Unas semanas atrás, una tarde de sábado, me encontré en la radio con mis queridos amigos Pablo Ramos (a quien hace un par de años que no veía) y Maxi Diomedi (a quien veo todo el tiempo) en Patologías Culturales.
Pablo -que hace poco ganó un merecidísimo Martín Fierro por el guión de Historia de un clan- vino a hablar de su nuevo libro, Hasta que puedas quererte solo; y cuando yo llegué al programa, él estaba comentando algo que escribió en este libro sobre Werner Herzog. Yo fui a hacer otro capítulo de la saga de Nietzsche - que vamos a terminar este sábado-, sobre la patética soledad de Zaratustra, el profeta de la muerte de Dios, y cierto vínculo -no una coincidencia, sino una diferencia sobre lo mismo- que encontré entre la voluntad de poder nietzscheana y un pasaje de Marx. Y así compartimos un buen momento, hablando de cosas que nos apasionan y nos hacen pensar.
No sabía o no había prestado atención a que esto había sido filmado. Hasta que me etiquetaron en facebook. Acá dejo el video. Y espero que pronto Pablo Ramos pueda venir un domingo a La otra.-radio.
Pablo Ramos en La otra.-radio (mayo de 2007, para escuchar clickeando acá)
Como ya es costumbre, cada noche de domingo, a última hora y mientras La otra.-radio no esté en el aire, voy subiendo algunos programas de este ciclo de 9 años y medio. Algunas gemas que quedaron guardadas y ahora se pueden volver a escuchar o escuchar por primera vez. Ya falta poco. El primer domingo de marzo empieza el nuevo ciclo de La otra.-radio en otra radio. Ahora, si quieren, los invito a escuchar este programa clickeando acá.
Medianoche del 11 de mayo de 2007. Mucho frío. Yo estoy en Mar del Plata, iniciando el Marfici, tratando de orientarme en una ciudad que no es mía y en un festival que empieza. En Buenos Aires quedan Maxi Diomedi y Willy Villalobos para hacer un intenso programa conversando con el escritor Pablo Ramos, quien por ese tiempo acaba de sacar La ley de la ferocidad, cuyo protagonista, Gabriel Reyes, enmascara, transfigura, destila su experiencia personal, su visita al infierno. Un modo de atravesar los 90, la fiesta neoliberal, la muerte del padre, la desesperación de no querer ser sí mismo, tocar fondo y perderlo todo, querer perderlo todo para volver a encontrarse. Una experiencia feroz, que solo se completa cuando Ramos puede escribirla y reconciliarse con las palabras a través de las palabras.
Un hombre que golpea en una máquina de escribir para no seguir dándose botellazos en la cabeza, un hombre que ha dejado a su paso más daños que un huracán. Un hombre que decide empezar de cero.
Cinco años separan al hombre que voy a ser del hombre que soy ahora en el pasado, pero sin embargo los dos ya convergen en una mixtura inestable. Una unión de partes que no llega a ser la esencia de un nuevo todo. El hombre que lo vive no es el hombre que lo escribe, pero va a comenzar a transformarse en él cuando decida escribir. Y va a terminar de transformarse en él cuando acabe de escribir. Por el hecho de escribir.
La ley de la ferocidad, Pablo Ramos
Algunas de las cosas que Pablo Ramos va soltando a medida que avanza la noche:
Literatura y úlcera: "Yo tengo una úlcera que se relaciona directamente con la literatura, cuando estoy por llegar al final, cuando no le encuentro la vuelta, a veces paso semanas en la cama, mi úlcera, la literatura. Y cuando voy aliviando cosas... Este libro, La ley de la ferocidad, el único derrame grave que tuve con mi úlcera fue con este libro y desde que lo escribí estoy mucho mejor. Iba a ir a cirugía, pero no voy a ir. Porque es una verdadera bestialidad que tenía adentro. Y ahora es una bestialidad ordenada, un libro".
La ficción: El arte de hacer ficción es que vos sientas lo mismo que yo sentí en ese momento, reorganizando algunas cosas. La única manera que tenemos de preservarnos de la locura es compartir la experiencia. Lo que tenemos solo se mantiene compartiéndolo.
La ley de la ferocidad: Al final del libro lo dice, "estas son las palabras de mi reconciliación", no con mi padre, porque eso es imposible, las palabras de mi reconciliación con las palabras. Es la demostración, para mí, de que hablar es lo contrario de escribir. Uno habla y va saliendo del paso, y va tratando de quedar bien parado, en un programa, en la vida cotidiana... Pero uno escribe con todo su ser, repasa esas palabras. Por eso uno es lo que escribe. Muchas veces uno no es lo que dice, lo que uno dice depende mucho de las circunstancias, del estímulo exterior, capaz que alguien me trata mal y se me escapa una puteada. Pero ese no soy yo. Y después digo, uy, che, no es tan así, qué bestia. Pero si yo eso lo hago sobre un texto, cuando digo "este es mi texto", guarda, ahí está todo mi ser. Hablar es palabra que se escapa, escribir es palabra que queda, palabra que uno captura y queda. (La charla completa clickeando acá).
