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sábado, 14 de enero de 2023

Mujeres que facturan

Shakira, BZRP Music session #53 y la revolución de las mujeres

No es problema que Shakira facture u$s ni que odie que su ex se fue con una más joven, tampoco que Piqué se haya cansado de ella y le metiera los cuernos, las parejas son así: existen hasta que se aburren. Pasa millones de veces por día. 

Tampoco es problema que la canción sea pedorra, sus juegos de palabras propios de una púber que le saca el cuero a su exnovio en wassap. Ni que BZRP haya producido antes temas mucho mejores con raperos desconocidos. BZRP Music session #53 no tiene gracia y el estribillo es un plagio. Pero tampoco es problema: canciones pedorras hay muchas y nadie se muere por eso. Plagios hay muchos y si el autor se aviva, va a facturar más que Shakira sin tanta exposición. 

El único problema es que a esa canción pedorra quieran transformarla en un himno feminista. Tirarle mierda a otra mujer porque tu marido te corneó no tiene nada de feminista. Menos compararse con marcas caras para bajarle el precio a la chica más joven con que se fue Piqué: ella no es un Casio ni un Rolex, es Clara Chía, de 23 años, la nueva novia de Piqué, así como hace un par de décadas Shakira era la nueva novia de Antonito De La Rúa. Es la rueda loca de las celebtities que no paran de rodar. 

No cualquier cosa que hace una mujer es feminismo. Ella reacciona por narcisismo como cualquier cornuda/o lo hace, hablando pestes de su ex y de la chica con la que se fue. Es muy común pero no tiene nada que ver con la emancipación femenina. Se trata de una mujer veterana que se enoja por las normas de la farándula de la que ella es solo otro exponente. 

La canción es mala y nada más, no va a producir ninguna desgracia. Shakira es una cantante que va camino de ser otra Madonna, una estrella que alguna vez fue joven, facturó mucho, nunca fue brillante en lo suyo y empieza a sentir la sensación del ocaso. ¿Eso está bien o mal? Depende: es la ley del mundo en el que ella eligió vivir. Es Shakira, no Simone de Beauvoir ni Hanna Arendt, ni siquiera es Sinead O'Connnor o Rosario Blefari. Deja una obra mediocre que en unos años será olvidada. No es Chavela Vargas, Chabuca Granda ni Mercedes Sosa. Entonces le va a pasar lo mismo que a todas las de su liga: va a declinar, a inflarse los labios y agregarse pómulos (ya en el video de ayer se la ve tuneada, así como le tunean la voz).

Va tratar de conseguir un chongo más joven que cada vez le va a durar menos, en un punto se volverá patética. Es un sistema cruel pero es el sistema del que nunca quiso salir, el sistema de la facturación. Si el mundo fueramás justo, Joni Mitchell o Elis Regina serían mucho más famosas que ella.

No está en la liga de Amy Winehouse ni de Nina Simone sino en la de Cheyenne, Ricky Martin o Valeria Lynch. Facturan mucho durante cierto tiempo pero no quedarán en el catálogo de la música popular en medio siglo. No es Aretha Franklin ni Juana Molina, que no necesitaron moverse en el jet set para hacer discos geniales en un ámbito que no era propicio para sus audacias. Shakira en 30 años será recordada como ahora se recuerda a Violeta Rivas, como un objeto vintage. 

Hoy todos hablan de que hizo el tema más escuchado de la historia, pero se escuchará durante 15 días y se olvidará, no habrá remasterizaciones como las que hacen todas las décadas de los Beatles. 

Lo único realmente deprimente de este golpe de marketing es que haya feministas que crean que este batifondo tiene algo que ver con la revolución de los pañuelos verdes o la emancipación femenina. Una mina despechada porque su marido la corneó es más patriarcado, no menos. Si quieren bailen ahora con Shakira, porque la semana que viene explota otro boom.

miércoles, 3 de noviembre de 2021

Lo turbio y lo explícito

 De nuestra serie Textos odiables

por Oscar Cuervo

Río Turbio, Tatiana Mazú González, Argentina, 2020.

La película de Tatiana Mazú hizo durante el último año un exitoso recorrido por festivales nacionales e internacionales que por el momento tuvo su última estación en el reciente DocBsAs. La recepción crítica supo enumerar, en consonancia con las entrevistas ofrecidas por la cineasta, la amplitud y vigencia de la agenda a la que la película intenta dar cabida: la lucha minera, la economía extractivista, la opresión patriarcal, el feminismo y su necesidad de articularse con las luchas de clase, el abuso sexual infantil, la textura material de los diversos canales de comunicación contemporánea, la vivencia personal de lo micropolítico, la sororidad, la necesidad de aggiornamento de un cine político que al acercarse al experimentalismo no pierda su acento combativo, el catálogo de los diversos soportes audiovisuales que entraron y salieron de circulación en las últimas décadas, la belleza desolada del paisaje minero, las figuras fálicas que representan el nivel de las relaciones corporales tanto como el de las económicas, el desacople entre imagen y sonido, la sintaxis verbal de la narración frente a la función expresiva de lo visual, la incertidumbre actual de las funciones posibles del cine, que oscila entre el registro intimista, el neo-activismo político y la cinefilia de género. Es una agenda de actualidad loable a la que una subjetividad de izquierda no puede sino adherir.

El interés de Río Turbio reside justamente en enumerar una serie de problemas a los que se enfrenta alguien, una mujer joven, que quiere articular en un film militancia, intimidad y continuidad histórica de las luchas políticas y familiares. ¿Cómo hacer un cine enunciado desde la singularidad que interpele lo político? ¿Cómo movilizar desde una entonación contemporánea, cuando las formas clásicas del cine militante se sospechan agotadas? Alguien que está al tanto de estos problemas y se siente involucrado por ellos adhiere a la voluntad de un cine que cumpla con todos estos protocolos. Pero ¿cómo incluir  a los que ni siquiera reconocen esta agenda? ¿O simplemente se los ignora? ¿Con quién interactúa esta película?

El asentimiento consciente a las inquietudes políticas y estéticas que Mazú expone no produce ninguna movilización de la experiencia. Si la película empieza con la prohibición institucional de que las mujeres entren al espacio de la mina del que fueron tradicionalmente excluidas y termina, en la rotación final de los títulos, con fórmulas propias del venerable panfleto clásico (“Viva la lucha minera”, “Vivan las mujeres del carbón” y “Abajo el patriarcado y el capital”, en tipografía mínima), si en el medio un registro familiar en VHS muestra a una nena de siete años que juega a dinamitar la Casa Rosada, en estas marcas que buscan acentuar su voluntaria radicalidad política y estética, Río Turbio termina por encajarse en sus propios límites. La mera enunciación de la prohibición no logra atravesarla siquiera simbólicamente, la película se queda de este lado. Como no quiere repetir los procedimientos del cine militante tradicional, guarda sus consignas combativas para mostrarlas tímidamente a los espectadores que esperen atentos hasta el final de los títulos. Luego: lo más osado termina siendo la intención infantil de dinamitar la Casa de Gobierno, lo que envía a la película al rango de las transgresiones imaginarias.

El viejo cine militante partía de consignas fijadas a priori y procuraba que sus destinatarios fueran los oprimidos que, por la propia visión de las películas, pasaran a la acción. Para lograrlo aquel cine de certezas apelaba al lenguaje más llano e imperativo que fuera posible. Hoy la llaneza y la imperatividad caducaron, de modo que las consignas puestas al final de los títulos funcionan más que nada como un guiño kitsch. No se supone que nadie vaya a rebelarse al ver Río Turbio: su propósito es otro: ¿cuál? Si el discurso político clásico se conjugaba en una segunda persona del plural, universal y exclamativo (Proletarios del mundo, ¡uníos!), hoy ya esta suficientemente aceptado el dictamen de que lo personal es político y lo político es personal. Río Turbio también parece obedecer a esta tendencia de época: sin embargo, la historia ominosa del abuso sexual infantil queda siempre relegada en el nivel del chat privado entre dos mujeres de la familia y nunca traspone esa privacidad, ni se articula con las voces de las mujeres de la mina que denuncian las condiciones de su explotación. Ambos regímenes, el chat y el testimonio, quedan puestos uno despues del otro sin nunca entrar en fricción. Las “políticas de la ciencia ficción” aparecen escritas en la pantalla en uno de esos chats privados y eso basta para que una parte de la crítica señale el parentesco, pero la intención solo se declara y ni la tonalidad ni la progresión dramática se entregan a la ciencia-ficción, solo señalada como gusto estético que no afecta el devenir de la película, atrapada en ese artefacto llamado “cine experimental”.

