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miércoles, 15 de abril de 2026

Clavicular, looksmaxxing y sumisión viril



Clavicular (nombre real: Braden Eric Peters, nacido el 17 de diciembre de 2005) es un streamer e influencer norteamericano que se hizo conocido en 2025 en plataformas como Kick y TikTok. Es una figura bastante conocida en un nicho específico de las redes sociales, el llamado looksmaxxing, un subgénero de la manosphere o esfera masculina online ligada a la subcultura incel, que consiste en obsesionarse con maximizar el atractivo físico a toda costa. Clavicular es considerado el rostro más conocido de este movimiento. 

El muchacho tiene aproximadamente un millón de seguidores combinados entre plataformas, una audiencia sólida y leal, sobre todo entre varones jóvenes. Sus contenidos incluyen rutinas extremas de “mejora corporal”: inyecciones de testosterona y esteroides desde los 14 años, “bone smashing” (golpearse la cara con un martillo para “mejorar” los pómulos y mandíbula), lipodissolve (inyecciones para disolver grasas corporales), metanfetaminas para mantenerse delgado, cirugías estéticas, etc. El algoritmo amplifica su contenido porque genera compromiso extremo (shocks, debates, viralidad). Es una modalidad de la subjetividad aceleracionista aplicada a varones jóvenes.

Clavicular protagonizó en los últimos tiempos streamings en vivo muy caóticos en Miami y otras ciudades, basados en burlarse de la apariencia de otros varones (“mogging”), denostar la psicología femenina y otros temas controvertidos ligados a la apariencia corporal. Es un contenido sin filtro que genera en sus espectadores tanta admiración como odio. Fue arrestado en marzo de este año porque instigó a una pelea entre dos mujeres y luego subió el video a las redes. Finalmente hace pocas horas fue hospitalizado por efecto de una presunta sobredosis durante un stream en vivo. Es público y notorio que estuvo combinando esteroides, estimulantes y otras drogas en contextos no supervisados. La hospitalización por sobredosis es el resultado previsible de ese estilo de vida que él mismo vende como optimización. 


"Mogging": la palabra proviene del acrónimo AMOG (Alpha Male of the Group, Macho Alfa del Grupo"). Es un hábito misógino basado en un darwinismo social extremo presuntamente dirigido a volverse "atractivo". No es autoayuda: es una performance de autolesiones que se justifica como de empoderamiento masculino. Algunos especialistas en salud mental lo consideran una forma de dismorfia corporal inducida por las redes sociales: jóvenes vulnerables, teenagers o veinteañeros, que se convencen de que su único valor personal se reduce a métricas faciales y corporales y que cualquier medio, por dañino que sea, está justificado. 

No todos sus seguidores llegan a estos extremos, la mayoría se frena en el gimnasio o el cuidado obsesivo por la piel (skincare), pero la comunidad looksmaxxingn normalizó prácticas que antes se consideraban borders o  peligrosas. Cuando un influencer joven las propone como modelo ético (“esto es lo que hay que hacer para no ser un loser”) el riesgo de imitación existe y ha sido registrado. 

La fama de Clavicular es un ejemplo típico de cómo internet premia la extremidad, la vulnerabilidad y el espectáculo autodestructivo. Su reciente hospitalización no es un accidente sino la lógica interna de la marca que él mismo construyó. La mayor paradoja del fenómeno looksmaxxing encarnado por Clavicular -y en general por la manosphera- reside en su núcleo estructural: una hiper-performace de masculinidad que, en lugar de dirigirse hacia la seducción real de personas (hétero o homosexuales), culmina en un ejercicio de violencia simbólica y física contra el cuerpo propio y contra lo femenino, en un bucle de exhibición y validación online.  

