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miércoles, 18 de julio de 2018

miércoles, 29 de julio de 2015

Cemento: La caja negra

Una entrevista a Sebastián Duarte en La otra.-radio: clickear acá



Desde su primer libro, Ricky de Flema. El último punk, Sebastián Duarte viene desarrollando una escritura que es un mix de geografía existencial, testimonio generacional y experiencia directa de una época, una zona y un espíritu: el corredor que conecta la zona sur del Conurbano, desde Avellaneda, hasta el desangelado barrio de Constitución. Ese trayecto no fue solo un desplazamiento físico, sino ante todo el camino hacia la Meca del Rock, que en los duros años 90 se situaba en Cemento. El boliche de Omar Chabán y Katja Aleman fue para muchos jóvenes como Sebastián el espacio de su educación sentimental, el punto desde el cual pararse para ver el mundo. Varios de sus libros abundan en descripciones de lugares, escenas y personajes de ese núcleo histórico y experiencial: los mismos Ricky, Chabán, las travestis de Constitución que retrató en su libro La Constitución Travesti, las calles de arquitectura chata, los bares, las pizzerías, las estaciones de servicio en las que se esperaba hasta la madrugada la hora del comienzo del rock, las fisuras, los colectivos, los personajes que se estrellan en un intento de fuga del inhóspito clima social del neoliberalismo. Sebastián lo cuenta porque estuvo ahí, lo vio y lo sintió. Por eso es uno de los mejores testigos de la parábola que recorrió Cemento, desde el glamoroso inicio como centro del teatro de vanguardia durante los 80 hasta convertirse en el templo del rock más áspero, para eclipsarse juntamente con la tragedia de Cromañón, que signó el fin de una época.

En su nuevo libro Yo toqué en Cemento. La historia por sus protagonistas, Duarte entrevista a una pila de esos personajes que estuvieron ahí: Ricardo Iorio, Adrián Dárgelos, Semilla Bucciarelli, Gillespi, Sergio Gramática (de Los Violadores), Roy Quiroga (Ratones Paranoicos), Andrés Calamaro, Cristian Aldana, Nekro (Fun People y Boom Boom Kid), Iván Noble, Chizzo (de La Renga), Cordera, Patricia Pietrafesa (She Devils), Mosca de 2 Minutos, Pichón Baldinu (la Organización Negra), la Mona Gimenez, que debutó en Buenos Aires en Cemento y unos cuantos más. Escenas graciosas y dramáticas en ese espacio inhóspito, denso, violento y vital que constituyó Cemento, una auténtica caja negra de la época. En el libro aparecen mencionados los otros grandes personajes que pasaron por ahí: el Indio, Luca, Skay y Poli, Batato, Urdapilleta y Tortonese y por supuesto Ricky de Flema.

El domingo pasado tuvimos una amplia y amable charla con Sebastián, que nos contó sus propias experiencias en Cemento, así como el proceso de elaboración del libro y las anécdotas de sus tantos entrevistados.

Creo que Yo toqué en Cemento se convertirá a la larga en un documento histórico de primera mano de un fenómeno contracultural de una época dura y una actitud resistente. Para escuchar el programa, clickeen acá.

domingo, 26 de julio de 2015

Cemento, una de cal y otra de arena / Los EKOS de las PASO

Política y contracultura en la medianoche del domingo, FM La Tribu 88,7


Hoy viene Sebastian Duarte a La otra.-radio, a hablar de su nuevo libro, Yo toqué en Cemento. En un programa donde Maxi Diomedi aportará la perspectiva de otro libro sobre el legendario local de Omar Chabán: Cemento, el semillero del rock, de Nicolás Igarzábal.

La música que hoy escucharemos en el programa: Daniel Melingo, Flema, Fun People, Dos Minutos y The Beatles.

Y no faltará nuestro análisis político, disintiendo con la evaluación de las elecciones porteñas que hizo el inteligente Eduardo Blaustein acá


lunes, 20 de octubre de 2014

Cumbia y Psicodelia

Músicas del Mundo: Los Chapillacs



por Sebastián Duarte

Del tradicional Barrio del Solar de la mágica ciudad de Arequipa, en el sur de Perú, Los Chapillacs nos inundan, desde 2005, de cumbia psicodélica. O más bien lo suyo es un derivado directo del estilo chicha, que está recuperando un espacio que supo difundirse en la década del sesenta, con agrupaciones como Chacalón y la Nueva Crema o Los Destellos. El grupo peruano está conformado por Jean Paul Quezada, Yawar Mestas, Renato Rodriguez, Maicol Medina y los hermanos Gabriel, Marcos y Jorge Infantas, quienes fundaron a Los Chapillacs, amalgamando la rimbombancia del título de un lujoso modelo de autos y aludiendo, a su vez, a la veneración del pueblo arequipeño a la Virgen del Chapi. “Nos presentábamos en eventos donde habían performances artísticas. Era la Asociación de Músicos Peruanos, en una casa antigua, con patio grande. Allí armábamos una movida de teatro, pintores, poetas que se subían al escenario. Así nació la idea de recuperar la cumbia peruana del sesenta, influenciada por el surf instrumental: la chicha”, cuenta Renato, el baterista. Esos encuentros fomentaban exposiciones de arte amazónico. Y eran comandados por un pintor de la selva, que luego se radicó en Lima. “Cristian Bendayán fue el que nos ayudó. El es de Iquitos, en el norte. A su ciudad natal el único acceso es por via fluvial o por avión, no hay carretera. Allí hay mucho folklore, gente muy alegre. No hay autos, es otra realidad. Ahí lo importante es lo visual y sonoro. Para nuestro grupo fue muy importante el pintor, porque nos introdujo en lo espiritual. Nuestra música está cargada de muchas experiencias, hemos experimentado con ayahuasca”. ¿Cómo fue la experiencia? “No me pegó tanto físicamente, sino espiritualmente -explica Renato-; para ellos es una planta maestra. Me alivió el espíritu. Dentro del mundo chamánico, el San Pedro es el papá y la Ayahuasca es la mamá. El San Pedro genera un viaje muy profundo, para entender mejor a la naturaleza”. En Perú, los que abordan músicas regionales tienen mucha afinidad con las experiencias naturales. En esa movida entraron Los Chapillacs también. “Tanto grupos importantes como Juaneco y su Combo y Los Mirlos también contaban con interés en las plantas ancestrales, en los contextos de la gente. Nosotros respetamos todas las religiones y plantas. Incluso tocamos un tema llamado 'La marcha de Chullachaqui', que es un instrumental cuya melodía te lleva".

"El Chullachaqui es un demonio de la selva que se hace pasar por conocido y te pierde en la selva. Cuenta la leyenda que tiene una pata de cabra y una de humano. Por eso cojea. Luego de crear esa canción decidimos implementar su imagen en la tapa de nuestro disco”, explica el baterista. “La chicha es una expresión bien popular en Perú. Con sonidos de guitarra, percusión, lírica. Habla de experiencias de inmigrantes que se van a trabajar a Lima, con historias pesadas. Nuestros referentes son Los Destellos. Músicos reconocidos de Perú nos dicen que lo nuestro no suena ni a chicha ni a cumbia pura. Es que en realidad nosotros fusionamos con nuestro aprendizaje de grupos de rock y punk, tales como Los Soikos, Los Belkins y Los Holis”, cuenta Renato, fuma una pitada del cigarrillo y retoma. “No participamos dentro del circuito de bandas de chicha tradicional, más populares. Solemos movernos más dentro de ambientes artísticos. (Seguir leyendo acá)


NOTA DEL EDITOR: Esto es un fragmento de una nota aparecida en la primera edición digital de la revista Músicas del Mundo, que de esta forma comienza su nueva etapa. Dice su director, Sebastián Duarte: "Nuestra página, a la que pueden acceder todos los ávidos de información musical, tiene muchas novedades. Por ejemplo, a diferencia de la que hacíamos en papel, ahora contamos con secciones nuevas: Videos, Fotografías, Gourmets del Mundo, Agenda (los grupos pueden enviarnos por mails sus fechas, para que publiquemos cada quinces días), Coberturas de conciertos y la sección de Rock. El resto sigue igual a como venimos realizando desde el inicio del proyecto: Nota central, Informes, Destacados, Literatura, Viajes, Comentarios de discos, Cine del mundo y los más variados reportajes a músicos, cuyas costumbres y realidades de sus regiones de origen son reveladas. De verdad que estamos felices con ésta nueva etapa que arrancamos. Creemos que esto generará mayor contacto entre vos y nosotros, en definitiva esa es la idea principal, la de siempre, pero ahora desde aquí. Pensamos, más adelante, implementar este nuevo trayecto con algún que otro Especial, en formato papel, sin estar sujetos a tiempos determinados de aparición. Te avisaremos a través de este medio cuando suceda".

