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lunes, 23 de agosto de 2021

Kiarostami y las ventanas



[El final de Like someone in love me produjo un shock. La filmografía de Kiarostami me resultaba bastante familiar, ya había pensado bastante en el camino singular que recorrió desde la década del 80, cuando parecía que sobre el cine estaba todo dicho. Pero el piedrazo en la ventana y el corte me sacudieron. Ni sabía que se trataba del final absoluto de su cine. Iban a pasar algunos años para encontrarme con esa evidencia del cierre. Pero qué cierre. Ese final de obra precisamente no cierra nada, no hay final que cierre, el cine no tiene forma de cerrarse sobre sí].




Pocos cineastas me emocionan más que Kiarostami. Pensé mucho en la intensidad con la que su cine me afecta y creo que se trata de su precisa conjunción de sensibilidad y entendimiento. La emoción no surge de una peripecia que pudiera traducirse en palabras, sus peripecias a veces suelen ser simplísimas y en la mirada de otro director podría resultar anodina, sino de la forma en la que logra articular el vínculo entre cine y mundo. Kiarostami es de los pocos cineastas que lograr crear formas que piensan. Lo que su cine piensa es el cine mismo en su inserción en el mundo y la figura primordial que lo organiza es la de la ventana. 




No es el primer cineasta que se vale de la ventana como figura del cine: también lo hace Hitchcock. Sin embargo, sus poéticas resultan totalmente distintas. En Hitchcock la ventana aparece como la tentación del que espía: el goce del espectador como voyeur. En Kiarostami se trata de la dialéctica entre espacio interior y exterior, no como dos ámbitos separados, sino como contiguos. En cada plano en que Kiarostami ve al mundo a través del marco de una ventana nos recuerda que el cine no está separado de la vida sino que no hay marco que no pueda desmarcarse. El cine logra aparecer a través de la figura de su propia inserción en el mundo.




Lo que emociona, entonces, es la fragilidad perpetua de toda mirada.

[Sé que estás líneas no dicen con suficiente claridad la relación entre forma y emoción en el cine de Kiarostami, pero lo dejo acá anotado para una posterior revisión].

Continuá acá: https://kbsas.blogspot.com/2021/09/abbas-kiarostami-judith-butler-marcos.html

miércoles, 18 de septiembre de 2019

Salir al aire

Emilio Bernini en La otra.-radio, presenta el nuevo número de Kilómetro 111, una audición para escuchar clickeando acá 




El domingo vino Emilio Bernini, de Kilómetro 111, a La otra.-radio.

Una constante de los 15 números que la revista Kilómetro 111 lleva editados hasta ahora es la de pensar el cine contemporáneo, o de pensar lo contemporáneo en el cine. En el número doble aparecido recientemente el eje temático lleva por título "Salir del cine" y trata un aspecto de la contemporaneidad audiovisual: el pasaje del cine a otras modalidades, especialmente el caso de la instalación. "Instalación cinematográfica o instalación video -nos dice Emilio Bernini-, dos modos propiamente contemporáneos de mutación de lo cinematográfico hacia otro espacio, otra arquitectura, lo cual implica también una mutación del espectador". Ante la instalación, ya no se trata del espectador de la sala a oscuras, en silencio e inmovilizado frente a la pantalla inmensa. Esto implica transformaciones muy profundas, no solo estéticas sino también pensadas en términos ideológicos por los propios instaladores, según la tesis que Bernini se propone indagar en esta edición de la revista. No es que el cine vaya a parar a la instalación, sino que también puede salir hacia allí y... ¿entrar al museo?

El origen de este número, dice Bernini, tiene que ver con la instalación que hizo Albertina Carri en el Parque de la Memoria hace ya varios años, Operación fracaso y el sonido recobrado, una de cuyas salas se llamó "Investigación del cuatrerismo". De esa experiencia instalativa Carri hizo después su película Cuatreros -que bastante perplejidad provocó en los críticos conservadores- de modo que hubo una salida del cine y también un regreso a él. "Lo que motivó el número -dice Bernini- es esa instalación, que me generaba preguntas acerca de por qué una cineasta, que es lo que Carri había sido hasta ese momento, pasa a la instalación para hacer una variación de ciertas cuestiones que habían quedado pendientes desde su película Los rubios". En nuestra conversación radial recordamos que otros cineastas también hicieron este pasaje hacia la instalación (Apichatpong, Kiarostami, Serra, Farocki, Akerman...).



