El Payaso Asesino no sabe ni tomar mate ni besar. En todos los terrenos da asco. https://t.co/FE3GOodLKB
— Oscar Cuervo (@oscaracuervo) July 28, 2024
domingo, 28 de julio de 2024
La oligarquía frente al payaso asesino (mal conocido como La Sociedad Rural Argentina al País)
sábado, 11 de diciembre de 2021
El Fulgor (Martín Farina, 2021)
por Oscar Cuervo
Un procedimiento narrativo recurrente en el cine de Martín Farina: parte del detalle, que inmediatamente genera un fuera de campo hacia el cual la imagen se inclina. El sentido empieza por ser inestable y esquivo, por lo que cada plano nos empuja hacia el siguiente. Pero en sus películas no existe algo así como un plano de establecimiento o conclusivo que aquiete la inestabilidad del sentido.
La crítica más perezosa habla de cine "experimental" cuando no sabe bien qué decir. Farina nos acostumbró a salirse de los procedimientos convencionales pero no hace experimentos. Esa palabra sería mejor reservarla para el manejo de las variables matemáticamente acotadas de una investigación científica. El cine tiene fuera de campo. El experimento, no: lo que no se puede medir no existe. Lo que lleva una vez más a pensar en el cine como arte de lo invisible. Si el montaje articula una secuencia de planos, el corazón de la experiencia cinematográfica nos aguarda en eso invisible que se escurre entre un plano y el otro.
Si el proyecto inicial de la invención cinematográfica se proponía re-presentar determinadas zonas del mundo para enfatizar su apariencia, hay una dirección involuntaria que se dirige hacia lo infilmable. Solo en el cine se puede señalar lo infilmable. A medida que la filmografía de Martín Farina se fue desplegando, la eminencia de lo infilmable empezó a regir todas sus decisiones. No se trata simplemente de un "rasgo de estilo": lo infilmable es un elemento estructural del cine. Hasta las películas más previsibles son dirigidas por lo que no puede filmarse. Cuanto más esencial es un cineasta, más amigo se hace de eso.
En este sentido, El Fulgor es la obra maestra de Farina. Desde su inicio nos ubica en un ambiente sonoro rural, los rumores de la naturaleza, grillos, gruñidos, ladridos, voces humanas a lo lejos, mientras la pantalla está todavía en negro. Lo primero que se ve es una hilera de palos desenfocados que apenas dejan unas estrechas hendijas para vislumbrar el movimiento irregular de unos animales de ganado. El ganado remite a una organización económica humana y, lo vamos a ir descubriendo, también a una economía de las pulsiones.
Farina filma el campo argentino, es decir: filma un mundo, una forma de vida regulada por la fertilidad de la tierra, las armas erguidas, los falos enhiestos y una serie de rituales viriles. Si en la película aparecen solo varones, la función femenina no está omitida sino solapada. No se trata de filmar la "belleza del mundo", ese lugar común de los cineastas y la crítica reaccionarios, sino de exponer mediante el montaje una dialéctica -una tensión- entre la voluntad de extraer los recursos que la tierra prodiga -es un decir: la vaca no nos da la leche: se la sacamos- y una fuerza que se fuga de la conciencia y empuja la experiencia humana hacia los sueños individuales y las leyendas colectivas. La belleza surge como resultado de este desvelamiento y no como un atributo presupuesto del "mundo".
Es algo muy inusual en el cine argentino que el campo aparezca como lugar de disputas entre la economía del trabajo y las pulsiones eróticas. El refinamiento con que Farina recorta su mirada del campo -en dos sentidos: en los bordes de cada plano y en la cesura de su duración- transforma lo que podría ser un documental agrario o turístico en una experiencia de carácter alucinatorio. Así registra a la vez una singularidad de la economía rural/patriarcal y desata una potencia del cine.
En Argentina tenemos una profusa literatura agro-ganadera, con su distribución de jerarquías, géneros y atributos, pero faltaba una película que supiera ubicarse en la distancia crítica para hacer refulgir lo legendario como alucinación que expresa una verdad que la economía diurna impide ver. El Fulgor es esa película que se desliza desde la organización del tiempo cotidiano pautado por las tareas productivas hacia el mundo de los sueños y la leyenda. El campo deja de ser la reserva natural disponible a ser explotada por una planificación económica para ser el ámbito de lo legendario. Cuando digo "distancia crítica" no me refiero a lo que suele entenderse por "distanciamiento". En este sentido, Farina, y en El Fulgor más que nunca, va en dirección contraria: su estilo es el acercamiento hacia distancias focales críticas en las que aparecen las texturas de las pieles, las porosidades, la carne. Desde Fulboy en adelante se especializó en filmar los cuerpos como piel y carne, volúmenes pulsantes que la cámara roza en un punto de su foco. El arte del foco en los planos de su cine devino en una experiencia táctil. Su cámara no totaliza una figura antropomórfica sino que se sitúa tan cerca como para rozar su carnalidad. Filma eso que la piel humana tiene en común con los otros habitantes de la tierra.
