viernes, 15 de agosto de 2025
Menem, farsa y tragedia
jueves, 27 de marzo de 2025
Adolescence overrated
Y bien, ¿qué es esto de "la última maravilla" de Netflix de la que todos están hablando? Facebook funciona como red social para compartir entusiasmos y efusiones sentimentales. Del tipo: "es la película que todo padre debería ver para entender a sus hijos". La idea que verbalizan y que indica que el producto se instaló con eficacia es esta: "si sos padre, sos un poco culpable de algo a lo que no le prestaste atención en tus hijos". Adolescencia refiere a la vida en las redes sociales, específicamente en usuarios infantojuveniles, como dimensión que escapa a la mirada de los padres, quienes presuntamente no prestan suficiente atención a lo que sus hijos hacen. La serie deja aflorar cierta jerga ("incels", "nudes", "acoso") asociada a los intercambios de las redes y a las formas de opresión que reproducen. Adolescencia sobrevuela estas temáticas sin plantear ninguna pregunta seria ni incomodar demasiado a nadie, más allá de "la vi con mi hijo y me sentí muy conmovido", conmoción que se olvidará el mes próximo cuando Netflix lance otro producto.
La psiquiatra parece estar interesada en comprender la subjetividad del chico pero en un giro muy artificioso de pronto parece que lo único que quiere es comprobar si es imputable. Después de tres largas y reiterativas charlas que terminan más o menos parecidas en las que ella parece estar conmovida, ella se muestra fría y distante al haber comprobado su imputabilidad, pero el relato no le dedica suficiente tiempo a entender si ella es una sádica que quería hacerlo caer en la trampa o en algún momento la experiencia del pibe la interpela. La serie decide que ya es hora de dejar a ambos personajes, como si lo que nos mostraron durante una hora no tuviera importancia. Entonces: ¿es un femicida que merece ser castigado o es objeto de violencia institucional por parte del dispositivo jurídico psiquiátrico? Creo que la serie da lugar a que unos y otros entiendan lo que mejor les va, poniéndose de un lado y del otro. No sé si se trata de una campaña para bajar la edad de la imputabilidad o como dicen otros "una denuncia de la violencia patriarcal en las redes sociales", o una apelación a que los padres sepan mejor en qué anden sus hijos. La serie es suficientemente superficial en sus sentimientos como para dar lugar a que cada uno entienda lo que le conviene. En Gran Bretaña, donde suceden los hechos, los chicos son imputables desde los 10 años, por lo que no se ve que la detención del pibe plantee en sí ninguna rareza, cosa que acá si pasaría.
El yeite del plano secuencia es totalmente disociado del conflicto. No se trata de exigir la máxima tensión y atención temporal y espacial, sino de una cámara movediza que muestra que ningún salto de lugar o distancia le resulta inaccesible a la tecnología actual. Es decir, una forma sometida totalmente al tour de force, que no interroga o mediatiza el conflicto narrado. La continuidad de la toma de cámara que sube y baja, entra y sale, se acerca y se aleja no responde a ninguna perspectiva que revele algo diferente de lo que se podría narrar en un dispositivo formal con cortes.
Tampoco se apuesta al realismo porque es absolutamente irreal que un punto de vista pueda salir del interior de un auto y elevarse hasta sobrevolar la ciudad, después bajar en el punto exacto donde otro personaje secundario dice algo relacionado con lo que se está narrando. Solo se logra trasmitir la idea de un mundo cerrado en el que la cámara puede estar cada vez en el lugar más apropiado para seguir un guión omnisciente. El alarde narrativo le da a los espectadores un plus de destreza que la narración con cortes no proporciona. Lo que se dice a la vez que el drama del joven asesino y el padre devastado es: "usted está viendo algo importante, admirelo, que nos costó un gran esfuerzo". Las actuaciones están muy bien y quizá sea lo único que está muy bien en un relato lleno de clises y estímulos sentimentales.
martes, 19 de diciembre de 2023
domingo, 26 de febrero de 2023
División Palermo y la incorrección política: el larretismo cultural
Algunos amigos celebran la calidad de la serie de Netflix sobre la policía metropolitana y/o guardia urbana (la confusión entre ambos dispositivos es promovida por la serie).