En la madrugada del lunes hablamos de estas mutaciones producidas en la producción audiovisual contemporánea, propiciadas por los desarrollos tecnológicos que desde hace algunas décadas fueron desplazando el modelo cinéfilo de vincularse con la pantalla cinematográfica: la aparición del vhs primero, la circulación audiovisual a través de internet, en los monitores de las computadoras o en los celulares. Estos desplazamientos nos llevan a preguntarnos otra vez qué es el cine, poniendo en vilo las respuestas cobijadas por la costumbre.















Se me ocurre que estas tensiones por las cuales el cine es renuente a dejarse apresar en un ámbito y un hábito determinados han sido una constante desde que el cine existe: nunca estuvo dentro suyo, siempre estuvo saliendo de sí. El modelo cinéfilo, quizás, es una construcción discursiva que quiso aquietar lo que nunca reposó sobre sí mismo. "Un invento sin porvenir", decían los hermanos Lumiere, un espectáculo de feria, ilusionismo, intento fallido de salirse del mundo (¿dónde más vas a ir?), de recogerse en la oscuridad de los templos paganos o en palacios plebeyos, o de jibarizarse en la pequeñez cúbica del aparato ubicado en el medio del living pequeño burgués, activismo clandestino en épocas dictatoriales en las que ir a ver una película militante significaba arriesgar la vida o la libertad ambulatoria. ¿Dónde está el cine, si siempre estuvo saliendo de sí mismo, si el fuera de campo es precisamente esa ausencia que lo determina?

En la conversación radial hablamos de las proyecciones clandestinas de La hora de los hornos en la época que los proyectos revolucionarios querían expandir el proceso emancipador, cuando todo espectador era un traidor. Hablamos de las performances, voluntarias o no, que provocan los planteos estéticos radicales de cineastas como Raya Martin o Albert Serra. Hablamos del malestar que mueve de distintos modos la obra de dos cineastas, muy distintos por otra parte, como Albertina Carri o Nicolás Prividera, cuando cada uno a su manera se vieron movidos a salir de la posición cinéfila, salirse del cine sin dejarlo del todo. Y de las dificultades que tiene la crítica que todavía se mueve dentro del paradigma cinéfilo para seguir estos movimientos de salidas, de vueltas y revueltas.

Hablamos también de otras cosas, mientras escuchamos canciones grabadas en celulares o bajadas de internet. Esta parte de la audición la pueden escuchar clickeando acá, porque tanto La otra como Kilómetro 111 también salen del papel, andan por el aire, cuelgan de la nube y te comen la oreja.


Hay otra parte de la audición que subo después.

viernes, 17 de marzo de 2017

Alguien enamorado

Sobre Like someone in love (Abbas Kiarostami)

El último largo de Abbas Kiarostami, Like someone in love (2012) fue filmado en Tokio. En principio, Kiarostami iba a titularla The End. Cuando la hizo, él no podía saber que con ella iba a concluir su obra. Kiarostami murió en París el 4 de julio pasado. Ironías de la contingencia: Like someone in love es la firma de autor al pie de una obra que siempre desplazó el fin de sus películas hacia afuera del plano. Ni Kiarostami sabía que, al terminar su película de una cierta manera, estaba dejando su rúbrica en la historia del cine. El final de Like someone in love es una declaración de principios acerca del vínculo del cine con el mundo, que se juega en una puja inestable entre interior y exterior, dos dimensiones que a su vez dependen del límite que siempre impone un marco. La ventana indiscreta, probablemente. Y por todo esto, Like someone in love es una recusación de todo intento de dar por terminado nada. Ni un amor, ni un relato, ni una película ni el cine terminan nunca de terminar.

