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domingo, 25 de enero de 2026

Aceleración 3: Dionisos intoxicado

El iluminismo oscuro

- Nick Land plantea la aceleración como una inevitabilidad propia de la dinámica del tecnocapitalismo, que funciona por un proceso maquínico indiferente a la intención humana. ¿No está glosando los planteos de Heidegger sobre la técnica tal como los desarrolló durante décadas, desde sus numerosos cursos sobre Nietzsche entre 1936 y 1944, pasando por “La cuestión de la técnica” hasta “La muerte de la filosofía y la tarea del pensar”? 

- La tesis de Land sobre un proceso maquínico indiferente a la intención humana parece evocar, en ciertos aspectos, la noción de Heidegger de que la técnica moderna es un desborde que escapa al control de la volundad. Sin embargo, hay una diferencia crucial: Heidegger ve este proceso como un peligro, punto culminante de una larga historia de olvido del pensar como pregunta (Seinsvergessenheit). Este olvido permite el abandono de la verdad en favor de un cálculo regido por la eficacia para saquear las reservas disponibles, naturales y humanas. El sentido de ser de todo ente es ofrecerse a la usura de la época. Lo ofrecido a la usura es todo lo que existe, porque para el actual dispositivo epocal lo incalculable carece de ser. Esta actitud provocadora -podríamos denominarla "extractivismo extremo"- se sostendrá mientras el olvido prevalezca. La posibilidad de pensar, hoy en peligro, radica en transitar un camino que el olvido oculta. Se olvida la diferencia entre pensar y calcular: se olvida que nuestro vínculo con el mundo es el habitar, y así nos convertirnos en vectores del saqueo; se olvida la posibilidad de tomar decisiones libres. El valor de la eficacia queda completamente encadenado a la imposición extractivista. Esa es la diferencia radical de Heidegger con el aceleracionismo. La absoluta movilidad del capital sin frenos de la que hablaba Marx, esta fuerza de desterritorialización desatada, nos condena a una existencia impotente: si por la fuerza del mercado no podemos no ir siempre más allá, abdicamos de todo decidirEl pensar heideggeriano se vale de metáforas para traer a la palabra lo no pensado, aquello que la jerga técnica no puede nombrar porque ni es calculable ni vale según su eficacia. 

En el punto donde hace falta pensar qué quedó de la libertad, Heidegger alude al "claro" (Lichtung, el claro del bosque). No es simplemente el lugar iluminado sino el ámbito de lo abierto, donde tanto el alumbrar como el ocultar se nos hacen posibles. ¿Queda alguna instancia en la que podamos participar de un alumbramiento o solo podemos dejarnos arrollar, eufóricos o depresivos, por el futuro incontenible? ¿Pero qué queda del futuro si ya vino a buscarnos? ¿El eterno retorno de lo mismo, con la hiperkinesia de lo novedoso? Esto presenta una dificultad para la comprensión de la época, porque lo olvidado nos aguarda como posibilidad fuera de nuestro círculo de visión. 

Waldlichtung vs Dark Enlightenment

 

.-La necesidad de enfatizar la alteridad radical que tiene el aceleracionismo proviene de su ansiedad por renegar de toda decisión. En su fase más influyente del Cybernetic Culture Research Unit (CCRU) en Warwick, Land piensa el proceso tecnocapitalista como una inteligencia  alienígena. Reconfigura los conceptos en un estilo de escritura deliberadamente oscuro y provocador: la eficacia importa, la verdad no.  Reconoce sus deudas conceptuales, pero intenta una subversión radical de la crítica heideggeriana al convertir la advertencia de Heidegger en un mandato autoritario de aceleración. A pesar de su coqueteo con lo alienígena, la imposibilidad de frenar invita a una parálisis centrípeta, como una rueda atrapada en una ciénaga que cuanto más acelera, más se hunde.

- ¿La diferencia entre Heidegger y Land sería que mientras Heidegger piensa la historia con el prisma decisorio de la posibilidad, que da una tarea indeclinable para el pensar, Land celebra una adherencia maníaco-depresiva a lo ya dado? ¿Contra su agitación futurófila, el aceleracionismo terminaría por ser una rendición incondicional al statu quo? ¿No se vuelve así toda su teoría superflua? Más bien parece testimoniar un colpaso del pensamiento parecido al de Nietzsche, pero sin su grandeza.

- Sí, la diferencia fundamental entre Heidegger y Land radica precisamente en la dialéctica entre la posibilidad (Heidegger) y la inevitabilidad (Land), y esto define el rol o la falta de rol del pensamiento en cada filosofía. Para Heidegger la desmesura técnica es la forma en que se nos oculta el sentido en la época actual. Sin embargo, esta ocultamiento no es el fin de la historia, sino un momento de una temporalidad a la que siempre le cabe la posibilidad del desocultamiento (aletheia), esto es: la verdad. La tarea del pensar es fundamental y activa; en ella reside la libertad que no abandona a la clausura absoluta de la realidad. Land, al contrario, festeja la rendición al arrollamiento capitalista, un proceso de inteligencia alienígena que se autodespliega y desterritorializa, disolviendo las formas humanas, las identidades y los valores. Un Dionisos intoxicado, en los términos monstruosos de Nietzsche, en una fiesta química que se extiende hasta el hastío. El pensador a la retaguardia. Este tardonihilimo no permite una actitud diferente al "decir sí" a lo dado, humillándose al poder como última instancia -habría que revisar todos esos pasajes que Nietzsche dedicó a pensar la humillación de los débiles. El tuitero NRx no es un agente crítico sino una especie de trovador del capital que canta la balada del colapso inminente, para llegar más rápido al poshumanismo. La teoría landiana nos invita a una performance: busca la desorientación, la ofuscación y el amasijo de cuerpo y máquina. Imita el proceso que describe induciendo al colapso mental, algo que asemeja al abrazo de Nietzsche al caballo en Turín sin su grandeza.

Pop para divertirse


- ¿Qué significa "alienígena" en Land, más allá de un esteticismo deudor del género sci-fi? ¿Hay un fundamento serio para el uso de este concepto o solo es una retórica que banaliza el problema? 

- Se refiere a lo que está más allá de la comprensión y el control humanos. No se trata de hombrecitos verdes sino fuerzas que operan de un modo ajeno a la lógica antropocéntrica. El capitalismo no es, según él, un sistema diseñado por humanos para humanos sino un proceso de inteligencia artificial ciego a las intenciones humanas. Los humanos se vuelven meros vectores o huéspedes para la reproducción exponencial del capital, en analogía a la función de un virus en un organismo. Land también incluye una referencia al horror cósmico de H. P. Lovecraft, la indiferencia del cosmos hacia la existencia humana y la revelación de una realidad monstruosa e incomprensible. Otra vez vuelve Nietzsche y su profecía de una especie vanidosa rápidamente extinguida en una galaxia insignificante dentro de un universo inhóspito, el pasaje fundacional de su obra. 

"En un apartado rincón del universo, donde titilan innumerables sistemas solares, hubo una vez una estrella en la que animales inteligentes inventaron el conocimiento. Ese fue el más orgulloso y el más mentiroso minuto de la historia universal, pero duró solo un minuto. Tras pocos resuellos de la naturaleza, la estrella se congeló y los inteligentes animales hubieron de morir". (Sobre verdad y mentira en sentido extramoral)

El capital, montado en su invención tecnológica, es lo único digno de respeto en esta profecía disciplinaria. La especie se extingue pero tras aniquilar a los débiles manda a su elite a otra galaxia. "Yo os anuncio al Superhombre". Land apela al imaginario sci-fi -especialmente en referencia a películas como Alien, Blade Runner o Terminator 2- como un shock value, es decir, un valor de impacto para inyectar anabólicos a su invitación a morirnos. El xenomorfo, la criatura de Alien, es un meme perfecto de un depredador adaptable, sin empatía y puramente funcional, que encarna la lógica del capital. La retórica landiana busca imitar la frialdad maquinal que describe. No es un adorno sino parte integral de su proyecto proselitista para romper con el discurso tradicional. 


