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viernes, 16 de enero de 2026

La noche oscura

Un caso que habla como pocos del estado del cine y del tiempo actual

La obra de Sylvain George, que está entre lo mejor que el cine hizo en los últimos años, encuentra serias dificultades de exhibición en su propio país y en el resto del mundo.

Nuit Obscure de Sylvain George es una de las mejores películas que vi el año pasado y un ejemplo muy preciso de un cine que poetiza mirando los desgarros políticos del presente. También es un ejemplo de cómo el cine puede producir las imágenes que faltan en nuestra actual percepción del mundo. Cine político y cine cinéfilo de primer orden, como hay muy pocos.

Para dejar constancia del valor que encuentro en Nuit Obscure, repoduzco el fundamento que presenté cuando elegí a una de las tres películas de esta trilogía como una de las mejores del año en la encuesta de la Internacional Cinéfila:

"Nuit obscure – «Ain't I a Child?» (Sylvain George): París es un territorio venerable para el cine pero nadie lo ha filma tan desolado como Sylvain George. Las noches más oscuras, los días destemplados y un desamparo terminal que es habitado por un grupo de muchachos inmigrantes africanos que llegaron a la ciudad luz con la ilusión de encontrar el cobijo para sus vidas que Europa les negará definitivamente. El lugar y los habitantes que George filma, la severidad y la delicadeza con que lo hace enfrentan a esta época con lo que por todos los medios se procura invisibilizar. Seul le cinéma, diría Godard".

Así que es de extraordinario interés difundir este texto publicado hoy por Noir, el grupo productor de esta trilogía, un texto que muestra además los mecanismos por los cuales un cine de un interés tan crucial encuentra obstáculos para su difusión. No se trata entonces solo de esta película, sino de nuestras posibilidades para conocer el cine del tiempo y el tiempo a través del cine.

Dice Noir:

CIELO ABIERTO - UNA MIRADA RETROSPECTIVA A LA CENSURA EN LA PROGRAMACIÓN DE Nuit Obscure

El trabajo de distribución de la trilogía Nuit Obscure continúa, y con él, su cuota de sorpresas. Ayer recibimos un correo electrónico, del cual se incluye un extracto a continuación:

"Gracias de nuevo por el enlace de la película y la oferta de una proyección con el director; sin embargo, al ser un espacio cultural público, será difícil considerar nada antes de las elecciones municipales, ya que estamos en período de reserva electoral y, dado el tema, no será viable".

Este mensaje, muy cortés y notablemente transparente, es un documento profundamente sintomático de las tensiones que afectan actualmente a la programación cinematográfica y cultural pública en Francia.

Lo que se dice, de forma muy directa, es que, con la proximidad de las elecciones municipales, la proyección de la trilogía se volvería imposible en un espacio cultural público. La razón aducida no es estética, ni artística, ni siquiera estrictamente legal, sino política. La cuestión en cuestión es la «reserva electoral», entendida como un período de suspensión durante el cual se pospone cualquier iniciativa susceptible de generar inquietud, debate o controversia. Por lo tanto, no se rechaza explícitamente la película en sí, sino el momento de su proyección.

Sin embargo, esta invocación requiere una aclaración inmediata. La «reserva electoral», tal como la define el código electoral, no afecta a la programación cultural ni a la distribución de películas. De hecho, el artículo L52-1 del código electoral estipula: «Durante los seis meses anteriores al primer día del mes de una elección y hasta la fecha de la vuelta de las elecciones, queda prohibido el uso de cualquier forma de publicidad comercial con fines de propaganda electoral, ya sea a través de la prensa escrita o de cualquier medio de comunicación audiovisual. A partir del primer día del sexto mes anterior al mes de las elecciones generales, no se podrá organizar ninguna campaña publicitaria que promueva los logros o la gestión de una entidad local en el territorio de las entidades locales afectadas por las elecciones».

La reserva electoral se centra estrictamente en el uso de herramientas de comunicación con fines de propaganda electoral, así como en las campañas que promueven las acciones o la gestión de una autoridad local. En este sentido, la exhibición de una película queda completamente fuera de este marco legal. Por lo tanto, el uso de este concepto no se deriva de una obligación legal, sino de una extensión interpretativa, un cambio prudencial en la ley hacia un principio de neutralización amplia.

