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jueves, 13 de diciembre de 2018

"Si los analistas políticos están concentrados en analizar a la derecha, yo quiero analizar lo mejor que hemos producido: el militante"

Conversación con Damián Selci, autor de Teoría de la militancia en La otra.-radio del domingo pasado
Audio de la primera parte de la conversación, clickeando acá
Segunda parte de la conversación, clickear acá



Fotografías: Cc By-NC-nd 4.0-M.A.F.I.A

"En Latinoamérica hubo en la década anterior experiencias populistas, muchas de las cuales se interrumpieron -nos decía Damián Selci en nuestra conversación en La otra.-radio del domingo pasado, cuando hablábamos de su libro recientemente aparecido-. Si la teoría del populismo de Ernesto Laclau permitió explicar el éxito de estos gobiernos, las fallas de las experiencias populistas deberían ser también fallas en esa teoría. Esa es la idea que me lleva a escribir Teoría de la militancia, para problematizar la noción de demanda tal como la piensa Laclau en la constitución de los populismos" .

- Según sostenés en tu libro -acoto-, Laclau plantea un antagonismo no dialéctico. En el antagonismo pueblo-oligarquía, el enemigo permanece como puramente externo y el pueblo no interioriza el antagonismo. Se comporta como una sustancia idéntica a sí misma. La oligarquía va a ser siempre la oligarquía y el pueblo va a ser siempre idéntico a sí mismo, constituido a partir de una articulación de demandas insatisfechas. En esa identidad de cada uno consigo mismo, permanecen como entidades metafísicas, como si fuera una oposición entre el bien y el mal.

- En la teoría populista de Laclau -dice Selci-, la oligarquía es para el pueblo un parásito que vive a costa del pueblo, son los de arriba, los especuladores, no importa quién ocupe el lugar de la oligarquía. Si tomáramos al nazismo como una construcción política populista, y tal vez se puede hacer esta caracterización, ahí el lugar de la oligarquía lo ocupan los judíos. Lo que a mí me llama la atención en este planteo es que en todos los casos el pueblo queda en una posición demasiado pasiva y demasiado inocente. Paradójicamente, el pueblo, en cuanto se constituye como sujeto en la teoría de Laclau, queda sustancializado, es decir sin ninguna división interna, por lo menos en el plano teórico, cuando justamente había sido producto de una articulación de demandas muy distintas entre sí. Laclau es un constructivista que se propone eludir la sustancialización del sujeto-pueblo. Pero a partir  de que se constituye como pueblo, a posteriori, se termina postulando como una entidad no contradictoria, cuyo único antagonismo sería contra la oligarquía. Esto hace que el pueblo en la teoría del populismo jamás podría interiorizar el conflicto. Eso no es lo que vivimos nosotros en Argentina o en Latinoamérica. Es al revés, una vez que se logró plantear el antagonismo entre el pueblo y la oligarquía es que se dividió el campo del pueblo y apareció un conflicto entre las demandas.

Selci ejemplifica con sectores que, después de la emergencia del antagonismo con la 125, aparecieron demandando por la inseguridad, la compra de dólares, el mínimo no imponible, demandas que no son todas conciliables en un mismo campo popular sin asumir su carácter contradictorio. Demandas que fueron atizadas por la derecha.

"En mi propia experiencia -dice Selci-, lo que explota el antagonismo en Argentina es la crisis de la 125 en 2008. Con la constitución de ese antagonismo, se produce una división entre una parte que se politiza y otra parte del pueblo que no lo hace. Hay quienes insisten en el antagonismo y se politizan y otros que se quedan en la demanda insatisfecha, los cualunquistas. Ahí aparece una interiorización del antagonismo en el campo del pueblo".

Selci sostiene que su libro es una fenomenología de la conciencia política, el recorrido que hace hasta completar una experiencia en la que los antagonismos exteriores se convierten en contradicciones internas. Su tesis de autor es que es bueno que esto pase, porque así el pueblo sale de la postura demandante y asume una postura responsable. Entonces vuelve a ser pensable algo así como el poder popular, el poder de hacerse cargo del conflicto y no simplemente permanecer idéntico en la posición demandante. El poder popular no es sustancial sino de una vitalidad agónica, es decir: de lucha.

Sin la lectura completa del libro, este tramo de la conversación con Selci podría interpretarse como una dura impugnación de la teoría del populismo de Laclau. Sin embargo, no es esta la idea cuando se lee el libro completo. Selci considera que la importancia de la formulación de Laclau es crucial en las experiencias populistas de principios del nuevo siglo. Vino a vitalizar una discusión que se había cristalizado en el campo de la izquierda clásica. Pero una vez que la dinámica política expuso la materialización del populismo, quedaron por eso mismo expuestas sus fallas, no solo políticas sino a la vez teóricas. La interiorización del antagonismo aparece no en el desarrollo teórico interno de Laclau sino explícitamente en su controversia con Sizek: así lo plantea Teoría de la militancia.

