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sábado, 25 de octubre de 2008

sordera?

Por Liliana Piñeiro

¿De qué se trata Paranoid Park? ¿De la descripción de un hecho policial? ¿De un homicidio? ¿De un accidente? Alejado de las estridencias, Gus Van Sant es un director sutil. Se sumerge con la cámara en esa etapa de la vida que Michaux describe como “rostros sin capitán”, rostros a la deriva, con un pie en la infancia, sin un yo definido que los encauce:

Miradas de la infancia, tan particulares, ricas en no saber, ricas de extensión, de desierto, grandes por ignorancia, como un río que fluye (el adulto ha vendido la extensión por los hitos en el camino), miradas todavía no atadas, densas de todo aquello que se les escapa, plenas de lo todavía indescifrable. Miradas del extranjero…

Es en este contexto donde, como consecuencia de un hecho banal, entra en escena la muerte. Por sobre el registro de lo fáctico, Van Sant enfoca la experiencia de un adolescente, y de cómo procesa éste la irrupción brutal de la responsabilidad en su vida. Los padres, la escuela, la sexualidad, los compañeros: todo es incierto y se busca algún lugar donde hacer pie. Apelar al lenguaje, reubicar lo traumático en el discurso puede ser una salida. Alex irá construyendo un sentido, y nosotros con él…si podemos escucharlo.

Porque Paranoid Park es una película auditiva, sin duda. Pero lejos de la grandilocuencia (nunca tan apropiada esa palabra) a las que nos tiene acostumbrados cierto cine, Van Sant escucha otros sonidos. Así como en Gerry escucha el silencio, aquí el tono es íntimo: la voz de Alex va y vuelve, nos va hablando desde el principio hasta el final, mientras nosotros miramos el desconcierto en su joven rostro. Y la película termina allí, por supuesto, cuando él pudo decir(se) y decirnos, todo. ¿Qué más?

Para los que no somos sordos, claro…

miércoles, 22 de octubre de 2008

Notas al pie de Paranoid park

Por Oscar A. Cuervo

"En realidad, la culpa del protagonista no es el eje sobre el cual Van Sant organiza Paranoid park; tampoco el final "resuelve", ni la culpa ni nada".

El final, ningún final, no sólo el de Paranoid park, resuelve nada. La idea de que un final resuelve no se sostiene en términos de una necesidad artística. Tiene más que ver con un esquema moral (falta/redención) o judicial (culpa/punición). Quizá provenga de la teoría aristotélica, de la necesidad de propiciar una catarsis como fin edificante del arte, o de antes aún, de Anaximandro ("De donde las cosas tienen su origen, hacia allí deben sucumbir, según la necesidad; pues tienen que expiar y ser juzgadas por su injusticia, de acuerdo al orden del tiempo"). No importa tanto de dónde viene. Porque lo claro es que la exigencia de resolución es una intromisión de la razón calculadora para regimentar la experiencia artística: un orden ha sido vulnerado y mediante una intervención autoral debe ser restituido, según un cálculo del daño y el resarcimiento. El arte como juicio, la justicia como cálculo.

¿Por qué tantas películas terminan con la muerte del protagonista o del antagonista, o con un casamiento, con una declaración de amor o con la cárcel?

Pero el final de una película no resuelve. El final interrumpe el curso de la obra, le da una figura, en la medida en que le marca un límite temporal. Pero no cancela su sentido. El río de Tsai Ming-liang le hace una gambeta a la manía resarcitoria: Xiao-kang "debería" suicidarse al salir al balcón, eso es lo que un espectador acostumbrado a siglos de finales resarcitorios espera. Pero Tsai, gran maestro de la comicidad contemporánea, no quiere hacer un ajuste de cuentas y ahí sigue su personaje, en calzoncillos y con dolor de cuello, vivito y coleando.

El mejor final de Lucrecia Martel es el de La mujer sin cabeza, lo más alejado posible de un sentido cancelado. Martel viene preguntándose desde La ciénaga dónde terminar. Según declara, no quiere terminar sus películas en un juicio, de acuerdo al modelo teológico del Juicio Final. En La mujer sin cabeza logró tomar la mayor distancia posible de algo que pueda ser leído como una conclusión.

Paranoid park no trata acerca de la culpa de Alex. La culpa no ocupa en la película ningún lugar especial. El reproche de que Van Sant "resuelve" fácilmente la culpa del protagonista parte de una premisa equivocada: la de que el film está planteado en términos de culpa y redención. Nada, excepto una imposición totalmente exterior a la película, habilita a pensar que Van Sant está preocupado por la culpa de Alex. Si hay algo así como una culpa de Alex, ocupa en el film un lugar sumamente lateral. Alex está perturbado, angustiado, tironeado por diversas demandas, aturdido, tentado, deseoso de decir algo, sin saber bien qué decir ni a quién decirlo.

Van Sant se pregunta "quién soy", pero no en un sentido psicológico, como estúpidamente traduce un desafortunado comentarista. La pregunta está dirigida a su ser narrador (no me convence la palabra, mejor digo: a su ser cineasta), no a su psiquis privada. Quién soy significa: desde qué posición accedo a la intimidad de Alex. No quiero ser el policía que lo lleve detenido, no quiero hacerlo confesar [como en el lamentable remate de Good Will Hunting], quiero ante todo mirar a Alex.

