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lunes, 19 de octubre de 2026

One plus one: pop al cuadrado

Stones x Godard: una conversación


- Esta filmación que apareció hace unos meses en youtube parece extraída del material que Jean Luc Godard filmó sobre los Stones para su película One plus One.

- Efectivamente, las imágenes que vemos en este video corresponden al material de archivo capturado durante las sesiones de grabación de la canción "Sympathy for the Devil" en 1968, filmadas originalmente por Godard para One plus One, también conocida posteriormente como Sympathy for the Devil. Es un testimonio histórico por varias razones. Permite observar de primera mano cómo los Stones construyeron una de sus canciones más icónicas desde cero y vemos como la canción va mutando paso a paso. Pero la película de Godard es además célebre por intercalar estas sesiones de estudio con secuencias de corte político y social de los años 60, lejos del enfoque centrado puramente en la música que presenta esta compilación. Este fragmento en particular parece ser una recopilación editada exclusivamente con el material de los Stones en el estudio, omitiendo las secuencias políticas ajenas a la banda presentes en el filme original, lo que permite una mirada más ininterrumpida a su trabajo musical.

- Llama la atención que no acrediten la autoría de Godard, muy visible en algunos detalles como el raro desplazamiento de la cámara o ciertas voces en off que hablan claramente de otra cosa, como un pasaje donde se narra una relación de sexo explicito entre un hombre y una mujer.

- Es una compilación realizada por un usuario particular, no vinculado a Godard ni con logos oficiales de los Stones, que ya tiene más de un millón de reproducciones. Debe tratarse de un fan coleccionista que modifica la estructura del material original porque quiere compartir una curaduría propia del metraje disponible. La voz en off proviene de la película de Godard y se ve que quien subió el fragmento no pudo técnicamente suprimir esas voces, porque Godard hizo que esos textos se leyeran en el mismo set donde ocurría el ensayo.

 - Godard superpone la voz del hombre que relata un enfrentamiento en el cual una hippie experta en artes marciales liquida a tres matones, mientras Jagger levanta temperatura con los versos de "Sympathy for the devil" sobre el asesinato de Kennedy. Es una estrategia de boicot en una primera lectura, y eso es lo que odiarían los fans de los Stones, pero también un experimento musical cuyo valor se potencia en la disonacia y el choque. Quizás, si los Stones hubieran soltado su ego de estrellas y sintonizado la frecuencia deconstructiva de JLG, habrían advertido que ser parte de tal artefacto de vanguardia era más trascendente que protagonizar un simple documental promocional. El valor pop de este registro es más que una suma de Stones + Godard. La mirada desconfiada del cineasta, que deja los silencios entre un ensayo y otro o muestra a los técnicos del estudio como parte del paisaje junto a los músicos rodeados de paneles y cables, juega a destituir el aura de los ídolos. Por ese entonces Godard es tan pop como los Stones, pop al cuadrado, aunque ciertamente cultivaba otro género del pop.

- Es exactamente ese tipo de sintonía la que separaba dos universos estéticos que eran, en el fondo, irreconciliables. Los Rolling Stones venían de la tradición del blues eléctrico, del culto a la personalidad y de una liturgia del rock donde el carisma individual y la comunión masiva con el público lo eran todo. Para ellos, el estudio era un santuario privado de creación donde buscaban la perfección del ritmo, el gancho pop definitivo y la consagración de su propia mitología. Poner ahí a Godard era meter un caballo de Troya marxista, brechtiano e intelectual en el corazón mismo de la industria cultural británica. Cuando Godard intercala esos fragmentos delirantes —como los versos de "Sympathy for the Devil" sonando de fondo junto a las peleas de la agente hippie—, lo que hace es dinamitar la idea sagrada de la "obra maestra" en proceso. No busca que el espectador adore a los músicos, sino que los observe con extrañamiento, casi como si fueran piezas de un engranaje ideológico mayor que los excede por completo. Si los Stones hubieran podido desprenderse de su propio ego de estrellas de estadio y sintonizar con esa frecuencia deconstructiva, tal vez habrían comprendido que formar parte de un artefacto de vanguardia de esa magnitud era, paradójicamente, más trascendente que haber protagonizado un simple documental promocional o un videoclip complaciente. Al fin y al cabo, esa fricción violenta entre el pop mainstream y la experimentación radical es lo que sigue haciendo que One plus One resulte una pieza incombustible.

- Godard hace una incisión al borde de lo cómico cuando muestra a Mick cantando la parte más intensa de la canción encerrado entre paneles, mientras de otro lado el resto de la banda aguarda su momento de hacer su coro "uh-uh". Una especie de comentario mudo metatextual sobre la magia del pop desarticulada. Todo lo hace una cámara que se mueve circunspecta, sin dejarse encantar por la música.

