo, junto con Máxi Diomedi. 

Este fin de semana vamos a emitir la entrevista en dos entregas: hoy sábado a las 17:00 en Patologías Culturales y mañana domingo a la medianoche en La otra.-radio, por FM La Tribu.

En el pasaje de Razones locas que citamos a continuación, Alencar se pregunta por los motivos de la difícil recepción que tuvo una obra artística tan descomunal como la de Mateo, en el contexto de la cultura montevideana de la época de la dictadura militar y el Canto Popular uruguayo:

El caso de Mateo es apenas un extremo, no demasiado improbable, de una situación que es inherente al tamaño del mercado uruguayo, agravado por la orientación predominantemente mercadológica de la difusión musical. Pero el factor decisivo fue el sicológico, que llevó a que el propio Mateo boicoteara una buena parte de las oportunidades que le brindó el medio. Si uno tratara de establecer hasta qué punto contó un factor u otro, se podría pensar en un claro análogo primermundista, tan venerado como Mateo por sus congéneres: Charlie Parker. Tan autodestructivo e indisciplinado como Mateo, y habiendo vivido quince años menos, se encontró con una estructura preparada para dar mucha más consecuencia a sus brotes de calidad e inventiva, y logró dejar registrada una proporción de su obra de la que nadie se puede quejar.

Pero lo que más me importa destacar es un tercer favor: la reacción de la sociedad ante una figura como Mateo en un contexto política y socialmente más convulsionado y dramático que el vivido por Parker (sin querer disminuir lo que hay de dramático en el contexto en que vivió Bird). El momento, a muy grandes rasgos, podría ser definido bipolarmente como la oposición de las tendencias dictatoriales (el sistema, la situación) y la resistencia protagonizada por la izquierda política. Esta situación se inmiscuyó totalmente en el escenario musical uruguayo. Sin embargo parece no haber habido diferencias entre la elite intelectual, el sector social de izquierda y el cuerpo social más amplio, unidos todos en la postura normal de segregación del 'loco'.

La particular 'locura' de Mateo parece ideal para hacer de él un punto de referencia ideológico. Bastante impermeable a los estímulos sociales, Mateo respondía muy poco a opiniones ajenas. Las grabaciones de espectáculos de los años oscuros de Mateo demuestran que la evolución de la categoría de 'sombra lastimosa' a la de genio intocable se operó más en los observadores que en el observado. En todo caso, la actitud personal que culmina con una mendicidad apenas más notoria que la mantenida hasta sus últimos días, parece ser más bien una respuesta a una merma violenta de las posibilidades de trabajo que la causa de la misma. Y acá no se trata de establecer culpas individuales, ya que el cambio de enfoque ocurrió, más o menos pronunciado, en allegados a Mateo que con toda buena voluntad trataron de respaldarlo en los tiempos difíciles. Por si hace falta, el caso de Mateo viene al pelo para mostrar la incidencia de lo subjetivo, ideológicamente condicionado, en juicios que algunos tienen la absoluta seguridad de que son 'objetivos' y defendibles racionalmente. Si el diccionario de la Real Academia define 'locura' como 'privación del juicio, no sería un arrebato romántico decir que ese rasgo correspondió a los demás, en forma más pronunciada que a Mateo.

Mi intención no es hacer una defensa idealizante de la actitud de Mateo. En lo personal, deploro muchas de sus actitudes, y sufrí las consecuencias de su ética personal dudosa y su eventual egoísmo (que parecían convivir en él sin conflicto con lo mucho que tenía de querible y admirable). Lo grave es que las fuerzas progresistas del Uruguay, necesitadas de los aportes poderosos de esos talentos descomunales que aparecen cada tanto, hayan desperdiciado por tantos años (y justamente qué años) una prodigiosa fuente de ideas útiles. Es comprensible que los músicos resistentes no se subieran livianamente al carro de posibles delirios, pero es también decepcionante que no hubiera un intento -en una época en que se tendía a las teorizaciones, a la apología del rigor y del espíritu crítico- de derivar de Mateo y de su producción sus complejas y ricas implicancias estéticas y filosóficas, de hurgar en su gama de posibles sentidos, para entonces evaluar lo que de allí podría servir o no al 'hombre nuevo'. El contraste entre el comportamiento de Mateo y la normalidad social era lo que ponía en evidencia especial sus incoherencias, endebleces o sinsentidos -características que, si uno se pone especialmente crítico o autocrítico, va a encontrar en cualquier cuerpo social-. Y el cuerpo social -como es tendencia casi  ecuménica- prefirió negar sentido a lo diferente antes que ponerse a buscarle nuevos sentidos (y así parcialmente desarmarse). En líneas generales, se reaccionó por un somero etiquetaje, permitiendo que la 'música de izquierda' quedara (falsamente) asociada a las cuadradeces que al poco tiempo estarían patentes en la izquierda misma.

