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martes, 22 de octubre de 2019

Lucas Carrasco

La otra.-radio del domingo, para escuchar clickeando acá



La última vez que vi a Lucas Carrasco fue el viernes 7 de junio de 2013. Nos despedimos con un abrazo en la panchería que está en la esquina de Corrientes y Talcahuano. Él me dijo que no lo matara en el blog, le dije que mi intención no era matarlo pero le iba a discutir si seguía escribiendo cosas que me parecían mal. Habíamos caminado desde la sede de Ciencias Sociales de Santiago del Estero al 1000, unas catorce cuadras discutiendo de política sin ponernos en casi nada de acuerdo. Lucas ya había dado un giro político drástico, con un tono que me parecía inaceptable. Aún con esas diferencias, nuestro último encuentro personal fue afectuoso.

Esa tarde nos había invitado Gabriel Medina de la UES de Sociales a debatir sobre blogs, redes sociales y prensa. El audio de la charla todavía se puede escuchar clickeando acá. Yo lo acabo de escuchar antes de escribir esto y me encuentro otra vez con Lucas con algo interesante para decir. Él cierra la charla de 2013 así: "Si nosotros perdemos el campo de la rebeldía, se va a poner de moda ser de derecha". Me gustó volver a escucharlo seis años después. Me gustó escucharlo a él.


Después nuestra distancia política y personal fue creciendo, yo le seguí discutiendo a través del blog, cada vez más enojados, hasta cortar todo vínculo. La historia casi completa de nuestras conversaciones, las visitas de Lucas a La otra y las últimas peleas se pueden leer acá. Nunca peleamos en privado.

Hace un mes me enteré de que había sido condenado en primera instancia a nueve años de prisión por el cargo de abuso sexual agravado y algo dije en la radio.

Él estaba esperando en libertad el fallo definitivo. Su última nota la publicó en Noticias Entre Ríos el 28 de septiembre pasado, unos días antes de aparecer muerto en Paraná. La nota, titulada La otra versión sobre mi condena, termina diciendo:

"...ahora en estos días, presentaré la apelación y lucharé todo lo posible porque se haga justicia. Mientras tanto, merezco ser tratado como inocente hasta que haya condena firme. Si la hay. Que no creo.

Lucas eligió ilustrar la que iba a ser su última nota con la tapa del número 26 de revista La otra, que le dedicamos en otoño de 2012 y también encabeza este post. No sé por qué eligió esa tapa, pero me sentí tocado.

La primera vez que hablé con él fue el 25 de enero de 2010. No fue una conversación privada sino una entrevista radial que salió al aire por FM La Tribu, una telefónica que él atendió desde Paraná a eso de las doce y media de la noche del domingo. Fue una entrevista rara, que se alargó por cuarenta y cinco minutos, bastante más allá de lo previsto, porque él estaba entonado y se bandeaba continuamente entre el disparate, la ofensa y la amabilidad. Antes solo lo había leído en su blog República Unida de la Soja y creo que él todavía no había aparecido en los medios grandes de Buenos Aires. Piloteamos la situación y salió una buena nota. Curiosamente esa noche la grabadora de FM La Tribu no funcionó, así que no queda registro de eso. "Por suerte", dijo Lucas.

Sí tengo registro de la reacción de Lucas posterior a esa charla. Ese lunes a las cuatro de la tarde recibí un mail suyo:

Hola, Oscar.

Venía de mi reunión semanal de amigos en el bar, y ni me acuerdo qué dije. Pero por los comentarios, parece que dije cualquier cosa.

Espero que no te hayas ofendido, que no te haya ofendido, y si es así, te pido disculpas.

Un abrazo.


Le contesté al toque:

No, Lucas, no me ofendí nada. Sólo me sorprendían algunos giros que tomaba la conversación y que no se explicaban para nada por lo que yo te estaba diciendo. Los que escucharon dicen que fue divertida. Pero está todo bien, la seguimos en cualquier momento

un abrazo

Oscar

Todo fue entre un abrazo y otro.