Esta reacción podría considerarse comprensible en el caso de un recinto municipal, sujeto a una autoridad supervisora. Pero es precisamente aquí donde la cuestión cambia: si ninguna norma prohíbe la exhibición de una película durante un período electoral, ¿de qué manera, exactamente, constituiría esta película un peligro? ¿De qué tipo de perturbación se habla y para quién? Este cambio, de la ley al miedo, de la norma a la anticipación, está en el centro del problema. Revela menos sobre la ley en sí que sobre el clima político en el que se interpreta actualmente.

La frase decisiva sigue siendo esta: «dado el tema, no se aprobará». Pero esta formulación es engañosa. Sugiere que el problema radica en el tema de la película. Pero es precisamente este punto el que se desmorona bajo escrutinio. La inmigración, como tema, no es en absoluto tabú en la esfera cultural pública. Las películas sobre inmigración se programan, apoyan y celebran con regularidad, incluso en periodos electorales. Una de ellas incluso tuvo un éxito considerable el año pasado, hasta el punto de convertirse en una referencia casi normativa, a veces incluso elevada a la categoría de dogma estético por los responsables culturales. Si se utiliza aquí la palabra "tema", no es para designar un contenido temático problemático, sino para evitar nombrar lo verdaderamente perturbador. El problema no es de qué trata la película, sino de qué hace. No es un tema, sino una forma de presentar la realidad. La trilogía de la Noche Oscura no es ni exotismo, ni romanticismo político, ni sensacionalismo, ni compasión barata. No ofrece un lugar espectacular, desiertos lejanos ni intensidades estéticas distantes que nos permitan disfrutar de la política desde la distancia. Tampoco ofrece esas lecturas pseudocríticas que permiten al mundo occidental revisitar a bajo precio su pasado colonial sin cuestionar jamás sus responsabilidades actuales. La trilogía no reubica lo poético ni lo político fuera de nuestras sociedades. Intenta trabajar con ellos aquí, en el corazón de nuestras ciudades, nuestras fronteras, nuestras instituciones. No busca la compasión ni la emoción consumible. Intenta comprender las situaciones como construidas políticamente, producidas históricamente y organizadas administrativamente, mientras permite que afloren singularidades irreductibles: jóvenes a los que nadie les presta atención y que, en sus gestos minoritarios, sus silencios, sus movimientos casi imperceptibles, esbozan, sin embargo, otras relaciones con el mundo, otras formas de habitar el tiempo, el espacio y las relaciones. No se pide al espectador que simpatice, sino que observe lo que se hace en su nombre. Y esto se hace sin didactismo ni proselitismo, pues cada uno es lo suficientemente responsable como para saber qué hacer o pensar. Y es precisamente este enfoque el que se vuelve difícil de programar.

Este rechazo, además, no se limita al contexto electoral. El problema no se limita a los espacios municipales. Los espacios no municipales también se han negado a programar la trilogía. No por su irrelevancia (en este punto, las opiniones de quienes no siempre siguen las tendencias dominantes, que sienten curiosidad y, por lo tanto, han visto las películas, son bastante unánimes y elogian las cualidades artísticas y cinematográficas de la trilogía), sino a veces invocando su duración. El argumento es válido a primera vista, pero plantea interrogantes cuando se vuelve recurrente, casi reflexivo (la trilogía consta de tres partes independientes de diferente duración, que pueden proyectarse por separado. Hay una opción). Es lógico pensar que la duración funciona entonces menos como un verdadero obstáculo que como una pantalla conveniente, una forma de evitar nombrar lo que de otro modo sería inquietante.

Por ejemplo, en la misma línea, el GNCR (Grupo Nacional para la Coordinación de la Investigación) decidió no apoyar la película hace varios meses. De nuevo, el problema va mucho más allá de este caso particular. Si Nuit Obscure, con su «radicalismo formal», su «trabajo sobre los tiempos», su «desafío a los regímenes de visibilidad» (frases que se escuchan con frecuencia sobre la película), no entra dentro del ámbito del cine experimental, entonces resulta difícil saber qué significa esta categoría hoy en día (todavía estamos esperando una respuesta). Este rechazo no solo dice algo sobre la película en sí. Esto dice algo sobre el estado de los propios marcos institucionales, sobre su capacidad, o incapacidad, para acomodar formas que no se prestan fácilmente a la integración.

En conjunto, estos elementos pintan un panorama preocupante. Ya no se trata de restricciones o errores aislados, sino de un clima general: un endurecimiento ideológico extremo, un miedo generalizado al conflicto y un repliegue de las instituciones culturales hacia formas consideradas seguras, legibles y sin riesgo. Lo que se distancia no es un tema, sino una forma de hacer aparecer la realidad sin pacificarla, sin estetizarla (buscando la "belleza" como un fin en sí misma, dicho de otro modo), sin convertirla en algo consumible.

