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miércoles, 8 de febrero de 2017

Rajó Lopérfido del Colón: ¿otra vez en helicóptero?


En abril del año pasado con una pequeña delegación del staff de La otra logramos hacer huir del BAFICI al negacionista Darío Lopérfido, que hasta entonces se había pavoneado lo más campante por los pasillos del Village. Cuando un puñado de cinéfilos se prendió a nuestro repudio y reclamos de renuncia, el Lacra salió carpiendo y nunca más se animó a aparecer por el festival. Antes, como ministro de cultura porteño, había canchereado en la presentacion, con otro discurso negacionista, haciendo quedar como un gil al director del Festival, Javier Porta Fouz, que secundó como pudo esa ceremonia bochornosa.


Poco después de su fuga precipitada del Village y de decenas de proyecciones durante el festival en las que era constantemente pedida su renuncia, Lopérfido se fue, refugiándose en su guarida del Teatro Colón. El hostigamiento de los habitués del Colón fue constante. Hoy felizmente renunció también ahí.


Ya no puede aparecer en ningún ámbito vinculado a la cultura porteña.

Pero no crean que el régimen abjura de su burócrata negacionista: va a refugiarse como agregado cultural de Argentina en Berlín, con su "esposa oficial" Esmeralda Mitre de La Nación. Le seguimos pagando con nuestros dineros públicos.

Proponemos que en la apertura del próximo BAFICI Porta Fouz vuelva al papel de cómplice por omisión, esta vez acompañado por otro negacionista de macri: Gomez Centurión.

Y sería bueno hacer algo también para que el burro de Ángel Mahler no ose aparecer por el BAFICI, ya que se trata de un iletrado sin idoneidad para el cargo.


martes, 2 de febrero de 2016

Inaudito: la comunidad artística porteña repudia y pide la renuncia del Ministro de Cultura de la Ciudad

Lopérfido es repudiado por su posición negacionista del genocidio llevado a cabo por la última dictadura

Nunca antes un funcionario de la ciudad había recibido un repudio tan masivo por parte de un amplio arco ideológico de representantes del arte y de la cultura


Comunicado:

En vista de las declaraciones de público conocimiento, efectuadas por el ministro de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires, señor Darío Lopérfido, el pasado lunes 25 de enero, manifestamos nuestra consternación ante las afirmaciones respecto a los desaparecidos durante la última dictadura militar. Ante sus dichos de claro corte negacionista, nosotros, como integrantes de la comunidad artística, manifestamos nuestra solidaridad y apoyo a las declaraciones de los organismos de Derechos Humanos, tales como Abuelas de Plaza de Mayo y Madres Línea Fundadora, cuya miembro, Nora Cortiñas, pidió públicamente la renuncia del funcionario.

Las ofensivas declaraciones de Darío Lopérfido al cuestionar el número de desaparecidos banalizan una de las páginas más negras de la historia argentina e incurren en el arriba mencionado negacionismo, entendido como delito en países como Alemania, Francia, Austria, Israel y Polonia, entre muchos otros. Teniendo en cuenta que entre esos desaparecidos se encuentran muchos integrantes de la comunidad artística por cuyos intereses el ministro debería velar, sus dichos resultan doblemente aberrantes.

Nos negamos a entrar en la discusión numérica que se pretende instalar, pero creemos que este tipo de declaraciones, entre otras que denotan una apabullante ignorancia de los datos más elementales de Historia y geopolítica, son incompatibles con su responsabilidad institucional.

Declaramos además que ya llevamos demasiado tiempo soportando dentro de nuestra actividad a un funcionario que concentra el repudio de la gran parte de los trabajadores del quehacer teatral y cultural. Máxime cuando el flamante ministro Lopérfido concentra ahora en su persona también las funciones de director artístico del Teatro Colón y de director artístico del Festival Internacional de Buenos Aires (FIBA). Acaparamiento este a todas luces incompatible con la dedicación y vocación que cualquiera de esas tareas, por sí sola, acarrea.