Creo que el problema de Río Turbio se halla justamente en el apego voluntario e indefectible a este conjunto de deberes. En el primer tercio de la película  sus propósitos, formales y temáticos ya han sido expuestos. El texto del mail que niega la posibilidad de que las mujeres entren a la mina en el comienzo mismo de la película, la tipografía pequeña y desafectada, la intercalación de imágenes del paisaje minero, los chats entre mujeres de una familia que comparten un secreto familiar doloroso –que no obstante la película hace público a medias- o intentan a veces el formato del poema versificado y el diario íntimo, los audios radiales de las mujeres del carbón que dejan testimonio de su doble opresión, clasista y de género: todo esto es tan explícito en los primeros 20 minutos como la voluntad de Mazú de no recurrir a los procedimientos cinematográficos habituales para tratarlo. 

La hora de película restante deambula por ese mismo andén sin dar nunca un salto. Por eso, se siente más como un estiramiento de las premisas iniciales que como una progresión dramática o un tránsito poético. A la serie de problemas a los que la película señala expresamente, se suma uno imprevisto: ¿cómo transitar 80 minutos de una experiencia artística cuando todo el juego se muestra en el primer tercio? Es una pregunta interesante para todos los que anhelamos escapar de la estructura narrativa clásica. Análogamente a la angustia del escritor ante la página en blanco, les cineastes enfrentan la angustia de los 80 minutos por delante.

martes, 21 de septiembre de 2021

Operación de arena

La respuesta de Muñeca Brava y César González al libelo de Mayra Arena 


Unos amigos me recomendaron que leyera la carta de Mayra Arena, un supuesto análisis de la derrota reciente del FdT. Me decían que era la lectura más precisa sobre las causas de esta derrota política desde el punto de vista de una integrante del campo popular. La carta se replicó por varios medios y fue reproducida con regocijo por, nada menos, Infobae. Quedé preocupado no por el FdT ni por Mayra Arena sino porque este guiso recocido del cualunquismo más reaccionario puede ser aplaudido hasta por mis amigos. 

El panfleto de Arena es extenso, reiterativo, reduccionista y muy retrógrado. Atribuye la derrota del FdT a "la agenda igualitaria". Coincide palabra por palabra con la "Fuerte advertencia de un arzobispo cercano al papa Francisco", también difundida por Infobae. El arzobispo Víctor Manuel Fernández que le da "poco tiempo" al Presidente por “entretenerse con el aborto, la marihuana y el lenguaje inclusivo”. Se parece mucho a los delirios de la Pastora que encarna Mercedes Morán en El Reino. Pero Arena también coincide con Larreta, Vidal, López Murphy, Lousteau y Milei en el reclamo por la flexibilización laboral, aunque sobre esta cuestión no es tan reiterativa como contra las políticas por la ampliación de derechos. Solo lo desliza subrepticiamente en dos párrafos, como al pasar. Lo que más me asombra es que estas posturas de la derecha patriarcal y explotadora sean abrazadas por algunos militantes del campo popular que o leen distraídamente o en verdad no han pensado a fondo en el concepto de "justicia social".

Afortunadamente no todos son tan papamoscas. La compañera Muñeca Brava y el amigo César González sí comprendieron el embrollo ideológico de Arena enunciado desde el supuesto sujeto "Grandes Mayorías". En Alemania de la década del 30 también había "Grandes Mayorías", así que habría que ser menos atolondrado al usar las palabras y al leerlas. Acá reproduzco las respuestas de Muñeca Brava y de César González al balurdo de Arena.

Atenas, de César González

por Muñeca Brava (@claricechurros en Twitter)

El domingo 12 de septiembre el peronismo hizo su peor elección legislativa en casi 12 años. Perdiendo alrededor de 4 millones de votos, con una pandemia de un año y medio a 99 días de asumir (parece que no se repitió lo suficiente esta parte), los cambios de gabinete no tardaron en llegar. Los análisis políticos, sin embargo, llegaron mucho antes. Muchxs atribuyeron la pérdida de caudal de votos a la “mala gestión” de la pandemia, muchxs a la inflación, muchxs a la poca recomposición salarial derivada de la inflación y de la mala gestión de la pandemia; hubo una línea de análisis político que me llamó la atención porque es con la que quiero polemizar ahora y con la que me siento también en condiciones de discernir porque me toca a niveles personales y afectivos. La línea de análisis que le achaca al gobierno concentrarse en “la agenda de las minorías” y no “en el hartazgo producto de la mala gestión de la pandemia, la inflación, la poca recomposición salarial”. Estoy glosando cosas que les leí en twitter a muchxs compañerxs, y es por eso que ahora me interesa entablar un diálogo lisa y llanamente con compañerxs peronistas, más allá o más acá de que se identifiquen como feministas. Con la gente de derecha no tengo mucho que hablar.

Antes de ir al carozo del asunto, me gustaría hacer un excurso para preguntar qué entienden por “agenda de minorías”. Porque pareciera que reconocer que hay una identidad que no es ni la femenina ni la masculina en el documento, en términos civiles, supone una conquista de una minoría y no una cuestión de derechos. Reconocer que existen otras identidades no implica “darle un gustito” a una “minoría”, sino empezar a darle entidad institucional a un grupo -no necesariamente minoritario en términos cuantitativos — que antes no la tenía. Me gustaría preguntarles a lxs que se la pasan hablando de que la justicia social excluye a los derechos identitarios de las personas que no nos identificamos ni con la F ni con la M (alo, no son solamente lxs nobinaries, acá entramos también las lesbianas y eso ya lo dijo Wittig en otro siglo y no tenía nada que ver ni con el Ni una menos ni con nada parecido a lo que mucha gente entiende por feminismo argentino ahora) si tienen, en términos concretos, es decir numéricos, es decir, materiales como les gusta a ellxs, un número que diga que somos minoría. Quizás si la expectativa de vida de las travas no fuera menor de 40 años dejaríamos de ser registradxs como minoría. Quizás si no hubiera sido hace menos de 20 años que aprobaron el matrimonio igualitario, el Estado podría haber llevado hace más tiempo una cifra más específica de la cantidad de parejas homosexuales que hay en nuestro país. Quizás si no tuviéramos miedo de salir a la calle por la violencia homolesbotransodiante y muchas veces nuestras relaciones amorosas quedaran para adentro, el mundo empezaría a registrar un poco más que no somos minoría. Quizás si desde pendejxs no hubiéramos sido socializadxs desde la más profunda heteronorma dejaríamos de ser leídxs como una minoría. Disculpen, compañerxs, pero nuestra identidad, nuestra dignidad no es un “tema de agenda”, ni es una cuestión que le debería competer solamente a un gobierno (del partido que sea), ni las personas que no nos identificamos según sus valores heteronormados somos una minoría. Hagan la prueba de preguntarles a sus amigxs. Cuántxs de ellxs muchas veces no se identificaron ni como hombres ni como mujeres, cuántxs sintieron que los mandatos de género se les hacían pesados, dogmáticos, opresivos. Cuántxs de ellxs sintieron atracción por alguien de su mismo género o se preguntaron cómo sería una vida por fuera del matrimonio heterosexual. A veces está bueno preguntar un poco más y suponer un poco menos.