Mientras permite que afloren singularidades irreductibles: jóvenes a los que nadie presta atención y que, en sus gestos minoritarios, sus silencios, sus movimientos casi imperceptibles, esbozan, sin embargo, otras relaciones con el mundo, otras formas de habitar el tiempo, el espacio y las relaciones. No se pide al espectador que simpatice, sino que observe lo que se hace en su nombre. Y esto se hace sin didactismo ni proselitismo, pues cada uno es lo suficientemente responsable como para saber qué hacer o pensar. Y es precisamente este enfoque el que se vuelve difícil de programar.

No se rechaza un exceso de radicalismo, sino más bien el deseo de captar lo que James Agee llamó "la cruel brillantez de lo existente".

Y, fundamentalmente, no hay nada radicalmente nuevo aquí, no porque la situación no haya cambiado, sino porque estas dinámicas llevan mucho tiempo operando. Lo que sí está cambiando, sin embargo, es su visibilidad. En un contexto de auge del extremismo de extrema derecha, ahora se expresan abiertamente. Los mecanismos son menos eufemísticos, las líneas divisorias más nítidas, los rechazos más deliberados en su lógica de protección, retirada y, a veces, cierre. Esta revelación hace la situación más legible y, por esa misma razón, más convincente. Ya no se trata de ignorarla ni de fingir sorpresa, sino de actuar sin disimulo sobre lo que ahora se revela. Precisamente por eso no cederemos. La cuestión, en realidad, ni siquiera se plantea.

Las dificultades que ha encontrado la Trilogía de la Noche Oscura en su distribución van mucho más allá de su caso específico. Plantean una cuestión más amplia y urgente sobre la asunción de riesgos en los cines y la verdadera independencia de las salas de proyección, en particular las que pertenecen al servicio público o se autoproclaman cines de arte y ensayo.

Si hablamos de independencia, debemos aceptarla plenamente. Esto implica, sin duda, mantener una auténtica distancia respecto a las autoridades supervisoras, no confundir la neutralidad institucional con la neutralización de la realidad y aceptar que la programación es un acto comprometido, a veces incluso conflictivo. Un cine público o independiente no debería buscar principalmente protegerse a sí mismo, sino facilitar el encuentro entre obras exigentes y el público más amplio posible, invitando, apoyando y creando espacios de debate.

Aquí es donde surge la cuestión, ahora central, de la asistencia al cine. Con demasiada frecuencia, se ha culpado a la pandemia de COVID. Esto es insuficiente y, sin duda, demasiado conveniente. El problema es más antiguo, más profundo y estructural. También se deriva de cómo se han replanteado, o no, la programación, la recepción del público y las relaciones con él.

Ser un cine independiente, o un cine de arte y ensayo, no puede reducirse a un sello o una línea de programación. Implica una responsabilidad: inventar nuevas formas de acoger, conectar, mantener y estar presente. Sin embargo, muchos cines siguen operando con modelos heredados de otra época, la de los años 60, como si un póster, un tráiler y el nombre de un director fueran suficientes para atraer al público. Las prácticas culturales han cambiado. El público ha cambiado. Y, sin embargo, algunos cines de arte y ensayo parecen estancados en una rutina que confunde altos estándares con austeridad, independencia con desenfado. Para los cines de arte y ensayo, el reto sería experimentar con nuevas prácticas, diferentes formas de conectar con el público, diferentes horarios y diferentes formas de hospitalidad. Sin esto, la palabra "experimento" pierde todo significado experimental y crítico.

Claro que se están haciendo intentos. Algunos cines experimentan, inventan y buscan nuevas formas de conexión, hospitalidad y mediación. Estos esfuerzos no deben negarse ni desestimarse. Sin embargo, hay que reconocer que a menudo permanecen aislados, frágiles y sin suficiente apoyo, y que aún luchan por transformar radicalmente prácticas en gran medida obsoletas. Hagamos una comparación honesta. En un cine Pathé, UGC o similar, sabemos qué esperar: un enfoque abiertamente comercial, comida basura estandarizada, pero también pantallas grandes, proyección decente, comodidad e instalaciones bien mantenidas. El contrato es claro.

