Foto: Nadia Albarracin


sábado, 17 de marzo de 2012

Los Z - Parte 4

por Lilián Cámera


Todo comenzó después de la tormenta que casi destruyó la ciudad. Un silencio sobrecogedor ganó las calles cuando el fluido eléctrico nos dejó a oscuras por varios días. Quizás vino en el agua o a través del aire como un polen maligno. Los síntomas eran difusos: dolor de cabeza, fiebre, a veces una ligera tos, como cualquier gripe. Después apatía, un cansancio enorme que obligaba a estar en cama con las persianas bajas, porque la luz se volvió intolerable. Las extremidades parecían hinchadas, tumefactas, pero lo peor era el rostro. Al principio pequeñas manchas, luego una explosión de verrugas o algo parecido a unas excrecencias. Nadie iba a trabajar ni comía, menos aún salía de sus casas. Así la ciudad se fue apagando, la basura y la desidia lo ganaron todo. Los meses rodaban con lentitud y los espejos se fueron rompiendo casi sin querer uno a uno.

Después un día empezó la reconstrucción. Sin decir palabra, en medio de ese silencio hubo sonidos de pasos, las manos se pusieron a la obra y la electricidad se recuperó. No pasó mucho hasta que el transporte llevó a cada quien a su trabajo, la rutina se reestableció de alguna manera aunque algo había cambiado para siempre. Ahora no hace falta hablar para comunicarnos, la carne encontró otro modo de dar su mensaje. Por fin somos una verdadera comunidad aunque hubo que cambiar algunos hábitos de alimentación. Borrados de un yo marchamos como las hormigas, tal vez ajenos a una lúcida singularidad pero por cierto más eficaces.

(¿Fin?)






Imagen: ©Pilar Zeta - "The Effect of Absurd memories" - Created for the OUTLAND Collective's exhibition 'Beyond'

1 comentario:

Liliana dijo...

"Así la ciudad se fue apagando, la basura y la desidia lo ganaron todo. Los meses rodaban con lentitud y los espejos se fueron rompiendo casi sin querer uno a uno."

Muy buen texto. A veces la literatura imita a la realidad...en Buenos Aires!

Tendremos reconstrucción? Esperemos no terminar como los Z:

"Borrados de un yo marchamos como las hormigas, tal vez ajenos a una lúcida singularidad pero por cierto más eficaces."