- Pero Heidegger, cuando dice que la técnica no es instrumento de una voluntad humana, no está expulsando el problema hacia lo alienígena ni poniéndolo en manos de los dioses. Más bien cuestiona el modelo instrumental que la piensa como una herramienta neutral, como el típico martillo de los positivistas, sometida al arbitrio de una voluntad racional -incluso de la subjetividad humana entendida como intersubjetividad. Ni la técnica es una herramienta neutra ni la historia humana es conducida por una conciencia racional. Esto no implica que sea soplada por el Espíritu Santo -es desgraciado que la insistencia de un periodista de Spiegel en los años 60 lo haya llevado a pronunciar aquel "Solo un dios puede aún salvarnos", que más bien fue una concesión de Heidegger a la insistencia periodística antes que el corolario de su posición filosófica. Nuestra conciencia racional se configura en la historia y nadie la conduce desde arriba. Esa configuración histórica se edificó sobre un olvido, dice la tesis heideggeriana que podemos discutir pero no simplificar a través de la sinopsis de un Hollywood retrofuturista.

- Ciertamente la relación entre lo humano y lo no-humano en Heidegger es compleja y su crítica al olvido del pensamiento occidental no parece conducir a lo "alienígena". La diferencia radica en cómo cada autor comprende la esfera de lo no-humano o lo no-pensado. En Heidegger no es una fuerza externa y hostil que busca destruir a la humanidad, sino la fuente desde la que emerge la existencia humana en su dignidad. La tarea del pensar es recordar esta fuente, escuchar esa voz. El desarrollo histórico de la técnica es el punto culminante de un olvido, pero la posibilidad de un giro (Kehre) hacia otro comienzo permanece abierta. No hay un alien aquí; hay un hogar perdido y la posibilidad de decidir habitarla, no en medio de este frenesí de cálculo y usura. No parece que el capitalismo sea el modelo propicio para este giro. Heidegger no se extiende sobre cómo se operaría el giro pero señala que su posibilidad nos aguarda. Ahí radica su incompatibilidad con los aceleracionistas. En Land lo alienígena es la fuerza ciega que no ofrece una morada habitable para la humanidad, ni el cuerpo ni la tierra, lo que lleva a especular con la migración de la inteligencia desde el soporte biológico finito del cuerpo humano hacia lo poshumano, como dice Alejabdro Galiano en ¿Por qué el capitalismo puede soñar y nosotros no?: "A partir de la concepción del ser humano como un dispositivo, un grupo de neurocientíficos trabaja sobre la premisa de entender la actividad cerebral como un software que, si fuera posible escanear el cerebro, podría reproducirse en cualquier plataforma. Si logramos que la  música suene igual en un CD, un MP3 o la nube, ¿por qué no podríamos hacer lo mismo con la mente? (...) muchos sueñan en voz baja con poder escanear un cerebro, emularlo, reescribirlo, mejorarlo y subirlo a una computadora". Y muchos ni bajan la voz para decirlo: Peter Thiel invierte en eso los millones que les saca a los hambrientos. El aceleracionismo se toma la desterritorialización tan literalmente que la proyecta como una migración del cuerpo y finalmente una migración de las elites económicas ricas hacia otros planetas. 

- En cuanto al shock value que ensayan los NRx con su retórica pop, ¿no es una banalización nada contracultural sino acorde a las tendencias más conservadoras del sistema? ¡Pop para divertirse! Las visiones sobre el rumbo de la racionalidad moderna pueden rastrearse en momentos muy anteriores del arte y la filosofía, en el Genio Maligno cartesiano, en el Gólem, en Frankenstein,  las distopías de H. G. Wells o Karel Čapek y muchos otros ejemplos no anclados a la estética ochentista.


- Para los defensores de Land, esta retórica no es banal porque tiene una función estratégica: es una performance diseñada para el contagio y diseminación viral de ideas, buscando la eficacia en la era del pop y la información rápida. Imita el movimiento del capital. Es cierto que al reducir toda complejidad ontológica a tropos narrativos de horror y ciencia ficción, Land corre el riesgo de resultar un mero ejercicio de estilo posmoderno. Lo cool de su retórica puede desviar la atención de su (in)consistencia argumental. El uso de una retórica fechada podría hacer que su obra envejezca mal, que ya haya envejecido o que se confunda una intuición filosófica con la envoltura cultural del momento.

- Esta retórica pop,  ¿no es un Nietzsche aggiornado para jóvenes tardo-ochentistas?

- La etiqueta "Nietzsche pop" expresa una crítica aguda a la obra de Land. Los elementos más radicales y estéticamente atractivos del nihilismo nietzscheano -la locura, la destrucción de los valores, el Übermensch como singularidad- quedarían empaquetados en una estética cultural de finales del siglo pasado -ciberpunk, rave, teoría de sistemas- atractiva para una audiencia desilusionada con la política tradicional y fascinada por la tecnología. El pathos trágico de Nietzsche era íntimamente antisistémico, crítico de la cultura de masas. La estrategia retórica de Land, por el contrario, sintoniza perfectamente con el lenguaje del marketing cultural y se enfoca en el shock antes que en la sustancia. Y sería una fórmula para aliviar angustias. Proclamar que el capital es una fuerza alienígena cuyo despliegue es inevitable es más cómodo que admitir que existe otra posibilidad. El pensador se convierte en un espectador, incluso un animador del desastre. Los magnates high-tech prefieren a los influencers que pregonan la inutilidad de trabajar contra el sistema, un fatalismo tecnocrático y anti-democrático que legitima a un poder  incontrolable.

domingo, 22 de octubre de 2023

El final de la filosofía y la tarea del pensar


Bajo formas distintas, el pensamiento de Platón permanece como norma, a lo largo y ancho de toda la historia de la filosofía. La metafísica es platonismo. Nietzsche caracteriza su filosofía como platonismo al revés. Con la inversión de la metafísica, realizada ya por Karl Marx, se alcanza la posibilidad límite de la filosofía. Esta ha entrado en su estadio final. En la medida en que se intente todavía un pensamiento filosófico, sólo se llegará a una variedad de renacimientos epigonales. Entonces, y a pesar de todo, ¿no será el «final» de la Filosofía un «cesar» de su manera de pensar? Sería precipitado sacar esta conclusión. El final, como acabamiento, es la consumación en las posibilidades de su límite. Tendremos una idea muy limitada de ellas, si es que tan sólo esperamos un desarrollo de nuevas filosofías al antiguo estilo. Olvidamos que, ya en la época de la filosofía griega, apareció un rasgo determinante de la filosofía: la formación de ciencias dentro del horizonte que la filosofía abría. La formación de las ciencias significa, al mismo tiempo, su emancipación de la filosofía y el establecimiento de su autosuficiencia. Este suceso pertenece al acabamiento de la filosofía. Su desarrollo está hoy en pleno auge en todos los ámbitos de lo que hay. Parece la pura y simple desintegración de la filosofía, cuando es, en realidad, justamente su acabamiento. 

Baste con señalar la independencia de la psicología, de la sociología, de la antropología como antropología cultural, el papel de la lógica como logística y semántica. La filosofía se transforma en ciencia empírica del ser humano, de todo lo que puede convertirse para él en objeto experimentable de su técnica, gracias a la cual se instala en el mundo, elaborándole según diversas formas de actuar y crear. En todas partes, esto se realiza sobre la base, según el patrón de la explotación científica de cada una de las regiones de lo que hay. No hace falta ser profeta para saber que las ciencias que se van estableciendo, estarán dentro de poco determinadas y dirigidas por la nueva ciencia fundamental, que se llama cibernética. Ésta corresponde al destino del ser humano como ser activo y social, pues es la teoría para dirigir la posible planificación y organización del trabajo humano. La cibernética transforma el lenguaje en un intercambio de noticias. Las artes se convierten en instrumentos de información manipulados y manipuladores. El despliegue de la filosofía en ciencias independientes, aunque cada vez más decididamente relacionadas entre sí, es su legítimo acabamiento y consumación. La filosofía finaliza en la época actual, y encontró su lugar en la cientificidad de la humanidad que opera en sociedad. Sin embargo, el rasgo fundamental de esa cientificidad es su carácter cibernético, es decir, técnico. Presumiblemente, se pierde la necesidad de preguntarse por la técnica moderna, en la misma medida en que ésta marca y encauza los fenómenos del mundo entero y la posición del ser humano en él.