Sin embargo, en demasiados cines de arte y ensayo, suele ocurrir lo contrario. Espacios anticuados, pantallas diminutas, comodidades mínimas y, sobre todo, una flagrante falta de hospitalidad. Poca o ninguna bienvenida real, poca conexión con el público, ningún boletín informativo decente, sitios web torpes e ilegibles, ninguna atención al tiempo transcurrido antes o después de la proyección, nada de bebida, nada de comida, ninguna invitación a quedarse, a charlar, a volver.

A esto se suma una estrategia de programación aberrante. A veces, un cine proyecta treinta películas a la semana, transformándolo en un aparcamiento de películas, sin metraje ni contexto. En estas condiciones, ¿cómo se puede generar deseo, lealtad o una conexión genuina? La desafección, por lo tanto, no proviene solo del exterior. También es producto de estos actos silenciosos de negligencia. Defender el cine independiente no se trata solo de defender películas; también se trata de defender las condiciones mismas de su existencia pública.

De ahí la necesidad de cambiar el debate, no de acumular diagnósticos, sino de transformar verdaderamente las prácticas. Ya no se trata de buscar causas externas ni de repetir hasta el cansancio el conveniente argumento de la pandemia, sino de repensar lo que permite que una película llegue hoy a su público: el tiempo que se le dedica, la atención que recibe, la calidad de las salas, la relación que se construye con el público.

Esto también implica que los cines municipales asuman plenamente lo que sustenta su legitimidad. No la prudencia administrativa, sino el servicio público. Sí, el famoso servicio público. Asumir riesgos, abrir espacios de debate, mantener una distancia genuina con las autoridades supervisoras cuando la realidad resulta incómoda, no por provocación, sino por responsabilidad.

Finalmente, esto requiere considerar el cine por lo que aún es capaz de ser. No una serie de proyecciones intercambiables, sino una de las pocas experiencias colectivas posibles que quedan, una forma de hospitalidad, una relación, un lugar donde aún se puede pensar y compartir algo del mundo.

De lo contrario, no solo desaparecen ciertas películas, sino la idea misma de un cine vivo y compartido, capaz de confrontar la realidad. La independencia, obviamente, no es una herencia, es una práctica. Y hoy, está claro que debe reinventarse, o perderá su significado.

El equipo de producción de Noir.

domingo, 9 de diciembre de 2018

Por la renuncia del secretario de cultura Pablo Avelluto y del presidente del INCAA Ralph Haiek

Conferencia de prensa con representantes de la cultura: lunes 10 de diciembre a las 17hs en la entrada de la UCA (Alicia Moreau de Justo 1690)

El presidente del INCAA Ralph Hiek agrede a un camarógrafo

A LA COMUNIDAD CULTURAL: POR LA RENUNCIA DEL SECRETARIO DE CULTURA PABLO AVELLUTO Y EL PRESIDENTE DEL INCAA RALPH HAIEK



En los últimos días fue renunciada la directora del Fondo Nacional de las Artes, Carolina Biquard, quien explicó a diversos medios que toma su decisión ante los reiterados atropellos del ex-ministro Avelluto a la autarquía de la que por ley goza dicho organismo. "Yo creo que es mejor invertir en artistas que en Letras del Tesoro", declaró Biquard al diario La Nación, dando a entender algo que en la comunidad audiovisual conocemos muy bien: en su afán por hacer buena letra ajustadora ante sus jefes políticos, Avelluto ordena a los entes autárquicos que subejecuten sus presupuestos para invertir en diversos instrumentos financieros, en lugar de fomentar a las industrias culturales que por ley deberían sostener.

En el caso del INCAA -en donde su presidente, Ralph Haiek, sigue al pie de la letra la receta ajustadora- se trata de una sub-ejecución de 700 millones de pesos que podría y deberían estar a disposición de la industria, pero se encuentran en plazos fijos. Además, en este 2018, diferentes agravios e incumplimientos de la ley pusieron en jaque a toda la industria cinematográfica y auguran un peor 2019. El comité de otorgamiento de créditos no se encuentra funcionando, el patrimonio fílmico argentino se pudre por la falta de apoyo a la cinemateca, los trámites se demoran en la vía administrativa, muchos concursos se encuentran cancelados o reducidos y la escasez de las ayudas financieras fuerzan a realizar rodajes relámpago de dos o tres semanas que resultan en una merma de la calidad de las obras y de los ingresos de los trabajadores. Cuando se jactan del éxito del “Mes de Cine Argentino”, esconden que se destinaron 150 millones directo a las arcas de las grandes exhibidoras como ayuda a películas que claramente no necesitan promoción estatal. Además, el presupuesto 2019 fue elevado directamente al poder ejecutivo, sin la aprobación del Consejo Asesor en claro incumplimiento de la Ley de Cine. Es decir, la actual conducción del INCAA gestiona por fuera de la Ley de Cine, e impulsa una política contraria al espíritu fundante que dio sentido a la Ley y sus reformas.

