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jueves, 9 de enero de 2025

Popular tradición de esta tierra


 


Otra paradoja se vincula a la tensión que logra establecer entre tradición e innovación: a pesar de que el motivo manifiesto parece conducir a la busca de un tiempo perdido (Corsini, el gaucho, el ombú), creo que finalmente los planos finales de sus películas (la chica en silencio al final del primer Corsini, el chico y el perro al final de Clorindo Testa, las figuras icónicas de Dacal y el propio Llinás recortados en el cielo pampeano) señalan no hacia el pasado argentino sino hacia nuestra contemporaneidad. Por eso no me parecen en ningún caso películas nostálgicas sino promisorias de las nuevas posibilidades de filmar la cuestión argentina.

Popular tradicion de esta tierra entona una lírica del paisaje pampeano como cifra del extravío argentino, justo en el mismo año en que @andres_di_tella da a conocer su Mixtape La Pampa. En un caso Ignacio Corsini, el italiano que canta canciones pamperas,en el otro Guillermo Enrique Hudson, el gaucho argentino que termina siendo un escritor inglés, dos enigmas para interrogar la identidad argentina. Nunca antes el cine de Di Tella y de Llinas estuvieron más cerca.

martes, 24 de diciembre de 2024

¿Qué nos pasa con las canciones?

Patologías Culturales - Programa del 21/12/2924: el cine y las canciones populares


En el último programa de Patologías Culturales (FM La Tribu, sábados a las 18 hs) Maxi Diomedi y Oscar Cuervo estuvieron conversando de:

- El cine argentino en 2024, con especial referencia a las recientes películas de Raúl Perrone (Solo qu3r3mos un poco de amor), Mariano Llinás (Popular tradición de esta tierra) y Andrés Di Tella (Mixtape La Pampa). La calidad de estas películas se destaca en un momento especialmente incierto para las perspectivas del cine argentino, a raíz de la posición abiertamente hostil asumida por el gobierno mileísta, ensañado especialmente contra la creación cinematográfica. 

- La gravedad de esta situación encontró una interesante respuesta en un grupo de cineastas que se autoconvocaron para organizar Contracampo, una muestra de películas argentinas de producción reciente llevada a cabo hace pocas semanas en forma paralela a un degradado Festival de Cine de Mar del Plata. En Patologías resaltamos el caracter auspicioso de esta manifestación cinematográfica colectiva para responder al ataque del mileísmo.

-Practicando poéticas muy diversas, las recientes películas de Perrone, Llinás y Di Tella tienen un inesperado recurso en común: las tres construyen su itinerario narrativo a partir de canciones populares.

- Filosofía de la canción moderna: el libro de Bob Dylan. Dice Bob:

"...la música es un ámbito donde el conocimiento no desentraña el misterio. De hecho, puede argumentarse que cuanto más sabes de música, menos la entiendes. Tomemos a dos personas: una estudia la teoría del contrapunto, la otra llora cada vez que escucha una canción triste. ¿Quién de los dos comprende mejor esa música? ...

"Y luego están las letras... a menudo, al verlas impresas se antojan poca cosa, es difícil creer que puede haber una canción ahí.

"Pero es importante recordar que esas palabras se escribieron para el oído y no para la vista. Como sucede en la comedia, donde una frase aparentemente banal puede transformarse en humor por medio de la interpretación, algo inexplicable ocurre cuando las palabras se acoplan a la música. El milagro está en la fusión. ...

"Algunos llamarían química a ese emparejamiento, pero la química parece demasiado basada en la ciencia y, por tanto, replicable. Lo que pasa entre las palabras y la música es más afín a la alquimia, el precursor revoltoso y menos disciplinado de la química, ávido de experimentación y plagado de fracasos, con sus tentativas fallidas de convertir metales vulgares en oro. La gente puede seguir intentando convertir la música en ciencia, pero en la esfera científica uno más uno siempre serán dos. La música, como todas las artes, incluida la de la seducción, nos dice una y otra vez que uno más uno, en la mejor de las circunstancias, suman tres."

También:

- La muerte de Beatriz Sarlo.

- La inteligencia artificial no piensa (El cerebro tampoco), un provocativo ensayo de Miguel Benasayag y Ariel Pennisi. Las paradojas de la tecnolgía de disponibilidad infinita.