En ninguna capital cultural del mundo -y Buenos Aires se cuenta entre las diez primeras por mérito de sus artistas- un director de un festival internacional tan importante como es nuestro FIBA o director de un teatro lírico de renombre mundial como nuestro Colón es tan unánimemente resistido por la misma comunidad que da contenido y sentido a dichos espacios artísticos. Se encuentra fuera de todo lo imaginable que un director de algún prestigioso festival internacional como el de Aviñón, Edimburgo, Nancy, Iberoamericano o teatros como la Volksbühne, por poner sólo unos pocos ejemplos, descerraje tan inoportunas y sesgadas declaraciones.

Si tal fuera el caso, damos por descontado que el Poder Ejecutivo o las Juntas a quienes dichos directores responden pedirían su inmediata dimisión frente a la vergüenza nacional e internacional que dichas declaraciones representan.

Finalmente, si el presente ministro de Cultura de la ciudad pretende agitar el fantasma de un cínico revisionismo calculado, sería del más puro espíritu democrático que revisara públicamente hechos más recientes y que lo involucran de forma directa. Es por todos conocida su íntima participación en el gobierno que declaró un irresponsable Estado de Sitio en medio de una feroz crisis económica y que derivó en los sangrientos sucesos de 19 y 20 de diciembre de 2001 que terminaron con la vida de cuarenta conciudadanos. Participación esta que fue soslayada todos estos años y por la cual el señor Lopérfido jamás ha tenido la valentía de esgrimir ni una solo palabra de autocrítica y contrición tendientes a cerrar las diferencias que dividen a la sociedad argentina. Sería ese un verdadero aporte al debate social.

Por todo lo expuesto, nos dirigimos a usted, como jefe del Poder Ejecutivo de la Ciudad de Buenos Aires, para que instruya las medidas correspondientes, esto es, el alejamiento del señor Darío Lopérfido de todos sus cargos. La paciencia de esta comunidad artística se ha colmado.
Confiamos en el criterio del jefe Gobierno para llevar a cabo esta urgente y necesaria modificación en la composición de la cartera de Cultura.

Adhieren y firman esta carta:

