"Escuchar esas voces" - laotra21. Del álbum Lo propio del plan es que falle - Video: Martín Farina

viernes, 30 de agosto de 2019

Pulsiones nocturnas

Una revista de cine por radio, para escuchar clickeando acá 


¿Una revista de cine llamada Pulsión? Eso ya da para pensar.

El domingo pasado en La otra.-radio conversamos con dos de sus editores: Agustín Lostra y Pablo Ceccarelli y la conversación empezó por ahí, por la pulsión. Ya desde el título, no agarran para el lado más obvio de las referencias cinéfilas. La pulsión es algo más amplio, más abierto que la cinefilia. Contra ese sinsentido propagado por los cinéfilos de que el cine es algo más grande que la vida.

Nos dice Agustín: "A mí 'cinefilia' ya es una palabra que me molesta, me connota a la persona que consume cine casi de una manera drogadicta y su mundo se reduce a eso. Como querer capturar todo a través del cine y nada más".

Pablo Ceccarelli agrega: "La idea de pulsión se vincula también a la tensión, a la idea de tensar ciertos polos. Provenimos de un grupo que se junta en la Universidad de La Plata, pero intentamos escaparnos de las formas de la escritura académica, y también nos resulta problemática la idea de un cine más grande que la vida o por fuera del mundo, porque el cine y el mundo están irremediablemente uno conectado con el otro. No porque creamos que el cine esté solo para hablar de la coyuntura y podamos escapar de las discusiones acerca de las formas y del lenguaje, al contrario. Pero el cine está inevitablemente atravesado por el mundo y el mundo está hoy atravesado por el cine y el audiovisual".

- En Pulsión esquivan el dilema -falso, digo- entre producir una escritura académica o practicar el culto sectario de la cinefilia. Releo sus notas y veo un trabajo atento sobre el propio acto de escritura. En cada texto encuentro un preguntarse y responder de distintos modos los cruces entre la experiencia del cine, de la escritura y la conversación.

- Exactamente -nos dice Agustín-. No acepto la idea de que el texto sea algo subsidiario. En este número 10 le contesto al colega Eduardo Savino de la revista Caligari, que había dicho: «El crítico de cine, ante todo, es un cinéfilo. De forma subsidiaria es un escritor». Yo no siento que mi escritura sea una posición subsidiaria respecto de la cinefilia. Escribir es hacer obra y también es un trabajo sobre el tiempo y el lenguaje. Intentamos que nuestra escritura no quede atada a las películas sino que tenga su propia valía.

Agustín escribió en el número 10 un texto titulado "Amarres. Andamios. Abismos":

«Yo no quiero ser nada de forma subsidiaria. El crítico de cine para mí es ante todo una espectadora con avidez de apalabrar, con deseo de enfrentarse cuerpo a cuerpo con las imágenes en la potencia de su lengua y su palabra. Es una realizadora de lenguaje, de palabras. En el mejor de los casos, también es una realizadora de imágenes y sonidos. No subsidia nada, hace forma».

El texto, una especie de ensayo poético, empieza diciendo:

«Es en la radio. En vivo.

«A: Es que con la prosa soy bruto. No me conmueve. Solo tengo ojos para la poesía».

Sin embargo, el propio texto no descansa sobre la tranquilidad de haber encontrado en la poesía un género que lo cobije y así van apareciendo una cadena de voces que discrepan o vacilan:

«Si la vida no es una aventura, una exploración delirada, donde libros y películas transcurren junto a obras de teatro, performances, amantes, danza, levantadas con mate y Eduardo Mateo, entonces para qué. Ampliar el horizonte, salir del consumo irrestricto de películas como un bien absoluto, de la glotonería cinéfila. El vaivén como guía, el entrecruce de experiencias. Prefiero la insistencia particular, la relectura, la mística y el arriesgar retóricas tajantes para que me devoren mis compañeros, producir tela para cortar».

Tela para cortar nos dejó nuestra conversación radial con ellos. En el mismo número de Pulsión hay varios textos dedicados a la película de Franco Palazzo La distancia: «Todas las distancias. La distancia». Varios autores que discuten, rescatan, objetan, se entusiasman o se permiten dudar sobre la película. El que cierra la serie se llama «Pensamientos nocturnos (por Whatsapp)» y está estructurado como una serie de ideas que rondan en la cabeza de Ceccarelli a altas horas de la madrugada, una vez que parece que los integrantes de la revista ya lo dijeron todo sobre la película. Los primeros cuatro mensajes, emitidos sucesivamente a las 3:47, a las 3:49, a las 3:57 y a las 4:10, aparecen eliminados -Pablo nos confiesa que últimamente tiene problemas con el sueño-. Recién a las 4:15 se decide a dejar uno:

«Hola chicxs. ¿Cómo les va? Perdón por escribirles a esta hora tan tarde. Y también por la lista enorme de "mensajes eliminados". Había hecho este audio cuatro veces pero nunca estaba del todo convencido y el insomnio me jugó una mala pasada. Me costaba mucho poder armar algo coherente que no reitere todas las cosas que ya escribieron y con las cuales coincido bastante.
«También me pasa que La distancia, contrariamente a su título, es una película muy cercana (por lo temático, por lo geográfico, por los responsables de su producción, porque suena Isla Mujeres y eso me condiciona de cierta forma a la hora de analizarla».

Pablo nos aclara que Isla Mujeres es una banda integradas por cuatro chicas de La Plata, dos de ellas son protagonistas de la película y «Pensamientos Nocturnos» es un tema de Peces Raros, otra banda de La Plata.




Pablo y Agustín nos cuentan que en La Plata hay encuentros, cruces, roces, caricias, entre las bandas musicales y los cineastas. Sin haber visto la película La distancia ni saber darle la razón a ninguno, puedo respirar a través de estos textos algo del aroma y de la luz -que imagino no sé por qué melancólica- de esos paisajes.

En el programa hablamos también de una película que varios de los presentes acabábamos de ver y, para variar, no estábamos del todo de acuerdo. No salió de la conversación algo así como un dictamen que absolviera o condenara Once upon a time in Hollywood, la última de Tarantino. Pero Agustín, que no la vio pero tuvo que escucharse todos nuestros spoilers, nos dijo que después de la charla quedó con ganas de verla.

El programa lo escuchan acá.

martes, 27 de agosto de 2019

Anochecer de un día agitado


Martes negro. El riesgo país llega a 2008. Los bonos argentinos se hunden más de 14%. El BCRA vendió u$s 302 M de reservas pero el dólar se disparó a $58,66. El MERVAL pierde 4%. Se reúne el gabinete durante varias horas para tomar medidas. Y resuelven que el trollcenter impulse el hashtag #ElRiesgoEsCristina

Argentina se parece a las películas de Tarantino

La otra.-radio del domingo pasado para escuchar clickeando acá


Siempre hay un momento en las películas de Tarantino en el que las cosas se ponen fuleras y eso es lo que a muchos nos gusta cuando vamos a verlas: ver cómo se las arregla para llegar a ese punto sin que suene a un truco ya gastado y que la liebre salte por donde menos se la espera. En las últimas películas, además de toda la trivia pop a la que apeló en el primer tramo de su obra, Tarantino supo agregar un elemento nuevo que planteó problemas a sus fans de la primera hora. Introdujo huellas de la historia y las desformó de modo problemático, lejos de esas convenciones de las películas "basadas en hechos reales", con una libertad que incomoda tanto a los serios como a los divertidos.

Cuando en medio de la nieve aparece un personaje que porta una carta de Abraham Lincoln, cuando el propio Hitler va al estreno parisino de El orgullo de una nación -una película tan chauvinista y racista como las que se le celebran a Griffitth en el cine norteamericano-, cuando Polansky deja a Sharon Tate en su mansión y por ahí andan rondando unos hippies desbordados, uno se pregunta hasta dónde va a llegar el cineasta para producir una torsión ficcional de la historia conocida. Sabemos que en algún punto esto se va a poner fulero pero no sabemos cuándo ni cómo.

