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lunes, 19 de octubre de 2026

One plus one: pop al cuadrado

Stones x Godard: una conversación


- Esta filmación que apareció hace unos meses en youtube parece extraída del material que Jean Luc Godard filmó sobre los Stones para su película One plus One.

- Efectivamente, las imágenes que vemos en este video corresponden al material de archivo capturado durante las sesiones de grabación de la canción "Sympathy for the Devil" en 1968, filmadas originalmente por Godard para One plus One, también conocida posteriormente como Sympathy for the Devil. Es un testimonio histórico por varias razones. Permite observar de primera mano cómo los Stones construyeron una de sus canciones más icónicas desde cero y vemos como la canción va mutando paso a paso. Pero la película de Godard es además célebre por intercalar estas sesiones de estudio con secuencias de corte político y social de los años 60, lejos del enfoque centrado puramente en la música que presenta esta compilación. Este fragmento en particular parece ser una recopilación editada exclusivamente con el material de los Stones en el estudio, omitiendo las secuencias políticas ajenas a la banda presentes en el filme original, lo que permite una mirada más ininterrumpida a su trabajo musical.

- Llama la atención que no acrediten la autoría de Godard, muy visible en algunos detalles como el raro desplazamiento de la cámara o ciertas voces en off que hablan claramente de otra cosa, como un pasaje donde se narra una relación de sexo explicito entre un hombre y una mujer.

- Es una compilación realizada por un usuario particular, no vinculado a Godard ni con logos oficiales de los Stones, que ya tiene más de un millón de reproducciones. Debe tratarse de un fan coleccionista que modifica la estructura del material original porque quiere compartir una curaduría propia del metraje disponible. La voz en off proviene de la película de Godard y se ve que quien subió el fragmento no pudo técnicamente suprimir esas voces, porque Godard hizo que esos textos se leyeran en el mismo set donde ocurría el ensayo.

 - Godard superpone la voz del hombre que relata un enfrentamiento en el cual una hippie experta en artes marciales liquida a tres matones, mientras Jagger levanta temperatura con los versos de "Sympathy for the devil" sobre el asesinato de Kennedy. Es una estrategia de boicot en una primera lectura, y eso es lo que odiarían los fans de los Stones, pero también un experimento musical cuyo valor se potencia en la disonacia y el choque. Quizás, si los Stones hubieran soltado su ego de estrellas y sintonizado la frecuencia deconstructiva de JLG, habrían advertido que ser parte de tal artefacto de vanguardia era más trascendente que protagonizar un simple documental promocional. El valor pop de este registro es más que una suma de Stones + Godard. La mirada desconfiada del cineasta, que deja los silencios entre un ensayo y otro o muestra a los técnicos del estudio como parte del paisaje junto a los músicos rodeados de paneles y cables, juega a destituir el aura de los ídolos. Por ese entonces Godard es tan pop como los Stones, pop al cuadrado, aunque ciertamente cultivaba otro género del pop.

- Es exactamente ese tipo de sintonía la que separaba dos universos estéticos que eran, en el fondo, irreconciliables. Los Rolling Stones venían de la tradición del blues eléctrico, del culto a la personalidad y de una liturgia del rock donde el carisma individual y la comunión masiva con el público lo eran todo. Para ellos, el estudio era un santuario privado de creación donde buscaban la perfección del ritmo, el gancho pop definitivo y la consagración de su propia mitología. Poner ahí a Godard era meter un caballo de Troya marxista, brechtiano e intelectual en el corazón mismo de la industria cultural británica. Cuando Godard intercala esos fragmentos delirantes —como los versos de "Sympathy for the Devil" sonando de fondo junto a las peleas de la agente hippie—, lo que hace es dinamitar la idea sagrada de la "obra maestra" en proceso. No busca que el espectador adore a los músicos, sino que los observe con extrañamiento, casi como si fueran piezas de un engranaje ideológico mayor que los excede por completo. Si los Stones hubieran podido desprenderse de su propio ego de estrellas de estadio y sintonizar con esa frecuencia deconstructiva, tal vez habrían comprendido que formar parte de un artefacto de vanguardia de esa magnitud era, paradójicamente, más trascendente que haber protagonizado un simple documental promocional o un videoclip complaciente. Al fin y al cabo, esa fricción violenta entre el pop mainstream y la experimentación radical es lo que sigue haciendo que One plus One resulte una pieza incombustible.

- Godard hace una incisión al borde de lo cómico cuando muestra a Mick cantando la parte más intensa de la canción encerrado entre paneles, mientras de otro lado el resto de la banda aguarda su momento de hacer su coro "uh-uh". Una especie de comentario mudo metatextual sobre la magia del pop desarticulada. Todo lo hace una cámara que se mueve circunspecta, sin dejarse encantar por la música.

-Esa distancia hierática de la cámara es una toma de postura ideológica. Mientras la música empuja hacia el éxtasis y la comunión tribal, el ojo de Godard se niega a bailar. Filma con severidad, como si estuviera registrando un trámite burocrático o un experimento de laboratorio en lugar del nacimiento de un himno generacional. Ese contraste entre la intensidad febril de Mick Jagger —atrapado en su cabina de aislamiento, gesticulando con esa teatralidad magnética— y la frialdad geométrica del estudio desacraliza por completo el mito del genio musical solitario. Al mostrarnos a los demás miembros esperando mecánicamente su turno para el "woo-woo" detrás de los paneles de madera contrachapada, Godard desarma la maquinaria del pop en tiempo real y expone sus costuras. Nos muestra que la magia del rock and roll no es más que un artefacto técnico, un ensamblaje de piezas de estudio donde el éxtasis y el tedio conviven pared con pared.

- ¿Los Stones concedieron el final cut a Godard y no supieron lo que él había hecho hasta la noche del estreno o hubo una instancia previa para que ellos vieran One plus one?