Ahora, sigo mi rumbo. Cuatro días después de las PASO Infobae publicó una nota de Mayra Arena que se titula “Derrota electoral del Gobierno: no conciben que un pobre no los banque ideológicamente”. En la nota se esgrime este mismo argumento como cabal en la pérdida de la gran cantidad de votos que se perdió. Voy a empezar a citar para poder responder punto por punto específicamente. Dice Arena: “el precio de sentirse inclusivo se paga caro: dejás afuera a muchos que todavía no resolvieron demasiados quilombos como para seguirte el tren. No me terminó de cerrar el feminismo y ya me estabas corriendo con la movida no binarie.” Uno de los grandes debates del feminismo en los últimos años fue las diversas acepciones del término “inclusivo” (a propósito del lenguaje no binario o género sensitivo, popularmente conocido como ‘lenguaje inclusivo’). La pregunta es en realidad una pregunta por el sujeto político del feminismo, y más que por la inclusión es una pregunta por lo que menciona al instante Mayra: la exclusión. ¿Quién incluye a quién, y en dónde? ¿Qué se supone que hay que resolver antes de qué cosa? ¿A qué tren se refiere? Por otro lado, decir “la movida nobinarie”, es bastante parecido a decir “el lobby lgbt”, nuevamente aparece esta idea de “las agendas”, como si — otra vez- no se tratara de la vida de las personas, como si las personas que no tienen para comer no fueran también travas, trans, maricas, lesbianas o nobinaries, como si la inclusión no fuese multifacética. No sé qué imaginario tienen sobre “aquellos que todavía no resolvieron los quilombos como para subirse al tren del feminismo”, pero les aseguro que — en términos generales — conozco más gente rica o clase media que pobre que deslegitima la identidad de género como poco prioritarias y como una cuestión ajena. Como si identificarse con el género asignado al nacer no fuera, también, elegir una identidad. No: lxs unicxs que la elegimos somos lxs que luego, con el devenir de la vida, elegimos una diferente. Pero el acceso a derechos civiles forma parte de la buena vida de lxs sujetxs en sociedad, no es asunto ni de ricxs ni de pobres ni de cis ni de travas. Obviamente una x en un DNI no le da de comer a nadie. Pero la “f” y la “m” en el DNI tampoco. Justamente: van por carriles diferentes aunque forman parte de las cuestiones que hacen a una vida digna en sociedad. Decir “justicia social” creyendo que hay cosas que son más justas o prioritarias que otras supone que hay una jerarquía en las precariedades de las existencias; de todas, no solamente de las que ustedes consideran ‘minoritarias’. Y si hay algo en lo que creo fuertemente, es que la política debería ser un tema universal, como lo son todos los derechos humanos. A nadie se le ocurriría decir que para luchar por la memoria, la verdad y la justicia tenés que ser hijx de desaparecidx o nietx recuperadx. A nadie se le ocurriría decir que solamente lxs judixs podemos indignarnos por el antisemitismo. Hay una — mala- lectura de la bibliografía sobre políticas identitarias que tuvieron preponderancia del 2010 a esta parte en la academia yanqui que hace creer que los derechos son solamente asuntos del sector que todavía no accedió a ellxs. Yo soy clase media blanca universitaria porteña y aún así me indigna que cada compatriota mío no pueda llegar a fin de mes, no hace falta ser pobre o haber nacido en una villa para que me indigne la miseria, para luchar por una sociedad más justa. Entonces, ¿por qué les cuesta tanto? Según Mayra, la sociedad se divide en dos grandes grupos: ‘los comunes’ y ‘las minorías especiales’. Cito: “Una población que viene empobreciéndose hace años en picada, enojada por la falta de escuela, destruida por las restricciones de la pandemia viendo cómo las políticas siempre parecen tocarle a gente “especial” o minoritaria. ¿Y yo, que soy común, para cuando?”. No es muy distinto a los discursos conductistas de reconversión, basados en la idea de que hay ‘gente común’ y ‘gente especial’ (por favor, el léxico capacitista…) y ahí estaría para contestarles como Susy Shock: “y que otros sean lo normal”. O lo común.

Pero no, o sea, la amo a Susy, pero no. Porque ¿saben qué? Yo también quiero ser lo común. Y quiero que mi hermane sea lo común. Y que llegar a fin de mes sea lo común. Y que tengamos todxs una vida digna, en todos los aspectos, porque lo material y lo simbólico nunca van separados.

Dejándonos en el lugar de lo no-común, viene la gran muletilla de lxs que nos tildan de exageradxs cuando nos enojamos por querer ser, aunque sea, un poquito comunes: “la corrección política”. Necesito, por favor, que alguien, quien sea, me defina el término “corrección política” y por qué lo usan peyorativamente, y por qué en todo caso querer que alguien tenga para comer a fin de mes es “políticamente incorrecto”. ¿Qué es lo correcto y lo incorrecto? ¿Quién y cómo lo juzga? ¿Dónde está el manual que señala las normas de la política para ver qué entra en cada casillero? Porque, si no, me parece un pelín arbitrario. Cuando la campaña por el aborto legal, seguro y gratuito empezó a hacer rosca para que se apruebe la ley todo el mundo decía que no era prioridad. “La gente no tiene para comer, mirá si un gobierno se va a concentrar en que las mujeres puedan decidir si ser o no ser madres”. Lo recuerdo bien en mis reuniones de formación política de una orga profundamente peronista. Pasó en 2013, no en 2015 post primer Ni una menos. Lo que pasa es que es muy fácil dejar en ridículo al otrx en lugar de escuchar un poco por qué reclama lo que reclama. A mí también me pasaba. Es una posición que se pretende profunda y crítica, pero que lo único que hace es traficar un extremo conservadurismo. Mismito argumento que usaba Pola Oloixarac cuando decía que cómo iban a aprobar la Ley de Identidad de Género antes que la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, que eso era invisibilización de las “mujeres de verdad con útero” (suena parecido a ‘las personas comunes’, ¿no?). Así como se dice “corrección política” peyorativamente también se dice “moralista” de forma despectiva, como si la moral no fuera asunto de todxs, como si todxs y cada unx de nosotrxs no tuviera su propia moral. ¿Acaso creen que Milei se cree amoral? ¿Creen que Videla no creía que hacía lo que hacía por el ‘bien moral’? ¿Creen que hay gente común por fuera de la moral, y después estamos lxs de izquierda peronistas feministas nobinaries hincha pelotas no-comunes que estamos ‘dentro’ de la moralidad? ¿Qué definición de moral usan? No soy especialista en derecho ni en filosofía política ni en ética, y no estoy pidiendo definiciones académicas, sino teórico-políticas que vengan a cuento de esta discusión. Porque la moral no tiene nada que ver con cuestionar que se siga leyendo a tal autor o escuchando a tal músico con denuncias, y en todo caso pensar que es la agenda twittera de la ‘cancelación’ (¿la persecución sistemática a funcionarios kirchneristas no era cultura de la cancelación?) la que define elecciones. Y acá viene la parte que más me llamó la atención de toda la nota: “Y acá entra algo incómodo para muchos pero que es necesario decir: las grandes mayorías no tienen agendas ideológicas. Las grandes mayorías no quieren que les rompas las pelotas, y tampoco te las quieren romper a vos”. En primer lugar, no entiendo: ¿a quién le habla? ¿quiénes son las grandes mayorías y quiénes son ‘vos’? Y ¿no es un poco el efecto de la ideología creerse por fuera de la ideología? ¿No es un poco condescendiente pensar que existe algo como ‘una gran mayoría’ que ‘no tiene una agenda ideológica’? ¿Qué sería una ‘agenda ideológica’? ¿Querer tener para comer no es ideológico? ¿Las condiciones materiales estructurales están por fuera de la ideología? ¿Y qué tiene que ver ‘la ideología’ con ‘cancelar artistas’ o con ‘la movida nobinarie’? ¿No será que están metiendo todo en una bolsa para no hacerse cargo de que en realidad les chupa un huevo la existencia de las personas “no-comunes”? ¿Creer que ‘las grandes mayorías’ —hay que ver qué es- no se pueden ocupar de cuestiones ‘simbólicas’ —de nuevo veamos qué es, porque a mí recibir un título secundario o universitario, por ejemplo, con tu nombre y tu género me parece bastante concreto- porque están demasiado ocupadxs leyendo el ticket del chino para comer, no es un poco condescendiente, por no decir simplista?

Yendo a la parte de economía, y porque ya me estoy extendiendo un montón, Mayra sigue: “Si la progresía se vuelve norma es natural que la resistencia sea conservadora, pero además ¿pensaste qué quiere un pibe de veinte años? Quiere muchas cosas, pero ante todo descular cómo ganar plata para lograr esas cosas. Al mundo lo mueven los sueños, pero a esos sueños les faltan financistas”. Otra vez, desmontemos un poco la frase: ¿qué sería ‘la progresía? Y perdón que insista pero: ¿desde cuándo es norma? Si fuera ‘la norma’ entonces no haría falta la x ni se indignarían tanto porque está ahí. Nadie se indigna por la senda peatonal, es simplemente una norma de tránsito, la naturalizamos completamente, a nadie le interesa discutir que el rojo del semáforo signifique parar y el verde avanzar. Eso es lo normativo. Y “resistencia conservadora” es un oxímoron y, de nuevo, otra vez, escucho gente hablar por otra gente, y el siempre caballito de batalla: la juventud. Desde que tengo memoria, incluso antes de ser joven y siendo niña o adolescente, escucho a gente no mucho más grande que yo achacarle cosas, atribuirle cosas a la juventud. Lxs jóvenes que se embarazan por un plan. Lxs jóvenes que ni estudian ni trabajan. Resulta que ahora lxs jóvenes solo queremos ganar plata para “realizar nuestros sueños”, ¿hay algún slogan más liberal que ese? ¿“Follow your dreams”? ¿Posta? ¿Qué es esto? ¿El lobo de Wall Street? ¿El Gran Gatsby? ¿Ricardito de Okupas diciendo que la universidad no sirve para nada? ¿Ahora resulta que todxs lxs jóvenes argentinxs queremos el sueño americano y lo que necesitamos es un suggar-daddy-Estado que nos lo financie? ¿desde cuándo el Estado nos “debe” cosas a la juventud?

