Cadete



jueves, 14 de septiembre de 2017

Santiago Maldonado, la desaparición forzada de personas y la Sociedad Rural

Continuidad de los parques




Hay una tara del liberalismo político-filosófico que lo lleva a desligar signos que solo tienen sentido cuando se los vincula. El comentarista liberal solo registra hechos aislados. Describe. No vincula. Por el contrario, su ejercicio, nada inocente, de la percepción de la realidad y de de las continuidades históricas consiste en desligar, separar, descomponer, negarse a reconocer las continuidades a través de la historia.

Por ejemplo, una prestigiosa opinóloga como Beatriz Sarlo, se empeñó en los últimos años en acentuar esa práctica tan típica de la negación que consiste en descomponer las continuidades históricas, desmenuzar las continuidades y considerarlas separadamente, enfatizando su no-relación.

En una entrevista que Sarlo le concedió en agosto de 2008 al extinto suplemento cultural ADN, en pleno desarrollo del proceso desestabilizador de las patronales rurales contra el gobierno de Cristina, Sarlo impugnaba la idea de que la Sociedad Rural que cortaba las rutas y desabastecía a la población durante 4 meses tuviera algo que ver con la Sociedad Rural que sostuvo la dictadura: Sarlo consideraba errado hacer política convocando a la historia. ¿Cómo? Ella misma lo explicaba:

"Cuando el Gobierno [de Cristina] se refiere a la participación o anuencia de la Sociedad Rural en golpes de Estado (aunque no es esta Sociedad Rural, es la misma institución), el Gobierno está evocando hechos probados que los buenos historiadores, no sólo la historia de Caras y Caretas o de Felipe Pigna, sino historiadores como Halperin Donghi, saben que sucedieron. Entonces, si uno hace política presente convocando a la historia, cosa que yo creo que es errado...".

Los buenos historiadores (los que Sarlo considera buenos porque refrendan su práctica de negación de las continuidades históricas) negarían la identidad histórica de una institución de injerencia permanente en la sociedad argentina, como la poderosa Sociedad Rural Argentina.

"No hay que ignorar la historia, pero es errado hacer política presente convocándola porque se empiezan a confundir los protagonistas y detrás de la familia Miguens veo a la familia Martínez de Hoz y detrás veo a la dictadura militar y así. Y entonces el escenario presente y el diseño del paisaje presente se me pierden".


Se trata de diseñar el escenario presente, lo que requiere una práctica que en palabras simples podríamos llamar "olvido deliberado".

"Sobre la base de lo que hizo la Sociedad Rural en 1930, 1955 o 1976, yo no encararía ningún diseño de política. Y no porque tenga la menor simpatía por la Sociedad Rural, sino porque no me parece que la política tenga que ser definida mirando hacia atrás al mismo tiempo que se mira hacia delante. La política no es un Jano bifronte".

Es un problema de la percepción liberal de la historia: no se puede mirar simultáneamente a 1930, 1955, 1976, 2008, 2017 y hacia "adelante", sin correr el riesgo de bifurcar la mirada. El pensamiento liberal no tiene en su caja de herramientas la posibilidad de recurrir a conceptos que vinculen los hechos aislados, entonces todo queda reducido a un riesgo óptico: solo se puede mirar una cosa a la vez.

Sarlo, que podría hacerse cargo de su propia continuidad, pero no, nada que ver, planteaba esta tesis en diálogo con La Nación, ese que David Viñas llamaba "el diario de los Mitre". Se trata de un guiño evidente: La Nación, el diario fundado por Bartolomé Mitre hace 147 años, no puede leerse hoy como el vocero de los sectores que asumieron determinadas posiciones políticas en 1880, 1930, 1955, 1976 y 2007. Hay que separar.

Miremos una cosa por vez. Esta es de enero de este año. El que habla es Jorge Turcato (presidente de la Sociedad Rural de Esquel).



Turcato dice: “Lo que hace especialmente complejo este momento es la pérdida de la paz social que venimos tolerando desde hace ya largo tiempo… Hablamos de la intrusión violenta y usurpadora de campos de propiedad privada efectuados bajo la apariencia de un reclamo de tierras. (...) El quiebre de la paz social lo ha comprobado la ciudadanía con rutas cortadas [no se refiere, ¡por Dios! a las rutas que cortaba la Rural en 2008, nada que ver], violencia, clandestinidad, capuchas, vías sin trenes que las puedan transitar, pocos aborígenes y muchos infiltrados que juegan a la política desde la violencia… Unos pocos jodiéndole la vida a muchos [no digamos la Mesa de Enlace, no]. (...) La historia, bastante reciente, debiera servir para mostrar lo que un grupo pequeño genera en la sociedad Los movimientos guerrilleros nunca son masivos en sus comienzos, pero todos recordamos en dónde desemboca la violencia que desatan, miles de muertos de ambos lados tapizan una historia de estúpidos e imberbes que eligieron la lucha armada para encabezar su demanda. De ellos, idiotas, deberíamos tomar debida nota para no generar la Colombia de las FARC, la ETA de España o el ISIS de Medio Oriente” amenaza Turcato.

Y sigue: "Este año habrá elecciones, el último momento en donde parece contar la opinión de los que producen [los propietarios rurales], los que no tienen la enorme fortuna de ser epmpleados públicos y tener asegurado el ingreso el último día del mes y la seguridad de la estabilidad laboral. Nosotros [los terratenientes] formamos parte del resto silencioso de los que corren con la mayor presión impositiva de la región. Al momento de emitir nuestro voto tengamos un profundo ejercicio de memoria para saber en qué lugar y qué hizo cada uno de los candidatos..."

El gobierno pareció oír el reclamo de la Sociedad Rural de Esquel.

Meses después, en Esquel, el estado argentino está imputado por la desaparición forzada de Santiago Maldonado. Turcato, a diferencia de Sarlo, sí recuerda todo. En ese sentido, yo creo, como Turcato, en la necesidad de recordar. Me acordé de una declaración de la Sociedad Rural y las fuerzas vivas argentinas en 1983 hacia finales de la dictadura (este texto lo descubrí en la película Tierra de los Padres):

“Los argentinos estuvimos en guerra. Todos la vivimos y la sufrimos. Queremos que el mundo sepa que la decisión de entrar en la lucha la provocó e impuso la subversión, no fue privativa de las Fuerzas Armadas. Fue una decisión de los argentinos. Todos, absolutamente todos los hombres de buena voluntad que habitan el suelo argentino pedimos en su momento a las FFAA que entraran en guerra para ganar la paz. A costa de cualquier sacrificio. Y tal como cualquier otra guerra, la nuestra también tuvo su precio. Hoy la guerra terminó, aunque no la vigilia. Aunque en idéntica circunstancia volveríamos a actuar de idéntica manera, quiera Dios que nunca tengamos que pagar este precio para vivir en paz. Las instituciones que abajo firmamos queremos refrendar de esta manera nuestro apoyo a aquella dolorosa pero imprescindible decisión: Asociación de Bancos Argentinos – Bolsa de Comercio de Buenos Aires – Cámara Argentina de Editores de Libros – Cámara Argentina de Anunciantes – Cámara Argentina de Comercio - Consejo Empresario Argentino – Consejo Publicitario Argentino – Liga de Madres de Familia – Sociedad Rural Argentina. Y continúan más de 100 firmas". ("Los argentinos queremos decirle al mundo", diario Convicción, 1983).

Un analista liberal jamás vincularía en un mismo párrafo la propiedad de los latifundios, el empleo público y la desaparición forzada de Santiago Maldonado.

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