-Esa distancia hierática de la cámara es una toma de postura ideológica. Mientras la música empuja hacia el éxtasis y la comunión tribal, el ojo de Godard se niega a bailar. Filma con severidad, como si estuviera registrando un trámite burocrático o un experimento de laboratorio en lugar del nacimiento de un himno generacional. Ese contraste entre la intensidad febril de Mick Jagger —atrapado en su cabina de aislamiento, gesticulando con esa teatralidad magnética— y la frialdad geométrica del estudio desacraliza por completo el mito del genio musical solitario. Al mostrarnos a los demás miembros esperando mecánicamente su turno para el "woo-woo" detrás de los paneles de madera contrachapada, Godard desarma la maquinaria del pop en tiempo real y expone sus costuras. Nos muestra que la magia del rock and roll no es más que un artefacto técnico, un ensamblaje de piezas de estudio donde el éxtasis y el tedio conviven pared con pared.

- ¿Los Stones concedieron el final cut a Godard y no supieron lo que él había hecho hasta la noche del estreno o hubo una instancia previa para que ellos vieran One plus one?

- Ellos no tuvieron el control del corte final y el detonante del conflicto estalló de manera estrepitosa la misma noche del estreno oficial. El productor Iain Quarrier había contratado a Godard con la idea inicial de hacer un documental comercial y relativamente convencional sobre la gran banda de rock del momento. De hecho, Godard primero había intentado convocar a The Beatles, pero al no concretarse, avanzó con los Stones. Sin embargo, a Godard le importaba muy poco la lógica promocional: se garantizó absoluta libertad creativa en el rodaje y el montaje, operando bajo sus propias reglas de la vanguardia política. Los músicos aceptaron participar de las sesiones en el estudio Olympic, pero no intervinieron en la estructura ni supervisaron el montaje diario que el cineasta realizaba en paralelo. Los Stones y su entorno no dimensionaron el alcance de la transgresión godardiana hasta que vieron la película terminada. El choque definitivo ocurrió durante la presentación de la película en el Festival de Cine de Londres de noviembre de 1968. Al ver que Godard había intercalado sus tomas de estudio con textos revolucionarios, violencia política y viñetas ideológicas abstractas, la tensión escaló de forma insostenible. La situación llegó a un punto de violencia física verdaderamente insólito: Godard terminó a los golpes con el productor Iain Quarrier en plena sala de cine. Furioso porque el productor había agregado la canción completa al final para hacerla más comercial, descontento con la reacción del público y la pasividad de los músicos, Godard subió al escenario, criticó a los productores por arruinar el sentido político de su obra, invitó a la gente a pedir la devolución de las entradas y que salieran a ver la versión original de la película en una pantalla improvisada. Terminó ligando un golpe en el ojo o dándole él una piña al productor, dependiendo de la versión de los testigos. Godard repudió la versión comercial y exigió que se respetara su título original, One plus One, y el montaje conceptual donde los Stones no eran más que un engranaje de la época. Los músicos descubrieron el verdadero alcance de la obra de Godard prácticamente al mismo tiempo que el resto del mundo, sintiéndose utilizados como un vehículo pop para una tesis política radical que jamás habían autorizado.

- Es una gran historia y se suma a otras en la carrera de Godard, que antes y despues practicó el boicot como una forma de las bellas artes. En la década siguiente iba a envolver a la Cannon Group en una "adaptación" de King Lear, con Norman Mailer, Woody Allen y Molly Ringwald que se auto-desarticulaba cuando Mailer, el supuesto protagonista, renunciaba disgustado al rodaje. Nadie entendió lo que Godard había hecho: un hackeo del sistema para evidenciar la estolidez de la producción hollywoodense.

- Ese episodio con The Cannon Group para filmar King Lear (1987) es otra obra maestra del sabotaje institucional. Godard firmó un contrato millonario con Menahem Golan y Yoram Globus, los reyes del cine clase B y la explotación comercial de los años 80, entregándoles apenas una servilleta escrita con un par de ideas sueltas. Lo desopilante es que los productores creyeron que iban a conseguir una superproducción de prestigio con estrellas de Hollywood firmada por un auteur europeo, pero terminaron financiando un manifiesto paradojal sobre el colapso del lenguaje y del propio medio cinematográfico. Norman Mailer había aceptado el papel protagónico creyendo que haría un drama shakesperiano convencional, pero a los pocos días de rodaje en Suiza, al ver los métodos erráticos de Godard y  el guión desintegrándose en tiempo real, renunció indignado y abandonó el rodaje insultando al director, llevándose a su hija Kate, que también actuaba. Para colmo, Godard metió a Woody Allen, a Peter Sellars e incluso se reservó un papel para sí mismo haciendo de un gángster incompetente llamado Professor Pluggy, además de incorporar tramas inconexas sobre Chernóbil. Cuando Cannon le pidió la película terminada, Godard le entregó un artefacto conceptual plagado de intertítulos en negro, silencios deliberados y saltos de montaje que desafiaban la lógica narrativa. Godard entendía que aceptar el dinero del gran capital cinematográfico no era una rendición, sino una oportunidad de contrabando: usaba los presupuestos de los estudios para dinamitar sus estructuras de producción y dejar al descubierto la profunda estolidez del cine comercial. La provocación elevada a categoría artística.