El programa se escucha acá:

viernes, 28 de julio de 2023

Para empezar a hablar de Clorindo Testa, de Julio Llinás, de Mariano y de Pedro Clorindo

Mariano Llinás irrumpió hace unos años en el abúlico panorama del NCA con la voluntad de poder iniciar un nuevo período que abundara en mucho de lo que el resto del cine juvenil de los tardonoventa carecía. Recuerdo a un entonces joven cineasta de la segunda generación del NCA que salía de ver la primera parte de Historias Extraordinarias en su primera proyección en el BAFICI. Me trasmitió la sensación de que se trataba de un instante fundacional, luego del cual nada volvería a ser igual. Básicamente muchos se habían convencido de que la estética de la abstención que practicaba Lisandro Alonso en La libertad o la abulia libidinal de los jóvenes de Rejtman propendía al vaciamiento de la emoción, la peripecia, el vértigo, el suspenso e incluso la capacidad de habla del cine nuevo. Y Llinás consideró que su diferencial debía girar la manija 180° para que sus películas derramaran peripecias, inventiva, ingenio, locuacidad off y on, multitud de personajes, ostentación de ocurrencias, giros y desplazamientos geográficos. Algo así como que el cine independiente demostrara su capacidad de sumar animales salvajes, expediciones a la locaciones exóticas, multilingüismo, espías, momias, continentes, polifonía de narradores y una prosa símil borgiana que dijera todo lo que el hachero de Alonso había callado. No solo que los atributos de su cine fueran aquellos de los que el resto del NCA carecía, sino que se enfatizara esa diferencia hasta presentarla como su superioridad evidente. Y aún así, no haría falta tramitar los subsidios del INCAA sino reemplazarlos por las espaldas financieras de la FUC y otras Fundaciones. Llinás venía a ofrecer su imaginación sin mesura hasta un punto extenuante. A fuerza de su prepotencia inventiva, indexando las posibilidades narrativas, transitando muchos caminos a la vez, privilegiando la acumulación por sobre la nitidez de la forma, la conectiva "y" en lugar de la "o", Llinás logró instalar una imagen opulenta: cuanto más tramas, subtramas, prólogos, derivas, adiciones, epílogos y codas, tanto mejor: acá no se tira nada. A veces le pareció que sus ideas eran tan interesantes que necesitaban ser medidas en centenares de secuencias. Películas como Historias Extraordinarias o La flor se jactaban -desde su inflación- de ser tan exhuberantes que era necesario prolongarlas como si se tratara de un desafío atlético. Los títulos finales por sí solos podrían durar tanto como varias películas y esa proliferación debería valuarse como una virtud. Esta hybris se encarnaba en la personalidad ampulosa de su autor, que quería hacerse notar cada vez que pasaba por un pasillo o entraba a una sala, como un suplemento añadido a su estética. Tanta atención demandante fatigome.

Clorindo Testa es otra cosa. Puedo admitir que los desbordes anteriores se justifican en tanto ensayos que conducen a una pieza de precisión poética, en la que la pulsión aditiva muta en una pluralidad de capas y vectores articulados con eficacia y una economía expresiva en la que la sugestión pega más que el alarde. Hasta la figura rotunda del propio Llinás, cierto desaliño, su enunciación enfática y su endeble convicción, se ofrendan como testimonio de una falla: el aspaviento como señal de incertidumbre, un poco a la manera de Nanni Moretti o Avi Mograbi, autores-protagonistas, portadores de una vulnerabilidad por la que sus películas dejan colar un soplo de afuera. Lo interesante es que su presencia en el plano funciona para poner en cuestión su declarada voluntad autoral. 