Mi experiencia de lectura del libro es que se funda en una doble génesis. Hay una discusión teórica que lo precede, la citada controversia entre Laclau y Sizek, cuyos conceptos remiten a posiciones previas: Hegel, Marx, Lenin, Adorno, Mao, Lacan, Deleuze, Badiou son  personajes de un drama que Selci plantea en la primera parte del libro, en un notable esfuerzo para exponer discusiones muy arduas con la mayor claridad y precisión posibles, sin simplificar estos conceptos. Se trata de una puesta al día de una discusión de la filosofía política cuya tradición nos remite por lo menos a la modernidad. Este drama se encamina en el resto del libro a hacer emerger su auténtico protagonista, no para formular una nueva teoría del Pueblo como sujeto, tema que abunda en la bibliografía política previa, sino para trazar los rasgos de la figura que falta pensar una vez que la conciencia politizada hizo el movimiento de interiorizar la contradicción y hacerse cargo de la inconsistencia del mundo y del mismo pueblo: el militante.

El otro elemento que está en la génesis del planteo de Selci no es teórico, sino histórico, generacional y existencial. En 2008 irrumpió en Argentina de manera inesperada un antagonismo que operaba subterráneamente en la historia nacional. El conflicto popular con los intereses oligárquicos no fue inventado por el kirchnerismo. Una falla de cálculo, quizá la misma dinámica material del populismo, lo repuso en un primer plano, rompiendo con la "normalidad" postdictatorial. Desde entonces, esta lucha dejó de ser una mera curiosidad historiográfica y pasó a operar con fuerza en la vida cotidiana, en nuestras decisiones y en nuestras relaciones personales. 

[Esa incidencia práctica apremiante es lo que saca de quicio a la derecha gorila (estos son términos míos, no de Selci ni de Laclau): eso es lo que al kirchnerismo no se le perdona. Para decirlo con palabras mediáticas actuales, el "peronismo perdonable" o "peronismo racional" es el sector cualunquizante que aspira a retrotraer al pueblo a un estadío meramente demandante. El pueblo demandante es el que nunca puede gobernar. Para asumir el poder hay que desechar la posición infinitamente insatisfecha de la demanda. Una demanda satisfecha desaparece como tal. Para permanecer en la posición demandante hay que perderse en los senderos infinitos de la insatisfacción irresponsable que pide todo -aún lo incompatible- de un modo pueril. Con estas claves habría que entender el último discurso de Cristina el 9 de diciembre de 2015 sobre el empoderamiento. Lamentablemente no falta tampoco una especie de cualunquismo kirchnerista (fin de la nota del editor)]. 

La fase de la politización requiere un momento singular: la interiorización de la contradicción, el "hacerse cargo" de la lucha supone una decisión del singular. No puedo esperar que los otros, todos a la vez, o paulatinamente, interioricen las contradicciones que subsisten en el campo popular. No es un mero devenir dictado por la lógica inmanente del concepto -y es ahí donde pienso que una vuelta a Hegel no es suficiente para dar cuenta de este movimiento-. Nadie va a hacerse cargo de interiorizar la inconsistencia del mundo y las contradicciones en el campo del pueblo si yo no lo hago. Extremando el planteo, soy el único responsable de esta falla. Y es mi propia angustia la que puede posibilitar esta decisión (¿les suena?), si es que no sucumbo a la parálisis privada o a la comodidad vociferante de las demandas. Tanto la parálisis pequeño-burguesa ante los avances de la derecha como el circuito infinito del demandante que asume que su ejercicio de la ciudadanía consiste en plantarse frente a las cámaras que le pone la televisión para indignarse al grito de ¡Justicia! ante el primer caso de "inseguridad" son tácticas para esquivar los antagonismos como una responsabilidad propia, posiciones desesperadas e impotentes. Si yo espero que vos te hagas cargo primero del antagonismo y vos actuás en espejo y esperás que me haga cargo yo... ¡nadie se hace cargo! En la emergencia de la conciencia militante -efecto espiritual del populismo, según las  palabras de Selci- el militante se dice: "yo soy el único responsable" (esto es agregado mío). Esto no  implica hacer ninguna impugnación de la tarea colectiva, porque el encuentro colectivo se constituye solo cuando a partir de mi propia decisión soy capaz de encontrarme con otros, que a su vez han tomado una decisión similar. Si no lo hago, por más que el colectivo se constituya, lo más probable es que yo quede del lado de los cualunquistas demandantes. Para algo puede terminar sirviendo la angustia, esa "intensidad" que el cinismo postmoderno desprecia: para interiorizar el conflicto.