- Situados en plenos años 60, Godard y los Stones eran cada uno a su manera dos referencias máximas del arte pop, dos maneras de entender la transgresión y la renovación de los lenguajes clásicos. ¿Los Stones habrán buscado a Godard para darle prestigio a su película? ¿Estarían tratando de competir con el éxito de Los Beatles al dejarse dirigir por Richard Lester en dos obras de humor dadaísta como A Hard Day's Night o Help! Si eligieron a Godard ellos mismos, acertaron plenamente, porque los Beatles no podrían ir más allá con la vanguardia que lo que Godard ofrecía. Quizás cuando Yoko y John hacen "Revolution n° 9" en el White Album estaban intentando también hackear la maquinaria pop más perfecta que existía, con esos nueve minutos de divague sonoro que exasperó a los fans. Podría pensarse que John y Yoko hubieran sido cómplices de Godard en un boicot semejante, aunque previsiblemente una película tal habría ganado el repudio de Paul... O más bien no habría llegado a hacerse nunca, de hecho no se hizo, porque el dispositivo de marketing de Los Beatles estaba entonces mucho más controlado por monitoreos cruzados entre los cuatro y nada salía a la luz si no contaba con la aprobación de todos. Pero quizás el propio Godard prefirió que su boicot fuera contra la voluntad de Jagger y Richards porque, si se hubiera tratado de una performance autorizada, Godard mismo la habría considerado una simulación que atentaba contra el efecto de verdad que él perseguía.

- En realidad, la iniciativa original no partió de un cálculo publicitario milimétrico de los Stones para competir con la genialidad pop de A Hard Day's Night o Help! Los Beatles habían logrado encajar su humor absurdo en el molde de la industria con absoluta gracia, pero los Stones se movían en otra frecuencia: necesitaban un barniz de peligro intelectual, una pátina de arte moderno que los sacara del rol exclusivo de "chicos malos del blues" y los situara en la conversación de la alta cultura europea. Sin embargo, al elegir a Godard terminaron pisando un terreno que los superaba por completo. En cuanto al vínculo del espíritu godardiano con "Revolution n° 9", ese collage sonoro de más de ocho minutos, plagado de ruidos de choque, voces distorsionadas y bucles de cinta, fue precisamente un sabotaje deliberado de la comodidad pop dentro del producto más comercial del mundo. Tu especulación sobre la dinámica interna de The Beatles es correcta. Una colaboración entre John y Yoko con Godard habría chocado contra el muro infranqueable de McCartney y el complejo engranaje de control cruzado que mantenía a la banda unida y comercialmente viable. Paul jamás habría tolerado un boicot destructivo a la marca Beatles. Su instinto melódico y su pragmatismo pop habrían dinamitado cualquier intento de avant-garde radical antes de llegar a la cámara. Y en cuanto a si One plus one hubiera podido hacerse con la complicidad de Jagger y Richards... para Godard, el arte no podía ser un pacto cómodo. Si los  Stones hubieran entrado al rodaje sabiendo exactamente de qué se trataba y hubieran autorizado el dispositivo deconstructivo, la película se habría convertido en una simulación, en una "performance pactada" donde la transgresión sería solo un producto más de marketing contracultural. Godard necesitaba el choque real, el malestar genuino. El verdadero "efecto de verdad" residía precisamente en que el boicot fuera contra la voluntad de Jagger y Richards. Solo a través de esa colisión  entre la fascinación pop que ejercían los rockers y la frialdad analítica del director se podía revelar la tensión irresuelta entre la obra de arte auténtica y la maquinaria devoradora de la industria cultural. La carrera de Jean-Luc Godard es, en muchos sentidos, una larga y sistemática crónica de sabotaje contractual.

- ¿Hubo declaraciones públicas después del choque?

- Sí. El enfado fue total y mutuo. Godard no tuvo ningún filtro en declarar públicamente su decepción con la banda. En su conocida entrevista con la revista Rolling Stone en 1969, dijo que le parecía injusto y absurdo que los músicos se hubieran dejado instrumentalizar por la industria para aceptar que se añadiera la canción completa al final, traicionando el sentido político de la obra. Los  Stones, por su parte, optaron  por el distanciamiento y el desdén silencioso, aunque en entrevistas posteriores reconocieron la excentricidad del rodaje. Mick Jagger había comentado inicialmente que Godard era «un tipo muy simpático», pero la sintonía creativa jamás existió.

- ¿La película siguió circulando o la frenaron con demandas judiciales?