En realidad se trata de una autopoiesis: una película construida alrededor de una falla. Un plan urdido inicialmente con astucia ante el encargo de la Fundación Andreani -simulamos cumplir con el encargo para traficar otra cosa: algo ya intentado por la productora El Pampero en El escarabajo de oro, con menos gracia y hondura, con el propio Llinás y otros integrantes de su crew notablemente con menos timing para la comedia- para hacer una película sobre Clorindo Testa que no sería sobre Clorindo Testa sino sobre "Clorindo Testa". El juego con la indeterminación de la nominalidad: el título de la película no es el nombre del afamado arquitecto sino el título del libro que su padre, Julio Llinás -librito breve por lo que puede verse en pantalla-, escribió sobre este artista plástico de la Argentina desarrollista. No una película sobre un arquitecto sino sobre un libro que lleva su nombre, ¿a la sazón? escrito por el padre del cineasta. El Llinás de la pantalla abre el espacio de su propia performance -no solo su actuación, sino la película misma- y se apresura a aclarar que esta no será como esas películas en las que los cineastas dicen cosas sobre sus padres. A todos nos vienen a la cabeza un montón de películas en la que sus realizadorxs ajustan cuentas con el legado de sus progenitores, desde La televisión y yo, Fotografías, Ficción Privada, Los Rubios o Cuatreros hasta Adiós a la Memoria, Papá Iván, La sombra o El silencio es un cuerpo que cae, por nombrar solo algunas de una corriente caudalosa en el reciente cine argentino, al borde del agotamiento. La inesperada fragilidad que irá conquistando Clorindo Testa, la película, es que el propio Testa y Llinás Julio, amigos antes que autor y personaje del libro, irán horadando el plan de evasión del cineasta: cómo una película escapa de las manos de su autor, cómo la historia se cuela en ella y el cálculo ficcional es desviado por unos fantasmas más reales que imaginarios. Si la filmografía anterior de Llinás pretendía ser una reivindicación estentórea de la ficción, Clorindo Testa crece a medida que la ficción empieza a dejarse afectar ante la falla de lo real. Menos ingenio y más melancolía.

Algo sucede en el transcurso del film que va haciéndose ante nuestros propios ojos- notable manejo de los niveles narrativos simultáneos que nunca se chocan ni se estorban, sino que se relevan a través de un montaje sincopado, como si la pretensión de la melodía infinita de la obra anterior de Llinás diera lugar a una disonancia compacta- que desvía las previsiones de la astucia, una intervención que no proviene del credo de la ficción de un autor que siempre-se-imagina-todo, sino de un real no calculable.

Todo lo que en la obra anterior de Llinás abrumaba por su voluntad de abrumar acá se retrae ante sombras desconocidas: una intimidad, una rivalidad o un pacto que al propio Llinás se le escapa. Clorindo Testa, la película, se problematiza a sí misma, exhibe su vacilación y se ríe de su propia falta con un dejo de tristeza. Contra la la voluntad omnímoda de ficción de los anteriores mamotretos de Llinás, Clorindo Testa es una irrupción de la verdad histórica, no la narración de una aventura vivida en otro tiempo o meramente imaginada, sino el surgimiento de una verdad presente ella misma en la película. Llinás pone en escena los límites de su astucia y en su fracaso, deja que su película triunfe sobre él.

Hay mucho más para decir, pero por ahora agrego: si Llinás en sus películas anteriores extremó su necesidad de diferenciarse del resto de sus colegas generacionales, acá en sentido contrario se abre con cierta gracia a conversar con la obra de otros: DiTella (ostensiblemente), pero también Carri y Prividera. Ahí donde hacer una película en la que aparezca la sombra paterna empezaba a volverse un incordio, Llinás quizás ha logrado la mejor de todas las películas sobre el silencio del padre corroyendo el corazón de la obra del hijo.

Continuaré alguna vez, si puedo.

martes, 9 de mayo de 2023

Mirada BAFICI

Oscar Cuervo y Maxi Diomedi en Patologías Culturales: lo mejor y lo peor del reciente festival

Pasó una nueva edición del BAFICI. Conversamos con Maci Diomedi sobre algunas de las películas que se destacaron en una programación cada vez más devaluada. ¿Eso quiere decir que no hay perlas? No, las hay y aquí pueden asomar a algunas de ellas. Hallazgos como Terminal Young y el insólito universo de Lucía Seles, sorpresas como Clorindo Testa de Mariano Llinás, confirmaciones como Los convencidos de Martín Farina o bellezas musicales del pensar como Canción sobre canción de Fernando Arca. Para escuchar acá:
 

lunes, 24 de octubre de 2022

Argentina, 1985

 La película de Santiago Mitre con guión de Mitre y Mariano Llinás

 
 Escuchá el análisis acá:
 

¿Argentina, 1985 fue pensada para convocar multitudes? Sí.

¿Con recursos espurios? No.

