Mostrando entradas con la etiqueta César González. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta César González. Mostrar todas las entradas

lunes, 13 de diciembre de 2021

Vuelta a La Tribu (Get Back)

 Patologías Culturales - FM La Tribu - 11/12/2021


Sarasa, la gata de La Tribu (Foto: Lucio Dodero)

(Foto: Lucio Dodero)

Patologías Culturales (11/12/2021) en el nuevo estudio de FM La Tribu (Foto Lucio Dodero)

El perro que no calla (Ana Katz)

Después de dos años de hacer el programa en forma remota, este sábado 11/12/2021 Maxi Diomedi y Oscar Cuervo se volvieron a encontrar en el nuevo estudio de FM La Tribu, para hablar de algunas perlas recientes de la producción cinematográfica argentina.

Raúl Perrone presentó dos películas notables: 3SCOMBRO5 (en el DocBsAs, ver acá) y PR1NCES4 (en Mar del Plata, ver acá).

3SCOMBRO5

PR1NCES4

También en el Festival de Mar del Plata, César González presentó su nuevo largo Reloj Soledad (ver acá), Pablo Weber deslumbró con su tercer cortometraje, Luto (ver acá) y Ana Katz presentó una hermosa película, El perro que no calla, que venía de ser premiada en Rotterdam y Colonia Alemania. Sobre esta última todavía no publicamos nuestra reseña en La otra, pero vale anticipar que en su sexto largometraje Katz sigue refinando su pulso para la comedia que parte de una apariencia costumbrista para enrarecerse paulatinamemente hacia el absurdo o el fantástico (Los Marziano, Mi amiga del parque, Sueño Florianópolis). Inmediatamente después de su paso por Mar del Plata El perro que no calla tuvo un fugaz paso por la cartelera porteña que resultó todo un síntoma de las pésimas políticas de distribución que sostiene el INCAA. Es una de las mejores películas del año, pero en su paso en el Espacio INCAA Gaumont fue tan maltratada en la asignación de horarios y días de proyección que hizo imposible que la película encontrara a sus espectadores.

Reloj Soledad (César González)

Luto (Pablo Weber)

Yoko lee el diario mientras los Beatles componen (Get Back)

¿Y cómo no íbamos a hablar de The Beatles: Get Back, el extraordinario documental que hizo Peter Jackson sobre el período final de los Beatles? (Ver acá).

La Tribu inauguró un nuevo estudio en el que hicimos el programa por primera vez, así que recordamos el pequeño estudio en el que hicimos radio durante años y las voces cuyos ecos oír se dejan: le dedicamos este programa a Horacio González, Gabo Ferro y Palo Pandolfo.

Pueden escuchar el programa clickeando acá abajo:

jueves, 25 de noviembre de 2021

Reloj, soledad (César González, 2021)

por Oscar Cuervo

Aprecio la versatilidad del cine de César González para ir probando distintos procedimientos dramáticos a medida que hace sus películas, en lugar de repetir fórmulas, porque el auténtico estilo es algo que decanta a medida que una filmografía se expande y no algo que se decide a priori desde la primera película: el estilo no se elige, se encuentra. En el caso de Reloj Soledad, César apuesta por una dramaturgia más contenida, con un registro de actuaciones más seco, menos expresivo y más despojado, en el que las ideas no se subrayan sino fluyen. Este planteo estético difiere de sus películas anteriores por esa economía expresiva, pero esta variación estilística no anula la continuidad de la perspectiva de clase ni la dimensión política con que trató los conflictos dramáticos desde sus primeras películas. 


En Reloj Soledad la protagonista es una chica trabajadora del conurbano sur (Nadine Cifre, coguionista) que en su ámbito laboral comete una transgresión por la que va a ser castigada erróneamente una de sus compañeras. El perjuicio que sufre su compañera es una consecuencia involuntaria que va a activar un conflicto de múltiples direcciones. Como mujeres y trabajadoras las dos son oprimidas por el sistema económico y el orden patriarcal -que incluso ejercen contra ellas los varones de su propio sector social- pero en ese marco de alienación, soledad y opresión, surgirá un inesperado conflicto entre dos pares, algo que no se deja reducir ni a la lucha de clases ni tampoco se agota en un conflicto moral. Lo interesante de la película es que si se optara por una de esas vías -la moral o la política- requeriría dejar afuera la otra y así el conflicto no tendría el volumen que realmente tiene. González muestra los estados de ánimo, los actos y sus consecuencias de manera llana y deja que la complejidad aparezca sin forzarla.


Ambas chicas tienen sus razones, tanto la protagonista como la chica que resulta despedida. No es lícito juzgar moralmente los actos de sus personajes sin que se pierda el volumen político en el que ocurren. El hecho de que la película presente un conflicto entre personas que acumulan sobre su cuerpo varias opresiones obstruye la identificación emocional o la toma de partido por una posición moral "correcta". Si la película se limitara a presentar, como tantas otras, a una víctima de la explotación, sería fácil tomar partido por ella, pero al plantear un conflicto entre dos mujeres oprimidas y trabajadoras explotadas, la vía maniquea para resolver el dilema ha de ser desechada. Esta imposibilidad tiene su expresión formal en la manera que decide González cerrar el relato, con un corte a negro que deja al espectador ante una contradicción que no tiene vía de escape: el que mira la película se lleva un problema y no una sanción consumada. Esta forma de tratar una materia dramática está en sintonía con un momento histórico en el que las clases populares se debilitan ante sus conflictos internos. Ahí creo que reside la contemporaneidad de Reloj Soledad.


El tratamiento formal es solidario con la naturaleza del conflicto planteado. La composición de los planos es tensa, el ritmo aplacado y la belleza que surge de la desolación de los espacios en los que estos personajes viven está contenida. En Lluvia de Jaulas González había logrado una mirada hermosamente lírica del espacio de pobreza y violencia social que mostraba. En Reloj Soledad ese lirismo está dosificado en planos parcos.


La versatilidad que muestra César para variar tonos e intensidades en cada película es una virtud de cineasta que le permite evitar los fetiches del formalismo y el contenidismo. Es posible objetar un resto de esquematismo en la caracterización de los personajes burgueses, que en Atenas podía entenderse como una "venganza poética" clasista frente a los estereotipos con que el cine comercial suele retratar a los personajes populares. En Reloj Soledad, el hecho de que los varones explotadores sigan respondiendo a un concepto que les retacea singularidad atenta con el fluir de la película. Si los burgueses tuvieran también matices -como sí lo tienen los personajes populares que aparecen-, esta complejidad enriquecería al conjunto. Si fueran explotadores por su función económica y no simplemente "malos", el conflicto ganaría espesor. 


