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lunes, 29 de septiembre de 2014

Sebreli - Griesa; separados al nacer




- Tenemos acá al líder del pensamiento underground. Le preguntamos a Juan José Sebreli, la mente más brillante contra el populismo, por qué la Argentina es como es.

Sebreli: Por el populismo. Acá todavía siguen Perón y Evita.

- Incluso España tuvo un Franco pero ya no hay más franquistas.

- ¡No hay franquistas! No, realmente este es un caso único y una anomalía de gran un sector de la sociedad argentina. Porque lo votan, la gente lo vota.

(...)

- En Alemania, cuando fue derrotado el nazismo los EEUU hicieron un proceso de desnazificación. Acá va a haber un nuevo gobierno en 2015, algunos dicen que un poco antes... en algún momento va a haber un cambio que trate de desterrar esta mentalidad populista de la Argentina que nos ha llevado al fracaso.

- No tengo absolutamente ninguna esperanza. Yo creo que lamentablemente va a seguir el peronismo. El kirchnerismo es solo un episodio, 10 años de los peores, claro, pero el problema es el peronismo, que nos viene gobernando desde 1943. 


lunes, 30 de septiembre de 2013

El Olimpo Vacío: Lanata, Laurita Alonso y Panozzo recomiendan la peli de los queridos @juancristonomo y @chavesconese


Dice Laura Alonso:

"EL OLIMPO VACÍO": NO PODÉS PERDERTE EL DOCUMENTAL DEL AÑO
Quién no conoce a Juan José Sebreli? El ensayista, el pensador, el filósofo. Un convencido de los beneficios de la libertad y de las condenas de los populismos.

En "El Olimpo Vacío", sus directores Pablo Racioppi y Carolina Azzi nos muestran al Sebreli que conocemos y al que no, también. Es además una muestra descarnada de los efectos nocivos que el populismo ha dejado en nuestra cultura cívica y nuestra historia política.

De Evita a Gardel. De Gardel a Maradona. De Maradona al Che. Pasando por la locura nacionalista del Mundial 78 y la guerra de Malvinas.

En octubre podés ver "El Olimpo Vacío" en las nuevas salas del Centro Cultural San Martín en Paraná y Sarmiento.

Es una cita obligada. Por el presente, el pasado y fundamentalmente el futuro de la Argentina y de los argentinos.

Decía Marcelo Panozoo en el catálogo del BAFICI: 


La película política argentina más poderosa en muchos, muchísimos años, se apoya en la figura de Juan José Sebreli, pero logra trascenderla, tal como hace el autor de Los deseos imaginarios del peronismo con los temas de sus mejores libros: pasan a ser una piedra de toque, una excusa (gigante, sí, pero con su carga de accidente a cuestas) para ir y venir por la Argentina y sus dilemas, por este país orgulloso de casi todo aquello de lo que debiera estar avergonzado. A partir de los “mitos” patrios Gardel, Evita, Che y Maradona (que como recorte nacieron para este documental gracias a una idea de los directores, luego fueron adoptados por Sebreli para su libro Comediantes y mártires y, finalmente, terminaron como estampitas en el pabellón nacional de la Feria del Libro de Frankfurt), la película dialoga con Sebreli sobre la historia argentina reciente y lo hace con una potencia y un desparpajo extraordinarios, apoyándose en un uso muy pocas veces visto (en un estado de sampleadelia casi dionisíaco) de archivos de todo tipo. 


Digo yo: La extensa cita del catálogo del BAFICI pasado vale como testimonio de época: recordemos que este es el festival en el que alguna vez los emblemas del cine argentino fueron Mundo Grúa y La libertad. Es curiosísimo este giro epocal. Porque El Olimpo Vacío es una obra tosca, mal terminada, con procedimientos formales dignos de un programa de cable. Un mal programa de cable. Difícil imaginar un debate en la fenecida revista Punto de vista entre Beatriz Sarlo, Quintín y Rafael Filipelli sobre una película así. Varios de ellos estaban en el estreno de de la películaen el BAFICI. Es todo un síntoma de la decadencia de la derecha cultural portuaria. 