Paranoid park es un duelo de miradas: hay tres personajes que miran a Alex con intensidad especial, con ,si el navegante me permite, deseo: el policía Lou (Lulú, lo llaman los chicos), Macy (ni novia ni amiga), y el skater más grande que lo invita a treparse juntos al tren. Las miradas de estos tres hacia Alex está marcada. No son momentos que un espectador vaya a relatar a alguien que le pida que cuente la película. Estos momentos generalmente no se cuentan: se hablará del cuerpo del guardia partido en dos, de la fogata final (a Van Sant le gusta filmar fogatas, siempre cargadas de erotismo), de los padres separados o de la iniciación sexual. Es improbable que se hable de cómo el skater mira a Alex al invitarlo a que vayan juntos a un lugar más apartado, o de la mirada de Macy cuando lo escanea al encontrarlo en el shopping leyendo el diario. Sin embargo, estos momentos son los eminentemente cinematográficos y Van Sant vuelve a ellos en su vaivén... ¡espiralado!


Hay una escena al comienzo, cuando aún no sabemos qué ha pasado (porque el film comienza cuando el episodio "delicitvo" ya ha pasado y termina sin que la cuestión judicial se haya resuelto), hay una escena, cargada de intencionalidad cinética: el primer encuentro entre Alex y el policía Lou. Están en un plano medio, sentado a ambos lados de la mesa. La cámara inicia un travelling hacia adelante que, a medida que se acerca, va dejando a ambos personajes al borde del cuadro, hasta que la cámara gira para el lado de Alex, y termina en un primer plano del chico en el que la proximidad de su cara es casi tactil. Se ve (literalemente se ve) que la cámara de Van Sant se debate en encontrar la distancia justa -y en este caso la distancia justa es muy corta. De esta forma se desliga de la distancia policial para acercarse más y más a Alex. Se está desarrollando el interrogatorio, cordial pero tenso, mientras la cámara cuenta otra cosa. En medio del diálogo se oye, como asordinado, un alarido de dolor que no proviene del espacio donde los dos personajes se encuentran. Es Alex el que oye la voz. Paranoid Park es un film sobre la audición.

La primera vez que la película nos lleva hasta el parque Paranoid, mientras los skaters dibujan sus figuras en el aire, oímos algo así como un rumor electrónico entrelazado con susurros muy suaves en una lengua femenina y extranjera (extranjera para Alex: en francés). En la clase de Matemáticas Alex no oye la voz del profesor, pero sí oye cuando es llamado por su nombre a través del altoparlante. Cuando a la noche en el parque Alex decide aceptar la invitación del skater más grande, lo hace siguiendo el llamado de una mirada pro-vocativa y muda.

Alex, aturdido, oye voces

Cuando se produce el incidente en las vías y el chico vuelve aturdido hacia el coche que dejó estacionado lejos del parque, su cabeza embarullada escuchará fragmentos de voces desarticuladas (voces que son su propia voz) que intentan relatar lo ocurrido, frases truncas. Cuando se propone hablar por teléfono con su padre, corta la comunicación antes de decir nada. Al volver, entra en la ducha y se sumerge en una experiencia puramente sonora, sin palabras (alejar cualquier tentación de darle a la escena un sentido simbólico expiatorio).

Cuando tiene la primera relación sexual con su novia, Jennifer, la chica sale y él se queda tirado en la cama, escuchando como ella, ni bien sale, le cuenta a sus amigas que acaba de perder la virginidad. Jennifer no es para nada un ser deseable para Alex. Varias veces la chica le reprocha la poca onda que él le demuestra. Cuando Alex finalmente le dice que no quiere seguir el noviazgo, viene otra escena de reproches, pero van Sant silencia a la chica y pone en la banda sonora Amarcord de Nino Rota.

El consejo de Macy (la chica se da cuenta de que Alex tiene algo que decir y no tiene a quién y no sabe cómo decirlo) es que escriba una carta y siguiendo el hilo que Macy le tiende, Alex puede articular la voz: para escribir en su cuaderno tiene que aprender a escucharse. Es esa voz la que nosotros oimos en el presente en el que Alex la oye, en el pliegue de su recién conquistada intimidad. Esa voz es la que dicta lo que Alex escribe. El cuaderno después no hace falta, porque Alex ha logrado escucharse.

El eje de Paranoid Park reside en desoir la demanda de espectadores ávidos de culpa y punición.

Estas son notas al pie de Paranoid park, yo ya había escrito un análisis bastante extenso de la película en La otra 19, pero un anónimo me preguntó cuál es el eje sobre el cual la película se organiza. Atendiendo a gentil pedido.

domingo, 19 de octubre de 2008

Seniors y principiantes: un largo y sinuoso espiral



por Oscar A. Cuervo

«"Lo que me gusta de Paranoid son los pibes que hacían skate ahí. Construyeron el parque ahí mismo, de manera ilegal. Train-hoppers, guitarristas callejeros, skaters drogados, chicos abandonados. No importa lo mala que fuera tu vida familiar, la de ellos era mucho peor". Lo escribe en su cuaderno Alex, un chico de 15 de clase media de la anodina ciudad de Portland. Paranoid park es la manera como denominan a esa olla de cemento los chicos que se juntan allí a practicar skate. No es exactamente un mundo paralelo, sino un pliegue del mundo en que vivimos. Puede ser que sus códigos nos resulten impenetrables: los grafitis de difícil lectura, tan herméticos como las inscripciones en las remeras de los chicos, las abstractas coreografías que despliegan surfeando en el aire, los pantalones caídos, los buzos con capuchas, los diálogos lacónicos siempre esquivando signos cruciales, en una voluntad de hermetismo que se comunica todo el tiempo. En ese rango, entre lo abierto y lo cerrado del mundo adolescente contemporáneo, se cuela la mirada deseante de Gus Van Sant. Los chicos son tenazmente reacios a comunicar, no solo con los adultos sino aún entre ellos. Cultivan una extrema desconfianza por la palabra íntima, más aún, por cualquier signo verbal, y en cambio hacen signos de sus cuerpos. Es evidente en ellos una resistencia sorda que no llega a ser rebelión. Parecen dispuestos a fundar una utopía muda, de posiciones suspendidas en el aire, cuerpos arqueados, cabeza gacha, brazos extendidos. No hay nada que les produzca más deseo que mirarse y ser mirados por otros como ellos mismos.»