Yo desde el inicio tengo a mi cargo la sección "Cines del mundo", de la que ahora pueden leerse dos notas acá.

Es muy recomendable frecuentar esta página, porque Músicas pone en práctica una apertura a la diversidad musical bastante infrecuente. Frente a un mercado cada vez más segmentado, esta revista abre las orejas a los sonidos del mundo sin prejuicios.

lunes, 9 de septiembre de 2013

Mujeres Perras, Jean Balibar, Liliana Herrero, Venus, la Luna, The Offspring....

Un programa para escuchar acá


María Constanza Pasqualicchio es la chica que posó para el fotógrafo Cristian Pirovano en una amplia producción fotógráfica (cententares de tomas) para después elegir la foto, esta, de la tapa del libro de Sebastián Duarte, Mujeres Perras (Ediciones del Pollo, 2013). Sebastián vino a traernos este, su nuevo libro de relatos hot, un género que nos confesó que le encanta y que se calienta al escribir. Antes de pasar por la radio Duarte presenció el show que ayer dieron en Buenos Aires The Offspring, una veterana banda del punk californiano que nuestro amigo viene siguiendo desde hace décadas. Y en el programa Sebastían nos habló del show, de los relatos hot...

"Existen mujeres de todo tipo. Hay de las que son transparentes, sensatas e inexpertas. Pero también existen las manipuladoras, tramposas e interesadas. Los hombres, sin duda, no pueden vivir sin ellas. Les gustan, los guían, los enloquecen; al fin y al cabo siempre son necesarias. Cuando la mujer tiene en claro el punto débil de un varón, y si él no sabe manejar el grado de pasión, tranquilamente puede perder la brújula de su vida. No importa la clase social ante este tipo de situaciones. Por lo general, todo se revela en el terreno sexual. Y a partir de entonces se sabe quién lleva la relación. Una mujer experimentada o con la chispa adecuada para atraer varones puede ser letal para quien se le cruce en su camino, o para quien ella decida tomar como presa. Mujeres perras es un libro machista, tal como lo es el género masculino..."

...dice Sebastián en la contratapa de su libro, pero yo creo que el tipo de tensión que sus relatos registran no es privativo de la seducción femenina, así como la obsesión no es exclusiva de los hombres, sino que se encuentran en la estructura misma del deseo, de todo deseo, cualquiera que sea el género involucrado en el rol, deseante o deseado. De hecho, Sebastián en el programa nos hizo unas interesantes revelaciones sobre el mundo de las travestis, que él conoció tal como lo describe en La Constitución Travesti, su libro anterior. Con Sebastián también hablamos de su gusto por huir hacia Mar del Plata, cada vez que se sumerge en la escritura de un libro (y ya son varios), de sus experiencias literarias en los cybers, del lado oscuro de las ciudades que a él le encanta conocer (como pretexto para vivir las experiencias que después cuenta en los libros)...


En el programa también conversamos con Alejansdro Ricagno y Martín Farina, de algunos de los más interesantes estrenos cinematográficos del año (P3ND3JO5, Ne change RienLas razones del corazón) que, cosa curiosa, son ninguneados por la prensa maistream (esa de los grandes diarios, pero también de páginas especializadas como otroscines.com.ar, dedicados con mayor interés a contar los números de la taquilla que a cubrir las grandes películas que se estrenan en los circuitos alternativos.

Y como yapa musical de esta noche en la que Venus copuló con la Luna) escuchamos un par de temas de la banda de sonido de P3ND3JO5 (electro-cumbias de DJ Negro dub), Ne Change Rien (Jean Balibar), un par de The Offspring y lo nuevo de Liliana Herrero explicado por ella misma.

viernes, 1 de junio de 2012

Ricky Espinosa: Más feliz que la mierda

Fascímil de la página 2 del número 9 de revista La otra

La gira
por Sebastián Duarte

(Viene del post anterior) El jueves 30 de mayo de 2002, Ricky se levantó cerca del mediodía y partió para al estudio de grabación en el centro. Esa tarde grabaron las últimas voces del disco de Flema, que era lo único que faltaba. Apenas llegó, conversó con Luichi y luego fue a comprar una botellita de alcohol fino a una farmacia con cuatro pesos que tenía encima.

De nuevo en la sala, con Luichi prepararon su antiguo brebaje -mezclaron alcohol con Tang- para serenarse antes de registrar las voces. A su vez, unos músicos que también estaban dentro del lugar, antes de irse les regalaron una botella de vino tinto recién descorchada. Ellos dos, contentos de la vida. Enseguida que empezaron a mezclar las bebidas a Ricky le pegó fuerte. De todas maneras, concluyó profesionalmente con su parte del trabajo. Al estar todo listo, el vocalista partió con Luichi hacia Avellaneda. Durante el viaje, bebieron un poco de vino arriba del colectivo 24. Se bajaron a dos cuadras de la casa de Luichi con la intención de quedarse un rato allí, aprovechando que la madre del guitarrista estaba en Mar del Plata. Media cuadra antes de llegar a los monoblocks del Barrio Güemes, se encontraron con un grupo de pibes conocidos de Luichi y se quedaron charlando alrededor de media hora. Antes de partir, les dejaron la botella de vino semivacía y ellos le siguieron dando duro al alcohol fino. Sobre la marcha, cambiaron de planes y se dirigieron primero hasta la casa de Fernando, en Gerli, pero el bajista no estaba y los chicos debieron cambiar de rumbo. Por esas casualidades se encontraron en la calle con Hugo, un amigo del grupo. Con él se pusieron a tomar unas cervezas y se quedaron charlando un rato. Luego el chico se fue y a Ricky y a Luichi se les ocurrió ir a golpearle la puerta al puntero de la cuadra para que les habilitara merca, de esta manera pretendían rescatarse un poco de la borrachera. El puntero se negó porque los chicos no tenían dinero para pagarle. Prefirió decirles que no tenía nada para ofrecerles. Entonces no les quedó otra que retirarse de la zona y dejaron la botella de cerveza vacía en un canasto de basura. Inmediatamente partieron para la casa de Ricky, porque el músico quería levantar unos compactos de Kiss y además devolverle un pulóver a Luichi que le había prestado hacía unas semanas. Mientras iban caminando por las calles de Gerli, el líder de Flema gritaba insistentemente por el club de sus amores: “¡Dale Porve!, ¡dale Porve!”. Al llegar a su casa, Ricky se puso la remera del club de sus amores, como hacía siempre cuando estaba arruinado, luego hizo un llamado telefónico y minutos después partió con Luichi de nuevo a la calle a gritar por El Porvenir.