- Ellos no tuvieron el control del corte final y el detonante del conflicto estalló de manera estrepitosa la misma noche del estreno oficial. El productor Iain Quarrier había contratado a Godard con la idea inicial de hacer un documental comercial y relativamente convencional sobre la gran banda de rock del momento. De hecho, Godard primero había intentado convocar a The Beatles, pero al no concretarse, avanzó con los Stones. Sin embargo, a Godard le importaba muy poco la lógica promocional: se garantizó absoluta libertad creativa en el rodaje y el montaje, operando bajo sus propias reglas de la vanguardia política. Los músicos aceptaron participar de las sesiones en el estudio Olympic, pero no intervinieron en la estructura ni supervisaron el montaje diario que el cineasta realizaba en paralelo. Los Stones y su entorno no dimensionaron el alcance de la transgresión godardiana hasta que vieron la película terminada. El choque definitivo ocurrió durante la presentación de la película en el Festival de Cine de Londres de noviembre de 1968. Al ver que Godard había intercalado sus tomas de estudio con textos revolucionarios, violencia política y viñetas ideológicas abstractas, la tensión escaló de forma insostenible. La situación llegó a un punto de violencia física verdaderamente insólito: Godard terminó a los golpes con el productor Iain Quarrier en plena sala de cine. Furioso porque el productor había agregado la canción completa al final para hacerla más comercial, descontento con la reacción del público y la pasividad de los músicos, Godard subió al escenario, criticó a los productores por arruinar el sentido político de su obra, invitó a la gente a pedir la devolución de las entradas y que salieran a ver la versión original de la película en una pantalla improvisada. Terminó ligando un golpe en el ojo o dándole él una piña al productor, dependiendo de la versión de los testigos. Godard repudió la versión comercial y exigió que se respetara su título original, One plus One, y el montaje conceptual donde los Stones no eran más que un engranaje de la época. Los músicos descubrieron el verdadero alcance de la obra de Godard prácticamente al mismo tiempo que el resto del mundo, sintiéndose utilizados como un vehículo pop para una tesis política radical que jamás habían autorizado.

- Es una gran historia y se suma a otras en la carrera de Godard, que antes y despues practicó el boicot como una forma de las bellas artes. En la década siguiente iba a envolver a la Cannon Group en una "adaptación" de King Lear, con Norman Mailer, Woody Allen y Molly Ringwald que se auto-desarticulaba cuando Mailer, el supuesto protagonista, renunciaba disgustado al rodaje. Nadie entendió lo que Godard había hecho: un hackeo del sistema para evidenciar la estolidez de la producción hollywoodense.

- Ese episodio con The Cannon Group para filmar King Lear (1987) es otra obra maestra del sabotaje institucional. Godard firmó un contrato millonario con Menahem Golan y Yoram Globus, los reyes del cine clase B y la explotación comercial de los años 80, entregándoles apenas una servilleta escrita con un par de ideas sueltas. Lo desopilante es que los productores creyeron que iban a conseguir una superproducción de prestigio con estrellas de Hollywood firmada por un auteur europeo, pero terminaron financiando un manifiesto paradojal sobre el colapso del lenguaje y del propio medio cinematográfico. Norman Mailer había aceptado el papel protagónico creyendo que haría un drama shakesperiano convencional, pero a los pocos días de rodaje en Suiza, al ver los métodos erráticos de Godard y  el guión desintegrándose en tiempo real, renunció indignado y abandonó el rodaje insultando al director, llevándose a su hija Kate, que también actuaba. Para colmo, Godard metió a Woody Allen, a Peter Sellars e incluso se reservó un papel para sí mismo haciendo de un gángster incompetente llamado Professor Pluggy, además de incorporar tramas inconexas sobre Chernóbil. Cuando Cannon le pidió la película terminada, Godard le entregó un artefacto conceptual plagado de intertítulos en negro, silencios deliberados y saltos de montaje que desafiaban la lógica narrativa. Godard entendía que aceptar el dinero del gran capital cinematográfico no era una rendición, sino una oportunidad de contrabando: usaba los presupuestos de los estudios para dinamitar sus estructuras de producción y dejar al descubierto la profunda estolidez del cine comercial. La provocación elevada a categoría artística.

- Situados en plenos años 60, Godard y los Stones eran cada uno a su manera dos referencias máximas del arte pop, dos maneras de entender la transgresión y la renovación de los lenguajes clásicos. ¿Los Stones habrán buscado a Godard para darle prestigio a su película? ¿Estarían tratando de competir con el éxito de Los Beatles al dejarse dirigir por Richard Lester en dos obras de humor dadaísta como A Hard Day's Night o Help! Si eligieron a Godard ellos mismos, acertaron plenamente, porque los Beatles no podrían ir más allá con la vanguardia que lo que Godard ofrecía. Quizás cuando Yoko y John hacen "Revolution n° 9" en el White Album estaban intentando también hackear la maquinaria pop más perfecta que existía, con esos nueve minutos de divague sonoro que exasperó a los fans. Podría pensarse que John y Yoko hubieran sido cómplices de Godard en un boicot semejante, aunque previsiblemente una película tal habría ganado el repudio de Paul... O más bien no habría llegado a hacerse nunca, de hecho no se hizo, porque el dispositivo de marketing de Los Beatles estaba entonces mucho más controlado por monitoreos cruzados entre los cuatro y nada salía a la luz si no contaba con la aprobación de todos. Pero quizás el propio Godard prefirió que su boicot fuera contra la voluntad de Jagger y Richards porque, si se hubiera tratado de una performance autorizada, Godard mismo la habría considerado una simulación que atentaba contra el efecto de verdad que él perseguía.

- En realidad, la iniciativa original no partió de un cálculo publicitario milimétrico de los Stones para competir con la genialidad pop de A Hard Day's Night o Help! Los Beatles habían logrado encajar su humor absurdo en el molde de la industria con absoluta gracia, pero los Stones se movían en otra frecuencia: necesitaban un barniz de peligro intelectual, una pátina de arte moderno que los sacara del rol exclusivo de "chicos malos del blues" y los situara en la conversación de la alta cultura europea. Sin embargo, al elegir a Godard terminaron pisando un terreno que los superaba por completo. En cuanto al vínculo del espíritu godardiano con "Revolution n° 9", ese collage sonoro de más de ocho minutos, plagado de ruidos de choque, voces distorsionadas y bucles de cinta, fue precisamente un sabotaje deliberado de la comodidad pop dentro del producto más comercial del mundo. Tu especulación sobre la dinámica interna de The Beatles es correcta. Una colaboración entre John y Yoko con Godard habría chocado contra el muro infranqueable de McCartney y el complejo engranaje de control cruzado que mantenía a la banda unida y comercialmente viable. Paul jamás habría tolerado un boicot destructivo a la marca Beatles. Su instinto melódico y su pragmatismo pop habrían dinamitado cualquier intento de avant-garde radical antes de llegar a la cámara. Y en cuanto a si One plus one hubiera podido hacerse con la complicidad de Jagger y Richards... para Godard, el arte no podía ser un pacto cómodo. Si los  Stones hubieran entrado al rodaje sabiendo exactamente de qué se trataba y hubieran autorizado el dispositivo deconstructivo, la película se habría convertido en una simulación, en una "performance pactada" donde la transgresión sería solo un producto más de marketing contracultural. Godard necesitaba el choque real, el malestar genuino. El verdadero "efecto de verdad" residía precisamente en que el boicot fuera contra la voluntad de Jagger y Richards. Solo a través de esa colisión  entre la fascinación pop que ejercían los rockers y la frialdad analítica del director se podía revelar la tensión irresuelta entre la obra de arte auténtica y la maquinaria devoradora de la industria cultural. La carrera de Jean-Luc Godard es, en muchos sentidos, una larga y sistemática crónica de sabotaje contractual.