A veces Argentina se parece en su frenética coyuntura a las películas de Tarantino. Por ejemplo, al macrismo no le alcanzó todo su maneje cibersocial para evitar una estruendosa derrota en las urnas hace un par de semanas, por más que tenía sus espaldas cuidadas por los malos más grandotes y dañinos. Pero como Tarantino, Marquitos Peña quiso permitirse producir una selfie de la pareja presidencial en el balcón, con un montón de extras psiquiátricos de fondo en Plaza de Mayo, para reescribir el escenario de la derrota y sustituirlo por una algarabía triunfal. Se comportan como si hubieran ganado y están de salida. Peña y macri hacen continuos inserts para ficcionalizar no ya la historia pasada sino el duro presente. Igual que en Tarantino, esto no significa que las cosas terminen bien. Siempre hay un momento en Argentina en el que las cosas se ponen fuleras.

El intento de entrampar a Alberto F. para que él se haga cargo del ajuste al que el macrismo y el FMI nos condujeron está a la vista de todos. Supongo que los Fernández aprendieron alguna lección de cómo terminó un intento similar con Dilma en Brasil. Si nosotros lo vemos, seguro que Cristina, que mostró ser una lectora atenta de los procesos de los gobiernos populares de esta región, ya lo vio. La propuesta que le hizo a Alberto para conformar una fórmula en la que él fuera el candidato a presidente y ella a vice parece haberla decidido después de analizar el callejón sin salida en el que se metió el PT en el país que terminó gobernando el payaso asesino de Bolsonaro. 

Alberto tampoco parece ningún tonto, sabe con quiénes se las tiene que ver y también tiene presente quiénes acudimos a votarlo. Alberto debe saber perfectamente que llega con nuestros votos y no tiene margen para pegar la voltereta que pegó Dilma, por la cual el PT minó su base social y terminó como sabemos. Su alianza política con Cristina constituye la novedad que pegó un cimbronazo estratégico no solo en el país sino en la región, un giro dramático de a esos que a Tarantino le gustan. Muchos quedaron estupefactos por la iniciativa que dejó a macri en el estado de brote en el que hoy se halla. Hasta el FMI se da cuenta de que con este hombre no queda mucho por hacer. Hasta Durán Barba recalcula. 

Parece que el macrismo tambaleante y el establishment que siempre sobrevive están tratando de reacomodarse ante estas nuevas relaciones de fuerza cuyo poder emana de las urnas. Quieren todavía reescribir el final de la película. Estamos en el medio de una de Tarantino, cuando las cosas aún no se pusieron del todo fuleras, pero sabemos que en algún momento va a pasar.

En el programa del domingo de La otra.-radio hablamos... ¿de cine o de política?

Escúchenlo acá. Participaron además dos integrantes del grupo editor de la revista de cine Pulsión: Agustín Lostra y Pablo Ceccarelli. Pero eso merece un post aparte.

lunes, 26 de agosto de 2019

Con los chicos no, Larreta


por Cristina Campagna

Ilustración: Carmen Cuervo


Con los chicos no, Horacio Rodriguez Larreta…

Dos casos en estos días son muestra de insensibilidad del gobierno porteño:

La escuela nº 14 que atiende a chicos con discapacidad intelectual será cerrada por problemas edilicios y trasladada su población a la escuela integral interdisciplinaria nº 3

¿Las consecuencias pedagógico-didácticas de esta fusión fueron evaluadas?

Imagino a los alumnos de la escuela 145 entrando a un nuevo espacio más pequeño, distinto, que por sus dificultades no entenderán el porqué.

Imagino a los alumnos de la escuela 3 que verán ingresar e invadir sus espacios por otros unos otros que no conocen.

Imagino a ambos grupos con miedos, desolación y aumento de sus inseguridades.

Imagino a ambos grupos sintiendo que han perdido espacios de juegos, de integración, etc.

Imagino a ambos grupos no solo despreciados, sino además ninguneados…



Treinta alumnos de la escuela Francisco de Victoria de Villa Crespo tuvieron que ser hospitalizados después de comer pizza en su almuerzo escolar.

¿Puede tanto la codicia de los proveedores?

¿Dónde están los controles sanitarios del gobierno de la Ciudad Autónoma?

¿Dónde están las responsabilidades?

Los alumnos descartables que cayeron en la escuela pública, son responsables de ser pobres, de ser como los alumnos del caso anterior, no sólo son despreciados sino además ninguneados.

¿Nos estamos acostumbrando a estas inequidades?

¡Con los chicos no, Rodriguez Larreta, con los chicos no!

domingo, 25 de agosto de 2019

Sharon Tate no se salva (Apuntes sobre la última de Tarantino)

Érase una vez en Hollywood


En este texto no se respeta el pedido de Quentin Tarantino de no difundir momentos decisivos de la narración de su nueva película, Érase una vez en Holllywood. Los que no la hayan visto todavía pueden postergar su lectura.

Desde Death proof fue imponiéndose el consenso crítico de que Tarantino realiza a través de sus películas un ajuste de cuentas con lo real, por el que las víctimas ven compensadas en la pantalla las ofensas que sufren en la vida. Ahí un grupo de chicas bravas devolvían en la ficción toda la violencia que la sociedad machista había descargado sobre ellas. Bajo el curioso axioma de que "el cine es más grande que la vida", un sinsentido solo sostenible por el irracionalismo cinéfilo, se postuló que en la oscuridad cerrada de la sala cinematográfica podría repararse lo que en el mundo está desarreglado. Y se dedujo de ahí que se trataba de una película feminista. El malentendido se agravó cuando Tarantino emprendió su "giro histórico". En Bastardos sin gloria se permitía reescribir un final alternativo y supuestamente más justo para el régimen nazi, con Hitler y toda la jerarquía nazi ardiendo en París, en medio de las llamas propagadas por el superinflamable nitrato de plata en una sala de cine. Se dijo entonces que Tarantino "ajusticiaba" en el cine los agravios sufridos por las víctimas de aquel régimen genocida. Con la misma lógica que se le atribuyó a Death proof un presunto feminismo, Bastardos... sería una película antinazi. 


La idea es de una puerilidad desoladora: como si una broma cinematográfica donde los malos reciben el merecido que en el mundo real no sufren tuviera el efecto de restituir un orden perdido, una compensación ilusoria que le otorga a la ficción la capacidad de conciliar los conflictos irresueltos. La gracia estaría en vengarnos en un plano imaginario por todo lo que soportamos en la realidad. Esta consolación vengadora permitiría que en los hechos los malos del mundo sigan ganando, pero que nosotros nos sintamos compensados con el bajo costo -ya no tan bajo en Argentina- de una entrada de cine. Si este fuera todo el plan de Tarantino, se trataría de uno de los cineastas más estúpidos de la historia.

Me temo que con el estreno de Erase una vez en Hollywood esta tesis afirme su dominio irrestricto. Leo la mayoría de las reseñas que merece la película y me da la impresión de que esta lectura ya alcanzó jerarquía canónica. Tarantino toma un episodio muy recordado, la masacre que el Clan Manson perpetró en 1969 en la casa de la actriz Sharon Tate, por entonces esposa de Roman Polansky. Es un dato que se supone que todo espectador que vaya a ver la película conoce. Tarantino integra este episodio real en una trama ficticia que le permite reescribir el final trágico mediante un desvío ligero y divertido, de un violencia hiperbólica que es firma de autor. Uno espera determinada masacre y la película le ofrece otra. Uno sale feliz porque la linda Sharon se salvó de la muerte.


