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miércoles, 3 de febrero de 2016

La crueldad burguesa


"Desde que empieza a dar sus primeros pasos en la vida, el niño proletario sufre las consecuencias de pertenecer a la clase explotada. Nace en una pieza que se cae a pedazos, generalmente con una inmensa herencia alcohólica en la sangre. Mientras la autora de sus días lo echa al mundo, asistida por una curandera vieja y reviciosa, el padre, el autor, entre vómitos que apagan los gemidos lícitos de la parturienta, se emborracha con un vino más denso que la mugre de su miseria.

"Me congratulo por eso de no ser obrero, de no haber nacido en un hogar proletario.

"El padre borracho y siempre al borde de la desocupación, le pega a su niño con una cadena de pegar, y cuando le habla es sólo para inculcarle ideas asesinas. Desde niño el niño proletario trabaja, saltando de tranvía en tranvía para vender sus periódicos. En la escuela, que nunca termina, es diariamente humillado por sus compañeros ricos. En su hogar, ese antro repulsivo, asiste a la prostitución de su madre, que se deja trincar por los comerciantes del barrio para conservar el fiado.

"En mi escuela teníamos a uno, a un niño proletario".

Así empieza "El niño proletario". Ni les puedo explicar cómo sigue porque a Osvaldo Laborghini no se lo puede explicar, hay que leerlo. Por momentos parece que la escritura de Lamborghini desborda los límites de la literatura. El filo hiriente de sus palabras saltan del papel y uno siente que le pegan en el cuerpo. Por momentos roza lo insoportable, no tanto por sus temáticas, que vienen de la tradición literaria argentina, sino porque hace aparecer la rugosidad, los rebordes, la violencia del lenguaje como lenguaje. Entonces se podría decir al revés: que Lamborghini es uno de los pocos que hace literatura, que muestra el lenguaje en su poder amenazante, mientras la mayoría solo escribe. Escribir, escribimos todos, pero unos pocos hacen patente la atrocidad del decir, uno de los acontecimientos más anómalos y riesgosos del universo.

Lamborghini no hizo una carrera de escritor normal. No era normal. Escribió mucho pero en su vida publicó poco y pocos lo reconocían como escritor. Como persona, dicen, no era fácil. Algunos que lo conocieron dicen que era jodido, o que estaba jodido (no es lo mismo). Pero qué importa lo que dice la gente. Después de muerto su obra se empezó a difundir, de apoco y cada vez más, se hicieron ediciones póstumas y su consideración creció. Hay quienes piensan que es uno de los más grandes escritores argentinos, el menos conocido entre los más grandes.

Yo digo que no soy crítico literario, pero leerlo es distinto a leer otra cosa, leer meros libros.

Su escritura es política, o sea: hacía política escribiendo. No "crítica social" o "denuncia" o "testimonio", como si hablara de cosas que pasan en la realidad. Escribir era continuar la política por otros medios. O quizás hacer la guerra. Su asunto la guerra de clases como acto aberrante de por sí. O más precisamente la guerra infinita de la clase dominante contra los oprimidos. Parecería que la clase burguesa no se conforma con dominarte, sacarte la plusvalía, quedarse con una parte de la riqueza que producís. Parte de su economía libidinal consiste en humillarte, gozarte, hacerte morir. La derecha hace política con la muerte. La crueldad no es un añadido, sino parte de lo que el burgués necesita para mantenerse tonificado. Esa es la intuición de Lamborghini. 

Yo vengo de una familia de trabajadores. Nunca me pasaron las cosas horribles que Lamborghini describe en "El niño proletario" ni de lejos. Pero algo de la hijaputez burguesa sentí cada vez que me tocó tratarlos. Sentís directo en tu cuerpo el desprecio que te tienen, incluso cuando no te dicen nada. La peculiaridad de "El niño proletario" es su punto de vista: el de los opresores en su faz más perversa. Cuando asoma alguna metáfora, la belleza, algún desborde "literario", surge como una supuración o como usurpación. Todo fuera de lugar. El arte en su escritura es improcedente, incómodo. 

Su procedimiento es hiperbólico pero no deja de ser realista.

Muchos han dicho que sus relatos anticiparon el horror de los campos de concentración de la dictadura. En estos días en que la derecha llegó al poder, yo sentí el desprecio de Macri, de Prat Gay, el cinismo de Lombardi y Avelluto. Y me acordé de Lamborghini.