Marilú Marini, Roberto Cossa, Patricio Contreras, Ricardo Bartís, Cristina Banegas, Mauricio Kartún, Rafael Spregelburd, Mariano Pensotti, Cecilia Roth, Lola Arias, Pilar Gamboa, Norman Briski, Fabian Casas, Mirta Busnelli, Leonardo Sbaraglia, Luisa Kuliok, Lucía Puenzo, Mariano Llinás, Ricardo Monti, Verónica Llinás, Alberto Ajaka, Osmar Nuñez, Javier Daulte, Claudio Tolchachir, Carmen Baliero, Mariana Chaud, María Oneto, Alejandro Catalán, Luciana Lamothe, Diana Bellessi, Cecilia Rosseto, Gabriel Chamé Buendía, Alejandra Flechner, Silvio Lang, Horacio Acosta, Angélica Gorodischer, Santiago Gobernori, Ricardo Manetti, Mauricio Dayub, Horacio Peña, Moro Anghileri, Zypce, Martín Kovensky, Matías Piñeiro, Marcos López, Juan Pablo Gomez, Lisandro Rodríguez, Gustavo Tarrío, Nahuel Cano, Diego Velázquez, Luis Machín, Horacio Banega, Ricardo Holcer, Juan Onofri Barbato, Celia Argüello Rena, Diana Szeinblum, Sergio Boris, Valeria Lois, Analía Couceyro, Lorena Vega, Elisa Carricajo, Pablo Seijo, Andrea Garrote, Ignacio Apolo, Marina Giascaspro, Walter Jacob, Maruja Bustamante, Silvina Savater, Claudio Caldini, Diego Kogan, Cristian Drut, Ariel Farace, Diego Faturos, Laura Paredes, Valeria Correa, Nora Lafón, Alejandro Vannelli, Ignacio Sánchez Mestre, Patricio Aramburu, Claudio Martinez Bel, Ernesto Donegana, Daniel Fanego, Roberto Perinelli, Martín Seijo, Mariano Tenconi Blanco, Luis Machín, Marina Glezer, José Luis Arce, Paola Barrientos, Francisca Ure, Iair Said, Rita Cortese, Verónica Chen, Carlos Defeo, Amalia Sato, Gerardo Camiletti, Nayla Pose, Nahuel Perez Biscayart, Corina Fiorillo, Eddy García, Laura López Moyano, Denise Groessman, Jimena Anganuzzi, Silvia Baylé, Claudio Da Passano, Luis Cano, Lautaro Perotti, Héctor Díaz, Ernesto Larrese, Lila Monti, Susana Torres Molina, María José Gabin, Eduardo Stupía, Cecilia Blanco, Manuel Callau, Lorena Ballestreros, Leandro Katz, Julián D´angiolillo, Gabriela Ferrero, Monica Raiola, Jape Ntaca, Marcelo Velazquez, Ana María Shua, Andrea Nussembaum, Andrés Binetti, Susana Tambutti, Ayelén Clavin, Ana Alvarado, Horacio Marassi, Malena Figó, Stella Galazzi, Laura Cymer, Jorge Gumier Maier, Margarita Molfino, Vanina Falco, Marina Bellati, Lizardo Laphitz, Rubén Jesús Mira, Ana Celentano, Sebastián Basualdo, Maru Fantini, Alberto Suarez, Luis Campos, Paula de Luque, Laura Cymer, Jean Pierre Noher, Leticia Mazur, Gonzalo Martinez, Mariano Saba, Claudia Cantero, Gabo Correa, Ana María Castel, Hector Bordoni, Mariano Villamarin, Manuel Vicente, Claudio Mattos, Toto Castiñeiras, Enrique Dacal, Luis Ziembrowsky, Anabella Bacigalupo, Elvira Oneto, Mirta Bogdasarian, Matias Scarvacci, Flor Dysel, Dario Levy, María Valdez, Natalia Depetris, Federico Fontán, Andrea Chacón Alvarez, Alejandro Mateo, Alejandro Schiappacasse, Amancay Espíndola, Oscar Edelstein, María Inés Sancerni, María Fiorentino, Federico Penelas, Gustavo Di Sarro, Mario Mahler, Marcelo D'Andrea, Mauricio Mayer, Cora Roca, Carla Crespo, Marcelo Pozzi, Tomás Espina, Gastón Ezequiel Sánchez, Jennifer Permuy, Marcela Padvalskis, Catalina Lescano, Verónica Hassan, Andy Goldstein, Liliana Herrero, Gustavo Nielsen, Mariano Mandetta, Maria José Salinas, Daniela Godoy, Sabrina Osowsky, Héctor Levy-Daniel, Maria Mascheroni, Luisa Valenzuela, Dolores Sola, Florencia Braga Menéndez, Sol Titiñuk, Valeria Casielles, Roxana Ybañes, Ernesto Korovsky, Jorge Aleman, Nayla Pose, Paloma Contreras, Tian Brass, Javier Margulis, Vanina Montes, Leonel D´agostino, Nanzu Bieza, Mauricio Minetti, Diego Sasturain, Sebastián Basualdo, María Pía López, María Ibarreta, Victoria Roland, Américo Cristófalo, Lucía Laragione, Eugenia Levin, María Gabriela Maiarú, Juan Gargiullo, Anibal Gulluni, Flavia Soldano, Cristina Feijoo, Malena Figo, Liza Rule Larrea, Vicente Batista, Virginia Leanza, Francisco Benvenuti, Guadalupe Wernicke, Juan Ignacio Sicardi, Sara Jedlina, Romina Freschi, Alicia Herrero, Ana del Pozo, Ernesto Rowe, Cristina Fridman, Mónica Scandizzo, Eduardo Safigueroa, Mercedes Fraile, Martín Henderson, Roberto Maiocco, Tian Brass, Vicky Carzoglio, Claudia Schvartz, Marcelo Melingo, Ricardo Tamburrano, Liliana Mazure, Noé Jitrik, Magdalena Jitrik, Renata Lozupone, Juan Palacios, Alfredo Rosenbaum, Carolina Sborovsky, José Halac, Darío López, Julia Elena Sagaseta, María Angélica Semilla Duran, Lorena Regueiro, Manu Fanego, Julio Pallero, y siguen las firmas...

