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domingo, 21 de febrero de 2016

Nunca estuve aquí, lo siento por mí (algunas de las canciones más lindas del mundo)

La otra.-radio - Especial Spinetta - 19/11/2007, para escuchar clickeando acá


Nunca estuve aquí, querida
nunca estuve aquí ni nunca estaré
no me canso no, querida
nunca tuve sueño, nunca estaré
ah, qué duende no es tu puerta
nunca estuve aquí, lo siento por mí
halo de la hierba verde
dale que tu canto pasa por mí
por mí, por mí, oh, yeah!

Cuiden de la nube viento
la querida sol querida saldrá
nunca me abandones, nena
sola sin el sol ceguera tendrás
cuiden a su perro blanco
trepa por su cama en la oscuridad
nunca estuve allí querida
trepo por los sueños que están de más
de más, de más, oh, yeah!

Antes del tiempo era todo azul
leve de suspensión
al no haber gente no había bien ni mal
no existía esperar
antes del fruto la noticia corrió
luego del día el dragón vomitó
el fuego el fuego.

Era año día mes minuto.
Era año día mes minuto.

Antes del cuerpo un narcótico
explotó con los dioses
y con los hombres el demonio entró
escapando de dios
presa del miedo el reloj se apuró
hojas del árbol cayendo en suspensión.

Es una de las mejores canciones de todos los tiempos y forma parte de éste, el segundo programa de La otra.-radio que dedicamos a Luis Alberto Spinetta. Lo hicimos el 19 de noviembre de 2007. El primero había sido en 2006 y habíamos llegado a abarcar su discografía hasta Artaud. En este que subo hoy partimos desde Invisible. Estábamos Maxi Diomedi, José Miccio, Erica Vainscheinker (a quien Spinetta ¡¡¡no le gusta!!!)  y migo. La tesis que sostuvimos (no demasiado original) es que el sonido que el Flaco logró con sus diversas formaciones (sobre todo las de sus primeros años) no se parece a todavía nada en el mundo. "Suspesión" es un ejemplo difícil de refutar.

En el program,a dice Miccio: "Spinetta forma parte de mi biografía. Uno llega a cierta edad y se empieza a escribir un poco su historia. Y cuando alguien me pregunta por qué estudié literatura o porqué me gusta el cine, yo siempre digo que porque escuché música rock. El momento en que cambié por revistas de rock mis viejas historietas me parece que es señero del cambio drástico de lo que fue mi vida. Yo en ese sentido soy un clásico, un lugar común detrás de otro, y fueron García y Spinetta los dos que tuve primero. En realidad era un poco freaky en el colegio porque, mientras todos tenían con cierta razón fotos de los Fabulosos Cadillacs en sus carpetas, yo tenía una foto de Almendra".

Esto que dice José le ha pasado a miles de personas en Argentina, te lo puedo asegurar.  Spinetta, algo más que un autor de canciones, es alguien que marcó la vida de muchos de nosotros y nos hizo hacer cosas que quizás sin él no se nos hubieran ocurrido.

Esta noche de luna grande hay muchas radios en el aire. La otra hoy no (volvemos la medianoche del domingo 6 de marzo en Radio Gráfica FM 89,3). Pero es muy difícil, si no imposible, que esta noche algún programa de radio del universo pase canciones tan hermosas como estas:

"Qué hermosa estás", "Suspensión", "Durazno Sangrando" (versión unplugged), "Que ves el cielo" (con Charly, versión sublime) y Spinetta cantando "Cuando ya me empiece a quedar solo" (ambas en vivo en Obras en 1980), "Canción para los días de la vida", "Alma de diamante", "La herida de París", "Parvas", "Basta de pensar", "Tu amor es una vieja medalla", "Resumen porteño", "Será que tu canción llegó hasta el sol", "Todos estos años de gente" (vivo en Obras 1986), y "Grisel" (del La la la, por Spinetta y Páez).

Se pueden escuchar clickeando acá.

lunes, 5 de julio de 2010

Picatelás (Get lost)

Magnetic Fields y la trilogía lunar



por Erica Vainscheinker

Get Lost es uno de mis discos preferidos de los Magnetic Fields (y a esta altura uno de mis discos preferidos y punto), porque tiene la “trilogía de la luna”, tres lunares obras maestras.

La primera es You and me and the moon:

Cuando te miro me suavizo por dentro
y el sonido de tu voz
hace que me recorra un escalofrío por la espalda
ante el mínimo contacto estamos enamorados
vos y yo y la luna.