La risa con que algunos celebran el particular humor de la serie (principalmente destinado a burlarse a la corrección política) merece un análisis más detenido.
Vi solo dos capítulos y al detectar estos mecanismos y confusiones, además de no apreciar una progresión narrativa sino una mera acumulación de gags, la reiteración me produjo fatiga, por lo que abandoné la serie. Los que me la recomendaron me dijeron que al cuarto capítulo mejora, frase que se escucha siempre en la boca de los que te recomiendan series. A veces los cuatro capítulos se prorrogan hasta dos temporadas: "la tercera temporada mejora".
El mecanismo de División Palermo es un cúmulo de variaciones de chistes mayormente basados en provocar gracia en base a la transgresión de las normas de corrección política. No soy defensor de las falsas prácticas de inclusión mediante las paráfrasis (no decirle ciego a un ciego, por ejemplo) o las normas de inclusión positiva (que haya un marrón o una paralítica entre los blancos hegemónicos), pero creo que la gracia que causan esos gags deriva de una ridiculización del problema.
Ese aire transgresor en esta época es una forma del acatamiento de la discriminación (la otra, más franca y brutal, es el desprecio desembozado de la ultraderecha). Esta diferencia la considero una analogía entre halcones y palomas del sistema neoliberal: los fachos declarados y los que se ríen de los marrones y paralíticos con conciencia de la incorrección política. Además de no haber mérito artístico en la repetición del recurso, habría que analizar el sentido político del consumo irónico de la corrección política. La nueva comedia americana se basa esencialmente en burlarse de la corrección política. En la vieja comedia argentina de los 70 y 80 se bastardeaba a mujeres, gays y enanos.
El humorismo machista de los 70 hoy no sería eficaz, entonces se apela al sarcasmo sobre la corrección política. No nos reímos del enano sino del que le dice persona pequeña al enano. Además el enano, el marrón y la paralítica no son personajes con espesor dramático sino solo la función "enano", "paralítica" o "marrón", propicia para los chistes contra el estereotipo.
Quien como yo no encuentra gracioso ese gag reiterado es tildado de puritano, falto de humor o -lo peor- burlado como políticamente correcto. En el mecanismo fascista directo de los 70/80 y en el metalenguaje humorístico de la actualidad la discriminación subsiste. El mecanismo es tan coercitivo que ahora hay personas que se avergüenzan por no discriminar o por no burlarse de quienes no quieren discriminar, aunque más no sea a través de una paráfrasis. La burla a la corrección política no altera la discriminación ni cuestiona el statu quo ni los modelos hegemónicos. Esta burla es una variante light del ataque brutal de Viviana Canosa o Baby Etchecopar.
De hecho gran parte de los sketches humorísticos celebrados por el mainstream consisten en burlarse de la corrección. Es una aviesa y oblicua forma de consolidar los estereotipos y complacer al sistema. A mí gracia no me causan, ni me revelan una construcción artística valorable.
Esto es el larretismo cultural y la gracia que causa en mis amigos progres en parte explica por qué el macrismo gobierna la ciudad desde hace 16 años.
domingo, 5 de septiembre de 2021
Netflix es la iglesia evangélica de la pequeñoburguesía ilustrada
jueves, 14 de enero de 2021
Mi película favorita de 2020: We are who we are
Luca Guadagnino, el director de Call me by your name, hizo su mejor película, We are who we are... y salió como serie en ocho episodios en HBO. Dice que no ve series porque no le gustan. Iba a estrenarla en la Quincena de los realizadores de Cannes en una proyección de ocho horas seguidas pero la pandemia la mandó directo a las pantallas hogareñas. De todas formas, el planteo de We are who we are es enteramente cinematográfico, alejado de los procedimientos de las series que enucnian los conflictos narrativos por medio de los diálogos de sus personajes. En Guadagnino rige el movimiento, el corte, los acercamientos, las distancias, la simultaneidad, los saltos, los desvíos, los bordes del cuadro, las miradas, los enfoques, la luz, las sombras, la vibración de los colores, las cadencias, los planos sonoros, las palabras que no se dicen o se dicen pero no se escuchan, el suspenso generado por la forma y no por la peripecia.