Lo cierto es que el final de Érase una vez en Hollywood es lo más lejano de un happy ending que pueda concebirse. El artificio ficcional que permite desviar y aniquilar a los hippies satánicos solo funciona bajo la condición de que uno conozca el auténtico final de la historia. Entonces el plano picado por el que vemos que el personaje de Di Caprio entra al final a la mansión donde lo espera Sharon Tate está muy lejos de tranquilizarnos. El deux ex machina es ostensible y el fuera de campo no nos cobija en una fantasía feliz, sino que nos expulsa otra vez hacia el mundo terrible. La complejidad que opera el recurso de la reescritura ficcional de la historia queda muy lejos de toda lectura conciliadora.

¿Puede pensar la ficción? Tarantino es un creador de formas. Siempre buscó nuevas formas que piensan la naturaleza de la ficción y el poder que ella ejerce sobre lo real. Acá, por ejemplo, prescinde de la progresión desde diálogos ingeniosos hacia estallidos de violencia, ese recurso que dominó como nadie. Para que su obra se redujera a lo que la mayoría de los críticos cree encontrar en él, tendría que haber ido operando una restauración neoclásica con florcitas y música melosa a la manera de un avejentado Clint Eastwood. Pero a medida que Tarantino se va acercando a la conclusión de su filmografía -esta es su novena película y hace tiempo anunció que la décima será la última- su diseño narrativo fue implosionando, cada vez más lejos del culto del clasicismo que las lecturas conservadoras le atribuyen. El desequilibrio, el desvío, el desplazamiento y la sustitución evidente -esperás esto pero no te lo lo doy, decido no dártelo, no vas a salir del cine tranquilo ni conciliado con la vida- son los procedimientos que en sus últimas películas, muy especialmente en Los ocho más odiados y en esta, lo llevan a minar toda noción de justicia clásica.


Hay varias secuencias memorables en esta película de estructura irregular, por momentos errática, pero especialmente hay una de una potencia sobrecogedora. El personaje de Di Caprio se somete a un rol degradante en su decadencia artística. En una serie dirigida por un chapucero tiene que encarnar a un villano caracterizado de un modo que le resulta humillante. El personaje de la ficción dentro de la ficción toma de rehén a una nena encarnada por una pequeña actriz de 8 años que en una escena anterior, en un alto de la filmación, mantuvo con él un diálogo en el que ella reveló una inteligencia y una sensibilidad superiores. A diferencia de otras escenas en las que vimos a Di Caprio encuadrado en formatos y texturas que indican la materialidad de los objetos fílmicos en los que está confinado, acá el punto de vista que adopta la cámara de Tarantino es directo. Los efectos de iluminación, los desplazamientos de la cámara, las distancias focales generan una coreografía de una belleza subyugante y gozosa. Tarantino no imita acá la retórica de las viejas series de televisión ni del cine de género al que supuestamente tributa. Lo que hace es crear una puesta propia en la que despliega todo su dominio de recursos cinematográficos suntuosos. Nada de clase "B" ni de "géneros bajos". Ni serie ni spaghetti: Tarantino puro. Durante la secuencia, el actor que encarna Di Caprio olvida varias veces sus líneas de diálogo, interrumpe el plano de la ficción y reclama a la apuntadora que le recuerde las palabras que tiene que decir. Cada tránsito súbito entre la ficción y la ficción dentro de la ficción produce un sobresalto que deja al descubierto las varias capas narrativas. En su camarín lo vemos desesperado por no poder hacer el papel que se le encarga. La escena es narrada mediante una sucesión de jump cuts, a la manera de Godard. Cuando retoma la filmación, Di Caprio logra una performance conmovedora y la nena actriz le declara que es la mejor actuación que jamás vio. Esta larga secuencia es el corazón mismo de una película que ensaya los mil modos posibles de indicar referencias intertextuales. 

1969, el incidente Manson, es el punto de incisión de la(s) historia(s) del cine según Tarantino. 


Lo que acá se logra es la proeza de exhibir el artificio y a la vez conseguir que siga obrando el hechizo de la ficción. La verdad de la ficción: todo lo contrario a esos índicadores a los que recurren los cineastas que no creen en lo que hacen y ponen ese cartel, "basada en hechos reales".

Sharon Tate no se salva: fue asesinada por el Clan Manson, nos dice al final Erase una vez en Hollywood. Lo que acabás de ver es un cuento y no te mostré la escena que esperabas sino que te distraje con otra divertidamente brutal, te identificaste con un femicida y un pusilánime adorables. Pero, ojo, que el mundo que te espera sigue siendo atroz.

viernes, 23 de agosto de 2019

Nada queda en familia

La sobrina de Mirtha Legrand llama "asesino" y "torturador" a Mauricio Macri



por Esteban de Valle

Los muchachos de antes no usaban arsénico es una comedia de humor negro de José Martinez Suarez estrenada en 1976.

Un género poco cultivado por el cine argentino, estrenada a comienzos de la dictadura, donde el ingenio de los diálogos mordaces cruza una gama de textos y subtextos de fuerte poder simbólico y premonitorios ante el clima de época silenciado por el terror. Todo gira en torno a una antigua estrella de cine retirada y varios personajes aislados en una casa, donde los intereses de los personajes están cruzados, el cinismo y el ocultamiento están a la orden del día y las líneas de diálogos explicaban misteriosas desapariciones con frases tales como: "Se fué. Desapareció. No está." o "En fín. ¡Desaparecen tantas cosas hoy día!".

Requeriría un texto más extenso (y no pretendo hacerlo ahora) desgranar las comparaciones con El cuento de las comadrejas, la versión que realizó Campanella, director que hizo gala su cinismo de doble sentido, respecto de dos de sus películas que con distintos formatos llevan el mismo esquema: Luna de Avellaneda y Metegol, en el que el espectador empatiza con un héroe que lucha contra el avance neoliberal pero, sin embargo la lógica circunstancial que plantea el guión, indica que inevitablemente van a perder y no sólo eso, indica que es lógico y hasta deseable que pierdan.

Lo que de ninguna manera niego es la habilidad de Campanella como cineasta, sobre todo para manejar el plano simbólico, tanto en las estructuras, los diálogos, las imágenes y los objetos que conjuga. Un tipo de nivel simbólico que al que el cine actual (o posmoderno) renuncia y que aunque parezca tardío, a mí me resulta loable, aunque no esté de acuerdo con lo que determina.

Por ejemplo el poderoso plano final de El secreto de sus ojos, que completa el sentido de toda la película, con una mano cerrando una puerta, lo que implica claramente el imperativo de Campanella, nuevamente en la misma línea ideológica: cerrar la puerta al pasado para avanzar al futuro.

Así es que la ahora reconvertida trama de Jose Martínez Suarez, cuenta con una magistral actuación de Graciela Borges en el papel de la diva, que "accidentalmente", como al descuido ha "matado" con su estatuilla del Oscar, a las otras dos mujeres de la casa, esposas de un legendario director (Oscar Martinez) y su guionista (Marcos Mundstock), cuyos cadáveres convertidos en obras de arte, conviven en la mansión con los personajes que han acordado mantener el secreto, para evitar el escándalo con la prensa.

No hace falta mencionar que, dentro del clima de época que estamos viviendo, no es poco el peso simbólico que los estos actores tienen ya de por sí, por su vida pública y sus opiniones políticas, lo cual resulta indesligable desde el vamos. Me refiero a Luis Brandoni, Oscar Martinez y Marcos Mundstock.

Voy a intentar citar sólo dos diálogos mas o menos de memoria, para orientar el sentido en el que apuntan éstos subtextos:

En un momento la diva narcisista y glamorosa (una suerte de Norma Desmond argentina) le explica a una visitante, interesada en hacer negocios con la mansión, el motivo del ocaso en la carrera del cineasta:

- Tenía una carrera exitosa pero en los 70 se le ocurrió ir a Tucumán a filmar a los obreros de la zafra. ¡¿Con qué necesidad?!. Llegaron los militares y tuvo que exiliarse. Volvió con la democracia, pero ya estaba fuera de tono con la época. Había que susbsistir. Ahí fueé cuando se le ocurrió su peor fracaso, La gansa con panza.