- No se frenó por completo, pero su circulación fue un campo de batalla legal y comercial. Los Stones no lograron una prohibición absoluta judicial porque los productores originales tenían los derechos del material fílmico y necesitaban recuperar la inversión. Sin embargo, el litigio y el desconcierto comercial provocaron que durante años la película tuviera una distribución muy errática, dividida en dos versiones que competían entre sí: la versión oficial de Godard, titulada One plus One, sin la canción completa al final y los cortes conceptuales intactos; por otro lado, la versión comercial de los productores, retitulada Sympathy for the Devil, a la que le agregaron la canción entera al cierre para conformar a los fans de la banda.

- ¿Alguna vez en los años siguientes intentaron remontar el material para hacerlos parte de su obra, puesto que se trata de un momento histórico, el de la creación de uno de sus más grandes hits?

- No por parte de los Rolling Stones. Para la banda, el material quedó estigmatizado por el rodaje incómodo y ajeno a su legado oficial. Jamás intentaron apropiarse de las imágenes de Godard para hacer un videoclip retrospectivo o un documental propio de la época, ya que el dispositivo del director los mostraba vulnerables, desmitificados y sin control sobre su propia imagen. El registro de las sesiones en el estudio Olympic quedó relegado exclusivamente a este experimento cinematográfico.

JLG junto a los Black Panthers para One plus one

 ¿Podría hacerse en la actualidad, desde el punto de vista tecnológico, una limpieza integral del audio, extrayendo las voces y ruidos que agregó Godard o esa idea se abandonó por completo? 

- Técnicamente, hoy en día las herramientas de separación de audio basadas en inteligencia artificial -como los algoritmos de aislamiento de pistas tipo Stem Separation- permitirían separar las frecuencias musicales de la voz en off y los efectos superpuestos con una prolijidad impensada en el pasado. Sin embargo, esa idea se descarta por completo a nivel artístico y legal. La película es una obra registrada legalmente bajo el amparo de los derechos de autor de Jean-Luc Godard. Modificar su banda de sonido unilateralmente constituiría una alteración ilegal de una obra de arte protegida. Además, si se eliminaran las intervenciones de Godard, la película dejaría de existir como tal. Su valor histórico  reside precisamente en la fricción insalvable y la disonancia; quitarle la voz de Boris Vian, los discursos políticos o los ruidos de fondo para dejar un videoclip limpio de los Stones iría en contra de la naturaleza subversiva de la pieza.

- Con el paso del tiempo los Stones podrían haber aprovechado la película para reconciliarse con un episodio de su historia que finalmente podría verse como un malentendido. Por ejemplo, respecto de los Beatles, McCartney supo, con  el correr de los años, deponer el encono con muchos conflictos de su historia y administrar el legado de los Beatles exhaustivamente, aún con los episodios que antes le habían enojad. Así decidió reeditar Let It Be naked, sacandoles todas las pistas agregadas por Phil Spektor que él en su momento repudió. Pero eso no le impide seguir editando remasters de la versión Spektor. Lo mismo pasa al rescatar el metraje de las sesiones de Get Back para la miniserie de Peter Jackson, haciendo lucir el material de una manera que no tuvo en la poco apreciada Let it be. Y no obstante tambien en este caso, el éxito de la serie de Jackson no impidi+o que se lanzara una versión restaurada de Let it be. El criterio de Paul ante el legado de Los Beatles parece inclinarse a bendecirlo todo: lo que le gusta y lo que le disgusta, en parte reconociendo el valor único de cada versión pero también beneficiándose de la decision de que todo circule, aunque se trate de perspectivas opuestas. Si los Stones aplicaran un criterio semejante, podrían haber intentado rescatar ese momento, reconociendo a posteriori el valor artistico de algo que una vez no entendieron. Pero puede ser que los Stones no estén  embarcados en un trabajo de antologización como el encarado por McCartney.

- Claramente, esto marca una diferencia sustancial de mentalidad empresarial y artística entre Paul McCartney y The Rolling Stones a la hora de administrar su propio archivo. McCartney es en esencia un archivista obsesivo y un productor metódico de su propio mito. No le tiene miedo a la contradicción: puede impulsar Let It Be Naked para limpiar la producción de Spector que tanto lo enfureció en 1970, pero al mismo tiempo avala y supervisa la monumental docuserie The Beatles: Get Back de Peter Jackson o permite que la película original de Let It Be vuelva a circular restaurada. Para Paul todo vale si alimenta el relato total de la banda, y entiende que mostrar las tensiones, los fracasos y las versiones contrapuestas no debilita la marca Beatles, sino que la vuelve inagotable. Los Rolling Stones, en cambio, tuvieron históricamente una estrategia de archivo mucho más celosa de su imagen pública y de su estética de marca. Mientras The Beatles vivieron una disolución temprana que convirtió su pasado en una pieza de museo sagrada y abierta a la disección académica, los Stones siguen funcionando como una empresa activa durante más de seis décadas. Su prioridad siempre fue el presente dinámico, la gira de estadios y proyectar una imagen de invulnerabilidad. Con su serie de lanzamientos de archivo (From the Vault, Brussels Affair, etc.), editaron conciertos legendarios, pero siempre bajo estrictos parámetros  ellos controlan el encuadre. Rescatar o celebrar activamente una película donde un director de vanguardia los usó de conejillos de indias, los despojó de su glamour y los metió en un ensayo político-conceptual irónico chocaría frontalmente con esa arquitectura de marketing cuidadosamente protegida. Para ellos el paso del tiempo no posibilitó una revisión autocrítica o de apertura intelectual hacia el experimento de Godard como la que hizo Paul con el material de Let It Be. Prefieren el silencio sobre ese episodio, dejando que One plus One siga perteneciendo por completo al territorio de la cinefilia y del legado maldito de Jean-Luc Godard, mientras ellos quieren ser recordados bajo sus propios términos de fuego, volumen y carisma inalterable.