El desprecio explícito hacia las mujeres se expresa con una jerga esepcífica: “foids” (femoides, androides femeninos); “targets” (mujeres a las que se señala como objeto posible de agresiones digitales o físicas, doxeo, amenazas, acosos); “slayables”: categoría que señala a mujeres "merecedoras" de ser agredidas, asesinadas o violentadas; proviene del verbo inglés slay en el sentido literal de "matar" o "aniquilar". Estos términos aparecen en manifiestos o foros virtuales en los que se promueve la violencia como una respuesta justificada contra las mujeres por parte de varones jóvenes que sufrieron -o se anticipan a- un rechazo.   

El verdadero público al que apunta esta masculinidad performática son otros varones. Se trata de competir, superar visualmente y humillar a un semejante. El logro consiste en que esos hombres se sientan inferiores en la jerarquía masculina, como compensación de una masculinidad muy insegura. Existe un componente homoerótico reprimido: la mirada obsesiva se posa sobre cuerpos y rostros masculinos, se miden ratios, se clasifican en escalas PSL (subhuman /normie /Chad /giga-Chad). Es un ascenso entre varones. Clavicular admitió en entrevistas su desdén por el acercamiento real a las mujeres: prefiere figurarse que podría tener sexo con una mujer antes que lograrlo efectivamente. El trofeo es la dominación visual, no el encuentro sexual, sea hétero u homo.

Hay un principio que regula este mix entre la obsesión por la apariencia masculina y el odio misógino: masculinidad performática / repudio de lo femenino. Es la versión cercana al colapso de lo que es habitual en redes como Instagram o TikTok: el cultivo de la imagen personal en función de su exhibición, una narrativa cotidiana y creciente de "superación" de las medidas anatómicas (musculatura inflada, bajo nivel de grasas), la inexplicable alteración cirúrgica de rasgos faciales en rostros muy jóvenes, desligada de cualquier intento de seducir. Se autopercibe como masculinidad aunque en realidad se trata de una violencia contra los cuerpos, el propio y los que son burlados por no adecuarse a esa virilidad performática. Es una masculinidad hueca: inflada, esterilizada, desconectada de cualquier relación real. No busca seducir sino borrar cualquier rastro de vulnerabilidad asociado a lo femenino. 

¿Cual es el objetivo buscado?

La recompensa llega por el lado de la exhibición como producto y la valorización algorítmica. En la economía de la atención, el cuerpo se convierte en un espectáculo permanente. El “hardmaxxing” extremo (martillazos, esteroides desde los 14 años, metanfetamina, cirugías) genera views, likes, suscriptores, cursos pagos. La autolesión se disfraza de tenacidad, disciplina, progreso constante (“yo sí me sacrifico; los demás son débiles”). La meta es el aumento infinito: siempre se puede “maxxear” más. En vez de encarar el miedo a la intimidad, la vulnerabilidad o el rechazo, se manipula lo que se tiene a mano, el cuerpo (“controlo mi cuerpo, luego controlo mi destino”) y se construye la selfie. El éxito de tanto esfuerzo se compensa con la monetización, el capital monetario y de estatus generado por la performance.

Clavicular no busca pareja, familia, ni placer sexual real. Busca ser el giga-Chad definitivo ante la mirada de otros hombres y del algoritmo. El cuerpo se convierte en un lienzo de violencia ritualizada y la misoginia es el barniz ideológico que justifica esa violencia. La masculinidad hiperbólica llega al absurdo porque no tiene adónde ir. No lleva a la conexión, mucho menos a la felicidad. Lleva al hospital, a una espiral de dismorfia, aislamiento y autodesprecio. Propone una sumisión total ante la mirada más cruel posible: la de la prevalencia masculina.

En las redes hay millones de varones jóvenes que no llegan al extremo del colapso de Clavicular pero cultivan los mismos valores con moderación: centran su estilo de vida en ir al gimnasio, aumentar el volumen torácico, los glúteos, el peso muscular, bajar a un mínimo la grasa corporal y someterse a dietas obsesivas dirigidas a estos controles, mientras escriben en sus propias cuentas una narrativa acerca de su metamorfosis cotidiana, que se recompensa con un aumento de likes y views y la consiguiente monetización. 

