Foto: Nadia Albarracin


sábado, 8 de octubre de 2011

Michel Foucault, Regina Spektor, enero de 2011

Un programa para bajar (así es como funciona)



por Oscar Cuervo

Como dije anteriormente, tres meses antes de morir, en el invierno de 1984, Michel Foucault dictó su último curso. Hace pocos meses, la transcripción de ese curso fue finalmente editada en castellano, en el libro El coraje de la verdad (Buenos Aires, FCE, 2010). El tema: la parrhesía, una noción proveniente de la antigüedad griega que alude al coraje de decir la verdad. El parresiasta es el hombre que, al decir la verdad, involucra su vida e interpela a la comunidad a la que se dirige. Foucault se detiene especialmente en Sócrates, en su actitud ante la ciudad que lo condena a muerte, en la defensa que realiza ante sus acusadores, en su negativa a huir de la cárcel de noche, una vez que ha sido condenado, en las últimas y enigmáticas palabras de Sócrates.

Para Foucault, en el ciclo de la muerte de Sócrates se figura por primera vez un modo del decir que va signar toda la historia del pensamiento y la política occidentales. Dice Foucault

"...en su origen, la parrhesía es fundamentalmente una noción política. Con la noción de parrhesía, arraigada originariamente en la práctica política y la problematización de la democracia, y derivada [con Sócrates] hacia la esfera de la ética personal y la constitución del sujeto moral, puede verse el entrelazamiento del análisis de los modos del decir veraz, el estudio de las técnicas de gubernamentalidad y el señalamiento de las formas de práctica de sí. Presentar este estudio en una tentativa de reducir el saber al poder, de hacer del saber la máscara del poder en estructuras en que el sujeto no tiene cabida, no puede ser otra cosa que una caricatura *. Se trata, al contrario, de las relaciones complejas entre tres elementos distintos, cuyas relaciones son mutuamente constitutivas: los saberes, estudiados en la especificidad de su decir veraz, su veridicción; las relaciones de poder, no como la emanación de un poder sustancial e invasor, sino en los procedimientos por los cuales se gobierna la conducta de los hombres, y los modos de constitución del sujeto a través de las prácticas de sí.

"La parrhesía, etimológicamente, es la actividad consistente en decirlo todo: pan rhema. El parrhesiastés es el que dice todo. Así, en el discurso 'Sobre la embajada fraudulenta', Demóstenes advierte que es necesario hablar con parrhesía, sin retroceder ante nada, sin ocultar nada.

"Pero la palabra parrhesía puede emplearse con dos valores. Con un valor peyorativo –como la encontramos en Aristófanes, y luego de manera muy habitual hasta la literatura cristiana–, la parrhesía consiste en decirlo todo en el sentido de decir cualquier cosa: cualquier cosa que pueda ser útil para la causa que uno defiende o que pueda valer para la pasión o el interés que anima a quien habla. El parresiasta se torna entonces el charlatán impenitente, aquel que no es capaz de ajustar su discurso a un principio de racionalidad o de verdad. En el libro VIII de La República encontrarán la descripción de la mala ciudad democrática, una ciudad heterogénea, dislocada, dispersa entre intereses diferentes, pasiones diferentes, individuos que no se entienden. Esta mala ciudad democrática practica la parrhesía: todo el mundo puede decir cualquier cosa.

"En su valor positivo, la palabra parrhesía consiste en decir la verdad sin disimulación ni reserva ni cláusula de estilo ni ornamento retórico que pueda cifrarla o enmascararla. El 'decirlo todo' es: decir la verdad sin ocultar ninguno de sus aspectos, sin esconderla con nada. Pero esto no basta para definir la noción de parrhesía en el sentido positivo; hacen falta dos condiciones complementarias. Es preciso no sólo que esa verdad constituya a las claras la opinión personal de quien habla, sino también que éste la diga en cuanto es lo que piensa. El parresiasta da su opinión, dice lo que piensa, él mismo signa la verdad que enuncia, se liga a esa verdad y, por consiguiente, se obliga a ella y por ella.

"Pero esto no es suficiente. Después de todo, un profesor, un gramático, un geómetra pueden decir, con respecto a la gramática o la geometría, una verdad en la cual creen y, sin embargo, no se dirá que eso es parrhesía. Para que haya parrhesía es menester que el sujeto, al decir una verdad que marca como su opinión, su pensamiento, su creencia, corra cierto riesgo, un riesgo que concierne a la relación que él mantiene con el destinatario de sus palabras; es menester que, al decir la verdad, afrontemos el riesgo de ofender al otro, encolerizarlo y suscitar conductas que pueden llegar a la más extrema de las violencias. En la 'Primera filípica', Demóstenes agrega: 'Sé que al valerme de esta franqueza ignoro lo que se deducirá para mí de las cosas que acabo de decir'.