El amor después del amor. La película japonesa con la que el cineasta iraní terminó sin saberlo su filmografía tiene un título en inglés. A Kiarostami hubo un punto en el que se le hizo insostenible seguir filmando en Irán. Su cine surgió de los caminos escarpados y sinuosos de su tierra natal, se dejó fracturar por un terremoto que desorganizó su grado cero del relato (¿Dónde queda la casa del amigo? / Y la vida continúa) y a partir de ahí fue tejiendo la trama poética de la fractura, la contingencia y el desvío. Todas sus películas adoptan, en forma y materia, la pregunta por el desvío. Las circunstancias históricas produjeron otra fractura que lo llevó a filmar dos largos fuera de Irán: Copie Conforme (Francia-Italia, 2010), su película europea, y Like someone un love, su película japonesa con el título de un standard del jazz cantado por Ella Fitzgerald en 1957. Es el disco que pone a girar el protagonista para ambientar su escena amorosa. No "alguien enamorado", sino "como" alguien enamorado. Kiarostami logra una delicadísima película de amor entre personajes de diversas generaciones, uno que porta el paso sereno y fatigado de la tradición, los otros la turbulencia incierta de la juventud. Las canciones clásicas nos ayudan a vivir amores que nunca terminan con un acorde afinado. El amor no parece ser contenido del todo en ninguna canción. Ni en ninguna película. Kiarostami habla así de su propia extranjería: no está ni en la tierra ni en la época a la que pertenece. Pero en lugar de cerrarse en un confort interior, con su delicadeza infinita deja astillar su fábula por un piedrazo violento desde el exterior. Una noche de cristal que se hace añicos. No hay película mejor para dar por terminada nuestra incursión por los cines que aún no se hicieron.

El cine después del cine. Allá por finales de los años 80 se puso de moda decir que el cine había muerto, todos andaban diciendo cosas parecidas: la muerte del hombre, la muerte de Dios, el fin de la historia, el fin de la política. Al final, nada finalizó. Sobre la muerte del cine había hablado Godard, creo, o Susan Sontag. Afortunadamente Godard muy en serio no se lo tomó, porque durante las décadas siguientes siguió haciendo cine y poniendo en evidencia todo lo que aún no se había filmado. Quizás su temprano acercamiento a la exploración de las posibilidades del video, luego del digital, finalmente del 3D, lo convencieron de que lo que se terminaba es una cierta teoría del cine, ya muy asentada desde mediados de siglo, y no el cine mismo. A su primera película digital le puso en el título la palabra "Film".

Pero, ¿quién impide que las cosas muten? Estamos en 2017 y el cine mutó en lugar de morir. Los 24 cuadros por segundo parecen situarse en la zona de las tecnologías obsoletas, pero tampoco la música se terminó cuando se dejaron de fabricar discos de pasta para hacerlos en vinilo, ni cuando el vinilo fue desplazado por el casete, desplazado a su vez  por el cd, que dio paso al mp3, para volver al vinilo. La ontología de la música no tenía por qué condenarse a un soporte, así como la del cine no quedó aferrada a la película de nitrato de plata ni al celuloide, ni a los 24 cuadros por segundo. 

Más allá de la cuestión tecnológica que permitió la invención del cinematógrafo, es evidente que la captura de la luz que emite el mundo sigue produciéndose en las cámaras digitales. No hay motivos para otorgarle estatus de mayor verdad al registro fílmico que al magnético o al digital, como no sea una fetichización de los soportes. La imagen digital tiene su propia materialidad, porque toda producción humana la tiene. El problema está en detenerse en un materialismo abstracto, que no es capaz de comprender la totalidad del dispositivo cinematográfico y reduce el todo a solo una parte. ¿La imagen digital da lugar a un aumento de las posibilidades de manipulación? Es posible: se puede manipular más fácil, pero desde que existieron el encuadre, los bordes del plano, la profundidad de campo, el montaje, el corte inicial y el corte final que enmarca a una película, ya desde entonces se desencadenaron las posibilidades de la manipulación, que la sintaxis narrativa delineada por David W. Griffith o el montaje de atracciones programado por Eisenstein no hicieron más que potenciar.