En los últimos años estas conductas crecieron entre varones jóvenes. En los 2000s la presión corporal extrema estaba fuertemente feminizada: delgadez patológica, bulimia, anorexia y cirugías con sustancias tóxicas eran el dominio casi exclusivo de las mujeres, impulsadas por revistas, pasarelas y la televisión. Los varones podían tener ideales atléticos pero aún no obsesivos. Hoy el panorama se invirtió: la dismorfia muscular o bigorexia —obsesión por no ser lo suficientemente musculoso— aumentó drásticamente en adolescentes y varones jóvenes. Las hipótesis de investigación vinculan este giro al auge de las redes sociales y los influencers fitness. Ya no es “cosa de chicas”: las cirugías y mutaciones estéticas en varones registran un aumento sostenido. Los más demandados: rellenos dérmicos de labios, pómulos y mandíbulas, la inyección de ácido hialurónico, Botox e implantes en mejillas. Los procedimientos invasivos en varones subieron un 27 % en 2024. La mayoría de pacientes nuevos son menores de 35 años. 

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No importa adónde llevan su cuerpo sino que lo hacen para cobrar dinero. Ahí parece haber un imperativo que pueden exhibir con orgullo, en función de la ideología dominante: "hago cualquier cosa: someter mi cuerpo, rasgar mi lozanía, forzar mi anatomía, desfigurar mi cara, atentar contra mi fisiología con tal de ganar seguidores, views y por consiguiente monetizarme, convertir mi imagen violentada en una empresa". En la economía de creadores de contenidos (OnlyFans, TikTok Shop, Instagram), el algoritmo premia la transformación extrema y constante. La narrativa “de perdedor a Chad” genera un compromiso intenso. La justificación “lo hago por plata” se vuelve un escudo perfecto: permite a varones heterosexuales hacer queerbaiting, contenido gay-for-pay, sin que nada cuestione su identidad. El mismo argumento lleva a los incels a exhibir sus mutaciones anatómicas para elevarse ante la mirada de otros varones: es un patrón común a estas subespecies. Es un modelo neoliberal puro: el yo se convierte en capital. La salud, los rasgos personales, la lozanía natural, la sexualidad deseada o la intimidad real quedan subordinados al ROI (retorno de inversión) de la imagen. Cualquier otro objetivo (seducir, estar sano, tener amigos, desarrollar un talento no corporal) suena débil o poco ambicioso dentro de esta lógica.

Las mujeres (“foids”) son objetos de desprecio y resentimiento, no de deseo; el sexo con ellas se ve como validación de estatus, no como fuente de placer mutuo. Los hombres (gays o héteros) son competencia o espejo de comparación. La única satisfacción reside en la dominación visual (mogging a otro varón). El cuerpo propio se violenta no para sentirse mejor ni para ser deseado sino para cautivar la mirada de otros hombres y acrecentar el algoritmo. La ideología blackpill es nihilista: el mundo es una jerarquía genética cruel donde el éxito es visual y competitivo. La homofobia mantiene el límite de una masculinidad que irónicamente emula prácticas estéticas asociadas culturalmente con circuitos gays, sin admitir nunca el deseo ni el placer.

 

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¿Es posible encontrar un patrón común entre el aceleracionismo como posición de fuga permanente hacia adelante del despliegue tecnológico que conduce al colapso ambiental y social, con el looksmaxxing como aceleracionismo de una masculinidad imposible?

El aceleracionismo (Nick Land, CCRU, y sus variantes NRx, aceleracionismo de derecha) propone no resistir el capitalismo, la tecnología o las fuerzas desterritorializantes, sino acelerarlas. La idea es que el sistema contiene su propia lógica destructiva; hay que intensificarla para que implosione y dé paso a algo nuevo, la singularidad, el colapso o un “nuevo comienzo”. En su versión reciente, el transhumanismo de élites según Peter Thiel. Como proceso de optimización indefinido, el resultado previsible es el colapso ambiental, social y humano.