- ¿Hubo declaraciones públicas después del choque?

- Sí. El enfado fue total y mutuo. Godard no tuvo ningún filtro en declarar públicamente su decepción con la banda. En su conocida entrevista con la revista Rolling Stone en 1969, dijo que le parecía injusto y absurdo que los músicos se hubieran dejado instrumentalizar por la industria para aceptar que se añadiera la canción completa al final, traicionando el sentido político de la obra. Los  Stones, por su parte, optaron  por el distanciamiento y el desdén silencioso, aunque en entrevistas posteriores reconocieron la excentricidad del rodaje. Mick Jagger había comentado inicialmente que Godard era «un tipo muy simpático», pero la sintonía creativa jamás existió.

- ¿La película siguió circulando o la frenaron con demandas judiciales?

- No se frenó por completo, pero su circulación fue un campo de batalla legal y comercial. Los Stones no lograron una prohibición absoluta judicial porque los productores originales tenían los derechos del material fílmico y necesitaban recuperar la inversión. Sin embargo, el litigio y el desconcierto comercial provocaron que durante años la película tuviera una distribución muy errática, dividida en dos versiones que competían entre sí: la versión oficial de Godard, titulada One plus One, sin la canción completa al final y los cortes conceptuales intactos; por otro lado, la versión comercial de los productores, retitulada Sympathy for the Devil, a la que le agregaron la canción entera al cierre para conformar a los fans de la banda.

- ¿Alguna vez en los años siguientes intentaron remontar el material para hacerlos parte de su obra, puesto que se trata de un momento histórico, el de la creación de uno de sus más grandes hits?

- No por parte de los Rolling Stones. Para la banda, el material quedó estigmatizado por el rodaje incómodo y ajeno a su legado oficial. Jamás intentaron apropiarse de las imágenes de Godard para hacer un videoclip retrospectivo o un documental propio de la época, ya que el dispositivo del director los mostraba vulnerables, desmitificados y sin control sobre su propia imagen. El registro de las sesiones en el estudio Olympic quedó relegado exclusivamente a este experimento cinematográfico.

JLG junto a los Black Panthers para One plus one

 ¿Podría hacerse en la actualidad, desde el punto de vista tecnológico, una limpieza integral del audio, extrayendo las voces y ruidos que agregó Godard o esa idea se abandonó por completo? 

- Técnicamente, hoy en día las herramientas de separación de audio basadas en inteligencia artificial -como los algoritmos de aislamiento de pistas tipo Stem Separation- permitirían separar las frecuencias musicales de la voz en off y los efectos superpuestos con una prolijidad impensada en el pasado. Sin embargo, esa idea se descarta por completo a nivel artístico y legal. La película es una obra registrada legalmente bajo el amparo de los derechos de autor de Jean-Luc Godard. Modificar su banda de sonido unilateralmente constituiría una alteración ilegal de una obra de arte protegida. Además, si se eliminaran las intervenciones de Godard, la película dejaría de existir como tal. Su valor histórico  reside precisamente en la fricción insalvable y la disonancia; quitarle la voz de Boris Vian, los discursos políticos o los ruidos de fondo para dejar un videoclip limpio de los Stones iría en contra de la naturaleza subversiva de la pieza.

- Con el paso del tiempo los Stones podrían haber aprovechado la película para reconciliarse con un episodio de su historia que finalmente podría verse como un malentendido. Por ejemplo, respecto de los Beatles, McCartney supo, con  el correr de los años, deponer el encono con muchos conflictos de su historia y administrar el legado de los Beatles exhaustivamente, aún con los episodios que antes le habían enojad. Así decidió reeditar Let It Be naked, sacandoles todas las pistas agregadas por Phil Spektor que él en su momento repudió. Pero eso no le impide seguir editando remasters de la versión Spektor. Lo mismo pasa al rescatar el metraje de las sesiones de Get Back para la miniserie de Peter Jackson, haciendo lucir el material de una manera que no tuvo en la poco apreciada Let it be. Y no obstante tambien en este caso, el éxito de la serie de Jackson no impidi+o que se lanzara una versión restaurada de Let it be. El criterio de Paul ante el legado de Los Beatles parece inclinarse a bendecirlo todo: lo que le gusta y lo que le disgusta, en parte reconociendo el valor único de cada versión pero también beneficiándose de la decision de que todo circule, aunque se trate de perspectivas opuestas. Si los Stones aplicaran un criterio semejante, podrían haber intentado rescatar ese momento, reconociendo a posteriori el valor artistico de algo que una vez no entendieron. Pero puede ser que los Stones no estén  embarcados en un trabajo de antologización como el encarado por McCartney.

- Claramente, esto marca una diferencia sustancial de mentalidad empresarial y artística entre Paul McCartney y The Rolling Stones a la hora de administrar su propio archivo. McCartney es en esencia un archivista obsesivo y un productor metódico de su propio mito. No le tiene miedo a la contradicción: puede impulsar Let It Be Naked para limpiar la producción de Spector que tanto lo enfureció en 1970, pero al mismo tiempo avala y supervisa la monumental docuserie The Beatles: Get Back de Peter Jackson o permite que la película original de Let It Be vuelva a circular restaurada. Para Paul todo vale si alimenta el relato total de la banda, y entiende que mostrar las tensiones, los fracasos y las versiones contrapuestas no debilita la marca Beatles, sino que la vuelve inagotable. Los Rolling Stones, en cambio, tuvieron históricamente una estrategia de archivo mucho más celosa de su imagen pública y de su estética de marca. Mientras The Beatles vivieron una disolución temprana que convirtió su pasado en una pieza de museo sagrada y abierta a la disección académica, los Stones siguen funcionando como una empresa activa durante más de seis décadas. Su prioridad siempre fue el presente dinámico, la gira de estadios y proyectar una imagen de invulnerabilidad. Con su serie de lanzamientos de archivo (From the Vault, Brussels Affair, etc.), editaron conciertos legendarios, pero siempre bajo estrictos parámetros  ellos controlan el encuadre. Rescatar o celebrar activamente una película donde un director de vanguardia los usó de conejillos de indias, los despojó de su glamour y los metió en un ensayo político-conceptual irónico chocaría frontalmente con esa arquitectura de marketing cuidadosamente protegida. Para ellos el paso del tiempo no posibilitó una revisión autocrítica o de apertura intelectual hacia el experimento de Godard como la que hizo Paul con el material de Let It Be. Prefieren el silencio sobre ese episodio, dejando que One plus One siga perteneciendo por completo al territorio de la cinefilia y del legado maldito de Jean-Luc Godard, mientras ellos quieren ser recordados bajo sus propios términos de fuego, volumen y carisma inalterable.