Por eso publiqué en el blog Un Largo su cuento "El niño proletario". Lo pueden leer clickeando acá.

viernes, 9 de octubre de 2015

Imitación burlona y exclusión-inclusión del extranjero


por Lidia Ferrari *

“...no es posible amenazar la existencia de algo 
sin afirmar esa existencia al mismo tiempo”.
Ernesto Laclau [1]

Tanto Eugene Dupréel [2] como Octave Mannoni [3] se encontraron con la imitación burlona en el estudio del fenómeno de la risa. Dupréel desde la perspectiva sociológica, Mannoni desde la psicoanalítica. La burla consiste en poner en ridículo al otro, en muchos casos a través de la imitación burlona, lo que muestra su doble faz de búsqueda de la diferencia en la identidad. La imitación burlona señala al otro como diverso pero, al imitarlo, lo copia, debe asemejarse a él. Cuanto más la copia se acerca al original, cuanto mejor logra captar sus rasgos salientes, más lograda es la burla. Dupréel analiza la risa de exclusión a los extranjeros a partir de los grupos que los ridiculizan y burlan. Esta burla provoca la risa grupal y la cohesión de sus miembros. En estas situaciones de intercambio, si el burlado se ríe y festeja la gracia, podrá conseguir que declive la hostilidad. En cambio, si la persona ridiculizada se siente ofendida, si protesta o se disgusta “certificará su exclusión y la cohesión del grupo”, dirá Dupréel [4]. Si el ridiculizado o imitado se ríe de buena gana, se atenuará la risa grupal y se desvanecerá pronto la hostilidad. Entonces, una de las formas que el burlado tiene de atemperar la situación de exclusión es inhibir su respuesta agresiva. Se trata de una situación similar a lo que sucede en la broma pesada cuando se neutraliza la reacción hostil a la agresión recibida a través de la invocación de que se trata de una broma.

Para Mannoni, la imitación burlona, como imitación consciente, es una defensa y un modo de escapar a la identificación [5]. La imitación consciente de un rasgo particular del otro permitiría mantenerlo a raya. La ecuación podría ser: soy como él o podría serlo, pero a través de la mofa o la burla, rechazo esa posibilidad.

La mofa o burla como una operación que se pone en marcha en la comunidad es una manera de relacionarse con el otro, en principio como rechazo. En la vida cotidiana argentina, cuando los inmigrantes y nativos se encontraban en el patio del conventillo o en la ciudad, una de las maneras de su intercambio era a través de la mofa, la burla, la cachada. La identificación lúdica no puede dejar de incidir en los sujetos, ya que al exaltar ciertos rasgos no sólo se consolidan los rasgos imitados en el semejante burlado, a punto de multiplicar los estereotipos subrayando ciertos aspectos y no otros, sino que son rasgos que el burlador adquiere para sí. Aun en la exclusión que se juega en la imitación burlona hay una forma de constituirse en la diversidad ya que, más allá de las intenciones del que se burla, se trata de una forma de alojar al otro, aun desde la hostilidad o el rechazo. Mannoni plantea desde el psicoanálisis que la mofa, la burla, la imitación burlona es una forma de rechazo de la identificación. Se podría decir que más allá de esta defensa, más allá del deseo que rechaza dicha identificación, ella se produce, ya que lo rechazado retorna, a pesar del sujeto.

El fenómeno masivo de la inmigración obligaba al intercambio entre personas de diversas culturas y lenguas, lo que no podía dejar de tener consecuencias en las identificaciones que advenían de tal intercambio. La convivencia entre dichas personas ponía el problema de la identificación en primer plano. La relación con el otro extranjero era asunto de todos los días y se planteaba en términos de exclusión e inclusión continua. La imitación burlona fue y sigue siendo uno de los modos de trabajar el conflicto de inclusión-exclusión del extranjero.