Voy a ir al último apartado sobre educación porque ya sé que para este punto nadie va a estar leyendo. Cito, les prometo, por última vez: “Por suerte, no me corrió con lo que te corre la militancia sorda: “clases siempre hubo”. ¿Para quién? Para los que pudieron adaptarse al cambio, para los que tenían más de un celu por familia, para los que tienen Wifi. Habrá muchos niños héroes que se las arreglaron para seguir sin nada de eso, pero la educación es un derecho, no una actividad para niños extraordinarios.” De nuevo, voy a destripar estas oraciones. Al parecer, lxs docentes que piden que se les reconozca su laburo de un año y pico es ‘la militancia sorda’. Es cierto, no se resolvió el problema de conectividad ni de accesibilidad a internet. Es cierto, muchas familias tuvieron que malabarear con teléfonos e internet para poder seguir las clases por zoom. Ahora, no hay nada de heroico ni de extraordinario en eso justamente porque es un derecho y como tal debería ser accesible para todxs. Las fallas estructurales en la reorganización de las clases o la adaptación de las clases a distancia no hizo otra cosa que seguir mostrando la desigualdad material en términos de conectividad, digitalidad o incluso alfabetización digital (lo cual también corre para otras profesiones). Lxs docentes han sido históricamente un colectivo que, tal como “las minorías no comunes” siempre recibe los latigazos. Recuerdo el año 2017, cuando María Eugenia Vidal proponía -ante un reclamo de mejoras salariales que se encarnó en un paro por tiempo indefinido — reemplazarlxs por voluntarixs. El gobierno de Horacio Rodríguez Larreta ajustó, siguiendo la línea de Macri años antes, año a año el presupuesto destinado a educación. En el año que todas las escuelas estuvieron cerradas y se ahorraron todos los gastos infraestructurales y de logística (luz, gas, lxs nodocentes, etc) no se invirtió un solo peso en darle computadoras a lxs estudiantes ni en asegurarse de que todxs tuvieran un buen WiFi. obviamente es facil echarle la culpa, otra vez, al gobierno nacional, primero de poner x en los dnis, luego de querer detener lo más posible la actividad que más circulación en las calles genera: la movida de llevar a todxs lxs estudiantes al colegio y usar el transporte público que- dicho sea de paso — tampoco se invirtió un solo peso en mejorar. No por el incordio que generaba armar el sistema de burbujas y los protocolos que ponían más foco en el alcohol en gel que en la distancia y la ventilación. Si no por el hecho de que quedó demostrado en absolutamente todas las partes del mundo que la escuela es la actividad que más gente hace mover y que más gente acumula y aglomera. Obviamente no es inocuo tener a pibxs y adolescentes aprendiendo por zoom un año. Pero nada en esta pandemia es inocuo. No entiendo, ¿creen que para algunxs es más traumático que para otrxs? ¿que en algún lugar del mundo no se sufrieron consecuencias en todos los planos de la existencia -social, afectivo, económico, educativo, psicológico—individual y colectiva debido a la pandemia? En los lugares que se abrieron los colegios a los 2 meses se tuvieron que volver a cerrar ante las nuevas variantes. Incluso hasta el día de hoy Francia e Israel tienen cierres y aperturas intermitentes.

Nuevamente el argumento conservador de que “las cosas estaban mejor y solo pueden ser como eran antes” y las clase solamente son clases cuando están los 32 alumnxs aglomeradxs en un aula con unx docente a cargo. Nunca —y acá culpo también a los funcionarios del gobierno, que son a quienes votamos para esto- nunca se les ocurrió pensar alternativas que propusieran nuevos modelos educativos que no requieran volver a lo que pasaba antes, ¿por qué todo se vive en términos dicotómicos? ¿presencialidad vs. virtualidad? Nunca nadie habló de modelos mixtos, o de que desde el siglo XIX Sarmiento señalaba el problema de que tantxs chicxs juntxs en un aula era perjudicial para un acompañamiento íntegro de las trayectorias escolares.

Lxs feministas como lxs docentes siempre somos tildadxs o de vagxs o de exageradxs o de algún mote peyorativo que deslegitima nuestros reclamos y hace quedarnos como fuera de lugar. A esto se le suma ahora lo nuevo: “moralistas” y “políticamente correctxs”. Históricamente ha sido así, ya se debatía a principios de siglo XX cuando estaba en boga el considerar a las mujeres ciudadanxs, y en las primeras asambleas por el voto femenino. Muchxs sindicalistas veían a las sufragistas como unas fantoches de clase media que solo abogaban por la “agenda de las minorías [en ese entonces] pequeburguesas”. La diferencia: las sufragistas se decían abiertamente feministas cuando lxs sindicalistas, aún practicando el feminismo, no se identificaban como tales. El voto femenino terminó incluyendo a todxs por igual, pero aún así se sigue reproduciendo la lógica de que hay ciudadanos de primera (‘los comunes’, ‘los que tienen las necesidades básicas irresueltas’ y de segunda, ‘los que entran dentro de la agenda de las minorías’).

Propongo volver a los términos a su acepción más primitiva, solicitando por favor no se me acuse de obtusa. Que “agenda” se use solamente para hablar del cuadernito que usamos para anotar las tareas, y que digamos ‘minoría’ solamente si tenemos en términos concretos un número que respalde esa palabra. No me interesa ningún tipo de dogma, pero a veces está bueno hacerse cargo de que algunas palabras ofenden y por qué ofenden, sobre todo según el sentido que adquieren en determinados contextos argumentativos. Salvo que no les importe ser ofensivxs.

Cierra, y no entiendo tampoco por qué dice esto que dice: “A la crisis económica se le responde con acciones y a la crisis de identidad política se le responde con los brazos abiertos: basta de echar gente porque no coincide en alguna cuestión irrelevante. ¿A dónde se vio que el peronismo excluya a los que no se van aggiornando a la época?”. ¿Cuáles serían las cuestiones irrelevantes que van excluyendo gente al punto de que se erosionó el caudal de votos como se erosionó? El gobierno de Alberto Fernández demostró perder su poder mucho antes de estas elecciones. No fue hace tanto que quiso decretar una nueva fase 1 en todo el AMBA por tener todas las alarmas en términos de circulación del Covid (camas de terapia intensiva ocupadas y cantidad de contagios x habitantes) y suspender las clases por 15 días, cosa que no pudo hacer porque la Corte Suprema le dio aval a un amparo presentado por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires que deslegitimaba esta medida de cuidado.

Aprovecho la nota de Mayra, quien se considera militante peronista, para dialogar con todxs lxs compañerxs peronistas. No necesitamos un peronismo menos feminista, necesitamos un peronismo más feminista, es decir que todxs lxs compañerxs peronistas sientan como propias las banderas del feminismo y no al revés. No le otorguemos el nombre de “resistencia” a quienes no hacen otra cosa que sostener y seguir alimentando su conservadurismo. Necesitamos más progresismo, no menos progresismo. En algo coincido con Arena: lo peor que podría sucederle al país es cuatro (¿y por qué no ocho?) años de gobierno de derecha en las elecciones de 2023. Fallamos si tenemos compañerxs repitiendo que el feminismo es parte de la agenda de las minorías y no una de las cuatro patas que sostienen a la gran mesa de la Patria Peronista además de las otras 3 que al parecer ya forman parte de nuestra senda peatonal, ya las naturalizamos, las masticamos, digerimos y no las cuestionamos para nada: justicia social, soberanía política y una economía libre de buitres y usureros.

 * Publicado en el blog Muñeca Brava

Atenas, de César González

Agrega en Twitter César González: "Como villero quiero dar mi punto de vista sobre la nota de Mayra Arena. Creo que el primer inconveniente es aglutinar a la fuerza a todes les habitantes de los barrios populares bajo una supuesta ideología total que rechaza las conquistas civiles por no ser económicas. 

"Doy fe de que la agenda feminista tiene un fuerte arraigue en los barrios populares. Por ej. La ILE fue ampliamente debatida y celebrada por miles y miles de mujeres villeras, que eran, sobre todo, las que terminaban abortando en atroces circunstancias. 

"Conozco muchas pibas de los barrios populares que usan el lenguaje inclusivo, que creen y militan por la justicia social, injustamente planteados en su nota como ámbitos excluyentes. Conozco muchas villeras travestis, trans, felices por el acceso al DNI, por los cupos laborales. 

"La fuerza y contundencia de la agenda de derechos para la mujeres e identidades no binarias de nuestro país es un orgullo transversal a las clases. Pero en lo concreto para los barrios populares ha sido una herramienta que ha empoderado y generado conciencia en miles de pibas. 

"La realidad de los barrios populares es contradictoria, no hay un canto monocorde que rechaza el lenguaje inclusivo. Existen ambos polos, a las generaciones nuevas le resulta ya familiar. Y como en el resto de la sociedad también surgen temores conservadores ante lo nuevo. 

"Lamento su postura tan punitivista, como si los barrios ya no estuviesen inundados de fuerzas de seguridad que violentan permanentemente a lxs pibes. ¿Qué hay de nuevo en su posición de indignarse por una supuesta defensa institucionalizada del delincuente?  

"Roza el lombrosismo cuando habla de "La baja de la talla en los delincuentes, cada vez más flacos, más petisos, más aniñados, ha generado que mucha gente se resista a los robos y se resuelva todo en un mano a mano". No cuestionarla solo por ser pobre es por culpa pequeñoburguesa. 