Este domingo me pareció que tenía que decir algo en la radio cuando me enteré de su muerte. En el programa estaba invitado el poeta Alejandro Rubio pero estaba atrasado por los trenes así que mientras él no venía conversamos unos minutos con Carla Maglio. Fue una deriva por la muerte de Lucas, algo de su vida, la crueldad de Fassbinder, el peronismo y las bajezas que se escriben en twitter.


Pueden escucharlo clickeando acá. De repente entró en el estudio Alejandro Rubio y ahí empezó otro programa, que voy a subir más adelante.

martes, 28 de enero de 2014

Cumbia, mierda, contracultura y Ricardo Iorio

Respuesta de Gabriel Medina, en polémica con mi post Puta fama (o el buen gusto como prejuicio del rockero pequeño burgués)



Qué linda era mi contracultura
por Gabriel Medina

GM: Yo no sé cómo permits que la compañera tome vino tres cuartos con Fanta´...
JP: ¿Qué pasa, Medina? ¿No es de progre el vino con Fanta? No hay que olvidarse nunca del barrio!
GM: Justamente,. porque no me olvido es que me parece que, como dijo, Ricardo, “hay que progresá'!”
J.P.-Tiene razón Medina. Tanto hacernos los wachiturros, nos estamos olvidando de los basamentos de la doctrina justicialista.
(Chat entre un dirigente de la JP Cámpora BA y un servidor)

Acuerdo con Gabis sobre el desafortunado uso de ciertos elementos de la llamada “música tropical” en el rock. (Le han hecho tanto daño como la impronta stone o ricotera que no deja de autotributarse endogámicamente.) Y no porque el arte deba mantener algún purismo, sino por el triste resultado del grueso de estas exploraciones, en donde se me ocurre que Kapanga y los Auténticos Decadentes puedan picar en punta (si incluimos a los últimos en el rock) junto con buena parte de la música nacional mtviesca al principio del nuevo milenio. Sé que esta discusión bordea el peligro del estigma de clase, que desde la pequeño burguesía filoprogresista en la que podríamos inscribirnos todos los interlocutores de este debate, suele ejercerse sobre los consumos culturales vergonzantes, ilegítimos, disidentes, plebeyos...

Dice Symond Reinolds en Después del rock: “Siempre que un investigador progresista se encuentra con la cultura popular negra sigue el mismo silogismo: Los negros son oprimidos, el rap es música negra. Por tanto tal música debe estar animada por corrientes de resistencia frente al modo en que las cosas son, por más sublimada y sumergida que esta resistencia esté”. Algún paralelo con la condescendencia populista hacia la cumbia podemos encontrarle al enunciado. El primer mal entendido es creer que la cumbia es la música que genuina y naturalmente emerge de los sectores populares, sin pensarla dentro del andamiaje industrial más amplio que le da sustento.

Por otra parte, la cultura popular (si apostamos a que tal cosa realmente existe), en términos de la dimensión política de sus representaciones, posee un carácter tan ambiguo como contradictorio. Es capaz de expresar insolentes rechazos al poder dominante, como de reproducir en instancias microfisicas y del modo brutal, esa misma dominación de la que es víctima.

Entonces la observación sobre la vulgaridad de lo que Gabis llama “sensualismo” es tachada de moralina conservadora [Nota del editor: Medina se refiere al post "Puta fama (o el buen gusto como prejuicio del rockero pequeño burgués" que puede leerse completa acá]. Como quienes se escandalizan cuando el presidente Correa cuestiona el absurdo de que no legitimar el aborto significa no ser de izquierda. Y el recurso para demostrarlo es confrontarlo con el lugar conflictivo que la música de Manal encarnó hace cuatro décadas, como si por carácter transitivo, la cumbia deparara para nosotros un futuro Manal del que enorgullecernos.

En rigor, toda la apología a la sexualidad vital y provocadora que el rock invocó como elemento contracultural desde los 60s hasta entrados los 80s, hace mucho diluyó su carácter impugnatorio de la falsa moral burguesa, constituyéndose en cambio en uno de los principales argumentos de venta para Coca Cola, Levis o Burguer King. Igual que el propio rock. Quizá a Gabis, que como bien señala Cuervo acá, efectivamente enfrentó al establshtment cultural de su época, no se le escapa que “el sensualismo berreta” es el establishment cultural de hoy.