Como si hiciera falta la conclusión, agrega:

- Los obreros de la zafra jamás le agradecieron nada.

La Diva ha estado enfrentada con el resto de los integrantes de la extraña "familia". Quiere vender la casa de su propiedad y dejarlos a todos en la calle. Brandoni, un viejo actor que ha fracasado por ser demasiado sentimental y que juega el papel de una especie de marido no reconocido, trata de hacerla entrar en razón, apelando a su corazón por lo mucho que han hecho por ella:

- Pero Mara. Somos una familia. Esta es la forma que hemos construído para vivir. Fuimos nosotros los que escondimos a tus muertos para que puedas vivir tranquila.

Frase que hiela, sin necesidad de mucha explicación.

Yo celebro un cine de diálogos ingeniosos, el humor negro y el nivel simbólico, cosas que no estarían nada mal.

Pero como siempre, a lo que apunta el contenido del discurso de Campanella, unido a la impactante presencia de los actores y sus posiciones políticas, es bastante claro o mejor dicho, oscuro. Aunque lo dejo picando, porque me gustaría hacerlo mediante un análisis más minucioso y extenso. Por ejemplo, faltaría analizar la otra operación extraña que realiza Campanella: aquí los viejos representan el fracaso de una época fallida, con la astucia necesaria para sobrevivir airosos, pero los jóvenes (Clara Lago y Nicolás Franchella) representan sin ambages el avance de la cultura neoliberal, pragmática y desalmada de los negocios. ¡Que ésta vez pierde! Hay todo un asunto en esa operación también.

El caso es que, después de las elecciones pasadas y con todo el impacto que esto ha provocado en los defensores macristas, justo fallece José Martínez Suárez. Motivo por el cual otra diva, pero de la vida real, su hermana Mirtha Legrand, se excusa por dos semanas de emitir sus almuerzos.

Lo cierto es que, ni siquiera asistió al velatorio de su hermano, quien de alguna manera se encargaba de poner paños fríos al antagonismo con su sobrina.

Para Josecito, las cosas no eran tan fáciles, poco tiempo después del estreno de Los muchachos..., en el 77, un grupo de tareas secuestra a su hija y su yerno.

Su hija fue liberada dos días mas tarde, pero su yerno se cree que fue asesinado con enfrentamientos fraguados. Oficialmente continúa siendo un desaparecido.

Según parece, la presencia de Mirtha en el velatorio, encontrándose con su sobrina, hubiera llevado una carga simbólica imposible de sobrellevar.

Es llamativo, el sincronismo de los acontecimientos, del alto poder simbólico que emana justamente la historia de esta familia, que hasta Clarín (ver acá) ha publicado éstos días un registro del 24 de marzo del 2018 de las opiniones de María Fenanda Martinez Suarez, sobrina de Mirtha, hija de José, sobre el gobierno de Mauricio Macri.

A la sasón todo indica que la puerta que se cierra al final de El secreto de sus ojos es un símbolo que no resulta premonitorio y que no pasa de ser una expresión del deseo fallido de Campanella.



La sobrina de Mirtha Legrand llama "asesino" y "torturador" a Mauricio Macri

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por Lidia Ferrari

Mi amigo Héctor, peronista histórico, me envió sus comentarios acerca de mi nota anterior (La táctica y los panqueques hasta las elecciones de Octubre) que juzgo excelentes. Como no cultiva las redes sociales, me autorizó a socializarlos:

“Lo mismo les digo a mis compañeros de la siguiente manera: Debemos concentrar nuestras fuerzas en la dirección política principal: triunfar el 27/10 y derrotar al macrismo que representa el núcleo central del neoliberalismo gorila y no solo de Argentina sino de Suramérica. (Bolsonaro no es confiable para el Imperialismo, por su brutalidad). Sumar la mayor cantidad de ciudadanos por aquello de Victorio Gassman: “Dios no apoya a los buenos si no son más que los malos” (La Armada Brancaleone) y aislar al enemigo multiplicando la critica a su médula más dura. Tolerando incluso en nuestro campo a algunos panqueques que es preferible tenerlos “en nuestra carpa meando para afuera y no afuera meando para adentro”. Será una batalla estratégica como Ayacucho, Stalingrado y Diem Bien Phu. Luego las cosas se verán totalmente diferentes; habrá un nuevo realineamiento de fuerzas en la región (algo de eso ya estamos viendo por aquí) y ayudaremos también a aliviar la presión que EEUU está ejerciendo sobre Venezuela, Nicaragua, Bolivia, incluso, nuevamente sobre Cuba. Y ya se podrá hacer una limpieza de los bolsones enemigos aislados, que hayan quedado, después del triunfo. Por si quedara alguna duda, sobre lo estratégico de esta batalla, alcanza con ver el respaldo político y en dólares que el imperialismo está dando a Macri”.

jueves, 22 de agosto de 2019

La táctica y los panqueques hasta las elecciones de Octubre



“La táctica depende del tiempo, atenta a «coger al vuelo» las posibilidades de provecho. 
Lo que gana no lo conserva. Necesita constantemente jugar 
con los acontecimientos para hacer de ellos «ocasiones».”
Michel de Certeau, La invención de lo cotidiano1, Artes de Hacer

por Lidia Ferrari

Esta frase de Michel de Certeau viene bien para analizar el tiempo que se avecina hasta las elecciones de Octubre. La recordé cuando empecé a leer las críticas a los periodistas panqueques, esos que empezaron a dar vuelta sus opiniones después del resultado del 11 de agosto. La estrategia magistral de la gran estratega Cristina puso a andar una maquinaria que está marchando al ritmo de los cambios que generan entre todos los actores de la vida política. En esa marcha, los pasos tácticos no están definidos necesariamente por la estrategia. La táctica, como dice de Certeau, es «coger al vuelo» las posibilidades de provecho. No necesariamente eso que se gana se va a conservar. Esto supone que no tiene sentido o, mejor dicho, utilidad política concreta actual, criticar lo criticable de los que se dan vuelta ahora, a último momento. Aprovechemos la ocasión de que los periodistas mediáticos hablen mal de Macri y bien de Fernández, cuando lo hacen, pues no importa lo que hacen ellos, sino la repercusión que tiene sobre los potenciales electores de Octubre. Tampoco tiene mucha utilidad práctica políticamente, a mi modo de ver, que se critique a Alberto F. por lo que dice o hace en relación con nuestras expectativas. Es hora de apoyar tácticamente, la genial movida estratégica de Cristina, para aunar y que el “TODOS” siga siendo lo que demostró ser el 11 de agosto. Amenazar a los panqueques con el juicio final o de la historia quizás sea tarea para después de octubre, no para ahora. Los panqueques suman. Dejemos la estrategia para quienes ya la han puesto en marcha, con sorprendente suceso. Y nos ha devuelto las esperanzas. Nosotros, tácticamente, tenemos que acompañar y sumar. Los panqueques se suman solos, no los restemos.

miércoles, 21 de agosto de 2019

Si pudiera explicar...


"Yo quería un disco metafísico"

Junto a Maximiliano Diomedi un feriado de abril fuimos a la casa de Liliana Herrero para hablar en profundidad sobre su disco Canción sobre canción. Pasamos una tarde conversando de arte, política y lenguaje(s). Acababa de llegar del Contracongreso de la Lengua en Córdoba y de una visita a Milagro Sala en su prisión domiciliaria. La charla no tiene desperdicio.