Eran las siete y media de la tarde. Sus amigos del barrio, que estaban tomando una cervezas en República del Líbano y De la Serna, cuando vieron que el cantante se acercaba fisurado, rajaron de la esquina al instante. En eso, Cacho, el remisero, pasó con su auto y Ricky lo vio. Le hizo señas para que se acercara y le suplicó que lo llevara junto a su amigo hasta los monoblocks. Cacho accedió, pero antes le hicieron dar un par de vueltas por los suburbios. El motivo consistía en conseguir algún kiosco que les fiara cervezas y así dejar de beber el alcohol fino. Incluso le pidieron prestado dinero al conductor, quien se negó diciéndoles que no tenía. “Está bien, no importa. Total, nos queda un poquito de alcohol fino en una botella, lo mezclamos y le damos a eso. Otra no nos queda”, se consoló el vocalista.



Luego de dar vueltas en vano, el remisero se cansó y les dijo a los músicos que tenía que continuar trabajando. Entonces Ricky le pidió que los dejara en la calle Güemes. Allí se bajaron y subieron al departamento de Luichi, situado en un quinto piso, en Amaro Giura 1379. Primero bebieron una sobra de ron que Luichi tenía en una cristalera y luego se bajaron lo poco que les quedaba del alcohol. Para conseguir mejor gusto, el violero cortó un limón, lo exprimió y lo mezcló. El sobre de Tang que sobraba lo tiró a la basura. Siguieron bebiendo algo más que encontraron por ahí y fueron hasta la habitación del guitarrista. Allí Luichi contaba con su entretenimiento de todos los días: el Playstation. Conectaron el aparato y se pusieron a jugar un rato. Luichi se sentó en una silla y Ricky se acomodó en otra, a su lado. El televisor estaba inclinado sobre una mesita que daba a la ventana. De repente, Ricky exclamó: “¡Me voy a tirar! ¡Me voy a tirar!”. Corrió el televisor y se lanzó por la ventana al vacío.  (CAPITULO IX, fragmento, página 113 del libro Ricky de Flema. El último punk, Ediciones Baobab, 2005)

(Continuará)

miércoles, 30 de mayo de 2012

Ricky Espinosa: Todos los muertos son buenos


Hoy se cumplen 10 años del suicidio de Ricky Espinosa.

Ricky llegó a ser una leyenda rockera de los suburbios. El líder de Flema, oriundo de Gerly, conquistó una reputación de artista extremo desde fines de los años 80. No se trataba de una postura estética, sino de lisa y llana desesperación, expuesta sin remilgos ante la mirada ávida de sus fans. Autodestrucción en directo, sin metáforas, arriba o abajo del escenario, la vida de Ricky, su extendida muerte, encierran una clave sobre un lugar y un tiempo: la zona sur, los chicos de los años 80 y 90, este lugar, nosotros.

Sebastián Duarte escribió en 2005 un libro biográfico, Ricky de Flema. El último punk * (Ediciones Baobab) en el que puede rastrearse el sentido de esta historia que es también la de muchos otros. A continuación, una selección de algunos fragmentos del libro. Estos fragmentos también fueron publicados en el número 9 de revista La otra, número que hoy está completamente agotado.

Ricky de Flema, el último punk

por Sebastián Duarte

El nacimiento de Flema

A principios de 1987, el mástil de la Plaza Alsina se transformó en el único lugar simbólico por parte de la juventud de Avellaneda. Hospedaba a chicos y chicas que hacían radio, fanzines, teatro y a todas las bandas nuevas de rock del barrio. Integrantes de los grupos Flujo, Mobuto, Dragster y Tu Vieja se juntaban alrededor de las seis de la tarde para hablar de música, literatura o bien de experiencias con drogas. (...) Por lo general, Ricky se acercaba hasta esa parada para ver a su amigo y de paso para relacionarse con los rockeros de la zona. Esto era así: si un integrante de un grupo tocaba en algún lado, todo el resto lo iba a ver. Un método de apoyo que resultaba eficaz a la hora de sumar público. Pero Espinosa se enganchaba hasta ahí nomás con la movida de Avellaneda. Más bien se interesaba por conjuntos que empezaban a hacerse conocidos dentro de todo el under.

A mediados de febrero, la ascendente banda Comando Suicida ofreció un show en un local capitalino que se llamaba La Alcantarilla. Y Ricky, esa vez como tantas otras, pagó su entrada para verlos. La música de Comando se inclinaba hacia el punk, aunque por sus letras y la manera de pensar del grupo se la denominaba Oí! La mayoría de sus seguidores eran skinheads, aunque había una porción grande que sólo iba porque el grupo sonaba bien y no por su forma de plantear las cosas. Y ese era el caso del Negro, quien, con sus chuzas largas, aquella noche hizo pogo a rabiar sin importarle lo que pensaran los cabezas rapadas que dominaban el sitio. En uno de esos choques de cuerpo contra cuerpo se topó con un pibe petisito y de ojos verdes, a quien le vio cara conocida. En realidad, los dos parecían conocerse de algún lugar. Entonces, Ricky le dijo: “A vos te conozco”. Y el flaco le respondió: “Yo a vos también. De Avellaneda”. Al final resultó que se habían visto varias veces en la Plaza Alsina y hasta habían compartido algunos porros en el mástil. Juan Fandiño era el nombre del flaco y era cuatro años menor que Ricky. Hacía unos meses que había formado una banda con compañeros de su colegio, el Cristo Rey de Dock Sud. Pero prácticamente no podía contar con ellos porque solían dejarlo plantado en los ensayos. Entonces no tuvo mejor idea que convocar a un amigo suyo llamado Fernando Cordera para que cantase (era el primo del cantante de la Bersuit). Con Fernando se conocían desde los cinco años, porque habían compartido jardín, primaria y primer año de la secundaria en el colegio Pío XII de Avellaneda, hasta que a Juan lo echaron por hacer lío en el aula. Al grupo le pusieron Flema, por sugerencia de Sabrina, la hermana de Juan. El nombre sonaba bien: era corto y agresivo como la música punk que tenían en mente. Como su idea era la de rearmar el grupo, antes de que finalizara el show de Comando tentó a Ricky, quien en Avellaneda era famoso por su habilidad con la guitarra, para que se acoplara a su proyecto. Acordaron juntarse a ensayar en una casa vieja que era propiedad de los padres de Fandiño y estaba deshabitada. La apodaban La Covacha, y quedaba en Luis María Campos 2155, Sarandí. Allí se realizaron los primeros ensayos de la banda. (Capítulo III “El nacimiento de Flema”, página 25.)

Sus dos pasiones: Gerli y El Porvenir

Para Ricky no había lugar más importante que Gerli, su barrio. A lo largo de su vida vivió innumerables historias por sus calles, clubes, bares y esquinas. Aunque él decía que no creía en la amistad, tuvo un grupo de amigos a quienes denominaba Los íntimos, y estaba formado por Huguito, Baco, Cristian y Diego. Ellos lo llamaban Chucky, por los quilombos que se mandaba. Hasta el año 2000 todos paraban en El expreso bar, pero un día Ricky se peleó con los dueños del lugar y a partir de entonces se veía con los chicos en otros sitios. A su vez, el Negro se relacionaba con dos personas que lo conocían bien de cerca: el Titi y el Mono, quienes también se vinculaban con Los íntimos, pero la diferencia radicaba en que conocían al cantante de Flema con mayor profundidad. Todos ellos cuentan con infinidades de anécdotas y además acompañaron de cerca el fanatismo del cantante por el club de sus amores: El Porvenir. A continuación, los testimonios.

Huguito: En los últimos tiempos a Ricky no lo dejaban entrar aquí en El expreso bar por hacer bardo. Traía a todas sus minitas. Una vuelta llevó a una mina arriba del mostrador y le empezó a tocar el culo. Aunque los viejos se re deliraron, a él no le importó. Lo echaron porque se quería trenzar a trompadas con todos los viejos. Por eso no lo dejaron entrar nunca más. Él era de bardear, salir re loco. Cuando estaba loco, ¡aguantate la que se venía! Nosotros le decíamos Chucky. Después de tocar en algún lugar venía con fans de otro lado, por ejemplo de Morón. Después los echaba a patadas de puro loco que estaba. La gente no entendía nada. Les empezaba a pegar y les decía que se fueran a la mierda. Sabés lo que pasa, todos lo tenían como un ídolo y cuando venían no podían creer lo violento que se ponía. Y a pesar de que los cagaba a trompadas, los chabones lo querían igual porque seguían viniendo. Él decía: “Yo soy un negro de mierda pero sé más que vos y que todos. De historia, de lo que me quieras preguntar”. Y era verdad. ¡Tenía cultura! (...)