No es una sorpresa para nadie que este ex-ministro que jamás tuvo idoneidad o atributos para su cargo, avance con el vaciamiento de la cultura nacional. Pero sí es notoria su falta de estrategia y su nivel de improvisación. Es reiterada la torpeza de Avelluto, que tuvo su punto más álgido hace apenas días, en el último festival de Mar del Plata. "¿Se acuerdan cuando vivíamos en una sociedad democrática y nos escuchábamos los unos a los otros?", interpeló Avelluto, mientras mentía sobre los logros de su gestión y negaba los reclamos de la comunidad cinematográfica presente. Después de los abucheos que sufrió en la inauguración se prohibió a los realizadores premiados y a los jurados, nacionales e internacionales, el uso de la palabra en la ceremonia de clausura generando un verdadero papelón internacional. Y lo que es más repudiable, utilizando la CENSURA como herramienta de gestión.

El Secretario tiene una participación activa en la confección del presupuesto de vaciamiento aprobado para 2019, donde se eliminan programas de sesgo federal y territorial como Puntos de Cultura o como el apoyo a Fiestas Nacionales, donde se liquidan orquestas y ballets, apoyo a bibliotecas populares, y el impulso a la economía creativa. Entonces, si este personaje que goza dando discursos cínicos y falaces es un partícipe activo del atropello a los entes autárquicos, avasallando a sus consejos asesores y directivos, si cierra programas que repercuten en todo el país, si transfiere los magros recursos de la cultura a la especulación financiera, lo único que podemos pedir es que se vaya. Su gestión es un fracaso y un peligro para la cultura nacional, hoy urgentemente necesitada de gestores idóneos y comprometidos con un sector productivo que genera empleo y valor simbólico, en un contexto de lucha por nuestra dignidad donde se hace imprescindible sostener y construir lazos solidarios entre todxs los actores de la comunidad cultural.



FIRMAN

ADN - Cine Documental Argentino
CdC - Colectivo de Cineastas
DIC - Directores Independientes de Cine
DOCA - Documentalistas de la Argentina
PCI - Asociación de Directores de Cine
RAD - Red Argentina de Documentalistas
RDI - Realizadores Integrales de Cine Documental

AAC - Asociación Argentina de Coloristas
AADA - Directores de Arte
Abogados Culturales
ACCIÓN - Mujeres de Cine
Actrices Argentinas
ADF - Autores de Fotografía Cinematográfica Argentina
ARAER - Asociación de Realizadores Audiovisuales de Entre Ríos
Artistas por la Libertad
ARTEA Asociación de Realizadores y Técnicos Audiovisuales
ASA - Asociación Argentina de Sonidistas Audiovisuales
Asamblea de Trabajadores de la Cultura
Centro Político Cultural El Hormiguero
Chicata, escuela cooperativa audiovisual
Colectivo de Cineastas de Córdoba
Cultura Seamos Libres
EDA - Asociación Argentina de Editores Audiovisuales
FAAO Frente de Artistas Ambulantes Organizados
Junta Interna ATE-INCAA
MUA - Mujeres Audiovisuales
SAE - Sociedad Argentina de Editores Audiovisuales
Secretaría de Cultura CTA
Sindicato de Músicos de Cuyo
Union de Escritoras y Escritores
y más de 500 personas.

¡SUMÁ TU FIRMA ACÁ!

#DefiendoCineArgentino
#LaCulturaEsUnDerecho
#NoAlVaciamientoDeLaCultura
#NoALaCensura

viernes, 23 de noviembre de 2018

¿Quiénes son los responsables del desastre en el Festival Internacional de Mar del Plata?


Avelluto y García Aramburu, artífices del desastre en MDQ 2018

La edición 2018 del Festival de Mar del Plata no será recordada por ninguna película de su muy interesante programación -cubierta por este blog-, ni por el estilo que le imprimió a esta programación su nueva directora Cecilia Barrionuevo. Tampoco por la visita del gran Jean Pierre Léaud. El único festival internacional de cine de clase A de Argentina será recordado por los humillantes episodios impulsados por los funcionarios del gobierno nacional, empezando por el degradado ex ministro de cultura Pablo Avelluto, masivamente repudiado en la ceremonia de apertura, por la pasividad de la Dirección Artística que no hizo ni manifestó públicamente nada para evitar que estos agravios se pudieran cometer, y por las represalias instrumentadas por el operador político del INCAA Juan García Aramburu, por encima del titular del organismo Ralph Haiek, que calla porque está como ausente. Avelluto y Aramburu ofendieron y censuraron a los artistas y al jurado, defraudaron al público, y humillaron a la Dirección Artística del festival, cuya permanencia en el cargo y silencio los hacen co-responsables de estas ofensas muy a su pesar.