Este 2019 Liliana editó Canción sobre canción, un disco en el que interviene la obra de Fito Páez no para afirmarse en lo ya cristalizado, sino – como viene haciendo desde siempre- para perderse en lo que puede ser, en lo que está sugerido.

“La clave está en la palabra sobre”, nos dijo Liliana Herrero. Y es cierto. Si la música está hecha de miles de capas superpuestas (melodía, ritmo, armonía, timbres, letra, voz, intención… en fin, todo lo que hace al sentido de una canción), ella, a la vez que le sustrae capas a las composiciones originales, le suma nuevas posibilidades. Esto quiere decir que no es cualquier intervención la suya: es una que subraya y omite, que abre y borronea, que se aventura al diálogo y fuerza nuevas lecturas. Estamos frente a un disco que piensa la obra de Fito como nadie quizás hasta el momento. Uno de sus mayores desafíos ha sido (y será) acompañarnos a desaprender el original para que nuestros oídos modifiquen lo que reconocen como el paisaje Páez (que ya es parte del aire). Liliana lleva la voz cantante no sin miedo, no sin el riesgo que implica entrar a una obra que al tener sus propias reglas podría haberla expulsado (nunca habría que perder de vista que las obras también ejercen derecho de admisión, incluso las más abiertas). Eso no sucedió porque sabe lidiar con este tipo de composiciones (y compositores). A este disco hay que escucharlo poniendo la oreja entre lo que se remarca y lo que se deja de decir, entre la vida y la muerte, entre la calidez del hogar y el peligro de la intemperie. Hay que escucharlo atentos al sobre, pero también en el entre.

Junto a Maximiliano Diomedi fuimos a su casa y pasamos una tarde conversando de arte, política y lenguaje(s). Acababa de llegar del Contracongreso de la Lengua en Córdoba y de una visita a Milagro Sala en su prisión domiciliaria. La charla fue en abril. En el medio pasaron muchas cosas, sobre todo a nivel social y político (elecciones primarias incluidas), pero ninguna que obligue a rever alguno de los conceptos expresados.

- La lengua es un colador -nos decía Liliana-. Si no fuera un colador, ¿por qué Fito en un tema habría puesto: "Si pudiera explicar"? Esa es una expresión maravillosa. En el caso específico de la lengua, en relación a este disco, la frase clave es: "Si pudiera explicar". Esto pone en cuestión la pretensión de la lengua de capturar en el habla lo que existe. Por eso para mí es difícil escribir con el arroba, la x o la e, porque siempre hay algo que cae, algo que está roto, que está quebrado, que no alcanza. En su esencia la lengua no es inclusiva. Esto lo dije en el Contracongreso de Lengua en Córdoba y una señora me dijo: "Use la e". Y yo dije: "Espérenme, no puedo resolverlo". Pero entiendo que son planos distintos, ¿cierto? Uno es un plano de lucha política (aunque muchos grupos feministas no lo piensen así) y otro es el plano de la condición humana misma y de la pretensión de la lengua de capturar lo que existe.



- Además, uno no maneja el habla, de manera que más que la dificultad de querer manejar el arroba, la x o la e, es la dificultad de querer manejar algo que es indómito.

- Por eso, es un colador. Insisto con la idea de colador. Se escapa por todos lados, porque sino no existiría la expresión "Si pudiera explicar". Y le agrega: "Lo hice para quebrarme a mí". Mirá que interesante eso. A mí me parece extraordinaria esa frase. Si fuese inclusiva la lengua en sí misma no necesitaríamos decir: "Si pudiera explicar", o "cómo te explico", o "no sé cómo decirlo", tantas frases cotidianas que utilizamos y no percibimos la dimensión de invalidez que tiene la lengua. "Olvidada invalidez", como dice Fernando Cabrera.

- Otro especialista en la lengua.

- Absolutamente. Él quiebra también. Tengo que encontrarle una idea a la idea de quebradura, porque puede entenderse, por mi modo de cantar más bien trágico, que la quebradura está necesariamente ligada al dolor, pero puede estar ligada también a la idea de felicidad. Entonces, tengo que encontrar un pensamiento sobre eso.

Si quieren leer la muy extensa entrevista completa, la encuentran en la nueva página web de Patologías Culturales, clickeando acá.

También pueden escuchar el podcast acá:

lunes, 19 de agosto de 2019

¿Qué podemos aprender de este desastre? La máquina de mentir está reseteándose

La otra.-radio del domingo después, para escuchar clickeando acá 


En la página 74 de Cambiemos o la banalidad del bien, el breve ensayo que Hernán Sassi escribió en  el último año y medio y publicó hace pocas semanas, se lee:

"Schmucler escribió que 'el mal [...] se esconde en la eficacia; es esa eficacia. Está en la afirmación de la naturaleza incondicionada de ciertas normas'. Está en mandatos como el que guía a Cambiemos a 'hacer lo que hay que hacer'. En este mandato piensa G. Varela cuando los define como 'máquinas de ejecución' y como 'el bisturí impiadoso del capitalismo'. Un capitalismo que, como repite una y mil veces M. Macri, 'es el único camino'.

[,,,] "Son 'la espada sin cabeza' del capitalismo 3.0. Sueñan como en Blade Runner con ovejas mecánicas, lo cual, traducido por ese hombre que trabaja como pocos en la única superficie que hoy cuenta, H. Rodríguez Larreta, equivale a soñar con 'cerrar oficinas del Estado'."



Y en nota al pie, Sassi, refiriéndose a Rodríguez Larreta, agrega: "Este hombre de doble apellido (¿cuántos había entre nosotros, ¿no?) trabaja bien y en superficie. Recuérdese la pileta dibujada en el piso de una plaza a metros de la Ex-ESMA. Es la contracara, o mejor dicho la versión virtual de la pileta contante y sonante de La Salada. Agréguese que la 'urbanización' de villas, incluida la 31, amén de evidenciar un trabajo en territorio que hemos subestimado, responde también a un trabajo en superficie. Como la pileta, la urbanización es una lavada de cara del barrio: literalmente es pintarlo, ponerlo lindo. Exactamente lo opuesto al chalecito californiano del peronismo".

Leyendo las 78 páginas del texto de Sassi, llama la atención cuánto se escribió sobre el macrismo. Muchas veces nos gusta pensarlo como una política afásica, pero sin embargo estimuló una bibliografía profusa, tanto de parte de quienes intentaron comprenderlo o aunque más no sea describirlo, como de los voceros que quisieron fundar un discurso cambiemita.

Muchos libros de o sobre el macrismo, y en todos se percibe una tensión entre la presunta transparencia y sencillez, incluso rusticidad, de sus enunciados y una enunciación tortuosa. Esta tensión a menudo queremos pensarla a través de preguntas como: ¿son o se hacen? ¿fueron tremendamente ineptos o brutalmente eficaces? (Habría que pensar en la palabra "eficacia"). Parece pronto todavía para terminar de resolverlo, incluso ahora que los que lo apoyaron huyen en estampida, pero hubo quienes se inclinaron por una u otra posibilidad. José Natanson merecerá ser recordado por décadas gracias al notable subtítulo de uno de sus libros: La rápida agonía de la Argentina kirchnerista y la brutal eficacia de una nueva derecha. Así, de un tirón, Natanson produjo un sintagma inolvidable y ridículo.

"Eficacia" es una palabra que al macrismo se le ha adjudicado y también -sobre todo desde hace una semana- negado. Pese a su torpeza verbal nunca dejó de producir resultados económicos en una única  dirección: la de la concentración del poder económico, proporcional a la drástica pérdida de la soberanía nacional y popular. El macrismo es una invitación a la perplejidad: ¿cómo es posible que una pandilla de cretinos haya conquistado, al menos por un período, la confianza popular? Ahí hubo una eficacia, aunque sea temporaria: la de una tecnología dirigida a diseñar agresivamente una percepción de la realidad que tapara a la verdad.