Diego: Siempre jodía con que se iba a suicidar. Una vez estábamos acá en la esquina y llegó con uno de los pibes de la banda. Estaba muy drogado. Se balanceaba para todos lados. De repente me imploró a los gritos: “¡Dame un vidrio que me corto!”. Yo le decía que se dejara de joder las pelotas. La cuestión es que encontró un pedazo de vidrio de botella de gaseosa en la calle y empezó a cortarse el brazo. Se tajeaba una y otra vez. Se hizo cinco rayas enormes. Un par sangraban, otras no. Yo me cagaba de risa porque ya lo conocía. Siempre se lastimaba. Era autodestructivo. Se tiraba en la calle y nos comprometía. Se acostaba en el medio de la vereda como si fuera una cama. La gente que pasaba tenía que esquivarlo. Nosotros lo sentábamos contra la pared, le poníamos una gorra, lo dibujábamos. Después se caía y se acostaba en el piso otra vez. Se daba vueltas por el piso. Como nosotros estábamos ahí fumando unos porros, decidíamos tratar de arreglarlo para no dejarlo en banda. (...)

Cristian: Una vuelta lo crucé por acá en Lacarra. En una cuadra le pegó a cuatro chabones. Pasaba y los ponía. Decía: “Aguante el Porve”. Tenía la cara pintada. Bien punk. Recuerdo que un sábado jugaba el Porve y el chabón fue a la cancha el viernes. Era de mañana y golpeaba como loco las puertas de chapa del club. Fue como tres veces caminando desde El expreso hasta allá. (...)

Huguito: Una vez Diego le pegó un chicle en el pelo y él se arrancó el mechón. Me lo quedé yo. Encima había fans que venían hasta acá y me lo querían comprar. ¡Increíble! Diego: Traía minas de La Boca, de San Telmo, de acá a la vuelta. Lindas, feas, de todo. Se las llevaba para la terraza de su casa. Entraba, saludaba a sus viejos y se las llevaba para arriba. La mayoría eran chiquititas de edad. Como él era famoso, le resultaba fácil ganarse minitas de su palo. Una vez lo acompañé a Clarín a hacer una nota con 2 Minutos. Se realizó en un bar que está en la esquina del diario. Cuando finalizó, volvíamos en un remise de acá. Me senté con el chofer y Ricky iba detrás con una minita de La Boca con la que andaba. En un momento me tocó el hombro, me di vuelta y vi que se estaba haciendo tirar la goma en el asiento de atrás. Yo me quería morir. Siempre hacía eso: le encantaba que se la chupen y que lo vean. Me hacía cagar de risa.

Baco: Un día el chabón estaba re dado vuelta. Estábamos en la esquina. Él había discutido con Valeria, la mamá del hijo, y me dijo: “Baco, todas las minitas son putas. Son todas putas. Mi novia, tu novia”. En un tiro no le di más cabida porque estaba bardeando. Si estaba Verónica, la hermana del Mono al lado mío. Encima ella era mi novia. No tenía nada que ver lo que estaba diciendo. E insistió: “Baco, Baco!”. ¡Pum! Me puso una trompada porque no le daba más cabida. Un par de veces cayó en cana yendo a ver al Porve. Lo que pasa es que siempre lo cachaban cuando estaba barrilete. Le re cabía estar loco. La hinchada tiene banderas de Flema. La voz de él sobresalía entre todas. Él conocía a mucha gente de la hinchada vieja. Con el Tano de la hinchada de Independiente tenía buena onda. Compartían historias de merca y otras cosas. Compartió muchísimos asados con la barra del Porve.

Diego: Una vez fue al puntero y le dijo: “¡Dame todo! ¡Quiero todo!”. Le dieron merca, pepa, faso. Se hizo un cóctel, igual estaba pilas. Después se fue para la esquina. Vomitaba y se comía su propio vómito. Decía: “¿A ver qué comí?”, y se lo volvía a tragar. Yo había fumado y estaba un poco escabiado y no quería saber más nada. No podía entender cómo el chabón todavía estaba pilas. Me acuerdo cuando llegó con un tajo enorme sobre la ceja. Le pregunté: “¿Qué te pasó? ¿Quién te hizo eso?”. Encima el chabón con las manos se abría más el agujero y gritaba como un perro para horrorizarme. Esa vez me confesó que era depresivo y autodestructivo. (Cap. V, “Sus dos pasiones: Gerli y El Porvenir”, páginas 49 y siguientes)


* El último punk, versión teatral de la biografía de Ricky, escrita por el propio Duarte, se estrena el jueves 7 de junio en el Teatro La Ranchería (México 1152) a las 20.30. Repite todos los jueves de junio.


(Continuará)

viernes, 23 de marzo de 2012

Roger Waters fue

Para descargar La otra.-radio del domingo pasado, clickear acá:
Debate sobre The Wall. Programa 19/03/2012

por Oscar Cuervo

No me acuerdo cuándo ni cómo me enteré de los shows de The Wall en el país y menos me acuerdo de qué pensé al respecto. Mejor dicho: me debo haber enterado igual que todo el mundo, pero creo que antes de sentir verdaderas ganas de ir empecé a enterarme del "fenómeno" por el cual en pocas horas se iban agotando una, dos, tres, cuatro funciones en la cancha de River. Pero hay un hecho indiscutible, más allá de mi dificultad para recordarlo: nunca moví un dedo por ir y las noticias de las funciones agotadas, en lugar de darme más ganas, me las quitaban. Creo que ahí funciona un mecanismo de marketing que en mí tuvo un efecto inverso: mucha gente quiso ir a ver The wall por el solo hecho de pensar que mucha gente había sacado entrada para verlo. Gente que no va habitualmente a espectáculos musicales pensó: "si no voy a ver otro show en el año o en los próximos dos años, voy a ir a este, que es el show que hay que ir a ver". Un taxista me decía el jueves pasado: "esto es algo que no vas a poder ver nunca más, no hay nada igual". No sé bien por qué, pero eso a mí me fastidió. La cuestión es que, pude constatarlo finalmente, las entradas no se habían agotado, ya que se siguieron vendiendo hasta la última función. Las noticias de las entradas agotadas eran parte de una campaña de marketing pensada hasta en los mínimos detalles. El lunes y el martes el periodista Sergio Marchi, que sacó, casualmente, un libro sobre Roger Waters, iba de una radio a la otra, mañana, tarde y noche, contando lo fabuloso que era el show de Waters y, casi sin querer, deslizaba en la charla que aún se podían conseguir entradas. El martes a las 19, un rato antes de que empezara el último show, pude ver en un canal de noticias de cable que no es TN una charla amena entre locutora y columnista en la que recordaban que todavía había entradas para el show. Nunca oí a Marchi tan entusiasmado chiveando otro show, tampoco vi antes en ese canal de noticias que se transfugueara dentro de los bloques informativos un chivo de un recital. Quizá lo de Waters sea una modalidad que de ahora en más se reproduzca a menudo, ya le encontraron la vuelta.