En la apertura, la presentadora Gabriela Radice anunció que Avelluto iba a tomar la palabra y empezaron a escucharse ruidosos abucheos. El funcionario macrista no pudo hacer de cuenta que no pasaba nada porque los gritos lo tapaban. Sin ningún problema por arruinar una ceremonia en la que nada tenía que hacer, lo primero que dijo fue: "Qué bueno que chiflen, porque quería hablar exactamente de eso". Así confesó su ánimo provocador. Sabe que su gestión destructiva es rechazada por toda la comunidad cinematográfica pero igual va a matonear. Avelluto había sido igualmente abucheado en la Feria del Libro: no lo quiere nadie, no por motivos personales sino por ser un pésimo funcionario de un gobierno repudiado por la cultura. Como antes Lopérfido en CABA, Avelluto busca el choque no para resolver ninguno de los problemas que causa sino para satisfacer su narcisismo patológico. Su bochorno llega al climax cuando con cinismo confiesa "¿se acuerdan cuando vivíamos en una sociedad democrática?".

Después del habitual descaro para negar los daños que el funcionariado macrista produce, se bajó del escenario con más abucheos. Fue hacia su camarín con un ataque de furia, que se descargó con insultos y ataques soeces contra el personal del festival. Exigía que Gabriela Radice usara el micrófono para enfrentar a quienes lo seguían repudiando. ¿Cómo una locutora tendría que poner la cara por una gestión nefasta? Furioso, Avelluto pidió la cabeza de la locutora. Los testigos de las procacidades de Avelluto no podían creer estar viviendo una situación tan vergonzosa.

El degradado ex ministro se fue del festival pero dejó en manos de su coronel Juan García Aramburu la vendetta por el papelón vivido. Días después, cuando se acercaba la ceremonia de cierre, empezó a correrse el rumor de que en la entrega de premios ningún artista galardonado, ni siquiera el jurado, podrían tomar la palabra en el momento de recibir o dar los premios, previendo nuevas manifestaciones de descontento. Incluso se llegó a barajar la posibilidad de mantener las luces de la platea encendidas para identificar a quienes abuchearan a las autoridades oficiales.

Gabriela Radice no pudo conducir la entrega de premios. Los cineastas premiados no pudieron ejercer la palabra porque se les negó el micrófono, en una inmensa sala como el Auditorium donde es imposible hacerse oír sin amplificación. Muchos artistas estaban advertidos de la situación por los rumores previos, otros fueron sorprendidos por este ejercicio de inédita restricción a la libertad de expresión que García Aramburu operó en nombre de Avelluto. Cuando Iván Fund subió a recibir el premio especial del jurado por su película Vendrán lluvias suaves intentó agradecer el premio a grito pelado sin lograr hacerse oír más que por las primeras filas. Un micrófono apareció cuando la estadounidense Judy Hill subió a recibir el premio a mejor actriz por su participación en What you goona do when the world's on fire?. Esta actriz, por supuesto, no entendía nada de lo que estaba pasando. Y con ella, el micrófono salió del escenario

Los que sí sabían lo que estaba pasando en esta ceremonia fúnebre eran los miembros del jurado. La cineasta y actriz María Alché escribió en su muro de facebook:

"Como parte del Jurado de la Competencia Internacional del Festival de Cine de Mar del Plata en su 33 edición, queremos dar las gracias a Cecilia Barrionuevo, Marcelo Alderete, Pablo Conde, Paola Buontempo, Francisco Pérez Laguna y todo su gran equipo de colaboradores, por su calidez y enorme trabajo puesto en que este festival sea tan hermoso como ha sido.

Así mismo, queremos repudiar la frialdad de la ceremonia de entrega de premios, donde los premiados no tuvieron voz, es decir no pudieron expresarse ni decir nada al recibir sus galardones, al mismo tiempo que no se leyeron nuestras justificaciones de los premios.