"También me resulta muy triste su cliché "Antiplaneros" tan afín al sentido común más reaccionario, como si desconociera las irrisorias cifras monetarias de esos planes, que así y todo si no existiesen más miseria habría en nuestra patria. 

"Por último y a título personal digo que en los barrios populares las mejores condiciones de vida, tanto a nivel material como simbólico, las han generado siempre los gobiernos de centro-izquierda, aun con todas sus cobardías y falencias".

sábado, 20 de marzo de 2021

Tiburones y lagartos

Piazzolla II: sublime y abyecto



El primer músico que aparece en el video que se puede ver al final de este párrafo es Tomás Gubistch, jovencísimo, recién salido de Invisibe. Toca solo el pasaje inicial de esta versión de "Libertango", un ejemplo notable de la música que Piazzolla estaba haciendo en Europa durante la segunda mitad de los 70. El resultado es tan deslumbrante que es imposible adivinar que esa banda vivía por esos días en un ambiente tóxico. Piazzolla maltrataba a sus músicos, los acusaba de no estudiar, les pagaba menos que lo que correspondía por trabajar en la grabación de un disco en vivo, los acusaba de comunistas. Lo peor no es eso: la gira europea estaba financiada por la dictadura para contrarrestar las denuncias sobre violaciones de derechos humanos en Argentina, "la campaña antiargentina en el exterior". Gubistch, el pibe que empieza a tocar en el video, fue a la gira sin saber que los bancaba la dictadura. Cuando antes de un show, Piazzolla les ordenó a los músicos que en el escenario no dijeran nada contra "la Argentina" porque esa noche iban a estar presentes oficiales de la Embajada, a Gubistch le cayó la ficha. A propósito, metió en su solo una cita de "Hasta siempre, comandante", la canción dedicada al Che. Piazzolla le dirigió una mirada furiosa. Además, como se estaba grabando el disco en vivo, Astor gastó horas de postproducción en borrar obsesivamente todo rastro de ese pasaje subversivo. 


En entrevistas concedidas a revistas masivas como Gente y Radiolandia, Astor se quejó de que sus jóvenes músicos, reclutados pocos meses antes en el ambiente del rock progresivo, fueran un grupo de ególatras, izquierdistas y drogadictos. Omitía que la raíz del conflicto se hallaba en que ellos descubrieron durante la gira el compromiso de su jefe con el régimen. En el clima de terrorismo de estado de aquella época, Piazzolla pasó de la autocensura a la delación pública. ¿Existe un pecado más bajo que buchonear a tus compañeros en medio de un genocidio? Eso le ocasionó al joven Gubistch que el consulado le tratara de imponer una declaración de arrepentimiento: querían que diga que había sido "adoctrinado por elementos sediciosos del terrorismo internacional", algo que el pibe rechazó con una puteada. El joven Gubistch, que tenía todo para ganar como parte de la banda de uno de los músicos más prestigiosos y exitosos de esa época, prefirió perder ese lugar de exposición.  Las historias se pueden contar desde diversas perspectivas y Piazzolla eligió la más favorable para él. A las quejas sobre el izquierdismo y la drogadicción de ellos, agregó una excusa sobre sus propios límites estéticos:

"Los franceses, que conocen muy bien mi obra, me hicieron una especie de planteo. «¿Qué le pasa, Piazzolla? ¿Qué hace con este conjunto? El mundo está lleno de guitarras y bajos eléctricos, de sintetizadores y órganos. Así es uno más. Pero con instrumentos acústicos usted tiene uno de los mejores conjuntos del mundo, vuelva al Quinteto». Lo pensé y me dije: esta gente tiene razón. Yo soy Piazzolla, mi música tiene que ver con el tango. ¿Qué tengo que ver yo con la fusión jazz rock?". Así recapacita sorpresivamente Piazzolla, quien nunca estuvo predispuesto a ceder a las demandas de los que pedían que "volviera al tango" y de repente se dio cuenta, por lo que le decían unos franceses, que había perdido el entusiasmo que poco antes alardeaba sobre los jóvenes músicos de rock.

Su actitud de buchón de los milicos o el almuerzo con Videla no agregan ni quitan nada a la calidad de su música. Pero esta pincelada enriquece al personaje y permite complejizar la mirada hacia un artista al que su obra nunca puede quitarle su carácter terrenal. La obra resiste las agachadas del creador. Esto vale para Piazzolla y para cualquier otro. 



En estos días hay una serie de HBO, Allen vs Farrow, que propicia el clima de cancelación que está sufriendo la obra de Woody, basándose en una manipulación de testimonios que cualquier documental puede hacer fácilmente para poner al espectador en el lugar de juez. Entre las "pruebas incriminatorias" contra Allen, la serie de HBO incluye fragmentos de películas del cineasta que "demostrarían" que es un pedófilo. [Vean la interesante nota que escribe al respecto Hernán Schell en A Sala Llena]

En los años 90, cuando este clima de cancelación todavía no tenía el impulso actual, en la revista Parte de Guerra publicamos tres notas que ahora suenan premonitorias. 

En 1946 un sector de la izquierda europea, siguiendo la huella de György Lukács, había dictaminado que la literatura de Kafka conducía a un pesimismo reaccionario, por lo que consideraba la posibilidad de que se hiciera efectiva la voluntad expresada por Kafka a su amigo Max Brod y que su obra inédita (la mayoría de lo que escribió) fuera, diríamos hoy, cancelada. Action, una revista comunista francesa hizo la encuesta "¿Hay que quemar a Kafka?". El cuestionario se componía de tres preguntas:

1) ¿En qué medida juzga usted que los imperativos sociales y políticos deben regir las formas y los temas de la obra literaria? ¿Es usted de la opinión de que el escritor puede decir aquello que le plazca, sin otra preocupación que la calidad auténtica de su obra?

2) ¿Qué piensa usted de la LITERATURA NEGRA? ¿La juzga usted moralmente nociva y socialmente reaccionaria? ¿La condena usted en bloque, o cree que hace falta distinguir diversas variantes, más o menos justificables?

3) ¿Piensa usted que la literatura de nuestro tiempo debe ser una literatura OPTIMISTA? ¿En qué sentido entiende usted esa palabra? 

En Parte de Guerra repusimos esa pregunta en tapa con intención provocativa y nuestra línea editorial resaltaba el ridículo del mero planteo.

En los 90 hubo otras tendencias anticipatorias de la cancel culture: el chileno Víctor Farías escribió Heidegger y el nazismo, acopiando documentos que reafirmaban los ya conocidos vínculos del filósofo suavo con el partido nazi en 1933. La publicación del libro de Farías reavivó la tendencia a destituir su obra filosófica. En Parte de Guerra hicimos un dossier criticando esa operación obtusa de sectores filosóficos que pretendían "refutar" la filosofía de Heidegger sin leerla. Algún lector se mostró molesto porque hubiéramos destacado los aportes de su pensamiento para comprender el mundo actual, como si eso nos hiciera complacientes con el nazismo. 

Por los mismos años se reactivó el asunto de la presunta pedofilia de Lewis Carroll, su inclinación a vincularse con niñas y sacarles fotos, que siempre fue conocida y discutida. Una de esas niñas era la propia Alicia, a la que Carroll le dedicó Alicia en el país de las maravillas. En la revista sosteníamos el absurdo de quienes querían condenar la obra de Carroll por estas sospechas. También recibimos en el correo de lectores la carta de una psicoanalista de renombre, indignadísima porque le parecía que la nota era (o corría el peligro de ser) una suerte de apología encubierta de la pedofilia. 


Hace días vi la interesante película Los años del tiburón de Daniel Rosenfeld y pude constatar que esquiva con aplicación el asunto del colaboracionismo y la delación de Piazzolla. El tema del almuerzo con Videla se resuelve cuando su hijo aparece alegando que la dictadura lo había "obligado" a ir a almorzar con el genocida y que él fue por miedo. La película no avanza más allá de esta excusa inverosímil. ¿Quién podía obligar a la personalidad indómita del cazador de tiburones, una celebridad internacional, a almorzar con un milico? Quizás su autor haya considerado que incluir una nota muy oscura de la vida de Piazzolla podría disminuir la grandeza de su música u obstruir la fluidez del relato. El almuerzo apareció en esa época en la tapa de los diarios, lo que produjo una grave ofensa en Diana, la hija de Piazzolla, militante del Peronismo de Base exiliada por entonces en México, cuyo segundo marido estaba encarcelado por la dictadura, que inició a partir de esto un distanciamiento con su padre que duró muchos años. 

