miércoles, 19 de octubre de 2011

Pobre Tomás


por Oscar Cuervo

Uno de los aspectos más patéticos y divertidos de este fin de campaña es el derrape definitivo de Tomás Abraham, su falta de timming para la política, la dolorosa inadecuación de los códigos que le servían para llamar la atención en las aulas universitarias al pasar a la esfera del debate político. El, que durante años se destacó por su palabra chispeante, capaz de sugerir una plasticidad de pensamiento para dejar pagando a los caretas, ahora parece envejecer de golpe y todo lo que lucía como frescura y gracia se muestra como inconsistencia y necedad. Tomás Abraham grita en los debates, balbucea lugares comunes, denuncia fascismo, se queja por una presunta censura mientras goza de una enorme difusión mediática que desmiente por eso mismo sus quejas. Hay quien dice que Abraham está obsesionado porque Página 12 no hace reseñas de sus libros y que eso tortura su psiquis perseguida. La otra noche en TN reprochaba amargamente que los que adhieren al kirchnerismo reciben pasajes para viajar por el mundo, lo que da a entender que se siente frustrado por no ser invitado. A cada rato recalca ser un intelectual, dice que él está para cosas mayores, que en su mente dialoga con Nietzsche, con Kant, con Platón. Pero cuando habla cuesta diferenciarlo de otros columnistas de Perfil. O algo peor, de un viejo amargado:

"A mí se me plantea un desafío. ¡Cómo le respondo? No solo a Carta Abierta, en general el terreno cultural es así. Yo soy un intelectual. Yo decidí ser un intelectual. (...)

"El tiempo es un asesino serial. En cualquier momento van a tener 40 años, al pedo, y se van a dar cuenta de cómo estos farsantes les hicieron perder el tiempo".

Mucha amargura. ¿Qué lo puso tan mal? Quizá se armó discursivamente a lo largo de décadas para ser un profesional de las habladurías en los tiempos de la cultura neo-liberal. Me parece que la re-politización del país y del mundo lo dejó en offside. El motivo de sus desvelos es que en estos días Argentina está consolidando un liderazgo político como hace años no conocíamos. La fuerza de los votos va a ser este domingo arrolladora. Y tipos como Abraham deben hacer pensado que todo eso ya se había acabado. Se afeitó y se perfumó para un estilo de fiesta que quedó demodé. Y de pronto en la calle hay otra fiesta.

En este link que dejo se lo puede escuchar haciendo papelones ante un periodista santafesino. Pobre Tomás.

El hombre en el páramo


por Diego Menegazzi

El nuevo trabajo de la cantante y compositora Natalie Merchant es una de esas raras joyas que aparecen de tanto en tanto en el ámbito de la música popular. El álbum se llama Leave your sleep y fue editado el año pasado por el sello Nonesuch. Lo que en principio iba a ser un disco de canciones para niños se terminó por convertir en un álbum conceptual en el que Merchant musicaliza poemas infantiles de escritores británicos y norteamericanos de los siglos XIX y XX como Jack Preluvsky, Rachel Field, Robert Graves, e.e. cummings, Gerard Manley Hopkins, Christina Rossetti y Robert Louis Stevenson, entre otros.

Más de seis años le llevó este proyecto que inicialmente surgió como un regalo para su hija a la que dió a luz en el 2003. "Mi hija creció muy rápido y empezó a hacer preguntas muy trascendentales", dice Merchant. Y así el futuro regalo se volvió más complejo con la incorporación de textos que dan cuenta de las inquietudes sobre la vida, la muerte y la pérdida de inocencia de la infancia.

A su vez, esta complejidad le dio la oportunidad a la cantante de explorar variados estilos musicales como la música cajún norteamericana, el folk celta, el jazz, la música tradicional de China o de la zona de los Balcanes. Para ello, Merchant contó con la colaboración de numerosos músicos invitados entre los que se encuentran Hazmat Modine, Lúnasa, Medeski, Martin & Wood, Wynton Marsalis y la producción del compositor Andrés Levin.