domingo, 16 de agosto de 2026

Dillom: La nueva violencia y una canción sublime

La nueva violencia es el reciente álbum de Dillom. Lo distingue como el artista que se anima a desprenderse de los clisés del pop sobreproducido sin lugar para la crudeza emocional. Lo que predomina como una especie de concepto en el sucesor de Por cesárea es un frenesí uptempo que sostiene gran parte del disco, como un documental del reviente nocturno, el derrape en baños bisexuales con gente que hace fila para respirar. Los primeros comentarios asocian esta atmósfera con una actualización del pathos de Miami de los Babasónicos. Esa pintura que muestra la continuidad espiritual de estos años con los odiados '90 resalta en la escucha inmediata de La nueva violencia. 

Sin embargo, hay algunos oasis climáticos en los que prefiero detenerme: "Souvenir" tiene un destino de hit infeccioso en la línea de "Cirugía". La canción que cierra, "Amigos", cita literal del bajo springsteeniano de "Dancing in hte dark", funciona como antídoto jubiloso contra el cinismo. Pero el tema que para mí proyecta a Dillom como artista popular es "Maniquí", que interrupe el acelere discotequero predominante y podría sonar apropiadamente al final de un capítulo de la tercera temporada de Twin Peaks, en el escenario de melancolía zombie de The Roadhouse.

"Maniquí" late con el pulso doo-wop de fines de los '50, con su balanceo clásico en 6/8, un tempo hasta ahora inexplorado por Dillom. La canción se conecta con la veracidad de Paul en "Oh, darling": la voz se rompe en los climaxs, estirándose hacia el grito pasional que privilegia el sentimiento por sobre la prolijidad. El audio replica la reverberación expansiva, maximalista y monumental del Wall of Sound de Phil Spektor. Lejos del autotune clínico, de los timbres plásticos y la compresión digital extrema, "Maniquí" suena sucia, humana y espacial. Hay aire, soltura imperfecta y fe en que una melodía sensible no necesita de trucos para sostenerse. Dillom entona una balada de redención que dialoga con las zonas más vulnerables y desveladas del Calamaro de Honestidad Brutal. Su mejor riesgo es animarse a ser completamente clásico.

"Maniquí" tiene el ADN de las canciones inmunes al paso del tiempo que borran las fronteras de los géneros. Al despojarse de los códigos urbanos, los guiños de época y la sobreproducción digital, Dillom crea un clásico que puede saltar barreras generacionales. Esta ductilidad lo saca del nicho del hip hop  o el rock alternativo contemporáneo para habitar la lengua popular. 


Cerré los ojos y abrí la nariz
Saqué la ropa de ese maniquí
Me viste entrar, te vi salir
Siempre del mismo camarín
Come mis ojos, bebe mi sangre
Cortame el pelo
Vestime como un muñeco
Que compraste en el kiosko.

Cerca de vos, lejos de mí
Voy a humillarme y hacerte reír
Una canción en repetición
Todo te suena a un disco anterior
Estacionado, juntando polvo
Como un muñeco 
Que olvidaste еn el clóset de tus años mеjores.

Nunca te olvides que no me conocés
Y que tampoco te conozco
Sigue tu vida por fuera de mí
No pagues más para verme mentir
Siempre es así
Y aunque pasen los años
Seguiremos extraños.

Aunque vacío esté mi porvenir
Mi último aliento será un souvenir
Del más allá, sobrevivir
En una banda tributo de mí
Menú completo, mesas vacías, todo en rebaja
Terminaste vendiendo
Más salidas que entradas.
 
Nunca te olvides que no me conocés
Y que tampoco te conozco
Sigue tu vida por fuera de mí
No pagues más para verme mentir
Siempre es así
Y aunque pasen los años
Seguiremos extraños.

miércoles, 1 de julio de 2026

Yo lo vi, me sonrió y se volvió a marchar

Cómo nos golpea la muerte. No digo esa pavada de "se mueren todos los buenos" porque al final nos morimos todos. No se debe moralizar la muerte. Pero Melingo murió exactamente el día en que se cumplía un año de la muerte de mi mamá, así que la noticia me encontró en modo luto. 

Además Daniel Melingo es un artista especial, de esos que se meten en la memoria íntima. 

El año pasado cuando volví a los recitales en medio del duelo fui a ver a Melingo al CCK. Mucho antes lo conocí una tarde en el Auditorio Kraft, en medio de una performance llamada "Juicio al doctor Moreau". Esa primera velada también vi por primera vez a Miguel Abuelo, Andrés Calamaro, Fernando Noy, las Bay Biscuits... en el público estaba, cómo no, Charly. Un espectáculo teatral dada… dadaísta con canciones. Ahí escuché por primera vez a Andrés cantando Tristezas de la ciudad, por ejemplo. Me estaba introduciendo en el underground ochentista previo al fin de la dictadura. Unos meses antes había visto por primera vez en el Teatro de la Cortada a los Redonditos de RIcota, cuando el sótano de Venezuela todavía no era el Parakultural y Patricio Rey todavía no eran "el Indio". Mi fascinación por Melingo era casi secreta. ¿Quién más le estaría prestando atención en ese momento? Poco después aparecieron Los Abuelos de la Nada y los mejores temas de los Abuelos eran los de Melingo. Y lo mismo con los Twist, que aparecieron un tiempo después: los mejores temas eran los de Melingo. Particularmente uno del segundo disco, La máquina del tiempo, que cerraba el lado A, titulado "Viéndolo", un homenaje a Viendo a Biondi y uno de los temas "distintos" de los Twist, sin comicidad ni parodia, donde Melingo exploraba en una textura del dream pop que en el 81 sonaba a algo que solo con el correr de los años se iba a comprender. Cuando a mediados de los 80 tuve que hacer mi primer corto en 16 mm para el CERC puse "Viéndolo" en la banda de sonido. No me equivoqué: difícilmente se convertiría en hit un tema tan exquisito pero 40 años despúes sigue sonando exquisito, sobreviviendo con más lozanía que cualquier otro de los Twist. 