El ritmo contagioso y la melodía inmediatamente entradora se lleva a las mil maravillas con la idea de un tipo que vive dentro de una disco gay, donde parece que nunca es de día (Stephin declaró que uno de sus lugares preferidos para escribir canciones son los bares gay). El estribillo deja entrever que los protagonistas no están enamorados simplemente el uno del otro, sino que también se enamoran de la luna. (En contraste, tenemos al sol de I don´t believe in the sun del primer volumen del fabuloso 69 Love Songs. Parece que Merritt confía más en el misterio que en la claridad solar).  

Ilustración tomada del blog How Fucking Romantic 

  The only stars there really are were shining in your eyes There is no sun except the one that never shone on other guys The moon to whom the poets croon has given up and died Astronomy will have to be revised La segunda canción lunar es Save a secret to the moon, marcadamente bolichera, con un efecto de sonido ascendente que puede llevarnos en un cohete a la luna: Cuando querés a alguien no siempre podés decirle al sol que pronto será el crepúsculo guardate una luna secreta en una habitación oscura. Y la tercera es The dreaming moon, el tema que cierra el disco. Por la temática del amor y la juventud perdidos me recuerda un poco a The Cure: Eramos jóvenes y estábamos enamorados en una ciudad en llamas pero el fuego se fue y ahora estoy solo de nuevo.



El amor pasado es vivido como una ensoñación, en contraste con la fría realidad del presente... 

viernes, 18 de junio de 2010

El amor es un campo magnético

La otra 23

You are a splendid butterfly
It is your wings that make you beautiful
And I could make you fly away
But I could never make you stay
You said you were in love with me
Both of us know that that's impossible
And I could make you rue the day
But I could never make you stay

Not for all the tea in China
Not if I could sing like a bird
Not for all North Carolina
Not for all my little words
Not if I could write for you
The sweetest song you ever heard
It doesn't matter what I'll do
Not for all my little words

Now that you've made me want to die
You tell me that you're unboyfriendable
And I could make you pay and pay
But I could never make you stay.




69 love songs es definitivamente el mejor disco de los Magnetic Fields. La fuente inagotable de la que se nutre para componer semejantes obras es el amor romántico y Merrit hace gala de una inspiración que parece inagotable. En un momento pensó en hacer un disco de 100 tmas, pero parece que la grabadora le dijo que no era posible, entonces optó por que fueran 69, ya que le gusta ese número. El estilo Merritt ya estaba conformado, pero en este álbum se consolida de manera contundente, un estilo que no se ata a ningún género, sino que sutilmente se nutre de muchos. Las 69 canciones son de una belleza difícil de encontrar en el pop actual. Podría escribirse extensamente sobre todas y cada una, pero me voy a centrar en dos canciones por volumen.

Del primero, me gustaría rescatar All my little words: esta canción es la perfección. Desde la hermosa melodía que construye con la guitarra hasta el juego entre la voz masculina, los coros femeninos y el banjo, todo se une de un modo que parece dictado desde el cielo. Una vez más, son las rimas en inglés las que permiten apreciar la musicalidad de sus composiciones. En este caso, es ireemplazable el “China/ North Carolina” (pronúncese “chaina/ north carolaina), que en castellano pierde su gracia. (Fragmento de la nota de Erica vainscheinker sobre Magnetic Fields en La otra 23, ahora en los kioscos).

Las canciones de amor

Dice Dark Lady que el que dio en el clavo acerca de lo que es el amor es el cantante Ian Curtis, con su canción Love will tear us apart. Bueno, yo creo que Curtis fue un tipo de indudable talento, pero su obra se vio póstumamente beneficiada por el marketing del suicidio... ¿para qué? ¿para que nosotros bailemos? ¿para que nos pongamos ropa oscura? Definitivamente el suicida no da en el clavo de lo que es el amor, da en el clavo con el que clava su corazón y se fuga.

Yo prefiero a los cantantes vivos. Y las canciones de amor, no las de suicidio. El día que quiera suicidarme no voy a escuchar ninguna canción. Si ese día llega, y espero que no, solamente me daré a la fuga porque la vida habrá sido demasiado para mí y no querría que con mi triste cara se haga ninguna remera, sepanló. (Fragmento de la nota de O. A. C. en La otra 23).

martes, 13 de abril de 2010

Bafici tierra y cielo



por Dark Lady

Ruhr, de James Benning

La película se divide en dos partes: durante la primera hora, vemos seis planos con cámara fija: una carretera, una fábrica, árboles,una mezquita, una pared con graffitis y una callecita. A esta primera parte yo la llamaría: la tierra. La segunda hora consta solamente de un plano de una gigantesca chimenea que se recorta sobre el cielo azul. A esta segunda parte la llamaría: el cielo.