Esto no quita que en Gabis no pueda deslizarse la pretensión letrada que introduce Spinetta cuando le dice a Pipo Lernoud, allá en la génesis de todo, “¡Esto que estamos haciendo es arte!”. Y hablamos del arte con mayúsculas, que tiene su triste corolario cuando el Flaco, en ocasión de la tragedia de Cromagnon, acusa al público de Callejeros de ser “piqueteros del rock”.

Sin embargo ya no es la “pollera colorada” sino el “¡por atrás! ¡por atrás!” eñ motivo recurrente que se ha entronizado en la música de bailanta. Lo que para el rock (el “roquismo” es una categoría que nos puedes servir más) es accesorio, como parte de un repertorio más amplio de provocaciones, en la cumbia es constitutivo, y me permito dudar de que eso guarde relación con un estilo de vida en los sectores que la consumen. Antes bien, con ciertas representaciones que dictan e imponen sus artífices (productores y empresarios) que podrían resumirse en el escueto aforismo: “los negros cojen”.

Las reivindicaciones que desde los sectores medios piadosamente se hacen sobre la música industrial que consumen los sectores populares siempre la recuperan como objeto sociológico antes que como discurso representacional. Vale decir, no se recuperan las virtudes de la organización formal del discurso artístico. Esto nos pone en crisis. Habría que admitir agriamente que los consumos de masas son comúnmente pobres, no virtuosos, clichés... No se les exige lo mismo que al rock (cierto rock) o al folcklore. Se alude sí, a su origen (como justificación fundante) y aquello que tematiza, buscando elementos de corte social susceptibles de ser recolocados en torno a relaciones de poder, para decir: esta es música popular, es música genuina, es música resistente, etc, etc. La tentación populista radica en la clausura “esto es lo de los de abajo”. Y ese jauretcheanismo mal leído nos deja con la guardia baja para impulsar otro tipo de exigencias estéticas, y con ellas, otros modos de concebir el mundo respecto del entramado de las relaciones de poder en las que los sectores populares se encuentran inmersos.



Incursiones rockeras felices en la cumbia hay pocas. Recuerdo “En la rivera” de Bersuit (justamente en dúeto con La Mona) y mi conmoción al escuchar el lapidario “En la ribera/ en la ribera te culean/ El parapléjico te mueve/ el abuelo te chorea/ Y se culea/ Rebelión indigente/ Regala vida el agujero” y creo que la impostación plebeya en esa canción es un acierto. Hay allí una aproximación a cierto universo de sentido más profunda que el mero “menéa-menéa” a los que el género nos tiene acostumbrados. Hay sinsabores, victorias pírricas, crueldad y vitalismo de sobrevivientes. Pero es un gesto roquero...

La cumbia, sin embargo, ha mutado mucho en nuestro país en los últimos años. Atrás quedaron los Wawanco, los del Bohio y tantos otros que alegraron las noches de los “grasitas” en El Palacio de las Flores, adonde provincianos y migrantes limítrofes iban a reventar sus morlacos en los 60s y 70s. Atrás fueron quedando los Ricky Maravilla, Alcides o Pocho La Pantera y toda la camada picaresca que hizo su irrupción sobre el final del alfonsinismo. Magenta hizo la primer evolución hacia las bandas de teen-pop armadas por casting y. echando mano de melenudos venidos del metal a llevarse unos mangos con los gritos histéricos de las adolescentes, reconfiguraron la estética de la movida tropical. Suprimiendo las corporalidades disidentes. Borrado toda etnicidad que pudiera emerger como marca de clase.

Atrás quedaron incluso las bandas de cumbia villera y la insolente mueca de exclusión que reponía una “negritud genuina”, mientras la vinculaba a la celebración del delito y la violencia de género como caricaturesca reproducción de la violencia social de aquellos años. Los “villeros romanticos” como El Polaco o Nestor en Bloque, fueron el acto reflejo de la industria cuando las propias chicas de la bailanta empezaron a rechazar el “mal gusto” (para ponerlo en palabras de Gabis) de temas como “Haceme un pete”. Matiolis para unos, Flores de Piedras para otros...