lunes, 25 de agosto de 2014

Los críticos de cine y el negacionismo sofisticado

Porta Fouz, Quintín y Pando
Comentario a una nota de Prividera en Patologías Culturales, para escuchar clickeando acá



por Oscar Cuervo

Una de las novedades más interesantes de esta etapa de la historia argentina es la emergencia de una derecha moderna -para citar la expresión que usó hace poco Pino Solanas- que se cocinó silenciosamente durante los años neoliberales pero solo pudo mostrar su cara cuando la política volvió a ser percibida como una posibilidad práctica de la vida cotidiana. Posibilidad amargamente recusada por los que se quejan de "la grieta", que en los años anteriores vivieron apoltronados sobre un almohadón que la tapaba, cuando la política se replegó. Ahora esta derecha, bastante disgustada por tener que mostrarse como tal, espera que la política vuelva a retraerse, para que podamos habitar otra vez en la burbuja de la autonomía estética.

La derecha moderna estuvo cerca nuestro durante todos estos años. Y no nos importunaba tanto compartir espacios con ella. Antes de que la grieta se manifestara discutíamos acaloradamente, sí, pero sobre Baz Luhrmann o Lisandro Alonso. Cosa que no dejaríamos de hacer hasta hoy. Pero cuando la grieta estaba disimulada, nuestras diferencias parecían solo estéticas.

El otro día leí una nota de Nicolás Prividera que decía algunas cosas que ya conocemos, pero hubo una palabra que me llamó la atención: la palabra "negacionista" en medio de un párrafo donde polemizaba con el crítico de cine Javier Porta Fouz. Decía Prividera:

Unos días más tarde leo con estupor la reacción de algunos notorios críticos de cine al enterarse de la aparición del nieto de Estela de Carlotto. Reacción que puede resumirse en este tweet del mismo Porta Fouz: “¿Vieron cuando usan mucho el ‘todos’? Bueno, no me incluyan”. El contextual epigrama tiene la virtud de resumir también un doble rechazo, como si la comunicación gubernamental “para todos” se homologara a ese mainstream del que hay que despegarse para ser, precisamente, crítico. Lo que por definición es, desde ya, atendible. El problema no es expresar públicamente desagrado ante un hecho como este (cada quien sabrá por qué lo siente y por qué necesita vomitarlo), sino asumir una noticia de evidente contenido reparador –transmitida por todos los medios con igual ímpetu– desde la militancia antigubernamental (escudarse en que algunos organismos de DD.HH. han confundido su espacio con el del Estado es finalmente caer en lo que se dice criticar). Pensar que se trata de una “operación” preparada (durante años, incluyendo el “adoctrinamiento” del joven, según desliza otro crítico luego involuntariamente satirizado por la revista Barcelona) no es menos miserable que el seguir justificando la matanza o haber dicho “algo habrán hecho” mientras tenía lugar: de hecho esa misma reacción ilustra cómo fue posible todo eso. Y todo este incandescente despliegue “crítico” se ampara, en el mejor de los casos, en que “el derecho a conocer la identidad no da derecho a convertirla en propaganda” (la cita es de Quintín, y no es de las peores), cuando esa misma mención se convierte inevitablemente en parte de una “propaganda” negacionista