Hoy asistimos al velorio del macrismo. Esta tecnología de la percepción acaba de sufrir un estruendoso fracaso. Quizás lo hicieron mal, puede que hayan sido tan ambiciosos como chapuceros, o tal vez la memoria histórica inscripta en nuestros cuerpos ofreció resistencias inesperadas, sorprendentes incluso para nosotros. Pero, si esa eficacia técnica en el diseño de la percepción colectiva funcionó durante un tiempo suficiente como para causar los estragos que causó en nuestro tejido social, hay que estar alertas incluso cuando la figura de macri, hoy desprovista de esa protección, se haya vuelto risible para casi todos. La máquina de mentir está reseteándose.

Anoche estuvo Hernán Sassi en La otra.-radio y conversamos desde un momento diferente del que su libro fue escrito. Pero resuena esa sospecha con la que el texto termina: No fue por azar tampoco que estamos llenos de esta mierda. 

También estuvimos en contacto con el periodista brasileño Henrique Judice, colaborador habitual de La otra, que observó la debacle macrista desde una perspectiva regional, considerando especialmente el proceso de degradación que vive Brasil.

La semana después de nuestra victoria política en las PASO pensamos lo que está pasando y lo que viene. Lo pueden escuchar clickeando acá.

sábado, 17 de agosto de 2019

Este infierno está encantador



En política todo es efímero y transitorio.
D. Barba.

El modelo de la república liberal tardomoderna permite excluir, ilegitimar,
 destruir, odiar sin culpa, odiar con o sin conciencia, odiar desde la “neoinocencia” política.
N. Casullo, “Las derechas”

por Hernán Sassi *

La última dictadura no comenzó en el 76 y se extiende allende el 83, más allá de J. López y del próximo I. Petrella que reclame memoria completa e impulse baja de la edad de imputabilidad para los pibes rotos que produce el sistema. La “cultura PRO” empezó antes de que naciera el Strangedanger, y no termina cuando un rey depuesto se vaya a Italia, su prisión de olvido, o cuando su séquito renueve pasaporte de ciudadanos del mundo y retornen, ahora de manera privada, a las finanzas, esa alquimia de aprendices de brujo de hombres de fina estampa con las manos más sucias que una papa.

Sostenido por el neoliberalismo, “un proyecto político que restablece las condiciones de acumulación capitalista y restaura el poder de la elite económica”, a Cambiemos lo guió una fe ciega que los hace ir hasta final con cerrazón de kamikazes. Como cruzados, no van a parar hasta que este país sea otra vez tierra arrasada. Los vientos de la historia (del neoliberalismo y de la Técnica, caras complementarias de esta película de zombies) los trajeron hasta acá. El azar hizo el resto. Esto último no los exime de responsabilidad. Al respecto, no creo que haya lo que comúnmente llamamos justicia. Pero es seguro que algún día la historia, que siempre juzga, asentará a los vencedores vencidos como pesadilla o farsa de ángeles terribles. De vidas lisas y piel de amianto, a hijos y nietos de estos hermosos y malditos semejante juicio no les dolerá ni un tantito así.

Autopostulados como garantes del bien, lo único que hicieron, como todo perverso (como el macho que pega y dice “lo hago por tu bien”), es sembrar el mal, un mal que está en nosotros, no vayamos a creer. Como sea, ahora hay que lidiar con la “pesada herencia” de Cambiemos, que no es la del tendal (de deuda y fiambres) o la de haber sembrado la culpa, sino la de haber contribuido a la implantación de un régimen de terror, de terror al otro como suele suceder cuando un régimen así se impone.

Acicatearon lo peor de nosotros: individualismo, egoísmo o sálvese quien pueda, como queramos llamarle. Contrariamente a lo que promocionan como su virtud, la “satisfacción garantizada” de Cambiemos está ahí, en lo que nos aleja del otro. Así fue como nos acostumbramos a la moda del odio: a la envidia del goce ajeno, a la segregación (de lo propio que se rechaza, como bien nos recuerda C. Quiroga) y a un descreimiento de la política que costará desterrar.

No fue por azar tampoco que estamos llenos de esta mierda. A hacernos cargo. Habrá que sacarse de encima esta banalidad del bien y volver a tender el lazo social desatado por un neoliberalismo, que al hacerlo, desencadenó este miedo que nos deja con el estómago que gruñe como enjaulado. Hay mucho por hacer en el barrio, en el sindicato, en el aula, en la asamblea, y en la charla con amigos y familiares. La mierda entró capilarmente y por la palabra. No de otro modo hay que sacarla, che.


* Fragmento del libro Cambiemos. La banalidad del bien, un ensayo de 80 páginas en el que Hernán Sassi intenta delinear la figura específica de la derecha que llegó al gobierno argentino en 2015. El libro, aparecido hace pocas semanas, se refiere obviamente a un régimen aún exitoso. La debacle macrista del domingo pasado permite releerlo desde una nueva perspectiva. La última frase que citamos se abre hacia nuestro estricto presente. 

jueves, 15 de agosto de 2019

El decisivo 11 de agosto para la pugna entre la destrucción y la construcción de la Argentina


por Lidia Ferrari

El 11 de agosto produjo una sorpresa, cierto asombro que merece ser pensado, después de disfrutado. Nos vimos sorprendidos porque los peores augurios, la creencia de que la gente puede ser manipulada por los medios o que los argentinos estaban siendo llevados por pulsiones mortíferas, se vieron absolutamente refutados. Estábamos también nosotros envenenados con las horrorosas operaciones del gobierno macrista, tanto que no se nos ocurría pensar que nuestro deseo pudiera ser satisfecho en las urnas y de la manera ostensible que se produjo. Ese deseo de emanciparnos de esta horrible experiencia que está destrozando la república. Pero ocurrió, para sorpresa de todos. Esta magnífica novedad política me llevó a recordar retazos, fragmentos de discursos que pueden armar un collage. El primero es de Freud, del final de El Malestar en la Cultura, cuando después de habernos planteado que en la construcción de la cultura hay dos fuerzas que pugnan, la de la construcción y la de la destrucción, apela a un anhelo que muestra su incertidumbre precisamente en el momento en que la amenaza de Hitler estaba muy presente y no había muchos argumentos para sostener la primacía del amor en la especie humana. Al finalizar el texto, después de habernos mostrado sus razones, aquellas que lo llevaron a ser acusado de pesimista, enuncia un anhelo: “Sólo nos queda esperar que la otra de ambas “potencias celestes”, el eterno Eros, despliegue sus fuerzas para vencer en la lucha con su no menos moral adversario. Mas, ¿quién podría augurar el desenlace final?”. El domingo 11 de agosto quedará inscripto en nuestra historia como un momento en el que, en esa lucha sin cuartel, venció Eros, el amor. Es una victoria contingente, pero alimenta el deseo de que Eros mueva el mundo y no la pulsión de muerte.

La otra cita que recordé es la de Christian Salmon cuando analiza el estrepitoso y colosal fraude de la Empresa Enron en los Estados Unidos. Una de las mayores empresas del planeta se había convertido en un gigantesco storytelling, que cotizaba sus acciones a un precio exorbitante, de acuerdo a futuros e hipotéticos valores de las acciones, hasta que se desentraña el fraude. La quiebra de Enron deja un tendal de perjudicados de la magnitud del fraude. Christian Salmon reflexiona sobre esa colosal estafa que involucró a todo Wall Street y dice: “El bluff de Enron demostró que los políticos de Washington, los profesores de management y los analistas de Wall Street no eran capaces de distinguir la realidad de la ficción”. Pero eso no es lo peor. Salmon nos dice también que seguimos instalados en esta economía ficcional pues, después de ese fraude colosal, se habría esperado de Wall Street y de la política que implementaran medidas para contrarrestar estas construcciones ficcionales que sostienen las finanzas internacionales. Sin embargo, siguen conduciéndose de la misma manera. Esto nos dice mucho acerca de los personajes del gobierno actual argentino que viven en un mundo de mentiras pero que, si bien su meta es saquear las riquezas y jugar para sus patrones, su cinismo no termina de excluirlos de vivir habitando sus propias mentiras y sus propios fraudes.