(Razones locas, capítulo 26)

Más sobre Eduardo Mateo acá y acá.

viernes, 22 de mayo de 2015

Razones Locas


A esta altura ya son muchos los que saben que hace no mucho tiempo y acá cerquita vivió un genio de la música popular del siglo XX llamado Eduardo Mateo. Pero seguro todavía hace falta que se enteren muchos más. Cuando digo "genio" pretendo no abusar de la carga de esta palabra, porque se la usa con cierto descuido. Mateo es un genio porque su obra artística desborda el horizonte de expectativas de su época, porque corre los límites de lo imaginable, porque toma del aire sonidos y silencios que están flotando para todos pero las devuelve transfiguradas como muy pocos podrían. En cualquier parte que hubiera nacido este talento improbable sus semejantes habrían tenido problemas para entenderlo rápidamente. La noción de belleza que él maneja en sus canciones no es alguna que le preexistiera. La belleza fue más grande y más extraña a partir de él.

Valga  esto como invitación a descubrirlo para los que aún no lo hicieron: su música requiere una predisposición a aventurar la escucha y a descubrir qué cosas puede un oído. Los genios nos enseñan a percibir las cosas del mundo, nos educan la percepción, y es ahí donde se unen la belleza con la verdad.

No es mucho lo que Mateo grabó, pero si por algún lado hay que empezar, yo recomendaría Mateo solo bien se lame, su obra maestra, a la altura del Artaud de Spnetta, por decir algo. O el maravilloso disco a dúo con Fernando Cabrera, Mateo & Cabrera, milagroso encuentro irrepetible, grabado en vivo en 1987, cuando uno de los dos estaba empezando y el otro estaba por terminar.



Si traigo el tema es porque acaba de reeditarse un libro que sería el complemento indispensable para descubrir a Mateo, Razones Locas, una minuciosa y apasionante biografía escrita por el musicólogo y periodista brasileño Guilherme de Alencar Pinto, que sirve para reponer al genio en su dificultoso contexto, el Uruguay entre los años 60 y 1990. No es que Uruguay fuera especialmente difícil, es que la singularidad de Mateo se le haría difícil a cualquier contexto, porque las demandas de la coyunturas siempre son distractivas cuando aparece un gran artista. Y si el artista es tan irregular y desconcertante como Mateo lo era, tanto en su obra como en su travesía cotidiana, entonces él se vuelve un analizador, un sujeto capaz de medir involuntariamente las reacciones, la atención, el rechazo, la distracción, la generosidad y la pequeñez del tiempo que le tocó. El libro de Alencar Pinto tiene la virtud de documentar a Mateo en sus días y por eso mismo nos ayuda a comprender cómo reacciona el hombre común cuando se topa con un hombre singular. Por eso, por registrar con precisión las reacciones que Mateo despertaba a su paso, la irrupción de canciones que se volverían clásicos años después, el libro Razones Locas es un gran documento y a la vez una especie de novela apasionante.

Yo descubrí a Mateo cuando él ya había muerto, en los inicios del siglo XXI. Y el libro de Alencar Pinto me ayudó a moverme por ese planeta extraño. Leer Razones Locas y a la vez ir descubriendo sus discos es un programa siempre interesante. 

Me valí mucho del libro de Alencar Pinto para escribir una extensa nota en el número 2 de revista La otra, allá por la primavera de 2003: "Eduardo Mateo: tejedor de canciones". Que luego reproduje en el blog Un Largo (acá). En una parte de la nota, pongo:

Eduardo Mateo era un tejedor de canciones:

“Un día Mateo pasó a visitarme, yo estaba durmiendo y me despertó. Se sentó ahí en la cama. El me estaba mirando, hasta que, bueno, cuando vi la presencia de él yo en seguida me desperté más rápido, abrí la ventana, «Hola, qué tal», -era como un privilegio, ¿no?-. Y bueno, así charlando, yo agarré la guitarra, empecé a cantar una melodía que tenía. Y él me dijo: «¿tenés un papel y un lápiz?». Le di un papel y un lápiz, y me dijo: «cantá la melodía». Me la hizo cantar varias veces. Y me hacía parar, y él escribía. Así sucesivamente, una hora, dos horas... Hasta que me dice: «dame la guitarra». Agarró la guitarra y empezó a ensayar el tema ya con esas palabras, haciendo una descripción sobre mí y sobre lo que había alrededor nuestro en ese momento. Porque habla de que no había reloj y es verdad, porque el reloj que había no andaba. Habla de un jarrón con rosas: es verdad. Habla de un pantalón que estaba ahí a los pies de la cama, con flores, y es verdad – porque en aquella época usábamos ese tipo de ropa-. Habla de una guitarra marrón: sí, es verdad. Habla de lo que yo digo «yo quiero fumar», con lo cual me refiero, me gustaría aclararlo ahora, al La Pazsuave. (El que habla es Pippo Spera, amigo de Mateo y también músico, unos años menor que él. Se refiere a la co-autoría de la canción Pippo, alrededor de 1968.)

Pippo, amigo que vistes color
con tu guitarra marrón
Siempre sonríes con una canción
no hay en tu casa reloj
Eres muy lento cuando sales de la cama, ah
mientras la luz se queda fría en la ventana, ah, ah...

Andan las flores por tu pantalón
dices del mundo dolor
Alguien entrando golpea el portón
rosas hay en tu jarrón 
Eres muy lento cuando sales de la cama, ah
mientras la luz se queda fría en la ventana, ah, ah...

Pippo, amigo, yo sé que es verdad:
la lluvia te ha de mojar
Dices: no importa, yo quiero fumar
triste la tarde se va
Eres muy lento cuando sales de la cama, ah
mientras la luz se queda fría en la ventana, ah, ah...

- ¿Cómo te sentiste con respecto a que la letra de esta canción fuera dedicada a vos?- pregunta Guilherme de Alencar Pinto, autor de una excelente biografía de Mateo, Razones locas, editada en Buenos Aires el año pasado por Ediciones Zero.

Responde Pippo: “La primera reacción fue una decepción. Porque yo esperaba «una canción», que hablara no sé de qué, ¿viste?. Y como que de repente empieza a hablar de mí y ya se había terminado la posibilidad de que apareciera un mensaje... No sentí ni halago ni nada. Tenía un cierto no sé cómo llamarle, que se hablara de mí. Pero recuerdo que me pegó la canción en el Parque Hotel, cuando él la estrena con El Kinto, en un baile, ya con Urbano cantando. Entonces yo ayudaba mucho al Kinto. (El Kinto es la banda que Mateo tenía con Rubén Rada y Urbano Moraes, entre otros, creadores del candombe beat y adelantados, allá por 1967, del rock en castellano en el Río de la Plata). Me ocupaba un poco de la utilería -continúa Pippo-. Y me acuerdo que me llamó Mateo para que subiera al escenario, y yo dije: «algún cable, algún bafle, algo»... a ver qué era, ¿no?

Recuerda el propio Mateo: “Pippo estaba en el baile. Entonces lo hicimos subir, lo sentamos arriba de un bafle: tenés que verlo a Pippo: él siempre tenía camisas floreadas, botas de color... Pero el Pippo siempre se vistió bien, ¿no? Pantaloncito justo... «Sentate acá». Lo sentamos arriba de un bafle y le cantamos la canción. Fue el taponazo, el taponazo.”

Pippo: “Bueno, obviamente, me puse a llorar, ¿no? Una cosa que no esperaba que fuera eso, esa canción, ¿no? Ya un ente aparte de mí. Con el cuidado que la trató, con el arreglo, con la delicadeza... Algo increíble”.

Pippo, espectador privilegiado, co-autor y a la vez destinatario de la canción, testimonia acerca del “Método Mateo de defraudar/desbordar las espectativas”. Volvió a ocurrir decenas de veces: un oyente, muy bien predispuesto con el músico admirado, queda descolocado al oir la canción, le parece que algo no está bien o que es demasiado tosca o demasiado simple. Pero necesita volverla a escuchar: sólo después de varios intentos la canción empieza a abrirse para él, se da cuenta de que lo que percibió como anomalía en realidad es un viaje en otra dirección, en el que se descubren territorios desconocidos. ¿Cuántas veces la canción popular se permite este riesgo? No muchas, millones de canciones transitan por caminos ya conocidos, canciones que uno igual ama pero no producen esa inquietud.