En sentido contrario, la mejor escena de la película es el episodio nocturno en el que el propio González aparece encarnando a un joven del barrio que intenta acercarse a la protagonista en su noche de angustia. El es un varón de su propia clase que no se comporta como "macho", sino que intenta un acercamiento afectivo a ella, quien en ese momento de pesar no es capaz de percibir como un posible aliado. La escena está planteada con amabilidad, como una liberación posible a través de la ternura, también como posibilidad erótica, pero marca el límite de lo que ella en ese momento no es capaz de ver por el ánimo en que se halla. Esta intervención de autor hace respirar a la película.

Quisiera reservar unas líneas finales para repudiar la estupidez en la que incurre una parte de los críticos que por estos días arman un paquete de cineastas compuesto por Raúl Perrone, Celestino Campusano y César González, a los que asocian como "cineastas del conurbano", revelando su ceguera cinematográfica y sus prejuicios de clase. No aprenden más.

lunes, 11 de octubre de 2021

Algunas ideas sobre "El fetichismo de la marginalidad" de César González

Una conversación en Patologías Culturales, FM La Tribu


Karl Marx escribió en Elogio del crimen ("Concepción apologética de la productividad de todas las profesiones", apéndice a Teorías de las plusvalías):

"EI filósofo produce ideas, el poeta poemas, el cura sermones, el profesor compendios, etc. EI delincuente produce delitos. Fijémonos un poco más de cerca en la conexión que existe entre esta última rama de producción y el conjunto de la sociedad y esto nos ayudará a sobreponernos de muchos prejuicios. El delincuente no produce solamente delitos. Produce además el derecho penal y, al mismo tiempo, al profesor encargado de dar cursos sobre esta materia y también el inevitable compendio en que el mismo profesor lanza al mercado sus lecciones como una mercancía. Esto ayuda a aumentar la riqueza nacional, aparte de la satisfacción privada que el manuscrito del compendio causa a su propio autor. 

"EI delincuente produce también toda la policía y la administración de justicia penal: esbirros, jueces, verdugos, jurados, etc., y, a la vez, las diferentes ramas de industria que representan otras tantas categorías de la división social del trabajo. Desarrollan diferentes capacidades humanas, crean nuevas necesidades y nuevos modos de satisfacerlas. La tortura dio pie a los más ingeniosos inventos mecánicos y ocupa, en la producción de sus instrumentos, a gran número de honrados artesanos. 

"El delincuente produce una impresión, a veces moral, otras veces trágica, según los casos, y así presta un servicio al movimiento de los sentimientos morales y estéticos del público. No sólo produce manuales de derecho penal, códigos penales y legisladores que se ocupan de los delitos y las penas. También produce arte, literatura, novelas y tragedias, como lo muestran, no sólo La culpa de Müllner o Los bandidos de Schiller, sino incluso el Edipo y Ricardo III. EI delincuente rompe la monotonía y el aplomo cotidiano de la vida burguesa. La preserva así del estancamiento y, provoca la tensión y el desasosiego sin los cuales hasta el estímulo de la competencia se embotaría. Así impulsa las fuerzas productivas. EI crimen descarga al mercado de trabajo de una parte de la superpoblación sobrante, reduce la competencia entre los trabajadores y pone coto hasta cierto punto a la baja del salario. Al mismo tiempo, la lucha contra la delincuencia absorbe otra parte de la misma población. Por estas razones, el delincuente funciona como una de esas compensaciones naturales que contribuyen a restablecer el equilibrio adecuado y abren una perspectiva de otras ramas útiles de trabajo. 

[…] Los cerrajeros nunca habrían podido alcanzar su actual desarrollo si no hubiese ladrones. La fabricación de billetes de banco no habría llegado nunca a su actual refinamiento de no ser por los falsificadores de moneda. EI microscopio no habría encontrado acceso a los negocios comerciales corrientes si no le hubiera abierto el camino el fraude comercial. Y la química práctica debiera estarle tan agradecida a las adulteraciones de mercancías y al intento de descubrirlas como al honrado celo por aumentar la productividad. EI delito, con los nuevos recursos que cada día se descubren para atentar contra la propiedad, obliga a descubrir a cada paso nuevos medios de defensa y se revela, así, tan productivo como las huelgas, en lo tocante a la invención de máquinas".


Este texto mordaz escrito hace alrededor de 160 años parece haber afirmado su vigencia con el progreso social. Las tecnologías de vigilancia, los aparatos represivos, el periodismo policial y los programas de entretenimiento que muestran la marginalidad y la delincuencia parecen estar viviendo un momento magnífico. En su libro El fetichismo de la marginalidad (Sudestada, 2021), el cineasta y escritor César González toma esta idea de Marx como disparador para pensar en el florecimiento de la temática de la marginalidad, las villas, la delincuencia y las cárceles en la industria audiovisual: películas, series y telenovelas que iluminan la oscuridad del home theater pequeño-burgués. El capitalismo empuja a amplios sectores populares hacia los márgenes de la indigencia y el delito y entonces recicla los frutos de su propia opresión como mercancías para consumo masivo. 

La reflexión de González se basa en su propia experiencia de artista proveniente de una villa que pasó parte de su vida  en el sistema carcelario. El cine, arte burgués desde su inicio en la era de la revolución industrial, encuentra en González al primer autor argentino proveniente de la villa. La singularidad de su mirada no constituye por sí misma una garantía de calidad: cada película tiene que ganarse su lugar como pueda. Pero a esta excepción González agrega otra: es de los pocos cineastas que piensa en el fundamento económico de su producción. Cineastas y críticos se inclinan a reducir sus conversaciones al plano de la técnica y de la estética, y esquivan tenazmente las marcas que esta base económica deja impresas en la superficie de sus obras. La mayor parte de las veces sienten cualquier indagación sobre su función económica como una intromisión incómoda y un planteo de mal gusto: "no se nombra la soga en la casa del ahorcado" parece la regla tácita de los textos sobre cine. No se trata simplemente de "temáticas sociales" ni de "posiciones ideológicas", sino de la base material que hace posible el cine y la literatura que lo comenta.

En su libro González destaca la paradoja de que los estereotipos más burdos sobre la vida popular a veces terminan siendo adoptados como modelos de conducta en los propios barrios populares. Por eso escribe en un estilo que se dirige tanto a sus colegas cineastas y críticos como a sus compañeros de barrio, continuamente expuestos a la colonización de su sensibilidad. Esta discusión a dos bandas sería la tercera singularidad que distingue la producción de César González. Su libro no resuelve ninguna contradicción: las deja expuestas.