En el último lustro, la violenta irrupción de reggaeton descolocó a unos cuantos, con intentonas de desarrollar el género en el ámbito local sin demasiada fortuna. Pero con los Wachiturros llega una nueva postal de época. En la Argentina de la exclusión no hay que ser chorro cuando hay capacidad de consumo para ropa pituca y motito. Visto en retrospectiva y asumiendo que estas representaciones algo dicen sobre lo que fue y es la Argentina, sin dudas que el kirchnerismo se hace sentir. En 10 años pasamos de querer ser chorros a estar pitucos. De la marginalidad delictiva a la inclusión/igualación (recuérdese el episodio L'acoste) por vía del consumo. Cuestiones para problematizar que exceden este post y la música bien gracias.

La prueba está en que no fueron los Wachiturros los que musicalizarón La otra, sino la mucho más amena propuesta de DJ Negro Dub y Che Cumbé. Mi amigo Santiago Alvarez me dijo, cuando le hice escuchar The Roots of Chicha (parafraseando el dicho “los americanos tocan rock y los ingleses un pensamiento sobre el rock”): “¡que loca la clase media! no hacen cumbia, sino un pensamiento sobre la cumbia...”. Y es que los amigos de DJ Negro Dub y Che Cumbé, con su inmenso talento, difícilmente puedan pasar por Mágico Boliviano de Constitución sin que un botellazo vuele a la cabina al minuto 3. Tal es la distancia que hay entre las afirmaciones de Gabis y los objetos indóciles que nos proponemos defender, pero que finalmente son lo que son y no lo que nos gustaría.

Conviven en el grueso de lo que podríamos denominar “música de bailanta”: composiciones básicas, instrumentaciones pobres, y letras trilladas (que rechazo hasta la alergia) con rituales de celebración de la corporalidad y el erotismo, liberaciones provisorias, aunque no por ello menos trascendentes o necesarias, y afirmación plebeya y carnavalesca de la pertenencia y la identidad colectiva (que reivindico y aliento).

Por eso. en vísperas de elecciones en la facultad, mi organización (la UES/MUNAP) pone cumbia wachiturra a todo lo que da. Es que mientras los troskos, la Cámpora o Marea Popular, con algo de desconcierto, le suben el volumen a Manu Chao o Calle 13, nosotros sabemos que con los Wachiturros solo acrecentamos nuestro estigma de primera generación de universitarios, de morochos colados en la universidad pública. Nos hacemos cargo de eso. Y eso rockea!

Pero en mi casa y para con mis sobrinos, porque aspiro a que lo popular puede ser otra cosa que una cagada de cuatro tiempos que echa mano de baterías electrónicas solo a los efectos de regatear sueldos de músicos, mientras limita su lírica a hacer rimar diminutivos alusivos las zonas erógenas, es que me puedo permitir la honestidad de gritar con el compañero Cristian Aldana: iiiLa cumbia es una mierda!!!


ACLARACIÓN: Los videos que ilustran este post fueron intercalados por el editor del blog. Para comprender cabalmente esta nota y las ulteriores respuestas que se van a publicar, es recomendable leer PUTA FAMA (O EL BUEN GUSTO COMO PREJUICIO DEL ROCKERO PEQUEÑO BURGUÉS, clickeando acá.

domingo, 29 de diciembre de 2013

De SubRosa a Sabbath y de Mastifal a Gardenia

El raconto musical de Gabriel Medina

Si hacer un raconto de los grandes aciertos discográficos de este 2913 implica restringir la mirada a la exaltación de grandes trabajos de las figuras luminarias o a los nichos de mi preferencia, nos perderíamos la oportunidad de explorar qué otros aportes estarían sumando a enriquecer la cartografía musical, que como el universo, se encuentra en constante expansión. En estos siempre antojadizos lances de pretender dar cuenta de “los más mejores”, no fue este el mejor año para la música y, en el ámbito nacional, de los escasos ejemplos que traigo, probablemente la mitad no califique para ingresar a una antología de la década. Finalmente el tiempo es siempre el mejor antologista.

