sábado, 18 de abril de 2009

Pángaro y las Mil Copas en La otra.-radio



por Oscar A. Cuervo

Tengo dos amigos que son grandes admiradores de Sergio Pángaro: una es Analía, que hace un par de veranos me arrastró hacia el Club del Vino sin tener que apelar a la fuerza física, con el sólo recurso de su acuciante entusiasmo, al que resulta muy difícil resistirse. Yo soy algo terco, pero a mis amigos les doy un crédito cuando los veo apasionados con algo. En ese entonces Pángaro se estaba presentando con el grupo Baccarat (que por lo que sé ya no existe). Confieso que el efecto que me produjo sólo fue paulatino: sobre el escenario, Pángaro es un dandy que parece haber quedado orbitando desde aquella escena retro de las alocadas noches porteñas de los 80, un retro-retro, pero con algo distinto que en principio no se alcanza a definir. Con Baccarat hacía una especie de música de crucero, un lounge ligero y elegante, sin detalles estridentes ni patetismo, lo que me llevó a pensar que quizá no se tratara de una mera parodia sino de una apuesta artística más fuerte. Quizá fuera su delicada entonación lo que me fue convenciendo de que la cosa iba en serio.

El segundo amigo que me habló de Pángaro con admiración fue Maxi, que no es tan enfático en sus entusiasmos como Analía, es -digamos- de una expresividad más económica. Pero Maxi me dijo algo que me dejó pensando: el año pasado, cuando Lisandro Alonso vino a Patologías Culturales un sábado de mucho calor, el director de Liverpool nos habló muy francamente de algunas incertidumbres que tiene a esta altura de su carrera, se animó a exponer sus dudas y cierto desapego ante sus logros artísticos envidiables. Dijo algo así como que pensaba parar por un tiempo aún indeterminado hasta que una idea lo volviera a enamorar, que prefería no seguir antes que seguir por seguir. Maxi quedó impresionado por la sinceridad de Lisandro y me dijo que la entrevista le había hecho recordar a otra que había tenido un tiempo atrás con Pángaro, en la que el cantante, en una tarde melancólica, habló seriamente de su necesidad de sentirse vivo en lo que hacía. “No quisiera darme cuenta de pronto de que hace tiempo que estoy muerto” dijo Págaro. Y Maxi me contó que nunca antes un entrevistado se había abierto tanto ante sus preguntas y que eso le hizo pensar que estaba ante un artista sensible e inteligente.

Así que esta combinación un poco rara de superficie y hondura me fue llevando a creer que mis amigos quizá no estuvieran equivocados.

Hace un par de semanas alguien me llama para invitarme a ver el nuevo espectáculo de Sergio Pángaro, ahora ya sin Baccarat, con una nueva formación denominada La Orquesta de las Mil Copas. Lo que Pángaro está presentando en el Velma Café de Palermo es el resultado de un proceso de dos años de preparación (aproximadamente el tiempo transcurrido desde que Maxi lo entrevistó): el rescate de la tradición cancionística italiana, desde las antiguas canzonetas napolitanas hasta la música pop de los 70, sin dejar de lado las impregnación que Italia dejó en la música argentina, más específicamente en el tango. Así que fui a ver a Pángaro y las Mil Copas al Velma y el espectáculo me encantó, ante todo por su refinamiento musical. Con una formación instrumental bastante inusual (vientos, violines, un piano de cola, contrabajo, batería, mandolina y bandoneón), tocando los arreglos compuestos por Leonardo Minig (el único músico que quedó de la formación anterior), las Mil Copas nos regalaron la belleza irresistible de los timbres combinados de instrumentos diversos, del sonido limpio, de los músicos tocando en vivo, regulando el volúmen y el ritmo en función del clima de cada canción, sin la asepsia robótica de los samplers que terminaron por llevar a la actual música pop a un estado de terapia intensiva.

¿El futuro estará en el pasado? No lo sé. Lo que sí sé es que no puedo imaginar un marco mejor para que Pángaro despliegue sus dotes de cantante magnético, de esos que no sólo cantan cada nota con amorosa precisión sino que también imantan la mirada. Si por momentos tenemos la sensación de que el rock hubiera agotado su capacidad de seducir, Pángaro y las Mil Copas nos sugieren que la canción es un módulo estético invulnerable.

Este domingo a la medianoche vamos a tener el gusto de recibir en La otra.-radio (FM La Tribu, 88.7, www.fmlatribu.com), a Sergio Pángaro, y seguramente tendré que darle la razón a Maxi cuando me dice que, además de un gran artista, tendremos a un entrevistado de rara inteligencia.

10 comentarios:

Anónimo dijo...

Ya me encanté con el personaje y voy a tratar de sintonizarlo. Digo que "trataré" porque esa noche voy a hacer una especie de paseo teatral, para desembocar en un teatro donde dan HARINA de Podolsky, que es un documental en vivo , sobre cómo se cercenó la red ferroviaria argentina. Antes, nos pasearán por los lugares que tienen que ver con esa temática.
No sé cuánto duratodo ésto.
Después les cuento. Martha

Anónimo dijo...

me gustan los subtítulos que ponés abajo de La otra.

saludos.

analia dijo...

Maxi sabe mucho lo que dice sobre los artistas que respeto. Por lo geneneral me siento incomprendida, pero entre vos y en Maxi me siento con los mios. gracias

Cinthia dijo...

Me gustaría saber algo al respecto de este sujeto, pero dudo que pueda escuchar el programa de radio, voy a tenerlo en cuenta, la imagen que aparece en la foto me causa rechazo, pero eso no tiene nada que ver. Aufidersen.

Anónimo dijo...

Tiene facha de tanguero pero no está mal...martha

Pía dijo...

Es muy interesante la nota.Por suerte no madrugo mañana, así que estoy escuchando. Muy bueno lo que hace este tipo. Se impone el chiste fáci, hablando de las Mil Copas...¿Sabés quién vino? Vino Pángaro. Cuac!

f e r dijo...

Franco Simone es el autor de "Río Grande", "Paisaje", y otras de ese "doubtful reputation style".

Grande Pángaro!

f e r dijo...

Ricardo Cocciante, Mina, Gino Paoli, Ornella Vanoni, Patty Bravo...

Creo que Sergio Pángaro se acerca mucho a Chet Baker en Roma.

Oscar Cuervo dijo...

Qué lindo fue viajar a Napoli con las canciones de Pángaro.

martha dijo...

No estuve bien y me acosté, Me quedé dormida. Lo lamento. Martha