Así empieza una extensa nota que publiqué en el número 19 de La otra sobre Gus Van Sant, titulada "De Mala Noche a Paranoid Park".

Bueno, resulta que en un foro de discusión de esos que abundan en internet (http://foro.elaleph.com/viewtopic.php?t=35821&postdays=0&postorder=asc&start=50), a una lectora de La otra a quien no conozco se le ocurrió mandar mi nota. Estaban debatiendo justamente sobre Paranoid Park. Mi nota es larga, así que esta lectora, apodada Clío, la mandó en dos partes. Luego de algunos escarceos, los miembros del foro se largaron a opinar sobre mi nota y, a través de ella, sobre la película misma.

Como internet es, más que una red, una especia de parque Chas en el cualquier calle te lleva a parar a cualquier lado, de manera accidental llegué a esa discusión en la que se hablaba de mi nota y de esta película que tanto me gusta. A mí también me gusta mucho discutir, casi tanto como las películas de Van Sant, así que me afilié al club de los opinadores y dije: "buenas noches, mi nombre es...".

Aquí les reproduzco un tramo de estas conversaciones. La otra es un animal omnívoro que se alimenta de lo primero que encuentra. Así opinaban los foreros de El Aleph:

navegante, Miembro Senior
escribió:
Esperé a que Clio pusiera la segunda parte del comentario de Cuervo porque supuse que en esa segunda parte seguiría refiriéndose a Paranoid Park. Pero no; es una parte que Cuervo dedica por completo a declararle a Van Sant todo su amor. Por eso se hace difícil hacer una crítica de la crítica, porque lo que hace Cuervo es dejar bien sentado que él es un incondicional de Van Sant. Tal parece que cualquier cosa que filme en el futuro, le va a gustar a Cuervo. Y más allá de que no creo que una crítica merezca crítica, en este caso me interesa puntualizar mi desacuerdo porque Cuervo debe de haber visto otra Paranoid Park y no la que yo vi. Con un énfasis más digno de un psicoanalista que de un crítico cinematográfico, se mete cada renglón y medio con el deseo. El de Van Sant, el del protagonista Alex, el de los skaters de Paranoid Park; en lugar de no dejar títere sin cabeza, no deja títere sin deseo. Y no es que no esté de acuerdo con que el deseo es un motor fundamental para el bicho humano, todo lo contrario; sólo que me parece que en Cuervo, tanta alusión al deseo no hace más que disfrazar el suyo: el deseo de que Van Sant sea el genio inconmensurable que él (Cuervo) supone que es. De paso y para que su crítica parezca profundísima, se mete en un pantano del que me parece que no sale. Por ejemplo, él cree ver en los skaters la “intensión de fundar una utopía muda”. Tomá pa’vos, no sé si te avivaste de lo inteligente que suena eso. Pero utopía implica necesariamente futuro, y a los skaters el futuro les importa un soberano joraca. No digo que esto esté bien o mal ni me meto con los motivos que tienen los skaters para interesarse sólo por la tabla y las rueditas que tienen bajo los pies; digo que eso es lo que vio Cuervo y yo no vi. Por eso decía antes que, entre todos los deseos con los que se mete, Cuervo habla del suyo aunque sin nombrarlo. Cuervo “descubre” que Van Sant eligió no filmar un policial, sino otra cosa. Me parece que con esto se consagró como el inventor del agua caliente. Nuestro pichón de Freud cree que Van Sant filmó esta película tal vez para encontrar una respuesta a la pregunta ¿qué soy? Dudas existenciales aparte, termina la primera sección de la crítica (me refiero a las partes en que la dividió Clio) afirmando que “… el film, se ha ido acercando en espiral hacia un centro que falta” . Sin embargo, en un párrafo anterior había dicho que Van Sant “… se va acercando a la escena primaria en un movimiento espiralado hacia el centro”. Independientemente de que, por definición, una espiral se aleja del centro y no a la inversa, ponete de acuerdo con vos mismo, Cuervo: o el centro falta o la escena primaria –el homicidio- está en ese centro. Así justifica Cuervo ese final que, a mi parecer, es injustificable: la escena primaria está desplazada, el centro falta, no es un policial, etc. etc. etc. Y a él le parece que está bien que falte. Y no falta, pese a lo que quiera creer Cuervo, pero no es ese el final que yo le reclamo a Van Sant, porque para mí está perfecto que no sea un policial. El final que le reclamo es uno más coherente con la complejidad del personaje que nos vino mostrando durante una hora y media: tanto justificar el enquilombadísimo mundo de Alex y de todo lo que le pasa y por qué le pasa, y al final venimos a descubrir que la solución estaba en un exorcismo fácil, digno de un manual de autoayuda. Esto le pasa desapercibido a Cuervo. Reafirmo lo que dije más arriba: hay ciertos pantanos de los que no se sale.