En Patologías Culturales (FM La Tribu, sábados a las 18:00, con la conducción de Maxi Diomedi) nos detuvimos a conversar un rato sobre las preguntas que El fetichismo de la marginalidad y el cine de González nos incita. Pueden escucharlo acá:

 

martes, 21 de septiembre de 2021

Operación de arena

La respuesta de Muñeca Brava y César González al libelo de Mayra Arena 


Unos amigos me recomendaron que leyera la carta de Mayra Arena, un supuesto análisis de la derrota reciente del FdT. Me decían que era la lectura más precisa sobre las causas de esta derrota política desde el punto de vista de una integrante del campo popular. La carta se replicó por varios medios y fue reproducida con regocijo por, nada menos, Infobae. Quedé preocupado no por el FdT ni por Mayra Arena sino porque este guiso recocido del cualunquismo más reaccionario puede ser aplaudido hasta por mis amigos. 

El panfleto de Arena es extenso, reiterativo, reduccionista y muy retrógrado. Atribuye la derrota del FdT a "la agenda igualitaria". Coincide palabra por palabra con la "Fuerte advertencia de un arzobispo cercano al papa Francisco", también difundida por Infobae. El arzobispo Víctor Manuel Fernández que le da "poco tiempo" al Presidente por “entretenerse con el aborto, la marihuana y el lenguaje inclusivo”. Se parece mucho a los delirios de la Pastora que encarna Mercedes Morán en El Reino. Pero Arena también coincide con Larreta, Vidal, López Murphy, Lousteau y Milei en el reclamo por la flexibilización laboral, aunque sobre esta cuestión no es tan reiterativa como contra las políticas por la ampliación de derechos. Solo lo desliza subrepticiamente en dos párrafos, como al pasar. Lo que más me asombra es que estas posturas de la derecha patriarcal y explotadora sean abrazadas por algunos militantes del campo popular que o leen distraídamente o en verdad no han pensado a fondo en el concepto de "justicia social".

Afortunadamente no todos son tan papamoscas. La compañera Muñeca Brava y el amigo César González sí comprendieron el embrollo ideológico de Arena enunciado desde el supuesto sujeto "Grandes Mayorías". En Alemania de la década del 30 también había "Grandes Mayorías", así que habría que ser menos atolondrado al usar las palabras y al leerlas. Acá reproduzco las respuestas de Muñeca Brava y de César González al balurdo de Arena.

Atenas, de César González

por Muñeca Brava (@claricechurros en Twitter)

El domingo 12 de septiembre el peronismo hizo su peor elección legislativa en casi 12 años. Perdiendo alrededor de 4 millones de votos, con una pandemia de un año y medio a 99 días de asumir (parece que no se repitió lo suficiente esta parte), los cambios de gabinete no tardaron en llegar. Los análisis políticos, sin embargo, llegaron mucho antes. Muchxs atribuyeron la pérdida de caudal de votos a la “mala gestión” de la pandemia, muchxs a la inflación, muchxs a la poca recomposición salarial derivada de la inflación y de la mala gestión de la pandemia; hubo una línea de análisis político que me llamó la atención porque es con la que quiero polemizar ahora y con la que me siento también en condiciones de discernir porque me toca a niveles personales y afectivos. La línea de análisis que le achaca al gobierno concentrarse en “la agenda de las minorías” y no “en el hartazgo producto de la mala gestión de la pandemia, la inflación, la poca recomposición salarial”. Estoy glosando cosas que les leí en twitter a muchxs compañerxs, y es por eso que ahora me interesa entablar un diálogo lisa y llanamente con compañerxs peronistas, más allá o más acá de que se identifiquen como feministas. Con la gente de derecha no tengo mucho que hablar.

Antes de ir al carozo del asunto, me gustaría hacer un excurso para preguntar qué entienden por “agenda de minorías”. Porque pareciera que reconocer que hay una identidad que no es ni la femenina ni la masculina en el documento, en términos civiles, supone una conquista de una minoría y no una cuestión de derechos. Reconocer que existen otras identidades no implica “darle un gustito” a una “minoría”, sino empezar a darle entidad institucional a un grupo -no necesariamente minoritario en términos cuantitativos — que antes no la tenía. Me gustaría preguntarles a lxs que se la pasan hablando de que la justicia social excluye a los derechos identitarios de las personas que no nos identificamos ni con la F ni con la M (alo, no son solamente lxs nobinaries, acá entramos también las lesbianas y eso ya lo dijo Wittig en otro siglo y no tenía nada que ver ni con el Ni una menos ni con nada parecido a lo que mucha gente entiende por feminismo argentino ahora) si tienen, en términos concretos, es decir numéricos, es decir, materiales como les gusta a ellxs, un número que diga que somos minoría. Quizás si la expectativa de vida de las travas no fuera menor de 40 años dejaríamos de ser registradxs como minoría. Quizás si no hubiera sido hace menos de 20 años que aprobaron el matrimonio igualitario, el Estado podría haber llevado hace más tiempo una cifra más específica de la cantidad de parejas homosexuales que hay en nuestro país. Quizás si no tuviéramos miedo de salir a la calle por la violencia homolesbotransodiante y muchas veces nuestras relaciones amorosas quedaran para adentro, el mundo empezaría a registrar un poco más que no somos minoría. Quizás si desde pendejxs no hubiéramos sido socializadxs desde la más profunda heteronorma dejaríamos de ser leídxs como una minoría. Disculpen, compañerxs, pero nuestra identidad, nuestra dignidad no es un “tema de agenda”, ni es una cuestión que le debería competer solamente a un gobierno (del partido que sea), ni las personas que no nos identificamos según sus valores heteronormados somos una minoría. Hagan la prueba de preguntarles a sus amigxs. Cuántxs de ellxs muchas veces no se identificaron ni como hombres ni como mujeres, cuántxs sintieron que los mandatos de género se les hacían pesados, dogmáticos, opresivos. Cuántxs de ellxs sintieron atracción por alguien de su mismo género o se preguntaron cómo sería una vida por fuera del matrimonio heterosexual. A veces está bueno preguntar un poco más y suponer un poco menos.