El Fulgor está prefigurada por todas las películas anteriores de Farina, es la consumación de su programa poético. En El Hombre de Paso Piedra tuvo su primera aproximación a la vida rural, con el retrato de una corporalidad que todavía podía experimentar el mundo de manera geocéntrica, en pleno siglo XXI. En esa película notable el cineasta no jugaba a "observar" un mundo ajeno sino a perturbarlo e interrogarlo con un desvío onírico-musical. En Fulboy se acercaba críticamente a los cuerpos de los futbolistas, que usualmente funcionan como la superficie sobre la cual la sociedad del espectáculo proyecta sus deseos heroicos y, en cambio, los hacía aparecer en su carnalidad erógena para que hablen del modo en que el negocio deportivo reprime. En Mujer Nómade se propuso filmar un cuerpo atravesado por la filosofía -ese discurso rector-, para que el cine ayude a pensar en una dirección que las palabras omiten. En El Profes1on4l intervino en el espacio del rodaje de otro cineasta para manifestar el caos que las indicaciones de Raúl Perrone intentan desesperadamente conjurar. También hizo su propia trilogía familiar -Cuentos de chacales, El lugar de la desaparición, Los niños de Dios- para hurgar en los entresijos de su novela familiar y registrar los hiatos que el familiarismo esconde.
En todos los casos anteriores, las palabras funcionaban como eso que lo invisible pone en vilo. En El Fulgor, Farina por primera vez omite totalmente el discurso verbal: por eso cualquier texto que como este intente decir algo sobre la película debe admitir su naturaleza foránea. Hacer una sinopsis o aludir a su situación espacio-temporal -algo en lo que indefectiblemente va a caer la crítica disciplinaria en el momento en que le toque- desbarataría la refinada artesanía de la imagen y el sonido que el cineasta pone en obra. Como decía al principio, primero están los sonidos y las imágenes hurtados de los trabajos y los días del agro que, de manera sensual, se deslizan hacia el mundo encantado del sueño individual y la leyenda colectiva. La palabra "carnaval" tiene un tratamiento más rico en esta película, en el que resuena el vínculo semántico con la carne (carnelevare). El Fulgor es una película que le hace justicia a todas las connotaciones de lo carnavalesco. En el fondo del túnel que atraviesa, nos espera la leyenda del fauno. El fulgor nos deja suspendidos en la reversibilidad entre el régimen de la economía diurna y el deseo que fulgura en el sueño. ¿Cuál de estos dos ámbitos es el fundante y cuál es el fundado? Si acaso es posible detener esta vacilación.
[No todo lo que pueda decir fue dicho en este texto. Volveré a escribir sobre El Fulgor, pero todo lo que escriba partirá de estas premisas. Déjenme agregar que es una de las películas más hermosas que vi este año].
jueves, 14 de septiembre de 2017
Santiago Maldonado, la desaparición forzada de personas y la Sociedad Rural
viernes, 14 de marzo de 2014
domingo, 2 de febrero de 2014
Los garcas ya pusieron su pliego de condiciones: habrá cachengue
Pliego de condiciones desde las silobolsas
Esta noche viene a La otra el periodista especializado en economía Federico Kucher.
sábado, 25 de enero de 2014
Devaluación, el 2015, el 2019 y el cambio climático: ¿habrá temperaturas de 50º C la semana que viene?
Publicado por Gerardo Fernández
Se empoderaron. En serio, no de pico. Y no los vas a correr por la tele.
Al que no le guste que levante la bandera blanca. (Blog El Magma, clickear acá)
martes, 24 de septiembre de 2013
El massismo explicado a los niños
La intimidad del encuentro entre Massa y Reutemann

martes, 9 de abril de 2013
BAFICI: Razones para ver M en 2013
BAFICI + FIPRESCI X 15
domingo, 6 de enero de 2013
Asuntos que queman: terrorismo de estado y complicidad civil
miércoles, 2 de enero de 2013
Conozca los rostros de los saqueadores de Palermo
lunes, 19 de noviembre de 2012
"Si alguien tiene ganas de ir a trabajar, que no vaya mañana": Micheli amenazó a los trabajadores que les va a cortar los accesos a sus trabajos. Adhiere la Mesa de Enlace.
Buzzi, integrante de la Mesa de Enlace, llamó a hacer piquetes en apoyo al acto extorsivo de Moyano y Micheli.
sábado, 9 de junio de 2012
Cacerolazo del domingo a la medianoche
En el muy buen programa que hace todas las mañanas Gerardo Fernández (AM 530, La Voz de las Madres) ayer se dedicó a analizar la reacción un tanto desorbitada y a la vez escuálida que está teniendo en estos días la derecha argentina, expresada con mucha nitidez en el cacerolazo del jueves en Plaza de Mayo. Esto ya lo comentamos en nuestro post de ayer (a propósito: fue el día en que recibimos más visitas en toda la historia del blog). Gerardo partió de un editorial muy interesante centrado en las expresiones de los manifestantes del cacerolazo del video que subimos ayer. Hablaron muchos oyentes, Fernández entrevistó, entre otros, al diputado Agustín Rossi (sobre la renuncia de Reposo), a Pablo Díaz, presidente de la Federación Agraria de San Andrés de Giles (sobre el lock out patronal) y a Antonio Maroni, notero de Duro de Domar agredido el jueves en el cacerolazo de Plaza de Mayo. Y a los 100 minutos de empezado el programa, Gerardo me hizo una entrevista telefónica en la que intercambiamos ideas sobre el desborde cacerolístico. Se puede escuchar el programa completo acá:
Mejor la seguimos el domingo a la medianoche en La Tribu. Y ahora, accediendo a gentiles pedidos, el hit del invierno:




