Es cierto, la mercancía colocada era un viejo disco conceptual. Es cierto, Pink Floyd es una marca instalada que por razones dignas de análisis atravesó épocas, clases y generaciones: la banda no ha sido mejor que Zeppelin, Genesis, King Crimson, ni que hablar de los Beach Boys. Es cierto, The Wall es un buen disco, con unas cuantas canciones perdurables. Una obra de síntesis, el fruto tardío del malestar contracultural explicado a los niños. También fue la respuesta de una banda mainstream, en 1979, a la explosión punk que había deslegitimado, dos años antes, al rock mainstream. The Wall, irónicamente, les da la razón a los punks a la vez que se las quita: habla de un rockstar paranoico que odia a su público mientras vive de ellos y esconde en el fondo de su intimidad un desgarro inconfesable: pero mientras denuncia el show como dispositivo desalmado... ¡pone en marcha un show de dispositivo desalmado! 30 años después, el mismo tipo sigue "denunciando" su misma alienación con un dispositivo 1000 veces más desalmado. Su "vuelta" ocurre en un momento en el que el negocio del rock se multiplica pero cada vez es más difícil que los discos dejen marcas.

Yo suponía que iba a ser justamente un espectáculo onda Fuerza Bruta pero con tecnología de punta y con ese viejo disco detrás. No iba a ver a la banda que había grabado ese disco, sino a un grupo de sesionistas ignotos y eficientes que tratarian de sonar lo más parecido al disco y que no tienen ninguna intención de que alguien retenga, no ya sus nombres, sino una pequeña huella personal en la partitura que cada noche deben reproducir. Y sospechaba que un cierto porcentaje de lo que se oyera cada noche habría sido pregrabado y se dispararía en el momento exacto, sin que nadie lo note. O, como pude constatar finalmente -y esto es mucho peor-, sin que a nadie le importe aunque lo note.

En fin, no veo nada ilegal en todo esto, no estoy haciendo ninguna denuncia: podría ser un playback de principio al fin, el contrato de Marchi con la editorial que publicó su libro podría incluir una cláusula que dijera que tenía que seguir chiveando con entusiasmo hasta último momento y que le darían entradas para todas las funciones, para él, sus novias, sus hermanitos, sus hijos, sus nietos y su única tía viva. Todo legal.

Pero además pude saber, por lo que me contaron mis amigos Sofi Grenada y Maxi Diomedi que sí fueron al show, que los sincros entre las pantallas, el playback y los movimientos en vivo de Waters no estaban muy ajustados. Y algo más, y más pior: este eficaz entretenimiento incluyó una utilización abyecta de fotos de niños desnutridos convenientemente disparadas en momentos claves del show. ¿A quién se le ocasiona un perjuicio mayor? ¿Al niño de la fotografía usado como mercancía? ¿A la canción que nunca habló del hambre infantil (como podría constatar cualquiera que se molestara en prestarle atención a las letras)? ¿Al tipo que paga 100 dólares para creer que su sensibilidad mejora al asistir a una obra de arte edificante?

Todo bien, Roger Rockets, no es con vos. Es con el tipo que escribió esta canción que empieza:

So ya
thought ya
might like to go to the show
to feel the warm thrill of confusion
that space cadet glow?
Tell me is something eluding you, sunshine?
Is this not what you expected to see?
If you wanna find out what's behind these cold eyes
you'll just have to claw your way through this disguise.

Debate entre Sebastián Duarte y Maxi Diomedi sobre The Wall


En este link hay más videos del programa: La otra.-radio en video.

Y para bajar el audio completo del programa (con canciones de Pink Floyd, un bloque sobre El Príncipe y otro sobre política nacional), clickear acá:

Debate sobre The Wall. Programa 19/03/2012

sábado, 17 de marzo de 2012

The wall

Este domingo a la medianoche, especial en La otra.-radio
0:00 hs. del lunes en FM La Tribu, 88.7, online



































por Sebastián Duarte *

¿Acaso el muro del que hablaba Waters en The Wall tenía algo que ver con el muro que dividió Alemania en dos? Evidentemente sí. Más allá de la metáfora conceptual de la obra, tras la caída del muro de Berlín Waters retomó su obra cúspide y la llevó a Alemania para celebrar la caída del muro y la llegada de la libertad. Una suerte de puñado de analogías que encajaron en aquel momento histórico de Alemania, como escenario, y del mundo occidental, como partícipe y espectador. La vuelta del imponente The Wall a escena se transformó en un momento inolvidable y sinónimo de liberación. Fue un concierto épico que se convirtió en leyenda. 500 mil espectadores estuvieron allí presentes. La obra de Roger fue sinónimo de celebración del fin de la separación cultural, y también el fin del choque de los imperios económicos reinantes, aunque el triunfo sin duda fue del capitalismo. Fue un 21 de julio de 1990, en un terreno lindante entre Potsdamer Platz y la Puerta de Brandenburgo, espacio que era parte de la denominada antigua “Tierra de nadie”, del Muro de Berlín. Además había otro detalle muy importante dentro de ese espacio: allí estuvo el búnker del perverso nazzi Adolf Hitler. De alguna manera, el show se transformó en una especie de exorcismo para un nuevo renacer.

(…) Aquella vez del show, el simbolismo de The Wall fue mucho más impresionante que cuando lo presentaron en pocas ocasiones los Pink Floyd con su formación completa. El mundo entero estuvo expectante a ese momento. Waters fue categórico cuando decidió montar del nuevo The Wall, luego de años sin hacerlo y encima sin sus ex compañeros de Pink Floyd. “De ninguna manera voy a Berlín para celebrar lo que considero una victoria del capitalismo sobre el socialismo. Voy a llevar el show para celebrar la victoria del individuo”, expresó ante la prensa, categóricamente. Fueron 52 países los que transmitieron el espectáculo en vivo y en directo. La mayor parte del muro fue construido antes del concierto –en total se utilizaron 2500 ladrillos, con sus 170 metros de ancho y 25 metros de altura. Mientras que una parte ya estaba lista apenas empezó el recital, el resto se iba armando durante la primera parte de la  obra, que luego sería derribada muy cerca del final del concierto. Esa caída del muro, cuando fue su turno, hizo poner la piel de gallina al mundo entero. Porque fue el arte quien se encargó de transmitir emociones. Pero mucho antes, en la mitad del show, también impresionaba cuando la banda de Waters quedaba tapada por el muro. Allí la música era acompañada por la proyección de videos con imágenes y animaciones de Gerald Scarfe, que incluso emulaban a otras que incluían graffittis del muro real. Muchos invitados que son celebridades del rock también subieron al escenario en momentos clave. Por ejemplo, los alemanes de Scorpions para cantar “In The Flesh?”. Van Morrison entonó “Confortably Num”. Sineád O’Connor puso su voz al tema “Mother”, la juvenil voz de Cyndi Lauper se encargó de Another Brick in The Wall 2. Los geniales Marianne Faithfull, Ana Gabirel y Joni Mitchell hicieron trío vocal en “Goodbye Blue Sky”. Y Bryan Adams, Paul Carrack y Thomas Dolby cantaron los temas “Empty Spaces” y “Young Lust”. Por otra parte, Thomas Dolby también interpretó al Profesor de la película. Ute Lemper hizo de la esposa. Tim Curry encarnó al Fiscal. Marianne Faithfull interpretó a la madre de Pink y Albert Finney hizo de Juez.

En sintonía con la horrorosa guerra que llevó al nacimiento de ese muro, desfilaron camiones militares, fuerzas soviéticas en Berlín, Waters vestido como dictador fascista y los infaltables martillos marchantes. La marionetas de Scarfe y los impresionantes globos de montaje, el profesor, un helicóptero, el cerdo inflable en el aire. Y el final más esperado: cuando El Juez ordenaba derrumbar la pared, para luego dejar caer The Wall y que la euforia invadiera al medio millón de almas que estaban ante al escenario.