Los primeros capítulos despliegan cantidad de cruces que no se subordinan a un eje argumental. Lo curioso es que se ubica en una base militar yanqui en Italia pero lo bélico solo está latente, como una bomba haciendo tic tac debajo de la mesa mientras miramos otra cosa. La bomba tarda seis capítulos en explotar y, cuando explota, no se ve. Guadagnino esquiva expectativas y hábitos narrativos. Es un intruso en el mundo de las series que usa armas del cine: tiempo, espacio, fuera de campo, deseo de espiar.
En el trasfondo se están desarrollando las elecciones que darían el triunfo a Trump sobre Clinton. Ese hilo entra como un rumor de fondo, historiza una mirada que parece apuntar a otra cosa: el primer amor del hijo de una oficial del ejército yanqui.
¿Qué dirían quienes quisieran contar la obra con una sola premisa argumental? ¿Es un coming of age? ¿Una historia de amor de ocho horas que termina con un beso o con cuatro? ¿Retrata a una familia queer? ¿A un joven snob neoyorquino en el extranjero? ¿La liberalidad de costumbres en un contexto militar? ¿Las grietas del imperio?
El episodio seis, el más romántico de la serie, termina con un discurso de Trump anunciando que no va a aceptar un fraude en las elecciones. Un giro desconcertante que llevará a la jefa militar a decir "el mundo ahora requiere decisiones fuertes" y a enfrentar una crisis de mando y también en la relación con su hijo. Entre las capas menos evidentes, lo más interesante de We are who we are es su forma de plantear las relaciones no explícitas entre el cine y el dispositivo bélico Desde el principio instala tensiones eróticas no verbalizadas, pero Guadagnino crea una forma que piensa las tensiones del cine actual: cine, series, eros, guerra.
Hizo mi película favorita del año que pasó.
jueves, 3 de mayo de 2018
Netflix, el deseo y la compulsión
jueves, 10 de agosto de 2017
Cristina y Game of Thrones: liderazgos y pruebas personales
Apertura del programa
Primera parte
Segunda parte
"Pasaron las semanas y ya nadie se pregunta por las internas del PJ -dice Martín-, que era tema de apasionada conversación hace no tanto tiempo, lo cual muestra que no había una gran demanda social, como planteaba Randazzo, por dirimir una primaria entre él y Cristina. Yo estoy convencido de que la decisión de Cristina fue correcta. Si se hubiera equivocado, hoy la sociedad estaría diciendo: 'no, Cristina, queremos unas PASO con Randazzo'. Por el contrario, me da la sensación de que, como dicen algunos estrategas políticos, cuando tenés a casi todos los medios en contra, en ese escenario podés incluso tirarte a ganar las elecciones si lográs conectar con un sustrato de emociones, frustraciones y desencantos de gran parte de la sociedad. Creo que Cristina está logrando conectar con eso y está a las puertas de una muy buena elección".