Hebe y Amado: ES Fotografía.

Contra ese desdén neo-cualunquista que denigra con sorna a los "politizados intensos" está escrita esta verdadera reivindicación de la militancia que constituye esta Teoría de la militancia de Selci. Dice el autor:

"Este libro lo que busca es dignificar, prestigiar la actividad militante, que es una de las más estigmatizadas de todas, y una forma de darle una cobertura política es la teorización. Es lo que hizo Laclau con el concepto de "populismo", que era un agravio y él lo convirtió en un concepto, que te puede gustar más o menos, pero como es un concepto es más difícil combatirlo. El proceso que se detalla en mi libro es la asunción de la lucha. Cuando uno va asumiendo que hay algo que hacer, se sale de una postura más contemplativa y se pasa a la práctica, eso produce transformaciones en las personas. Lo que yo no encontraba es que nadie hablara de lo que le ocurre a una persona cuando se politiza. La producción intelectual contemporánea está volcada masivamente a tratar de entender a la derecha, ver por qué pasó lo de Bolsonaro, quién es Trump, por qué macri ganó las elecciones. Temas interesantes, por supuesto, pero el analisis del enemigo puede tener un efecto que a algunos los desmoraliza mucho. Someterse y entregarse pacientemente a la lectura permanente de la habilidad del enemigo solo lo pueden hacer cuadros políticos con una enorme capacidad de resistencia. Normalmente, un académico que estudia el bolsonarismo en Brasil, por ejemplo, está muy desprotegido para no desmoralizarse. Tiene que protegerse mucho para que el análisis del enemigo no termine dañándolo. Uno siempre está sometido a las palabras ajenas, que tienen un poder sobre nosotros. Por esa razón es que yo al final del libro defino al cuadro político como el que nunca es doblegado por la palabra enemiga".

- En estos años estuvimos leyendo innumerables textos sobre las destrezas de la derecha -digo- escritos con una admiración malsana o soterrada, que intentan convencernos de su superioridad política, lo que quiere producirnos una angustia paralizante.

- Claro, -dice Selci- ese diagnóstico ya muchas personas lo compartimos, el asunto es cómo contrarrestarlos. Y el mejor modo de contrarrestar esto es cambiar completamente el eje. Si los analistas políticos están concentrados en analizar a la derecha, yo quiero analizar al militante. Con lo único que se puede enfrentar el avance neofascista que está ocurriendo en el mundo y en Latinoamérica es con la figura del militante. No va a ser con el analista político. Lo fundamental es la figura subjetiva que le vamos a contraponer a Bolsonaro o a la mano dura de Bullrich ¿En qué vamos a invertir el tiempo? Porque el tiempo es escaso. Entonces ¿de qué vamos a hablar ahora? Me pareció que había que dejar un poco de hablar de la derecha y más de nosotros. ¿Qué es mejor que una militante feminista, sindical, político, territorial, universitario, estudiantil? Es un producto de lo más civilizado que tenemos. Alguien tiene que decir que esta gente trabaja por los demás, que piensa colectivamente, es gente muy valiosa. En lugar de eso, lo que tenemos es la estigmatización de la militancia por el lado de la derecha. Y gente como José Natanson y otros que se le parecen están también estigmatizando todo el día la figura del militante. No tiene sentido que cada vez que Natanson escribe una nota contra la militancia alguien salga a responderle, cosa que pasa regularmente. No basta con decirle "no" a los que critican a la militancia, sino que hay que decirle "sí" a la militancia. Y para eso hay que construir conceptos que resistan el rigor filosófico actual y por consiguiente no puedan ser doblegados fácilmente por estos periodistas cancheros, hipsters que nos atacan con sus certezas de cuarta categoría.


Esto es solo una parte de la riquísima conversación que mantuvimos con Damián Selci el domingo en la radio, como invitación a leer su libro. La primera parte se escucha acá. La segunda acá.

viernes, 1 de septiembre de 2017

Nagasaki las pelotas

Una conversación con Damián Selci en La otra.-radio del domingo pasado, para escuchar clickeando acá



El domingo pasado estuvo en La otra.-radio Damián Selci, escritor, autor de la novela Canción de la desconfianza, crítico literario, editor del blog Planta y militante kirchnerista. Lo invitamos para hablar de la batalla de las interpretaciones que se desataron a partir del resultado de las paso, no precisamente de las interpretaciones que intentó imponer el oficialismo desde sus medios poderosos, sino la interpretación que asume una forma de la "autocrítica" socialdemócrata encarnada a la perfección por el artículo de José Natanson, El macrismo no es un golpe de suerte. Ahora transcribimos parte de la charla.