Exidor, Miembro Senior,
escribió:
Bueno, ya que nuestro amigo Dante abandonó el barco cual rata cruel, paso a dar mi opinión. No tengo mucho que agregar a lo que dijo navegante ya que coincido plenamente. La crítica se cae cuando el autor no hace más que regodearse en la obra de su amado. Por otro lado no analiza la parte más importante de la trama que es ese final tan extraño donde por lo menos a mí no me quedó claro si al pibe le importó todo tres pepas y ya, o si van Sant buscaba dar algún otro tipo de "mensaje". No me asustan los finales abiertos, pero éste es demasiado ambíguo. Esperaba una crítica más objetiva. No está mal admirar pero siempre y cuando uno mantenga una objetividad que le permita darse cuenta cuando el maestro la pifió. Por otro lado, esa manera "Frankenstein" de analizar una obra nunca me gustó: eso de que van Sant tiene un poco de fulano, otro poco de mengano y una pizca de sultano... En fin, pobre don Cuervo, le hemos destripado su comentario bloguero y él sin poder decir ni pío. Habría que invitarlo a que comente.

Therese, Miembro Senior
escribió:
* Por curiosidad: ¿Quién es el Oscar Alberto Cuervo? A popósito, don nave, lo felicito por la crítica de la crítica.

Clio, Miembro Senior:
Hola.
Yo ahora estoy en un problema, porque estoy antojada (y no la consigo) de ver Mala noche, como para hacer un comentario global sobre el artículo, ya que las referencias a Paranoid Park y Mala noche, en la segunda parte del comentario son muchas.
Por allí, alguien pregunta quién es Cuervo. Bueno, lo conocí de casualidad cuando elegí una revista en un kiosco, mientras esperaba para hacer un aburrido trámite, dirige la revista La Otra, y aquí dejo el link del blog:
http://tallerlaotra.blogspot.com/
La nota no está en el blog. En cuanto a los comentarios, no sé, sí me parece un fanático de Van Sant, pero eso no quiere decir que, al menos para mí, no pueda retractarse cuando le encuentre a Van Sant algo que no le guste. Que en este comentario exagera (hablo solo por Paranoid Park), sí, de eso estoy segura; al menos por lo que a mí me transmitió la peli, me dejó con ganas, y no es que me asusten tampoco los finales abiertos, sino que tal como comentaron, el final es absolutamente abrupto y las preocupaciones del adolescente se resuelven en un instante, algo que por supuesto me dejó insatisfecha.
Lo voy a seguir a Cuervo en otros comentarios y sobre todo cuando se estrene la próxima película de Van Sant, allí creo que podré ser más contundente.
Besos.





oscar cuervo, Miembro Principiante
escribió:
Hola, soy, como habrán visto, el autor del comentario a Paranoid Park que citó Clio y que luego varios se dedicaron a sacar el cuero. Está bien, no pretendo que aprueben mi análisis, yo no lo escribí para ser aprobado por nadie, sino porque me gusta escribir, me gusta el cine y me gusta el cine que hace Gus Van Sant.
Decir esto último quizá resulte inconveniente para algunos de ustedes, es decir, uno no podría escribir de una película que le gusta mucho, pero a mí me parece que pensar de esta manera es propio de mentes estrechas. Lo de "incondicional" creo que es una forma fácil de sacarse de encima la necesidad de argumentar algo, se dice: "Fulano es incondicional de Van Sant"... a pesar de que apenas han leído ¡un solo! comentario mío, que se refiere a su primera película y a la última. Un tal "navegante" basa su crítica a mi crítica (a pesar de que dice que no le gusta hacer crítica de la crítica) en esa imputación de "incondicional", pero no se molesta en confrontar lo que yo digo de la película con la película. Parece que a él le molestó que el final sea abrupto y le parece que eso es incorrecto, él quiere que le sirvan las moralejas en bandeja, pero si conociera algo de la filmografía de Van Sant descubriría que ese final abrupto no es un accidente ni un defecto involuntario, sino una decisión estética que Van Sant viene practicando en muchas de sus películas. Después, hay una intención de hacerse los listos con una definición de "utopía" que es incorrecta, ya que "utopía" no significa necesariamente "futuro" sino "no lugar", o "lugar que no existe" y se usa para designar mundos ideales y no necesariamente futuros. Después aparece otro, o el mismo, no me acuerdo, que dice que el espiral se mueve de adentro hacia afuera, otra arbitrariedad, ya que una forma espiralada, como cualquier otra forma, puede recorrerse en una dirección o en la inversa. Así que "incondicional", "utopía" y "espiral" es muy poca cosa para hacerse los listos sin necesidad de argumentar algo sobre la película misma, y tan sólo quejarse, cual doña Rosa reclamando su entrada en la boletería, porque no "les gustó" o "no entiendieron" el final.
Muchachos, traten de ponerse las pilas y de elaborar alguna idea que pueda sostenerse durante al menos veinte segundos.

Saludos
Oscar

exidor Miembro Senior
escribió:
Hola don Cuervo, bienvenido. Reconozco que quizás nos entretuvimos demasiado con tu análisis pero no es para tomarlo a la tremenda. Si no entendimos tu análisis, creo que acusarnos de opiniones de doña Rosa tampoco es algo muy acertado o no leiste los comentarios. Pero bueno, hay que tomarlo con calma; alguien dijo una vez que las opiniones son como los culos porque todos tenemos una. Sabias palabras. Por supuesto que hay que tomarlo con calma, de hecho yo nunca leo críticas antes de ver una peli porque por lo general me la arruinan. Quizás debimos haberte invitado a opinar acá pero bueno, es lo que tiene la exposición pública. Cuando alguien tira una opinión se arriesga a que no se coincida. De todos modos escuchar voces distintas siempre es bueno. Saludos.