Rosenfeld no hurga en ese episodio, en cierto modo modo fundante de su propia película, en gran parte basada en los testimonios que Diana tomó de su padre años después, cuando aceptó el perdón que Astor le pidió por su defección. La película habría sido inquietante y más interesante de lo que ya es: ese tipo genial quedó asociado a uno de los momentos más negros de la historia argentina. Había hecho la más maravillosa música, había conocido a Gardel, a Borges, a Troilo, con todos ellos compartió sus obras artísticas y no se trató de simples cruces casuales. Piazzolla y la dictadura es una clave y un clavo doloroso de la Argentina. El reencuentro de Diana con Astor del que salen muchísimos de los testimonios que la película expone es el consecuente de su anterior desencuentro.

El asunto aparece relatado en tres libros: el Astor de Diana, Piazzolla. El malentendido de Diego Fischerman y Abel Gilbert y Tigres en la lluvia de Martín Graziano y en sendas notas de Página 12 [acá y acá]. En cambio, la canonización de Piazzolla alcanza a un tipo tan suspicaz e implacable como Horacio Verbitsky, quien hace pocas semanas cayó él mismo en desgracia por el llamado "vacunatorio VIP" y debe estar sufriendo ahora el clima de cancelación que hoy impera. Verbitsky es un gran admirador de Piazzolla, al que llama con veneración "Pantaleón", su segundo nombre. Cuando Verbitsky vio Los años del tiburón salió naturalmente conmovido. Al final de una nota sobre la película, en febrero de 2019, lanza una advertencia a un comentador anónimo del sitio web que se dedicaba a criticar los textos sobre música de El Cohete a la Luna: "Al tonto que todas las semanas cambia de nombres para abominar de la música, de mí puede decir lo que quiera, que me trae sin cuidado. Pero si se mete con Astor, lo bloqueo de un clic. Es una cuestión de proporciones". Verbitsky no mostró la misma flexibilidad al condenar el presunto colaboracionismo del obispo Beergoglio con la dictadura. Hizo valer las dudas contra Bergoglio, pero fue inusualmente indulgente en favor de Astor.


Hoy, en plena revolución de las mujeres contra el patriarcado, no parece plausible esquivar el ninguneo de Piazzolla hacia Amelita Baltar. En su reencuentro con su hija Diana, él le pidió que escribiera el libro de su vida, con una sola restricción: que no mencionara a Amelita, pedido que la película no explicita. Ella fue la compañera en dos momentos muy notorios de la obra de Astor: la ópera María de Buenos Aires y su canción más popular, "Balada para un loco", cuyo estreno provocó un sonoro escándalo y un éxito inmediato. Así como la película dedica una secuencia al primer divorcio de Astor, la figura de Amelita queda reducida a su mínima expresión, aparece y desaparece de pronto y sin por qué, como cumpliendo a medias el mandato de Astor. ¿Por qué Astor la quiso borrar? ¿Por qué la película la deja en esa zona imprecisa? 

Probablemente incluir estos aspectos podría ser interpretado como un intento de desvalorizarlo como artista. El campo de batalla se dividiría entre quienes lo defenderían negando su colaboracionismo y su machismo y otros que sobre esa misma base propondrían cancelarlo. Yo creo que ese contraste violento entre lo sublime y lo rastrero es lo más interesante para pensar el arte.

sábado, 7 de marzo de 2020

Niña Mamá


En pocas películas actuales puede percibirse tan claramente el orden patriarcal y su puesta en crisis como en el documental Niña Mamá, de Andrea Testa.

En los últimos años se hizo habitual oír y leer discursos académicos sobre el carácter sistemático del patriarcado como el pilar que sostiene el orden -injusto- establecido. Dicho así, suena universal y abstracto; quizás también a algunos les suene a una exageración antojadiza. Estos estudios, bien intencionados y útiles para desafiar los prejuicios e instalar discusiones en el campo de los saberes instituidos, resienten su eficacia por su carácter teórico, es decir, por su incapacidad para tocar los cuerpos.

El orden patriarcal suena a concepto en boga o a bandera de lucha universal y abstracta, reduccionista e incontaminada por la lucha de clases, cuando la fuerza del patriarcado se inscribe precisamente con mayor elocuencia en el cuerpo de las niñas pobres. Esto sería una verdadera paradoja si no reparáramos en que toda forma discursiva cumple un régimen que delimita el rango de lo decible y de lo que se expone en el decir. No es paradójico cuando advertimos que la teoría es una forma de hablar a medida del orden milenario que, si no responde directamente al afianzamiento patriarcal, al menos ha demostrado ser muy compatible con él.

¿Desde dónde hablar? Esto es ¿Cómo no hablar la lengua del amo? ¿De aquel que nos dotó de las palabras y conceptos para poder decirnos y pensarnos? ¿Cómo no hablar la lengua de los hombres, la lengua del colonizador, la lengua de la razón de estado y su consiguiente reclamo de derechos, la lengua del capital? se pregunta Laura Llevadot en su breve ensayo "La violencia que no ves", que sirve de Prólogo al libro de aparición reciente Gloria Anzaldúa: Poscolonialidad de Martha Palacio Avendaño.

La violencia no la llega a ver un hombre o una mujer que desconfían de la sofocante opresión patriarcal cuando solo se reproduce la lengua del amo. Asimismo, la espectacularización que rige la comunicación televisiva es formalmente violenta, de modo que no puede mostrar la violencia patriarcal sin reproducirla. Un cine artesanal, ni espectacular ni teórico, sino cuidadoso como el que practica Andrea Testa en Niña Mamá, puede hacernos ver esa violencia que no vemos y que reproduce cotidianamente el orden patriarcal.

El cine tiene la capacidad de registro de los cuerpos y de las formas del habla popular. En Niña Mamá hablan chicas muy jóvenes de los barrios pobres del conurbano bonaerense, apenas salidas de la infancia, algunas de ellas ya madres de varios hijos, a menudo maltratadas por sus parejas o sancionadas por la condena familiar. El moralismo deja de ser una declamación de principios cuando se ven los efectos violentos de la mirada moralista sobre los cuerpos vulnerados. 

Testa filma a una serie de chicas que acuden a consultorios de hospitales públicos después de haber sido dañadas por la violencia física del macho y también por la violencia simbólica del moralismo familiar e institucional. Y por la voluntad social de no ver que el hilo se corta por lo más delgado. Mujeres, niñas y pobres: el sector más frágil de la población de nuestro sistema neoliberal puede hacernos ver precisamente en su tremenda fragilidad la gran fortaleza de las vidas despojadas.

La mirada de Andrea Testa está mediada por el dispositivo hospitalario: la totalidad del metraje de su película transcurre en consultorios. En todos los casos, frente a las niñas madres, fuera de campo, se deja oír la presencia de jóvenes asistentes sociales, mujeres de una procedencia cercana a la de Testa. Pero la cineasta y su equipo se propusieron que la película se proyecte en espacios a los que las películas independientes comúnmente no llegan, para los sectores sociales más directamente implicados en lo que se muestra. *

Que las voces de las asistentes funcionan como la conciencia ética y política de la película es innegable. Para que la película se vuelva una experiencia de encuentro con estas experiencias invisibilizadas para el mundo pequeño-burgués, la mediación de las agentes hospitalarias es un factor facilitador. Las niñas pobres acuden al hospital público y se encuentran con mujeres profesionales comprensivas, que son al mismo tiempo pares de género y portadoras de un discurso ya elaborado en el ámbito de las ciencias sociales y el sistema sanitario. Las asistentes que hablan con un lenguaje amoroso y empático practican una disminución de los daños. Para los feminismos más radicalizados, esto puede ser un estorbo para reafirmar las impugnaciones más rotundas hacia el sistema. Este encuadre sanitario y estatal podría resultar un obstáculo para las posiciones que impugnan las biopolíticas estatales como tentáculos del mismo orden patriarcal. La película de Andrea Testa no se preocupa por complacer ese anhelo impugnador, sino que decide obrar como un puente entre sectores diversos.

En la medida en que esta mediación estatal se haga visible y muestre su propia fragilidad, sus límites de eficacia,  este obstáculo puede volverse productivo. A pesar de las posiciones más radicalizadas, el hospital público es en Argentina un espacio en disputa que no se debería regalar al sistema opresor.


* Respecto de cómo la película puede llegar a espectadores directamente implicades en la problemática que trata, me acota la realizadora, Andy Testa: "Como hicimos con todas nuestras películas y principalmente con Pibe Chorro, hemos garantizado todo un circuito de proyecciones con debates para que los sectores históricamente relegados del cine puedan asistir. Ya se está articulando con organizaciones sociales, escuelas, bachilleratos populares, programas como Puentes Escolares para niñes en situación de calles y un largo etcétera. No vamos a dejar abandonada la película solamente al circuito cómodo. Las protagonistas de la película también están pensando adónde quieren que se vea, en sus barrios.

"Como un aporte a la descentralización de la exhibición del cine, llenamos el Cine Teatro Helios en el estreno federal que va dando pasos. Niña mamá empieza a verse en otras pantallas".


Imágenes del estreno, el jueves último en El Palomar.