En la mayoría de los planos la imagen presenta un alto grado de simetría: entre los árboles hay uno que se destaca en el medio de la pantalla, cortándola en dos, por el grosor de su tronco. A ambos costados observamos dos árboles mas pequeños. Las ramas altas del arbol del medio se pierden fuera de campo. En el plano de la mezquita, la cámara está colocada a la altura de la cintura de los concurrentes, a quienes vemos de espalda. Frente a ellos se encuentra el religioso. Cuando los creyentes se incorporan vemos sus espaldas, cuando se agachan, vemos al religioso. De pronto uno comienza a percibir detalles que normalmente no tiene tiempo de ver, por ejemplo cómo la luz se filtra por entre los dos cuerpos. Este efecto de luz también se puede apreciar en el plano de los árboles, cuando sus ramas interfieren la plenitud de la luz.

Constantemente se establece una relación entre la construcción humana y la naturaleza. Uno de los mecanismos de funcionamiento de una máquina en la fábrica recuerda a las olas del mar.

En el plano de la pared con graffitis, un hombre tapa los dibujos con una pintura negra. En un segundo plano vemos unos arbustos a los costados de la pared. Cuando el hombre comienza su tarea de “tapar”, al mismo tiempo “descubre” o devela nuevas formas que se van construyendo.

En la callecita también se juega con lo que aparece y desparece. A los costados de la calle se abren otras calles que quedan fuera del plano, por donde entran y salen personas que caminan, pasean sus perros, viajan en auto. Los cuerpos en movimiento dentro del plano dan lugar a las nuevas imágenes.

En la carretera, los objetos en movimiento entran y salen del cuadro, una hoja por azar atraviesa el asfalto y el campo para perderse irremediablemente fuera del mismo, mientras la cámara sigue estática.

En la segunda parte del film, la longitud del plano nos sumerge en ese humo y ese cielo. Todo es vaporoso, salvo la construcciòn, que por momentos es tapada por el humo. Presenciamos el anochecer, cómo va cambiando de tonalidad el cielo, mientras el humo cambia de color por el efecto del ocaso.

Ruhr es una reflexión acerca del transcurrir del tiempo y de los espacios organizados por una mirada.

viernes, 2 de abril de 2010

Bafici Lady



por Dark Lady

Estas son las películas que quiero ver. Algunas son de directores completamente desconocidos para mí. Unas pocas son los “números fijos”. Luego, a medida que transcurra el festival, iré oyendo recomendaciones e intentando “meter” más en los pocos lugares vacíos que me queden.

La notte quando e morto Pasolini de Roberta Torre: simplemente imperdible la entrevista actual al asesino del caro Pier Paolo, Pino Pelossi, que era menor cuando cometió el crimen y ahora anda por los 50. Tiene una duración de 20 minutos y la dan en una misma función conTogether de Pavel Kostomarov.

Hadewijch de Bruno Dumont: dice el catálogo que es el más bressoniano de los actuales directores franceses. A mí con esto me alcanza y me sobra. Trata sobre la relación entre el mundo medieval y el contemporáneo.

Strange Powers: Stephin Merritt and The Magnetic Fields de Kerthy Fix y Gail O´Hara: a esta sí que le tengo fe. Esperemos que esté a la altura de los Magnetics. Me muero por ver a Merritt en la pantalla grande cantando o respondiendo preguntas irónicamente. Quiero ver cómo se gestó 69 Love songs, uno de los mejores discos de la historia de la música.

Yuki and Nina de Girardot y Suwa: Suwa me había sorprendido hace unos años con Una pareja perfecta. Esta vez presenta este film en colaboración sobre una historia de amistad entre dos niñas de diferentes nacionalidades.



Like you Know it all de Hong Sang-soo: de este director sur-coreano la película que más me gustó fue La virgen desnudada por sus pretendientes. Aparentemente, en este caso también nos encontraremos con un humor sutil entremezclado con encuentros y desencuentros sentimentales. Les recomiendo apurarse a sacar las entradas porque para una de las funciones ya está agotada.

Survival in New York, de Rosa Von Praunheim: si bien nunca vi nada de este director, varias personas me lo recomendaron. Parece que Dein Herz in meinem Hirn, su película sobre el caníbal de Rotemburgo impactó a más de uno. En esta ocasión nos presenta la historia de unas mujeres exiliadas en New York en 1989. Se trataría de un documental, pero ya sabemos que eso no nos dice demasiado.

New York memories de Rosa Von Praunheim: el director regresa a Nueva York 20 años después para reecontrarse con las protagonistas de Survival …al tiempo que pone de manifiesto los cambios que se registran en esa ciudad.

Eighteen, de Jang Kun-jae: es la ópera prima de este director coreano. Trata sobre unos novios adolescentes cuyo amor se ve frustrado por la intervención de sus padres. La elegí porque me gustan las historias de amor en las que solamente una fuerza exterior a la pareja los puede separar. O sea, las historias en donde hay una lucha para permanecer unidos.