Mejores discos internacionales

#5

SubRosa - More Constant than the Gods

Con su cuarto trabajo, Sub Rose me generó el entusiasmo noventoso de ir cada domingo por la mañana al Parque Rivadavia a conseguir copias de cassettes para que una tarde de sorpresas nos esperen para ser deleitadas, rueda de mate mediante. Eran las épocas del ascenso del Avant Garde nórdico, y como en este disco, nada estaba cantado. Uno lo pone y si bien hay estructura de canción y elementos doom que cartografían la escucha, el particular uso de las cuerdas, las disonancias, la psicodelia, la mala onda sludge y el minimalismo postmetal condimentando estratégicamente su economía de efectos, haciendo de su escucha un viaje cautivante.



#4

Gosth - Infesstisuman

Estos suecos disputan con los locales El mató a un policía motorizado el puesto a “banda más sobrevaluada de la década”, es cierto. En esta segunda entrega sin embargo, Papa Emeritus II y sus esbirros sin nombre dejan entrever sin ningún pudor su plan maestro de conquista global. Si el truquito del satanismo y los disfraces suele ser una combinación oportuna, aunque fugaz cuando no hay canciones que la respalden, en su caso las composiciones sobran y al halo de misterio sobre sus integrantes suman el encanto pop de sus composiciones. Menos preocupadas por tributar a Blue Oster Cult, UFO y ese cálido sonido vintage que los acompañó en la primer placa, y más concentrados en seducir con el infernal encanto de los hits que se amontonan en este disco tributando al maléfico: el diablo vuelve a meter la cola.



#3

Riverside - Shine of the new generatión slaves

Con Memories in my head, su anterior EP (tres canciones en 35 minutos...) los polacos daban un volantazo a sus exploraciones kingcrimsonianas para ir en busca de la psicodelia perdida, como quien se permite intentar volver a la pureza de un amor adolescente a sabiendas de las arrugas que ya curten su piel. En este trabajo proponen un balance más equilibrado entre intuición y racionalidad marcando el camino con riffs purpúreos, pero por sobre todo con la serena y conmovedora voz de Duda, ante la que no se puede estar impávido. Una gema del hard progresivo que parece advertirnos que lo mejor de los 70 subsiste con proyección y vitalidad, a pesar del sabotaje y la banalización de sus epígonos.



#2

Savages - Silent Yourself

Refrescante agrupación femenina que no le teme a los desbordes y a la intensidad sin represiones ni imposturas. Con un energético sonido de trío profundamente enclavado en el after punk de los 80 como continuo telón de fondo, la francesa Camile Berthonier se asume con naturalidad como la discípula más adelantada de Siuoxie (y Ian Courtis), y nos trae 10 temas sin respiro en los que no deja títere con cabeza.



#1

Black Sabbath - 13

La espada fue forjada nuevamente y el caballero de neón regreso por su trono oscuro. A pesar de que muchos vean en la mano santa de Rick Rubin tras las perillas, la clave de esta flamante resurrección, en mi opinión la producción no contribuye más que a homogeneizar demasiado las paredes de guitarras, desluciendo la diversidad de las composiciones por un efecto monocromático. Por lo demás, es increíble escuchar a estos tres sexagenarios con una nueva declaración de principios a la altura de su legado setentero. No es un disco más, es uno en el que vuelven a dar cuenta de por qué son los padres de todo.




Nos quedan en el tintero...

Lustmord - The Word As Power

Babel by Lustmord on Grooveshark

Regresa Briam “Lustmord” William, el padre del dark ambiental. Parece que después de haberse tomado demasiado en serio eso de andar capturando ceremonias, como la de la Iglesia de Satán en la que participó el 6 del 06 del 2006 y editó hace algún tiempo bajo el nombre de “Lustmord Rising (06.06.06)”, en esta ocasión nos vuelve a sorprender con un trabajo intenso “como un ritual sin dogmas”. Ya desde la sentencia que titula el álbum o en nombres de canciones como Babel o Goethia, se imaginarán por dónde viene la mano, no?... Péguenle una oída al preview y seguramente lo encontrarán optimo para sus ejercicios de aerobic por el Rosedal. 

 Mansion - We Shall Live EP  
   
Estos fineses se autotaguean como “cult rock, rock, doom, psychedelic rock, spiritual ” y lo que nos traen es un EP debut rebosante de pulcra y vital oscuridad, fruto de un denodado cristianismo ultra ascético, oraciones y reflexión espiritual sobre la existencia en este mundo de pecado que nos ha tocado en suerte. Solemne, rockero, intenso, épico y sobre todo: devocional!... quizá no todos los buenos se vayan con Satán, después de todo. 