¿La cinefilia de derecha la aborrece? Sí.

¿Es un fenómeno político que desborda lo cinematográfico? Sí

¿Hay que analizarla formalmente sin meterse en sus efectos políticos? No.

Más allá de sus cualidades/límites estéticos, Argentina 1985 es una intervención en la política actual? Sí.

¿Qué decir de los críticos que la abordan desde un punto de vista estrechamente cinematográfico? Boluditos.

¿Y quienes le exigen que no omita nada del hecho histórico?

Zonzos.

¿Es Argentina 1985 la película definitiva sobre: la dictadura, la democracia, el alfonsinismo, el poder judicial, los juicios a los genocidas, Strassera, el radicalismo, la complicidad civil, el año 1985?

No: es solo (nada menos que) una buena película y un fenómeno social.

Argentina 1985 ¿es la película del año?

Estéticamente no.

Políticamente sí.

¿Esta diferencia es un problema? No, imbécil.

¿Qué más decir?

Quizá las cuestiones más incisivas que Argentina,1985 invita a pensar sean:

- ¿Cuánto hace que el cine explícitamente político no lograba ser discutido masivamente? Hubo un tiempo en que el cine político apuntaba a salir de la sala y movilizar la discusión pública. Hoy existe una subespecie de cine que intenta construir su radicalidad política reingresando a sí mismo para pensar en el propio estatuto de su imagen. No sería en absoluto incompatible pensar simultáneamente el estatuto de su imagen y su incidencia sobre el debate político extracinematográfico. Un cine político que se confina a trabajar sobre el estatuto de su imagen sin interpelar a espectadores de baja intensidad política resulta un cine endogámico.

– La película hace emerger un público que no estaba en la agenda pública: el que se reúne en una sala -en cientos de salas- a manifestar su opción por la democracia y a repensar el tortuoso proceso a través del cual se constituye. Algo que la política no vio. Hay un espacio político vacante que Argentina, 1985 le señala a la política. Hoy proliferan -también en películas que se piensan como políticas- los lamentos acerca del avance del neofascismo, pero Argentina, 1985 visibiliza la necesidad de sectores antifascistas para manifestarse, notablemente, en la sala de cine, y a seguir pensando después. Presencié varias conversaciones de personas no intensamente politizadas pensando en lo que la película trata.

– Algunos sectores de la crítica parecen declararse en estado de alerta porque la visión de la película lleva a discutir tesis como la teoría de los dos demonios. En La historia oficial esa teoría no era discutida sino instalada por uno de los personajes. En Argentina 1985 aparece enunciada por algunos personajes y simultáneamente señalada como problemática. En Argentina 2022 hay sectores que gozan de amplia difusión que reivindican el terrorismo de estado. Los espectadores de Argentina, 1985 se ven movidos a pensar esa teoría y la diferencia entre el hecho de que un personaje la sostenga y que la propia película la sostenga. ¿Se lo propusieron Mitre y Llinás? No importa: la película lo propicia.

Argentina, 1985 logra algo que muchos cineastas políticos desearían: narra un debate político, con su trama intrincada de conflictos velados e inconsistencias, y a la vez suscita un debate político entre quienes la ven. Los espectadores no van simplemente a ver una historia pretérita sino a producir otra presente: que en Argentina 2022 se discuta sobre dictadura y democracia. Esta reduplicación pone en cuestión la disociación que establece cierta parte de la crítica entre temática, procedimiento y efectos pragmáticos. ¿No es hora de que el cine político -y su crítica adjunta- se comprometan a pensar no en el puro procedimiento ni en la pura temática ni en el puro efecto sino en su articulación? ¿No es la política de un film lo que sucede mientras y después de ser proyectado? Esa eficacia para incidir en el debate público está en el origen del encono que produce la película en otros cineastas pretendidamente políticos que no logran incidir sobre el debate público.

– Me leo escribiendo estos apuntes (más preguntas que respuestas) a propósito de una película sobre la que antes de verla había acumulado una cantidad de prejuicios. Curiosamente, el cine de Mitre y Llinás nunca me despertó entusiasmo. Incluso no creo que Argentina, 1985 sea una gran película, pero veo que se presenta como una ocasión para pensar las relaciones entre cine y política. Me quedo pensando qué cosa es una gran película.