Aquí pueden apreciar la presentación en vivo de The man in the wilderness, uno de los temas principales del álbum.


The man in the wilderness asked of me,
"How many strawberries grow in the salt sea?"
I answered him, as I thought good,
As many a ship as sails in the wood.

The man in the wilderness asked me why
His hen could swim and his pig could fly.
I answered him as I thought best,
"They were both born in a cuckoo's nest."

The man in the wilderness asked me to tell
All the sands in the sea and I counted them well.
He said me with a grin, "And not one more?"
I answered him, "Now you go make sure."

martes, 18 de octubre de 2011

Poéticas del cine independiente. Semana 1: Cassavetes / Herzog

Curso de análisis cinematográfico


Miércoles 16:00 hs., del 19 de octubre al 23 de noviembre, 6 clases.

Poéticas del cine independiente: cada una de estas palabras requiere una interrogación:

- El llamado "cine independiente" no es un género cinematográfico. Es más bien una idea para pensar las posibilidades del cine, de todo cine. No hay un "estilo independiente" o, solo lo hay como impostura. Hay procesos productivos/creativos (poéticos) que buscan independizarse en el acto de filmar. Todo cine nace dependiente. Algunas películas conquistan su independencia. De algunos de estos casos hablaremos en este curso.

- "Poéticas", así, en plural. La poesía no es un género literario. Tampoco hay un cine "poético" que se opondría a otro cine de prosa. Póiesis significa producción, traer hacia aquí, hacer venir, dar a luz. Por eso, con la palabra "poéticas" aludo a modos de producción que quedan inscriptos en el estilo de las películas. Porque toda película exhibe, en la textura de sus imágenes y sonidos, el proceso por el cual ha sido posible.

- "Cine": 115 años después de su invención, el cine está mutando, sin que sea posible prever qué vendrá a ser. Los 24 fotogramas por segundo, el rollo de celuloide, las grandes salas como templos plebeyos, ninguno de estos componentes tiene su futuro asegurado. El cine marcha hacia la digitalización. La pantalla de enormes dimensiones puede terminar sustituída por la pequeña pantalla de la computadora. Por eso mismo la pregunta vuelve a tener razón de ser: ¿qué es el cine?


Cada semana pondremos en consideración alguno de los caminos posibles para hacer cine, para ver cine, para pensar el cine.

Semana 1: CASSAVETES/HERZOG

JOHN CASSAVETES: Las corrientes del amor
Dice Cassavetes: "Pienso que el cine es mágico. Con las herramientas que tenemos a mano, intentamos transformar la vida. La idea de hacer un film consiste en encapsular una vida de emociones e ideas en dos horas, dos horas durante las cuales algunas imágenes centellean sobre la pantalla y en esas dos horas la esperanza es que el público se va a olvidar de todo y el celuloide va a cambiar vidas. Claro que esto es loco, que es una presunción ridículamente jactanciosa, y sin embargo ésa es la esperanza".

WERNER HERZOG: La extrañeza del mundo
Desde hace años, Herzog viene viajando por el mundo en busca de esas imágenes "vírginales" que invoca en una conversación ya célebre que mantiene con Wenders en una escena de Tokio-Ga. La misión de Herzog, reconocible desde Fata Morgana hasta The wild blue yonder, no consiste de ningún modo en viajar en busca de imágenes extravagantes (como si fuera un Pino Solanas de la deformidad), sino en reactualizar cada vez la mirada atónita de la primera proyección de la llegada del tren a la estación. Ver no para reconocer, sino para des-conocer. Lo extraño, nos invita a pensar, no es ningún mundo imaginario, sino este mundo nuestro.

Pina


por Sofía Grenada

Pigüé es una ciudad en la provincia de Buenos Aires que tiene 15 mil habitantes, lo que quiere decir que es una ciudad chica. Empecé a bailar a los 3 años danzas españolas con la única maestra que había en mi pueblo. A los 10, para una muestra de fin de año en la que bailábamos los temas de Las cosas del querer, invitaron para hacer una coreografía de ballet a una bailarina del Teatro Colón (esas cosas pasan muy seguido en los pueblos del interior). De las alumnas del estudio eligieron a cuatro para interpretar esa coreografía: a la hija de la profesora, a la que tenía condiciones, a la que le podían comprar el tutú y a la flaca (esa era yo).