Mejores discos nacionales 

#5 

Mastifal – Rock Podrido 

Un “disco chicle” de esos que no guardan otra pretensión que un capricho en la discografía de una banda que cree contar con cierto recorrido. Sin embargo no dejan de ser interesantes las versiones de clásicos del rock nacional con distorsión y doble bombo, más un puñado de invitados que jerarquizan la faena. Así, a pesar de la cosa fea que Andres Gimenez le hace a Imágenes Paganas, uno no puede dejar pasar a Willy Quiroga y Adrian Barilari repartiéndose el medley Las Guerras/Jeremías, o las impecables versiones death metal de Nos siguen pegando bajo o Primavera 0 a cargo del Canario Compiano y Lula Bertodi. ¿Adivinen quién canta en esta?

 

#4 

Taura – El fin del color 

Con el burocrático objetivo de llenar un top five bastante cuesta arriba, aprovechamos la reedicion en vinilo de El fin del color para colar a Taura, una de las propuestas más refrescantes de la escena. Formados para tributar a Kyss, se le empezaron a animar a las inquietantes aguas del Anathema post Eternity y hoy ya se encuentran apostados en un campamento musical tan impredecible como desafiante.

 


#3 

Banda de la Muerte – 6 canciones 

Con este EP Banda de la Muerte consolida lo presentado en Pulso de una mente maldita. Hard rock stoner y algo de hardcore punk condimentando el menú. Atenti con el ascendente derrotero de estos.


 


#2 

El Atolón de Funafuti - Palingenesia 

Cuando en el 2009 Alfredo Rosso los elogió en Ñ como “la más destacada nueva banda”, yo dije “Clarín miente”... Sin embargo, hoy debo reconocer que su propuesta, si bien todavía merece un redondeo, es bastante inusual. Rock semiacústico plagado de arreglos y buenas instrumentaciones. En la veta de El soldado y con chispazos de intensidad ricotera mejor logrados que lo que nos viene ofreciendo Solari. Un cuidado particular en las letras, que debe hacer optar a Tino Moroder entre ser un protocantautor en la onda de Las pastillas del abuelo o un vocalista de rock más atento a la consolidación de las melodías vocales. De momento y en medio de la aridez reinante, un gran disco de factura local.

 


#1 

 Gardenia - El Libro de los Soles 

Los salteños de Gardenia reinciden en este El libro de los soles, un trabajo tan ambicioso y alejado de cualquier tendencia del momento como honesto e introspectivo. Pura magia progresiva para todos y todas.

 


Se nos queda en el tintero...

Raza Truncka - Danzachapogo 

Quedan afuera y no porque les falte merito para entrar, sino porque finalmente por motivos financieros este año no pudo ver la luz este disco en el que los norbonaerenses estuvieron trabajando denodadamente, del que pudimos ver buena parte en sus performances en vivo del último tiempo. Se trata de un álbum en el que se proponen “recuperar la energía de la danza”, como vector principal para esas exploraciones que los ubican en la novedosa cofradía que junto a Arraigo y Alimaña parecieran conformar. Cuentan además para este trabajo con numerosas colaboraciones de artistas del rock y el folclore. ¡Esperamos atentos a su inminente salida!

 

viernes, 15 de noviembre de 2013

Arte, géneros, populismo, modernidad, liberación o dependencia


Cuando hace unas semanas vino Gabriel Medina a La otra.-radio (el 13/10) se planteó este asunto:

"Hay un intercambio muy interesante entre Willy, que asocia lo que dice Gabriel sobre el origen popular de [Black]  Sabbath con sus recuerdos en el Samovar de la Boca. 'Un lugar interesante de la Argentina -dice Willy-, que curte ese rock que se parece a lo que estamos escuchando de Sabbath, que tiene esa cosa medio facha...". Y Gabriel acota: "no, yo te diría conservadora, de volver recurrentemente al género, porque lo popular se organiza en torno a géneros, que son horizontes de expectativa, 'vamos a ver esto', ¿no?".