Gracias a las influencias con las que Roger contaba por haber trabado amistad con Leonard Cheshire, un héroe británico de la Segunda Guerra Mundial -fundador del Fondo Conmemorativo para Asistencia en Desastres-, logró incorporar al espectáculo a una orquesta y un coro de Alemania Oriental y a los 100 miembros de la Banda de Marchas de Las Fuerzas Soviéticas. La fusión sucedió en Another Brick In The Wall, cuando Lauper se hizo cargo de la voz. Mientras tanto, un par de helicópteros militares estadounidenses se sumaron desde el aire.

Ese concierto memorable fue filmado con numerosas cámaras y comercializado en video, para suerte de los fans de Pink Floyd. The Wall-Live Berlin (1990) es uno de los mayores tesoros de los fanáticos floydianos, del universo del rock y de momentos históricos del planeta.



No pasó mucho tiempo hasta que se profundizara aún más la derrota del sistema da la Unión Soviética por parte de sus propios ciudadanos. En 1991 se produjo un golpe de estado fallido por el cual Gorbachov abandonó el poder. Tras tantos conflictos internos, ese mismo año desapareció el régimen de la URSS, dando lugar a 15 Repúblicas distintas. Así es como fue el origen de Rusia. Y la derrota del gran imperio comunista soviético, además del final de la Guerra Fría. Esta caída afectó en especial a Cuba, que quedó aún más aislada y bajo la presión de Estados Unidos, que bloquearon al pequeño país con el afán de que cayera el sistema comunista y se insertara el capitalismo. Pero eso aún no sucedió hasta nuestros días.


* (Extracto del capítulo 3 de Pink Floyd: Derribando muros, libro de Sebastián Duarte)

jueves, 18 de febrero de 2010

Sonidos e imágenes de revista La otra

n° 22 - Verano 2010 - en los kioscos




"Transitando por el pop barroco o coqueteando con la ópera -siempre en el contexto del rock alternativo- Rufus Wainwright ha demostrado ser un cantante ecléctico. Y es en sus shows donde esto es más evidente. Su lírica, mayormente basada en temas personales, y su habilidad escénica, hacen de él un verdadero entretenedor. 'Clasifico mi música como entretenimiento. Vos estas allí; yo soy el show. Estoy aquí para servirte', declaró alguna vez este Liberace del pop actual. Dada su capacidad vocal, sería injusto pedirle a Rufus que se limitara a un solo estilo: afortunadamente no es rehén de su propia voz. Desde chico empezó a escribir canciones autobiográficas, como una forma de exorcizar sus demonios". (Fragmento de la nota "Rufus, al fin!!!" por Fernando Velazco, en La otra 22, hora en los kioscos.)




"¿Qué le pide Cat Power a la canción original a la hora de transformar la tradición en eso que llamamos cover? Que se deje exceder, despedazar, que se deje reinterpretar en nombre de devolverle a la música una vitalidad que se supone perdida. Eso hizo ella con las canciones que evoca en sus discos. Pero esa constante reformulación del original tiene como objeto no sólo los temas ajenos, sino también los propios". (Nota de Eduardo Benitez, "The Curse of the Cat People" sobre la reciente visita de cat Power a Buenos Aires, revista La otra).




"...el año Straub –el año del acontecimiento Straub– fue 2002. Hasta ese momento, y por diversos motivos –su propio celo, entre los primeros-, sabíamos poco de su cine, aunque teníamos noticias de su absoluta intransigencia, de su carácter desafiante, de su singularidad; en una palabra -en un fetiche-: de su rigor. Con la proyección de sus entonces dos últimas películas -las radiantes Sicilia! y Operai, contadini- algo trastabillaba para bien: la fama –sin ser falsa– era egoísta; nada nos había dicho de la felicidad del cine straubiano.
En su descubrimiento mucho tuvo que ver Où est votre sourire enfoui? (¿Dónde está tu sonrisa escondida?), el documental de Pedro Costa que -en un juego generoso y no falto de ironía con la leyenda- retrata al matrimonio como criaturas severas y como pareja cómica. Estamos, fundamentalmente, en una sala de edición; es tiempo del montaje de Sicilia! Straub camina, fuma y discurre sobre la vida y el cine; Huillet trabaja en la moviola y corrige la mala memoria de su compañero; se la ve firme y silenciosa frente a un Straub disperso, enamorado de la sentencia y el argumento. En un momento memorable, cansada de tanta verborrea, Huillet –que busca el corte adecuado– dice su parlamento más largo: “Ahora ya no veo nada por tu culpa. ¿Entenderás alguna vez que ser interrumpido cuando estás concentrado desestabiliza y te devuelve a cero? ¡No sé cómo, después de todo este tiempo editando películas juntos, aún no eres capaz de adquirir esa disciplina! El hombre que confíe en ti, cuando salte la valla, acabara con todo roto”. Los dialécticos Straub, pensamos, viven, como Tracy y Hepburn en alguna de sus películas, un poquito antes de la síntesis; pero su muy teatral enfrentamiento tiene lugar en un espacio ideológico compartido: son dos cineastas modernos y antirrománticos. Como en su maestro Brecht, no hay lugar en su ars poetica para el artista inspirado, el arrebato y la obra eterna...". ("Dos cabalgan juntos (Sobre algunas películas de los Straub)", de José Miccio, en el número 22 de revista La otra.)




"Mariano Otero: Todos los chicos de mi generación estamos atravesados por el rock. Los que elegimos el jazz como medio expresivo somos multiestilísticos, no somos neoclásicos. De todos modos, para mí la música es una sola, no importa si es clásica, jazz o rock. Yo me tomo muy en serio la música. Trabajo en serio, pero mis conciertos no lo son. Los músicos de jazz no tienen que ser serios. Hay tipos que son más divertidos que otros. En mis grupos lo vivimos como fiesta, es una celebración salir a tocar.



"Lo más importante es no perder la ingenuidad, jugar como los niños. Es importante preguntarse en qué etapa uno está para seguir creciendo. Observo a mis hijos y pienso cuánta capacidad de hacer cosas tienen ellos, sin prejuicio alguno. Cuando al conocimiento se le suma libertad, se produce una explosión. Esa es mi búsqueda". (Responde el músico de jazz Mariano Otero a Sebastián Duarte en la entrevista publicada en La otra 22).




"Sokurov entra en la historia del siglo XX con una lucidez implacable: sabe de la sustancia fantasmática que infiltra los mecanismos del poder y filma el ocaso de sus líderes. Es en los confines de una etapa histórica y el comienzo de otra donde esa sustancia revela sus límites. En Moloch (1999), un Hitler decadente e infantil toma dimensiones grotescas por su banalidad y la del entorno que lo sostiene, frente a la inminente derrota de Alemania en la Segunda Guerra Mundial. En Taurus (2000), nos presenta a un Lenin enfermo, atravesando sus últimos días con una pérdida progresiva de la razón. Allí vemos cómo el otrora magnetismo de esta figura va declinando al mismo tiempo que los ideales de la revolución que liderara, mientras que, con el avance de Stalin en el gobierno, se perfila en el horizonte la sangrienta dictadura que se abatiría, finalmente, sobre el pueblo ruso. En su última película de esta trilogía sobre el poder, El Sol (2004), el director aborda la distancia entre los hombres y los dioses, centrándose en el momento en que el emperador japonés Hirohito debe renunciar a la condición divina que le confiere su tradición y capitular, luego de las masacres de Hiroshima y Nagasaki, para salvar a su pueblo de nuevas matanzas. El pasaje subjetivo de dios a hombre y el componente onírico que lo anticipa dan lugar a escenas memorables". (Fragmento de la nota "Sokurov: una voz al límite" por Liliana Piñeiro).