The Forest, de Piotr Dumala: de ambientación onírica sobre la relación padre e hijo.

Reading Book of Blockade de Alexander Sokurov: bueno, no es mi director preferido, pero en esta ocasión voy a seguir a la voz de la sabiduría.

Bronco Bullfrog, de Barney Platts- Mills: retrato en blanco y negro de un grupo de adolescentes de la clase baja londinense. Tiene muchos “ingredientes” que me resultan atractivos: el blanco y negro, los adolescentes y Londres.

Ruhr, de James Benning: film en formato digital compuesto de tan sólo siete planos. Este director norteamericano, especialista en filmar "lugares", lo hace por primera vez en Europa.

That´s all de Tizza Covi y Rainer Frimmel: si estos directores logran una cuarta parte de lo que hizo Depardon con su La vida moderna, entonces estaremos ante una de las mejores películas del festival.



Red dragonflies de Liao Jiekai: según el catálogo recuerda a Stand by me, y esta me gustó mucho. Además siempre intento ver algunas de la competencia.

Radio On de Chris Petit: la elegí principalmente por la banda de sonido: Kraftwerk y Bowie. Además es una road movie sobre Londres.

Visage de Tsai Ming Liang: si bien no tengo un buen presentimiento con esta película… ¡es Tsai! Veremos…

Sweetgrass de Illsa Barbash y Lucien Castaing-Taylor: los realizadores de este film son una pareja de antropólogos que en esta ocasión realizaron un documental sobre ovejas que, según dicen, tiene un algo de western.



White Days, de Lei Yuan Bin: ópera prima de este director, la historia se centra en un grupo de amigos que “pasan el tiempo” entre charlas filosóficas y el vacío. En blanco y negro. Dice el mentado catálogo: entre Tsai y Linklater. Veremos.

Police, adjective, de Corneliu Porumboiu: un film sobre las vueltas burocráticas del departamento de policía de Rumania. Está en la competencia internacional.

Les Beaux Gosses, de Riad Sattouf: incluso antes de que Oscar la mencionara, yo ya la había seleccionado como posibilidad. Después lo que escribió en el blog me terminó de convencer.

Jaffa, The Orange´s Clockworkd de Eyal Sivan: este israelí tiene una interesante mirada sobre la relación entre los israelíes y los palestinos. Leí un análisis de su obra en la revista La Otra; también vi su extenso Ruta 181, que me pareció muy productivo para pensar este conflicto.

The Agony and the ecstasy of Phil Spector de Vikram Jayanti: contrapunto entre melodías de la década del sesenta y el juicio al que fue sometido Spector por el asesinato de una actriz. ¿Documental?

miércoles, 24 de febrero de 2010

Desde un bote que naufraga



En mitad de la noche
con un sonido enfermante
este pequeño bote
ha encallado
el mástil está torcido
el casco está quebrado
una marea alta y quedará varado.

Si pudiera caminar, me iría lejos
pero no he dormido desde ayer
la tinta se está hundiendo
la página está borrosa
y no puedo leer ni una sola palabra
pero sé que te amo
sé lo que escribí
mis últimas palabras para ti
desde un bote que naufraga.


(Stephin Merrit, Magnetic Fields, disco: Realism)
Traducción: Dark Lady

lunes, 24 de agosto de 2009

Fiebre en la Trastienda



por Dark Lady

El recital de La Portuaria programado para el 11 de julio en La trastienda se realizó finalmente el sábado pasado, 22 de Agosto. “Brindo por ustedes y porque se terminó la gripe chancha, o quizás nunca existió, no me importa” dijo Diego Frenkel, lider de La Portuaria, a cuatro o cinco temas de comenzado el show.

Siempre es un placer verlos en vivo, encontrarse con ellos en ese paroxismo que se da siempre finalizando sus conciertos (y también acompañarlos en todo el viaje para llegar a ese éxtasis). Esta vez los pude ver a una distancia de dos metros, sentada en una mesa de la primera fila y disfrutando de una copa de vino. La figura de Frenkel se elevaba desde el suelo por la altura del escenario y por la altura de los saltos espasmódicos con que a veces nos hipnotiza, ese cuerpo delgado y fibroso que serpentea. Tiene esa capacidad de convocarte, de atraerte, de seducirte con la emoción en la voz, fuego en el cuerpo y el alma que se asoma a través de su mirada.

En este caso, y como suele suceder en la mayoría de los recitales, empezaron tímidamente con temas que en su gran mayoría eran de su última producción La vaca atada. Como en su recital veraniego en la Costanera sur, quedé encantada con la bailable Chiquitita pegó, en la cual brilló principalmente el baterista de la banda, el “Colo”, quien tocó la canción con los ojos cerrados, como poseído por el ritmo. Otro de los temas al cual le imprimieron mucha onda y groove fue Enero, también de su último disco.