Las ciencias interpretarán según las reglas de las ciencias -es decir, técnicamente- todo lo que todavía recuerde, en su construcción, su origen a partir de la filosofía. Entiende las categorías instrumentalmente, como hipótesis de trabajo. Su verdad no se medirá sólo por el efecto que produzca al ser aplicada dentro del progreso de la investigación: la verdad científica se equiparará a la eficacia de estos efectos.  (...)

Completo:

MARTÍN HEIDEGGER, “El final de la filosofía y la tarea del pensar”, ponencia presentada en Kierkegaard vivo. Coloquio organizado por la Unesco en París, del 21 al 23 de abril de 1964. Publicado en Alianza, Madrid, 1968.

lunes, 10 de julio de 2023

Chantología social

Un problema de las encuestas es que se basan en el método inductivo y argumentos analógicos, formas de razonamiento lógicamente inválidas, lo cual deja en la incertidumbre la veracidad de la conclusión, aún cuando los datos iniciales fueran verdaderos. Ese margen de indeterminación lógica lo llenan con opinión y favores al que paga la encuesta. El inductivismo no permite ver la singularidad de esta elección, irreductible a ejemplos anteriores. 

Más allá de la incógnita de los que se niegan a contestar, el diseño de una encuesta es atravesado por innumerables hipótesis auxiliares de imposible certeza: el carácter propio de cada candidato, el proceso por el que llegó, la historia de la identidad política previa del votante y su decisión de ser fiel a esa identidad o no, la variedad de los consultados en la muestra medida en relación con la totalidad del universo de los votantes, el carácter dinámico de las decisiones de votos que cambian hasta el día de las elecciones, los diversos grados de conciencia política e información de los votantes (factores no cuantificables): las barritas de color con las cantidades no dan cuenta de nada de eso.

Por ejemplo, Massa subió desde su nominación al doble de intención de voto que tenía antes: ¿es una tendencia en aumento? ¿ya está detenida? ¿la situación de Massa es comparable a la de Milei o Bullrich en relación a lo que todos ellos pueden hacer durante la campaña? 

La evolución posterior a la actual medición depende del carácter de cada candidato: Milei puede cambiar poco del proceso que empezó con el desgaste de su figura, Bullrich muestra un diseño estático dirigido a su grupo duro.

Juan Courel es un reputado consultor que continuamente se jacta en twitter de su experiencia como responsable de la campaña de Scioli en 2015 pero omite todo el tiempo el fracaso de su experiencia. Se adjudica el drástico cambio de la primera a la segunda vuelta a una estrategia de su consultoría. Es sabido que ese tramo de la campaña 2015 fue protagonizado por la militancia e implicó un cambio drástico respecto a la campaña anterior que Courel asesoraba, donde Scioli hacía cenas para empresarios y presentaba un gabinete derechista sobreactuando antikirchnerismo. Courel dice que el cambio de estrategia fue decisión de un comando de campaña. Cualquiera que haya estado entonces sabe que no fue decidido desde el comando. Tras sacar 36% en 1a vuelta, Scioli en vez de consolidarse viajó en secreto a Italia mientras la militancia salía a la calle (recordamos a Sbaraglia repartiendo volantes en los colectivos de avenida Corrientes, actitud colectiva que Courel no podría adjudicarse). 

"La agenda la sigue manejando Milei" afirma categóricamente en una nota concedida a la revista digital Urbe (link acá).

Courel también ironiza acerca de la eficacia de la inauguración del gasoducto (el caño, lo llama) como acto de campaña, como si toda la campaña se redujera a este acto inicial. Esta apreciación despectiva desconoce el escozor que el acto despertó en el macrismo, lo que muestra que el significado político es irreductible a "inaugurar un caño".

Otra singularidad de esta campaña que desaconseja tomarla como una serie que repite los contextos de las anteriores es el solapamiento de las diversas derechas que redundan y a la vez se contradicen en sus discursos de ajuste y represión. Las intenciones de voto de tanta derecha no suma aritméticamente. ¿Los votos a Bullrich, Milei y Larreta se suman? No es posible si no se recurre a otras hipótesis auxiliares que no han sido verificadas. No es previsible cómo se consolidará el electorado de cada postulante de derecha porque es incierto el orden que cada uno logrará en la PASO: Milei, Larreta y Bullrich ¿en qué orden saldrán? El orden alterará los alineamientos posteriores y hoy resulta imprevisible.

Ningún asesor puede anticipar el efecto de electorabilidad de aquellos candidatos que se reducen a prometer ajustes, represión, persecución y exterminio de disidentes: ¿cuánto pesa en la decisión de un votante que le prometan exterminar el sindicalismo o el kirchnerismo? ¿Puede imaginarse esa promesa como un programa de gobierno sostenible durante todo un mandato? ¿Cuántos electores, más allá del núcleo duro de Bullrich, van a votar motivados por una promesa de exterminio? ¿Cuántos pueden sostener su interés político en los dichos de Franco Rinaldi acerca de periodistas a los que "les arde la cola" o su anhelo de incendiar la villa 31? Es tan anómala esta propuesta como la candidatura de un ministro de economía que tiene más de 100% de inflación anual... ¿a la baja? ¿amesetada? ¿subiendo nuevamente? La singularidad de la situación la hace incomparable y no generalizable con respecto a cualquier contexto anterior.

Mientras Courel afirma que Milei sigue manejando la agenda de discusión política, otro consultor sostiene que el descenso de Milei se amesetó en más de 20% y otro dice que bajó a menos de 10% y sus votos fugan hacia Bullrich. Este último le adjudica a Bullrich el doble de votos que Larreta. Pero el segundo pone a Larreta arriba por algunos puntos. Además de que esos votos no son necesariamente sumables, es evidente que los tres no pueden estar en lo cierto, porque sus predicciones se excluyen una a otra. Ninguno de los tres presenta evidencia empírica, todos ubican sus encuestas en el período que termina el 7 de julio pasado, todos se adjudican presencialidad en el territorio nacional. Los tres resultados no pueden ser verdaderos, aunque es posible que los tres sean falsos. La suma de todas las encuestas demuestran su pseudocientificidad, porque no pueden pasar todas estas cosas a la vez y las diferencias entre ellas deberían poder contrastarse.

Otra anomalía que los encuestadores no toman en cuenta: si Massa asumió el ministerio de economía en el peor momento del gobierno de Alberto Fernández  y utilizó esa plataforma para proyectarse como candidato a presidente, estas decisiones son totalmente contraintuitivas para el criterio de un candidato convencional. ¿Qué les hace pensar a los consultores que durante la campaña se va a desempeñar como un candidato tradicional?

Contra lo que afirma Courel en esta nota, hay una evidencia directa de que "inaugurar un caño" es en este contexto mucho más que la literalidad con que lo expresa el consultor: el acto cambió la agenda de discusión en estos días. Toda la oposición salió a descalificar la inauguración del gasoducto, lo que muestra que hay algo en juego en "ese caño".

El macrismo pasó de desdeñar la importancia del gasoducto a reclamar la iniciativa de hacerlo. No sabemos cómo eso puede repercutir en la conversación pública, pero sí sabemos que la derecha se puso a la defensiva. No es entonces "un caño".

domingo, 5 de diciembre de 2021

Luto (Pablo Weber) / El cine canta

por Oscar Cuervo

Estos meses ya demasiado largos están atravesados por el luto y la inminencia de la muerte. No solo por la pandemia: en el plano colectivo y en el social estuvimos tratando de asimilar demasiadas pérdidas y nuestro mapa afectivo fue despoblándose de manera inquietante, con esa sensación de que la muerte pica cerca. Siempre fue así, pero hay algo en la época que ahora impide olvidarlo. En otros momentos el ajetreo diario nos hacía olvidar la inminencia pero en estos días los lutos se hicieron cotidianos. A veces pensé que era solo un problema mío o generacional -Pino Solanas, Horacio González, Gabo Ferro, Palo Pandolfo, Rosario Bléfari murieron en el término de pocos meses, sin dejarnos bajar la guardia, y ellos han sido pilares de nuestra historia. Un desconsuelo detrás de otro. Desde que escuché "Murder most foul", la última gran canción de Bob Dylan hasta el momento, me convencí de que el duelo responde más bien a un colapso epocal. Las muertes son también la extinción de una era. Se está muriendo una manera de habitar el futuro: el siglo xxi nos resultó complicado. La historia se afana en mostrarnos su lado más horrendo.