"19 de julio, 1944:
"Hoy nuestro tren llegó a Dirschau, cerca de Danzig. Este es nuestro octavo día de vía de viaje. No soy un soldado ni un partisano. No estoy apto física y mentalmente para este tipo de vida. Soy un poeta.
"Que luchen los países grandes. Lituania es pequeña. En toda nuestra historia las grandes potencias han marchado sobre nuestras cabezas. Si uno se resiste o no tiene cuidado, termina convertido en polvo bajo las ruedas de Oriente y Occidente. Lo único que podemos hacer los pequeños es, de alguna forma, intentar sobrevivir. Ese es el motivo por el que, si nos acompaña la suerte, nos dirigimos a la Universidad de Viena". (Extracto del diario personal de Jonas Mekas, Ningún lugar adonde ir, con presentación de Emilio Bernini, en La otra 22).





"La Otra: Algo que me llamó la atención en las películas argentinas que me gustaron últimamente, como Plan B o La Tigra, Chaco es que sus directores tienen un paso por el teatro. Yo tengo un prejuicio respecto de que los que tienen formación teatral van a hacer teatro filmado. Pero en estos casos me sorprendieron. Las dos películas están muy centradas en las actuaciones, se juegan en esos planos secuencia en los que hay un tiempo propio de la actuación, no puesto por la moviola sino en el momento de la filmacion. Y lo que se ve en la pantalla es de una gran verdad cinematográfica, nada teatral. ¿Cómo trabajaron eso?



Federico Godfrid: Es muy rara esta division entre teatro y cine. A mí, la gente de teatro me dice: “porque venís del cine…”; y la gente de cine dice: “porque venis del teatro…”. Mi llegada al teatro viene por hacer cine, quería dirigir actores, conocerlos más, así que empecé a hacer teatro. Después filmé un mediometraje, gasté una fortuna, no quedó nada como yo quería, casi me agarro una úlcera, la pasé mal, y entonces dije: “¿por qué no hago una obra de teatro?”. La hice y me fue muy bien. Entonces empecé a hacer teatro durante 6 o 7 años, pero siempre con ganas de hacer una película.

Juan Sasiaín Huertas: Yo empecé a estudiar al mismo tiempo cine y teatro, y en la carrera de cine hice varios cortos que, como le pasó a Federico, tenía escondidos porque sentía que no tenían vuelo ni a nivel dramático ni poético. Pero cuando nos pusimos a trabajar en teatro con Federico logramos desde el principio un nivel de exigencia, textos largos, con un peso dramático que se sostenía durante una hora. Con esos resultados teatrales, a mí siempre me quedaba la inquietud de lograr algo de igual peso en el cine". (Entrevista a los directores de La Tigra, Chaco en revista La otra).

miércoles, 10 de febrero de 2010

Bahía de Todos los Santos






por Sebastián Duarte

Crónica de un viaje por el Pelourinho, playas paradisíacas, inolvidables conciertos en la calle, viajes lisérgicos, historias de pandillas en el morro Pilão de Prata, chicas morenas de curvas peligrosas, Carlinhos Brown, Olodum y una experiencia inquietante en un ritual de Terreiro de candomblé.

Antojo: Medianoche FM La Tribu: 88.7: www.fmlatribu.com

jueves, 21 de enero de 2010

miércoles, 20 de enero de 2010

Las palabras de La otra 22



"¿Cuál es la verdadera historia de La ley de la ferocidad? Es el hombre que se va a convertir en escritor. En esas líneas dice: «el hombre que lo vive no es el hombre que lo escribe, pero va a comenzar a transformarse en él cuando decida escribir», y mientras tanto lo estoy escribiendo y mientras tanto lo están leyendo. Ese es el hallazgo del libro, si es que tiene alguno. El lector va a acompañar a este hombre en la descomunal aventura moral que es el libro, una lucha por ser una persona mejor. Pero a la vez el subtexto es esa persona que encuentra en la escritura esa salvación que le impide seguir dándose botellazos en la cabeza como metáfora del alcoholismo. (...) Al final del libro dice "Estas son las palabras de mi reconciliación". No hablo de la reconciliación con mi padre, sino con las palabras ¿no? El libro es la demostración de que hablar es lo contrario de escribir. Uno habla y va saliendo del paso y va tratando de quedar bien parado. Pero uno escribe con todo su ser, repasa esas palabras y por eso uno es lo que escribe. Uno a veces no es lo que dice, porque lo que dice depende mucho de las circunstancias, del estímulo exterior, alguien me trata mal y se me escapa una puteada, pero ese no soy yo. Después digo: "uy qué bestia, no es tan así". Pero si yo eso lo hago sobre un texto, ¡guarda! Ahí está todo mi ser, porque tuve tiempo. Me refiero a que hablar es palabra que se escapa, escribir es palabra que queda. Yo prefiero escribir que hablar". (Pablo Ramos, sobre su novela La ley de la ferocidad; entrevista Maximiliano Diomedi)



Foto: Nicolás Villalobos. Modelos: Mariana Ponzo, Sabrina Juárez y Gabriela Abreliano

"Aparentemente, el individuo en cuestión era un policía encubierto. Y como consecuencia del descontrol, no habría tomado el recaudo de esconder su documentación. Fue así como la trava revisó su billetera mientras estaba en el baño. Y dio con que el hombre era del servicio de inteligencia. Furiosa ante la sorpresa, intentó sacarlo a la fuerza de su habitación. Pero el tipo se resistió arrojándole piñas e intentando maniatarla en una silla. No obstante, Cinthia fue más audaz: manoteó una de las botellas que tenía en la mesa de luz y se la partió en la cabeza. Al instante, abrió la puerta de la habitación y dejó al hombre tendido en el pasillo. El soplón encubierto se encontraba ensangrentado pero no estaba muerto, sólo se había desmayado. La travesti fue detenida por efectivos de la Policía Federal, quienes la esposaron y la subieron al patrullero antes de que intentara escaparse". (Sebastián Duarte, La Constitución Travesti)




"El silencio es notorio, desde hace años. No todos los periodistas del diario piensan lo que Clarín expone. Los jefes mandan a hablar mal de alguien, como me pasó durante el final de la presidencia de Alfonsín cuando había que alabar a Menem. Muchos periodistas cumplían y esto hoy sigue. Hoy la orden dentro de todas las secciones es destrozar al gobierno". (Lo dice el periodista Pablo Llonto, sobre el miedo imperante en la redacción de Clarín)




"Nosotros siempre trabajamos con los chicos más tímidos, los más tímidos de todos. Para nosotros fue fácil, fue entrar a una clase de teatro del pueblo y ver a los nenes: los que no nos miraban por timidez, esos eran. El profesor les dijo: “ellos van a filmar una película”. Muchos levantaban la mano, excepto tres que estaban medio tímidos, pero con los ojos emocionados. Esos tres fueron los que sacamos, dos se pasaban de extrovertidos y el otro guardaba su inocencia y su timidez, pero se mostraba vivo ante cámara. Y fue él". (Federico Godfrid, co-director junto con Juan Sasiaín de la película argentina La Tigra, Chaco, actualmente en cartel).




"El período que va de 1995 al fin de siglo veinte fue un lustro prodigioso para Alexander Sokurov: Voces espirituales, Madre e hijo, Elegía oriental, Hubert Robert, una vida afortunada, Una vida humilde, Confesión, ...dolce, Moloch, más las dos partes del Diario de San Petersburgo, más los Diálogos con Solzhenitsyn, constituyen una performance abrumadora y difícil de equiparar con casi cualquier otro realizador de la historia del cine. Si no fuera porque vacilo en agrupar estas creaciones bajo el genérico “cine”. Hace un tiempo, en un debate alguien me decía: “Sokurov, qué hermoso, sí, pero ¿será cine?”. Y lo que se me ocurrió responder fue: “pero eso que conocemos como cine, ¿será cine?”. De esa dificultad para determinar la naturaleza de un experiencia que ya dábamos por conocida se nutre el mejor ¿cine? contemporáneo. (Oscar A. Cuervo en la nota "Sokurov: diecinueve, veinte, veintiuno").