El uso de la palabra "negacionista" me iluminó como un rayo. He leído sobre el negacionismo del Holocausto y también sobre el negacionismo de la desaparición forzada de personas durante la dictadura argentina. En los 80, los partidarios de la dictadura crearon un grupo llamado FAMUS, "familiares de víctimas de la subversión" se decían. Se trataba de un ardid propagandístico de los represores que querían contrarrestar el efecto universal del reclamo de Madres y Abuelas de la Plaza. Decían básicamente que la mayoría de los desaparecidos eran terroristas y que muchos de ellos estaban viviendo en Europa. Durante el alfonsinismo estos grupos eran una minoría extravagante, temida y despreciada. Lo que me impresionó de la nota de Prividera es la pertinencia de la palabra "negacionistas" para referirse a este grupo de periodistas, Porta Fouz, Quintín y algunos otros, que encarnan hoy un negacionismo sofisticado (y acá la palabra sofisticado deisgna también una cualidad muy precisa). Porta Fouz, Quintín, Noriega, Guillermo Raffo y algunos otros, cuando hace poco apareció el nieto de Estela de Carlotto, tuitearon consternados. Acá hemos citado los tuits de Quintín, que es el más desinhibido de los negacionistas. Fue precisamente en su blog, La lectora provisoria, donde hace unos años, sería 2007, se retomó el tópico de FAMUS: "los desaparecidos eran muchos menos de 30.000" que ahora fue tomado como bandera por la arrepentida Fernández Meijide. En 2007 parecía que Quintín, Porta Fouz, Meijide y Cecilia Pando pertenecían a universos distantes. Hoy sabemos que la diferencia es solo de modales: la Pando es francamente brutal, reivindica incluso la apropiación de chicos durante la represión militar; Quintín es brutal pero todavía no llega a tanto; él también cultiva amistades que no se parecen a la Pando: de hecho tenemos algunos amigos en común, críticos de cine y cineastas. Porta Fouz es el de los modales más suaves. Los tres deploran esta época: "nuestro peor momento llegó con los Kirchner".



Hasta leer lo de Prividera no se me había ocurrido caracterizar a Porta Fouz y Quintín como negacionistas, a pesar de que sus actitudes al respecto eran muy ostensibles. La nota de Prividera es interesante, porque empieza discutiendo con Porta Fouz cuestiones sobre la producción cinematográfica subsidiada por el INCAA. Porta Fouz escribió sendas notas en La Nación y el el Hipercrítico (el blog de Luis Majul) en las que deplora que en Argentina se filmen tantas películas:

"no deja de preocuparme una política cinematográfica desproporcionada, inflacionaria, poco racional, que subsidia cada vez más (el valor de la entrada de los espacios INCAA es irrisorio), con cada vez más empleados en el edificio de la calle Lima". 

A Porta Fouz le preocupan varias cosas: "una política cinematográfica inflacionaria", el valor "irrisorio" de las entradas de los Espacios INCAA y la cantidad de empleados del INCAA. En los tres casos espera un ajuste que ponga las cosas en su lugar. Suponemos que eso quiere decir que se filme menos, que se aumente el precio de la entrada de los Espacios INCAA y que se echen empleados del Instituto. Prividera observa con sagacidad que el propio Porta Fouz es desde hace años empleado designado a dedo por la administración porteña, que lo pone como programador del BAFICI, un festival financiado con fondos públicos. En el macrismo el tema de las entradas irrisorias se está encarando con energía: la entrada del BAFICI aumenta año a año a una velocidad que supera con creces la inflación (el precio en dólares de la entrada del BAFICI creció un 74 % desde 2008; la Lepoldo Lugones, una sala donde durante 45 años se pudo ver el mejor cine del mundo a precios muy accesibles, ya lleva 9 meses cerrada por decisión de los jefes de Porta Fouz). Otra cosa que a Porta Fouz le molesta es que el INCAA haya apoyado a

decenas y decenas de documentales (y algunas ficciones) sobre los temas favoritos del gobierno: dos o tres nudos histórico-políticos (el peronismo y sus diversas décadas y encarnaciones; la última dictadura).

Parece que estos no son los temas favoritos de Porta Fouz, excepto cuando el macrismo financia El diálogo, un video propagandístico del negacionismo porteño protagonizado por Héctor Leis y Graciela Fernández Meijide, programado en el BAFICI por él mismo. En la premiere de El diálogo en el BAFICI confraternizan Quintín, Porta Fouz, Meijide y Pando.

Porta Fouz se consterna con la aparición del nieto de Estela, deplora que el INCAA subsidie tantas películas, se queja por el precio irrisorio de las entradas de los Espacios INCAA y está harto de las películas  no negacionistas sobre dictadura y derechos humanos. 

Si algo tiene cara de perro, mueve la cola como un perro y ladra, entonces es un perro.

Clickeando acá puede escucharse la nota que hicimos el sábado pasado en Patologías Cultutales con Maxi Diomedi sobre los dichos de Prividera y Porta Fouz.