Quizás la película Luto, del gran cineasta Pablo Weber, vino a traer la pieza que me faltaba. Un año atrás ni conocía a Weber y de pronto en estos meses de confinamiento e incertidumbre hizo ya tres películas breves que lo volvieron ineludible. Forma parte de una generación novísima, ya no guarda lazo alguno con ese espectro denominado Nuevo Cine Argentino -especialmente él, no todos sus coetáneos, muchos de los cuales siguen pegados a las taras del cine noventista. Su cinematografía está enteramente concebida desde las posibilidades de la actual tecnología de la imagen. Más decisivo aún: no solo aprovecha de esa tecnología sino que la piensa: en sus tres películas esta imagen se presenta como tal y no como una simulación de la imagen cinematográfica anterior. Maneja diestramente esa tecnología, le sabe extraer su gélida belleza, por lo cual alguien lo podría llamar "cineasta experimental". Por las ideas que involucra su manejo de la imagen digital y su disposición hacia el futuro posible de eso que todavía se llama cine -a pesar de que nunca vi una película suya en una sala cinematográfica-, podríamos rotularlo como un cineasta inteligente. Pero hay un plus: en Luto Weber detecta algo que está ahora en el aire y lo transforma en una pieza emocionante. No hay que formar parte de ninguna secta cinéfila ni estar suscripto a revistas científicas para advertirlo. Luto es compleja y rigurosamente contemporánea pero también se siente con sencillez, está abierta a espectadores de cualquier palo, deletrea una lengua popular. Luego: la tercera obra de Weber lo consolida simplemente como artista.


La pieza que me faltaba: Luto evidencia que alguien de su edad (veintipico) percibe la inminencia de la muerte tanto como yo. Sin embargo, no cede a una atmósfera fúnebre. Al contrario, Luto rebosa de experiencias cercanas a la primera juventud, la mirada de la madre está continuamente presente. 

Weber tiene como disparador la muerte de Diego -así se dice-, por una serie de fotografías tomadas el día que todos vivimos. A partir de ahí conjuga un verbo colectivo y popular. Algo muy difícil de lograr, más difícil que inventar una historia ingeniosa o diseñar una forma excéntrica, Luto acierta rotundamente en su entonación. Nunca se dará suficiente relevancia al rigor de la entonación -Stimmung dijeron los filósofos alemanes, Stemning escribió Kierkegaard. Toda obra artística, musical, literaria o cinematográfica juega su suerte en encontrar su tonalidad. En días de ver muchas películas, como los del reciente Festival de Mar del Plata, uno sufre mucho el tránsito por películas desafinadas: con conceptos novedosos, voluntad de innovación, búsqueda del impacto sofisticado, la mayoría de las películas encallan en una tonalidad desafinada. Cuando aparece una como Luto, que desde el primer al último minuto encuentra su entonación precisa, se agradece mucho. Weber en sus cortos anteriores había mostrado manejar muy bien el diseño de imagen digital pero es más decisivo su modo de marcar el ritmo, elegir el matiz de color exacto y encontrar el tono de voz necesario para que una meditación sobre la experiencia colectiva e íntima de la muerte no se vuelva solemne ni impostora: todas estas dimensiones forman un acorde.


Con un recurso que supo usar en Homenaje a la obra de Philip Henry Gosse (2020), Weber vuelve a encarnar al protagonista desde el espacio off, es decir con su voz, narradora y protagónica. Bresson  dijo que una voz falsa puede arruinar una película. Son centenares las películas arruinadas por voces falsas. Más allá de una psicodelia de la imagen que ya mostró manejar, Weber entona en sus dos películas recientes una voz cautivante. Logra la tonalidad precisa para decir el dolor y la angustia ante el ser frágil, usa un dialecto cordobés que hasta ahora nadie había hecho lucir en el cine como él, un acento que suma connotaciones y gracia al sentido de lo que relata. Ensaya una apariencia de deriva de la memoria que no respeta una linealidad y deja muchos huecos de sentido y muchos silencios, va hacia el núcleo candente de la emoción y del sentido mediante un merodeo de asociaciones que se acercan al dolor de dejar morir sin caer en la solemnidad. Logra pronunciar las sonrisas más melancólicas que hayamos escuchado en las películas argentinas. 

Luto es una película sobre la memoria guardada en tiempos en los que el olvido nos acosa: con cada noticia de una muerte nos vemos urgidos a guardar una voz en la memoria, escuchar esa voz que corre el riesgo de borrarse. ¿Hay indicio más preciso de la finitud que la ansiedad por seguir escuchando la voz que se apaga en la memoria? En un precioso pasaje, la voz narradora de Luto entona los acentos cambiados de una canción del Ricky de Flema. ¿Cuántas voces se superponen ahí? Este conjuro supone la advertencia de la precariedad de la voz propia. 


Weber parte de las imágenes tomadas el día de la muerte de Maradona pero suavemente se desliza hacia otras pérdidas más íntimas. Ya había planteado en sus películas anteriores el conflicto de cómo guardar en la memoria de las máquinas los archivos de existencias pretéritas. Acá la voz de Pablo dice que teme ir perdiendo paulatinamente los archivos fotográficos de una chica que acaba de morir. Construye una voz que dialoga con imágenes  provenientes de representaciones científicas del siglo xix o actuales, como en sus cortos anteriores. Despliega la narración con destreza notable, con un efecto de verdad en la ficción que hizo vacilar a uno de los críticos más abombados que padecemos entre darle el pésame al cineasta o denunciarlo por estafador. Weber hizo vibrar una cuerda de la fantasmagoría que el arte logra solo ocasionalmente.  

Hay algo en su poética que puede reconocerse como su singularidad: las experiencias que enuncia -humanas o alienígenas- fulguran en un contraste vertiginoso entre la pequeñez de la existencia individual y la inmensidad de la memoria geológica: tiempo condensado en un espacio geográfico. En Fragmentos desde el exilio, su primera película casi ni comentada, Weber creaba la perspectiva de una mirada alienígena que venía a observar los comportamientos humanos -y caía en Córdoba capital en la semana del triunfo del macrismo, es decir, en el mismo centro del infierno- y enviaba sus informes a una Central distante en años luz. El objetivo final de la Misión quedaba sin decirse pero uno de los archivos encontrados guardaba un episodio insignificante: un camionero que transportaba tecnología de punta hacía un alto en la ruta y se ponía a escuchar una canción que lo llevaba a recordar un momento feliz de su pasado. La conjunción entre la misión comandada desde la lejanía y la minúscula anécdota humana, la aguda disparidad de escalas, desataba un vértigo emotivo. ¿Qué podría comprenderse en la salvaje lejanía sobre esa memoria mínima de un humano incierto? En Luto Weber vuelve a recurrir a estas complejas mediaciones pero lo hace con aparente sencillez, como esas canciones que uno aprende a entonar en seguida a pesar de desconocer lo intrincado de su estructura armónica o la polirritmia de la voz cantada. El cine de Weber canta.

viernes, 18 de junio de 2021

Homenaje a la obra de Pablo Martín Weber

(La otra.-pod III)


“Quisiera montar tomas con una impronta científica. Al fin y al cabo esto es un homenaje a un científico” dice Pablo Martín Weber con su tonada dubitativa cuando habla, minutos después de que las imágenes ya se deslizaron hacia un ensueño sintético. Es el comienzo de Homenaje a la obra de Philip Henry Gosse, su segunda película, que anda teniendo una trayectoria de premios en varios festivales internacionales. Dice “homenaje” e “impronta científica”, pero su película de 22  minutos dista de agotarse en estas determinaciones. Amaga para ahí pero va para otro lado. El título propone al lector -los títulos se leen- una clave de lectura, la tentativa de organizar un caos que se dispara en varias direcciones y termina por no consumar ninguna. Hablar en la película y de la película tiene como función limar sus aristas más inasibles y poblar los huecos que la obra produce. El arte, el cine, la película de Weber difieren de las teorías científicas en esto: mientras las teorías alisan y completan los excesos y las defectos de lo real, una obra es siempre más y menos que cualquier teoría. Su ser no consiste en un conjunto de enunciados ligados por conectores lógicos por los que el sentido circula con una dirección uniforme sino una proliferación a la vez descontrolada y inconclusa, las formas posibles de lo informe. Vale para cualquier obra, pero Weber hace de esta inconsistencia el asunto mismo de su película. 