navegante, Miembro Senior,
escribió:
¡Sorpresa! Vuelvo del supermercado y me encuentro con que tenemos a Cuervo por aquí. Bienvenido, che, ojalá tengas ganas de quedarte.
Antes de referirme a otras cuestiones y ya que empezás por ahí, te pido que reveas –si querés, claro- eso de que no escribís para ser aprobado por nadie, sino porque te gusta escribir. Si sólo lo hicieras por el gusto de escribir bastaría con hacerlo y guardarlo en un cajón. Pero si hacés públicos tus comentarios y opiniones es ni más ni menos porque intentás establecer algún tipo de comunicación y está perfecto que sea así, por lo tanto no te ningunees. Tus comentarios y opiniones valen como los de cualquiera y seguramente son importantes para otros. Tal vez este foro, donde dedicamos algunos renglones a comentar tu crítica, sea la mejor prueba de ello.
Estoy totalmente de acuerdo con vos en que el hecho de que te guste mucho una película no invalida lo que puedas escribir acerca de ella. De lo contrario jamás una crítica hablaría bien de ninguna obra. Bien por decir que eso es de mentes estrechas.
Con lo que no estoy de acuerdo es con algunas apreciaciones y afirmaciones que parecen hechas por alguien que toca de oído. Te quedás en la definición etimológica, estrictamente literal, de utopía. Efectivamente, deriva del griego y significa “no existe tal lugar”, eso aparece en cualquier diccionario medianamente serio; Borges lo cita al comienzo de uno de sus cuentos. Y ahí parás, basta, utopía es eso. No, mi querido Cuervo, utopía no es eso hoy y ni siquiera era eso para los griegos (que de literales no tenían nada) hace miles de años. El sentido que ellos le daban era el de lugar que no existe pero al que sin embargo queremos ir. Y eso implica futuro, lo mires por donde lo mires. Se ha empezado a usar en los últimos años una palabrita que todavía no está reconocida por la RAE: distopía. Significa “un futuro peor” y se la usa para contraponerla a utopía. Así que, en materia de utopía, saber lo que dice el diccionario no alcanza.
Decís que afirmar que la espiral se mueve de adentro hacia fuera es una arbitrariedad y pretendés abonar tu opinión con el hecho de que una espiral (sí, “la” espiral, “una” espiral, es femenino, che) puede ser recorrida en cualquier sentido. Cómo pueda ser recorrida por alguien externo, ajeno a la espiral, a ésta le importa un corno. Vos podés situarte en la perspectiva que elijas y mirarla por donde quieras y en el sentido que quieras, pero la espiral se desarrolla desde el centro hacia fuera porque tiende al infinito y sólo hay una forma de conseguirlo. Entonces la espiral es una cosa y la mirada de quien la recorre es otra muy distinta. Planos yuxtapuestos del lenguaje, que le dicen.
Suponés que no conozco nada de la filmografía de Van Sant y me enseñás que, de conocerla, descubriría que ese final que vos suponés que me molesta por abrupto, no es un accidente sino una decisión estética, frecuente en su obra.
En primer lugar: el final no me molesta por abrupto, sino por inconsistente.
En segundo lugar: ya aprenderás, es de esperarse, que preguntar es mucho más sano que suponer.
Y en tercer lugar: lo que llamás una decisión estética de Van Sant a mí me parece un uso muy trivial e infundado del concepto de la estética. Yo creo que se trata más bien de una decisión puramente intelectual. Y el intelecto está tan lejos de la estética como el sentimiento; la estética cancela a ambos. Hay que profundizar un poco en la teoría estética para hablar de estética.
Cualquier pelagatos (y te aclaro que no lo digo por Van Sant, que no sólo no tiene nada de pelagatos sino que me parece un artista serio) escribe o filma cualquier sarta de incoherencias y se cree el fundador de una nueva estética. En cuanto a que no me molesto en confrontar lo que vos decís acerca de la película con la película misma, me parece que estuviste leyendo otro foro.
¿Así que te parece que me gusta que me sirvan las moralejas en bandeja? Seguís suponiendo y suponiendo mal, porque es exactamente al revés: creo que las moralejas están muy bien para el catecismo, pero no para el arte.
Lo de Doña Rosa no merece ni siquiera este renglón que le estoy dedicando.
_________________Que parezca un accidente