Pero ahí la cosa recién empezaba.

En medio del show, justamente cuando promediaba el super hit Selva, a Frenkel se lo vio molesto porque aparentemente no le funcionaba bien su guitarra. Dejó de cantar y hasta amagó con no tocar más. Se lo notaba enojado. Sus compañeros lo mimaron con sus miradas y con sus palabras. Y Diego volvió. Este incidente duró apenas medio minuto (o quizás hasta menos) pero afectó el desarrollo del show de una forma inesperada. El cantante supo explotar esa bronca y conducir esa energía hacia su performance, que extrañamente a partir de este “inconveniente” se vio favorecida. El tipo despegó.

Cantó La vaca atada y se bajó del escenario para subirse a cantar sobre la mesa donde teníamos el vino. Le corrí la botella para que no se rompiera la cabeza. Fue hermoso tener ese cuerpo eléctrico tan cerca. Volvió a subir al escenario. Se llevó a una niñita de unos diez años a bailar con él unos de sus mejores temas, Baby, del disco Río. La nena estaba chocha y lo seguía a Frenkel al ritmo del acordeón.

Repasaron además algunos de los temas de su disco 10.000 Km, incluída la canción Bajo la piel (uno de mis preferidos). También tocaron los éxitos Devorador de corazones, Nada es igual y El bar de la calle Rodney. El primero de estos temas suelen tocarlo a un ritmo mucho más acelerado que en el disco que lleva su nombre. Entonces Diego se arrojó al público, como una ofrenda.

Gran parte de su cuerpo cayó encima mío. Yo agarré una de sus piernas mientras el sostenía su púa entre los dientes. Todas querían tocarlo y él quería ser tomado por todas. Yo a esa altura hacía rato que, como Frenkel lo pidiera, había “levantado la cola de la silla”.

Cada vez que los veo pienso que sus discos, si bien son muy buenos, son enormemente superados por sus apariciones en vivo. La energía que fluye es impresionante. Sus conciertos tienen un plus que en los discos se pierde. La interacción de ellos en el aquí y ahora y con su público los lleva a otro nivel artístico. os shows de La Portuaria siempre suben la temperatura: “ parece que volvió el verano. En La Portuaria siempre es verano”.


(Este video fue escogido por el editor del blog porque los registros en vivo de La portuaria que hay en youtube tienen un audio muy deficiente)

miércoles, 19 de agosto de 2009

Los suicidas no saben amar


por oac

Dice Dark Lady que el que dio en el clavo acerca de lo que es el amor es el cantante Ian Curtis, con su canción Love will tear us apart. Bueno, yo creo que Curtis fue un tipo de indudable talento, pero su obra se vio póstumamente beneficiada por el marketing del suicidio... para qué? para que nosotros bailemos? para que nos pongamos ropa oscura? Definitivamente el suicida no da en el clavo de lo que es el amor, da en el clavo con el que clava su corazón y se fuga.

Yo prefiero a los cantantes vivos. Y las canciones de amor, no las de suicidio. El día que quiera suicidarme no voy a escuchar ninguna canción. Si ese día llega, y espero que no, solamente me daré a la fuga porque la vida habrá sido demasiado para mí y no querría que con mi triste cara se haga ninguna remera, sepanló.

Hace pocas semanas tuve la suerte de dar con un señor que hace rato que anda por el planeta de la canción, que se llama Stephin Merrit y es el factótum de The magnetic fields. La primera que escuché de él es esta . Merrit tiene también varios proyectos paralelos (The 6ths, The Gothic Archies, Future Bible Heroes) y algunos discos como solista. Con todo esto, parece entregado a la misión de escribir la canción de amor perfecta y yo diría que está a punto de lograrlo. Canciones agridulces, irónicas, ligeramente alegres, bailables, ensoñadas, ingeniosas, doloridas, pícaras y a veces geniales. A él se le ocurró hacer un disco con 69 canciones de amor, 69 Love Songs, porque tenía muchas canciones y el 69 "es un lindo número". Y cinco años después grabó otro disco llamado simplemente i, que contiene 14 canciones cuyos títulos empiezan todas con i (I Die, I Don't Believe You, I Don't Really Love You Anymore, I Looked All Over Town, I Thought You Were My Boyfriend, I Was Born, I Wish I Had An Evil Twin, If There's Such A Thing As Love, I'm Tongue-Tied, In An Operetta, Infinitely Late At Night, Irma, Is This What They Used To Call Love, It's Only Time). Estas podrían ser bromas de un excéntrico si no fuera que sus canciones son casi todas tan bonitas que en cada una de ellas dan ganas de quedarse a vivir para siempre.