Después de que en los 80 Melingo pasara a formar parte de la banda de Charly solista vino un apagón de él, desapareció por años. Hizo Lions in Love, donde retomaba ese impulso vanguardista de Viéndolo. Después me enteré que estuvo un tiempo internado en el Borda y reapareció con los Tangos Bajos. Con el correr del tiempo, ese artista que siempre había quedado en la segunda línea de la atención de todos pasó a convertirse en figura por sí mismo. En la última década brilló como uno de los mejores de toda la escena. Su despliegue integral, como cantante, como letrista, como instrumentista y como performer lo volvió único en su especie. Alrededor suyo giraba un universo. No es verdad que se mueran solo los buenos: nos morimos todos, pero en estos años la muerte no nos está dando tregua: hay un patrón en los que partieron: Gabo, Palo, el Indio, ahora Melingo: ellos configuraban el espíritu de estos años, poetas oscuros. Lo que se está yendo es el espíritu que animó la noche porteña de la segunda mitad del siglo 20, cuyo resplandor todavía nos alcanza.

Puedo ver una luz en la oscuridad
La siento venir, no la ve ningún hombre más
Decís que esté callada, que no haga caras raras
También quisiera verlo pero no puedo ver nada
Qué placer, qué placer siento al ver lo que nadie ve
Y vos estás de nuevo diciendo cosas raras
Se esfuerza mucho el cuerpo, se nubla la mirada
Muy cerca de mí puedo ver una luz brillar
Por más que me lo expliques yo no lo voy a entender
No se ve
Yo lo vi, me sonrió y se volvió a marchar
Soy feliz, ahora sé que soy inmortal
Por más que me lo expliques yo no lo voy a entender
Por más que me convenzas yo no lo voy a creer
No se ve, no se ve
Puedo ver una luz en la oscuridad
La siento venir, no la ve ningún hombre más
Puedo ver una luz en la oscuridad
La siento venir, no la ve ningún hombre más
Yo no lo veo, padre Bormann
¿Ceguera?
¿Acaso mis ojos no pueden llorar?


martes, 21 de abril de 2026

Año 10 después de Prince

Hoy se cumplen diez años de la partida inesperada de Prince. Estaba cerca de cumplir 58 años cuando fue encontrado muerto en un ascensor de Paisley Park, su Xanadu. En estos años sin él en la Tierra, estuve viendo y escuchando infininad de canciones y performances asombrosas. No puedo equivocarme si digo que en esos shows se hace evidente su poder sobrenatural. Mucho más que una estrella de rock, la categoría que más se le aproxima, Prince parece una divinidad excedida de pasión incendiaria, sensualidad desafiante y elegancia artística. Cada vez que pisó el escenario desencadenaba un tornado musical que emanaba de todo su cuerpo. Prince sintetiza lo mejor de la música negra del siglo xx, una suma de Hendrix, Stevie Wonder, Michael Jackson, James Brown, Duke Ellington, Quincy Jones... También es precursor de los mejores exponentes del hip hop y el neo-soul contemporáneos, artistas como D'Angelo, Frank Ocean, Anderson .Paak, Tyler, The Creator, Kanye West. El paso de la década sin él reafirma su genialidad única. Es probable que nuestra época no vuelva a ver aparecer a un músico tan bueno como Prince.

La última edición de Patologías Culturales la dedicamos a Prince. Participan Maxi Diomedi, Cristian Bonomo y Oscar Cuervo.


Se puede escuchar acá, en tres partes. 

viernes, 6 de marzo de 2026

Man on the run: Paul, el músico maldito que tuvo éxito

El documental Man on the run (Morgan Neville, 2025, Prime Video) es imprescindible para reenfocar la importancia de uno de los más grandes artistas contemporáneos. Si Get Back resituó a Paul en el conexto beatle, MOTR hace foco sobre el período en el que fue más maltratado y peor comprendido (1970/1980).

Durante décadas muchos cedimos al chantaje emocional de "How do you sleep?", canción a partir de la cual John sería el artista genuino y Paul el careta. Hay que escuchar RAM para dimensionar el disco del que todos se burlaban, hoy una gema de vigencia absoluta.

John, no Paul, fue en realidad el maestro del marketing. Manejó astutamente la conversación pública para convencer a todo el mundo de que Paul no podía ser tomado en serio, cuando él más que nadie conocía en la intimidad creativa al artista que denostaba. Tuvo éxito en eso, aunque fuera una satisfacción mezquina. Lo cierto es que Paul se retiró a una granja a hacer canciones lo-fi en el momento en el que el público rugía "gimme more Beatles".

Es evidente que Paul y John entendieron de manera muy diversa lo que significaba volver a lo básico y desafiar al mainstream. Se trataba de una discusión ética y política que no es lícito simplificar. Paul dejó hablar a John y hasta ofreció demasiadas imágenes para satisfacer la caricatura que John hizo de él. Luego pagó con años de menosprecio su opción. Recién iniciado al siglo xxip la critica empezó a descubrir la genialidad de aquel disco y aquella etapa en su momento repudiados.

La película también invita a pensar cómo una obra mantiene su integridad mientras la critica debe revisar sus papeles de manera drástica. ¿Cómo es que en 1971 no pudieron apreciar lo que YA era genial?

Una experiencia especialmente tocante es escuchar la actual voz de Paul, cascada y temblorosa, evocar aquellos años de fuego.