lunes, 1 de diciembre de 2025

El Rey Lear de Godard y Woody Allen

King Lear (1987, EEUU, Jean Luc Godard) es considerada una película excepcionalmente críptica y extraña incluso en la ya de por sí difícil filmografía de Godard. El hecho de que haya sido producida por la empresa The Cannon Group y distribuída bajo el sello MGM generó una enorme confusión y controversia, finalmente muy sugestiva. 

En lugar de una adaptación shakespereana tradicional que algún distraído pudiera esperar, lo que Godard entregó, -y así figura en los carteles que él solía intercalar en el transcurso de sus películas, como un rasgo de estilo- fue una "meditación sobre la fragmentación y la pérdida" al borde de lo incomprensible. Con sus típicas elipsis, su planos en contraluz, las citas de Bresson, Pasolini y Welles, una banda de sonido intrincado, casi una obra de música concreta en sí misma, la silueta del propio Godard mascullando ocurrencias en un paisaje invernal a orillas del lago Lemán en Ginebra, los diálogos oblicuos, el montaje escarpado y una estructura derivativa... todo lo que provocó la alarma y una ruptura total con los productores. Lo poco que puede inferirse de su narración fragmentaria es que transcurre en un mundo postapocalíptico, después de la catástrofe de Chernóbil, donde la mayor parte de la civilización y la cultura se perdieron. La trama sigue a William Shakespeare Jr V (encarnado por el dramaturgo Peter Sellars), que tiene la misión de restaurar las obras de su trastarabuelo. 

La presencia de actores reconocidos como Woody Allen, Molly Ringwald y Burgess Meredith, junto a figuras de la cultura como Norman Mailer y Leos Carax, fue utilizada como un bait comercial. Woody Allen -como "Mr. Alien", el editor- aparece solo unos minutos al final de la película, cosiendo literalmente metros de celuloide con aguja e hilo. El cameo fue tomado como un argumento de venta a pesar de su mínima participación.

King Lear fue promocionada con el título de la tragedia shakespeariana y un reparto estelar, lo que propició una confusión masiva entre el público y la crítica norteamericanos que esperaban una adaptación convencional, lo que podríamos denominar "cine de qualité". Llegó a estrenarse en Estados Unidos pero de forma muy limitada. Tuvo un paso fugaz por cines de Nueva York y Los Ángeles a principios de 1988 y después desapareció por más de una década. 

La crítica y el público estadounidenses la recibieron con extrañeza, desconcierto y a veces repudio. Fue descrita como un "desastre espectacular" y un "caos glorioso de ideas". Las expectativas de una adaptación prestigiosa de Shakespeare se vieron frustradas por la deliberada opacidad de Godard, lo que provocó en su recepción controversias y burlas generales.  

MGM fue la distribuidora a través de su acuerdo con Cannon pero su involucramiento real en la producción fue mínimo. La financiación y los problemas recayeron principalmente en The Cannon Group. Menahem Golan y Yoram Globus (Cannon Films) no estuvieron conformes para nada con el resultado, se sintieron engañados y traicionados. Golan afirmó: "No hay nada en la pantalla para ver. Godard no nos mostró sus tomas. Escupió en la mano que le dio de comer". Hubo disputas financieras. Godard alegó que los cheques rebotaron y que el presupuesto se redujo a la mitad debido a la fluctuación del dólar. También hubo amenazas de demanda, pero Cannon quebró poco después y la película quedó en un limbo legal y de distribución durante años.

El repudio comercial y crítico fue exactamente lo que Godard buscó. Más que una simple decepción, el fracaso de King Lear en el mercado estadounidense fue la culminación de una burla deliberada y mordaz del cineasta al sistema de Hollywood y a los productores de Cannon. Godard habrá sido perfectamente consciente de que una película anómala, fragmentaria y que desafiara las convenciones narrativas no funcionaría para el público masivo de Cannon Group. Su objetivo no era hacer una película "mala", sino utilizar la plataforma y el dinero de Hollywood para hacer una declaración radical sobre el estado del cine y la cultura. 