Hace muchos años Sebrelli integró el staff de las revistas Contorno y Sur. Era parte de un triángulo interesante junto a los más originales Oscar Masotta y Carlos Correas. Fue introductor en el país de filósofos como Alexandre Kojève y Trần Đức Thảo. Hace muuucho. El tiempo no lo trató bien: hoy es un personaje bizarro de la ciudad gobernada por Mauricio Macri. Fue retrocediendo hacia una especie de positivismo rústico que ya era viejo a fines del siglo XIX. El documental, de intenciones apologéticas, pone en evidencia -sin voluntad- su pobreza de ideas. Sebreli trata la noción de "mito" como un residuo del estadio oscurantista de la civilización. Para él, "mito" es sinónimo de "mentira". Su obsesión son los "mitos populistas", a cuya demolición se jacta de haber consagrado su vida. Sarlo dice, en un presunto elogio, que Sebreli le sacó a esta, su única idea, todo el jugo posible. 

Su último aporte al pensamiento argentino es demostrar que Gardel, Maradona, Evita y el Che son figuras discutibles y, por ende, sus mitos son infundados. Por ejemplo: Gardel solo podía cantar con acompañamiento de guitarras pero con una orquesta atrás se perdía. Además, no era argentino ni uruguayo sino ríoplatense, aunque había nacido en Francia. Y grabó una canción que elogiaba el golpe militar de 1930. Otra: el mito de Evita fue inventado por Perón primero y, unos años después, fue reinventado para la intelectualidad por Cortázar. Evita, que era un "ornamento" de Perón, basó su popularidad en las dádivas que ofrecía a los pobres desde su Fundación, la organización clientelista más grande de la historia argentina, mucho peor que las Madres de Plaza de Mayo. Maradona: lo más importante de su carrera futbolística es el gol con la mano a los ingleses. Y cuando estaba en la selección juvenil, en 1979, se sacó una foto con Videla. Nunca le importó la política, sino estar cerca del poder. Su popularidad se explica porque es un hombre de constante presencia mediática. El Che Guevara: de joven no tenía vocación revolucionaria, no sabía si estudiar derecho o medicina. Al Che le gustaba matar y su prédica llevó a la muerte a miles de jóvenes en Latinoamérica. Después se volvió mito por un par de fotografías que le sacaron: una cuando estaba aún vivo, otra muerto en la que yace en una posición similar a Cristo en un cuadro de Mantegna. Hoy, igual que Evita, es un ícono del mercado, usado en publicidades, remeras, posters, películas, obras de teatro y canciones comerciales. De esta forma, los mitos se construyen con un par de elementos icónicos, se imponen a fuerza de mera repetición y pueden perdurar en el sentimiento de las mayorías incultas por años. Sebreli se jacta de ser un intelectual crítico "a la manera de Sartre". Luchando solo contra la estupidez de las mayorías que creen en los mitos construidos por la industria cultural.

Estas modestas ideas son dichas por el propio Sebreli en los primeros minutos de la película. Como son sencillas, se entienden rápidamente. Pero la película dedica interminables 102 minutos a remachar sobre el mismo clavo. El crescendo consiste en un aumento en el volumen de la banda sonora, que termina con la voz estridente de un locutor extraída de un aviso de la campaña de Quilmes para el mundial de fútbol, en el que se exaltan valores patrioteros. Mientras la voz del comercial de Quilmes nos rompe los tímpanos, un collage de imágenes pasa del mundial de fútbol del 78 hasta la guerra de Malvinas y de ahí a movilizaciones peronistas. Con esto quedaría demostrada la abyección del populismo y el nacionalismo, que para Sebreli son "prácticamente sinónimos". Después de este climax dramático, Sebreli concluye que el monstruo del nacionalismo, que tantas vidas nos costó, está volviendo a instalarse en los países latinoamericanos.