The Fireman, proyecto oculto de Paul McCartney con el productor Youth

martes, 3 de febrero de 2026

Folklore: ritual y disputa


por Liliana Herrero

Los festivales folklóricos en el verano argentino convierten los conocidos arquetipos de la cultura criolla en un caso de la industria cultural. Ubican la tradición en forma de ritual, con la reconocida atadura comunitaria que produce un acto de culto, con su fuerza recurrente y brillante. En el rito se cree que el pasado irrumpe entre nosotros diáfano, sin mediaciones, sin problemas, sin oscuridad, ya que está vinculado a la interpretación literal del pasado y a la creencia en la ausencia de conflicto, de ahí su fuerza y de ahí su admirable error. Todo aquel que intente señalar que el pasado es un debate o una querella comete de inmediato una herejía. Cuando ese público percibe que alguien quiere hacer del pasado otra cosa que no sea controlable o invocable fácilmente procede a hacerse cargo en la forma del repudio. Como lo expresan las locuciones que dan apertura a estos festivales, se revela una gran certeza en ese aquí y ahora que, con fatalismo espacial y temporal, enlaza generaciones de una manera ineluctable. En su nombre reaccionan agitadamente, no solo si parece amenazado el canon de la tradición, tanto en lo que se cante como en lo que se diga, sino el derecho de las masas a reformarlo. Porque es necesario advertirlo: el propio debate entre tradicionalistas y modernos pertenece al corazón mismo de la tradición entendida así, como construcción oficial, tanto del estado como de los medios de comunicación masivos. Se explicite o no, es un verdadero debate político.

martes, 9 de diciembre de 2025

El Indio y Charly, los cuerpos de los dos



Es muy conmovedor ver a los dos máximos exponentes vivos del rock argentino tal como ellos mismos eligen exponerse hoy ante una sociedad que los adora. Charly y el Indio son las dos figuras que hoy encarnan corrientes de amor y autoridad muy profundas, algo que por ejemplo ningún político logra. Hubo épocas en las que las carreras de ambos se forjaron, que fueron muy difíciles para ellos y en un tiempo muy prolongado tuvieron que atravesar desiertos sin conquistar el consenso social. Puede decirse que los dos fueron guerreros de su arte, que las posiciones que encarnaron no gozaron de la benevolencia generalizada en la etapa que hicieron sus mejores obras y arriesgaron una posición de verdad que los puso en peligro. Hoy los cuerpos de los dos, El Indio y Charly, muestran toda su fragilidad, en contraste con la potencia de sus obras. Y los dos deciden ofrendar sus cuerpos ya muy debilitados, como una forma paradójica de fortaleza indeclinable. Ver al Indio tembloroso, a Charly con su dificultad para hablar y su mirada algo absorta, es muy emocionante. Es curioso este final de ciclo para los dos grandes exponentes del rock argentino. Hay algo de ofrenda en su manera de salir al espacio público, a la mirada de todos. El rock, que empezó siendo el rito de los cuerpos indomitos y ágiles, termina ofrendando una manera de envejecer. Ellos no mueren jóvenes ni dejan cadáveres hermosos. Se muestran sin filtros de Instagram ni prácticas negacionistas de la vejez y la muerte.

domingo, 30 de noviembre de 2025

Liliana Herrero / Antideserción

Patologías Culturales


“El arte que no molesta, ¿cómo lo tendríamos que recibir? El arte que no clava un puñal… ¿Por qué no pensar que el arte tiene que hacer sangrar? Yo soy la hija de la lágrima, vos sos el hijo de la lágrima. Yo quiero eso; quiero molestar, quiero molestarme. Y quiero no estar conforme”.
 



lunes, 10 de noviembre de 2025

Fuera de lugar

Liliana Herrero presentó su nuevo disco en el Teatro Roma de Avellaneda


Al principio está la voz y la voz sale del cuerpo y la voz es el cuerpo. Sosteniendo el sentido de las palabras, la voz es de manera directa el cuerpo de la cantora, que un mismo movimiento trae hasta nuestros oídos desde el fondo de sus cavernas, sus mucosas y cartílagos, como si su misma piel tapizara la carne interior y la palabra cantada. La voz del cuerpo canta la lengua materna, lengua materia, lengua madre. 

En apenas noventa minutos la voz de Liliana Herrero trabaja en las palabras, en los silencios y los cortes. En el aire del teatro Roma invoca a las otras voces: Char, Parodi, Yupanqui, Spinetta, García, Susy Shock, Mocchi, Carnota, González... Cabrera, Fandermole, el Cuchi, Leda, Cardozo, Hernández y el propio Fierro. 

Canta:

me pongo aquí, aquí 
me pongo aquí, aquí 
aquí a cantar 
al compás del pensamiento
pensamiento extraordinario 
solitario, solitario el hombre 
solitario 
una pena 
una pena desvelada al ave 
una ave solitaria la vihuela 
una pena desvelada la vihuela 
refrescada la memoria consolada 
desvelada, solitaria canta la vihuela 
cantan santos milagrosos 
canta santo entendimiento 
ayuda, ayuda 
dios a la vista, la lengua ruda 
añuda, añuda a la pena 
el hombre la ve 
aquí a cantar

 

Cantar no hace de nadie parte de una conciencia única, los hace a todos mucho más libres saberse parte de una comunidad. El encuentro de las voces que enhebran un nosotros cada vez que cantamos, la voz y las voces, cada vez que cantan, parecidas a esos sapos que en la noche austera de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo. La voz se afinca en un aquí pero sale de sí, fuera de sí, fuera de lugar. No para retirarse, no para desertar, no, para salir al aire en la  noche de los pantanos. Como esos sapos, la comunidad se hace cantando, atraviesa el tiempo, guarda la memoria y reaviva el aliento.

viernes, 10 de octubre de 2025

Mientras la ciudad duerme

 Charly publica una colaboración con Sting

Para ser objetivos: este single relanza a Charly acompañado por una figura global, cuando después de El Escorpión parecía que ya no había olla que rascar. De algún modo es real, porque In the city tiene cerca de 20 años y ya conoce varias versiones, todas con producciones flojas. Esta es sin dudas la mejor producida hasta ahora, sin descollar. El diseño de audio es muy estándar pero suena mejor que las últimas grabaciones conocidas de Charly. Su voz sale mejor que en El Escorpión (lo que no es mucho), no sabemos si porque Charly accedió a maquillar los evidentes fallos vocales de su último LP. La participación de Sting es más un empujón de marketing ('ahora escuchen algo nuevo") que una real colaboración artística. Sting canta apenas unos minutos y su aporte no cambia la calidad artística del tema, tampoco será recordada entre las grandes performances de Sting. 