El otro retazo para hilvanar este collage es algo que escribí en relación con la cultura argentina, sobre todo, con el ejemplo de la educación pública que este gobierno -proveniente por primera vez en la historia de la educación privada- quería (qué alivio poder conjugarlo en pasado) destruir. Parece que razones potentes de resistencia a ese intento de destrucción emergieron el domingo. Hemos estado sumergidos y seguimos estando en un discurso que permanentemente socava experiencias centrales de la cultura argentina. Tanto han insistido con su discurso antiplebeyo y antipatriótico que nos ha parecido que triunfaban sobre nuestra tradición histórica de cultura emancipatoria. Pero esto que nos constituye es opaco a nosotros mismos y quizá allí radique también su potencia, esa potencia que renace cuando es necesario. Decía sobre nuestra cultura de resistencia y de tradición de educación pública: “…persiste y constituye lazos sociales potentes no fácilmente desarticulables. Constituye, sin que sea su propósito, una genuina resistencia. Y esa resistencia podrá o no asumir en alguna oportunidad el estatuto de fuerza antagonizante y/o encarnar una voluntad emancipatoria”. El domingo 11 de agosto emergió con toda su fuerza y, como sucede con la apertura de lo inconsciente, nos sorprendió.

Para terminar de enhebrar este collage: “El trabajo inmenso que se toma el poder en engañar, manipular y sojuzgar es muestra de que el deseo emancipatorio no está erradicado. Quizás, como el deseo inconsciente, sea indestructible”. Este enunciado general vio en la experiencia heroica del domingo 11 de agosto un caso ejemplar porque, como dice Jorge Alemán, “se demostró que los medios pueden erosionar a un buen gobierno pero no pueden sostener un gobierno pésimo”.

Por supuesto, todo esto no hubiera sido posible sin la genial y generosa estadista Cristina. Sin ella no hubiera sido posible, pero su genial estatura política está cimentada en la cultura argentina de la cual proviene y a la cual ha cultivado y contribuido a hacer crecer. Lo contrario del gobierno actual que ha socavado o intentado socavar lo mejor de nosotros. Un camino de esperanza se ha puesto en marcha.

martes, 13 de agosto de 2019

Inteligencia popular



La actitud de nuestro pueblo frente a la debacle macrista es madura e inteligente.

Sabemos que vienen tiempos económicamente duros y una probabilidad de que intenten una retirada caótica y violenta.

Pero el pueblo argentino aguardó el momento exacto para darle al desquicio macrista un remate poderoso sin haber caído nunca en sus provocaciones.

Obviamente, la tradición peronista nos ayudó a aguardar con paciencia el momento preciso, todo en su medida y armoniosamente.

La clave de esta victoria política es que logramos sumar a las esquivas clases medias. Los desempeños de Alberto y Kicillof fueron claves para esto.

También esta reposición de las clases medias es clave en el desconcierto y la desorientación en que está sumido el macrismo. Se pensaban que la tenían atada y la perdieron.

La autoría de esta construcción política es de Cristina. Todo empezó con su mensaje del 18 de mayo. El resultado de esa idea se vio este domingo.

Ahora empieza otra etapa de muchas dificultades también, pero más esperanzada.

lunes, 12 de agosto de 2019

Caricia significativa

El último de la noche, el primero de la mañana: La otra.-radio, para escuchar clickeando acá


Con el diario del lunes es fácil, ¿no? Pero hace apenas 24 horas ¿quién sabía que iba a pasar lo que pasó? 

Cierto, lo que pasó era racionalmente previsible. ¿Qué proyecto político puede obtener la aprobación de un pueblo al que castiga, humilla, engaña y cuya inteligencia desprecia? Lo que se propuso el macrismo es algo imposible por irracional. Sin embargo, en estos años estuvimos a punto de acostumbrarnos a lo inconcebible. Un formidable aparato de propaganda nos sometió a un tratamiento sistemático de manipulación, extorsión moral, amedrentamiento y estigmatización. Llegamos a creer que la verdad podía ser sustituida enteramente por la mentira.

Y este domingo sucedió lo racional: el pueblo usó las urnas para hacer saber que este régimen ofensivo no se banca más. Nos reconectamos con una persistencia histórica que no se modela a fuerza de bots, trols y big data. Algo de la política clásica persiste en este siglo fulero.

El rugido de las urnas fue de tal contundencia que unas PASO en las que no se decidió ningún cargo electivo alteró el paisaje político de una manera que parece irremontable. Así es como el pueblo argentino suele dar a conocer sus determinaciones. Se hace entender con claridad cuando decide dar por terminada una etapa. El régimen había preparado el terreno para "perder por poco" y alimentar el mito de que era una máquina electoral imbatible que ganaba arrancando de atrás. Bueno, no. Chau, gato.

Este acontecimiento será en estos días profusamente interpretado hasta en sus detalles microscópicos. Será inevitable ahora caer en lugares comunes al analizar la situación. Un ejercicio más divertido es revisar las columnas de análisis políticos de los grandes medios hasta el sábado pasado. Por su cercanía rápidamente caduca es un regocijo escuchar al analista Carlos Pagni, estrella y modelo del periodismo millenial de estos años atroces. Esto decía Pagni anoche, pocos minutos antes de que la debacle se manifestara en toda su dimensión.



Solo quiero resaltar dos cosas.

El más que probable final del macrismo es también la reposición del movimiento nacional y popular al que cada uno le puede poner hoy el nombre que prefiera: peronismo, kirchnerismo, albertismo, populismo, cristinismo, etc. 


¿Qué día empezó a delinearse esto que hoy es evidente? El día de la escarapela. El sábado 18 de mayo a la mañana el país se despertó con el mensaje de Cristina declarando su intención de integrar como precandidata a vicepresidenta una fórmula encabezada por Alberto Fernández. Cristina resolvió en una sola movida un desafío complejo, imprevisible hasta un minuto antes. Los derrotados son muchos y no voy a hacer esa lista ahora. Alberto Fernández empezó a ser, a partir de entonces, el hombre señalado. Seguramente el que reunía los mejores atributos para lograr la unidad de la oposición (peronismo + kirchnerismo + progresismo).

El otro fenómeno político de este momento es el triunfo de Axel Kicillof contra de la flor más resguardada del régimen, María Eugenia Vidal. Kicillof es un dirigente atípico para el territorio políticamente más denso de la Argentina, la provincia de Buenos Aires. Cuando hace apenas unos meses empezó a sonar su nombre como candidato a gobernador, fueron muuuchos los que, incluso con años de peronismo, fruncieron la nariz. Kicillof es el primer dirigente postkirchnerista. Jove ex-ministro de economía de un gobierno vapuleado por el establishment financiero nacional e internacional, terminó derrotando políticamente a la que se suponía que era el cuadro más popular de la derecha. Kicillof también prevaleció dentro del legendario aparato territorial del peronismo bonaerense, conquistándolo palmo a palmo, a fuerza de carisma, inteligencia y serenidad. Kicillof es el ministro de Cristina que Néstor no conoció y, a partir de ahora, uno de los jugadores más importantes de la política argentina.


Para escuchar el programa que más disfrutamos hacer en muchos años de radio, clickeen acá.

domingo, 11 de agosto de 2019

Voto cantado


Si a tu corazón yo llego igual, todo siempre se podrá elegir
no me escribas la pared, solo quiero estar entre tu piel.