La figura de Sebreli es exaltada en la misma película por Beatriz Sarlo, quien dice que es el ensayista argentino más importante del siglo XX y que su caracterización de la figura de Evita es insuperable y definitiva. También aparecen el divulgador filosófico Fernando Savater y algunos periodistas españoles que lo entrevistan con ocasión de recibir un premio literario en España. Los encuadres en los que Sebreli aparece hablando a cámara son desmañados: apenas un vehículo para que su cabeza parlante nos arroje una y otra vez la misma condena al populismo y al nacionalismo. Los pasajes en los que el ensayista se mueve por la ciudad evidencian una marcación actoral torpe que no puede evitar que en un par de oportunidades al personaje se le pianten miradas a cámara.

Mi texto sobre este fiasco fue publicado originalmente acá. Recomiendo la aguda nota de Nicolás Prividera sobre El Olimpo Vacío en otroscines.com, acá.

lunes, 15 de abril de 2013

BAFICI: El Olimpo vacío

Texto del catálogo baficiano:

EL OLIMPO VACÍO

La película política argentina más poderosa en muchos, muchísimos años, se apoya en la figura de Juan José Sebreli, pero logra trascenderla, tal como hace el autor de Los deseos imaginarios del peronismo con los temas de sus mejores libros: pasan a ser una piedra de toque, una excusa (gigante, sí, pero con su carga de accidente a cuestas) para ir y venir por la Argentina y sus dilemas, por este país orgulloso de casi todo aquello de lo que debiera estar avergonzado. A partir de los “mitos” patrios Gardel, Evita, Che y Maradona (que como recorte nacieron para este documental gracias a una idea de los directores, luego fueron adoptados por Sebreli para su libro Comediantes y mártires y, finalmente, terminaron como estampitas en el pabellón nacional de la Feria del Libro de Frankfurt), la película dialoga con Sebreli sobre la historia argentina reciente y lo hace con una potencia y un desparpajo extraordinarios, apoyándose en un uso muy pocas veces visto (en un estado de sampleadelia casi dionisíaco) de archivos de todo tipo. Marcelo Panozzo.

La extensa cita del catálogo vale como testimonio de época: recordemos que este es el festival en el que alguna vez los emblemas del cine argentino fueron Mundo Grúa y La libertad. Es curiosísimo este giro epocal. Porque El Olimpo Vacío es una obra tosca, mal terminada, con procedimientos formales dignos de un programa de cable. Un mal programa de cable. Difícil imaginar un debate en la fenecida revista Punto de vista entre Beatriz Sarlo, Quintín y Rafael Filipelli sobre una película así. Varios de ellos estaban en el estreno de anoche de la película. Es todo un síntoma de la decadencia de la derecha cultural portuaria. 

Hace muchos años Sebrelli integró el staff de las revistas Contorno y Sur. Era parte de un triángulo interesante junto a los más originales Oscar Masotta y Carlos Correas. Fue introductor en el país de filósofos como Alexandre Kojève y Trần Đức Thảo. Hace muuucho. El tiempo no lo trató bien: hoy es un personaje bizarro de la ciudad gobernada por Mauricio Macri. Fue retrocediendo hacia una especie de positivismo rústico que ya era viejo a fines del siglo XIX. El documental, de intenciones apologéticas, pone en evidencia -sin voluntad- su pobreza de ideas. Sebreli trata a la noción de "mito" como un residuo del estadio oscurantista de la civilización. Para él, "mito" es sinónimo de "mentira". Su obsesión son los "mitos populistas", a cuya demolición se jacta de haber consagrado su vida. Sarlo dice, en un presunto elogio, que Sebreli le sacó a esta, su única idea, todo el jugo posible. 