Lo que Merrit parece comprender es que ese sentimiento resbaloso y molusco al que suelen llamar el amor es materia inagotable con la que llenar nuestros malos días tanto como nuestros días buenos. Por ende con él pueden hacerse una cantidad innumerable de canciones, muchas más que las que podrían hacerse con cualquier otro tema de la vida del hombre. Sufrir con canciones de amor es cosa muy linda.



Musicalmente, Stephin puede moverse con comodidad entre el synth pop y un folk despojado, con mandolinas, banjos, acordeones, cellos y xilofones, a veces puede sonar un alocado euro-disco y otras una música de cabaret grabada en baja fidelidad. Tiene Merrit un problema de audición que lo hace padecer de los volúmenes muy altos, por lo cual ciertas canciones que en sus discos reciben un tratamiento "wall of sound" u otras que evocan a las guitarras distorsionadas de Jesus & Mary Chain, cuando las toca en vivo las reduce a su esquema acústico. Como el estruendo lo daña, si el público lo aplaude mucho se lleva inmediatamente las manos a los oídos. Y las canciones son tan buenas que conservan su encanto en esta forma o en la otra.

La extraña eficacia para hablar del amor que tiene Merrit se realza en su idioma original, por la cadencia precisa con que mete las palabras justas, arte en el que guarda cierto parentezco con Leonard Cohen.

Hizo tantas canciones bonitas, me gustan tanto, que podría estar posteando y/o pasando en la radio a razón de seis por semana sin repetirlas, hasta el día que yo cumpla 64, que es cuando pienso dar por terminada La otra. Así que los lectores del blog y los oyentes de radio sepan que van a toparse seguido con The Magnetic Fields si siguen viniendo.

Ahora les dejo una de las mejores canciones que hizo Merrit, publicada en el primero de los tres discos que componen 69 Love Songs. La canción se llama El libro del amor.



The book of love is long and boring
No one can lift the damn thing
It's full of charts and facts and figures
And instructions for dancing but

I...
I love it when you read to me and
You...
You can read me anything

The book of love has music in it
In fact that's where music comes from
Some of it is just transcendental
Some of it is just really dumb but

I...
I love it when you sing to me and
You...
You can sing me anything

The book of love is long and boring
And written very long ago
It's full of flowers and heart-shaped boxes
And things we're all too young to know but

I...
I love it when you give me things and
You...
You ought to give me wedding rings
I...
I love it when you give me things and
You...
You ought to give me wedding rings

La versión de The Magnetic Fields parece difícil de superar, pero nada menos que Peter Gabriel grabó otra, de muy distinto carácter que la original, pero también muy bella. Además este youtube tiene la ventaja de intentar una traducción al español, lo que me exime de una tarea de la que es difícil salir bien parado:



A Dark lady, a pesar de estar tan equivocada en los asuntos musicales, debo agradecerle que me haya bajado unos cuantos discos de Magnetic Fields. Lástima que, aparte de tomarse el trabajo de hacerlo, no abra un poco las orejas. Buenos días.

domingo, 5 de abril de 2009

Bafici: la caída del espectador indignado


Delta

por Dark Lady

Shirin de Abbas Kiarostami

¡Cuánta gente se fue del cine!

Uno de los que intentaba huir despavorido dijo al pasar: "para que me cuenten un cuento me quedo en mi casa". Y del apuro se cayó de la escalera: me gustó que se haya caído…

Lo que el muchacho no pudo ver es el juego que establece el director iraní con el espectador, que en este caso es un espectador doble: los rostros y las miradas de esas mujeres que aparecen en la imagen y nosotros mismos que las observamos. Pero, al tiempo que se desdobla, el espectador se desdobla también la mirada: las mujeres iraníes miran la obra que se desarrolla frente a sus ojos (el fuera de campo que nos está vedado) pero al mismo tiempo su mirada atraviesa la pantalla y nos convoca a nosotros, ya que eso que no podemos ver lo vislumbramos solamente a través de los ojos de ellas.

Todo esto podría ser simplemente un juego de espejos superfluo, pero casi me hace recordar a Las Meninas. Un film que reflexiona sobre la mirada con humanidad, precisión y belleza.


Delta, de Kornél Mundruczó

El director de este film húngaro agradece la colaboración de nuestro ya conocido Bela Tarr, cierto aire de familia tienen. Además fue rodada en cuatro años, ya que el actor principal falleció y tuvieron que rodar todo nuevamente. Qué ironía que el protagonista del film también termine muerto. Una película bellamente filmada y narrada con imágenes sobrecogedoras de la naturaleza. El río que parece ser un personaje más. Una historia de amor prohibido (las mejores) entre dos hermanos que se reencuentran después de muchos años. Reflexión sobre las leyes humanas y las leyes naturales. Una película muy disfrutable con una música que no sé si era de viola o de violonchelo, que junto con las imágenes del Delta hacían que ciertos momentos se elevaran hacia la poesía. Desde el principio de este Bafici esta película fue mi pálpito y no me arrepiento.