La composición misma no está entre las grandes creaciones de Charly. In the city es uno de los temas a los que él más se apegó desde 2007, no por su especial calidad sino porque debe trasmitir la manera en que Charly se autopercibe. "How do you think i'm crazy" es casi literalmente -hasta métricamente- "No pienses que estoy loco", aunque en "De mí" sonara más genuino. Charly también lo cantó a través de Lennon en "Watching the wheels": "People say I'm crazy...". Es como su frase emblema cuando otros versos más lacerantes y originales quedan como recuerdos de otra época. 

A todos nos entusiasma un lanzamiento de Charly porque nos retrotrae a tiempos mejores aunque el lanzamiento no comporte novedad, excepto que por primera vez en una década algo salido de la factoría García suena aceptablemente (no se puede decirse de La Lógica del Escorpión). Charly es un artista muy grande pero quizá el último destello de su genialidad fue en 2004, en la versión de "Seminare" bajo la lluvia en Ferro. Después de eso nunca volvió a tener esa intensidad deslumbrante. Los últimos grandes temas compuestos por él datan del período 2002/2003, Influencia, Rock & Roll Yo. Dicho esto, todos nos alegramos que Charly siga sacando discos. 

#charlygarcia 
#Sting 
#inthecity

miércoles, 16 de julio de 2025

La casa donde no vive nadie

Tom Waits



Hay una casa en mi barrio

abandonada y fría.

Los tipos se fueron de ahí

mucho tiempo atrás

tomaron sus cosas

y no volvieron nunca.

Parece que estuviera embrujada,

con las ventanas rotas,

y todos la llaman

la casa donde no vive nadie.


Alguna vez la casa estuvo poblada de risas

poblada de sueños...

¿Los desperdiciaron?

¿Sabían lo que significa

hacerle mal a alguien,

romperle el corazón?


La pintura está reseca

la madera descascarada

los papeles se amontonan en el porche

donde alguna vez estuve.

Y los yuyos crecieron

hasta la altura de la puerta.

Había pájaros en la chimenea

y un baúl lleno de ropas.

Parece que nadie jamás volverá

a la casa donde no vive nadie.


Alguna vez la casa estuvo poblada de risas

poblada de sueños...

¿Los desperdiciaron?

¿Sabían lo que significa

hacerle mal a alguien,

romperle el corazón?


Así que si encontrás a alguien

alguien con quien estar,

alguien con quien quedarte,

no lo cambies por plata,

no lo cambies por oro.


Yo tuve todos los tesoros

que la vida te puede dar

y son hermosos y buenos.

Me recuerdan que las casas

están hechas de madera.


Lo que hace hermosa a una casa

no son las puertas ni los tejados.

Si hay amor en la casa,

es de verdad un palacio.


Sin amor...

es sólo una casa donde no vive nadie

Sin amor no es nada

más que una casa, una casa

donde no vive nadie.

martes, 24 de diciembre de 2024

¿Qué nos pasa con las canciones?

Patologías Culturales - Programa del 21/12/2924: el cine y las canciones populares


En el último programa de Patologías Culturales (FM La Tribu, sábados a las 18 hs) Maxi Diomedi y Oscar Cuervo estuvieron conversando de:

- El cine argentino en 2024, con especial referencia a las recientes películas de Raúl Perrone (Solo qu3r3mos un poco de amor), Mariano Llinás (Popular tradición de esta tierra) y Andrés Di Tella (Mixtape La Pampa). La calidad de estas películas se destaca en un momento especialmente incierto para las perspectivas del cine argentino, a raíz de la posición abiertamente hostil asumida por el gobierno mileísta, ensañado especialmente contra la creación cinematográfica. 

- La gravedad de esta situación encontró una interesante respuesta en un grupo de cineastas que se autoconvocaron para organizar Contracampo, una muestra de películas argentinas de producción reciente llevada a cabo hace pocas semanas en forma paralela a un degradado Festival de Cine de Mar del Plata. En Patologías resaltamos el caracter auspicioso de esta manifestación cinematográfica colectiva para responder al ataque del mileísmo.

-Practicando poéticas muy diversas, las recientes películas de Perrone, Llinás y Di Tella tienen un inesperado recurso en común: las tres construyen su itinerario narrativo a partir de canciones populares.

- Filosofía de la canción moderna: el libro de Bob Dylan. Dice Bob:

"...la música es un ámbito donde el conocimiento no desentraña el misterio. De hecho, puede argumentarse que cuanto más sabes de música, menos la entiendes. Tomemos a dos personas: una estudia la teoría del contrapunto, la otra llora cada vez que escucha una canción triste. ¿Quién de los dos comprende mejor esa música? ...

"Y luego están las letras... a menudo, al verlas impresas se antojan poca cosa, es difícil creer que puede haber una canción ahí.

"Pero es importante recordar que esas palabras se escribieron para el oído y no para la vista. Como sucede en la comedia, donde una frase aparentemente banal puede transformarse en humor por medio de la interpretación, algo inexplicable ocurre cuando las palabras se acoplan a la música. El milagro está en la fusión. ...

"Algunos llamarían química a ese emparejamiento, pero la química parece demasiado basada en la ciencia y, por tanto, replicable. Lo que pasa entre las palabras y la música es más afín a la alquimia, el precursor revoltoso y menos disciplinado de la química, ávido de experimentación y plagado de fracasos, con sus tentativas fallidas de convertir metales vulgares en oro. La gente puede seguir intentando convertir la música en ciencia, pero en la esfera científica uno más uno siempre serán dos. La música, como todas las artes, incluida la de la seducción, nos dice una y otra vez que uno más uno, en la mejor de las circunstancias, suman tres."

También:

- La muerte de Beatriz Sarlo.

- La inteligencia artificial no piensa (El cerebro tampoco), un provocativo ensayo de Miguel Benasayag y Ariel Pennisi. Las paradojas de la tecnolgía de disponibilidad infinita.

El programa se escucha acá:

martes, 1 de octubre de 2024

Deja que el canto lance su luz cuando mueras

 

Estaba a punto de convencerme de que todas las canciones hermosas ya habían sido hechas y de ahora en más solo cabía recordarlas. La verdad no esperaba este asalto de la belleza cuando anoche escuché "Cómo la primavera", recién estrenada por Juanito el Cantor, quien parece tener una conexión con el manantial de las canciones hermosas ("Bolero", "Él salón de los espejos" o "Todo el tiempo"). Él la describe como "una suerte de milonga impresionista, colorida y melancólica" y está bien. Pero es más todavía. Juanito ya supo convocar las potencias misteriosas que conjugan la ensoñación con la ronda infantil, Debussy y las canciones de cuna.

