Cadete



lunes, 3 de octubre de 2011

Vaquero



por Martha Silva

Un serio, un denodado esfuerzo de dirección e interpretación hace Juan Minujín en esta película, puesto a reflejar las peripecias a que se ve sometido un actor, en medios estrictos y competitivos como son el cine y el teatro. La exigencia es mostrada como monstruosa para el protagonista, desde los medios y desde su familia, pero sobre todo desde sí mismo. En un momento de su largo monólogo se dice a sí mismo: “¡Basta, a apagar la cabeza por unas horas!”. No confía en nadie, no se muestra tal como es, no afloja jamás. Hacia delante, enceguecido y sin parar a reflexionar: “como un león”, como aquel inolvidable personaje que no cejaba del cuento de Haroldo Conti.

“Julián Lamas, 33 años, actor” ensaya una y otra vez ante el espejo. Lleno de odio, en un monólogo interior incesante. Aguanta las presiones del mundo en el teatro, en constante pugna con su compañero (otro interesante trabajo de Leonardo Sbaraglia), que aparece como un contendiente tranquilo, sumamente hábil, nacido para ganar. Tirado en un charco de sangre (ficcional), el otro lo sostiene y le demuestra siempre que tiene más oficio.

El padre, que siempre tiende a menospreciarlo, le pregunta: “¿en qué andás?”; y pondera el trabajo del gordo que compite permanentemente en su última obra y se roba las escenas. El protagonista se ve compelido a inventarse una oferta de un director extranjero que viene a Argentina a hacer un casting para un film de vaqueros, y se entrampa solo con esa historia. No hay riesgo que eluda en esa competencia sangrienta. Todo así.

Ella, la vestuarista, se le acerca y lo ayuda, pero él no puede detenerse en esa competencia y amarla, ni tomarse un descanso siquiera: no logra manejarse con la felicidad.

Una gran labor de Minujin como actor, que además de sus tareas en el teatro ya había demostrado su poder para componer, en cine, al joven enfermo de sida, en Un año sin amor, de Anahí Berneri. Minujin se ha sabido rodear de un conjunto sin fisuras: Daniel Fanego en el rol del padre, Sbaraglia como el contendiente y Pilar Gamboa –la notable actriz de Algo de ruido hace- como la joven vestuarista que lo ama.

Párrafo aparte merece Guillermo Arengo, que viene de interpretar el rol de Mitch en la ultima versión de Un tranvía llamado Deseo.

3 comentarios:

Liliana dijo...

Con Fanego y Sbaraglia, ya es una garantía de buena actuación...

Oscar Cuervo dijo...

Interesante la película de Minujín. La neurosis de su criatura es agobiante y todo el elenco está muy bien. Quizá se le puedan hacer algunas objeciones de forma y otras de fondo (cierto abuso de la cámara en mano, una crueldad inapelable hacia su protagonista, que bien podría haber dado algún paso en dirección hacia alguna felicidad, pero que Minujín le niega de modo terminante). Pero el director se revela como un observador fino de los pliegues más molestos de la neurosis pequeño-burguesa, su tono al hablar, sus miedos miserables, lo que lo hace un atractivo mix de actor-cineasta a ser tenido en cuenta en el futuro.

Martha dijo...

Es que es un pibe que me parece que tiene a quien salir piola ¿no?...aparte de lo adquirido,claro.
( solucioné el tema de entrar aquí)
Martha