
por Alan Dorfman
Vamos a aclarar los tantos: tiene 12 nominaciones a los supuestos premios más aclamados del mundo (!?). Ya no tengo idea de lo que esto significa. Todavía no sé si es prestigioso o un show. Seguramente opte por la segunda, un show, un gran show, y esto es lo que es esta película de Oscar, "el mejor premio del mundo...".
Igualmente, hay que aclarar que las actuaciones son buenas. Pero eso no salva ni mitad de película. La música es tan linda, pero tan tan tan forzada... que da lástima desperdiciarla. A las escenas épicas y de gloria se les suma esa música alucinantemente grande que denomina nada más que "show". Un grandísimo show del que no estoy dispuesto a participar, por más que haya pagado mi entrada. Tampoco voy a confundir: el film no es aburrido. Incluso no sé si hubiese dado para más. Pero lo que hubo, no alcanzó.
Convengamos una parodia: en la "preparatoria", todo muy yanqui, una chica extremadamente popular y "hermosa" se junta con un "nerd". Los junta una de esas casualidades incómodas, donde ninguno quiere estar con el otro pero... deben. Bien, convengamos también que para juntarse, cuando ya están "juntos", se tienen que separar, porque se dan cuenta de que en verdad, no son buenos amigos; son de mundos distintos, inconexos y de "realidades distintas". Tenemos que estar de acuerdo: para que se vuelvan a juntar tiene que existir una secuencia fabulosamente épica, dando cuenta de cómo ellos se necesitan y lo importantes que son el uno para el otro. Viendo cómo aprenden entre ellos, más allá de la raza, religión, color, clase social, etc. Cómo juegan, cómo se divierten, cómo sufren: nerviosos, por el qué dirán.
Y como sigue siendo una historia de Hollywood, se tienen que volver a pelear, para darle ese toque dramático; y volver, ya con plena confianza, para putear a todo el que los jode por ser dos personas distintas unidas (incluso a la iglesia, porque ya que está, se critica a algo que muy poco que ver con la película, pero que está ahí, de paso). Y así triunfar, triunfar por el mundo, y ser grandes amigos. Esa "parodia", es nada más ni nada menos que El discurso del rey. No será exactamente igual, pero el punto es el mismo.
Ahora, también, no me molesta que las cosas se puedan repetir. Pero esta vez no estuve dispuesto a verlo, por el hecho de forzar una imagen que no es. No es por el hecho de que esté todo tan armado, tan planeado, que el espectador pasa a segundo plano. Sentí que no pude pensar por mí mismo, y a mí no me sirve que alguien me de todas las pistas para descifrar un film que no vale la pena descifrar, porque no hay nada que descifrar. Entonces, ¿qué hay que ver? Solo que el momento "suspensivo" no tiene nada de suspensivo, porque el director me está clamando: "este es el momento suspensivo. Te aviso, por las dudas, viste cómo es el cine...".
Quedemos en un show, puro show, de la película más nominada al Oscar. Ya nada pero nada me extraña de todo esto. Si antes no estaba seguro, ahora lo estoy. Qué tristeza...
El "humanizar al rey" tampoco tiene mucho sentido. Él es una figura humana, como todos, pero es rey. Entonces el film quiso hacerlo más plebeyo. Bueno, más plebeyo de corazón, porque de guita se desenfunda, aunque nunca lleva nada en el bolsillo. Con las charlas y ejercicios que no funcionan para que el rey deje de tartamudear, debido a los discursos importantísimos que debe dar, se encuentra con un doctor que no es doctor, pero que ayuda a los tartamudos a salir adelante. Un "doctorado de experiencia" tiene ese personaje que interpreta Geoffrey Rush, y es simpático, al fin y al cabo. Esa juego tartamudo, esa humildad progresiva del rey, enfocada con... ¿primerísimos planos épicos de suspenso y continua gloria? Quiero decir, ¿no es un poco contradictorio querer humanizar al rey con planos cada vez más cerrados, encerrándose en la grandeza de si mismo? Sí, es una idea contradictoria que tira abajo todo el leit-motiv de una película; el único que podía hacerla vivir.
Todo esto por no nombrar ese juego con los nombres: desde "Su Alteza" hasta "Sr. Johnson", y cómo la monarquía llama de un modo al pueblo y de otro a la elite. Esto me hace acordar a Mulholland Drive, donde los nombres sí jugaban un punto muy importante. Pero acá... es solo ese juego simpático para el espectador, que nada enriquece a la historia monárquica. Porque seamos claros: la gracia de humanizar al rey puede llegar hasta un punto. Pero tirar toda una monarquía justamente "basada en hechos reales" (por aclaración o no del film) dentro de una historia totalmente verosímil, solo por el hecho de unos efectos cómicos y sentimentales para que la música salte y exalte en toda la sala y veamos un gran happy-ending... ¿no es un poco tonto?
Los archivos de Hitler me empezaron a interesar un poco. El personaje de Colin Firth empieza a hacer esos comentarios chaplinescos de El gran dictador, dándole a la voz el papel importante, más allá de un lenguaje incomprendido. Parece que se va a poner más picante, pero... viene la secuencia final, la que da título al film... y ya no sabe nada de lo que estaba diciendo. Alguien puede decir: ah, sí, y eso es porque te llevó a donde quería: la voz, y exclusivamente la voz, que casi no tartamudeó. Pero yo digo: no, es que la escena es tan tontamente forzada...
Y me pueden decir que soy snob, pero no. La realidad es que no. Y que pagué para ver un film que mínima de expectativa tenía. Nada resultó, ni en mí ni en la película.