El mismo día de la función me di cuenta de que ese tipo de música, que no tenía letra y en la que no había que tocar las castañuelas, me gustaba más. Así que dejé el español y me interné con Laura (la nueva maestra que había sido alumna a su vez del Teatro Colón y que había venido a vivir al pueblo) a estudiar “en serio”.

Recuerdo que para los 13, con la intención de competir en los Torneos Juveniles Bonaerenses y poder viajar a Mar del Plata, copiamos de un VHS una coreografía de danza contemporánea de Susana Tambutti. Nos pusimos unas gorras de baño en la cabeza, un enterito plateado, nos sacamos las zapatillas de punta y nos fue bien. Me sentí más libre.

Durante muchos años yo no supe lo que era la danza contemporánea. Cuando mis amigos y mi familia me preguntaban qué era, yo decía: “es lo mismo que hacía antes, pero con música rara y en patas “.

Más tarde me vine a estudiar a Buenos Aires, entré a estudiar al Taller de danza contemporánea del Teatro San Martín. Para poder hacer la carrera había que pasar tres semanas terroríficas de audición y sentía que todos los que estaban a mi lado entendían mucho más que yo de esta danza descalza. Entonces volví a agarrar ese VHS de la coreografía copiada y me encontré conque seguido a eso había un fragmento de Café Muller de Pina Bausch. No me aclaró demasiado el concepto pero… ya no me importaba, Había algo en esa manera de moverse que no tenía que ver con la técnica, no era danza, no era teatro, era más cotidiano pero poético, más ingenioso, más fuerte y frágil a la vez.

Ésa era la danza que yo quería.

Ver hoy la película en 3D de Wenders sobre Pina Bausch fue tan o más mágico que ver en vivo un ensayo en su estudio (un cine abandonado en Wuppertal).


Pina y Wenders eran amigos, hacía años que él quería llevar su material al cine. Pero había un impedimento en el que Pina insistía: la lente de la cámara no captaba la tridimensionalidad de los cuerpos y del espacio. Años y años Bausch estuvo marcándole eso que para ella era un defecto del cine y que la llevaba a no querer filmar. Cuando sale el 3D, Wenders le dijo a Pina: “ya está, ahora sí”. Y retomaron su vieja idea. Pero Pina muere poco antes de comenzar el rodaje y Wenders decide abandonar el proyecto. Por suerte, sus bailarines le piden seguir y tomar la película a modo de homenaje.

El 3D en este caso saca lo mejor de Wenders y de Pina, juntos se potencian, humanizan lo que parecía no ser más que un efecto pochoclo. Descubren lo que las palabras encubren, lo que los bailarines con su rostro en primer plano no pueden decir, cuando son puestos a definir en palabras lo que significó Pina para ellos. Intentan y no pueden. Una de ellas recuerda que lo único que la Bausch le dijo en años fue: “tenés que volverte más loca”.

Así como cuando a mí preguntaban qué era la danza contemporánea se me hacía difícil explicar, es también difícil hacer entender que la relación que hubo entre Pina y sus bailarines fue una relación física, cenestésica, una plástica que no corresponde a las palabras. Contar no sólo se puede hacer con palabras. Lo demuestra una de las bailarinas cuando intenta explicar qué es lo que Pina le dejó en el cuerpo, y lo que hace es saltar sillas por el aire. Otro baila en una escalera mecánica, otra en zapatillas de punta debajo de un tren, y todos juntos en una colina. Son sólo algunas de las escenas maravillosas que se incluyen.

Pina y Wenders se potencian, porque juntos descubren lo que las palabras ocultan. ¿Al fin de cuentas el movimiento no es lo que mueve al mundo? (valga la redundancia).

´´Bailemos, bailemos, bailemos; de lo contrario, estamos perdidos ´´.