oscar cuervo, Miembro Principiante
escribió
Bien, voy contestando de a uno porque la respuesta requiere cierto tiempo y al día de hoy se le ha perdido una hora, llego a casa a las 5 pero ya son las 6.
Empiezo por exidor y en otro momento sigo con navegante.
exidor, no me lo tomo a la tremenda, la verdad es que me divirtió que gente que no conozco me estuviera sacando el cuero, llegué aquí de casualidad.
En este medio el límite entre la privacidad y la publicidad es bastante fluctuante, porque lo de ustedes se puede tomar como una charla informal entre conocidos (al menos entre conocidos de este foro), juzgando el escrito de alguien que no está presente y que no sabe que están hablando de él, a quien se dedican a desechar en un tono cancherito en un par de frases sobre Freud, el deseo, la utopía y el espiral, sin molestarse demasiado por analizar lo que dice, así como tampoco se parecen haber molestado por tratar de comprender por qué la película Paranoid es como es.
Simplemente "el final apresurado", "la resolución fácil" "el final abrupto", juzgando como fallido algo que en realidad no se detuvieron a pensar. Si se detuvieron a pensarlo, en los mensajes que mandaron a este foro no se nota, lo único que aparece es que lo desaprueban. Cuando alegan algo al respecto, la pifian fiero, dicen que Van Sant resolvió la culpa del protagonista de una manera sencilla. No se les ocurre pensar otras posibilidades, otras razones, creen tener claro cómo deben ser las películas con finales "bien resueltos", como si se tratara de maestras que corrigen las tareas de los niños y que después de marcarle con rojo los errores, les dicen "alumno Gus, debes esmerarte más". En realidad, la culpa del protagonista no es el eje sobre el cual Van Sant organiza Paranoid Park; tampoco el final "resuelve", ni la culpa ni nada.
No quiero ser injusto con todos los que opinaron, porque no todos hablaron de esa manera, este aire de perdonavidas sabihondo lo mostraron algunos, pero nadie en el foro lo cuestionó. Despues a alguien se le ocurrió mandar mi nota (cosa que yo no objeto para nada) y en seguida volvieron a salir los maestros ciruela subrayando las palabras incorrectas, lástima que el saber del maestro ciruela demostró no ser muy consistente y adjudicó a las palabras tachadas con rojo un significado que en realidad no tenían.
Creo que no se molestaron en analizar lo que yo escribí, les bastó con decir dos o tres giladas sobre "incondicional", "deseo", "empantanado", con aire canchero y pereza argumentativa. Quizá así sea la modalidad del foro, yo soy un recién llegado y no sé si ese es el código que manejan, el de cancherear con una cultura general aprendida rápido y mal.
Quizá eso está aquí bien visto, y desprecian con sorna a todo aquel que se siente a escribir un texto desarrollando un análisis. Puede que eso les parezca jocoso y les baste despachar este tipo de textos tratando de encontrar un posible error, para después pasar a otra cosa, a la que se despachará igualemente rápido. No lo sé.
Así que no tomo a la tremenda que me critiquen, como vos decís, yo publiqué mi opinión en una revista y estoy totalmente afín a que me critiquen, me divierte que me critiquen. Sólo que en este caso me gustó intervenir, decir lo mío y poder dirigirme en persona a los que estaban canchereando en mi ausencia.
Como vos decís, todos tenemos un culo y una opinión. Pero hay culos hermosos y otros que dan asco.
saludos!

miércoles, 24 de septiembre de 2008

Este sábado en La Tribu: la película del año



Por Oscar A. Cuervo

(Fragmento de la nota aparecida sobre Paranoid park en el nuevo número de LA OTRA):

"Entre Mala noche (1985) y Paranoid park (2007) el cine contemporáneo fue encontrando a uno de sus artistas esenciales. No hay muchos otros directores de la relevancia de Gus Van Sant en estos últimos veinte años. Y su nombre brilla más aún si lo ponemos en el contexto general del cine norteamericano actual. ¿Cómo lo hizo? ¿Cómo hizo para mantener semejante inspiración en un medio tan desalentador? ¿Cómo viene pudiendo sortear los imperativos del marketing? ¿Cómo es que no quedó atrapado por los dilemas de una tradición cinematográfica moldeada por hábitos narrativos que una vez, hace casi 100 años, fueron invenciones absolutas, pero terminaron por resultar agobiantes?

El cine no parece agobiante para Gus Van Sant: parece ser su modo de gozo, más que su medio de vida. Ese gozo de filmar se transmite en cualquier plano, tanto de su primera como de su última película. Es verdad que no siempre ha sido así: hubo un período en los 90 en el que el cine de Van Sant parecía desconectado de su vitalidad. Algo pasó ahí, justo cuando pegó el salto desde su independencia inicial hacia la industria. Su modo de procesar ese salto fue extraño: hizo una película inexplicable, para algunos una broma demasiado cara y nada graciosa, para otros un gesto de vanguardia incomprendido: en 1998 filmó una remake de Psicosis que calcaba prácticamente cada toma del original hitchcokiano, lo que evidenciaba la fatal distancia que separa a Gus Van Sant de Alfred Hitchcock. ¿Sería eso precisamente lo que él quería demostrar? ¿Hacía falta?

Cuando en la actualidad recuerda el proceso de la realización de Mala Noche, Van Sant evoca la alegría de filmar sin guión, sin presupuesto, sin actores, y la compara con el agobio que le produjo filmar su segundo largo con un equipo de 90 personas. El cine pierde así el contacto con el mundo, se encierra en una especie de circo enrarecido. Si uno filma en el formato narrativo-industrial, entonces el problema es que la mujer con sombrero que pasa caminando en una toma, en la siguiente tiene que tener el sombrero puesto en la misma exacta posición, para que no salte la continuidad. Así se filma sin alegría."

Este sábado Paranoid park, de Gus Van Sant, en el auditorio La Tribu, Lambaré 873, 19:00 hs.

jueves, 21 de agosto de 2008

Adolescer

Por Liliana Piñeiro

Es cuestión de mirar ese momento donde todos hemos sido inciertos. En Paranoid Park Gus Van Sant hace un tajo en la experiencia adolescente abriéndola en dos, y exponiéndola para la cámara.

Un chico se asoma a la vida con extrañeza. Los adultos ya no pueden comprender las claves de su mundo, pero él aún no ha establecido la confianza necesaria con sus pares como para arriesgar su intimidad. Todo queda contenido en un silencio interior, cuyos márgenes resultan difíciles de medir. Debe aprender nuevas palabras para los sentimientos confusos, para el avance de los deseos, para un cuerpo extranjero. En este contexto, azarosamente, la gravedad de un acto irrumpe en su vida y lo arroja a la responsabilidad. Pero... ¿ante quién responder? ¿Cómo encontrar ese otro frente al cual enhebrar su palabra, construyendo un sentido posible?

