Cadete





jueves, 21 de agosto de 2008

Adolescer

Por Liliana Piñeiro

Es cuestión de mirar ese momento donde todos hemos sido inciertos. En Paranoid Park Gus Van Sant hace un tajo en la experiencia adolescente abriéndola en dos, y exponiéndola para la cámara.

Un chico se asoma a la vida con extrañeza. Los adultos ya no pueden comprender las claves de su mundo, pero él aún no ha establecido la confianza necesaria con sus pares como para arriesgar su intimidad. Todo queda contenido en un silencio interior, cuyos márgenes resultan difíciles de medir. Debe aprender nuevas palabras para los sentimientos confusos, para el avance de los deseos, para un cuerpo extranjero. En este contexto, azarosamente, la gravedad de un acto irrumpe en su vida y lo arroja a la responsabilidad. Pero... ¿ante quién responder? ¿Cómo encontrar ese otro frente al cual enhebrar su palabra, construyendo un sentido posible?

Lo magistral de Van Sant es haber logrado filmar ese viraje con la respiración necesaria, propia de una experiencia donde el mundo y nosotros nos vamos construyendo de a poco. Como un rompecabezas que crece pieza por pieza, nos interpela para ensamblar. Hasta que la cámara se detiene en la cabeza vencida del adolescente, máximo punto de su angustia y soledad radical para enfrentar la vida y la muerte, cuyo espesor resulta diferente al de un parque de diversiones.

En esta película algo se sustrae de la intriga para volcarse a la expresividad de los cuerpos desgarbados, a esos rostros expulsados de la infancia, tal vez demasiado temprano. Y sólo tal vez, porque quizá nunca sabremos cuál es la hora exacta para ser adultos, en un reloj que a veces atrasa.

9 comentarios:

Anónimo dijo...

dISTE JUSTO EN EL PROBLEMA: dar con la hora exacta para ser adultos cuando el reloj atrasa. El tema es cuando seguimos atrasándonos en las etapas evolutivas. Vos lo expresás muy poéticamente, pero es duro el proceso. Martha

Anónimo dijo...

"Hasta que la cámara se detiene en la cabeza vencida del adolescente, máximo punto de su angustia y soledad radical para enfrentar la vida y la muerte, cuyo espesor resulta diferente al de un parque de diversiones".

Esa escena es magnífica.

Muy buena reseña, Liliana.

PD: ¿Cómo no adorar a ese nene tan frágil, melancólico y hermoso?

Anónimo dijo...

que desubicada! hablar asi de un menor! es para denunciarte

Anónimo dijo...

pd: el mensaje es para anonima y no para liliana

Anónimo dijo...

si lo que escribí es para denunciarme, lo que pienso es para darme perpetua...

Liliana dijo...

Bueno, no estoy denunciada...Entre tanto anonimato, vino bien la aclaración.

Saludos a Martha. Y a los Anónimos.

Oscar Cuervo dijo...

Hay una anónima que se pone nerviosa (o nervioso, qué sé yo) cuando otra anónima (o anónimo, yo qué sé) sólo piensa. Y la o lo quiere denunciar.
Lástima que todo queda así nomás, porque si no sería más interesante.

meridiana dijo...

Querida Liliana: tu comentario es un deleite, tu capacidad poética trasladada al campo cinematográfico es inigualable.
No he visto la peli, pero si los avances y el muchachito es muy bonito.
Oscar: Te mando un saludo y mi nombre.
Liliana: Un abrazo fuerte

Vanesa Aldunate

Oscar Cuervo dijo...

Gracias, Vanesa, saludos!