"Yo hace un tiempo le hice una entrevista a Oscar Parrili -sigue Piqué-, todavía faltaba bastante para las definiciones de las candidaturas de las PASO; y él me citó una frase del dirigente colombiano Jorge Eliécer Gaitán [1903-1948] cuyo asesinato desencadenó el Bogotazo. Cuando a Gaitán en un momento le preguntaron si quería ser presidente, él dijo: 'No es que yo quiera, es que me empujaron' [La frase textual de Gaitán: "Yo no me siento a la cabeza de la multitud, me siento empujado por ella"]. Y yo creo que con Cristina pasó eso. Porque en la supuesta reunión que tuvo hace unos meses con Pérsico y Navarro quizás veía las cosas de otra manera, pero los flojos resultados económicos del macrismo y la torpeza de gran parte de la dirigencia opositora la empujaron a presentarse. Vos fijate que la primera que instaló en la agenda el tema de las tarifas, de la pérdida del poder adquisitivo, de los recortes de derechos, fue ella en su discurso en Comodoro Py, en abril de 2016. Esto lo suele decir Máximo Kirchner y yo estoy de acuerdo, ella ahí dijo cosas que nadie decía. Hasta ahí era todo oposición amigable con el macrismo, especulando si todavía seguían los 100 días de la luna de miel. Pero ella ahí planteó los temas que al final terminaron siendo las claves de esta elección. El vicepresidente de Bolivia Álvaro García Linera dice que cuando se produce una victoria o una derrota electoral siempre está precedida por una victoria o una derrota política y cultural. Primero ganás o perdés políticamente, en el debate cotidiano, y después eso se ratifica en una victoria o una derrota electoral. Se relaciona con el tema de quién instala los ejes de la campaña: claramente el macrismo intentó que esta campaña tuviera como eje las cuestiones de ética pública, la supuesta honestidad de los dirigentes, con un doble estandar evidente, poniendo el acento solo en el período anterior. Lo trataron de imponer a través de sus medios amigos. El otro eje lo quiso imponer Massa: la seguridad. Trajo al republicano Rudolph Giuliani, ex-alcalde de New York, con su slogan de tolerancia cero y mano dura. Pero el tercer eje era la cuestión económica, el deterioro del poder adquisitivo, el alza enorme del desempleo... Y Cristina quedó asociada a eso. También la izquierda, pero por falta de potencia y de representatividad social, porque la izquierda está creciendo pero por ahora no le alcanza ,la que quedó asociada a esa cuestión claramente fue Cristina".
Con Piqué también hablamos de la posición peronista que "a diferencia de la izquierda que te propone un proyecto emancipatorio para el futuro, el peronismo no te convoca a hacer un sacrificio para un mañana mejor, sino, como dice el artista Daniel Santoro, vamos a socializar el goce en tiempo presente: vos tenés que comer bien, que disfruten también los grasitas de los juguetes de calidad, que vayan a los lugares donde van a veranear las clases medias y altas. Y esto conspira con el afán de distinción que tienen los sectores medios y altos, a quienes les genera una neurosis de angustia sentir que el negro, el laburante, el grasita, el pardo estén veraneando al lado tuyo y tengan patrones de consumo que se te acercan. El peronismo no propone esperar, es distribución del disfrute ahora, la felicidad tangible". ["El materialismo histórico de la heladera llena", dice Jorge Asís].
Otro de los temas que tratamos es uno que Piqué conoce por dentro, porque ha trabajado en medios importantes en diversos momentos de intensidad política: el riesgo de las audiencias redundantes, por el que cada medio queda cercado a hablar solamente con un sector social que de antemano está de acuerdo con su línea editorial y busca confirmar lo que ya cree. ¿Cómo saltar ese cerco y llegar más allá, a oyentes y lectores que no tienen posiciones tan definidas, que a la larga son los que inclinan la balanza para un lado u otro? Martín Piqué se pregunta por esta cuestión, pone en práctica esa pregunta diariamente, trata de comprenderlo y resolverlo de cierta manera, que explica durante nuestra charla.
Todo sazonado por las sabrosas canciones de Fleetwood Mac. Y "El Aguante".
Apertura del programa, descargar acá.
Primera parte, acá.
Segunda parte, acá.
jueves, 20 de julio de 2017
Lynch, el extremo
Twin Peaks es serie?
Es cine?
Es serial?
Es cereal?
Es Quaker?
Es GOT?
Es Kaka?
Es genre?
Es enerc?
Es Lynch?
Es Hitchcock?
Es chill?
Es tango?
Es punc?
Es opart?
Es peronista?
jueves, 29 de diciembre de 2016
Shut Eye (adivinos fraudulentos)
por Luis Arias *










