Lo magistral de Van Sant es haber logrado filmar ese viraje con la respiración necesaria, propia de una experiencia donde el mundo y nosotros nos vamos construyendo de a poco. Como un rompecabezas que crece pieza por pieza, nos interpela para ensamblar. Hasta que la cámara se detiene en la cabeza vencida del adolescente, máximo punto de su angustia y soledad radical para enfrentar la vida y la muerte, cuyo espesor resulta diferente al de un parque de diversiones.

En esta película algo se sustrae de la intriga para volcarse a la expresividad de los cuerpos desgarbados, a esos rostros expulsados de la infancia, tal vez demasiado temprano. Y sólo tal vez, porque quizá nunca sabremos cuál es la hora exacta para ser adultos, en un reloj que a veces atrasa.

miércoles, 20 de agosto de 2008

Qué tendrán en el bocho

Por Oscar A. Cuervo

Los antojos de la distribución hacen que en Buenos Aires se estrenen el mismo día La mujer sin cabeza y Paranoid Park, que tienen más de un punto en común, más allá de sus divergencias.

Ambas películas nos dan un baño de inmersión en la interioridad de sus protagonistas, se acercan a sus sensaciones, sobre todo a partir del sonido, en encuadres recortados y descentrados que dejan fuera de foco a casi todo otro personaje que los rodea. Es como si con sus cámaras Martel y Van Sant quisieran entrar en la mente misteriosa de sus criaturas, para estrellarse finalmente en una imposibilidad: al cabo de ambos films, los personajes permanecen misteriosos.

Y otro punto en común, a partir de esta operación de poner fuera de foco el contexto que los rodea, Van Sant y Martel logran hacer dos films altamente políticos, muy reveladores de los mecanismos de sus respectivas sociedades.

Lástima que Paranoid va en dvd, porque probablemente se trate de la película del año; y en los Arteplex está todo mal.

sábado, 19 de abril de 2008

BAFICI: highlights

Por Oscar A. Cuervo

I'm not there: Todd Haynes tiene vocación camaleónica y acá encontró el sujeto que mejor le calza: el gran Bob Dylan, que es todos y ninguno de los 6 personajes del film (extraordinarias las caracterizaciones de Cate Blanchett, Heath Ledger y Marcus Carl Franklin). La estructura de puzzle es muy apropiada, mucho más pertinente que si se hubiera propuesto ir desarrollando todos los "Dylan" cronológicamente. Para los dylanianos porteños es como la coronación de una etapa muy feliz, tras su reciente e inolvidable show en Velez, más el disco Modern Times, el libro Crónicas y el doc No direction home. La película tiene un poco de todos y aunque es un tanto irregular, tiene tantas ideas (cinematográficas, musicales, políticas) como no es común encontrar en el cine americano actual. Digamos que Haynes es más creible delineando unas cuantas hipótesis sobre Dylan que tratando de exhumar el cadáver de Douglas Sirk (Lejos del paraíso). Para los fans de Bob, I'm not there está llena de detalles sabrosos, pero quizá también sea una excelente oportunidad para que los no iniciados puedan descubrir su estatura artística y su asombrosa vigencia. Diría que es una de las pocas películas de este Bafici que tiene el estreno asegurado, así que ya tendremos oportunidad de seguir hablando... pero por las dudas traten de verla este fin de semana.


Paranoid Park: Gus Van Sant parece haber dado por terminada su etapa "Bela Tarr" (la de la trilogía integrada por Gerry, Elephant y Last days) para dedicarse a hacer un film menos programático, más cercano a sus inicios (Mala noche, Drugstore cowboy), aunque habiendo integrado orgánicamente el baño de contemporaneidad de sus últimos films. Acá no hay steadycams, ni Arvo Part ni líneas narrativas divergentes, sino un relato espiralado que va acercándose a la escena central sin llegar a ella. Es un Van Sant menos místico, más terrenal, menos europeo, más americano, menos cool, más cálido, que combina las texturas visuales que aporta el gran fotógrafo Christopher Doyle, música popular (muy especialmente Elliott Smith) y referencias inesperadas al tandem Fellini/Nino Rotta (una sorprendente coincidencia con la película de Haynes). Van Sant filma como nadie esos close ups adolescentes, introduce sagaces apuntes políticos y deja ahora algún resquicio para la esperanza.

Useless: Jia Zhang-ke sigue haciendo el cine más delicadamente político del momento. Y la política más delicadamente cinética: "delicadeza"es la palabra que mejor le cuadra a cada plano de sus últimos films. Lo dicho en el catálogo del Bafici no puede dar una remota idea de este ensayo (¡cuánto se extraña el catálogo del Marfici!), que parte del trabajo de una diseñadora top que es un dechado de buenas intenciones que se estrellan contra los límites de su negocio; pero a mitad de la película, la modista se cruza en una ruta con un personaje de la China profunda, esa que aún no se termina de integrar a la modernidad compulsiva que le están imponiendo. Es allí, con esos personajes anónimos, que la cámara de Jia se solaza con toda simpatía, con amor y hasta con erotismo. No hay muchos cineastas capaces de hacer un documental sobre la ropa que usa la gente y picar hacia alturas poéticas siderales, sin dejar nunca de hacer política. Jia es el más dúctil y sensible de los cineastas del nuevo siglo.