Por ende: el cine no tiene por qué terminar con el celuloide ni con los soportes analógicos, así como las mutaciones de la imagen no empiezan con los programas de computación.  

El cine no es lo mismo que un mero registro fotográfico fijo pasado a mucha velocidad, sino una doble proyección, o proyección en un doble sentido: unos haces de luces móviles chocan contra una pantalla y afectan la visión de un espectador, quien organiza ese magma de impresiones de acuerdo con cierta lentitud perceptiva peculiar de nuestro sistema nervioso, mientras la subjetividad del espectador proyecta sobre esos datos una organización propia, que se rige tanto por los códigos introyectados por la cultura como por sus fantasmas personales. En fin, el proyector proyecta, pero el espectador también proyecta.


Kiarostami estaba empezando a ser conocido en el mundo cuando se puso de moda hablar de la muerte del cine. Así que atención pido al silencio y silencio a la atención, que voy en esta ocasión, si me ayuda la memoria, a contarles que a mi historia le faltaba lo mejor. El punto de partida de Kiarostami es cercano al neorrealismo, tal como puede habérselo apropiado un iraní culto de mediados del siglo xx. Nada sabemos de la astucia persa que puede haber operado en esa apropiación. Nada sale de la nada, pero el cine iraní es tan moderno como arcaico en proporciones para nosotros desconocidas.

Como sea, Kiarostami conquistó una posición desde la cual puede avistarse la totalidad del cine como un problema de marco: donde termina el plano cinematográfico no termina el mundo. Esto ya el cine lo había asumido, pero él le adjudica una jerarquía especial al desplazamiento, al desvío, cierta poética antiaristotélica que lleva a acentuar la función del inicio y del corte como fatalidades contingentes, sin conclusión. Una película empieza por algún lado, pero la peripecia ya se ha iniciado cuando la película arranca. En el principio hay un plano y un campo de visión, es decir, un límite espacial y por ende un fuera de campo. Las ventanas, los vidrios, los reflejos, son elementos del mundo de los que se vale el cine de Kiarostami para indicar el límite que pone que funcionar el cine. Cuando la chica va en el remís atravesando Tokio, mientras escucha los mensajes desolados que su abuela deja grabados en su celular, su mirada melancólica está sumida en una introspección sobre la cual Kiarostami proyecta las luces de neón de la ciudad reflejas sobre el cristal de la ventana. Por eso, el plano cinematográfico tal como lo filma Kiarostami contiene dentro suyo una superficie que retorna afuera del plano, y el nuevo intimismo que la vida contemporánea experimenta en el interior de un auto incluye el reflejo de un exterior. Esa manera de hacer entrar adentro el afuera es lo que impide todo cierre. Por eso, el final de la filmografía de uno de los más grandes directores de la historia del cine no es el final del cine, ni siquiera el final de esa película. Kiarostami integra con tanta finura un pasado muy remoto a este presente feroz que todo en él nos lanza al futuro del cine.

lunes, 4 de julio de 2016

Abbas, amigo, sabemos dónde queda tu casa


No tengo ganas ni tiempo de hacer una necrológica. Solo quiero decir que Abbas Kiarostami, que ha muerto hoy, es el autor clave del cine contemporáneo. Gracias por todo, amigo. Sabemos dónde queda tu casa.