"Como la primavera" es de esas piezas cuya existencia uno no puede sospechar aunque luego de escucharlas se vuelven apodícticas. ¿Las canciones así estarán aguardándonos en alguna parte del aire o de la noche para refulgir de pronto? ¿Habrá alguna hechicería que conocen estos magos para hacerlas aparecer de repente?

Eduardo Mateo supo ofrecernos esta especie de miniaturas raras a cuya familia pertenece "Cómo la primavera". Dejarse llevar por su pulso frágil y su ternura insólita no sé si nos hará acostumbrarnos a estas apariciones o al contrario, nos dejará desguarnecidos hasta la próxima vez en que el arte ataque.

Antes de ayer no la esperaba pero creo que encontré mi canción del año, la que me deje todavía atento.

Atenti: acá la comparto, escúchenla y después me dicen.

 

domingo, 22 de septiembre de 2024

My own private Charly


 Cuatro obras maestras entre 1974 y 1984: la década ganada. 

Pequeñas anécdotas sobre las instituciones
Yendo de la cama al living
Clics modernos
Piano bar

Son esos 4 discos que bastarían para considerarlo el número 1 del rock argentino (ex aequo con Spinetta).

Estos 4 son además la prueba de su versatilidad: desde la crudeza más auténtica hasta el despliegue más majestuoso de los recursos de un estudio de grabación. Desde el básico guitarras/ bajo/ batería/ teclados y voces en tomas directas y arreglos austeros hasta el lujo de experimentar con los planos de sonido, desde las letras más crudamente realistas hasta el expresionismo noir, desde el pop de vanguardia hasta el rock de garage y el folk de fogón. No todas las más geniales canciones están en estos 4 discos, pero a estos discos no les falta nada: son perfectos en sus propios términos.

De estas obras maestras se extraen las 20 gemas perfectas: "El show de los muertos", "Tango en segunda", "Vos también estabas verde", "Canción de 2 por 3", "Superhéroes", "Yendo de la cama al living", Yo no quiero volverme tan loco", "Peluca telefónica", "Inconciente colectivo", "Pecado mortal", "No soy un extraño", "Bancate ese defecto", "Los dinosaurios", "Ojos de videotape", "Promesas sobre el bidet", "Raros peinados nuevos", "¿No te animás a despegar?", "Piano bar", "Cerca de la revolución", "Total interferencia".


Después hay una subcategoría: las casi obras maestras, rozando lo perfecto:
La máquina de hacer pájaros (1976)
Películas (1977)
Grasa de las capitales (1979)
Bicicletas (1980)
Filosofía barata y zapatos de goma(1990)
La hija de la lágrima (1994)

Acá también hay canciones de perfección sobrenatural:

"Como mata el viento norte", "Rock", "Por probar el vino y el agua salada", "Ah, te vi entre las luces", "No te dejes desanimar", "Hipercandombe", "Ruta perdedora", "Grasa de las capitales", "San Francisco y el lobo", "Perro andaluz", "Viernes 3 AM", "Noche de perros", "A los jóvenes de ayer", "Canción de Alicia", "Desarma y sangra", "Mientras miro las nuevas olas", "De mí", "Reloj de plastilina", "Gato de metal", "Solo un poquito nomás", "Me siento mucho mejor" (cover), "Siempre puedes olvidar", "Fax U", "Chipi Chipi", "Waiting", "Love is love", "Andan", "Kurosawa", "Locomotion" (cover).


Después vienen los excelentes:
Porsuigieco (1976)
Serú Girán (1978)
Peperina (1981)
Influencia (2002)

Estos contienen una serie de clásicos indelebles:

"Quiero ver, quiero ser, quiero entrar", "Antes de gira", "Eiti-leda", "El mendigo en el andén", "Separata", "Seminare", "Cinema verité", "Llorando en el espejo", "Peperina", "20 trajes verdes", "Influencia" (cover), "I'm not in love", "El amor espera", "Happy and real".


***

Entre los muy buenos hay discos de todas las épocas. Y entre ellos se pueden ubicar algunas canciones absolutamente geniales. Solo nombro 10:

"Quizás por qué", "Necesito", "Confesiones de invierno", "Bienvenidos al tren", "Hablando a tu corazón", "Parte de la religión", "A punto de caer", "Vampiro", "Tu amor", "Say No More".


***

Entre los "solo buenos" también se puede armar una antología de obras maestras. Solo 10:

"Música del alma", "Te recuerdo invierno", "Me tiré por vos", "Digo de vos", «Canción para mi muerte/Purple Rain», «Amo lo extraño», «Telepáticamente», "Dileando con un alma", «Lo que ves es lo que hay (Todo el mundo quiere olvidar)».


***

Incluso se puede hacer un top 5 extraído de los más o menos:

"Fabricante de mentiras", "Loco, ¿no te sobra una moneda?", "No puedo dejar", "Transformación", "No importa".

domingo, 15 de septiembre de 2024

Escuchar esas voces


La Lógica del Escorpión: para un oído sensibilizado por cinco décadas de la música de Charly el disco aparecido esta semana es un ripio. Pero los analistas aguzan su flexibilidad retórica para explicar por qué esta música tan fea es artísticamente valiosa. Al revés de lo que Charly siempre ha sido: su música era tan hermosa que exigía una interpretación que estuviese a su altura.




Una voz rota y un arte consumado:

Hablando de la voz rota y sus usos artísticos, creo que Dylan lo viene haciendo desde hace años. Recuerdo cómo nos impresionó su bramido en Velez ha ya cuántos años? 2008, 16 años! Pero la diferencia es que Dylan ha estado todo el tiempo en completo control de esta performance: quizás porque viene macerando su voz desde hace décadas, siempre jugó con esa limitación. Creo que lo que alguien puede conjeturar retóricamente en el Escorpión, en Dylan ya es un arte consumado. Su voz rota es el pilar de su arte. Es verdad que Dylan despierta reacciones similares de rechazo, pero como él lo sostiene desde hace dos décadas no se trata de una conjetura sino de voluntad de estilo desafiante y corrosiva. Dedicó nada menos que cinco volúmenes a cantar con su voz rasposa el repertorio de Sinatra, ¡la Voz!). Dylan nos educó en la aridez.


Yo nunca pedí
lo que vos me diste
pero, bueno, yo
hoy aprendí lo que me diste
vos nunca pediste lo que yo te di
y está bien así para mí.
@laotra214 #FrasesDeMama ♬ sonido original - laotra21