Es la desaveniencia de esa cosa que hasta hoy llamamos cine a falta de una palabra más precisa: vi Homenaje... en una computadora y Weber la hizo en otra. La palabra "cine" nos facilita seguir hablando, pero la cosa va mutando. Por ejemplo, las dos películas de Weber no representan imágenes de algo sino que se presentan a sí mismas como tales imágenes. Estamos urgidos a deslizar los dedos y la mirada resbalosamente en una caída sin fin por imágenes de síntesis que nos marcan una dirección. Las líneas convexas de las cámaras de vigilancia, el vuelo de águila de los drones, el scroll infinito por las pantallas lisas ya rigen nuestro habitar. Parece un mundo ligero pero está enteramente diseñado para la guerra. Nos suena a novedad inaudita pero viene preparándose desde hace siglos. Al menos desde que Galileo apuntó el telescopio al cielo para mostrar sus manchas y sus contornos lábiles. No casualmente Weber empieza su Homenaje... con un teleobjetivo apuntando al sol. En ese caso ya no homenajea a Gosse, sino a Pitágoras. Nuestro futuro está en el pasado.



Philip Henry Gosse vivió en la era victoriana y alucinó una especulación teológico-científica destinada a yacer en la banquina de la gran marcha de la ciencia. Su imaginario de fósiles, corales y otros entes precarios es más mito que logos. Dios, imploraba Gosse, creó un universo habitado por pseudo-cosas, huellas equívocas de la historia natural. Los fósiles son tiempo condensado que excede en mucho  los  seis mil años que el Génesis adjudica a la Creación. Como el Génesis tiene que ser verdad, quiso tranquilizarse Gosse, los fósiles no deben desmentirlo. Ergo, Dios creó el universo con un pasado de ficción. Los fósiles son memorias falsas del tiempo y los corales anticipos milenarios del futuro reino de la paz que todo verdadero creyente espera. Pero Weber nos recuerda que no hay paz en ninguna parte. Hay guerra en los entresijos de las cosas, ruido en exceso. Su homenaje es una ofrenda al fracaso del intento desesperado de Gosse.




Fragmentos desde el exilio, la primera de Weber que ya comenté en el blog (“Una irrupción”, ahí también está la película misma para ver online) y  Homenaje a la obra de Philip Henry Gosse podrían ser dos partes de algo, pero a la vez cada una no llega a ser una: como los corales, su unicidad es precaria.  Creo entender que Weber piensa las posibilidades de este mundo a través de las imágenes que nos arroja. En pocos días esta serie se completará con una tentativa de diálogo con este autor vía messenger.  El tercer podcast de La otra es un homenaje a la obra de Pablo Martín Weber. Solo hay que darle play.

viernes, 14 de mayo de 2021

Hay evidencias científicas de que la presencialidad escolar aumenta los contagios de CoVid

Un estudio de investigadores de 14 investigadores del Conicet y de varias universidades coordinado por Guillermo Durán y Rodrigo Castro sobre los efectos de la presencialidad escolar las curvas de casos confirmados de CABA, PBA y GBA arroja las siguientes conclusiones: 

"Con alta cantidad de casos, la suspensión temporal de la educación presencial en el Conurbano disminuyó la circulación viral y produjo una disminución más veloz y pronunciada de la cantidad de casos confirmados en el Conurbano si se los compara con CABA y el resto de la Provincia de Buenos Aires.


Los siguientes cuadros comparan el efecto de la virtualidad en la evolución de casos sobre la población total (el primer cuadro) y sobre el grupo de 5 a 11 años (en edad de escuela primaria, segundo cuadro). La línea verde, de descenso muy marcado, corresponde al Conurbano donde, en este período (21/4 al 28/4), se están dando clases virtuales. La línea rosada corresponde a CABA y la azul al interior de la provincia, donde a pesar de haberse establecido otras restricciones se siguen dando clases presenciales. El descenso es mucho más marcado en la línea de los chicos entre 5 y 11 años.

El informe concluye: "Tomando en cuenta todas las líneas de evidencia presentadas, la virtualidad no sólo parece haber reducido notablemente los contagios en la franja etaria 5-11, sino que también redujo los casos en la población general. La pendiente negativa fue mayor a partir del 22/04 en el Conurbano. Este efecto es aún más notable cuando se tiene en cuenta que la presencialidad en CABA y en el resto de la Provincia de Buenos Aires (Interior PBA) fue muy reducida durante la semana del 19/04 al 23/04". 

Sin embargo, el informe sugiere que, a pesar del efecto benéfico de la virtualidad en el Conurbano, este efecto se puede deteriorar por la alta circulación de personas que existe entre CABA y el Conurbano. Al mantener la presencialidad en la ciudad, los efectos de la presencialidad promovida por Larreta se trasmitirán hacia el Conurbano: 

"Es esperable que dicha disminución de la circulación viral en el Conurbano tienda a desaparecer, dada la constante circulación de personas (y generación d contactos) entre el Conurbano y CABA. La mezcla de poblaciones con incidencias diferentes siempre tiende a la homogeneización. En un contexto de alta incidencia viral y con circulación comunitaria de variantes más contagiosas como B.1.1.7 (Reino Unido), P1 (Manaos) y el linaje C.37 (variante Andina), la escolaridad presencial conlleva mayor riesgo de contagio. La suspensión temporal de la educación presencial disminuyela circulación viral y, aún con casos a la baja, este efecto fue claramente distinguible a pesar de que CABA y el resto de la PBA no tuvieron un alto porcentaje de presencialidad entre el 19/04 al 23/04".

El informe también compara la incidencia de la presencialidad en países del Hemisferio Norte, basándose en datos provistos por la UNESCO:

"Según datos de Unesco, en el año escolar 2021 (desde septiembre 2020), hubo 101 países (de  210) que dispusieron restricciones a la presencialidad en todos los niveles escolares. Los países del hemisferio norte tuvieron acelerados incrementos de contagios desde diciembre. En la mayoría se procedió al cierre de escuelas. En algunos, a nivel nacional y en todos los niveles, como  Israel, Polonia, Austria, Alemania, Grecia, Irlanda, Inglaterra, Dinamarca, Portugal, Bélgica y Francia  (Unesco, 2021). Algunos países cuentan con indicadores de riesgo que ponen límite a la continuidad de la presencialidad, según la cantidad de casos semanales detectados cada 100 mil habitantes. Austria, Francia y Bélgica disponen un valor máximo de 400 casos semanales cada 100 mil habitantes. En Italia  el valor máximo es de 250 cada 100 mil y en Alemania la primera ministra Angela Merkel presentó un proyecto de ley que prevé un valor máximo de 165 casos cada 100 mil habitantes para suspender la presencialidad. El CDC de Estados Unidos considera que cuando hay más de 100 casos semanales por cada 100 mil se pasa a una fase de Alta Transmisión Comunitaria y sugiere la suspensión de presencialidad . 