La letra de Pippo es una descripción llana de una cosita de nada -Pippo despertándose- que puede confundirse con un costumbrismo que no supo elegir un tema más interesante. Las canciones suelen ser más dramáticas. Mateo, a lo largo de su obra posterior, volverá sobre este descentramiento: porque de lo que se trata es de echar una luz rara sobre lo que resulta familiar: entonces empieza a verse otra cosa.



(La nota completa, acá).

Regálense a sí mismos-si aún no los tienen- los discos de Eduardo Mateo y el libro Razones Locas.

sábado, 1 de febrero de 2014

Pasame pique, que te fuiste, y yo ahora me tengo que quedar pensando en todo aquello



Urbano Moraes fue bajista de varias de las formaciones de Eduardo Mateo: El Kinto, en 1967; La Morsa –“nunca llegamos a tocar”–; Tres Bigotes y una Mosca (1982), y La máquina del tiempo, después del regreso definitivo a su país en 1986, luego de un accidentado periplo. Tocó con varios grandes de la música rioplatense (como Rubén Rada y Hugo Fattorusso) y conoció los circuitos europeos antes de dedicarse a hacer su música en su país. Dice Urbano:

-Ahora los guachos están alucinados con Mateo y quieren imitarlo, pero sería bueno poder rescatar la cabeza de Mateo, cómo encaraba la vida. Nosotros somos más comunes. Podemos perder tiempo, decir ‘quiero vivir cómodo’. Obviamente es otra cabeza, otra manera de ver la vida.

El desapego de Mateo por lo material signaba su intensa búsqueda por otros mundos, de donde volvía hecho música, en el mejor de los casos. Su extraordinario poder de concentración lo hacía olvidarse del mundo, y en el mercado supieron aprovecharse de esta característica suya, haciéndolo tocar por poco o nada para otras bandas. Pero las innovaciones que se le atribuyen a Mateo no se limitaron, parece, sólo a lo musical:

- Experimentaba mucho. En realidad, la droga comercial que había acá era la marihuana... Bueno, ‘que había...’: empezó a haber a partir de que Mateo la trajo de Brasil. Vos podías fumar delante de un policía sin ningún problema, porque el tipo no tenía idea de lo que era. Y pastillas...

Por las épocas en que el maestro “andaba salado” había que cruzarse de vereda cuando se lo veía venir. Fue en una de esas que Urbano rechazó la oferta de formar una nueva banda con él y con el baterista Roberto Galletti. Y asegura que de eso sí se arrepiente ahora:

- Hay millones de cuentitos sobre Mateo; lo bueno sería que se haga un estudio profundo y dejen de ser cuentitos.

Para Urbano, aquel carácter apacible que de pronto se volvía severo y arbitrario –“cuando te retaba, seguro era porque estabas desconcentrado”–, aquel tipo que “sentía las cosas como las siente un niño, sin mucho pensar, sin mucha cabeza”, aquella lucidez, aquella mirada perturbadora que “te hacía ver tu caretez”, merecen un detallado trabajo de acercamiento, porque son, sin duda, reveladoras de una forma de ver el mundo que no es la habitual. De esa necesidad surge ahora, como una plegaria:

- Pasame pique, que te fuiste y yo ahora me tengo que quedar pensando en todo aquello. Pasame pique, que no me da a cabeza.

(Fragmento de "Imposible entender a Mateo", una entrevista a Urbano Moraes realizada por: Guillermo Villalobos. Texto: Marcelo Rodríguez. Leer la nota completa en el blog Un Largo, clickeando acá).



El Kinto - "Circa 1968"

00:00 - 01 - Don Pascual
03:18 - 02 - Muy Lejos Te Vas
06:42 - 03 - Voy Pensando
09:31 - 04 - Esa Tristeza
11:57 - 05 - Siempre Vas
14:43 - 06 - Estoy Sin Tí
17:41 - 07 - Yo Volveré Por Tí
20:13 - 08 - José
23:17 - 09 - Mejor Me Voy
25:27 - 10 - Ni Me Puedes Ver
28:14 - 11 - Suena Blanca Espuma
30:52 - 12 - Dámelo
34:11 - 13 - Príncipe Azul
36:40 - 14 - Pippo
40:26 - Que Me Importa

domingo, 19 de enero de 2014

La sociedad uruguaya a los artistas no les da ni pelota

Horacio Buscaglia * habla de Eduardo Mateo


Le decía Horacio Buscaglia a Willy Villalobos en 2003, para revista La otra:

Alrededor de Mateo se han tejido demasiadas... es un tema que hay en este país, que no lo tienen ustedes, ¿no? Ustedes a veces se quieren demasiado, nosotros nos queremos muy poco. Y Mateo murió con hambre, murió sin tener la caja con ropa que yo le presté pa’ que se muriera decentemente. Resultó que después de muerto empezó a ser una especie de ídolo, después de muerto es que se le hace ese libro (Razones Locas, de Guilherme de Alencar Pinto), y fijate vos qué curioso, lo hace Guilherme, que es un tipo que Mateo ni siquiera saludaba, porque lo consideraba un lance. Un lance para la gente nuestra es algo... no sé cómo trasladártelo... Es un tipo sin swing, un tipo que puede tener conocimientos y ser culto, pero es un lance, porque no entiende las cosas, la vida, o quiere encasillarlas. Guilherme es un brasilero, no vivió la mayoría de las cosas que cuenta, que después recabó, ¿no? La mayor parte de las cosas las conoce a través de discos, pero, bueno, la paradoja de la vida de Mateo y de los uruguayos es esa. Mateo termina muriéndose en un rincón del hospital de Clínicas y hoy un libro que habla de él es un terrible éxito. A mí me parece interesante y lindísimo que la gente joven se acerque a Mateo, que continúe en esa impronta que tuvo la generación de los que que estuvimos amontonaditos en las Musicasiones. Pero por otro lado te da un poco de rabia, porque muestra la hipocresía de esta sociedad, la sociedad uruguaya es muy hipócrita, y particularmente con los artistas, a los cuales, ni pelota. Fijate que cuando se murió Mateo a mí me llamaron de las principales radios de este país, pero me llamaban a pedirme discos, porque no tenían los discos de Mateo.

En eso Mateo es un paradigma del artista uruguayo, somos tratados con una hipocresía por la sociedad, por la izquierda, por la derecha, por la intelligentsia.

(Fragmento de la nota "Seguí, acordate, seguí", que se puede leer completa en el blog Un Largo: clickear acá)

(Más sobre Eduardo Mateo acá)



"Príncipe azul", una canción de Mateo y Buscaglia

* Horacio Buscaglia fue un creador polifacético: escritor, teatrista, autor de canciones, conductor de radio, publicista. Nació en Montevideo el 23 de marzo de 1943 y murió el 1 de febrero de 2006 en la misma ciudad. Para los más jóvenes: es el papá del talentoso Martín Buscaglia. Horacio conoció a Eduardo Mateo en 1967 y desde entonces hasta la muerte de este, en 1990, fueron grandes amigos.

jueves, 16 de enero de 2014

Mateo solo bien se lame



La soledad de Mateo no fue la de una víctima de las circunstancias, sino la de un artista resuelto a ser fiel a su visión, al que le importa poco la incomprensión de críticos y público. En los años 70 y 80 le asestó sucesivos golpes al conformismo de la música popular haciendo una música cada vez más libre y osada: y por eso mismo cada vez más hermosa: Mateo solo bien se lame (1972), Mateo y Trasante (1976), Cuerpo y alma (1984) y Mateo y Cabrera (1987) son discos en los que Mateo no descansa sobre su prestigio de pionero del candombe beat, sino que sigue explorando cada vez con mayor decisión. Hasta sus fans incondicionales vacilaron.

Jaime Ross, quizá el más famoso de los discípulos de Mateo: “Año 72, estábamos al borde de la dictadura, en plena guerra civil. Yo escuché a íntimos amigos decir que Mateo solo bien se lame tenía buena música, pero las letras eran una porquería y una estupidez, ya que no hablaban de lo que tenían que hablar. Se lo despreciaba: era «un divagante», siempre se lo tuvo un poco bajo un signo de desconfianza”.



Quién te viera
pensar mientras
sola llevas sombras del jazmín
sobre tu cabeza
quien pudiera
ser la pena
que entre el agua descansa en tus ojos
triste luna llena
Si supieras
Un día serás de verdad y habrá quien me quiera

No es que Mateo sea un extraordinario letrista a la manera de, digamos, un Bob Dylan. Sus letras escuetas y a menudo desconcertantes son, en todo caso, uno de los precisos componentes de su arte refinado. El es un tejedor de canciones, de una economía franciscana, ajeno al efectismo y a la ostentación. Su oficio se apoya en estos pilares:

1) Su mano izquierda arma en la guitarra secuencias de acordes inhabituales, renuentes a un sentimentalismo fácil.

2) Su mano derecha ejecuta ritmos de acentuación irregular, meta-ritmos, que combinan o insinúan la milonga, la batida bossanovista, las tablas hindúes, la taquicardia o su propia tartamudez.