Shorei x, de Kohki Yoshida

Un film japonés que es un ensayo sobre la cotidianeidad y la repetición.

Los silencios y los gestos invariables: el fumar, el abrir y cerrar la puerta de la heladera, el comer. Todo transcurre en esa cocina de dos por dos, entre una madre y un hijo. La ternura se filtra sin querer en medio de tanto automatismo. Dentro de la repetición siempre hay una variación, aunque sea mínima, que nos hace recordar nuestra humanidad.


River of grass, de Kelly Reichardt

Film de 1994, el primero en la carrera de esta excelente directora estadounidense, es como su última película, la entrañable y angustiante Wendy and Lucy, una road movie fallida: los personajes no pueden pasar el peaje… ¡porque no tienen 25 centavos! El problema del dinero también es central en su última película.

Utiliza una voz en off cuya función no es la de explicar todo al espectador, sino la de establecer un diálogo interno consigo misma y al mismo tiempo hablarnos desde una interioridad verdadera. Utiliza muy bien otros formatos. Hay mucho para decir, pero ahora me tengo que ir a ver otra película. ¡Ah!, me hizo acordar a Tarnation.

miércoles, 1 de abril de 2009

Bafici: A l`ouest de Pluton



Por Dark Lady

Si bien estoy de acuerdo con la idea de que el mundo en el que vivimos no es una realidad “neutra”, de que es una realidad política, y he leído lo que sobre el tema (concepto de hegemonía) han escrito con tanta lucidez Gramsci y Pasolini, sin contar a Bajtín; y estoy de acuerdo, además, en que el cine que refuerza o convalida un cierto estado de las cosas es en este sentido nefasto… yo me pregunto:

Ayer a la noche vi en el Atlas Santa Fe 2 (el de abajo) la película quebequense (¿será así?) Al oeste de Plutón. Me pareció mala. Sus protagonistas, unos adolescentes aburridos, medio bobos, a pesar de la supuesta individualidad que los directores quieren marcar -el “sensible” o el “langa” o la “fácil”, etc.-, en definitiva se parecen unos a otros; todos estos bobos que de alguna manera parecen no adaptarse, como dijo Pasolini, son doblemente adaptados, su desobediencia es una falsa desobediencia. Lo que yo creo es que esto mismo les pasa a estos directores, que hicieron una película tan pretenciosa y tan parecida a Belleza Americana, con esas “críticas” al sueño americano (o al sueño canadiense), con unos acercamientos de cámara a los cuerpos y rostros que algún distraído podría poner en paralelo con Gus Van Sant. La estructura de la película y el funcionamiento de la cámara, tanto como las pequeñas historias que se narran, parecen querer realizar esta crítica a la “normalidad”, pero lo hacen de una forma tan directa, y encima pretendiendo ser “experimentales” y “arriesgados”, que para mí resulta algo mucho peor que The man who loved Yngve (película de la cual disfruté mucho su excelente música y su pelirrojo protagonista), un film “común”, ni mejor ni peor que cualquiera. No me gustaron ninguna de las dos. Me parece que las dos están mal. Creo que Al oeste de Plutón termina reforzando más lo que critica tan burdamente.

No sé cuánto se entiende de lo que dije (está escrito a las apuradas). Espero olvidar este mal trago con el bello Kiarostami.

domingo, 29 de marzo de 2009

Bafici: The dark harbor



por Dark Lady

(Sobre The dark harbor, del japonés Naito Takatsugu)

Los paralelismos que establece el catálogo del Bafici son realmente engañosos. Yo iba dispuesta a ver a un Kitano de segunda categoría que durante toda la película traté de encontrar, en vano. En realidad, fue mejor.

Esta es una comedia romántica, que de fantasmas no tiene nada, como se andaba diciendo por ahí. Quizás lo dicen por la imagen en video que aparece de la “chica” y de su tierno hijo, en el sentido de que toda imagen que aparezca en algún tipo de pantalla es fantasmática, pero yo diría que es más bien realista, ingenuamente realista. También puede que lo digan porque ella se esconde con su hijo en un armario, pero creo que en este caso estamos hablando de eso: una muchacha y su hijo escondidos en un armario.