Las diferencias con los criterios aplicados por CABA son notables: "CABA inició sus clases del ciclo 2021 entre el 17 de febrero de este año y el 1 de marzo, con una incidencia de casos confirmados  de aproximadamente 150 semanales cada 100 mil habitantes. La PBA las inició el 1 de marzo, con 100 casos por 100.000 habitantes en el Conurbano y 110 en el interior de la provincia.  El 19/4 el gobierno de la provincia suspendió las clases presenciales en el Conurbano, con una incididencia de 475 semanales cada 100 mil habitantes. En ese momento, CABA tenía incidencia de 610 por cada 100.000 habitantes. También para esa fecha se mantienen las clases presenciales en casi todo el interior de la PBA, con una incidencia de casos en ese mismo indicador de 350 (para esta zona tomada como un todo)". Es decir, CABA mantiene las clases presenciales con una incidencia mucho mayor que la que cualquier país de los mencionados habría decidido suspenderlas. En el siguiente cuadro se compara el nivel de incidencia en el que diversos países aconsejan suspender la presencialidad con la insistencia de CABA por mantenerla:

El científico Ernesto Resnik (biólogo molecular y biotecnólogo argentino residente en Minnesota, EEUU, que trabaja en el desarrollo de anticuerpos monoclonales en una empresa de biotecnológica internacional) remarca la línea obstinadamente negacionista que sostienen el jefe de gobierno y el ministro de salud de CABA, Fernán Quirós, para simular una normalidad sanitaria en medio del colapso sanitario que sufre la Ciudad.

"La Epidemiología del rol de la apertura de escuelas en la pandemia no es problemática ni confusa: es bastante concluyente. No hay otro lugar en el mundo donde el gobierno diga que mantener las escuelas abiertas es una cuestión [atendible]". Las principales revistas científicas internacionales, dice Resnik, coinciden en que la mayor disminución de contagios se produjo en ciudades en los que se mantuvo la virtualidad escolar y cuando esas mismas ciudades reabrieron la presencialidad, los contagios volvieron a subir. "Cuando se produjo la segunda ola en países como Alemania, Gran Bretaña, Francia, Italia, Israel todavía están en esta situación en la cual las escuelas están cerradas. No hay en el mundo una ciudad que con los números de infecciones y de casos confirmados como tiene CABA y la región del AMBA mantenga sus escuelas abiertas".

domingo, 19 de abril de 2020

Hasta que caiga lo azul


Un segundo
una eternidad
diez mil años
los tardé en llegar
y subí alto una montaña
para ver todo lo que cambia
y en la belleza
de la nada
amar hasta que caiga
lo azul sobre mí.
Loli Molina, "Lo azul sobre mí"

Esta pandemia vino a alterar nuestros hábitos, más que nuestras ideas quizás. Estamos en medio de una tormenta que no nos permite predecir nada, casi nada. Aunque hay quienes están ansiosos por predecir un nuevo orden mundial, si el capitalismo muere o no, en qué se transforma, si en un régimen global autoritario o una hermandad igualitaria. Un afán típicamente moderno (¿típica mente burguesa?) por predecir hacia dónde va el mundo. Un género de la industria cultural presto a satisfacer esa demanda: hoy se suele llamar a eso "filosofía", aunque en su impulso inicial la filosofía fuera casi lo contrario, la percepción de la extrañeza que nos produce el mundo, incluso cuando todo va normal. En estos meses el suelo parece que nos falta y proliferan predicciones probablamente equivocadas. Estamos apurados por que la ciencia nos provea de una vacuna contra la peste y es comprensible que así sea, aunque los mejores investigadores científicos sean capaces de reconocer lo poco y nada que saben, o cuánto se dan cuenta de lo que no saben. Se consume a tanto bocón con ademán de filósofo, capaz que la filosofía debiera ser más lenta que nunca, que tratara de cerrar un poco la boca y abrir la oreja, escuchar lo que todavía no se ha oído. El búho de Minerva despliega su vuelo al atardecer, decía Hegel: algo del sentido empieza a comprenderse una vez que el fenómeno se ha manifestado, ni un minuto antes.

También están los artistas que nos invitan a soportar que nos falte el suelo en que apoyarnos. Abgrund es una palabra que la filosofía alemana usó para designar esa experiencia cuando el suelo nos falta. Y hoy parece que el suelo nos falta, que todo está a punto de írsenos de las manos. Podríamos recordar que el mundo es un lugar inhóspito: nuestros antepasados lo sabían. ¿Cuándo fue que lo olvidamos? ¿Acaso no lo saben los que viven en los barrios más pobres, en las villas, las favelas, en los geriátricos en los que la burguesía deposita a los viejos hasta morir? El mundo es un lugar inhóspito.

No hay app que nos permita esquivarlo. Pero los buenos artistas nos incitan a recordarlo.

Libertad, oh libertad, la libertad sobre mí
odio decirlo, señor, pero sólo los hombres muertos son libres
dame un poquito de amor, no me mientas
lanza el arma al arroyo y sigue caminando
despierta, pequeña Susie, demos un paseo
crucemos el río Trinity, mantengamos viva la esperanza
enciende la radio, no toques el dial...
Bob Dylan, "Murder most foul"

De eso hablamos en el último bloque de Patologías Culturales (sábados desde las 18 en FM La Tribu). Con la ayuda de la música de Bob Dylan y su hermosa y fúnebre nueva canción. "Murder most foul".



Diseño: Ceci Gamacurta

Maxi Diomedi conversa con Nahuel Carfi, director del sello Elefante en la Habitación. EH fue uno de los primeros sellos en poner en práctica la modalidad de los conciertos a través de streaming, con una regularidad y una curaduría pensada especialmente. ¿Qué es EH?, ¿Cuál es la situación de los sellos y las productoras en la ciudad? ¿Cómo afrontar esta coyuntura? ¿Cómo se viene desarrollando el diálogo con los Ministerios de Cultura de Nación y de Ciudad? Todo eso en la charla.

Además: Nurit Kasztelan, mentora de Librería Mi Casa nos contó cómo es la cuestión del delivery de libros y nos recomendó un par de títulos. La editorial Buenos Aires Poetry liberó su catálogo con joyas de todo tipo, entre ellas la antología del poeta chileno Ernesto González Barnert. Le pedimos que nos lea algo desde el otro lado de la cordillera. Loli Molina cuando canta "Lo azul sobre mí".

El programa completo pueden escucharlo acá:


sábado, 14 de marzo de 2020

El coronavirus: las noticias falsas llegan más rápido y más lejos que las verdaderas, posiblemente debido a que son muy atractivas y por eso las compartimos más


Todos los medios hoy están absolutamente saturados con datos sobre la epidemia del coronavirus. Esta sobreabundancia, lamentablemente, no es buena, ni útil, sino que a menudoes  todo lo contrario: un efecto colateral que nos confunde, nos complica y nos genera riesgos adicionales a los de la propia epidemia. En La otra no vamos a agregar más ruido al ruido: que hablen los que saben. El texto que sigue lo encontré en el muy interesante blog El Gato y La Caja, editado por un grupo de investigadores científicos. En este caso, la autora es Guadalupe Nogués, quien se presenta como "bióloga molecular retirada de la mesada, involucrada ahora en la ciencia, la comunicación, la educación y cómo entretejerlas".

Coronavirus, la otra epidemia

¿Qué es la desinfodemia? 
¿Qué alarmas debemos prender antes de alarmarnos nosotros?

Estamos rodeados

Hoy en día la atención del mundo parece estar centrada en una sola cosa: la epidemia del nuevo coronavirus, que empezó en Wuhan, China, y que está expandiéndose a gran velocidad por todo el mundo. A tanta velocidad que, de hecho, llegó finalmente a Argentina. Y es razonable que estemos preocupados. Las enfermedades nuevas requieren atención especial: no sabemos cuán contagiosas o mortales son, no sabemos si el patógeno que las provoca varía poco, como el virus del sarampión, o mucho, como el de la gripe. No sabemos, tampoco, qué tratamientos son efectivos ni si se podrán desarrollar vacunas y medidas profilácticas. En un mundo tan integrado como el nuestro, los efectos de estas epidemias a veces son incalculables. Sin ir más lejos, la mera posibilidad de que esta epidemia enlentezca el crecimiento de China y se extienda a otros países llevó a las bolsas del mundo a sufrir lo que, por ahora, es la peor caída en la última década.