sábado, 12 de julio de 2014

Los penales y el festejo: siguiendo a los jugadores y a Sabella




Dos secuencias extraordinarias que reúnen ciertas cualidades inhallables en la televisión actual: larguísimos planos en tiempo real que potencian el fuera de campo y un sonido ambiente sin un relator intrusivo. Las dos muestran lo mismo desde distintos puntos de vista: los penales del partido Argentina-Holanda y el posterior festejo. La primera sigue a Sergio Romero y a los jugadores argentinos que patean, sin mostrar a los rivales, ni al público ni, cosa excepcional para un partido de fútbol, la pelota. Cuando Argentina convierte el cuarto gol que sella el triunfo, la cámara pierde dramatismo y empieza a seguir con lírico regocijo el festejo de los jóvenes jugadores. La secuencia podría haber sido filmada por Alexander Sokurov. La segunda secuencia es aún más rara e intensa: un solo plano de más de 14 minutos sigue a Sabella durante los penales, cuando el destino del equipo queda en manos del arquero y los pateadores y él ya no puede hacer nada más que observar. Acá el peso del fuera de campo es absoluto, el sonido narra maravillosamente lo que no vemos y el personaje de Sabella alcanza una humanidad conmovedora. Cuando a los 11:20 el partido se define a favor de Argentina sobreviene un momento genial, de puro desconcierto: durante algunos segundos Sabella desaparece y el cámarografo empieza a buscarlo con paneos y zooms muy violentos que dan al vacío o al caos. El relato se "rompe" durante 30 segundos, hasta que la cámara reencuentra al DT y lo sigue rumbo a los abrazos: primero de Messi, después del Chiquito y así con los demás. Se destaca la gracia del abrazo con Lavezzi y la tremenda emoción con Mascherano. Un plano que tiene todo lo que puede pedirse. Esta secuencia inolvidable podría tener la firma del realizador Abbas Kiarostami. Son apenas dos líneas sustraídas del flujo, entre decenas de cámaras que en ese mismo momento captan a todos los personajes para construir el relato televisivo. Esa sustracción las convierte en notable materia cinematográfica.

miércoles, 3 de julio de 2013

Como alguien enamorado

Ciclo de cine K en Bar La Tribu: Kiarostami, Kitano, Kaurismaki, Kelemen. Primer y tercer sábado de cada mes.


Empezamos con la última joya del director iraní ABBAS KIAROSTAMI, que, después de su excelente Copie Conforme, filma ahora en Japón Como alguien enamorado (Like someone in love), la película que lo confirma al tope de la cinematografía contemporánea.

Parece, desde hace ya varias décadas, que Kiarostami no se cansara de darnos obras maestras, renovando continuamente sus exploraciones de las posibilidades que tiene el cine de tejer narraciones que rompen con los moldes más tradicionales.

Como alguien enamorado es una película sobre el amor y los celos, sobre la soledad, la juventud y la madurez. Y sobre todo es una película sobre las apariencias, sobre los juegos de la mentira y la verdad en que se desenvuelven nuestras vidas y que el cine tan delicadamente puede hacer brillar.

Es, finalmente, otra gran película de Kiarostami sobre el cine y su renovación infinita.

Dice Fernando Pujato en Ojos Abiertos:

"Esta suerte de puzzle fílmico que guarda fichas de amor y de ira, de sueños y esperanzas, de recuerdos y olvidos, vidas que se cruzan y entrecruzan azarosamente, siempre buscando lo que no se posee o se posee sólo a medias, instalando un presente continuo porque se sabe que el pasado es sólo pasado y el futuro no existe aún, esta especie de fuga hacia ningún lugar... los diálogos que nunca se cierran, que nunca concluyen, que nunca resuelven; las tomas por fuera del auto que funden los rostros, el cielo y todo lo que se refleja en el vidrio, una imagen ensoñadora y enigmática, tanto como esas vidas apenas entrevistas, tanto como esos misterios que nunca terminan por develarse, develados sólo a medias, ocultos trémulamente, soterrados en el ayer inmediato, a punto de estallar... Todo se mueve y cambia, todos se mueven y cambian, tras la apariencia de que las cosas nunca se mueven y nunca cambian demasiado, ni en Irán, ni en Italia, ni en Japón; las apariencias son sólo eso" (Completo acá).