Ahora, sigo mi rumbo. Cuatro días después de las PASO Infobae publicó una nota de Mayra Arena que se titula “Derrota electoral del Gobierno: no conciben que un pobre no los banque ideológicamente”. En la nota se esgrime este mismo argumento como cabal en la pérdida de la gran cantidad de votos que se perdió. Voy a empezar a citar para poder responder punto por punto específicamente. Dice Arena: “el precio de sentirse inclusivo se paga caro: dejás afuera a muchos que todavía no resolvieron demasiados quilombos como para seguirte el tren. No me terminó de cerrar el feminismo y ya me estabas corriendo con la movida no binarie.” Uno de los grandes debates del feminismo en los últimos años fue las diversas acepciones del término “inclusivo” (a propósito del lenguaje no binario o género sensitivo, popularmente conocido como ‘lenguaje inclusivo’). La pregunta es en realidad una pregunta por el sujeto político del feminismo, y más que por la inclusión es una pregunta por lo que menciona al instante Mayra: la exclusión. ¿Quién incluye a quién, y en dónde? ¿Qué se supone que hay que resolver antes de qué cosa? ¿A qué tren se refiere? Por otro lado, decir “la movida nobinarie”, es bastante parecido a decir “el lobby lgbt”, nuevamente aparece esta idea de “las agendas”, como si — otra vez- no se tratara de la vida de las personas, como si las personas que no tienen para comer no fueran también travas, trans, maricas, lesbianas o nobinaries, como si la inclusión no fuese multifacética. No sé qué imaginario tienen sobre “aquellos que todavía no resolvieron los quilombos como para subirse al tren del feminismo”, pero les aseguro que — en términos generales — conozco más gente rica o clase media que pobre que deslegitima la identidad de género como poco prioritarias y como una cuestión ajena. Como si identificarse con el género asignado al nacer no fuera, también, elegir una identidad. No: lxs unicxs que la elegimos somos lxs que luego, con el devenir de la vida, elegimos una diferente. Pero el acceso a derechos civiles forma parte de la buena vida de lxs sujetxs en sociedad, no es asunto ni de ricxs ni de pobres ni de cis ni de travas. Obviamente una x en un DNI no le da de comer a nadie. Pero la “f” y la “m” en el DNI tampoco. Justamente: van por carriles diferentes aunque forman parte de las cuestiones que hacen a una vida digna en sociedad. Decir “justicia social” creyendo que hay cosas que son más justas o prioritarias que otras supone que hay una jerarquía en las precariedades de las existencias; de todas, no solamente de las que ustedes consideran ‘minoritarias’. Y si hay algo en lo que creo fuertemente, es que la política debería ser un tema universal, como lo son todos los derechos humanos. A nadie se le ocurriría decir que para luchar por la memoria, la verdad y la justicia tenés que ser hijx de desaparecidx o nietx recuperadx. A nadie se le ocurriría decir que solamente lxs judixs podemos indignarnos por el antisemitismo. Hay una — mala- lectura de la bibliografía sobre políticas identitarias que tuvieron preponderancia del 2010 a esta parte en la academia yanqui que hace creer que los derechos son solamente asuntos del sector que todavía no accedió a ellxs. Yo soy clase media blanca universitaria porteña y aún así me indigna que cada compatriota mío no pueda llegar a fin de mes, no hace falta ser pobre o haber nacido en una villa para que me indigne la miseria, para luchar por una sociedad más justa. Entonces, ¿por qué les cuesta tanto? Según Mayra, la sociedad se divide en dos grandes grupos: ‘los comunes’ y ‘las minorías especiales’. Cito: “Una población que viene empobreciéndose hace años en picada, enojada por la falta de escuela, destruida por las restricciones de la pandemia viendo cómo las políticas siempre parecen tocarle a gente “especial” o minoritaria. ¿Y yo, que soy común, para cuando?”. No es muy distinto a los discursos conductistas de reconversión, basados en la idea de que hay ‘gente común’ y ‘gente especial’ (por favor, el léxico capacitista…) y ahí estaría para contestarles como Susy Shock: “y que otros sean lo normal”. O lo común.

Pero no, o sea, la amo a Susy, pero no. Porque ¿saben qué? Yo también quiero ser lo común. Y quiero que mi hermane sea lo común. Y que llegar a fin de mes sea lo común. Y que tengamos todxs una vida digna, en todos los aspectos, porque lo material y lo simbólico nunca van separados.

Dejándonos en el lugar de lo no-común, viene la gran muletilla de lxs que nos tildan de exageradxs cuando nos enojamos por querer ser, aunque sea, un poquito comunes: “la corrección política”. Necesito, por favor, que alguien, quien sea, me defina el término “corrección política” y por qué lo usan peyorativamente, y por qué en todo caso querer que alguien tenga para comer a fin de mes es “políticamente incorrecto”. ¿Qué es lo correcto y lo incorrecto? ¿Quién y cómo lo juzga? ¿Dónde está el manual que señala las normas de la política para ver qué entra en cada casillero? Porque, si no, me parece un pelín arbitrario. Cuando la campaña por el aborto legal, seguro y gratuito empezó a hacer rosca para que se apruebe la ley todo el mundo decía que no era prioridad. “La gente no tiene para comer, mirá si un gobierno se va a concentrar en que las mujeres puedan decidir si ser o no ser madres”. Lo recuerdo bien en mis reuniones de formación política de una orga profundamente peronista. Pasó en 2013, no en 2015 post primer Ni una menos. Lo que pasa es que es muy fácil dejar en ridículo al otrx en lugar de escuchar un poco por qué reclama lo que reclama. A mí también me pasaba. Es una posición que se pretende profunda y crítica, pero que lo único que hace es traficar un extremo conservadurismo. Mismito argumento que usaba Pola Oloixarac cuando decía que cómo iban a aprobar la Ley de Identidad de Género antes que la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, que eso era invisibilización de las “mujeres de verdad con útero” (suena parecido a ‘las personas comunes’, ¿no?). Así como se dice “corrección política” peyorativamente también se dice “moralista” de forma despectiva, como si la moral no fuera asunto de todxs, como si todxs y cada unx de nosotrxs no tuviera su propia moral. ¿Acaso creen que Milei se cree amoral? ¿Creen que Videla no creía que hacía lo que hacía por el ‘bien moral’? ¿Creen que hay gente común por fuera de la moral, y después estamos lxs de izquierda peronistas feministas nobinaries hincha pelotas no-comunes que estamos ‘dentro’ de la moralidad? ¿Qué definición de moral usan? No soy especialista en derecho ni en filosofía política ni en ética, y no estoy pidiendo definiciones académicas, sino teórico-políticas que vengan a cuento de esta discusión. Porque la moral no tiene nada que ver con cuestionar que se siga leyendo a tal autor o escuchando a tal músico con denuncias, y en todo caso pensar que es la agenda twittera de la ‘cancelación’ (¿la persecución sistemática a funcionarios kirchneristas no era cultura de la cancelación?) la que define elecciones. Y acá viene la parte que más me llamó la atención de toda la nota: “Y acá entra algo incómodo para muchos pero que es necesario decir: las grandes mayorías no tienen agendas ideológicas. Las grandes mayorías no quieren que les rompas las pelotas, y tampoco te las quieren romper a vos”. En primer lugar, no entiendo: ¿a quién le habla? ¿quiénes son las grandes mayorías y quiénes son ‘vos’? Y ¿no es un poco el efecto de la ideología creerse por fuera de la ideología? ¿No es un poco condescendiente pensar que existe algo como ‘una gran mayoría’ que ‘no tiene una agenda ideológica’? ¿Qué sería una ‘agenda ideológica’? ¿Querer tener para comer no es ideológico? ¿Las condiciones materiales estructurales están por fuera de la ideología? ¿Y qué tiene que ver ‘la ideología’ con ‘cancelar artistas’ o con ‘la movida nobinarie’? ¿No será que están metiendo todo en una bolsa para no hacerse cargo de que en realidad les chupa un huevo la existencia de las personas “no-comunes”? ¿Creer que ‘las grandes mayorías’ —hay que ver qué es- no se pueden ocupar de cuestiones ‘simbólicas’ —de nuevo veamos qué es, porque a mí recibir un título secundario o universitario, por ejemplo, con tu nombre y tu género me parece bastante concreto- porque están demasiado ocupadxs leyendo el ticket del chino para comer, no es un poco condescendiente, por no decir simplista?