Las proyecciones van siguiendo este recorrido:

· Viernes 6 de marzo a las 19hs en el Cine Teatro Roma de Marcos Paz
· Sábado 7 de marzo a las 17hs en el Centro Cultural Kirchner en el marco del ciclo #NosotrasMovemosElMundo
· Domingo 8 de marzo a las 20hs en Espacio INCAA Tucumán
· Lunes 9 de marzo a las 20hs en la Alianza Francesa de Buenos Aires
· En La Plata se podrá ver hasta el miércoles 11/03 en el Cine Municipal Select - Espacio INCAA La Plata a las 17:30 hs. En la función del martes estará presente su directora para conversar con el público.
. Todos los domingos de marzo a las 18:00 hs podrán ver la película en el MALBA.

jueves, 21 de noviembre de 2019

El golpe de estado boliviano ya tiene su ala feminista blanca y burguesa: Rita Segato dice que Evo no fue víctima de un golpe, sino que cayó por machista y sindicalista

Lo que está pasando en Bolivia es una gran lección histórica contra el caciquismo (Rita Segato)



EVO CAYO POR SU PROPIO PESO: Rita Segato ante la crisis political (sic) que vive Bolivia

Radio Deseo es "la única radio feminista de Bolivia", según se autodefine. En medio del silbar de las balas de los milicos contra las indias e indios pobres que caen como moscas, cuando el aparato represivo se apresta a seguir matando y desapareciendo, cuando el luto ensombrece a nuestro continente, la conductora de "Pare de sufrir, luche" reclama la autocrítica del Movimiento al Socialismo. Valiente posición la de facilitarles discurso a los fascistas en nombre de las banderas de emancipación, cuando se impone el estado del terror y se sale a criticar a los perseguidos. Para eso, las chicas de Radio Deseo no tuvieron mejor idea que entrevistar a la charlista argentina Rita Segato que aprovechó la oportunidad para explayarse con regocijo contra el machismo y el caciquismo fundamentalista de Evo, que "más que un aymara es un sindicalista", lo que según ella justifica el golpe. Segato dice además que esta situación de muerte es un "momento de verdad" y una magnífica oportunidad de pensar formas más imaginativas de hacer política, de dejar la "mochila de la Guerra Fría" en la que según ella habría que optar entre un binarismo no sofisticado.

"Lo mejor es explicar las dificultades que tengo -balbucea Segato- por la visión extremadamente caricaturesca, estereotipada que los argentinos y las argentinas, o sea el sector crítico de mi país, tiene sobre Bolivia. Estoy quedándome en una soledad bastante desagradable".

"Es una gran lección histórica lo que estamos recibiendo y una gran oportunidad para entender un gran equívoco, sobre todo en la lectura que existe aquí [en Argentina] sobre lo que les está pasando a ustedes [en Bolivia]. El problema es que la visión desde acá es totalmente binaria: si Camacho es una figura inaceptable, malvada, no por eso Evo es una figura perfecta. Y eso es lo que me resulta muy difícil hacerle comprender a la gente aquí en mi país. O sea, hay de repente, más de lo que había antes, un endiosamiento de la figura de Evo y ser contraria a eso es difícil.

"Entonces se me ocurre decir que la crítica al binarismo es también una crítica que vale para pensar la política. Porque en el fondo hay un razonamiento binario al que le he llamado una 'mochila de la Guerra Fría', el fardo que todavía cargamos del bipartidismo, de la bipolaridad del mundo característica de la Guerra Fría, en que se pensaba solamente en términos de Bien o Mal, que hoy lleva a muchos y a muchas a pensar en una especie de Boca-River, o sea un partido entre buenos y malos, y ahí se cancela toda capacidad de razonar con sofisticación.

"En mi comprensión de los sucesos, Evo cayó por su propio peso. O sea, él incurrió en acciones a lo largo del tiempo y sobre todo más hacia el presente, que le causaron un quiebre de la credibilidad y luego un quiebre de la gobernabilidad. Para mí él no ha sido la víctima de un  golpe, sino la víctima del descrédito general en que se encontró en razón de varios (sic) de sus acciones. [...] Se fragilizó en el plebiscito en el que perdió con el 51% y ahí fue perdiendo credibilidad. Esto es lo que yo digo cuando hablo en mi país pero a la gente le cuesta mucho aceptarlo y pregunta lo siguiente: ¿será que es la hora de criticar a Evo, cuando las fuerzas que están surgiendo y la violencia nos obligarían a olvidar las críticas a Evo para ocuparnos de lo más urgente?


"Yo soy de la opinión de que no se puede perder esta oportunidad para hacer las críticas, siempre con un principio que hemos utilizado mucho en los derechos humanos pero que lo tendríamos que utilizar también en la política: el principio de la no repetición. Si no hacemos las críticas que tenemos que hacer al gobierno de Evo, a su manera autocrática de intervenir, de influenciar, la militarización del país que era visible antes de este golpe y su manera machista de encarar la política, el hecho de que es un sindicalista más que un aymara, o que es un sindicalista y no un aymara, ahí se fragiliza, fragiliza su credibilidad. Entonces fue muy fácil que las fuerzas que siempre conspiran, que asechan, que están muy bien orquestadas y tienen una asesoría internacional, que representan el fundamentalismo que amenaza a todas nuestras naciones, una forma de secuestro del cristianismo que lleva al fascismo, todas esas fuerzas salen a la superficie. Y entonces podríamos decir que es un momento de más verdad, porque esas fuerzas se encontraban ahí y un gobernante debería tener noticia de los riesgos que corre y la necesidad de no equivocarnos. Porque, cuando el proyecto histórico que tiene como meta mayor bienestar para más gente comete errores, se paga con sangre. Y se paga con sangre de los pueblos.

"Esto es lo que se puede decir en Argentina sobre la situación de Bolivia y aún así es muy difícil hacerse creer, porque con el surgimiento de las fuerzas tenebrosas a la superficie y la violencia que apareció, Evo está aquí prácticamente canonizado, lo cual es insoportable, entre otras cosas porque nosotras sabemos como es el machismo de Evo, algo que aquí cuando lo explico la gente no me lo cree, o sea la idea de que 'me jubilaré, y que cuando me retire lo haré con mi charango, con mi coca y con mi quinceañera', cuando lo digo la gente me mira con sospecha.

"Es importante hacer circular esta imagen de Evo para que la gente perciba que no es Camacho o Evo. Es necesario tratar de trascender esas dos posiciones y pensar libremente en términos de una posición, eh... más clara... eh, hacia el futuro, que no quede encarcelada en esto que estoy llamando 'la mochila o el fardo de la guerra fría', de la época en que las lealtades de un mundo bipartito nos impedían pensar la política de una manera más profunda y más imaginativa.



"Finalmente entonces, decir para que quede claro es que sí se da un golpe de estado, pero ese golpe de estado es de una nueva modalidad. Se da después de un vacío de poder, después de una falta de credibilidad y gobernabilidad originada en la pérdida de apoyo de la figura de Evo por sectores muy amplios de la población. Y fue un golpe oportunista que entonces sucede a posteriori de ese vacío de poder, que se origina por los muchos errores y excesos del gobernante.

"Creo también que es una importantísima oportunidad, una más de tantas, para mostrar que la política está pasando a nuestras manos. O sea, es la hora de pensar entre todas, perfilar lo que es una manera femenina, una politicidad en clave femenina, una otra forma de gestión que tiene que ver con la gestión comunal entendida mejor de lo que se ha entendido en Bolivia hasta el momento, y que en realidad se han entendido a las comunidades como micro-estados, y esta forma de entenderlas ha hecho surgir cabezas de un caciquismo fundamentalista".

El desafecto con que Segato analiza el momento de terror que está viviendo el pueblo boliviano es repugnante. Mientras los blancos fascistas siguen matando al pueblo despiadadamente, mientras las fuerzas de la reacción clasista destruyen los laboriosos avances que logró el MAS boliviano en estos años, una especuladora sofisticada encuentra que se trata de "una gran lección de la historia" "para salir de los binarismos". Quizá el régimen de muerte de Janine Añez le resulte más "imaginativo" que el del sindicalista Evo Morales.

Segato caracteriza como "novedoso" un golpe de estado, porque se da "a posteriori, en medio de un descrédito y un vacío de poder". Hay que ser muy ignorante de la historia para desconocer que la excusa del descrédito y el vacío de poder es la misma que históricamente dieron todos los golpes que asolaron a nuestro continente, desde el de Uriburu hasta el el de Aramburu, desde el de Pinochet hasta el de Videla. ¿Se imaginan a una Segato diciendo en 1955 que no hay que endiosar a Perón y que la fusiladora llegó al poder a causa del descrédito y del machismo de Perón? Yo sí. ¿Se imaginan a Rita en el 76, diciendo que es una gran oportunidad para aprender de los errores cometidos por el FREJULI, que dieron lugar a un vacío de poder? Yo sí. La imagino diciendo que Aramburu y Videla dieron golpes de estado "novedosos", mientras la dictadura asesinaba al pueblo.