Lambaré 873, el sábado a las 19:30. Con cortos musicales antes de la película y debate posterior.

viernes, 12 de abril de 2013

Como alguien enamorado

BAFICI / Abbas Kiarostami

por Martín Farina

El comienzo de este nuevo Bafici me trajo por primera vez a la pantalla grande el cine de dos indescriptibles: Apichatpong Weerasetakhul y Abbas Kiarostami. Hablaré muy brevemente de la última película de este último, Like someone in love (Como alguien enamorado).

Se me ocurre que si el cine es un trayecto, un tránsito o el devenir de una mutación en alguna otra cosa, entonces Kiarostami es el gran conductor.

La película comienza en un bar y es de noche; de allí una joven hermosa emprende un viaje en taxi hacia el departamento de un cliente. La mañana siguiente el la llevará a la facultad, y de allí irán al taller mecánico del novio de la chica que inesperadamente se sumo a la travesía. Luego ellos irán a almorzar, y el cliente devenido abuelo improvisado volverá a su casa para finalmente ir a buscar nuevamente a la bella joven, para encontrarse con el novio de ella en su departamento, también inesperadamente.

Esto sería el esqueleto, y así, nada podemos saber de la película, que esconde su punto cúlmine hasta el último segundo. Pero me resulta interesante imaginar esta serpiente narrativa descontextualizada, porque como se ve puedo enunciarla en pocas líneas; ahora, si decido detenerme en cada uno de estos trayectos se abre el mundo Kiarostami, uno que no tiene ni principio ni fin. Un diálogo continuo entre la imagen y el espectador que está obligado a cambiarse los zapatos a cada paso, porque ninguno parece caber lo suficiente dentro de la travesía.

Como alguien enamorado que entabla a cada paso un diálogo consigo mismo imaginando lo que pasa con su amor, algo que a la distancia jamás podrá saber. Kiarostami desenrolla la ilusoria trama del deseo que tiene, en este caso, al espectador como gran protagonista y responsable de tejer, como Penélope, los hilos de sabiduría que el director suelta al aire, como voces ausentes… Lo que será será... Lo que será será!!!

viernes, 27 de mayo de 2011

La última de Kiarostami

en el ciclo de películas de amor de La Tribu


"Copia certificada (Copie conforme) –realizada en Italia, pero sin actores iraníes ni ningún hablante persa- representa, en varios sentidos, un acto de subversión al cine comercial, aunque, al principio parece más convencional" afirma Jonathan Rosenbaum (ver más acá). Un escritor inglés (encarnado por el cantante de ópera William Shimell) hace un paseo a una aldea de Toscana con una comerciante francesa de antigüedades que acaba de conocer (Juliette Binoche). A partir de determinado momento, todo empieza a "mutar" de un modo sorprendente. Detrás de una apariencia quizá más normal que las de las anteriores películas de Kiarostami, se oculta otro juego desconcertante entre simulación y verdad, imaginación y realidad. Amores imaginarios y amor amor.

Este sábado, 28 de mayo a las 19:30 en el Bar La Tribu, Lambaré 873, Buenos Aires, Argentina.

domingo, 5 de abril de 2009

Bafici: la caída del espectador indignado


Delta

por Dark Lady

Shirin de Abbas Kiarostami

¡Cuánta gente se fue del cine!

Uno de los que intentaba huir despavorido dijo al pasar: "para que me cuenten un cuento me quedo en mi casa". Y del apuro se cayó de la escalera: me gustó que se haya caído…

Lo que el muchacho no pudo ver es el juego que establece el director iraní con el espectador, que en este caso es un espectador doble: los rostros y las miradas de esas mujeres que aparecen en la imagen y nosotros mismos que las observamos. Pero, al tiempo que se desdobla, el espectador se desdobla también la mirada: las mujeres iraníes miran la obra que se desarrolla frente a sus ojos (el fuera de campo que nos está vedado) pero al mismo tiempo su mirada atraviesa la pantalla y nos convoca a nosotros, ya que eso que no podemos ver lo vislumbramos solamente a través de los ojos de ellas.

Todo esto podría ser simplemente un juego de espejos superfluo, pero casi me hace recordar a Las Meninas. Un film que reflexiona sobre la mirada con humanidad, precisión y belleza.