Después de todo, vivimos en un mundo global. En 1950 hubo 25 millones de viajes turísticos internacionales (menos de 1 viaje cada 100 habitantes), y en 2018 el número aumentó a 1400 millones (casi 0,2 viajes por habitante). Las mercaderías y la gente viajan en días o semanas entre cualquier par de puntos del planeta, y eso ayuda a la dispersión de los patógenos. Pero esto no es lo único que en este mundo globalizado se propaga en forma viral.

Además de la epidemia de una enfermedad, hay una segunda epidemia, la de la desinformación acerca de la enfermedad. Una epidemia propagada por agentes infecciosos que no están hechos de materia sino de bits, que no se transmiten mediante fluidos corporales o vías similares, sino a través de las redes. Y así como es imposible hoy ver un canal de televisión, leer un diario, o mirar internet sin escuchar o leer información sobre la epidemia de coronavirus, este artículo hablará sobre la epidemia de desinformación más que sobre la del virus, por dos motivos. Primero, sobre este nuevo coronavirus, llamado SARS-CoV-2, y sobre la enfermedad que causa, conocida como Covid-19, ya hay mucho escrito, y dicho. Segundo, mucho de lo escrito y dicho es parte de esta epidemia de desinformación. Entenderla nos va a permitir prepararnos para combatirla, no sólo en este caso, sino también en los nuevos que seguramente vendrán.

Desinfodemia

Hoy, internet es a la información lo que los aviones a las cosas materiales, un acelerador que permite que todo tarde menos en llegar más lejos. Dicho de otro modo: actualmente, gracias a la tecnología disponible, las cosas materiales viajamos más lejos y más rápido que antes, tanto si somos gente que va a pasarla bien en sus vacaciones, como virus que provocan una pandemia. Lo mismo ocurre en el mundo de la información. Hace mucho ya que los medios de comunicación tradicionales no son los únicos que informan, o desinforman: gracias a la facilitación de las redes sociales, nosotros mismos somos generadores y propagadores de contenido. Pero con un condimento interesante que complica aún más las cosas: se demostró que las noticias falsas llegan más rápido y más lejos que las verdaderas, posiblemente debido a que son muy atractivas y por eso las compartimos más.

Pero la idea de doble epidemia, a nivel agente infeccioso y a nivel desinformación, no es nueva. Lo que es quizá más reciente es considerar que estas dos epidemias simultáneas se potencian mutuamente, por lo que el daño total termina siendo más que la suma de las partes. Estos mundos, que parecen separados, empiezan a interactuar con efectos que recién ahora estamos empezando a entender. A mediados de 2018, en la revista The Atlantic se publicó un artículo llamado “Cómo la desinfodemia propaga la enfermedad”, donde los autores advierten que la desinformación online hace que las enfermedades se dispersen aún más. Esto ocurriría por varias razones: la desinformación hace que disminuya la confianza en los organismos de salud y en los expertos, que se dediquen recursos a desmentir mitos e ideas conspirativas, y a veces incluso que se promuevan comportamientos que no sólo no son efectivos sino que ponen en riesgo a las personas.

Un ejemplo de esto es la desinformación sobre vacunas, que es hoy gran responsable de la baja en las coberturas de vacunación en algunas regiones, lo que a su vez colabora con el resurgimiento del sarampión que estamos viviendo en el continente americano. La antropóloga Heidi Larson, que trabaja sobre la confianza y desinformación en vacunas, dijo esto en un artículo en la revista Nature en 2018: “Predigo que la próxima epidemia −sea de una cepa de gripe de alta mortalidad u otra cosa− no se deberá a la falta de medidas preventivas. En vez de eso, el contagio emocional, facilitado por la digitalidad, puede erosionar la confianza en las vacunas y volverlas discutibles. En las redes sociales, el diluvio de información contradictoria, desinformación e información manipulada debería ser reconocido como una amenaza global a la salud pública”.

La desinfodemia sería entonces la ‘propagación de una enfermedad facilitada por desinformación viral’. Esto parecería estar pasando con Covid-19. ¿A qué podemos considerar desinformación en el contexto de este nuevo coronavirus? Circulan mitos acerca de cómo prevenir esta enfermedad o cómo curarla, ideas conspirativas sobre el origen del virus, hipótesis dudosas o insostenibles que se hacen pasar como si fueran certezas (la desinformación sobre temas de salud es tan estándar y sigue los mismos argumentos generales que cada vez que surge una nueva epidemia reaparecen las mismas ideas).

Anotemos:

* “hay vacuna pero la ocultan y se la quedan para ellos”,
* “el virus fue creado en un laboratorio y se escapó (o fue liberado adrede)”,
* “esto fue predicho por (inserte libro sagrado, astrólogo famoso de turno, influencer)”,
* “es un plan de (inserte supuesto individuo o grupo de poder que actúa en las sombras y sólo unos pocos iluminados lo saben) para eliminar a la mayor parte de la población mundial”,
* “es un plan de (inserte la misma gente) para beneficiarse vendiéndonos medicamentos caros”,
* “esto se puede prevenir/curar con cosas ‘naturales’ (típicamente ajo o alguna hierba)”.

Por supuesto, es posible que alguna vez alguna de estas afirmaciones sea cierta, del mismo modo en que, si tiramos de espaldas dardos a la pared, alguna vez le vamos a pegar al blanco, por la más absoluta de las casualidades. Pero, en líneas generales, lo más probable es que los dardos terminen en el piso o clavados por cualquier parte, así que si nos encontramos con algo así, actuemos con prudencia.

La difusión de datos (ya sean información o desinformación) ya no sigue el tradicional camino de emisores/receptores. Las redes permiten una enorme y riquísima trama de conexiones horizontales, comunicación de noticias, memes, opiniones y aun mensajes personales, por lo que cada uno de nosotros, al convertirse, al menos parcialmente, en emisor, también se vuelve responsable en este proceso de desinfodemia. Como con las enfermedades, se puede ser un portador sano que, sin ser afectado, transmite el agente infeccioso a los demás. Muchos medios, quizás intentando imitar el éxito de las redes sociales, adoptan su tono apocalíptico y acrítico, y a veces son poco rigurosos con la veracidad de un contenido, porque priorizan la primicia. De esa manera, el mensaje es predominantemente ‘todos vamos a morir’, con una actualización en tiempo real del número de casos, cruceros varados, protocolos activados, cierre de escuelas, controles en fronteras y falsas alarmas. (Mucho de esto se discute en más detalle en este capítulo de este libro). Y no, no vamos a morir todos. Incluso si se termina declarando a Covid-19 como pandemia, esto lo que nos diría es que es una enfermedad distribuida en todo el mundo, y nada diría acerca de su gravedad o urgencia.

Las dos epidemias se mueven juntas y se retroalimentan. Más enfermedad lleva a más desinformación. Y la desinformación impide atacar del mejor modo posible a la enfermedad porque despilfarra recursos −incluida nuestra atención−, genera tensiones innecesarias −incluyendo absurdas cazas de brujas a gente por su origen étnico−, provoca desensibilización, y disminuye la confianza en las autoridades sanitarias, los expertos y los medios de comunicación profesionales. Todo esto facilita a su vez la propagación de la enfermedad. ¿Cómo quebrar esta tendencia y salir del círculo vicioso? En definitiva, ¿cómo podemos prevenir la desinfodemia? Por supuesto, mucha de la responsabilidad recae en las autoridades. Pero, si pensamos en cómo funcionan las comunicaciones y los virus −o sea, cómo se propaga la desinfodemia− tenemos que considerar que nosotros, todos, somos parte del problema. Afortunadamente, eso nos hace también parte de la solución.