Su último aporte al pensamiento argentino es demostrar que Gardel, Maradona, Evita y el Che son figuras discutibles y, por ende, sus mitos son infundados. Por ejemplo: Gardel solo podía cantar con acompañamiento de guitarras pero con una orquesta atrás se perdía. Además, no era argentino ni uruguayo sino ríoplatense, aunque había nacido en Francia. Y grabó una canción que elogiaba el golpe militar de 1930. Otra: el mito de Evita fue inventado por Perón primero y, unos años después, fue reinventado para la intelectualidad por Cortázar. Evita, que era un "ornamento" de Perón, basó su popularidad en las dádivas que ofrecía a los pobres desde su Fundación, la organización clientelista más grande de la historia argentina, mucho peor que las Madres de Plaza de Mayo. Maradona: lo más importante de su carrera futbolística es el gol con la mano a los ingleses. Y cuando estaba en la selección juvenil, en 1979, se sacó una foto con Videla. Nunca le importó la política, sino estar cerca del poder. Su popularidad se explica porque es un hombre de constante presencia mediática. El Che Guevara: de joven no tenía vocación revolucionaria, no sabía si estudiar derecho o medicina. Al Che le gustaba matar y su prédica llevó a la muerte a miles de jóvenes en Latinoamérica. Después se volvió mito por un par de fotografías que le sacaron: una cuando estaba aún vivo, otra muerto en la que yace en una posición similar a Cristo en un cuadro de Mantegna. Hoy, igual que Evita, es un ícono del mercado, usado en publicidades, remeras, posters, películas, obras de teatro y canciones comerciales. De esta forma, los mitos se construyen con un par de elementos icónicos, se imponen a fuerza de mera repetición y pueden perdurar en el sentimiento de las mayorías incultas por años. Sebreli se jacta de ser un intelectual crítico "a la manera de Sartre". Luchando solo contra la estupidez de las mayorías que creen en los mitos construidos por la industria cultural.

Estas modestas ideas son dichas por el propio Sebreli en los primeros minutos de la película. Como son sencillas, se entienden rápidamente. Pero la película dedica interminables 102 minutos a remachar sobre el mismo clavo. El crescendo consiste en un aumento en el volumen de la banda sonora, que termina con la voz estridente de un locutor extraída de un aviso de la campaña de Quilmes para el mundial de fútbol, en el que se exaltan valores patrioteros. Mientras la voz del comercial de Quilmes nos rompe los tímpanos, un collage de imágenes pasa del mundial de fútbol del 78 hasta la guerra de Malvinas y de ahí a movilizaciones peronistas. Con esto quedaría demostrada la abyección del populismo y el nacionalismo, que para Sebreli son "prácticamente sinónimos". Después de este climax dramático, Sebreli concluye que el monstruo del nacionalismo, que tantas vidas nos costó, está volviendo a instalarse en los países latinoamericanos.

La figura de Sebreli es exaltada en la misma película por Beatriz Sarlo, quien dice que es el ensayista argentino más importante del siglo XX y que su caracterización de la figura de Evita es insuperable y definitiva. También aparecen el divulgador filosófico Fernando Savater y algunos periodistas españoles que lo entrevistan con ocasión de recibir un premio literario en España. Los encuadres en los que Sebreli aparece hablando a cámara son desmañados: apenas un vehículo para que su cabeza parlante nos arroje una y otra vez la misma condena al populismo y al nacionalismo. Los pasajes en los que el ensayista se mueve por la ciudad evidencian una marcación actoral torpe que no puede evitar que en un par de oportunidades al personaje se le pianten miradas a cámara.

jueves, 11 de septiembre de 2008

Lo dijo él (resultado del concurso)



El párrafo citado en el post anterior está casi al final de un artículo de Juan José Sebreli titulado "Aventura y revolución peronista", publicado en la revista CONTORNO en julio de 1956. En esa época, Sebreli formaba parte de una banda integrada por David e Ismael Viñas, Carlos Correas y Oscar Masotta. Después se hizo solista, con los resultados harto conocidos. El contexto en el que aparece ese párrafo es este (el artículo es muchísimo más extenso):