3) Cuando canta, Mateo se anima cada vez más a liberar sus propias inflexiones, su extraña pronunciación, y hace de ello una forma musical. (Hay que oir la delicadeza con la que se apropia de Blackbird de Mc Cartney: está en el CD El tartamudo, una especie de anthology editado en el 2000).

Es evidente que Mateo existe bajo el paradigma del extraordinario Joao Gilberto, pero eso no significa que reproduzca su estilo. Más bien se trata de que, escuchando a Gilberto, así como también escuchando a los Beatles (a los que nunca imitó, como sí lo hicieron los talentosos Shakers) Mateo se permitió liberar su propia musicalidad.

Cuando Jaime Ross escucha en 1976 Mateo y Trasante, le pasa algo parecido a lo que le había pasado a Pippo al oir su canción:“Mateo y Trasante fue un disco que la primera vez que lo escuché me hizo reir, me pareció muy malo. La segunda vez que lo vi me produjocomo un shock, dije: «Epa, lo tengo que oir nuevamente». Y cuando lo escuché por tercera vez –yo siendo incluso un fanático de Mateo, necesité escucharlo tres veces- bueno, me pareció que me encontraba delante de una música realmente superior.

(Fragmento de la nota "Eduardo Mateo: tejedor de canciones", aparecida en el blog Un Largo. Para leerla completa, clickear acá)

miércoles, 1 de octubre de 2008

Las canciones

Por Oscar A. Cuervo
Y hoy te vi

Cuando en las noches largas
una esperanza miente
cuando la angustia es fuerte
sufres, te mueres

Cuando a la puerta triste
llama la tarde fría
hiere tu noche tibia
sufres, te mueres

Y hoy te vi, nena
mirando rosas hoy te ví
tú nunca dices qué hay en ti
hoy te vi.



Y hoy te vi - Mateo&Trasante


¿Qué pasa con las canciones?

Angel Eduardo Mateo Lopez nació el 19 de septiembre de 1940 en la ciudad de Montevideo. La primera vez que oyó música en vivo fue a los 3 años, cuando su madre lo llevó al Parque Rodó a ver a la Banda Municipal, que esa noche tocaba el Bolero de Ravel. Mateo, de la mano de su mamá, no paró de temblar durante todo el concierto.

La impresión fue tan profunda que nunca pudo olvidar aquella noche. De chico empezó a cantar y a tocar el redoblante en una murga de botijas. Después formó parte de conjuntos que tocaban música bailable en boliches y clubes. A mediados de la década del 60 se encontró con Rubén Rada y formaron El Kinto. A comienzo de los 70 se largó como solista. Quizá haya sido por entonces que algo se desató en su cabeza o en su alma. A partir de ahí, se fue deshaciendo de las aspiraciones mundanas. Su talento se volvió errático e inmanejable. A pesar del inmenso prestigio que conquistó, siempre vivió en la pobreza, incluso mendigando. Compuso hermosas canciones. Murió el 16 de Mayo de 1990 en el Hospital de Clínicas de Montevideo. Tenía 50 años.
Mateo dejó un extenso anecdotario, episodios risueños o patéticos, que son lo que menos importa. Pero hay algo en esas anécdotas que se parece a sus canciones: imprevisibles, desconcertantes, convocan más que nada a la inquietud, un mundo extraño que nos habla al oído, pero que ya no escuchamos.

Trasante, percusionista de Mateo, con el que grabaron un hermoso disco en 1976:

“Hay una parte mística de la música que hoy en día se ha perdido, ¿no? La gente toca para ganar plata. Pero no está tocando conciente de lo que está tocando. Quiere decir: piensan que son concientes y no lo son, porque no analizan en absoluto cada golpe que dan. Están todos preocupados de tocar más rápido y más fuerte. No hay escucha, no hay silencios. La gente no se da cuenta de que un músico, antes que nada, es un sonido, un golpe, una nota. No hay percusionistas que tengan espacios rítmicos. Todos tocan pa’llenar, nadie toca pa’ dejar un espacio. Mateo tenía un sonido. Ese sonido, Mateo lo tenía tanto en la guitarra como en el tambor: y él logró encontrar un sonido porque lo buscó. Y el tiempo: Mateo tuvo unas ideas rítmicas maravillosas, sobre todo en el sentido del tiempo, lo cual le permitía justamente colocar los golpes donde nadie los coloca.”




Palomas - Eduardo Mateo


Mateo coloca los golpes donde nadie los coloca.