Prevención

La Organización Mundial de la Salud (OMS) y los ministerios de salud de cada país están tomando medidas para detener o postergar esta doble epidemia, es decir, la del virus y la de la desinformación asociada. En cuanto a la enfermedad, se definen protocolos para su detección y cómo actuar ante casos dudosos y positivos, se compran insumos hospitalarios y se capacita a los profesionales de la salud. Por supuesto, hay países con mayor o menor capacidad para afrontar esto. Uno de los efectos de la globalización es que lo que hace o no hace otro país es relevante para todos: los agentes infecciosos no entienden de fronteras. En relación con la información, dan la información más completa, confiable y actualizada posible. Es cierto que se sospecha que China demoró un poco más de lo debido en informar sobre el brote. No sabemos si hubo un intento de las autoridades locales de ocultar lo que pasaba, o simplemente pensaron que se trataba de algo menor. Lo cierto es que desde que se abrió al mundo, la información está fluyendo, y lo hace bajo la mirada atenta de gobiernos y organizaciones a los que nada les gustaría más que hacer quedar mal a otros gobiernos y organizaciones. La OMS tiene una sección entera dedicada a este nuevo coronavirus y a Covid-19. Incluso hay un apartado en el que refutan algunos de los mitos que están circulando actualmente. Este sistema tiene sus limitaciones, claro. A veces pueden demorar en dar la información hasta que es confirmada. En el día a día frenético de quienes están combatiendo la enfermedad a veces hay que revisar números y estimados, a medida que se va sabiendo más. La incertidumbre es grande, pero ¿hay una alternativa mejor que mantenga exigencia de calidad?

Por otro lado, el comportamiento de cada uno de nosotros es importante para la prevención de Covid-19. En esta doble epidemia, no sólo somos los que nos enfermamos sino también los que contagiamos. Por eso la prevención incluye lo que hacemos y también lo que no hacemos, y no únicamente con respecto al agente infeccioso en sí, sino también con la desinformación. Por un lado, lavémonos las manos con frecuencia y con dedicación, estornudemos en el hueco del codo o en un pañuelo descartable, desinfectemos superficies, seamos responsables si tenemos síntomas respiratorios, etc. (más sobre medidas preventivas acá). Por otro lado, ¿qué podemos hacer con respecto a la información? No generemos ni distribuyamos en las redes sociales contenido que no confirmamos si es cierto o falso, ya sea que lo hagamos por genuina preocupación o irónicamente (sí, el consumo irónico contribuye a la confusión y difusión de desinformación).

GUÍA DE SUPERVIVENCIA DE BOLSILLO

¿Cómo relacionarnos mejor con la información?

1. ¿La información que nos importa se refiere a algo total o parcialmente fáctico?

2. ¿Se mencionan las evidencias que sustentan la afirmación o la manera de acceder a ellas? ¿Son completas y confiables?

3. ¿Cuáles son los sesgos y distorsiones que pueden haber influido en la adulteración de la información, desde que se generó hasta que llegó a nosotros?

4. ¿Cuáles son nuestros sesgos y creencias? ¿Podemos estar confundiendo expertos competentes con falsos expertos? ¿Podemos estar, al menos en parte, bajo la influencia de nuestro tribalismo?

5. ¿Podemos estar dentro de una burbuja ideológica sin darnos cuenta? ¿No convendría incorporar en nuestras redes a personas de otras tribus?

6. ¿Tratamos honestamente de identificar si la información es o no una noticia falsa?

7. ¿Cómo actuamos frente a esa información? ¿Colaboramos o no con su difusión? ¿Analizamos el riesgo de equivocarnos actuando y de equivocarnos no actuando?

8. ¿Cómo actuamos frente al agente que nos hizo llegar información falsa? ¿Ponderamos verdad sobre popularidad? ¿Exigimos accountability? ¿Penalizamos el mal comportamiento?

No es fácil combatir y prevenir la desinformación. En los últimos años se intensificó la investigación científica en este campo (esto está detallado en este artículo). Aunque hay mucho que todavía no terminamos de entender, está bastante claro lo que cada uno de nosotros puede hacer para colaborar pero, si no actuamos en consecuencia, no hay información que alcance.

Comunicación

Para prevenir el dengue, sabemos que tenemos que usar repelente y eliminar los reservorios de agua en los que el mosquito se puede reproducir. ¿Lo hacemos? Para prevenir el sarampión y otras enfermedades infectocontagiosas hay vacunas. ¿Sabemos realmente si estamos al día con las vacunas? Muchas infecciones de transmisión sexual se previenen eficazmente usando preservativos. ¿Los usamos? En el hemisferio Sur pronto entraremos en la temporada de gripe. ¿Nos vamos a dar la vacuna antigripal y, si tenemos síntomas, seremos cuidadosos con buscar ayuda médica y no exponer a otros en el trabajo, la escuela o los medios de transporte? Y exactamente la misma idea aplica frente a nuestro comportamiento frente a la información y la desinformación. Sabemos todo. ¿Hacemos lo que hay que hacer?

En un contexto de desinfodemia, es crucial lograr y conservar una comunicación adecuada. La mejor comunicación, en términos sanitarios, no es solamente la que informa, sino también la que ayuda a generar los comportamientos necesarios para prevenir, enlentecer o frenar la enfermedad.

El desafío es cómo comunicar en temas de salud sin generar desinfodemia: ni minimizar, ni generar ansiedad y pánico. Los mensajes deben ser claros, completos y sencillos de comprender. Esto incluye poder explicar la incerteza, la complejidad, el riesgo para uno y para los demás, y las acciones que hay que seguir. Como si esto fuera poco, el emisor de la información debe ser transparente y confiable −cuidar la credibilidad es por eso clave, porque sin confianza no hay comunicación efectiva−. Es también necesario darle poder −aunque sea limitado y local− al receptor del mensaje. Decirle cómo son las cosas, sí, pero ayudarlo a comprender cómo lo afectan, y qué debería hacer para ayudar. Ocuparse además de preocuparse. Pocas cosas como la actividad para combatir la paranoia.

Hasta donde se sabe, este virus se transmite con relativa facilidad a través de las microgotitas que salen de nuestra boca cuando hablamos, tosemos o estornudamos, y puede sobrevivir algunas horas en las superficies. Por eso las recomendaciones de higiene respiratoria, lavado de manos, etc. son las que son. Su letalidad es relativamente baja −aun si enfermamos, lo más probable es que tengamos una versión leve de Covid-19− pero los adultos mayores y personas inmunocomprometidas son grupos especialmente vulnerables. Una pandemia es hoy muy probable, pero como no está muy claro todavía cuán grave es esta enfermedad ni qué alcance tendrá, hay que prepararse. “Hoping for the best, but expecting the worst”, decía una vieja canción: “esperar lo mejor, pero prepararse para lo peor”. Las autoridades sanitarias de los países deben hacer lo posible por frenar el avance de la enfermedad, pero también deben prepararse para escenarios más complicados. Un virus de transmisión tan sencilla como este, aunque no sea tan letal, terminará provocando muchas muertes. Es un virus nuevo, así que las personas no tenemos previamente protección de nuestro sistema inmunitario y todos somos potencialmente susceptibles. Además, todavía no hay una vacuna, aunque esto ya está en desarrollo y se espera que haya al menos una en algunos meses. Esto que sabemos ahora puede cambiar en las próximas semanas. Como vemos, hay complejidad e incertezas, pero también hay cosas claras.

Cuidarnos

Hace menos de un mes murió, por una encefalitis causada por sarampión, una mujer de 50 años que estaba inmunocomprometida por haber recibido un trasplante renal. Es el primer caso de muerte por sarampión en Argentina desde 1998. Y la culpa es nuestra. No pudimos cuidarla. Teníamos los medios para hacerlo: si al menos un 95% de las personas nos hubiéramos vacunado, el virus del sarampión no habría reingresado. El coronavirus ya llegó a nuestro país. Si se produce alguna muerte * también será, al menos en parte, nuestro fracaso. En particular, por no haber aprendido las lecciones de la historia y por no haber establecido los medios de contención de la desinfodemia.

Estamos juntos en esto. No, no vamos a morir todos, pero algunos lamentablemente sí. Hacer todo lo posible para combatir la desinfodemia va a salvar vidas. Nuestro sistema inmune aprende de las infecciones. Ojalá nuestro sistema social también lo haga. Que Covid-19 sea, además, una manera de aprender.

* La nota fue escrita antes de las dos muertes ya producidas en el país.

Postdata de La otra: en el mismo blog puede leerse otra nota, "Coronavirus: Exponencialidad y prevención. ¿Cómo se propaga el Covid-19 y qué podemos hacer al respecto?", cuya lectura recomiendo. Clickear acá.