El looksmaxxing es el aceleracionismo corporal y de género. La masculinidad se degrada a un sistema optimizable infinito (más mandíbula, más clavículas, menos grasa, más músculos, más esteroides, más nalgas, más bone smashing). Nunca es suficiente: el mogging es insaciable, siempre hay otro “giga-Chad” que te supera. Es un aceleracionismo de rasgos masculinos que expulsa cualquier resto femenino o “débil”.

Se usa tecnología y biohacking exactamente igual a como el aceleracionismo acelera el capitalismo. En los foros de looksmaxxing se usa la palabra accelerationism para describir esta escalada. Clavicular mismo se presentó en algunas entrevistas como “an accelerationist in what I do”, en su carrera sin freno hacia la optimización corporal. También existe el concepto explícito de blackpill accelerationism: una variante nihilista donde la desesperación se acelera para precipitar el colapso personal. Los memes y videos de TikTok lo narran como “si nada se puede redimir, la única acción creativa es la negación” o "acelerar la crisis hasta que todo se rompa". 


El looksmaxxing es el aceleracionismo aplicado al cuerpo y al género en la era de las plataformas: una fuga hacia adelante que promete “ascensión” pero solo entrega sumisión y quiebre. Clavicular es el extremo visible. Millones de jóvenes que “solo van al gym” son la versión moderada de la aceleración viril.

lunes, 15 de octubre de 2018

El multitudinario encuentro de mujeres en Trelew fue reprimido por la acción coordinada de la policía, la gendarmería y grupos de fascistas y evangelistas


Este fin de semana se llevó a cabo el 33º Encuentro de Mujeres en la ciudad de Trelew. El Encuentro tuvo su punto culminante el domingo con una enorme marcha de 50 mil personas a lo largo de 30 cuadras, la manifestación más multitudinaria que esa localidad patagónica haya conocido jamás. Las chicas desbordaron la capacidad hotelera de la ciudad. También se alojaron en escuelas, salones, sindicatos y casas de familia.

El reclamo por el aborto legal, seguro y gratuito fue la consigna más coreada, pero también se enarbolaron carteles que pedían justicia por los asesinatos de Santiago Maldonado y Rafael Nahuel. El repudio a la criminalización del pueblo mapuche fue uno de los motivos por los que este año el Encuentro se hizo en esta región y uno de los ejes de la convocatoria fue “Memoria ancestral, plurinacional”. Las mujeres de los pueblos originarios que asistieron al encuentro cantaron “ole, ole, que el Encuentro sea plurinacional”.

También se movilizó una gran cantidad de estudiantes secundarias de colegios como el Carlos Pellegrini, Nacional Buenos Aires, Julio Cortázar, entre otros. La columna de las secundarias marchó delante de la Federación Universitaria de Buenos Aires (FUBA) y atrás de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA). Esta presencia juvenil marca la masiva integración de las generaciones más jóvenes al movimiento feminista argentino.

Durante el fin de semana se hicieron 73 talleres en los que se debatieron las formas de encarar las luchas por el aborto legal, el activismo gordo, el trabajo sexual, las mujeres originarias, contra la violencia machista, el acoso y los travesticidios.

Esta capacidad de organización y movilización creciente despierta reacciones violentas en grupos machistas, fascistas y y también entre integrantes de las iglesias evangélicas más retrógradas. No por casualidad las chicas repudiaron especialmente la figura de Jair Bolsonaro, cantando "Ele Nao".

Ya desde la noche del sábado empezaron las provocaciones de los fachos, que contaron con la complicidad de las fuerzas represivas que dejaron zonas liberadas para habilitar las agresiones:


Anoche los sectores fascistas y evangélicos, furiosos por la enorme convocatoria, redoblaron sus hostilidades. Al concluir la marcha, la policía provincial y la gendarmería nacional se sumaron a la violencia antifeminista, disparando balas de goma y golpeando a las manifestantes. Detuvieron a 23 mujeres y las alojaron en la Alcaidía Soberanía Nacional 1350/1448. Durante largo rato los represores retacearon información sobre la identidad de las detenidas. Mientras tanto, en las calles céntricas de Trelew grupos de hombres de civil golpeaban a las manifestantes, en acción coordinada con los represores.