Yendo a la parte de economía, y porque ya me estoy extendiendo un montón, Mayra sigue: “Si la progresía se vuelve norma es natural que la resistencia sea conservadora, pero además ¿pensaste qué quiere un pibe de veinte años? Quiere muchas cosas, pero ante todo descular cómo ganar plata para lograr esas cosas. Al mundo lo mueven los sueños, pero a esos sueños les faltan financistas”. Otra vez, desmontemos un poco la frase: ¿qué sería ‘la progresía? Y perdón que insista pero: ¿desde cuándo es norma? Si fuera ‘la norma’ entonces no haría falta la x ni se indignarían tanto porque está ahí. Nadie se indigna por la senda peatonal, es simplemente una norma de tránsito, la naturalizamos completamente, a nadie le interesa discutir que el rojo del semáforo signifique parar y el verde avanzar. Eso es lo normativo. Y “resistencia conservadora” es un oxímoron y, de nuevo, otra vez, escucho gente hablar por otra gente, y el siempre caballito de batalla: la juventud. Desde que tengo memoria, incluso antes de ser joven y siendo niña o adolescente, escucho a gente no mucho más grande que yo achacarle cosas, atribuirle cosas a la juventud. Lxs jóvenes que se embarazan por un plan. Lxs jóvenes que ni estudian ni trabajan. Resulta que ahora lxs jóvenes solo queremos ganar plata para “realizar nuestros sueños”, ¿hay algún slogan más liberal que ese? ¿“Follow your dreams”? ¿Posta? ¿Qué es esto? ¿El lobo de Wall Street? ¿El Gran Gatsby? ¿Ricardito de Okupas diciendo que la universidad no sirve para nada? ¿Ahora resulta que todxs lxs jóvenes argentinxs queremos el sueño americano y lo que necesitamos es un suggar-daddy-Estado que nos lo financie? ¿desde cuándo el Estado nos “debe” cosas a la juventud?

Voy a ir al último apartado sobre educación porque ya sé que para este punto nadie va a estar leyendo. Cito, les prometo, por última vez: “Por suerte, no me corrió con lo que te corre la militancia sorda: “clases siempre hubo”. ¿Para quién? Para los que pudieron adaptarse al cambio, para los que tenían más de un celu por familia, para los que tienen Wifi. Habrá muchos niños héroes que se las arreglaron para seguir sin nada de eso, pero la educación es un derecho, no una actividad para niños extraordinarios.” De nuevo, voy a destripar estas oraciones. Al parecer, lxs docentes que piden que se les reconozca su laburo de un año y pico es ‘la militancia sorda’. Es cierto, no se resolvió el problema de conectividad ni de accesibilidad a internet. Es cierto, muchas familias tuvieron que malabarear con teléfonos e internet para poder seguir las clases por zoom. Ahora, no hay nada de heroico ni de extraordinario en eso justamente porque es un derecho y como tal debería ser accesible para todxs. Las fallas estructurales en la reorganización de las clases o la adaptación de las clases a distancia no hizo otra cosa que seguir mostrando la desigualdad material en términos de conectividad, digitalidad o incluso alfabetización digital (lo cual también corre para otras profesiones). Lxs docentes han sido históricamente un colectivo que, tal como “las minorías no comunes” siempre recibe los latigazos. Recuerdo el año 2017, cuando María Eugenia Vidal proponía -ante un reclamo de mejoras salariales que se encarnó en un paro por tiempo indefinido — reemplazarlxs por voluntarixs. El gobierno de Horacio Rodríguez Larreta ajustó, siguiendo la línea de Macri años antes, año a año el presupuesto destinado a educación. En el año que todas las escuelas estuvieron cerradas y se ahorraron todos los gastos infraestructurales y de logística (luz, gas, lxs nodocentes, etc) no se invirtió un solo peso en darle computadoras a lxs estudiantes ni en asegurarse de que todxs tuvieran un buen WiFi. obviamente es facil echarle la culpa, otra vez, al gobierno nacional, primero de poner x en los dnis, luego de querer detener lo más posible la actividad que más circulación en las calles genera: la movida de llevar a todxs lxs estudiantes al colegio y usar el transporte público que- dicho sea de paso — tampoco se invirtió un solo peso en mejorar. No por el incordio que generaba armar el sistema de burbujas y los protocolos que ponían más foco en el alcohol en gel que en la distancia y la ventilación. Si no por el hecho de que quedó demostrado en absolutamente todas las partes del mundo que la escuela es la actividad que más gente hace mover y que más gente acumula y aglomera. Obviamente no es inocuo tener a pibxs y adolescentes aprendiendo por zoom un año. Pero nada en esta pandemia es inocuo. No entiendo, ¿creen que para algunxs es más traumático que para otrxs? ¿que en algún lugar del mundo no se sufrieron consecuencias en todos los planos de la existencia -social, afectivo, económico, educativo, psicológico—individual y colectiva debido a la pandemia? En los lugares que se abrieron los colegios a los 2 meses se tuvieron que volver a cerrar ante las nuevas variantes. Incluso hasta el día de hoy Francia e Israel tienen cierres y aperturas intermitentes.

Nuevamente el argumento conservador de que “las cosas estaban mejor y solo pueden ser como eran antes” y las clase solamente son clases cuando están los 32 alumnxs aglomeradxs en un aula con unx docente a cargo. Nunca —y acá culpo también a los funcionarios del gobierno, que son a quienes votamos para esto- nunca se les ocurrió pensar alternativas que propusieran nuevos modelos educativos que no requieran volver a lo que pasaba antes, ¿por qué todo se vive en términos dicotómicos? ¿presencialidad vs. virtualidad? Nunca nadie habló de modelos mixtos, o de que desde el siglo XIX Sarmiento señalaba el problema de que tantxs chicxs juntxs en un aula era perjudicial para un acompañamiento íntegro de las trayectorias escolares.

