Foto: Nadia Albarracin


miércoles, 19 de octubre de 2011

El hombre en el páramo


por Diego Menegazzi

El nuevo trabajo de la cantante y compositora Natalie Merchant es una de esas raras joyas que aparecen de tanto en tanto en el ámbito de la música popular. El álbum se llama Leave your sleep y fue editado el año pasado por el sello Nonesuch. Lo que en principio iba a ser un disco de canciones para niños se terminó por convertir en un álbum conceptual en el que Merchant musicaliza poemas infantiles de escritores británicos y norteamericanos de los siglos XIX y XX como Jack Preluvsky, Rachel Field, Robert Graves, e.e. cummings, Gerard Manley Hopkins, Christina Rossetti y Robert Louis Stevenson, entre otros.

Más de seis años le llevó este proyecto que inicialmente surgió como un regalo para su hija a la que dió a luz en el 2003. "Mi hija creció muy rápido y empezó a hacer preguntas muy trascendentales", dice Merchant. Y así el futuro regalo se volvió más complejo con la incorporación de textos que dan cuenta de las inquietudes sobre la vida, la muerte y la pérdida de inocencia de la infancia.

A su vez, esta complejidad le dio la oportunidad a la cantante de explorar variados estilos musicales como la música cajún norteamericana, el folk celta, el jazz, la música tradicional de China o de la zona de los Balcanes. Para ello, Merchant contó con la colaboración de numerosos músicos invitados entre los que se encuentran Hazmat Modine, Lúnasa, Medeski, Martin & Wood, Wynton Marsalis y la producción del compositor Andrés Levin.

Aquí pueden apreciar la presentación en vivo de The man in the wilderness, uno de los temas principales del álbum.


The man in the wilderness asked of me,
"How many strawberries grow in the salt sea?"
I answered him, as I thought good,
As many a ship as sails in the wood.

The man in the wilderness asked me why
His hen could swim and his pig could fly.
I answered him as I thought best,
"They were both born in a cuckoo's nest."

The man in the wilderness asked me to tell
All the sands in the sea and I counted them well.
He said me with a grin, "And not one more?"
I answered him, "Now you go make sure."

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