- Con el resultado de las PASO, - le empezamos preguntando a Damián Selci- el oficialismo intentó hacer una lectura en base a la puesta en escena de una sensación térmica de apoyo popular, postergando interminablemente la difusión del escrutinio bonaerense.

- Eso es bastante esperable que lo hagan. Lo que hay que destacar es la tendencia de muchos analistas políticos que estarían sindicados dentro de "los nuestros" que tienen una tendencia muy veloz a admitir casi gozosamente el resultado adverso. En el caso de José Natanson uno lo puede ver más claro, pero durante las primeras 48 horas circularon análisis de mucha gente en el estilo de "tenemos que reconocer qué hicimos mal nosotros".

- Lo que llama la atención es que ciertos analistas, que se supone que tienen una capacidad refinada para desmontar las operaciones de los medios del régimen, se compren el paquete entero de estas operaciones, a menos que ellos tengan algún tipo de deseo de colaborar con esas operaciones.

- Del mismo modo que Deleuze y Guattari reclamaban una explicación del fascismo en términos de deseo, yo creo que algunos analistas reclaman una interpretación en términos de deseo en sus análisis siempre pesimistas, siempre desmovilizadores, siempre desmoralizadores.

- Nos acordamos de Natanson, pero la revista digital Panamá publica a pocas horas de interrumpido el escrutinio provisorio un análisis firmado por Martín Rodríguez y Pablo Touzón, titulado "Nagasaki". Se supone que el kirchnerismo había sufrido un Hiroshima en 2015 y en estas PASO nos había caído encima una segunda bomba atómica.

- Bueno, pero hay que imaginarse a un Joaquín Morales Solá leyendo esas columnas y sonriendo probablemente con satisfacción. En algunos casos se torna sospechosa esa fruición. Hay una tendencia muy firme a aceptar rápidamente los argumentos del adversario. En lugar de defendernos, nos presentan los argumentos del enemigo con nuestras palabras.

- Yo interpreto que esa rapidez para asumir los argumentos del enemigo puede llevar un deseo no tan oculto de dejar verdaderamente a Cristina atrás, cuando es la dirigente que suma la mayor cantidad de votos del país con estos resultados en la mano. ¿Cómo explicar, si no, que esta acumulación política sea presentada como catastrófica, si no se desea sacarla del medio de una vez y dejar el liderazgo popular vacante? Si una elección donde ella le gana a Vidal -que se supone que es la dirigente con "mejor imagen positiva" del país y se involucró de lleno en la campaña- vos la leés como un Nagasaki, es porque estás haciendo mucha fuerza para que Cristina parezca (ya que en verdad no lo está) arrasada.

- Yo creo que más que el deseo de dejar a Cristina atrás es el deseo de ser derrotado, el deseo de perder.

- ¿De perder o de que pierda el kirchnerismo?

- Es lo mismo, porque todas estas personas forman parte de algún modo u otro, socialmente o etariamente, del campo derrotado. Puede haber metido un quintacolumnista también, pero cuando Natanson titula "El macrismo no es pura suerte" nos quiere decir que es una tendencia histórica que nosotros no estamos viendo, como cuando a los comunistas se les cayó en el 89 el muro de Berlín en la cabeza. Se nos pone a nosotros en el lugar de los despistados de la historia, como en la película de Kusturica Underground, con un tipo que había estado abajo de un pozo y ni se enteró de que la ex Yugoslavia se había desmembrado en pedazos. Nos ofrecen entender los procesos históricos mundiales cada dos minutos. En 2013 la avenida del medio de Massa se llevaba por delante todo.

- Yo leí en tu nota un concepto que vos proponés, la "falacia de la subestimación".

- Sí, es una especie de broma para referirse a una estrategia discursiva que consiste en decir que los kirchneristas habrían subestimado a macri, que esa subestimación consiste en considerarlo un golpe de suerte y no una tendencia histórico-metafísica que vendría para quedarse en Argentina, que los kirchneristas consideramos que macri sería fácilmente derrotable en tanto otro golpe de suerte virara a favor nuestro. Pero en realidad hay una actitud psicopática cuando son estos mismos analistas los que viven subestimando el poder de daño del macrismo y son justamente los kirchneristas llamados "intensos" los que supieron prever con mayor precisión lo que iba a pasar. Cuando se nos habló de que macri era una nueva derecha democrática, que iba a respetar las instituciones, los consensos dados, que era un liberal moderno, lo que está sucediendo es que tenemos un gobierno que mete el tarifazo más grande de la historia, que empobrece a la sociedad a una velocidad increíble y que tiene presos políticos y desaparecidos. Esa es la falacia de la subestimación: la subestimación la están haciendo ellos y nos están haciendo bajar las defensas, eso me parece grave.