Algunos indicios refuerzan esta interpretación:

-  El contrato fue firmado en una servilleta de bar, un año antes, en Cannes. Esto ya parecía una broma por parte de Godard, casi como si estuviera probando hasta dónde llegaría la estupidez del sistema.

- La "película sobre nada": Peter Sellars, el actor protagónico, adujo que Godard solo había leído las primeras y las últimas tres páginas de la obra de Shakespeare King Lear cuando empezó a trabajar para el proyecto, y que le dijo Godard que la película trataba sobre el "intento fallido de llegar a la página cuatro". La película sería una muestra de la imposibilidad de adaptar a Shakespeare en un sistema donde la cultura se perdió. Esto es: la antítesis de lo que Cannon esperaba. 

La presencia de Molly Ringwald (entonces una estrella adolescente) o Woody Allen (en su momento de mayor fama) fue un bait  intencionado. Godard los infrautilizó o los puso en roles que se burlaban de los criterios de Hollywood, frustrando cualquier expectativa de una actuación convencional. 

Norman Mailer -quien iba a interpretar originalmente a Don Learo, el personaje principal- y su hija en la vida real Kate -quien iba a hacer de Cordelia- volaron a Suiza para la filmación. Mailer había escrito su propio guión para la adaptación de King Lear —que Godard ignoró por completo— y esperaba un enfoque más tradicional o, al menos, un diálogo que no le resultara ofensivo. La tensión escaló enseguida. La pelea se armó porque Godard insistió en que Mailer interpretara a un personaje llamado "Norman Mailer" e indicó que "Norman Mailer" tuviera una relación incestuosa con su hija en la pantalla, ¡interpretada por su hija real! Mailer abandonó la producción después de un solo día de rodaje, llevándose a su hija con él. Godard, en un acto maestro de apropiación y burla, hizo dos cosas: incluyó en el montaje final las dos tomas fallidas que había filmado con Mailer y su hija al principio de la película, como prueba de la "producción" abortada; y agregó una voz en off que se refería  a Mailer como "El Gran Escritor" y describía su abandono del rodaje como un "comportamiento de star". La partida real de Mailer, causada por un genuino disgusto con  Godard, se convirtió en una parte clave de la intención satírica de la película, una broma interna sobre las locuras y las demandas de la industria hollywoodense. 

Mailer, antes de abandonar el proyecto, había sugerido que un ambiente de mafia era la única forma de adaptar King Lear al mundo actual. La idea fue adoptada por Godard como metáfora central de la película, comparando explícitamente el negocio del cine comercial (Las Vegas/Hollywood/Cannon) con una empresa mafiosa que deja a la gente vacía y arruinada.

Pero la verdadera sorpresa no fue la película radical que Godard entregó, sino la ingenuidad o la ignorancia absoluta de los productores de The Cannon Group sobre la obra y la ética del director. Un productor con un mínimo conocimiento de su trabajo sabría que Godard nunca había hecho ni pretendería hacer una película de Hollywood normal. La sorpresa y la indignación de Golan y Globus demuestra su incompetencia increíble. Se dice que Cannon vio la oportunidad de sumar prestigio artístico a su catálogo, que consistía principalmente en películas de acción de bajo presupuesto, y creyeron que el nombre de Godard combinado con el de Shakespeare y Woody Allen les daría un éxito de crítica. Actuaron con una ignorancia extrema. Es muy probable que los productores no hubieran visto ninguna de las películas de Godard en las décadas anteriores, o que simplemente no entendieran lo que significaba su estilo. 

La sorpresa no es la película que Godard hizo sino la expectativa de Cannon. El crítico de cine Roger Ebert sostuvo que la película era exactamente lo que Godard quería hacer. La ironía central de King Lear es que la película es sobre la pérdida de la cultura, y sus propios productores demostraron esa pérdida de cultura al ser incapaces de entenderla. La estafa no fue que Godard entregara una película incomprensible, sino que Cannon Group pensara que un artista radical de 60 años cambiaría su identidad por un cheque.

No hay indicios de que Woody se sintiera ofendido por el resultado. A diferencia de Mailer, que esperaba un papel protagónico y un guión tradicional, Allen probablemente sabía que su aparición sería un pequeño gag. Su personaje encaja perfectamente en el estilo metacinematográfico de Godard y Allen seguramente lo habría advertido. En el momento de las disputas, él no tomó partido ni por los productores ni por Godard. Su reacción fue la de un profesional que hizo un trabajo rápido y se desentendió del caos. No hubo disputas contractuales ni abandonos dramáticos por su parte. En una ocasión, cuando le preguntaron sobre la película, Allen bromeó diciendo que su actuación había sido malísima y que Godard era un genio que "está más allá de mi comprensión". Su actitud sugiere que vio toda la situación como una anécdota extraña y humorística de su carrera, una especie de favor o un experimento puntual.