"La posición política de Borges le ha servido para ganarse una gran antipatía por parte de muchos argentinos, a punto tal que hay quienes critican o niegan su literatura a partir de conocer su pensamiento poco afecto a la democracia. Borges siempre fue escéptico y crítico de la democracia en tanto “abuso de la estadística”, referenció como “caballeros” a los miembros de la junta militar de 1976 en Argentina y apoyó el golpe de estado contra Perón. Si bien hacia el final de su vida recibió a las Madres de Plaza de Mayo, apoyó el reclamo por la aparición de sus hijos y presenció con estupor crítico el juicio a la Juntas realizado durante el gobierno de Alfonsín, es claro que la imagen que el legado político de Borges, si es que existe algo así, no va a ser el de una figura con ideales progresistas. Ahora bien, ¿existía un pensamiento político robusto y coherente en Borges?". (Dante Augusto Palma en su nota "Excusas borgeanas para problemas filosóficos V: La libertad en el individuo
y en el Estado").




"En 1985-1986, los tiempos de bonanza continúan [para Charly García]. Graba grandes canciones y las vende sin inconvenientes. Si la crisis económica reduce el mercado interno, la edición y la actuación en países latinoamericanos compensa con creces esa merma. Por esos días, firma un ventajoso contrato con CBS. García nunca había renegado del éxito; ahora lo conoce como nunca antes. Es una estrella. Y vive un tiempo en que su música, aparentemente, carga con menos responsabilidades. Él mismo, en 1983, había notado esto; y se mostraba conforme: «El rock, en cierta medida, ocupó el espacio dejado vacío por la política. El rock ganó ese espacio en buena ley. Fue el único que aguantó. Pero sería bueno que el rock perdiera ahora ese lugar de preeminencia que ocupó en los últimos seis años, debido a la veda política». Sin embargo ahora se queja. Es parte de la nueva situación que venda tres discos por cien mil dólares a una multinacional; pocos cuestionan esto. Pero García siente que ha cambiado algo. Piensa, como varios más, que el rock pierde dimensión existencial mientras gana exposición y dinero. Se ha contado esta historia muchas veces. Se la ha identificado como la historia de un fracaso o una decadencia. Se trata, seguramente, de la historia de un triunfo incómodo, porque el rock pierde cuando gana y tiene la costumbre de maldecir los días hermosos. García declara entonces: «Desde hace tiempo se han ido perdiendo algunas claves: ir a comprar discos explorando, tener conciencia de tipo movimiento… En esta etapa la música pasa a ser más consumida que a ser comprendida… o entendida. Se pasa de un público exigente, interesante, o que de alguna manera comparte una idea con el artista, a un público sin posición... como de consumir sin cuestionamientos». Es un pequeño rulo de la historia, que se despliega y enmaraña muchas veces de acá en adelante: el público lo acusaba de haberse vendido; ahora García acusa al público de haberse ablandado". (José Miccio en sus "Notas sobre rock argentino en democracia - Cuarta parte).

Hay esto y bastante más en el nuevo número de revista La otra, ahora en los kioscos.

miércoles, 5 de agosto de 2009

Dos chicas


(Foto: Nicolás Villalobos)

(Fragmento de La constitución travesti, el libro de Sebastián Duarte* publicado recientemente por Distal).

En el grupo de las travas del bar había dos chicas jóvenes (en el ambiente se les decía conchas a las del sexo femenino) que también formaban parte del circuito. Tenían dieciocho años y sus cuerpos eran fabulosos, pero no necesitaban mostrarse porque la lozanía y la belleza iban de su mano. Ambas también hacían la calle. Por lo general, enganchaban clientes adentro del bar, o bien se apostaban en la esquina y le tiraban onda a varones que circulaban por la calle. Una llevaba el pelo corto -a lo Araceli González cuando recién se iniciaba en el mundo del espectáculo- y su nombre era la Donna. Su par se hacía llamar Picachu. Ellas se amaban con locura. Andaban de la mano de un lado para otro y solían besuquearse en cualquier rincón sin ningún tipo de tapujo. Su condición de lesbianas les permitió ganarse la simpatía del grupo de las travas, quienes no las veían como potenciales competidoras. Por eso eran bienvenidas en toda clase de andanzas e historias e incluso eran tratadas como si fueran una más.

Picachu era preciosa. Lucía cabello corte a dos aguas, que le llegaba hasta la altura de su pera. En su rostro tenía colocados tres piercings: en la pera, en la nariz y en la ceja. Ella decía ser dark, por eso siempre estaba vestida de negro. Como lucía sus pantalones un poco caídos, quedaba expuesto el elástico de su ropa interior que mostraba sin prejuicio alguno, al igual que el piercing que llevaba puesto en su ombligo. Picachu estaba muy enamorada de la Donna, la petisa culona súper cocainómana, a quien mencionaba todo el tiempo. Vivía pendiente de sus pasos tenazmente, pero la Donna era indomable y sabía cómo escabullirse. Cada dos por tres se volteaba a algún tipo para sacarle la mayor cantidad de dinero posible que luego utilizaba para consumir. Pero el problema radicaba cuando desaparecía por varios días y nadie sabía sobre su paradero. Picachu se ponía compeltamente loca y cuando se reencontraban las peleas eran feroces y agresivas. Cierta vez, Picachu la golpeó tanto que la dejó llena de moretones. Las demás travestis tuvieron que intervenir para frenar su ira. Hasta que el desenlace de esa relación llegó un día de verano. La Donna había ligado con un dealer de nombre Charly, que tenía una moto Honda de 400 de cilindrada. Juntos iban de un lado para el otro vendiendo y consumiendo. Esa noche habían estado en una fiesta con travas peruanas y la mezcla de alcohol, pastillas, marihuana, éxtasis y merca había producido un cóctel poderoso en sus cabezas. Tuvieron relaciones sexuales en una estación abandonada en la esquina de Garay y Entre Ríos. Luego subieron a la moto y encararon a contramano por Brasil. Cuestión que de golpe giró de la izquierda un colectivo de la línea 60 y se los llevó por delante. Ninguno consiguió salir ileso porque sus cráneos se quebraron al estrellarse contra el pavimento. Al día siguiente, Picachu se enteró de lo sucedido e instantáneamente tomó la determinación de suicidarse. Se cortó las venas en la bañera del departamento de sus padres, en el barrio de Sarandí, pero ellos llegaron justo a tiempo, antes de que la joven terminara desangrada. Estuvo internada por unos días en el hospital Finochietto, de Avellaneda. Después fue trasladada a un nosocomio psiquiátrico en la localidad de Lanús. Luego de permanecer por unos meses en recuperación, sus padres la enviaron al Chaco para que se entretuviera con actividades agrícolas junto a sus primos, en el campo de unos familiares directos de su madre.


* Nota del editor: Sebastián estuvo hace poco en La otra.-radio y nos contó del proceso de escritura del libro, de los meses que pasó viviendo en pensiones del barrio de Constitución con la misión de escribirlo, de los dos inviernos en que estuvo en vilo hasta encontrar la clave que organizara el cuantioso material narrativo que había recogido. Nos contó que un invierno se fue solo a Mar del Plata, tratando de encontrarle la vuelta y que en la Feliz se pasaba las horas en un cíber, escribiendo como un hijo de puta. Y ahí le encontró la vuelta. El libro tiene una base experiencial y una reelaboración ficcional que convierten a Sebastián en un escritor a secas, más allá de su background de años de trabajo periodístico. Hay una integridad en su escritura que distingue a los narradores de verdad, un decir llano, sin floreos estetizantes, una lengua del muchacho de Avellaneda que Sebastián es -"sus cuerpos eran fabulosos"; "Cuestión que de golpe giró de la izquierda un colectivo"-, con alguna contaminación de jerga periodística -"el problema radicaba cuando desaparecía por varios días y nadie sabía sobre su paradero"; "fue trasladada a un nosocomio psiquiátrico en la localidad de Lanús"- que le dan a su estilo una tensión anfibia que es su voz distintiva.