Y si acaso no brillara el sol, y quedara yo atrapado aquí
no vería la razón en seguir viviendo sin tu amor.

Y hoy que enloquecido vuelvo buscando tu querer
no queda mas que viento, no queda mas que viento.

Y si acaso no brillara el sol y quedara yo atrapado aquí
no vería la razón de seguir viviendo sin tu amor.

Y hoy que, enloquecido, vuelvo buscando tu querer
no queda mas que viento, no, no queda mas que viento.

Y si acaso no brillara el sol y quedara yo atrapado aquí
no vería la razón de seguir viviendo sin tu amor.




viernes, 9 de agosto de 2019

Una sencilla demostración de cómo se puede alterar el resultado del escrutinio provisorio de las PASO


En el objetado procedimiento para llevar a cabo el escrutinio provisorio por parte de la empresa Smartmatic, que el gobierno impuso para este domingo, hay un paso por el que se puede alterar el resultado de cualquier telegrama confeccionado en los lugares de votación. Smartmatic transforma la imagen no manipulable del formato TIFF en el formato PDF. Este último formato permite cambiar los resultados, como demuestra este video.



Los medios que conforman el sistema propagandístico del régimen salieron a desestimar esta vulnerabilidad del sistema elegido usando argumentos inatinentes. Como por ejemplo "siempre hubo problemas en los escrutinios", una inducción inválida que además no disminuye la gravedad de una nueva manipulación posible. Otro argumento, más cínico, aminora el daño de la posibilidad de  procedimientos fraudulentos alegando que el escrutinio provisorio no tiene valor legal, sino que es el definitivo el que vale. Una respuesta típicamente macrista: porque el escrutinio provisorio es el que se va a conocer entre el domingo a la noche y las primeras horas del lunes, el que definirá los titulares de los diarios del lunes y sobre el cual los medios oficialistas y los voceros del régimen instalarán sus análisis de las elecciones. El escrutinio definitivo llevará muchos días durante los cuales la población solo dispone de los números sospechables de Smartmatic. Semanas durante las cuales la discusión que el macrismo va a instalar es quién sacó más votos e incidir sobre cómo el votante puede elaborar su decisión para las elecciones generales de octubre. El objetivo es manipular la subjetividad no de los votantes ya decididos, sino del porcentaje menor de votantes que puede inclinar la balanza del resultado de las elecciones generales. Le sirve al gobierno para seguir operando en este tramo decisivo. A las versiones contrapuestas de los resultados de las PASO, el macrismo seguirá agregando otras maniobras, como las que conocemos durante estos cuatro últimos años.

jueves, 8 de agosto de 2019

Se viene el día en tu corazón


por Willy Villalobos

Estaba dudando si viajar, porque iba solo, por el costo y la vagancia de arrancar y tomarme el bondi para hacer 300 kilómetros para verla en vivo. Por suerte el amor es más fuerte que la comodidad, así que fui a Retiro y subí al Chevallier rumbo a la ciudad de Litto, de Fito y de tantos.

Sol y esperanza, un día que daba para entusiasmarse.

Llegué a la terminal y manguié una tarjeta para viajar en el 115. Ya en el bondi se vendían camisetas de las nuestras.

El centro estaba repleto de autos y de compañeros, bajé del colectivo y lo primero que vi fue una pintada que decía "Cuando la noche es más oscura, se viene el día en tu corazón". El Indio me dio la bienvenida, seguíamos bien.


"Lo que pasa es que les dan licencia gremial" le dice una señora a su amiga, impresionada porque los peronchos no paraban de inundar las calles.

Me metí en un bar a comer un Carlitos con una coca y al salir ya se escuchaban los bombos. En la esquina del boliche me encuentro con otra pintada que explica un punto de vista sobre la seguridad que no es el que cuentan los medios de incomunicación. "Seguridad es incluir a los pibes" dice y está firmada por "Rosario, Latinoamérica".


Veo el Monumento a la Bandera, imponente. Miles de personas esperando al ladito del río Paraná. Ya está, ya llegué, soy uno más entre miles de compañeros.

Alberto y los gobernadores estaban firmando un pacto de gobernabilidad en la Facultad de Derecho, así que había que esperar un rato largo, los vendedores de chori y banderas encantados.

Recorro, veo a la gente inquieta, las consignas se repiten y siguen llegando grupos que ocupan lugares en el parque, mientras se hace la tarde.

Para hacer tiempo fui a tomar una coca a un puesto que se llama Encuentro, me senté en un banquito a mirar el panorama y vi que llegaba un pibe con una guitarra. Me llamó la atención una frase que llevaba pintada en la guitarra. "Siempre que hay dolor habrá canciones" decía la viola. El pibe se arrima a un grupete que estaba tomando birra detrás de mí, se reían mucho, pide permiso y arranca a cantar. 

Los pibes allá en la esquina 
están como dibujados
no les pagan su pecado
no les tocó religión... 


La guitarra frotaba mi espalda y yo quedo conmovido, porque encontrarme con un Príncipe cantando "Cómo que no", canción con la que empieza La Cocina, la película que hicimos con El Príncipe, Gabriel Flain y Martín Farina, era lo que menos esperaba.

Terminó la canción, se tomó un trago de birra, lo convidaron con un finito, me miró y me mangueó 20 pesitos para la birra. Le dije que tenía algo mejor y le di la película. Ahí flasheó él. Hablamos de Gustavo y me dijo que fuéramos a tomar birras. Le dije que no, que quería escucharla a Cristina, estoy seguro de que Gustavo se hubiera ido con él, quizás se fue, ¿cómo que no?

Menos mal que decidí ir a Rosario.

Otra espera y salieron a la cancha los protagonistas.


Primero los gobernadores, la ovación fue para "el Asel", como le dicen los pibes, y luego Cristina y Alberto.


La fiesta estaba en lo más alto y Cristina arrancó en el medio de ovaciones y muestras de amor parecidas a las que Charly estaba recibiendo en ese mismo instante en el Luna.

En ese momento éramos muchos y el silencio que ella generó al empezar a hablar era conmovedor. Siempre me sorprendió el respeto de los compañeros que ya saben que ella va a decir algo importante, inesperado.


Me dediqué a escucharla y a mirar las caras. Me gusta irme hacia adelante y volver mirando a esas personas que saben que ella fue y es la garantía de que ese último acto coronaba una unidad impensable en el 2015. Ella les acaricia el alma, los hace reír y llorar al mismo tiempo y, más que nada, confirma que hay una posibilidad de cambiar todo este desastre.

Lo que más me pegó de su discurso fue la idea de que los dirigentes comen y duermen en sus casas mientras los grasitas están dejando de morfar, durmiendo en la calle y los veteranos no pueden comprar sus remedios. O sea, que los que se equivocan no pagan las consecuencias.

Ahí pensé, y lo anoté en la libreta, que ser peroncho tiene sentido cuando uno pone el esfuerzo para mejorar las condiciones de vida de esos, de aquellos a los que castigan estos mierdas.

Lo demás es chamuyo para la tribuna.

Alberto cada vez mejor, consolidando la consigna "Se siente, se siente, Alberto presidente".


Y me fui con la gente caminando y cantando. Era una ciudad tomada por los que quieren volver a ser felices. Para colmo nos cruzamos con el coche que llevaba a Alberto, lo que provocó que se bancara unos minutos de afecto y canciones.

Caminando para la terminal encontré a María, una santafecina que me dijo que había venido por amor a Cristina. Compartimos un taxi y al llegar a la estación comimos una milanga y emprendimos el retorno.


"Misión Cumplida" pensé al sentarme en el bondi. Misión Cumplida para mí y para todos aquellos que reconstruyeron con esfuerzo durante estos años escandalosos, la herramienta que nos puede llevar a la victoria.