El affaire de King Lear tiene el tono de un gag extraído de una comedia de Woody Allen: los productores de Hollywood ignorantes contratando a un genio incomprensible, el "gran escritor" ofendiéndose por una propuesta sexual absurda, el propio Allen apareciendo como un neurótico editor que intenta infructuosamente darle sentido a un caos fílmico. Con un tono un poco más cercano a las comedias normales podría haber sido una película muy graciosa de Woody. La comicidad mucho más velada y más cáustica de Godard terminan por dejar una obra performática de parte de uno de los artistas más indigeribles de la historia del cine.

En este link puede verse una de las películas más anómalas de la historia del cine.

viernes, 7 de octubre de 2022

Los problemas con Godard

 Patologías Culturales



En Patologías Culturales (FM La Tribu, sábado 1 de octubre, 18 hs.), en conversación con Maximiliano Diomedi tuvimos un rato para pensar en un cineasta que acaba de morir, uno del los más importantes de la historia del cine: Jean Luc GOdard. Quisimos pensarlo en su problematicidad. Los problemas con Godard:

- El corte final de un artista del montaje. 

- Su huella en la historia del cine. 

- El futuro de su obra.

- El problema político de sus detractores.

- Escuchen acá:

miércoles, 14 de septiembre de 2022

Godard: corte final




Hace un día Godard estaba vivo y hoy ya no lo está. Sabíamos que este día llegaría, nos íbamos arrimando de reojo: pero ayer su obra estaba todavía abierta a nuevas posibilidades. Hace unos meses había dicho que tenía dos nuevos proyectos: ""Depende de mis piernas, un poco de las manos y de mis ojos". Ahora ya sabemos que su obra está conclusa. Ya podemos pensarla como una lista numerable y finita. No habrá otro día en el que vayamos a ver "la nueva de Godard".


Ahora sabemos que las últimas palabras que pronuncia al final de Le Livre d'image son las últimas palabras de Godard en el cine. "Aunque no salió como lo esperábamos, nuestras esperanzas no han cambiado. Las esperanzas, como las utopías, son necesarias. Las esperanzas fracasarán muchas veces ahogadas por el enemigo. Renacerán siempre y habrá muchas más esperanzas que hoy. Se extenderán por los continentes. Las ganas de contradicción y resistencia serán las mismas. Al igual que el pasado, las esperanzas serán inmutables. [Acelera el ritmo de sus palabras] Y cuando éramos jóvenes alimentaron [su voz se ahoga, tose] una ardiente esperanza de preguntar. Aunque nada salió como lo esperábamos, eso no cambiará nuestras esperanzas". Todo eso lo dice sobre fondo negro, una vez que pasaron los títulos finales, a modo de epílogo, apremiado porque el tiempo de la película está acabándose. Cuando termina de hablar aparece un fragmento de la escena del baile en El placer de Max Ophüls, un baile frenético en el que el bailarín de apariencia juvenil de pronto de desploma ante la mirada atónita de su partenaire. La secuencia borrrosa, agitada y trunca, da la sensación de colapsar como el bailarín. Un plano negro de un segundo y todo se termina.



Godard, maestro del montaje, se ha especializado en producir una sensación de vértigo formal en los finales de sus películas, convencido de que el tiempo de un corte preciso, sin un solo segundo de más, tiene tanto valor como el acorde apagado al final de una pieza musical. En los segundos finales de sus películas el corazón palpita más rápido porque puede sentirse que todo va acabarse.




Godard eligió morir voluntariamente. La ley de Suiza, su país de residencia, permite la muerte asistida. Sus familiares trasmitieron la noticia de que murió en paz, rodeado de sus seres queridos. "No estaba enfermo, estaba agotado".



Godard, artista del corte, eligió su último plano.





miércoles, 25 de mayo de 2022

Godard: "Cannes es una herramienta de propaganda como cualquier otra"

Jean Luc Godard nunca defrauda


Acaba de decir: 

"La intervención de Zelensky en el festival de Cannes salta a la vista si se mira desde el ángulo de lo que se llama "puesta en escena": un mal actor, un comediante profesional, bajo la mirada de otros profesionales en sus propias profesiones. Creo que debo haber dicho algo en este sentido hace mucho tiempo. Por lo tanto, fue necesaria la puesta en escena de otra guerra mundial y la amenaza de otra catástrofe para que supiéramos que Cannes es una herramienta de propaganda como cualquier otra. Propagan la estética occidental, qué... Darse cuenta no es mucho, pero ya está ahí. La verdad de las imágenes avanza lentamente. Ahora imaginá que la guerra misma es esa estética desplegada durante un festival mundial, cuyos actores son los Estados en conflicto, o más bien “en intereses”, difundiendo representaciones de las que todos somos espectadores… Vos como yo. 