Desde la Comisión Organizadora Encuentro de Mujeres hicieron responsables al gobierno de Mariano Arcioni y a su ministro de Gobierno, Federico Massoni por los hechos represivos que se sucedieron en el centro de la ciudad. El colectivo feminista denunció que “se dispusieron fuerzas represivas de Infantería, Policía Montada y Gendarmería para reprimir al cierre de una marcha que había recorrido la ciudad, en tranquilidad y alegría. Una vez más, las fuerzas de Seguridad y el aparato represivo estatal se entrometen para empañar los encuentros del movimiento de mujeres".

Una de las chicas asistentes lo relató así en su cuenta de twitter:

"Sin dudas estamos viviendo la noche más tensa de las escuelas en Trelew. La noche del sábado apedrearon el edificio y la policía ausente. Conste que adentro tenemos bebés y menores de edad. Hoy domingo, Página 12 hizo pública la sospecha de que estamos en zona liberada. A las 20 hs abrió la escuela, y vivimos varias situaciones violentas. En la primera, un varón subió la reja de la entrada y le robó el celular a una niña de nueve años que estaba en el frente del edificio. Más tarde, enfrente, asaltaron a una compañera apenas bajó del taxi. Aumentó la frecuencia de los piedrazos, y entre gritos y motores se fue sumando cada vez más gente al baile mientras avanzaba la noche. No estaban organizados ni eran muchas personas. Durante el amedrentamiento, tuvimos que estar al tanto de la llegada de las compañeras restantes. A eso de las 23 hs llegó la primer y única patrulla hasta ese momento. Atendieron un conflicto entre vecinos a la esquina pero no nos socorrieron, incluso habiendo intervenido dos compañeras exponiendo su integridad. Al rato llegaron las patrullas que pedimos con las compañeras luego de que se nos cagaron un poco de risa. Finalmente arribó infantería. La situación se intentó regular a los tiros; una ironía repugnante. Nosotras mirábamos, sin respirar, desde el hall de entrada. Durante la noche continuó la violencia hacia nosotras de forma pausada y tuvimos que bancar la situación adentro. La yuta buscaba la vuelta para sacarse la responsabilidad de encima. Nos insistieron con movernos a otra escuela que quién sabe cuán lejos quedaba, como si tuviésemos ese poder. Al rato, la Comisión Organizadora propone lo mismo, pero no da el tiempo. No contábamos con seguridad para trasladarnos. Los policías nos dijeron -en tono chicanero- que la Comisión Organizadora estaba al tanto de la inseguridad del barrio y decidieron avanzar con el hospedaje. Hoy nos encontramos expuestas al desenfreno de esta violencia ejercida por el conservadurismo local y su influencia sobre los vecinos. Imagínense que en la entrada de la escuela hay pintada una silueta de un milico. El lugar no estaba apto para alojar gente y muchas compañeras pateamos de noche para volver a dormir. Ahora, 3.30 de la mañana, estamos esperando novedades de las compañeras de San Luis detenidas y recuperándonos con risas del mal flash".


Otra chica contó en su cuenta de twitter: "Vimos que a una compañera la estaban arrastrando y me arrastraron. Abrieron un matafuegos y me dieron en la cara. Me decía una policía que ya no era tan vivita. Me pegaron y me llevaron a un callejón. Había gente filmando en un local de comidas. Grité mi nombre".

jueves, 30 de enero de 2014

Puta fama: Julia Mengolini está chocha con la nota contra la cumbia que publicamos el miércoles


No sabemos si la feminista de Duro de Domar también celebra la conversación entre dos dirigentes nac&pop para ver si le permiten a una compañera tomar vino con fanta.


CHE CUMBE PUTA FAMA from Cumbiemoselmundo on Vimeo.