"La parrhesía implica cierto coraje, cuya forma mínima consiste en el hecho de que el parresiasta corre el riesgo de poner fin a la relación con el otro que, justamente, hizo posible su discurso. El parresiasta siempre corre el riesgo de socavar la relación que es condición de posibilidad de su discurso. Lo vemos con claridad en la parrhesía como guía de conciencia, que sólo puede existir si hay amistad y donde el uso de la verdad amenaza poner en tela de juicio y romper la relación amistosa.

"Ese coraje adopta una forma máxima cuando quien habla se ve en la necesidad de arriesgar su propia vida. Platón, cuando va a ver a Dionisio el Viejo, le dice una serie de verdades que ofenden a tal punto al tirano que éste concibe el proyecto –no lo llevará a la práctica– de matar al filósofo. Pero Platón lo sabía y había aceptado el riesgo. La parrhesía no sólo arriesga la relación entre quien habla y la persona a la que se dirige la verdad, sino que, en última instancia, hace peligrar la existencia misma del que habla, al menos si su interlocutor tiene algún poder sobre él y no puede tolerar la verdad que se le dice". (Fin de la cita de Foucault)

* Nota del editor: Una intepretación lineal de Foucault, abonada en ciertos pasajes suyos que propician esa linealidad, pretende reducir su posición a proposiciones tales como: "no hay verdad que pueda sostenerse sino desde una posición de poder", que en su versión más degradada se resume así: "verdad es lo que le conviene al Poder". Y de ahí: cada Poder impone su Verdad; cada época tiene su verdad y relativismos por el estilo. ¿Es responsable Foucault de estas simplificaciones? La incógnita la tenía yo hasta dar con este libro, El coraje de la verdad. dDespués de leerlo mi perspectiva de la filosofía de Foucault varió de manera notable: la muerte lo encontró ingresando en una zona de problematización que puede advertirse en los giros y descubrimientos de los que da cuenta en sus últimos meses. El texto que aquí citamos tiene el valor de que el propio Foucault impugna -según sus propias palabras- esa "tentativa de reducir el saber al poder, de hacer del saber la máscara del poder en estructuras en que el sujeto no tiene cabida".

A continuación dejo el link del primero de las dos emisiones que el último verano le dedicamos a Foucault en el programa Antojo. La segunda hora del programa se la dedicamos a la música de Regina Spektor. Fue el 30 de enero último. En breve subo el segundo programa que le dedicamos al tema.

http://www.megaupload.com/?d=W0I6OPJE



Así es como funciona:
nos sentimos un poco peor
que en nuestro funeral
con toda esa gente llorando
mientras la tormenta su burla de nosotros
hasta que somos solo huesos.
Antes de que haga tanto calor
que ya nadie pueda dormir
y el nylon se empiece a derretir
buscamos lindas palabras
para atenuar la caída
pero ninguna está en casa.
Y dentro de la catacumba
un millón de abejas viejas
empiezan a picarnos las rodillas
mientras estamos arrodillados
rezando para que la enfermedad
se aleje de nuestros seres queridos
y nunca más vuelva.

En la radio
oímos November rain
ese solo es realmente largo
pero es una linda canción
y la escuchamos dos veces
porque el DJ se durmió.

Así es como funciona:
sos joven hasta que dejás de serlo
amás hasta que dejás de amar
tratás hasta que ya no podés
reís hasta que llorás
llorás hasta que te reís
y todos deben respirar
hasta el último suspiro.

No, es así como funciona:
espiás adentro tuyo
tomás lo que te gusta
y tratás de amar lo que tomaste
y después tomás el amor que inventaste
y lo metés adentro de alguien
en el corazón de alguien
bombeando la sangre de alguien
y caminando brazo con brazo
esperás que no se arruine
pero aunque eso sucediera
volvés a hacerlo igual.

Y en la radio
oís November rain
el solo es horriblemente largo
pero tiene un buen estribillo
la escuchás un par de veces
porque el DJ se durmió
en la radio oh oh
en la radio oh oh
en la radio oh oh
en la radio, oh oh.

1 comentario:

Liliana dijo...

Foucault- Regina: excelente combinación.