El protagonista es un pescador medio tarambana que lo único que desea en su vida es encontrar una esposa. De hecho, puede ser cualquiera. En el fondo, a pesar de la rosa que siempre lleva prendida en el ojal, este hombre está lejos de ser uno de esos románticos que esperan a su media naranja. No. Lo que el quiere es tener una esposa.
Cuando finalmente encuentra a “alguien”, la chica escondida en el armario, se enamora perdidamente en el instante y le propone quedarse a vivir con el y con el hijo de ella. Mediante un engaño, ella se escapa, parece que con un surfer bien parecido, y abandona a su propio hijo y al pescador, quien adopta al niño.
A quien tenía que unir el destino era a un padre sin hijo y a un hijo sin padre.
La película tiene lo suyo: buen manejo de los flashbacks, pocas palabras y a veces algunos gags bastante cómicos.

En lo que flaquea bastante es en la utilización de esos cortes donde se empalma una imagen con la siguiente de forma que el corte se note pero quede “sutil”. Se lo usa, por ejemplo, cuando el pescador está cenando solo. La cámara no se banca el tiempo de esa soledad, y tiene que pasar a otra cosa. No está bien que en el catálogo diga que es una película que aprecia los “pequeños detalles” de esta vida. Si así fuera, entonces podríamos observar realmente cómo se sienta solo a comer la cena, y experimentar esa duración y esa soledad.

domingo, 1 de marzo de 2009

Vamos a matarnos, baby: La Portuaria en la Costanera

Por Dark Lady

El sábado se presentó en la Costanera Sur La Portuaria. Los teloneros fueron La Cossa Mostra, un grupo que podríamos encuadrar dentro de una tendencia punk, liderado por Paula Maffía en voz que tocaron canciones que pasaban de la quietud reposada a la explosión punk dentro de un mismo tema. En este sentido, me hacían acordar un poco a Nirvana, y antes que ellos, a Pixies (con toda la distancia que existe entre ellos, entre los tres digo).

Pero el plato principal empezó cerca de las 21:30.

La Portuaria abrió con el último tema de su último disco, La vaca atada, titulado “Enero”, que nos sitúa de lleno en el centro del verano en la ciudad.

La voz líder de la banda, el lúdico Diego Frenkel, comenzó más bien tímidamente, pero a medida que transcurría el recital se soltaba cada vez más, hasta llegar al paroxismo. El muchacho fue entrando en calor y el público con él. Esto se traducía tanto en su actitud corporal como en el alcance, sonoridad y expansión de su voz.

En las casi dos horas que tocaron, pasaron por el escenario como músicos invitados el cantante y compositor emo/ folk Lisandro Aristimuño, la propia Paula Maffía (juntas cantaron “Dios”, un excelente tema de Huija, juntos y compenetrados entre ellos y con la gente).

Además se presentó en el escenario Fernando Ruiz Díaz una “voz dura del rock” -como lo presentó el mismo Frenkel- con el cual interpretó el hit “Devorador de corazones” en uno de los momentos más potentes de la noche. El cantante de Catupecu Machu arengaba a las masas de todas las formas posibles: voz, palmas, saltos, gritos, etc. En este sentido, cuando casi al final del show Frenkel llamó a sus tres invitados juntos al escenario, Ruiz Díaz contrastaba, tanto en lo visual como en lo vocal con el tímido Aristimuño, quien cubría su rostro con un sombrero, mientras su voz sonaba también demasiado atrás, tapada por la “hard voice” del líder de Catupecu.

La Portuaria cumplía 20 años en la música y sus fans les cantaron (cantamos) el feliz cumpleaños. Recorrieron prácticamente todos sus discos, con un groove, una sutileza y una energía que nos dejó queriendo más.

Entre sus hits, tocaron “Baby” y “El bar de la calle Rodney”. Se destacaron la hermosísima y poética “Mira las nubes” de su segundo disco, Escenas de la vida amorosa, y dos de los temas más “arriba” de su último disco, “Chiquitita pegó” y “Amanece en la ciudad”: imposible no bailar al ritmo que le imprime el Colo en la batería con la ayuda de la trompeta.

Cerraron con su archi hit “Selva”.

Me fui entre exaltada y emocionada, esperando con ansias el próximo show de esta banda que todavía nos promete muchas noches de calor.









Baby - La Portuaria

viernes, 14 de noviembre de 2008

El sueño de las 4:13 el lunes a las 0:01



Por Erica Vainscheinker

El viernes 7 de noviembre se puso a la venta 4:13 dream , el nuevo trabajo de The Cure. Este disco tan esperado por los fans, es lo nuevo de los ingleses después del tan criticado The Cure del 2004.

Nuevamente, como a lo largo de toda la historia de la banda, Robert Smith oscila entre el romanticismo melancólico, su develamiento como ilusión, la desgarrada desesperación que esto genera, y el anhelo de recordar aquel bello y joven tiempo pasado.

Me emociona saber que todavía existe su voz.

Este domingo a la medianoche (0:00 del lunes, FM La Tribu, http://www.fmlatribu.com/) en La otra.- radio, escucharemos algo de La Cura.