Habíamos pensado unas palabras, pero aparentemente tampoco había lugar, decían lo siguiente:

Alrededor del mundo cada vez hay menos y menos dinero para la cultura. Considerar a la cultura como algo secundario, es considerar que lo que humanos crean para entender, cuestionar, representar y pensar del mundo en el que vivimos es secundario, cuando en realidad es la esencia de nuestra misión como seres humanos.

Como jurado se nos convoca para pensar, cuestionar y poner en perspectiva la relación que el cineasta tiene con el mundo, a través de sus personajes, de su puesta en escena, de su lenguaje cinematográfico. No permitirnos intercambiar estos pensamientos y justificaciones para los premios, es negar la comunicación, los lazos en una comunidad. Y no lo entendemos, ya que la cultura es el medio, el vínculo y el propósito de tal evento cultural.

Firmado: Andrei Ujica-Valerie Massadian-Luis Miñarro-María Alché-María Bonsanti"

Dada la magnitud del agravio recibido, la respuesta del jurado parece tibia y el medio elegido para expresarlo no es el idóneo. El jurado tenía la autoridad suficiente para exigir su derecho a hablar durante la ceremonia y no después a través de un muro privado en una red social. El agravio cometido por Avelluto y Aramburu es público y no una cuestión personal.

No obstante, algunas organizaciones ligadas a la creación y producción cinematográfica se hicieron eco de la declaración de Alché:


Comunicado: Asociaciones profesionales del cine argentino contra la censura

Las asociaciones profesionales del cine argentino abajo firmantes expresamos nuestro unánime y profundo repudio a la política de silenciamiento y censura que desde la actual Secretaría de Cultura de la Nación, al mando de Pablo Avelluto, se desplegara en la reciente edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata.

Los responsables políticos máximos del Festival silenciaron los micrófonos de todos los premiados y del propio jurado del festival durante la ceremonia de premiación, coartando la voz y el discurso de los cineastas.

Nos solidarizamos con la carta de repudio que valientemente presentó el Jurado de la Competencia Internacional y sus integrantes.

Rechazamos el ajuste y los intentos de vaciamiento del INCAA, organismo autárquico y superavitario. Denunciamos el desgobierno y mal manejo de la actual gestión del Instituto, que da la espalda a la comunidad cinematográfica nacional –a la cual debe apoyar e impulsar e incumple la Ley de Cine y sus pautas de fomento–.

Repudiamos las palabras del Secretario de Cultura, Pablo Avelluto, que esgrime un falso interés en defensa de la cultura mientras avala reducciones presupuestarias en el área; clama por un diálogo democrático, mientras desoye y reprime las réplicas y críticas.

Los intentos por amordazar las criticas genuinas de la comunidad audiovisual son prácticas inaceptables en nuestro estado de derecho y los responsables merecen nuestro mas profundo repudio.

La cultura y el cine no se silencian. La cultura y el cine no se ajustan. La cultura y el cine no se degradan.

AAC – Asociación Argentina de Coloristas Audiovisuales
AADA – Asociación Argentina de Directores de Arte Audiovisuales
ADF – Asociación Argentina de Autores de Fotografía Cinematográfica
ASA – Asociación Argentina de Sonidistas Audiovisuales
EDA – Asociación Argentina de Editores Audiovisuales
SAE – Sociedad Argentina de Editores Audiovisuales

Lamentablemente estas muy justas manifestaciones ex post facto llegan un poco tarde. Simplemente la ceremonia de cierre no debería haberse realizado en estas condiciones humillantes. La comunidad cinematográfica mostró una vez más la debilidad que permite al macrismo avanzar en la destrucción del cine argentino.

Es muy difícil intentar poner a salvo de este destrato, como intenta hacer el texto de Alché, a la Dirección Artística del Festival, por más que su "trabajo profesional" en la selección de las películas fuera irreprochable. La idea de un funcionariado que trata de ejercer su rol en forma técnicamente eficiente, haciendo abstracción de las políticas oficiales que representa, remite a un concepto de la cosa pública asociada a la banalidad del mal esgrimida por Eichmann en Jerusalén.

El cine argentino será viable cuando haya una comunidad dispuesta a poner todo para que así sea.

domingo, 18 de noviembre de 2018

Facebook censura





Desde hace un par de horas en mi cuenta de facebook estoy recibiendo centenares de notificaciones como estas.