Delta, de Kornél Mundruczó

El director de este film húngaro agradece la colaboración de nuestro ya conocido Bela Tarr, cierto aire de familia tienen. Además fue rodada en cuatro años, ya que el actor principal falleció y tuvieron que rodar todo nuevamente. Qué ironía que el protagonista del film también termine muerto. Una película bellamente filmada y narrada con imágenes sobrecogedoras de la naturaleza. El río que parece ser un personaje más. Una historia de amor prohibido (las mejores) entre dos hermanos que se reencuentran después de muchos años. Reflexión sobre las leyes humanas y las leyes naturales. Una película muy disfrutable con una música que no sé si era de viola o de violonchelo, que junto con las imágenes del Delta hacían que ciertos momentos se elevaran hacia la poesía. Desde el principio de este Bafici esta película fue mi pálpito y no me arrepiento.


Shorei x, de Kohki Yoshida

Un film japonés que es un ensayo sobre la cotidianeidad y la repetición.

Los silencios y los gestos invariables: el fumar, el abrir y cerrar la puerta de la heladera, el comer. Todo transcurre en esa cocina de dos por dos, entre una madre y un hijo. La ternura se filtra sin querer en medio de tanto automatismo. Dentro de la repetición siempre hay una variación, aunque sea mínima, que nos hace recordar nuestra humanidad.


River of grass, de Kelly Reichardt

Film de 1994, el primero en la carrera de esta excelente directora estadounidense, es como su última película, la entrañable y angustiante Wendy and Lucy, una road movie fallida: los personajes no pueden pasar el peaje… ¡porque no tienen 25 centavos! El problema del dinero también es central en su última película.

Utiliza una voz en off cuya función no es la de explicar todo al espectador, sino la de establecer un diálogo interno consigo misma y al mismo tiempo hablarnos desde una interioridad verdadera. Utiliza muy bien otros formatos. Hay mucho para decir, pero ahora me tengo que ir a ver otra película. ¡Ah!, me hizo acordar a Tarnation.

miércoles, 18 de junio de 2008

Una obra maestra de Abbas Kiarostami el domingo en el auditorio de La Tribu

Por Oscar Alberto Cuervo

Había una vez un señor llamado Hossein Sabzian que se hizo pasar por el famoso director iraní Mohsen Majmalbaf. Simulando ser el cineasta, se vinculó a una familia, los Ahanjanh, para que ellos le ayudaran a financiar una película. Una vez descubierto, el impostor fue a parar a la prisión. Cuando Abbas Kiarostami se enteró del caso sintió inmediatamente la necesidad de hacer con todo este embrollo una película: Close up (Primer Plano). Fue a la cárcel a entrevistar al impostor y pidió permiso para filmar el juicio. También filmó a la familia estafada. Incluso se atrevió a incidir en la marcha del juicio para que "entrara" en los 40 días que duraría el rodaje. En el film se mezclarían entrevistas a los personajes reales, el registro documental del juicio, primeros planos tomados in situ junto con otros "puestos" expresamente para la película, reconstrucciones ficticias hechas ¿para el juicio o para la película? Incluso Kiarostami provocó un encuentro entre el verdadero Majmalbaf y el falso, y propició que ambos fueran juntos a ver a la familia estafada.

Lo extraordinario del caso es que esta intervención de Kiarostami desencadena en su film una serie de interrogaciones sobre ficción y realidad, verdad y mentira, representación de la representación, en curiosos efectos de estructura en abismo. Lo que él logra es que el espectador no pueda nunca dejar de preguntarse sobre la relación de eso que está viendo con la verdad.

A diferencia de la manipulación que hacen los medios informativos por la que convierten una verdad en algo falso, el artista Abbas Kiarostami parte de una capa de mentiras (y mentiras de mentiras) para hacer aflorar una pregunta verdadera.

Este domingo a las 19:00 en el ciclo de cine La otra en La Tribu veremos Close-up (Primer Plano) de Abbas Kiarostami, uno de los films claves del cine moderno. En Lambaré 873.