"Creo que ahí quedó una punta que merece seguir pensándola, donde se cruzan concepciones estéticas y categorías políticas, el populismo, el conservadurismo y el género, que se pueden aplicar también a otros campos, como el cine, la tele, incluso lo que hacemos nosotros en la radio o en este blog, sin ir más lejos. ¿Somos populistas? ¿Queremos volver al género? ¿Queremos saber qué vamos a ver?"

Algunas veces hemos disentido con Gabriel acerca del valor de los géneros en el arte popular, pensando no solo en la música sino también en el cine. Yo soy muy escéptico respecto del valor de los géneros (sobre todo en el cine, pero también un poco en la música) y tiendo a pensar que una idea de género puro, fácilmente reconocible, lleva no solo a un conservadurismo estético sino también a una experiencia política conservadora.

No creo que la experiencia "lo popular se organice en torno a géneros", ni que la certeza o la expectativa de 'vamos a ver esto' (una de terror, una de aventuras, una banda de reggae o de rock rollinga, o de blues, propicie obras estética ni políticamente valiosas. Además creo que es falsa la oposición "géneros populares vs. vanguardia elitista".

Hace poco, no me acuerdo dónde, pero en privado, discutí con Gabriel qué entendemos por música popular y puse el ejemplo de Spinetta, un artista que dentro de 50 años podemos suponer que será escuchado a la par de Homero Manzi, Gardel o Mercedes Sosa. Aunque rara vez Spinetta haya estado en la cumbre de la masividad o aunque tenga un origen de clase media. ¿Qué es entonces lo popular en la música?

En el próximo programa discutiremos en torno al arte popular (música y cine), géneros, conservadurismo o liberación. La idea es que no solo debatamos sino que pasemos música que ilustre nuestra discusión.

Y quiero pensar este problema también en el cine, para lo cual invité a Nicolás Prividera: vamos a charlar con él sobre géneros, populismo y modernidad en el cine argentino de las últimas décadas. Le quiero preguntar también cómo encara el propio Prividera el dilema entre modernidad y/o populismo en su cine. Al invitarlo, Nicolás me hizo saber que esto lo viene pensando, para un libro que está preparando.

Así que parece que tendremos otro programa interesante. Domingo a la medianoche en La otra. FM 88,7. (Y empieza la cuenta regresiva).

lunes, 21 de octubre de 2013

El rock de la clase trabajadora

Por qué Black Sabbath sí y Led Zeppelin, a pesar de la arquitectura perfecta de su música, no (según Gabriel Medina)



El domingo pasado en La otra.-radio

sábado, 5 de octubre de 2013

Vienen todos: Black Sabbath



por Gabriel Medina

Cuando Woodstock, la estafa más grande del rock jamás pergeñada, desnudaba el estrepitoso fracaso del sueño hippie y la era de Acuario, algo comenzaba a agitarse del otro lado del Atlántico. En la sórdida villa industrial de Bhirmingham cuatro jóvenes trabajadores abandonaban el hard blues de Hendrix y Cream para ir dándole forma a las composiciones más radicalmente oscuras y nihilistas que se hubieran tocado hasta el momento.

Riffs demoledores que recuperaban para el rock el uso del tritono, elemento inarmónico que la Iglesia prohibiría en las composiciones sacras durante el Renacimiento, por considerarlo Diabolus in Musica; líricas explícitas sobre ocultismo, guerra y muerte como nunca antes se habían cantado, y una exploración sonora a contramano de la profusa escena progresiva que iba conquistando todos los reductos del rock para la pomposidad y los tecnicismos. Es que en Black Sabbath no había ni la arquitectura perfecta y de gancho inmediato de Led Zeppelin, ni el virtuosismo visceral de los instrumentistas de Deep Purple. Sabbath planteaba en sus primeros discos un cosmogónico viaje a lo primal, no exento de furia y desolación, que pierde su ímpetu cuando una década después el mercado musical lo encasille bajo la reduccionista etiqueta de Heavy Metal.

Este domingo 6 de octubre, a poco más de 43 años de la edición de su primer albun, en la gira de la aclamada reunión con su vocalista original, la Bruja Negra visita Bs As.