- Si fuera una lucha de las interpretaciones, sería solamente una disputa especulativa, pero en realidad tiene efectos políticos. Si vos instalás un diagnóstico desmoralizante, eso repercute sobre tu práctica: te desmoviliza, te dispersa.

- Claro, porque hay que fijarse que si uno analiza estos argumentos son mutuamente excluyentes: por un lado, te dicen, Macri y Durán Barba tienen un poder absoluto porque nos superan, tienen mejores ideas, trabajan técnicamente mejor; por otro lado, afirman, no hay nada que temer porque en realidad son una derecha moderna que no nos va a hacer daño. Cuando encontramos argumentos contradictorios juntos, ahí hay una prueba de que estamos ante propaganda enemiga. No estamos debatiendo, sino que nos estamos haciendo daño con las palabras. Eso tiene como efecto confundirnos. Te dicen que Cristina es sectaria mientras ella le ofrece a Randazzo formar parte de la lista y él la rechaza: es que te están corriendo el arco todo el tiempo. Eso deja de ser un debate interno y pasa a ser una lucha política. 

- Yo tiendo a creer que están pensando en su carrera profesional como analistas políticos para los cuales es más cómodo situarse en un lugar de comentadores de un espectáculo que les es ajeno más que en involucrarse en un proyecto en el que tenés que poner el cuerpo y comprometerte: cuando perdés y cuando ganás. 

- Yo a los que vi más deprimidos después del resultado de las PASO es a los que menos se comprometieron en el trabajo militante. Conforme uno se va comprometiendo el optimismo se transforma en una necesidad más básica; conforme uno está más lejos, tiende a ser más pesimista. A mí me gusta rememorar el diálogo que tuvo Cristina con David Viñas en el año 2000. Viñas le dice: "Usted es demasiado optimista, es una optimista panglossiana"; y ella le dice: "yo tengo la obligación de ser optimista". Y Viñas dice: "yo tengo la obligación de ser pesimista". Y ella replica: "sí, porque vos sos un intelectual crítico, pero yo soy una militante y tengo la obligación de ser optimista, porque tengo que creer que puedo cambiar la realidad". Para mí se puede plantear en estos términos: el intelectual ve la realidad y la analiza, ve diez factores y le da como resultado: "pesimismo". El militante también ve esos diez factores, pero además tiene un factor once que es él mismo, su propia acción ante la situación. En términos filosóficos, son dos posiciones ante la realidad incompatibles. Viñas hablaba de la realidad como si él estuviese afuera de ella, es una disociación entre el pensamiento y la realidad, y por eso el resultado es siempre: "pesimismo". La objetividad del militante está más deformada, es cierto, porque está incluido dentro de la realidad, pero esa deformación es porque la contradicción entre el pensamiento y la realidad cae del lado de la realidad.



- Además son otros los riesgos. una cosa es el intelectual crítico que cuando hace un análisis puede estar equivocado en su diagnóstico y otra cosa es participar en una disputa política donde ya no se trata de un error. Sos vos mismo el que te ponés en riesgo.

- Claro, pasa a ser de una cuestión gnoseológica a ser existencial. En la postura del intelectual la realidad está allá y yo la veo entera. Pero en la posición militante, hay un punto vacío que es mi propia intervención en la realidad. Cuando yo leo un texto de Natanson me pregunto: ¿y vos qué estás haciendo? Natanson no está describiendo la realidad, lo que él hace en su artículo es prolongar la realidad. Si la realidad que tenemos es la acción psicópata del sistema para desmoralizarnos, es obvio que el texto de Natanson no describe esa realidad sino que la produce.

- Consolida la lectura adversaria.

- Mientras tiene una presunción empírica o descriptivista de decir cómo son las cosas, lo que en realidad hace es propagar el efecto.

- Está operando.

- Está operando, hablando mal y pronto. Esto es importantísmo. Los textos forman parte de la realidad, las interpretaciones la constituyen. ¿Como interviene Natanson? Desmoralizándonos. Hay que medirlos por los resultados, como decía Perón.

- O como dice la Biblia: por sus frutos los reconoceréis.



El audio de la conversación con Selci se puede escuchar entero junto con las canciones que pasamos y algunos otros eventos radiofónicos, clikeando acá.