«La repentina aparición de Perón en el panorama político nacional produjo el mismo efecto que una piedra arrojada con fuerza sobre las aguas estancadas de un charco habitado tan solo por ranas dormidas. El torbellino de la aventura incontrolada del peronismo, con sus emboscadas, sus acechanzas, sus peligros, sus persecuciones, sus terrores, sus sorpresas, vino a turbar la monótona vida cotidiana, sin riesgos ni temeridad, en cuya permanencia y aburrimiento habían encontrado la fórmula de la felicidad los pacíficos, los indecisos, los cómodos, que ahora vivían añorando el "paraíso perdido" de aquellos tiempos tranquilos del gobierno conservador, cuando estaban excluidas toda novedad, toda sorpresa, cuando ni un farol se cambiaba de lugar, cuando sólo estallaban rebeliones rigurosamente previstas y controladas. Todo ese mundo de mitos domésticos, de pequeñas cosas queridas -el barrio, el hogar, la escuela, la iglesia, el club, el comité- fueron atomizados por el dinamismo revolucionario, separados en categorías sociales, divididos en factores de producción, disgregada para siempre su antigua intimidad, perdida su confianza, manchado su candor, planificada su espontaneidad, politizadas las ingenuas relaciones de los hombres entre sí. El porteño, el argentino, había dejado de ser una entidad exclusivamente individual y privada. Toda vida se había hecho pública hasta lo más secreto del corazón. Nadie podía ya escapar al mundo, ningún vano, ningún intersticio quedaba ya para los solitarios. En el país del individualismo, de la indiferencia, del "no te metás", de la disponibilidad espiritual, el peronismo nos obligó por primera vez a afirmar nuestras propias vidas en relación con otras vidas, con nuestros semejantes, con nuestros compañeros, aún con nuestros enemigos, por medio del amor o del odio, de la ayuda o de la hostilidad, de la complicidad o de la delación, pero nunca de la indiferencia...

«De este modo, todas las críticas, ciertas o no, al peronismo, no son sino sofismas hipócritas, subterfugios mistificadores y diversiones tácticas, que no sirven, en última instancia, sino para tranquilizar las conciencias de los privilegiados. No nos engañemos, la indignación del antiperonista frente a las torturas, a los estudiantes presos, a los diarios clausurados, a las huelgas rotas por la propia CGT, no es, en el fondo, sino una mal disimulada satisfacción, ya que todas estas injusticias le proporcionan una coartada y la comprometedora prueba de un chantaje moral. El alto industrial o el terrateniente explotarán los sufrimientos que la policía peronista inflinge al estudiante democrático para justificar los sufrimientos que ellos le inflingen al obrero de su fábrica o al peón de su estancia. Toda crítica a la violencia revolucionaria no sirve sino para justificar la violencia de las clases poseyentes y defender, aunque indeliberadamente, el "statu quo"...

«Pero el antiperonista tratará de volver nuestras propias argumentaciones en contra nuestra. Dirá que somos nosotros quienes, en verdad, estamos haciendo una diversión táctica al magnificar las mistificaciones del peronismo. Dirá que tampoco nosotros podemos exigir el abandono de los formalismos democráticos en nombre de una revolución que no se hizo, de una justicia social, una independencia económica y una soberanía política que no encontraron en el peronismo más que un portador infiel sirviéndole de decorado más que de motor.

«No lo negamos, pero, pese a todo, estos principios prendieron en nuestro país gracias a la propaganda peronista. Toda una generación de argentinos fue educada en ese lenguaje revolucionario totalmente desconocido antes de Perón.»

Y ahí viene el párrafo citado en el post anterior. Y después de ello, termina el artículo diciendo:

«Es verdad, Perón mentía a los obreros haciéndoles creer que ellos eran el gobierno, cuando en verdad no lo eran. Pero la cara positiva de esa mentira estaba en que los obreros se fueron familiarizando con la idea de que ellos debían y podían ser el gobierno, de que el gobierno era asunto de ellos. Por eso el peronismo no ha sido un sucedáneo de la revolución social, sino su propedéutica...».