Me olvidé de avisar no te voy a llamar ni una sóla vez en cuatro días o si no, mujer, voy a hacer cualquier cosa que me digas porque quiero dormir y soñar con ella mientras por afuera pasan los aviones no quiero que se termine no quiero que me abandones.
Andrés Calamaro, Los aviones
Sobre Calamaro: "A mí me gusta mucho Calamaro, primero porque es un talentoso descomunal. Un tipo que compone taanto... que es lógico que a veces tenga mucho que no te guste, tiene una producción enorme. Y a veces tiene eso: "me olvidé de avisar, no te voy a llamar". Y después tiene esa bipolaridad que lo identifica: "voy a hacer cualquier cosa que me digas". Se va de un extremo al otro y me parece que eso es parte de la búsqueda de una verdad. Está más comprometido él con la búsqueda de una verdad que con el arte en sí. Está más comprometido con la búsqueda de una verdad estética que con ser original. En eso se basa su simplicidad. Cuando uno descubre a Calamaro, descubre a un tipo más profundo de lo que parece. Y eso a mí me encanta en el arte, el arte que tiene un contenido fuerte por debajo, me gusta mucho".
A los escritores, conocidos-amigos y no tanto. Que a veces leo por interés (las menos), por compromiso (las muchas), por amor (las todas). Escritos casuales, libros publicados, diarios y comentarios, mesas y conferencias. Son tantas las veces que leo los duros relatos de la vida cotidiana, el asombroso descubrimiento de que la vida es dura, de que estamos solos, de que cada día se gasta casi a fondo en sobrevivir, que me cuesta tanto poner alguna esperanza en lo que puedan dar o en lo que pueda salir de tanta mente egocéntrica, de tanta alma empapada de la peor y más burguesa y más mezquina tristeza existencial.
La vida es dura.
La vida es injusta.
La vida no justifica, la mayor de las veces, el esfuerzo de vivirla.
Pero son sólo palabras, y las palabras son nada cuando el objeto oculto detrás de ellas es la mezquina vuelta de tuerca hacia una dudosa estética de lo cotidiano.
La vida no es dura para quien tiene tiempo de tomar conciencia de esa condición. Y no tiene sentido ni lugar ni mérito el escritor que observa esta obviedad para hablar tan sólo de sí mismo.
El escritor que a mi gusto vale la pena es el que observa esto en la realidad del pueblo al cual pertenece.
Dos hombres están despiertos a las seis de la mañana. Uno viaja para meterse doce horas en el pozo húmedo de los cimientos del edificio que el otro, años más tarde, va a describir con melancólica prosa poética.
¿De qué lado estás, escritor? Son lindos los trenes que corren como serpientes encantadas bajo la luz del amanecer que nos sorprende vaciando la última copa de champán. Son bellísimos, son sublimes, tienen un sólo defecto: llevan el pueblo que hizo tu casa hacia el anónimo matadero de todos los días.
Les dejo una respuesta de uno de los mejores músicos que dio el Uruguay: Gustavo Pena (El Príncipe). Sólo un alma luminosa, un hombre que sabe lo que es el hambre y la soledad porque la ha vivido en carne propia podría escribir una letra así:
Qué bueno está comer una polenta
con un frío de tormenta algo así como andar confundido y encontrarse a Dios
Qué bueno qué bueno está
Posdata: Revisen a este músico o vean el documental La cocina.
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Programación completa del ciclo LA MUSICA DEL CINE
ESPACIO INCAA KM 700 - 35mm
Av. Ricchieri y Concepción Arenal Bº Rogelio Martinez – Córdoba
10 de septiembre: 19:30 horas: MUSICA CAMPESINA de Alberto Guguet
21:30 horas: LA COCINA de Guillermo Villalobos - Presencia del realizador.
11 de septiembre: 19:30 horas: 35 RHUMS de Claire Denis
21:30 horas: TRES de Pablo Stoll
12 de septiembre: JARDINES de Ernesto Baca
21,30 horas: VRINDAVANA de Ernesto Baca - Presencia del realizador
17 de septiembre: 19:30 horas: TRES de Pablo Stoll
21,30 horas: LOST ALAMO de Francisco Forbes
18 de septiembre: 19:30 horas: LA HACHE de Nicanor Loretti
21:30 horas: RISE UP de Luciano Blotta
19 de septiembre: 19,30 horas: MUSICA CAMPESINA de Alberto Guguet
21:30 horas: LA HACHE de Nicanor Loretti - Presencia del realizador
20 de septiembre: Cierre del Ciclo
21:30 horas: Recital de Lucas Heredia presentando su segundo disco de estudio, titulado Luz de Cerca.
Organizan: Espacios INCAA
Subdirección de Cine, TV y Video de Agencia Córdoba Cultura