Acá había una foto de cuando Avelluto fue abucheado en el Festival de Cine de Mar del Plata. Fakebook me la bloqueó.

jueves, 31 de diciembre de 2015

Avanza la censura macrista: Lombardi silencia todas las voces de FM Nacional Rock (Actualización: el macrismo ni siquiera dejó despedir los ciclos, cortó hoy abruptamente toda la programación)


No se trataba solamente de levantar 678 por su "agresividad" y su "carácter propagandístico". Por estos días el Centro Cultural Kirchner no presenta ningún espectáculo ni ningún otro tipo de encuentros de los cientos que albergaba cada mes. Está vacío, como desde hace años está vacío el Teatro San Martín o el Presidente Alvear. Ahora Lombardi decidió que a partir de enero ya no se escuchen las voces en vivo en FM Nacional Rock, solamente grabaciones. Mucho me temo que en los próximos meses habrá más voces silenciadas por el autoritarismo macrista.

Estos son los programas silenciados y sus hacedores:

LUNES A VIERNES

06 a 07: Kiosco 937, con Gerardo Fernández.

Escribió hace unas horas Gerardo Fernández: "Mañana me levantaré por última vez a las 5:00. Escucharé a Mario Giorgi y a Andrea Landi en Del Plata para enterarme cómo viene el día mientras me ducho y desayuno algo a las apuradas. Arrancaré esperando que el semáforo de Olleros y Corrientes no me cague la onda verde. Llegaré a Tucumán y Maipú, estacionaré. Ingresaré al edificio de Radio Nacional esperando que estén de turno los buena onda de seguridad, no ese guachín que cree que darme los diarios es una concesión. Entraré al estudio Luis Alberto Spinetta, también por última vez. Renegaré al ver la lista de temas que seleccionó el musicalizador y le pediré al gran operador Ricardo Artola algún tema de Litto, del flaco, de Alma y Vida o cualquiera de los clásicos del "rock para la tercera edad". Buscaré alguna efemérides y aunque sea de un tanguero o folklorista, le dedicaré un espacio generoso porque Nacional Rock ha sido, antes que nada, un espacio de libertad, como el rock. Pondré TN para cagarme de risa con lo loco que está Ernesto Arriaga y le entraré a las tapas de los diarios, dando rienda suelta a lo que más me gusta: la improvización. Los mejores momentos que he tenido en 30 años de hacer radio han sido siempre improvisados. Opinaré sobre la opinión de Clarín, la Nacion, Página, Ambito, etc. Todo por última vez. Saldré presuroso del edificio, tratando de no cruzarme con otros ojos. Subiré al auto y ahí, muy probablemente llore".

07 a 10: Casi Despierto, con Pablo Marcovsky, Werner Pertot, Luciana Peker y Gustavo Sala.
10 a 13: Segurola y Habana, con Julia Mengolini.
13 a 15: Mute, con Matías Castañeda, Jesicall, Hernán Panessi y Gustavo Sala.



15 a 18: Spam!, con Alejandro Lingenti, Señorita Bimbo, Andy Sakkal y Nicolás Lantos.
18 a 21: Burundanga, con Gillespi, Malena Pichot, Andy Chango y Andrés Ruiz.



21 a 23: Monoambiente, con Santiago Schefer y Diego Mancusi.
23 a 00: Polifonía Nocturna, con Carlos Polimeni.

SÁBADOS

09 a 12: Territorio Comanche, con Daniel Tognetti, Sergio Ranieri y Eduardo Fabregat.
12 a 14: Al costado del camino, con Alfredo Rosso y Valentin Pauls.
14 a 16: La hora pulenta, con Nicolás Lantos y Juan Manuel Strassburger.



16 a 18: Sucio Pop, con Matías Castañeda y Tomás Balmaceda.
18 a 22: No tan distintos, con Chicho Pellegrini y equipo.
23 a 00: Warm Up.



DOMINGOS


00 a 07: Argentina Electrónica.
08 a 10: Emociones Rock, con Carlos Mello.
10 a 12: El fin de la metáfora, con Facundo Alé, Guido Stochyk e Iván Schargrodsky.
12 a 14: Cinerama, con Sebastián De Caro.
14 a 15: Rock de la casa, con Cristian Bello.



15 a 16: Conversa, con Agustín Castañeda y Francisco Yofre.
16 a 18: Teloneros del fútbol, con Adrián y Alejandro Korol.
18 a 00: Fútbol pasión nacional, con la transmisión de los dos clásicos del domingo y la información deportiva.





Me comenta Gerardo Fernández: "La novedad es que creíamos que hoy habría programación, pero no. Llegué a las 6 menos cuarto y me dijeron del control central que está todo levantado, de modo que me tuve que volver... Creía que el pluralismo llegaba mañana, pero se adelantó".