Possible lovers: el carácter arrogante de Raya Martin lo lleva a adoptar las texturas sonoras y visuales más ásperas posibles, lo cual irrita a todos los que quieren que el arte sea dócilmente agradable. Pero detrás de esa arrogancia que tanto molesta, se halla un cineasta de gran vigor, que puede encontrar un solo plano capaz de condensar el desasosiego amoroso, el deseo en estado de parálisis, ese quedarse mirando a la persona amada durante toda la noche hasta que salga el sol, sin atinar a nada más. No existe realizador en el mundo que se atreva a filmar esa experiencia de la manera tan brutal como Raya lo hace. Por supuesto que muchos saldrán puteando, porque el constant concept no es pasión de multitudes. Say no more.
Encounters at the End of the World: Herzog sigue floreciendo en esta su segunda juventud, ahora que parece por fin haber encontrado esos mundos vírgenes a la mirada humana, de una belleza extasiante. Su voz tan característica y un uso deslumbrante de la música hacen que cada entrega anual suya nos transporte a regiones desconocidas, salvajes, lejanas y azules.

viernes, 18 de abril de 2008

BAFICI: recta final


Por Oscar Alberto Cuervo

Vamos entrando en la recta final, hay películas que ya no se van a proyectar, pero hay otras que se han agregado en los últimos días. Como no vamos a hacer a tiempo de reseñar todo lo que hemos visto antes de que el festival termine, no quiero dejar de recomendar con entusiasmo algunas de las que para mí son las sobresalientes de entre las que vi. Quizá puedan tratar de verlas:


Paranoid park (Gus Van Sant)
I'm not there (Todd Haynes)
Useless (Jia Zhang-ke)
Possible lovers (Raya Martin)
Morceaux de conversations avec Jean-Luc Godard (Alain Fleischer)
Mala noche (Gus Van Sant).

Las anteriores son las que más me gustaron entre las que hay aún posibilidades de ver.
Pero cuando haga mi top twenty final, no creo que puedan faltar
Liverpool (Lisandro Alonso)
Encounters at the End of the World (Werner Herzog)
En la ciudad de Sylvia (José Luis Guerín)
Unas fotos en la ciudad de Sylvia (José Luis Guerín)
El país del diablo (Andrés Di Tella)
La orilla que se abisma (Gustavo Fontán)
Profit motive and the whispering wind ( John Gianvitto)

Y todavía me faltan ver varias.

martes, 8 de abril de 2008

BAFICI: corazonadas

Por Oscar A. Cuervo

No parece prudente dejar pasar el díptico que presenta José Luis Guerín: En la ciudad de Sylvia y Unas fotos en la ciudad de Sylvia. Por los antecedentes de Guerín: autor de esa maravilla llamada En construcción. Y porque, a juzgar por los comentarios de quienes las vieron, Guerín vuelve a lograrlo, caminando por ese borde entre ficción y registro documental que se ha revelado tan fructífero en los últimos años, del cual Guerín es uno de sus más felices exploradores. Hay una historia de amor, o el recuerdo de ella, o su construcción imaginaria. Y también esa notable capacidad para poetizar la captura del espacio sonoro y visual de una ciudad contemporánea (antes Barcelona, ahora Estrasburgo).


Dos películas también presenta Gus Van Sant: la primera que hizo, Mala noche, y la última, Paranoid Park. No hace falta explicar la importancia de Van Sant en el panorama cinematográfico actual: es uno de los que está haciendo el cine del nuevo milenio. Paranoid Park continúa en la senda de la trilogía de los jóvenes perdidos integrada por Gerry, Elephant y Last days que volvió a poner a su autor en el centro de la creatividad, después de una década del 90 algo borrosa. Mala noche, su debut de 1985, anticipa sus rasgos más caracterísiticos, ese lirismo crudo para hacer foco sobre jóvenes desamparados de ciudades chatas, deseso homoerótico y una cierta tonalidad cassavetiana.

A Lee Kang-sheng lo conocemos como el alter ego de Tsai Ming-liang: protagonista de todas sus películas sin excepción, desde Rebeldes del dios neón hasta No quiero dormir solo. Tsai y Lee configuran un dueto creativo que se suele comparar con el que en la nueva ola francesa hacían Truffaut y Jean Pierre Léaud. El propio Tsai confiesa que Lee es algo así como el coautor de sus películas y que aspira a seguirlo filmando de acá hasta que la muerte los separe, registarndo cada transformación del cuerpo de Lee como asunto excluyente de su cine. Pero resutla que el propio Lee se largó como cineasta: ya conocimos en un BAFICI anterior The missing, su más que interesante debut. Ahora Lee llega con su segundo largometraje, Help me, Eros. Y parece que va a estar presente el propio Lee in the flesh: increíble va a ser cruzarse por los pasillos del Abasto a uno de los íconos emblemáticos del cine actual.

Y después hay una película que se llama Chacun son cinéma, producida a propósito del 60 aniversario del festival de Cannes e integrada por 33 episodios cuyos autores me eximen de todo comentario: Theo Angelopoulos, Olivier Assayas, Bille August, Jane Campion, Youssef Chahine, Chen Kaige, David Cronenberg, Jean-Pierre Dardenne, Luc Dardenne, Manoel de Oliveira, Raymond Depardon, Atom Egoyan, Amos Gitai, Hou Hsiao-hsien, Alejandro González Iñárritu, Aki Kaurismäki, Abbas Kiarostami, Takeshi Kitano, Andrei Konchalovsky, Claude Lelouch, Ken Loach, David Lynch, Nanni Moretti, Roman Polanski, Raúl Ruiz, Walter Salles, Elia Suleiman, Tsai Ming-liang, Gus Van Sant, Lars von Trier, Wim Wenders, Wong Kar-wai, Zhang Yimou.