Lxs feministas como lxs docentes siempre somos tildadxs o de vagxs o de exageradxs o de algún mote peyorativo que deslegitima nuestros reclamos y hace quedarnos como fuera de lugar. A esto se le suma ahora lo nuevo: “moralistas” y “políticamente correctxs”. Históricamente ha sido así, ya se debatía a principios de siglo XX cuando estaba en boga el considerar a las mujeres ciudadanxs, y en las primeras asambleas por el voto femenino. Muchxs sindicalistas veían a las sufragistas como unas fantoches de clase media que solo abogaban por la “agenda de las minorías [en ese entonces] pequeburguesas”. La diferencia: las sufragistas se decían abiertamente feministas cuando lxs sindicalistas, aún practicando el feminismo, no se identificaban como tales. El voto femenino terminó incluyendo a todxs por igual, pero aún así se sigue reproduciendo la lógica de que hay ciudadanos de primera (‘los comunes’, ‘los que tienen las necesidades básicas irresueltas’ y de segunda, ‘los que entran dentro de la agenda de las minorías’).

Propongo volver a los términos a su acepción más primitiva, solicitando por favor no se me acuse de obtusa. Que “agenda” se use solamente para hablar del cuadernito que usamos para anotar las tareas, y que digamos ‘minoría’ solamente si tenemos en términos concretos un número que respalde esa palabra. No me interesa ningún tipo de dogma, pero a veces está bueno hacerse cargo de que algunas palabras ofenden y por qué ofenden, sobre todo según el sentido que adquieren en determinados contextos argumentativos. Salvo que no les importe ser ofensivxs.

Cierra, y no entiendo tampoco por qué dice esto que dice: “A la crisis económica se le responde con acciones y a la crisis de identidad política se le responde con los brazos abiertos: basta de echar gente porque no coincide en alguna cuestión irrelevante. ¿A dónde se vio que el peronismo excluya a los que no se van aggiornando a la época?”. ¿Cuáles serían las cuestiones irrelevantes que van excluyendo gente al punto de que se erosionó el caudal de votos como se erosionó? El gobierno de Alberto Fernández demostró perder su poder mucho antes de estas elecciones. No fue hace tanto que quiso decretar una nueva fase 1 en todo el AMBA por tener todas las alarmas en términos de circulación del Covid (camas de terapia intensiva ocupadas y cantidad de contagios x habitantes) y suspender las clases por 15 días, cosa que no pudo hacer porque la Corte Suprema le dio aval a un amparo presentado por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires que deslegitimaba esta medida de cuidado.

Aprovecho la nota de Mayra, quien se considera militante peronista, para dialogar con todxs lxs compañerxs peronistas. No necesitamos un peronismo menos feminista, necesitamos un peronismo más feminista, es decir que todxs lxs compañerxs peronistas sientan como propias las banderas del feminismo y no al revés. No le otorguemos el nombre de “resistencia” a quienes no hacen otra cosa que sostener y seguir alimentando su conservadurismo. Necesitamos más progresismo, no menos progresismo. En algo coincido con Arena: lo peor que podría sucederle al país es cuatro (¿y por qué no ocho?) años de gobierno de derecha en las elecciones de 2023. Fallamos si tenemos compañerxs repitiendo que el feminismo es parte de la agenda de las minorías y no una de las cuatro patas que sostienen a la gran mesa de la Patria Peronista además de las otras 3 que al parecer ya forman parte de nuestra senda peatonal, ya las naturalizamos, las masticamos, digerimos y no las cuestionamos para nada: justicia social, soberanía política y una economía libre de buitres y usureros.

 * Publicado en el blog Muñeca Brava

Atenas, de César González

Agrega en Twitter César González: "Como villero quiero dar mi punto de vista sobre la nota de Mayra Arena. Creo que el primer inconveniente es aglutinar a la fuerza a todes les habitantes de los barrios populares bajo una supuesta ideología total que rechaza las conquistas civiles por no ser económicas. 

"Doy fe de que la agenda feminista tiene un fuerte arraigue en los barrios populares. Por ej. La ILE fue ampliamente debatida y celebrada por miles y miles de mujeres villeras, que eran, sobre todo, las que terminaban abortando en atroces circunstancias. 

"Conozco muchas pibas de los barrios populares que usan el lenguaje inclusivo, que creen y militan por la justicia social, injustamente planteados en su nota como ámbitos excluyentes. Conozco muchas villeras travestis, trans, felices por el acceso al DNI, por los cupos laborales. 

"La fuerza y contundencia de la agenda de derechos para la mujeres e identidades no binarias de nuestro país es un orgullo transversal a las clases. Pero en lo concreto para los barrios populares ha sido una herramienta que ha empoderado y generado conciencia en miles de pibas. 

"La realidad de los barrios populares es contradictoria, no hay un canto monocorde que rechaza el lenguaje inclusivo. Existen ambos polos, a las generaciones nuevas le resulta ya familiar. Y como en el resto de la sociedad también surgen temores conservadores ante lo nuevo. 

"Lamento su postura tan punitivista, como si los barrios ya no estuviesen inundados de fuerzas de seguridad que violentan permanentemente a lxs pibes. ¿Qué hay de nuevo en su posición de indignarse por una supuesta defensa institucionalizada del delincuente?  

"Roza el lombrosismo cuando habla de "La baja de la talla en los delincuentes, cada vez más flacos, más petisos, más aniñados, ha generado que mucha gente se resista a los robos y se resuelva todo en un mano a mano". No cuestionarla solo por ser pobre es por culpa pequeñoburguesa. 

"También me resulta muy triste su cliché "Antiplaneros" tan afín al sentido común más reaccionario, como si desconociera las irrisorias cifras monetarias de esos planes, que así y todo si no existiesen más miseria habría en nuestra patria. 

"Por último y a título personal digo que en los barrios populares las mejores condiciones de vida, tanto a nivel material como simbólico, las han generado siempre los gobiernos de centro-izquierda, aun con todas sus cobardías y falencias".

viernes, 6 de agosto de 2021

El fetichismo de la marginalidad, nuevo libro de César González

 



Ya tengo en mis manos el nuevo libro de César González, El fetichismo de la marginalidad, que pronto nos dará mucho que hablar.

"Marx en “Elogio del Crimen” (New York Daily, 1860) nos dice que el delincuente “produce riqueza”. Enumera distintas categorías de la economía que se ven beneficiadas con la actividad delictiva (Sistema judicial-policía-maquinaría tecnológica, periodismo, etc., una idea que como sabemos retomará Foucault). También remarca que el ladrón produce arte y menciona a La Culpa de Mullner, Los bandidos de Schiller, pasando por el Edipo de Sófocles y Ricardo III de Shakespeare, donde los delincuentes y marginales cumplen roles determinantes en las tramas de esos clásicos. Por lo tanto, la marginalidad es una reserva renovable de productividad artística y salarial.

"La definición oficial de fetichismo nos habla de una “forma de creencia o práctica religiosa en donde se considera a los objetos como poseedores de poderes mágicos o sobrenaturales”. Eso es lo que hacemos los individuos con las mercancías según Marx y eso hacen los artistas con la marginalidad. Es decir, se la aborda desde una perspectiva fantasiosa, no empírica sino mitológica. La marginalidad se representa en pasado, como una leyenda de un carnaval canibalístico de feroces perros mutilándose sus propias patas, homogéneas piedras que no se dejan erosionar por ningún sentimiento, cuasi humanos, criaturas extraviadas del orden natural, analfabetos que no pueden firmar el contrato social. Se busca del espectador sólo una onomatopeya; ¡Guauuuuu!".