Por supuesto que todos y cada uno de estos pasajes son discutibles, pero, de todos modos, la posición desde la cual están escritos da cuenta de una tensión que entonces atravesaba y aún atraviesa a la sociedad argentina, tensión que no es posible reconocer en el aguachento refugio en el "Bien Común" y la "Probidad Republicana" de todos los fariseos que hoy aplauden y emulan la penosa decadencia en que vive Sebreli.

lunes, 1 de septiembre de 2008

La comparsita



Por Oscar A. Cuervo

La obsesión del pedorrismo independiente se ha desplazado ahora desde las fuerzas de choque de Luis D'elía y la Gestapo de ciencias sociales hacia el espacio Carta Abierta.

Pueden leerse sendos textos pedorrísticos de Sebreli y Quintín en Perfil del domingo, en los que muestran la irritación que les produce la mera existencia de Carta Abierta. Es comprensible, porque estos tipos no tienen retorno. Su posición les exige un ejercicio permanente de desprecio hacia la idea de compromiso político, lo que deviene en la depreciación de la propia mercancía que entregan a la industria palabrera. Estaban bien instalados en la paz del cementerio neoliberal, compraron el fin de la historia y se ponen locos con cualquier aroma a movilización.

Son productores culturales que se han ido degradando en estos años, alguna vez entregaron algo valioso. En el caso de Sebreli, hace mucho, mucho, mucho, estudiaba a Kojeve y Tran Duc-tao. Ahora es un charlista impresentable. No creo que sean los estragos de la eslcerosis, por lo menos no de la esclerosis arterial. Más bien se trata de la praxis esclerótica del pequeño burgués sin rumbo. En los 90 ya había dado signos más que preocupantes, El asedio a la modernidad y El olvido de la razón son remedos farsescos de El asalto a la razón de Georg Lucáks, lo que ya es mucho decir. El tipo está estragado y lo mejor que hace son los seminarios de Punta del Este a los que asiste Mirtha Legrand.

Quintín nunca hizo algo siquiera aproximado al prólogo de Sebreli a Kojeve. Quintín brillaba en los 90 en un ámbito más bien propenso a la opacidad: El Amante era interesante cuando él la dirigía, hasta su necedad resultaba simpática cuando no predicaba desde el púlpito al que se subió en el siglo incipiente. Yo escribí en La otra a su favor cuando lo echaron del BAFICI y no me desdigo: el festival fue bueno cuando él lo dirigió, aunque es justo reconocer que ya era bueno cuando lo dirigía Di Tella y siguió siendo bueno con Peña y Wolf. Lo que hace ahora Q es de una mediocridad inclemente. Felicita a Sebreli, a Sarlo y a Tenembaum por la sencilla razón de que se está trazando el mapa de su territorio de posibilidades. Son una comparsa de monjes flagelantes, que se hunden en su propia mierda. La pequeño burguesía (clase a la que yo pertenezco) suele ser a veces implacable y a todos estos los ha empujado al quinto subsuelo. Sólo le pido a Dios que no me dé vida para ser tan patético.

El espacio de Carta Abierta es por eso un lugar deseable: por el odio que les produce a estos mediocres pedorristas. Yo fui el miércoles a una reunión de la comisión de políticas culturales o algo así y me encontré con gente. Digo: no con forros. Es todo medio un despelote y nadie puede asegurar que va a llegar a buen puerto, nadie sabe bien de qué se trata ni de cómo sigue, pero ahí hablé con gente que se pregunta de qué se trata y cómo sigue. Eso que tanto molesta, la movilización de los asuntos, el poner el cuerpo al conflicto, el tratar de decir una palabra que salga del estado de interpretado que reina en el ámbito pedorrístico, el descubrir que no hay buenas palabras para denominar lo que pasa, y aún así hablar, el hablar y no ser hablado, el hacer caso omiso a las mofas resentidas de los empleados de Fontevecchia y la viuda de Noble, esos son motivos suficientes para tomar partido.

Yo voy asumiendo epítetos, ya soy peronista, setentista, cartista y lo que venga. Sólo para quemar los puentes con estos mediocres del orto.