"Escuché que a menudo decimos “conflicto de intereses”, lo cual es una tautología. No hay conflicto, grande o pequeño, a menos que haya interés. Brutus, Nero, Biden o Putin, Constantinopla, Irak o Ucrania: no ha cambiado mucho, aparte del asesinato en masa".


jueves, 3 de diciembre de 2020

Hoy cumple 90 años el más grande cineasta vivo

Jean Luc Godard






















Jean-Luc Godard nació en París el 3 de diciembre de 1930.

la esperanza le pertenecía
pero resulta
que el muchacho ignoraba
que lo importante era saber
a quién pertenecía él
qué potencias
tenebrosas
tenían derecho a
reclamarlo a
él

habitualmente
esto comienza
así
está la muerte
que llega
y después
uno empieza a llevar
luto
no sé
exactamente por qué
pero yo hice
al revés

llevé luto
primero
pero la muerte no llegó
ni en las calles de París
ni sobre la ribera
del lago de Ginebra [...]

bueno, entonces
está la regla
de acuerdo
está la excepción
de acuerdo
la regla
es la cultura
no
está la cultura
que pertenece a la regla
que forma parte de la regla
todas las cosas hablan de la regla
cigarrillos
computadoras
remeras
televisión
turismo
guerra
y, claro [...]

perdón
perdón

nadie habla de la excepción

repita otra vez

todos dicen la regla
nadie dice la excepción

perdón
le pido perdón

eso no se dice
esto no se dice
esto no se dice
esto no se escribe
Flaubert, no
Pushkin
Flaubert
Dostoievski
esto se escribe
Flaubert
Dostoievski
esto se compone
Gershwin, Mozart
esto se pinta
Cézanne, Vermeer
esto se registra
Antonioni, Vigo
no
o esto se vive
o esto se vive
y es entonces el arte de vivir
Srebrenica
Mostar
Sarajevo
sí, y
es propio de la regla
querer la muerte
de la excepción
es propio de la regla
querer
la muerte de la excepción
no
es
no
puesto que es propio de la regla
de Europa
de la cultura
la regla de Europa
de la cultura
organizar la muerte
del arte de vivir
que florecía
aún a nuestros pies [...]

mientras la orquesta deja correr
su repertorio un poco pasado de moda
entre la multitud banal
de lejos te veo
y vos, divina
en silencio
tu mentón apoyado en un dedo
los ojos entrecerrados
pensás
quisiera creer que fuese en mí...
JLG /JLG

"Se me había pedido Godard por Godard, pero yo prefería JLG/JLG. Es un autorretrato y en principio eso no puede hacerse en el cine. Es algo propio de la pintura. Quería intentar comprender lo que significaba para mí hacer un autorretrato, ver hasta dónde podía ir en el cine y hasta dónde el cine me podía aceptar. Es la idea del arte bastante clásica que dice que la obra es más importante que el hombre. Es lo que se llamaba 'la política de los autores', y que ha sido mal comprendido. La palabra que importaba era política y no autor . Picasso se planteaba a menudo esta pregunta: ¿hasta dónde puedo ir en la pintura? Cuando se hartaban de pintar paisajes, a los pintores no les quedaba más remedio que pintarse a sí mismos. El cine es otra cosa, no puede hacerse solo, se puede siempre mostrar qué hay alrededor de esta soledad. Siempre he pensado que el cine es un instrumento del pensamiento. Pero como fue visto como algo grande, y se ha ganado muy rápido mucho dinero, se ha hecho de él un espectáculo. Soy feliz de que haya que buscar algo de dinero, mendigar, sobornar o emplear artimañas. Eso forma parte de la actividad de la creación, es su lado saltimbanqui. Pero el rodaje necesita personas, necesariamente. Soy feliz también en la concepción, pero lo soy más en la búsqueda que en la realización de las cosas. Como Keith Jarrett cuando da algunos conciertos improvisados donde, en vez de tocar a Bach o a Mozart, busca algo en su piano durante una hora o más. Es un deseo un poco inconsciente, de punto de referencia, la necesidad de realizar esta búsqueda, de grabarla, o de plasmarla en la tela, para un pintor. He intentado hacer una película que se pareciera a los libros que leí durante mi adolescencia, los de Blanchot, de Bataille. Me acuerdo por ejemplo de La experiencia interior. En aquella época yo asistía a los cursos de Henri Agel, que había proyectado Tierra sin pan de Buñuel y le dije: 'es una conmovedora experiencia interior de la Historia'. Eso es, el cine está ahí para hacer metafísica. Por otra parte, eso es lo que se hace pero no se ve, o los que lo ven no lo dicen. El cine es algo extremadamente físico por su invención mecánica. Está hecho para evadirse, y evadirse es metafísica".
(Godard sobre su película JLG/JLG (1994)

Godard ha dejado trascender que tiene dos nuevos proyectos: ""Depende de mis piernas, un poco de las manos y de mis ojos".