Pero no resulta tan sorprendente esta falta de sensibilidad de parte de una charlista blanca y burguesa, que quiere abstraer las luchas del feminismo de las luchas de clases y analiza los procesos populares latinoamericanos con categorías socialdemócratas europeas. En el fondo, su ignorancia y mala fe tampoco son novedosos. En Argentina conocemos muy bien que la socialdemocracia burguesa siempre le tendió la alfombra a todos los asesinos de negros sindicalistas.






Las warmis, zomo, mujeres del Sur, mujeres de los territorios ancestrales entregamos nuestra palabra florida en apoyo al Presidente Evo Morales Ayma, quien por el voto popular sigue siendo presidente del Estado Plurinacional de Bolivia.

Entendemos que Rita Segato tiene eco en el feminismo (¿blanco?) en el cual no nos reconocemos, por lo cual manifestamos nuestro profundo desacuerdo con la posición que Ud. ha tomado respecto a la restauración neoliberal golpista en Bolivia.

Cuando dice “Deberíamos comenzar a generar una retórica de valor a otra forma de valor que se distingue mucho a la gestión de los caciques” suena muy bonito. Preguntamos: ¿Le ha pasado en el cuerpo esa gestión de los caciques? Nosotras hemos visto, hemos sentido el sabor amargo de esa secuela de la conquista. Nuestros hombres han tomado lo peor del machismo colonial. Hemos construido no sólo retóricas, sino resistencias, re-existencias a la dominación machista en las naciones preexistentes y en cada uno de los espacios que el despojo nos colocó. Pero ubicar a Evo como el símbolo del patriarcado es demasiado chabacán.

No celebramos los dichos sobre la quinceañera de Evo, porque hemos sentido en nuestros cuerpos todos lo que significa la cosificación de nuestros cuerpos. El cuerpo ancestral, el cuerpo mental, el cuerpo físico y el cuerpo emocional. Aún así, afirmamos que lo que pasó en Bolivia fue un golpe de Estado.

Es mucho más sencillo analizar Bolivia de lo que Ud. piensa. Su regodeo intelectual la nubló. ¿Quién lo llevó a cabo y con qué fin al Golpe? Son dos preguntas que ordenan nuestro sentipensar. Se dará cuenta que el golpe no prosperó por los indios de la Chiquitanía, ni las feministas de Bolivia, ni siquiera los “sectores más amplios de la población” que menciona como descreídos del gobierno de Evo.

La gestión Trump y su artefacto hegemónico pretenden recuperar Latinoamérica con el brazo evangélico mesiánico, con los poderes mediáticos que construyen relatos mentirosos y claramente con las fuerzas represivas policiales y militares que fueron horadadas a fuerza de inyección de dineros pocos sanctos en las almas turbias de la indianidad. Están saliendo a luz, cada día, las pruebas que surgen respecto de la planificación extrema que tuvo este golpe.

Su voz no es cualquier voz. Plantea la vanguardia en la discusión en los círculos intelectuales y feministas en Argentina. Es por eso que en este caso, Rita, disentimos amargamente y lo debemos hacer públicamente.

Hemos construido un sentipensar la ética política de nuestros pueblos que no vamos a callar, ni abdicar a los locus de privilegios de las mujeres blancas. Geolocalizadas en los sures, en las subalternidades, en la otredades que nos suponen inferiores, le decimos a Ud. que su voz duele. Sentiremos un gran vacío al no referenciarla más en nuestros sentipensares.

No podríamos romantizar el papel de las mujeres en el Golpe de Estado en Bolivia. No se trató de una rebelión ciudadana, ni feminista, ni originaria, ni siquiera democrática.

Lo peligroso de los discursos “no binarios”, como lo plantea, es que terminan asimilando a dos posiciones contrarias como si fueran equivalentes. Para una mujer indígena que vive el machismo y la violencia en su vida cotidiana, no es lo mismo encontrarse con un servicio de salud laico y respetuoso de la salud ancestral que encontrarse con médicos antiderechos que sojuzgan. Eso fue la Bolivia Plurinacional. No tendríamos por qué explicar que la redistribución de la riqueza genera otro escenario para la lucha y la liberación de género. Eso no lo logró ningún movimiento indígena despolitizado ni neutral en Latinoamérica. Lo logró el neoconstitucionalismo que engendró Evo, refundando el Estado Colonial a Estado Plurinacional.

Nos preocupa que los argumentos que Ud expone para plantear “nuevas retóricas” brindan un hermoso camuflaje, un eufemismo para el discurso racista que persiste en los sectores que la escuchan. De repente, muchas personas que no conocen “con el cuerpo” la realidad de una mujer originaria, niegan el golpe de Estado, lo plantean como fatalidad anunciada y ubican a Evo como el patriarca. ¿No será mucho?

La asimetría de los razonamientos “objetivos” o no objetivos es propio de la Colonia y por eso la nombramos. Nosotrxs sentí-pensamos con los cuerpos todos en el territorio. No somos ni queremos ser objetivas.

Corazón ordena pensamiento en nuestro sur. Siempre lo fue y lo seguirá siendo. Rechazamos su afirmación de que “Evo cayó por su propio peso” por falaz. Tener más de 45% de los votos ¿es no tener peso? Romper las reglas del constitucionalismo tiene más peso que sostener un régimen democrático? ¿Ud pesó las balas que están masacrando a nuestros hermanos?

A nosotros nos pesan las muertes de nuestra gente.

Hablamos desde nuestras propias lenguas y ahora escribimos con la lengua del conquistador para que Ud nos lea. Si quiere se lo decimos en mapuzungun, en chané, en chorote, en wichí, en pilagá, en guaraní, en quechua, en aymara, en qom, en mocoy y también se lo diremos en nuestros sueños.

Antes que feministas, mujeres poderosas del arco iris, complementarias de nuestros hombres feministos que dan el buen combate.

#EvoEnVosVenceremos
#EvoNoEstaSolo
JALLALA- MARICHIWEW
PROCESOS DE PLURINACIONALIZACION EN LATINOAMERICA


Feministas populares contra el Golpe en Bolivia

Hoy nos movilizamos masivamente en defensa del Estado plurinacional de Bolivia. Porque defendemos las democracias latinoamericanas, las/les feministas populares de todo el continente alzamos nuestra voz para repudiar y rechazar este brutal avance de la derecha.

El ataque de sectores racistas, misóginos, homofóbicos y ultraconservadores contra el gobierno de Evo Morales y la violencia ejercida contra todas y todos las/os funcionarias/os y militantes del MAS y organizaciones sociales y políticas afines por parte de fuerzas de seguridad y grupos de choque despierta los peores recuerdos de las dictaduras que han arrasado históricamente con nuestros pueblos.

Alzamos nuestra voz en defensa de la democracia, en resguardo de la integridad física de Evo Morales y García Linera, de su gabinete y diputadas/os, senadoras/es, integrantes de los Tribunales, alcaldes/as y todo el pueblo que defiende a un proceso de soberanía, profunda redistribución del ingreso, despatriarcalización y descolonialización en Bolivia.

Como dijo Evo, "la lucha sigue".

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#FuerzaEvo
#ElMundoConEvo


Dice Jorge Alemán:

Bolivia y la deconstrucción: en el momento en que el verdugo levanta el hacha invitan a la víctima a "deconstruirse"

En este momento horrible de Bolivia surgen voces que desde distintos lugares reclaman abrir un "espacio crítico"con respecto a Evo ,"pensar sus errores para no repetirlos ","no ser binarios", etc. En otros términos, en el momento en que el verdugo levanta el hacha invitan a la víctima a "deconstruirse" y les proponen a los seguidores de Evo que reflexionen sobre todos los errores cometidos. Más allá de la pobrísima idea acerca de la función de la repetición en la historia, ¿desde qué lugar de enunciación se pretende hablar? ¿quiénes son aquellos que por su valiente "lucidez crítica" tienen el privilegio de situarse fuera del antagonismo para no ser "binarios"? ¿A qué lugar remite este uso masivo e indolente del término "binario", cuando somos los contemporáneos de una masacre? ¿Es endiosar a Evo no señalar ahora, justamente ahora, todos los errores de su proyecto? Los que lo apoyamos sin ambivalencias y condenamos sin más al golpe, ¿no habíamos visto los errores? ¿O ahora resulta que para no ser binarios nos podemos situar en una alteridad irreductible e intocable que nos protege y nos promete un futuro sin errores?

L@s intelectuales critic@s que nos quieren deconstruir en nuestro apoyo incondicional demuestran cómo un supuesto ejercicio crítico a veces es nada más que ofender a la causa, esa causa frágil, errática, poblada de errores, pero con enemigos muy crueles y peligrosos como para salirse del "binarismo", haciéndose el distraíd@ con aquello que mata de verdad. ¿Quiénes son l@s que están cieg@s?