Algunas hipótesis conjeturan que el baile del tango surgió de la imitación burlona de los compadritos a los negros cuando bailaban candombe. No sabemos si esto es cierto, pero es una manera de decir que la imitación burlona tiene efectos sobre el que imita, y puede llegar a construir en él una diversa manera de estar con el otro. También sugiere que esa imitación dio lugar a un modo original de bailar. Otro ejemplo de los efectos de la imitación burlona a los inmigrantes es la emergencia del vocablo "cocoliche". La palabra hace referencia a una jerga en la cual se mezclaba el castellano con diversos dialectos italianos. La leyenda dice que se originó detrás de bambalinas del teatro de los Podestá. Un actor empezó a imitar burlonamente a un peón calabrés llamado Cuculicchio y este modo de hablar se incorporó al teatro nacional. El hablar cocoliche fue declinando pero se incorporaron muchas de sus voces al léxico actual del castellano argentino y del lunfardo.


La burla al diferente

La burla al diferente en la Argentina inmigratoria, paradojalmente, fue uno de los modos iniciáticos de la inclusión del extranjero. Esto, sin dudas, ha dejado huellas en la conformación de la comunidad, más allá de las voluntades de quienes lo actuaban. La burla al cocoliche ha sido una de las formas en las que el lenguaje fue incluyendo al inmigrante italiano y el modo como el nativo aprendió a comunicarse con él. En las obras de teatro y sainetes se destacan los personajes extranjeros. Quienes a través del lenguaje se burlan de las lenguas que no conocen inventando nuevas palabras producen en el habla nuevos significantes que incluyen eso de lo cual se burlaban. La hibridación queda marcada por esa cantidad de términos que todos pueden hablar y que tienen su origen en la mezcla en los ambientes inmigratorios. Sin duda el conventillo ha sido uno de los lugares más potentes y emblemáticos de espacio de mestizaje y de intercambio de diferentes culturas.

No todas las expresiones de exclusión al extranjero han tenido este carácter paradojal de inclusión en la segregación. En otros contextos, la segregación puede llegar a ser tan potente que no hay casi encuentro entre nativos y extranjeros. Esto contribuye a la formación de guetos o comunidades cerradas donde el intercambio es casi nulo, lo cual no permite la particular hibridación que ocurrió en la Argentina del ‘900. Esta paradojal inclusión en la exclusión no niega las consecuencias que la denigración y el rechazo tuvo lugar en los inmigrantes, cuyos efectos aún hoy se pueden encontrar difusos en la cultura.

NOTAS:

* Esta es la primera de una serie de notas de Lidia Ferrari que iremos publicando sobre las bromas pesadas y la diversión en la crueldad en la cultura argentina.

[1] Laclau, Ernesto, Nuevas reflexiones sobre la revolución de nuestro tiempo. Buenos Aires, Nueva visión, 1993, p. 44

[2] Dupréel, Eugene. “Le problem sociologique du rire” en Revue de Philosophy de la France et de l’Etranger, Paris, Alcan, 1928, pp. 213-260. El ensayo de Dupréel sería publicado por primera vez en esta revista cuando la dirigía Levy-Bruhl. En el mismo número publicaban sendos artículos Pierre Janet y Henry Wallon, precisamente el texto que usaría Lacan pocos años después para su planteo del estadio del espejo, “La mentalitè primitive e l’enfant”, donde Wallon sí tomaba en consideración los estudios de Freud. Sorprende que en ese contexto, en 1928, Dupréel no haya tenido en cuenta los trabajos de Freud sobre el chiste y el humor.

[3] Mannoni, Octave, Un intenso y permanente asombro, Buenos Aires, Gedisa, 1989.

[4] “Cualquier persona que quiera protestar contra la exclusión resiste a la risa. Si el burlado se ríe de buena gana, la risa pasa a ser una risa de acogida, de recepción, se atenúa y desvanece pronto. Por el contrario, se alimenta sin fin si la víctima protesta o se disgusta; la risa sostenida certifica su exclusión y la cohesión del grupo”: «Quiconque veut protester contre cette exclusion résiste au rire. Si le moqué rit de bonne grâce, le rire passe au simple accueil, s’atténue et cesse bientôt. Il s’aliment sans fin, au contraire, si la victime proteste ou se fâche ; le rire soutenu atteste son exclusion et la cohésion du groupe». Dupréel, E. op. cit. (Traducción de la autora).

[5] «...vislumbré, como medio de escapar a la identificación, la posibilidad de recurrir a la mofa, a modo de defensa. Pero, en ese caso, era una defensa inutilizable. Espero poder demostrar más adelante, las relaciones entre identificación y remedo burlón. Pienso que están errados los analistas al no interesarse por la mofa ». Mannoni, Octave, op. cit., p. 116.