César González, El fetichismo de la marginalidad, pág. 15, Editorial Sudestada

martes, 13 de octubre de 2020

Lo propio del plan es que falle

 Tercer álbum de laotra21

 

Cristian Bonomo: percusión en 1 y 13.
Lautaro Grimberg: Guitarra en 6, 8 y 12. Batería en 6.
Todos lo demás: Oscar Cuervo
Producción: Regime Spektro
Grabado entre agosto, septiembre y octubre de 2020.
Pinturas: C.zely

Postdata: Este es el cierre de la primera trilogía de laotra21: 

Acá en Bandcamp

Estas piezas sonoras las fui construyendo en medio de la pandemia que asola el planeta, más que una contingencia epidemiológica un default civilizatorio. Estos tres álbums los hice con una oreja puesta en el cine del siglo xx, el gran educador de mi sensibilidad. Cada vez más me cuesta hacer reseñas de películas. Desplazándome del lugar de crítico al que la inercia de la producción de discursos tendió a inclinarme sin haberlo logrado nunca del todo, preferí pensar en este tiempo la música desde el cine y el cine desde la música. Empecé jugando, sin saber adónde me llevaba el juego y todavía no lo sé muy bien. Pero en el juego se me presentaron ocasiones para decidir cuestiones acerca de la organización temporal y de los espacios sonoros. Emotional landscapes, diría Björk, en un state of emergency. Del juego quedaron obras cuyo valor no me interesa ponderar. En cambio, me hizo feliz que este juego me abriera las puertas de la creación cinematográfica de Perrone, Farina y González. Ya lo dije: para mí, entrar en sus mundos es el sueño del pibe, un territorio soñado en el que por mucho tiempo fui solo un espectador. Les agradezco a mis amigos artistas que me hayan abierto la puerta para ir a jugar. Esto solo ya es mucha producción para un año recesivo. No estaba en mis planes, mis planes eran otros. Pero lo propio del plan es que falle.


En estos 14 temas, tanto como en los 13 anteriores (A la música no le importa nadaEn algún momento debe haberse producido un error) se cruzan de manera más o menos velada casi todos mis auténticos maestros: Bresson, Godard, Favio, Sokurov, Fassbinder, Bela Tarr, Tsai, Apichatpong más los ya nombrados. El tema 1, el último en grabarse es mi despedida a Gabo Ferro y mi gratitud por su mirada y su escucha sobre el arte de Leonardo Favio. Favio y Gabo: entre uno y el otro, una época se ha ido. Hay ciclos que se cumplen, empieza otra época. 

Cuando retome este proyecto de laotra21, si eso sucede, trataré de encontrar otra vuelta que aún no me imagino. El que tenga la paciencia suficiente para escuchar estos divagues puede encontrar en ellos una declaración de principios, que solo se expresa cuando el camino recorrido va quedando atrás. Como el búho que despliega sus alas al atardecer.

domingo, 27 de septiembre de 2020

Sátántangó - César González - laotra21

Tercer adelanto de Lo propio del plan es que falle, álbum de laotra21 de próxima aparición




Sigo teniendo el privilegio de que mis amigos cineastas le pongan imágenes a mis delirios sonoros y me den permiso para darme un paseo por sus mundos. Ahora, depués de Perrone y Farina, es el turno de César González. Para un apasionado por el cine de toda la vida como yo, que en los últimos años empezó a obsesionarse por la potencia de la dimensión sonora de las películas, para un admirador del talento de estos cineastas, dejar una huella en sus territorios cinematográficos es el sueño del pibe.

César es un cineasta de la última camada y yo creo que su presencia y su filmografía vinieron a iniciar una época en el cine argentino. Dada su voracidad perceptiva e intelectual nadie sabe qué puede un artista que como él se propone expandirse en múltiples direcciones. Cuando le comenté si quería prenderse en este juego de fricciones entre sonidos, ruidos, música, voces e imágenes en seguida dijo que sí. Esa confianza es para mí una muestra de generosidad, similar a la que poco antes obtuve de Perrone y Farina. Todo eso junto, generosidad e inspiración, es muchísimo más de lo que esperaba cuando me puse a jugar con los sonidos hace un par de meses, sin saber que el proyecto laotra21 iba a conseguir semejantes colaboradores.

César construyó esta pieza de 4:30 con fragmentos de sus películas Diagnóstico esperanza, ¿Qué puede un cuerpo?, Exomologesis, Atenas y Lluvia de jaulas. El título del tema "Sátántangó" se explica por la voz que se escucha en el audio, extraída de un pasaje de la película homónima de Bela Tarr. Resulta que César es tan fan como yo del monumento fílmico del húngaro, pero ni el estilo de César ni la música que le puse se parezcan a la película Sátántangó. Se trata entonces de una fricción de tres conceptos muy diversos que se propone probar qué produce este choque de partículas. 

A la vez, mis experimentos sónicos ya se habían puesto antes en contacto con el cine de Raúl Perrone y Martín Farina, cada uno muy distinto a los otros. Debo decir que este proyecto denominado laotra21 nació con buena estrella y hace pocas semanas ni plan tenía. Sigo sin tener demasiada idea de adónde nos llevará esto, pero lo que ya me dio es demasiado.

Los tres temas que di a conocer hasta ahora son "Les Envies que Je Te Desíre" (Perrone), "Escuchar esas voces" (Farina) y este que hoy estrenamos. Forman parte de un álbum que pronto daré a conocer en forma completa, bajo el título genérico Lo propio del plan es que falle que pueden escuchar en Bandcamp clickeando acá. A la vez, este que se está conociendo es el tercer álbum de laotra21. Acá va el video de César González con mis sonidos.

 

Esto sigue.

viernes, 7 de agosto de 2020

Dos horas conversando con César González









La noche de estreno de Lluvia de jaulas en la Sala Lugones, en el DocBsAs de octubre pasado






César González me invitó para que hiciéramos una conversación por Instagram Live el miércoles pasado. Para hablar de Lluvia de jaulas, de su obra, de cine, de política, de la vida, de las cosas que salen cuando nos ponemos a conversar. Hablamos del cine clásico y del cine argentino contemporáneo, del siglo xx y del xix, de la imagen cinematográfica como otro capitulo de la lucha de clases, de la política del cine mainstream norteamericano y su función como parte de un dispositivo bélico, de la pacatería de la crítica y la cinefilia que esquivan esta lucha tan evidente, de la Sala Lugones y las películas filmadas o vistas por los celulares, del celuloide y el digital, de la visión de la villa en el cine burgués (que es casi todo el cine que existe), del clasismo del BAFICI, del horror y la vitalidad de los cuerpos, de las luces azules en la noche y los picaditos de fútbol bajo la lluvia, de Godard, Wilkerson y Tarantino, de Rosellini, Griffith y Oscar Micheaux, de Leonardo Favio y Luis Ortega, del odio como ejercicio político y de algunos otros temas que no puedo resumir acá porque hablamos dos horas.

