Cadete





lunes, 4 de febrero de 2008

BERLIN ALEXANDERPLATZ


“Logré que se desvaneciera de mi espíritu
toda esperanza humana.
Salté sobre toda alegrÍa, para estrangularla,
con el silencioso salto de la bestia feroz.
Llamé a los verdugos para morder,
al morir, la culata de sus fusiles.
Llamé a las plagas para ahogarme con arena, con sangre.
La desgracia fue mi dios. Me revolqué en el fango.
Me sequé con el aire del crimen.
Y jugué unas cuantas veces a la demencia.
Y la primavera me trajo la horrible risa del idiota.”
ARTHUR RIMBAUD, Una temporada en el infierno

¿Cómo hacer para seguir viviendo cuando no se quiere morir? Este no es sólo el título de uno de los trece capítulos (y un epílogo) de la miniserie que Rainer W. Fassbinder filmó para la televisión alemana. Tal parece ser el dilema de Franz Biberkopf, su protagonista. Y el de Fassbinder, como él mismo lo ha reconocido: la novela de Alfred Dôblin ha marcado su vida y su filmografía.

A partir del asesinato de su novia, no sólo la prisión de Tuegel espera a Franz. Otra cárcel mucho más terrible le abre sus puertas luego de cumplir su condena de cuatro años. Franz es fuerte, la vida se encargará de demolerlo. Desde el principio, comete el grave pecado de la inocencia: promete ser honrado. Pero las pasiones más oscuras van ennegreciendo el diáfano cielo de su promesa, mientras los discursos humanos (científicos, políticos) atraviesan el aire donde el amor apenas respira, y los celos y la traiciòn van ganando terreno. Las cosas suceden, mientras los hombres hablan...

Pero Biberkopf resiste, se aferra al amanecer... Se hace necesario el distanciamiento, la exageración en clave de parodia, la voz del narrador, los textos intercalados: todo recurso es válido para poner en evidencia los sentimientos infiltrados por el poder y la manipulación. Atraído entre la mujer y el hombre, Franz no puede mirar de frente los ojos de su deseo...

Entonces... ¿cómo hacer para seguir viviendo cuando no se quiere morir? Enloquecer puede ser una respuesta cuando la cuerda está floja y nuestro corazón pesa demasiado. El estupor catatónico: detener el movimiento acelerado de una vida que ha comenzado a girar demasiado rápido y no permite decantar la sustancia sagrada. Crucificados de nuevo y sin redención posible. En medio de la desesperación, la muerte canta una canción demasiado lenta... El infierno está aquí nomás y parece haber venido para quedarse.

Y sin embargo, Franz regresa... ¿a vivir una vida de segunda mano?. Ya no hay nada interesante para contar, dice Fassbinder. Las coordenadas de la pasión están perdidas, el abismo se ha cerrado.
Pero hemos visto... ¡y cómo! Iluminados por el rayo, nos hemos caído y levantado y vuelto a caer... A partir de entonces cada uno decidirá cómo orientarse en esta noche demasiado cerrada.

LILIANA PIÑEIRO

6 comentarios:

meridiana dijo...

Liliana, como siempre ese toque tan especial para tus comentarios de películas. Es el toque de la poesía, ya de desde ese epígrafe de Rimbaud que marca, el camino de desesperación del protagonista.
Y que cierto es que la noche se cierra y cada quien deberá elegir la senda por donde comenzará a extraviarse. Aún la peor de todas: la de vivir una vida de segunda mano.
Sobrevivientes al fin?

Te mando un abrazo y en horabuena, inaugurar este blog y tener la posibilidad de contar con el pensamiento de La Otra.


Lilián

(j.g.) dijo...

Gracias por la belleza de tus reflexiones y de tu prosa, Liliana. Esas coordenadas de la derrota donde el rayo fulgura hasta la extinción. "Mejor arder que desvanecerse", escribió Neil Young.
Perdidos en noche cerrada, mis mejores augurios para sus próximas publicaciones y para el blog LA OTRA.

Liliana dijo...

Muy agradecida, Liliàn y Javier, por sus comentarios y sus augurios en este nuevo espacio

-Pato- dijo...

Te sigo Liliana, vos contá que yo te sigo, tiene razón el comentario de Meridiana, vos le das un toque poético.

Voy a ver si sintonizo la radio y te escucho :)

Besos

Liliana dijo...

Bueno, Pato, voy a seguir contando, no desde la radio, pero sí desde aquí...

Muchos saludos y hasta pronto

Humanoide dijo...

Tremenda obra repleta de personajes uno más inolvidable que otro. Realmente es un placer. Y Fassbinder es genial. Adoro a ese gordo puto.

Bueno, beso.

Dejo links para el que quiera ampliar:

http://librerohumanoide.blogspot.com/2009/02/berlin-alexanderplatz-primera-parte.html

http://librerohumanoide.blogspot.com/2009/03/berlin-alexanderplatz-segunda-parte.html

http://librerohumanoide.blogspot.com/2009/03/berlin-alexanderplatz-tercera-y-ultima.html

Saludos.