Foto: Nadia Albarracin


sábado, 17 de marzo de 2012

The wall

Este domingo a la medianoche, especial en La otra.-radio
0:00 hs. del lunes en FM La Tribu, 88.7, online



































por Sebastián Duarte *

¿Acaso el muro del que hablaba Waters en The Wall tenía algo que ver con el muro que dividió Alemania en dos? Evidentemente sí. Más allá de la metáfora conceptual de la obra, tras la caída del muro de Berlín Waters retomó su obra cúspide y la llevó a Alemania para celebrar la caída del muro y la llegada de la libertad. Una suerte de puñado de analogías que encajaron en aquel momento histórico de Alemania, como escenario, y del mundo occidental, como partícipe y espectador. La vuelta del imponente The Wall a escena se transformó en un momento inolvidable y sinónimo de liberación. Fue un concierto épico que se convirtió en leyenda. 500 mil espectadores estuvieron allí presentes. La obra de Roger fue sinónimo de celebración del fin de la separación cultural, y también el fin del choque de los imperios económicos reinantes, aunque el triunfo sin duda fue del capitalismo. Fue un 21 de julio de 1990, en un terreno lindante entre Potsdamer Platz y la Puerta de Brandenburgo, espacio que era parte de la denominada antigua “Tierra de nadie”, del Muro de Berlín. Además había otro detalle muy importante dentro de ese espacio: allí estuvo el búnker del perverso nazzi Adolf Hitler. De alguna manera, el show se transformó en una especie de exorcismo para un nuevo renacer.

(…) Aquella vez del show, el simbolismo de The Wall fue mucho más impresionante que cuando lo presentaron en pocas ocasiones los Pink Floyd con su formación completa. El mundo entero estuvo expectante a ese momento. Waters fue categórico cuando decidió montar del nuevo The Wall, luego de años sin hacerlo y encima sin sus ex compañeros de Pink Floyd. “De ninguna manera voy a Berlín para celebrar lo que considero una victoria del capitalismo sobre el socialismo. Voy a llevar el show para celebrar la victoria del individuo”, expresó ante la prensa, categóricamente. Fueron 52 países los que transmitieron el espectáculo en vivo y en directo. La mayor parte del muro fue construido antes del concierto –en total se utilizaron 2500 ladrillos, con sus 170 metros de ancho y 25 metros de altura. Mientras que una parte ya estaba lista apenas empezó el recital, el resto se iba armando durante la primera parte de la  obra, que luego sería derribada muy cerca del final del concierto. Esa caída del muro, cuando fue su turno, hizo poner la piel de gallina al mundo entero. Porque fue el arte quien se encargó de transmitir emociones. Pero mucho antes, en la mitad del show, también impresionaba cuando la banda de Waters quedaba tapada por el muro. Allí la música era acompañada por la proyección de videos con imágenes y animaciones de Gerald Scarfe, que incluso emulaban a otras que incluían graffittis del muro real. Muchos invitados que son celebridades del rock también subieron al escenario en momentos clave. Por ejemplo, los alemanes de Scorpions para cantar “In The Flesh?”. Van Morrison entonó “Confortably Num”. Sineád O’Connor puso su voz al tema “Mother”, la juvenil voz de Cyndi Lauper se encargó de Another Brick in The Wall 2. Los geniales Marianne Faithfull, Ana Gabirel y Joni Mitchell hicieron trío vocal en “Goodbye Blue Sky”. Y Bryan Adams, Paul Carrack y Thomas Dolby cantaron los temas “Empty Spaces” y “Young Lust”. Por otra parte, Thomas Dolby también interpretó al Profesor de la película. Ute Lemper hizo de la esposa. Tim Curry encarnó al Fiscal. Marianne Faithfull interpretó a la madre de Pink y Albert Finney hizo de Juez.

En sintonía con la horrorosa guerra que llevó al nacimiento de ese muro, desfilaron camiones militares, fuerzas soviéticas en Berlín, Waters vestido como dictador fascista y los infaltables martillos marchantes. La marionetas de Scarfe y los impresionantes globos de montaje, el profesor, un helicóptero, el cerdo inflable en el aire. Y el final más esperado: cuando El Juez ordenaba derrumbar la pared, para luego dejar caer The Wall y que la euforia invadiera al medio millón de almas que estaban ante al escenario.

Gracias a las influencias con las que Roger contaba por haber trabado amistad con Leonard Cheshire, un héroe británico de la Segunda Guerra Mundial -fundador del Fondo Conmemorativo para Asistencia en Desastres-, logró incorporar al espectáculo a una orquesta y un coro de Alemania Oriental y a los 100 miembros de la Banda de Marchas de Las Fuerzas Soviéticas. La fusión sucedió en Another Brick In The Wall, cuando Lauper se hizo cargo de la voz. Mientras tanto, un par de helicópteros militares estadounidenses se sumaron desde el aire.

Ese concierto memorable fue filmado con numerosas cámaras y comercializado en video, para suerte de los fans de Pink Floyd. The Wall-Live Berlin (1990) es uno de los mayores tesoros de los fanáticos floydianos, del universo del rock y de momentos históricos del planeta.



No pasó mucho tiempo hasta que se profundizara aún más la derrota del sistema da la Unión Soviética por parte de sus propios ciudadanos. En 1991 se produjo un golpe de estado fallido por el cual Gorbachov abandonó el poder. Tras tantos conflictos internos, ese mismo año desapareció el régimen de la URSS, dando lugar a 15 Repúblicas distintas. Así es como fue el origen de Rusia. Y la derrota del gran imperio comunista soviético, además del final de la Guerra Fría. Esta caída afectó en especial a Cuba, que quedó aún más aislada y bajo la presión de Estados Unidos, que bloquearon al pequeño país con el afán de que cayera el sistema comunista y se insertara el capitalismo. Pero eso aún no sucedió hasta nuestros días.


* (Extracto del capítulo 3 de Pink Floyd: Derribando muros, libro de Sebastián Duarte)

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