Lluvia de jaulas estuvo disponible On Demand en Vimeo hasta hace pocos días y volverá a poder verse en la página de Pensar con las manos.

viernes, 5 de junio de 2020

Conversación entre César González y Marco Berger sobre "El cazador"





El cineasta, ensayista y poeta César González hace Tierra en trance todos los martes a las 20 hs. en Radio Provincia, La 1270, La Radio De Buenos Aires. El pasado l 2 de junio César entrevistó a Marco Berger, el director de la película El cazador, que está exhibiéndose por estos días en CINE.AR PLAY.

Berger tiene una filmografía prolífica, desde su ópera prima Plan B (2009) hasta la reciente El cazador, que fue seguida minuciosamente por este blog, como pueden constatar revisando este tag. Particularmente creo que con sus dos últimos largos, Un rubio y la ya mencionada El cazador, llegó a una notable madurez artística (clickeen sobre los dos títulos para leer mis análisis sobre ambas). De la nueva, escribí hace poco:

Hay una posición artística que Marco Berger no abandonó: él sabe el lugar desde el que le gusta espiar una determinada escena y en su mirada manifiesta el deseo y el miedo que le proporciona ese saber. No es tan difícil: si uno quiere espiar, vacila entre la calentura y el miedo. Eso ya estaba magníficamente condensado en el momento culminante del cortometraje Platero (2011, que se puede ver online acá), un prodigio del grotesco familiar argentino en formato breve. Ahora en El cazador el cineasta ya está en pleno dominio de su oficio como para pensarse a sí mismo y reduplicar su atención. Ezequiel (un notable Juan Pablo Cestaro) es un chico que está aprendiendo a soltar su deseo, más allá de las seguridades de pertenecer a una "buena familia". El impulso es el típico de todo adolescente: cómo escaparse de la vigilancia familiar. Ezequiel está tentado y eso se nota en la increíble energía de su mirada, angelical y casi demoníaca. No es raro que la cámara de Berger esta vez se muestre más interesada en demorarse en la forma de mirar de Ezequiel antes que en su bulto. El director parece haber conquistado una nueva conciencia sobre el peso de la mirada y toda la película se orienta por ese vector. Como el cazador cazado es una fórmula a la que Berger ya recurrió en varias oportunidades, acá el muchacho al que le gusta mirar para escaparse de los lugares que le asignan va a ser objeto en tres oportunidades de miradas que escapan a su control: otras miradas van a capturarlo. Tres es el número clave de El cazador: a lo largo de su desarrollo van a ir configurándose diversos triángulos en los que siempre Ezequiel es uno de sus vértices. Los otros dos siempre irán rotando. Invariablemente el deseo y el miedo impulsarán cada plano hacia el siguiente. En estos zigzagueos va a haber lugar para el flirt, para el fisgoneo en los baños, para los intentos fallidos, para el aprendizaje del levante y la sorpresa de ser levantado. Por primera vez en la filmografía de Berger estas situaciones de seducción homoerótica van a ser perturbadas por la presencia de un tercero que espía, como si recién ahora se permitiera hacer en la trama un lugar para el voyeur. Es decir: el cineasta. Es decir: el espectador. (Completo acá)


González también está pasando por un período particularmente agraciado de su obra, que llegó a su punto culminante hasta el momento con la excepcional Lluvia de Jaulas (se ve on demand acá y mi comentario se lee acá). Con motivo de su estreno, yo escribí:

En Lluvia de jaulas asistimos a un retrato colectivo centrado en el sector de la población más frágil y lesionado por la tremenda violencia de clase del régimen actual. Los chicos de los barrios pobres cuyos cuerpos, voces e historias aparecen en la película son el blanco de un genocidio silencioso, por la obstinación del resto de la sociedad en no escuchar ni ver. Con un material dramático tan potente se podrían ensayar construcciones estilísticas de lo más variadas. César González opta aquí por un tono elegíaco que no ahorra mostrar la dureza de las vidas retratadas ni la violencia social consentida por acción o por omisión.

Con prescindencia de todos los apuntes anteriores, en los que quise fundamentar el carácter distintivo del cine de González y específicamente de esta película, Lluvia de jaulas nos regala algunas de las secuencias más hermosas, tiernas y vitales de personajes con un desamparo existencial que no tiene raíces metafísicas sino económicas y políticas, es decir: cuya responsabilidad se extiende sobre todo el cuerpo social. Ninguna otra película argentina mostró así la catástrofe argentina en curso, en su verdad y en su inquietante belleza. (Completo acá)


Como puede desprenderse de ambos fragmentos, lo que encuentro en común en estos dos cineastas, por otra parte tan diversos, es que los dos inauguran miradas que con anterioridad el cine argentino no había explorado. En ambos casos resalto que no se trata simplemente de "temáticas" -la vida en las villas o la homosexualidad, según cada caso- sino de miradas, algo tan esencial para detenerse a pensar qué es el cine. Porque si algo caracteriza al cine como un experiencia insustituible es su exploración de la mirada como tal: ¿qué significa mirar? ¿que perspectiva singular abre cada mirada?  Un autor inaugura una forma de mirar que el cine conocido no había conquistado todavía. Esto pone al cine más allá del cepo estético o temático. Es un tema que desborda las posibilidades epistemológicas de la crítica cinematográfica, que suele detenerse en los aspectos puramente estéticos de las películas; eso en el mejor de los casos, cuando no caen en el simple relato del argumento o una deshilachada enumeración de la eficiencia técnica de los diversos rubros (fotografía, actuaciones, guión, vestuario, ambientación) o, peor todavía, en la información de los números de la taquilla de una película. 

La pregunta por la mirada a la que cada película responde a su manera no puede reducirse a un asunto temático o meramente formal: es un problema de carácter filosófico y político. Ahora que ya no se puede abarcar el ser del cine según su soporte (del celuloide al digital), ni según el ámbito de su recepción (de las grandes salas, los palacios plebeyos de Cozarinsky, hasta las películas vistas a través de un celular o un Home Theater), lo que siempre queda pendiente es la indagación de la mirada. El cine, bien pensado, es capaz de hacernos ver nuestro modo de mirar y hace aparecer lo extraño en los hábitos ordinarios.Lo que tanto Berger como González aportan para el actual cine argentino son sus miradas inaugurales, fundadas en sus puntos de vista singulares, excluidas hasta ellos. Son las que pueden remover y cuestionar la normalización del plano cinematográfico y de nuestra propia forma de mirar.