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domingo, 5 de mayo de 2013

Viviendo en el mundo material

El documental de Scorsese sobre George Harrison 


por Guillermo Colantonio

Que Martin Scorsese tiene ideas claras con respecto a la música quizás no sea una novedad. Allí están sus películas para confirmarlo y documentales como The Last Waltz, The Blues, No Direction Home y Shine a Light. En Living in the Material World, centrado nada menos que en un beatle, el desafío a priori era doble: estar a la altura de los antecedentes y aportar algo nuevo sobre el guitarrista de la banda más popular del rock británico (y para muchos, la más grande). Pues bien, hay que decir que los resultados, pese a algunas concesiones televisivas lógicas (fue hecho para la señal HBO en dos partes, con una duración total de tres horas y media), son más que satisfactorios.

La primera imagen proviene de un registro familiar casero, uno de los tantos archivos personales que veremos. George se asoma y se esconde detrás de unos rojos tulipanes. No es casual ni decorativa su inclusión, más bien un hallazgo. La carrera musical de Harrison ha tenido que ver con este movimiento, de estar al frente pero también agazapado, tanto en los Beatles como en su recorrido solista: el guitarrista que no se destaca por solos virtuosos pero que es capaz de tocar, casi desapercibido, el slide como ninguno. Uno de los aciertos de la película es revelar (sobre todo en su primera parte) aquellos aspectos escondidos a través de valiosos testimonios familiares y de allegados, nunca con un discurso hagiográfico. Como se sabe, los documentales sobre músicos suelen orientarse hacia dos peligros visibles: la absoluta pleitesía o la apología del desastre (generalmente corporal). No es este el caso por fortuna. Desde la elección del título, Scorsese pone en evidencia el rostro multifacético de George y las versiones sobre su personalidad. Instala sin gritar preguntas que se vinculan con una doble moral, sin condenar, enriqueciendo la visión del artista: ¿cómo conciliar el lujo material, la fama y el dinero con la religión hindú?, ¿pagar hospitales caros o bañarse en el Ganges?; o ¿cómo creer en algo trascendente cuando han asesinado a un amigo (Lennon) o un maniático es capaz de atentar contra la propia vida en una mansión resguardada? Si se quiere, la misma angustia paralizante que ya expresaba "While my Guitar Gently Weeps": “Cómo estoy sentado aquí sin hacer nada pero envejeciendo/ mientras mi guitarra gentilmente llora”.

De igual forma, se traslada el planteo a su carrera solista. Uno se ve obligado (y con ganas) de revisar los discos de esta etapa. El doble movimiento de asomarse y esconderse es una marca perdurable, el producto de lidiar con inseguridades o raptos de furia vanguardista. Desde Wonderwall (1968) y Life with Lions (1969), de ruptura y adelantados a la música electrónica, pasando por esa gema que es All Things Must Pass (1970), el punto más alto de creatividad, siguiendo con Concert for Bangladesh (1971), un emprendimiento pacífico a contrapelo de la incipiente violencia de los setenta y un evento que inauguraría la era de los conciertos benéficos, hasta el doloroso Living in the Material World (1973), concebido en medio de contradicciones y de litigios, a expensas de las exigencias de las productoras para que abandonara la veta espiritual. A partir de 1974, las sucesivas incursiones de George serán una búsqueda constante y un devenir problemático, encerrado entre sus posibilidades creativas y la respuesta del público. La aparición de Cloud Nine (1987) actualizó la paradoja: un álbum gris y melancólico de hermosas melodías lo devolvía a la fiesta del éxito masivo.

El documental no sigue un orden riguroso y se concentra, en relación a lo anterior, en la cumbre compositiva que significó All Things Must Pass. Allí queda claro porqué es uno de los discos más grandes de la historia e influyente para lo que vendría décadas más tarde en gran parte de la escena musical británica. Otro logro de Scorsese es reivindicar al letrista que fue Harrison; escuchar "Beware of Darkness" o "Isn’t it a Pity "acompañadas de las historias narradas es una experiencia placentera y un verdadero redescubrimiento, sensaciones que obligan nuevamente a escucharlas desde otra óptica.

Imágenes inéditas, datos poco convencionales (como los referidos a la producción cinematográfica de George) y testimonios interesantes son una buena forma de vencer los obstáculos que surgen en esta clase de proyectos. La presencia de los familiares no es apabullante y la visión de los músicos (hoy devenidos en gentiles burgueses) enriquece la perspectiva caleidoscópica de George. Es impactante el relato de Pattie Boyd (nada menos que la musa de "Something", como de "Bell Bottom Blues" y "Layla" de Clapton, a quién no habíamos prácticamente escuchado) acerca del conflictivo trío amoroso que la tuvo como protagonista entre los dos amigos. Al mismo tiempo, como pasa con muchos de las voces que aparecen, la vejez se asienta implacablemente en sus rostros, alterados al igual que las visiones sobre el pasado. Respecto de esto, no tiene desperdicio la escena en que un George crecido mira en el monitor a su joven versión interpretando "This Boy", con un semblante que devela gracia y nostalgia a la vez.

En este retrato, que elude lo épico y lo unidimensional, también los Beatles releen su historia. Paul dice que el grupo era un cuadrado y cada uno de ellos un vértice; si caía uno, colapsaban; un Ringo enigmático afirma que lo vivido solo quedará con ellos; a John se lo escucha en un audio expresar, con su justa acidez de pocas palabras, que dentro de George vive un misterio. Lo interesante es que los diversos testimonios nunca son uniformes en cuanto a emociones. Además, son relevantes. Hay lugar para la desdramatización, la ironía y los silencios.. Los pormenores de grabación de All Things Must Pass contados por Phil Spector, el origen de "Here Comes the Sun" recordado por Clapton, el encuentro con un Ringo inspiradísimo en un programa de televisión, entre otras apariciones, conforman un material valioso e ineludible.

Hacia el final, Olivia (su última mujer) declara: “George tenía un karma que solucionar. No iba a regresar y ser malo. Iba a regresar para ser malo y bueno y amable y enfadado; todo a la vez” Probablemente, Scorsese haya partido de esta idea como una opción estética viable a la hora de construir su fragmentario retrato sobre la naturaleza humana de este excepcional músico, acaso para actualizar las dos primeras líneas de "All Things Must Pass": “El amanecer no dura toda la mañana /Un nubarrón no dura todo el día.”

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